Bueno, que se rindan, a este Boca no hay con qué darle. Que sigan diciendo que el campeonato es malo, que nadie presentó pelea. La verdad es que Boca minimizó a todos sus rivales.
La misma canción volvió a escucharse en Mendoza, plaza tradicionalmente difícil y contra un rival al que todavía tenemos arriba en la estadística (hay que ocuparse de eso, eh). “Hijos nuestros”, nos cantaban desde temprano, desde que estaba jugando la reserva (que también va primera e invicta).
No hubo caso, Boca había resuelto el partido en el primer tiempo. Dos a cero, ¿cómo imaginar que iban a meternos dos goles en cuarenta y cinco minutos si llevábamos apenas tres en contra en quince partidos y medio?
Con autoridad, con solvencia, una vez más, este Boca se metió en el bolsillo un partido a priori complicado. Empezó a resolverlo antes de los diez minutos con una jugada muy bien urdida. Bien armada por Pochi, bien puesta al claro para la aparición del Burro. Bien cruzada por el Burro, que no la tiró a la bartola sino que miró, lo vio a Cvita y se la puso. Lo de Cvita fue lo más fácil.
Después iba a volver a tener protagonismo Cvita en el penal que le hizo Sánchez. Y el Flaco Schiavi no iba a permitirse fallar dos veces. Muy bien pateado, fuerte, abajo y contra un palo, a donde el arquero no puede llegar aunque se tire bien, como se tiró Torrico.
¡Qué campeonato del Flaco Schiavi! Siempre lo conocimos como un duro pero ahora de viejo, además de duro, es tiempista. Llega con la puntita, en tiempo y forma, a muchas pelotas. En fin, la reiteración en elogios para el Flaco a través de este espacio surge de un complejo de culpa del autor. ¡Yo no lo quería! ¡Cómo me tapó la boca el Flaco! Fue la base de sustentación de todo el equipo. Porque además, desde fuera, uno percibe lo fundamental que es para el grupo. El liderazgo que ejerce.
Gran partido del Burro Rivero. Metiendo como siempre y apareciendo muchas veces para dar posibilidad de descarga. Como en el primer gol del que ya se habló. Hilando muy finito, puede decirse que tendría que haber achicado en el gol de Rojas, pero bueno…
El medio campo de Boca es muy guerrero. Todos meten y le alivian el trabajo a los de atrás. Por ejemplo, Erviti, en Mendoza, fue clave porque retrocedió bien (algo que no entra dentro de sus características naturales pero a lo que se adaptó) y metió un par de cierres impecables. Godoy Cruz tenía marcado con resaltador en su libreto el meter pelotas a espaldas de Clemente para el pique de Castillón y ahí estuvo Erviti siempre que hizo falta.
Cuando se fue Pochi, fundido y golpeado, no hay por qué criticar la apuesta de Falcioni, meterlo a Pichi Erbes y bajar la persiana con dos líneas de cuatro. Eso sí, en general, durante todo el segundo tiempo, Boca se paró demasiado atrás. Resaltó la solidez de la defensa, porque Godoy Cruy, que mejoró un poquito con Cabrera y Cooper, no pudo hacer otra cosa que patear desde afuera. Ya habían probado Cabrera, Cooper y al final, acertó Rojas. Golazo, un zurdazo formidable pero se le dio mucho espacio. Un error. Había que apretar más arriba, en esa jugada.
Una lástima porque se terminó presionado un partido que no era para terminarlo así. Si Caruso llega a embocar ese cabezazo del final, era para morirse. Porque Boca, aun parado muy atrás, había llegado mejor que Godoy Cruz en ese segundo tiempo. La que le tapó Torrico a Cvitanich debió haber sido la que cerrara el partido.
No tiene puntos débiles, este Boca. No los ha tenido a lo largo de toda la campaña. Sin un goleador definido (el máximo es Nico Blandi con cuatro), la jugada la termina cualquiera. Esta vez salió a jugar con Cvita “de nueve”, algo que alguna duda generaba porque por ejemplo, uno ve que no es delantero para jugar de espaldas al arco pero resulta que Cvita metió un gol y le hicieron el penal para el otro. Así, inalterablemente, Boca ha venido sacándose de encima todos los problemas que se le presentaron en el camino.
