Empecemos por los penales, que al cabo fueron lo más importante. Salvo Albín, que pateó realmente mal, muy bien todos. Seguros, firmes. Barovero no estuvo ni cerca en ninguno. Ustari había elegido la izquierda, acertó con el primero, sólo cambió para el quinto para ir a la derecha y estuvo muy cerca. El último, el de Rojas, lo atajaba yo. El volante de ellos se perfiló de modo que era casi imposible que la mandara a la derecha, estaba cantado, tomó muy poca carrera, le salió una masita.
Sigamos por las formaciones. Ellos con los titulares, nosotros con los suplentes. Los aguantamos y después, les ganamos en los penales. Salió redondo.
Continuemos con las propuestas. Boca salió, en primer término, a que no le llegaran. Lo logró. Salvo la primera jugada del partido, que desperdició Funes Mori y que tomó a Boca muy mal parado, ellos no encontraron la fórmula jamás. Sólo puede contarse como de cierto riesgo ese cabezazo desviado del primer tiempo y un remate desde lejos que Ustari controló muy bien. River quiso jugar pero no pudo, no lo dejamos. Vale.
La certeza de que la premisa era mantenerlos lejos del área nuestra la dan dos hechos. Bianchi puso sobre la derecha dos cuatros, Albín y Aguirre, como para que Vangioni y Bottinelli no nos crearan los problemas que habíamos tenido en Mar del Plata. Del otro lado, Nico Colazo, que es un volante de todo el carril, esta vez casi nunca pasó tres cuartos de cancha.
Se jugó como Boca quiso que se jugara. Solamente en un tramo del comienzo del segundo tiempo perdimos el control, tuvimos que correr detrás de la pelota, pareció que Sánchez nos podía complicar por el lado de Evangelista. Rápidamente se volvió a lo anterior, el equipo muy bien parado por detrás de la línea de la pelota, compacto, achicando hacia atrás, sin dejar espacios.
Buen trabajo de Pichi Erbes, que desechó un vagón de guita para no ir a cagarse de frío en Rusia, sabe que va a tener oportunidades y que si no le pasa nada malo, en un futuro próximo podría tener otra posibilidad europea pero con un destino más atractivo. Pichi, como en el final del año pasado, sigue jugando mejor que Somoza. A Pol, como doble cinco, le costó encontrar la posición pero lo compensó con esfuerzo. Después, cuando pasó a la banda, se sintió más cómodo.
Bianchi viene dándole pista al Yagui Bravo. Cuando juguemos sin enganche, porque Carlos ya avisó que el único que tiene en el plantel es Paredes, va a haber lugar para Bravo, un cinco prolijito, armador, tipo Gago o Banega.
Llegamos una sola vez en los noventa minutos. Esa del segundo tiempo. Pol no definió porque no la esperaba, no pensó que iba a fallar Vangioni ante ese centro llovidito que mandó Evangelista desde la izquierda y permitió que Barovero se la manoteara. A continuación, Pichi le pegó como tenía que pegarle, Vangioni se la sacó en la línea.
En el resto del partido, nada. Bianchi dijo después que le había gustado el primer tiempo de Nico Blandi. Él sabrá. Para este gil que escribe, Viatri y Blandi fue como si no estuvieran. Puede que Nico haya tenido más participación pero el mismo peso, cero. La responsabilidad no ex exclusiva de ellos. El equipo estaba formado para la espera y a los dos delanteros les quedó el partido a contramano.