Uno no sabe si embroncarse o tomar a risa el que se minimice a este Boca. Le pasó de todo. Se quedó sin Viatri, se quedó sin Román, se quedó sin Blandi… Y siguió. Va a ser campeón dos fechas antes de finalizar el torneo, invicto (26 partidos contando los del Clausura), muy pocos goles en contra, superioridad incontrastable en cada partido sobre todos y cada uno de sus rivales aun en oportunidades en que no ganó como contra San Lorenzo, Belgrano, Vélez y Racing… ¿Qué más quieren? Pasó el trapo. Resígnense, tengan un poquito de dignidad e inteligencia. Sáquense el sombrero, desgraciados. Y lloren…
lunes, 28 de noviembre de 2011
lunes, 21 de noviembre de 2011
¡AY, PABLITO!...
¿Quién no sintió el irrefrenable deseo de ahorcar a Pablito Mouche a los 47 minutos del segundo tiempo? Y no es que uno incite a la violencia, el que incitó a la violencia fue Pablo. Si se sacaba el balde de la cabeza, Nico Colazo se metía con la pelota dentro del arco y se terminaba el campeonato. Pero no…
Duelen los dos puntos que se perdieron entre el arquero de ellos y las imperfecciones nuestras. El Flaco Schiavi lo tuvo dos veces en el primer tiempo, Nico Blandi una, hubo un par de tiros del Pochi desde fuera que pudieron haber sido. También uno del Chaco Insaurralde y otro de Somoza…
Ellos, nada. Esa de Hauche en el primer tiempo que sacó bien Orión. Después, la corrida de Hauche en el segundo tiempo fue muy forzada, es cierto que la pelota terminó pegando en el pablo pero Orión la tenía bajo control. No sólo que no le meten goles sino que no le llegan a este Boca. ¡Tres goles en quince fechas! Un registro imponente.
Lo que da bronca es que así como debimos haberle ganado a Racing, también debimos haberle ganado a Vélez. Y a Belgrano. Porque tiene razón Falcioni cuando dice que Boca ha superado con claridad, en el juego, a prácticamente todos sus rivales. Embola no haber definido todavía un campeonato que está servido desde hace tres fechas pero por otra parte, lo que da un margen de tranquilidad (con las reservas que siempre supone el fútbol) es lo sólido y seguro que se muestra el equipo.
Esta vez sí que se sintió a Román. Chávez resolvió bien unas cuantas jugadas pero nunca fue patrón. Uno no puede menos que imaginar que en el segundo tiempo, con superioridad numérica, Román sacaba el compás, la escuadra, el transportador y metía no menos de tres o cuatro bolas de gol. Si Román llega a estar en la cancha en esa última jugada de Mouche, lo manda a la reputísima madre que lo parió delante de todos, como hizo una vez con Rodrigo Palacio.
Un tipo al que vale la pena destacar, porque no se lo hace en la medida en que corresponde, es a Somoza. Desde hace tiempo está adaptado a Boca, no solo corta sino que tiene muy buen panorama de cancha y descarga de primera y con precisión. Después, el Flaco Schiavi, que irradia autoridad. Es tan inteligente que se las arregla para que no se le note casi nunca la lentitud porque se para bien. La excepción fue, precisamente, aquella corrida en que Hauche lo dejó atrás. Y Clemente está en un momento mágico. Su presencia en ataque es fundamental pero además metió, en defensa, un par de cruces impecables.
¿Este Racing va segundo? ¿Y con tan pocos goles en contra? A lo largo de todo el torneo ha venido sosteniéndolo Saja. Y en La Bombonera volvió a pasar lo mismo. Se quedaron con diez a poco de comenzado el segundo tiempo porque Pelletieri, que después de Saja era de los mejores, se olvidó de que tenía amarilla y cortó una contra con “foul táctico”. La acción da cuenta de que Racing no encontraba el partido, estaba confuso, perdido.
Después iban a quedarse con nueve, cuando Gutiérrez quiso fabricar un penal, no pudo. Roncaglia lo acompañó muy bien, sin infracción, en una de las pocas jugadas de todo el partido que había tomado a Boca mal parado. Ofuscado, el colombiano se le fue encima a Pittana que, insólitamente, no le sacó de una vez la roja sino la segunda amarilla. En fin, el resultado fue el mismo pero…
Juega bien, aunque no esta vez, el colombiano Gutiérrez pero… ¿De qué la va? No tiene entidad para boquear como boquea. Hace pocas semanas, cuando Racing le hizo un gol a Lanús, le acarició la cara al arquero Marchesín. Eso no se hace. Boca le dio bastante pero viene salvándose. Un día de estos alguien lo va a partir. Así son los códigos del fútbol y en este caso también, el que incita a la violencia es él.