En fin, con poco nos llevamos una satisfacción. Nadie podrá discutir que fuimos con suplentes a jugarles a los titulares de ellos y nos trajimos la Copa. A Córdoba, el sábado que viene, seguramente irá la base que jugó contra Independiente en Mar del Plata. Queremos volver a ver al Burrito Martínez en ese nivel, a un Boca que sea profundo en ataque pero que mantenga la consistencia defensiva que mostró en Mendoza y que no había tenido en ninguno de los tres partidos anteriores. ¿Será mucho?
miércoles, 30 de enero de 2013
domingo, 27 de enero de 2013
EL BURRITO MARTÍNEZ ALUMBRÓ UN EQUIPO NUEVO
En un solo partido, Martínez metió más jugadas de desequilibrio que Acosta desde que llegó, hace seis meses. Con un delantero capaz de ganar en el mano, capaz de encarar y pasar, todo cambia de color. Todo el equipo experimentó una mejoría muy sensible pero sin uno arriba que rompiera en el uno contra uno, plasmar el mejor juego en el arco rival hubiese sido, seguramente, más difícil.
Hubo algunos problemas defensivos en el primer tiempo. Más allá del muy promisorio trabajo de Magallán, que estuvo muy firme por arriba en las dos áreas, cerca del gol dos veces (la del travesaño y la que le sacó Navarro), no podemos pasar por alto que Sosa y Caruzzo sacaron dos bolas en la raya cuando estábamos 0 a 0. Pero más allá de ello, la imagen que dejó globalmente Boca da como para creer.
El primer gol, en el cierre del primer tiempo, es el reflejo fiel de lo que significa el Burro Martínez. Por la potencia y la decisión con que armó la jugada, obligando a que lo corrieran de atrás y por la precisión de su latigazo de zurda, bien cruzado, lejos del alcance del arquero.
En el segundo tiempo el partido se hizo bastante fiambre, lógico porque los jugadores recién ahora van poniéndose a punto pero es valioso constatar que prácticamente, no nos llegaron más.
La pelota corrió bien. Salió limpia. A Leíto Paredes tenemos que verlo más, como dijo el propio Bianchi pero creció en relación con el partido anterior. El técnico cree mucho en él y nadie mejor que Carlos para trabajarlo, para darle confianza y agregarle repertorio.
Una lástima que haya salido lesionado Ribair Rodríguez, que estaba haciendo un partido interesante pero Pol, cuando entró, también cumplió. Con Paredes se entiende muy bien. Somoza estuvo mejor parado, aunque sigue dándole demasiadas pelotas a los contrarios. Y Erviti tuvo un buen partido, con esa delicia que fue la devolución de taco al Burro previa al segundo gol, que dejó a Independiente desarmado y facilitó la fuga de su compañero. De nuevo, la definición de zurda del Burro, esta vez al primer palo, fue impecable. Pero más allá de la culminación de la jugada, fue lo mejor de la noche porque los sucesivos toques fueron un montón. Así se juega, así se fabrican los espacios. Eso es lo que hay que afirmar, que la bola corra limpita y segura.
El Tanque hizo un partido discreto pero es importante para él que la haya metido al final. De nuevo fue muy importante Erviti, que presionó y forzó la cagadota de Velázquez para que el Tanque se fuera solito y liquidara a Navarro.
Vamos a ver cómo responde el martes, contra los que te jedi en Mendoza, el otro equipo, el que se quedó en Buenos Aires pero por de pronto, los titulares, que básicamente son estos que fueron a Mar del Plata, se mostraron afiladitos, listos ya para salir al ruedo por los puntos.
Además de lo de Ribair tenemos que lamentar lo de Orion. Golpe en la cadera el uruguayo, dolor en el índice izquierdo Agustín, esperemos que no sea nada. En tres partidos se nos cayeron cinco tipos sin contar al Burro Rivero, que ni llegó a jugar. Guille Burdisso y Pablito Ledesma ya están para volver, el Chiqui Pérez todavía no. Hay plantel, hay equipo, aguante Boca.
Hubo algunos problemas defensivos en el primer tiempo. Más allá del muy promisorio trabajo de Magallán, que estuvo muy firme por arriba en las dos áreas, cerca del gol dos veces (la del travesaño y la que le sacó Navarro), no podemos pasar por alto que Sosa y Caruzzo sacaron dos bolas en la raya cuando estábamos 0 a 0. Pero más allá de ello, la imagen que dejó globalmente Boca da como para creer.