Yo creía que íbamos a dar la vuelta en Mendoza pero no. Y ojo que Godoy Cruz se va a hacer difícil. Se van a jugar el partido de su vida. Ojalá pueda estar Román aunque aparece difícil. El pie le duele. Con él en nivel más o menos aceptable se marcan diferencias más fácil. Si no llega, hay que ir con lo que se tiene y hacer lo que se debe. Eso da alguna garantía. Que este Boca, por lo general, ha venido haciendo lo que se debe.
Duelen los dos puntos que se perdieron entre el arquero de ellos y las imperfecciones nuestras. El Flaco Schiavi lo tuvo dos veces en el primer tiempo, Nico Blandi una, hubo un par de tiros del Pochi desde fuera que pudieron haber sido. También uno del Chaco Insaurralde y otro de Somoza…
Ellos, nada. Esa de Hauche en el primer tiempo que sacó bien Orión. Después, la corrida de Hauche en el segundo tiempo fue muy forzada, es cierto que la pelota terminó pegando en el pablo pero Orión la tenía bajo control. No sólo que no le meten goles sino que no le llegan a este Boca. ¡Tres goles en quince fechas! Un registro imponente.
Lo que da bronca es que así como debimos haberle ganado a Racing, también debimos haberle ganado a Vélez. Y a Belgrano. Porque tiene razón Falcioni cuando dice que Boca ha superado con claridad, en el juego, a prácticamente todos sus rivales. Embola no haber definido todavía un campeonato que está servido desde hace tres fechas pero por otra parte, lo que da un margen de tranquilidad (con las reservas que siempre supone el fútbol) es lo sólido y seguro que se muestra el equipo.
Esta vez sí que se sintió a Román. Chávez resolvió bien unas cuantas jugadas pero nunca fue patrón. Uno no puede menos que imaginar que en el segundo tiempo, con superioridad numérica, Román sacaba el compás, la escuadra, el transportador y metía no menos de tres o cuatro bolas de gol. Si Román llega a estar en la cancha en esa última jugada de Mouche, lo manda a la reputísima madre que lo parió delante de todos, como hizo una vez con Rodrigo Palacio.
Un tipo al que vale la pena destacar, porque no se lo hace en la medida en que corresponde, es a Somoza. Desde hace tiempo está adaptado a Boca, no solo corta sino que tiene muy buen panorama de cancha y descarga de primera y con precisión. Después, el Flaco Schiavi, que irradia autoridad. Es tan inteligente que se las arregla para que no se le note casi nunca la lentitud porque se para bien. La excepción fue, precisamente, aquella corrida en que Hauche lo dejó atrás. Y Clemente está en un momento mágico. Su presencia en ataque es fundamental pero además metió, en defensa, un par de cruces impecables.
¿Este Racing va segundo? ¿Y con tan pocos goles en contra? A lo largo de todo el torneo ha venido sosteniéndolo Saja. Y en La Bombonera volvió a pasar lo mismo. Se quedaron con diez a poco de comenzado el segundo tiempo porque Pelletieri, que después de Saja era de los mejores, se olvidó de que tenía amarilla y cortó una contra con “foul táctico”. La acción da cuenta de que Racing no encontraba el partido, estaba confuso, perdido.
Después iban a quedarse con nueve, cuando Gutiérrez quiso fabricar un penal, no pudo. Roncaglia lo acompañó muy bien, sin infracción, en una de las pocas jugadas de todo el partido que había tomado a Boca mal parado. Ofuscado, el colombiano se le fue encima a Pittana que, insólitamente, no le sacó de una vez la roja sino la segunda amarilla. En fin, el resultado fue el mismo pero…
Juega bien, aunque no esta vez, el colombiano Gutiérrez pero… ¿De qué la va? No tiene entidad para boquear como boquea. Hace pocas semanas, cuando Racing le hizo un gol a Lanús, le acarició la cara al arquero Marchesín. Eso no se hace. Boca le dio bastante pero viene salvándose. Un día de estos alguien lo va a partir. Así son los códigos del fútbol y en este caso también, el que incita a la violencia es él.
Yo creía que íbamos a dar la vuelta en Mendoza pero no. Y ojo que Godoy Cruz se va a hacer difícil. Se van a jugar el partido de su vida. Ojalá pueda estar Román aunque aparece difícil. El pie le duele. Con él en nivel más o menos aceptable se marcan diferencias más fácil. Si no llega, hay que ir con lo que se tiene y hacer lo que se debe. Eso da alguna garantía. Que este Boca, por lo general, ha venido haciendo lo que se debe.
lunes, 7 de noviembre de 2011
INDEMNES
¡Cuánto querían ganarnos! No les importa la Sudamericana, querían cagarnos a nosotros. ¡Qué frustración! Y bueno, otra vez será. Recién sobre el final, ya con los hechos a punto de consumarse, se acordaron y tibiamente empezaron a cantar “que este jueves tenemos que ganar”. Sí, que piensen en el jueves porque ayer, no.
Se jugó como se debía y se salió indemne de una cancha podrida contra un rival repodrido. Se pudo haber ganado. Si entraba cualquiera de las dos de Pablito Mouche, una en cada tiempo… Ni hablar del penal. ¡Qué mal lo pateó el Flaco Schiavi! Tanto tiempo esperando para que nos dieran un penal, llegó en un momento clave y lo regalamos. Si entraba una, no nos empatan más. Así es este Boca.
Suele ser divertido, desde el palco de prensa escrita de Vélez, ponerse a observar de reojo las contorsiones y otras grotescas exteriorizaciones de los patéticos plateístas. La mano de Araujo previa al penal de Cubero fue clamorosa y desde allí se vio perfecta. ¡Uuuuuuuuhhhhh! Lástima que no hubo ningún infartado.
Coincidí con Falcioni, contra la opinión de algunos colegas con los que debatimos el tema a lo largo de la semana, en la formación del equipo. Varios entendían que tenía que jugar de entrada Nico Colazo, con Pochi Chávez a la derecha y Somoza-Erviti en doble cinco.
No, el técnico pensó cómo debía o al menos, como pensó este gil que escribe. No era momento de tocar el esquema ni menos de moverlo a Pochi, después de los dos muy buenos partidos que había jugado con Colón y con Rafaela. Pichi Erbes no tiene y no tuvo ningún problema en acomodarse sobre la derecha.
Después, por la mitad del segundo tiempo, cuando entró Nico y se pasó al 4-4-2, la decisión fue la correcta y en el momento debido. Se había perdido la pelota y Vélez lo había puesto a Augusto Fernández para romper por la derecha. Nico, pegado con Clemente, cerró esa puerta y con el doble cinco se aguantó mejor el tramo final.
En verdad, no tengo memoria de en qué circunstancias se fue Somoza de Vélez pero lo silbaron una barbaridad, cada vez que tocaba la pelota. Ni se inmutó, Leo. Jugó un muy buen partido. Lo importante para él debe ser el afecto que le demostraron todos sus ex compañeros y su ex técnico. Está jugando un buen campeonato, Leo. Por ahí no se lo nota tanto pero es vital para el equipo, se para bien. Y a diferencia de sus primeros tiempos en el club, ahora está distribuyendo correctamente.
Al cabo, no se atacó demasiado pero el arquero de ellos fue fundamental. El cabezazo de Insaurralde, el penal, la de Pablo en el segundo tiempo… En cambio, Orión la más difícil que tuvo fue ese zurdazo de Bella, en el final del primer tiempo.
Es una constante en lo que va del torneo: a Boca no le llegan. La defensa y los volantes mantienen el partido lejos del arco nuestro casi siempre, sea quien fuere el rival y en el escenario de que se trate.
En el segundo tiempo la tuvieron más ellos. Y corrían más. En realidad, no deja de ser un dato curioso si se tiene en cuenta que habían jugado el martes en la altura de Bogotá. Quedó claro que ellos querían ganar mucho más que Boca. Boca, allá por la última media hora, bajó la persiana y firmaba el empate, que sirve. No está mal, es legítimo. Aunque uno se quede vanamente pensando qué podría haber pasado si se arriesgaba un poquito más. Por otra parte, en estos casos, si te llegan a ensartar al final te quedás con el doble de bronca pero bueno, no pasó.
Ahora vienen dos semanitas de relax, como para recuperar a Román, Cvitanich, Blandi y Roncaglia (el Burro Rivero difícil que llegue). En verdad, no le han pasado pocas cosas a Boca en este derrotero. ¡En qué momento se viene a quedar afuera Nico Blandi! Pero Boca sigue. Entró Araujito, que es un jugador de características totalmente diferentes de las de Blandi y Viatri, e hizo lo suyo. En algún pasaje del primer tiempo se cometió el error de tirarle centros, debe ser la costumbre, pero en líneas generales, Araujo se adaptó al equipo y el equipo se adaptó a él.
Ya estábamos sacando cuentas porque hubiera sido una gloria dar la vuelta olímpica en La Bombonera con Racing y a falta de cuatro fechas pero en fin, no dan los números. Igual, si se le gana bien a Racing, ya está. La vuelta podría ser en Mendoza, donde hay vino de sobra.
Se jugó como se debía y se salió indemne de una cancha podrida contra un rival repodrido. Se pudo haber ganado. Si entraba cualquiera de las dos de Pablito Mouche, una en cada tiempo… Ni hablar del penal. ¡Qué mal lo pateó el Flaco Schiavi! Tanto tiempo esperando para que nos dieran un penal, llegó en un momento clave y lo regalamos. Si entraba una, no nos empatan más. Así es este Boca.
Suele ser divertido, desde el palco de prensa escrita de Vélez, ponerse a observar de reojo las contorsiones y otras grotescas exteriorizaciones de los patéticos plateístas. La mano de Araujo previa al penal de Cubero fue clamorosa y desde allí se vio perfecta. ¡Uuuuuuuuhhhhh! Lástima que no hubo ningún infartado.
Coincidí con Falcioni, contra la opinión de algunos colegas con los que debatimos el tema a lo largo de la semana, en la formación del equipo. Varios entendían que tenía que jugar de entrada Nico Colazo, con Pochi Chávez a la derecha y Somoza-Erviti en doble cinco.
No, el técnico pensó cómo debía o al menos, como pensó este gil que escribe. No era momento de tocar el esquema ni menos de moverlo a Pochi, después de los dos muy buenos partidos que había jugado con Colón y con Rafaela. Pichi Erbes no tiene y no tuvo ningún problema en acomodarse sobre la derecha.
Después, por la mitad del segundo tiempo, cuando entró Nico y se pasó al 4-4-2, la decisión fue la correcta y en el momento debido. Se había perdido la pelota y Vélez lo había puesto a Augusto Fernández para romper por la derecha. Nico, pegado con Clemente, cerró esa puerta y con el doble cinco se aguantó mejor el tramo final.
En verdad, no tengo memoria de en qué circunstancias se fue Somoza de Vélez pero lo silbaron una barbaridad, cada vez que tocaba la pelota. Ni se inmutó, Leo. Jugó un muy buen partido. Lo importante para él debe ser el afecto que le demostraron todos sus ex compañeros y su ex técnico. Está jugando un buen campeonato, Leo. Por ahí no se lo nota tanto pero es vital para el equipo, se para bien. Y a diferencia de sus primeros tiempos en el club, ahora está distribuyendo correctamente.
Al cabo, no se atacó demasiado pero el arquero de ellos fue fundamental. El cabezazo de Insaurralde, el penal, la de Pablo en el segundo tiempo… En cambio, Orión la más difícil que tuvo fue ese zurdazo de Bella, en el final del primer tiempo.
Es una constante en lo que va del torneo: a Boca no le llegan. La defensa y los volantes mantienen el partido lejos del arco nuestro casi siempre, sea quien fuere el rival y en el escenario de que se trate.
En el segundo tiempo la tuvieron más ellos. Y corrían más. En realidad, no deja de ser un dato curioso si se tiene en cuenta que habían jugado el martes en la altura de Bogotá. Quedó claro que ellos querían ganar mucho más que Boca. Boca, allá por la última media hora, bajó la persiana y firmaba el empate, que sirve. No está mal, es legítimo. Aunque uno se quede vanamente pensando qué podría haber pasado si se arriesgaba un poquito más. Por otra parte, en estos casos, si te llegan a ensartar al final te quedás con el doble de bronca pero bueno, no pasó.
Ahora vienen dos semanitas de relax, como para recuperar a Román, Cvitanich, Blandi y Roncaglia (el Burro Rivero difícil que llegue). En verdad, no le han pasado pocas cosas a Boca en este derrotero. ¡En qué momento se viene a quedar afuera Nico Blandi! Pero Boca sigue. Entró Araujito, que es un jugador de características totalmente diferentes de las de Blandi y Viatri, e hizo lo suyo. En algún pasaje del primer tiempo se cometió el error de tirarle centros, debe ser la costumbre, pero en líneas generales, Araujo se adaptó al equipo y el equipo se adaptó a él.
Ya estábamos sacando cuentas porque hubiera sido una gloria dar la vuelta olímpica en La Bombonera con Racing y a falta de cuatro fechas pero en fin, no dan los números. Igual, si se le gana bien a Racing, ya está. La vuelta podría ser en Mendoza, donde hay vino de sobra.
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