El primer gol, en el cierre del primer tiempo, es el reflejo fiel de lo que significa el Burro Martínez. Por la potencia y la decisión con que armó la jugada, obligando a que lo corrieran de atrás y por la precisión de su latigazo de zurda, bien cruzado, lejos del alcance del arquero.
En el segundo tiempo el partido se hizo bastante fiambre, lógico porque los jugadores recién ahora van poniéndose a punto pero es valioso constatar que prácticamente, no nos llegaron más.
La pelota corrió bien. Salió limpia. A Leíto Paredes tenemos que verlo más, como dijo el propio Bianchi pero creció en relación con el partido anterior. El técnico cree mucho en él y nadie mejor que Carlos para trabajarlo, para darle confianza y agregarle repertorio.
Una lástima que haya salido lesionado Ribair Rodríguez, que estaba haciendo un partido interesante pero Pol, cuando entró, también cumplió. Con Paredes se entiende muy bien. Somoza estuvo mejor parado, aunque sigue dándole demasiadas pelotas a los contrarios. Y Erviti tuvo un buen partido, con esa delicia que fue la devolución de taco al Burro previa al segundo gol, que dejó a Independiente desarmado y facilitó la fuga de su compañero. De nuevo, la definición de zurda del Burro, esta vez al primer palo, fue impecable. Pero más allá de la culminación de la jugada, fue lo mejor de la noche porque los sucesivos toques fueron un montón. Así se juega, así se fabrican los espacios. Eso es lo que hay que afirmar, que la bola corra limpita y segura.
El Tanque hizo un partido discreto pero es importante para él que la haya metido al final. De nuevo fue muy importante Erviti, que presionó y forzó la cagadota de Velázquez para que el Tanque se fuera solito y liquidara a Navarro.
Vamos a ver cómo responde el martes, contra los que te jedi en Mendoza, el otro equipo, el que se quedó en Buenos Aires pero por de pronto, los titulares, que básicamente son estos que fueron a Mar del Plata, se mostraron afiladitos, listos ya para salir al ruedo por los puntos.
Además de lo de Ribair tenemos que lamentar lo de Orion. Golpe en la cadera el uruguayo, dolor en el índice izquierdo Agustín, esperemos que no sea nada. En tres partidos se nos cayeron cinco tipos sin contar al Burro Rivero, que ni llegó a jugar. Guille Burdisso y Pablito Ledesma ya están para volver, el Chiqui Pérez todavía no. Hay plantel, hay equipo, aguante Boca.
domingo, 20 de enero de 2013
ALERTA AMARILLO
Perder importa siempre, más contra los que te jedi pero por encima de estas dos caídas consecutivas y dolorosas, aunque estemos en el verano, inquieta que, por lo que a Boca respecta, vimos dos veces la misma película con dos formaciones absolutamente diferentes una de otra.
En ciento ochenta minutos no se le empezó a ver la punta al ovillo y peor aún, los partidos transcurrieron con la creciente certeza de que llegar al gol era un imposible y en el caso de anoche, después del segundo de ellos estábamos deseando que terminara de una vez porque estábamos expuestos a una goleada.
Es verdad que los encuentros de pretemporada encierran sus trampas porque cada uno puede depender del momento de preparación en que se encuentre cada equipo. Siempre recuerdo aquel 4-0 a River de 2002 en Mar del Plata en que Carreño, un delantero, digamos, de nivel medio, parecía Garrincha, no lo podían parar. Es que se dio que Boca estaba trabajando velocidad mientras River trabajaba resistencia y esa particularidad se expresó demoledoramente en la cancha, los pasamos por arriba.
Anoche, ellos estaban muy ligeritos y nosotros, duros. Pero igual, como mínimo, tendrían que haber comenzado a esbozarse algunas de las ideas sobre las cuales vamos a jugar en el futuro inmediato, los que van a ser los fundamentos del equipo.
Hubo posesión de pelota, aunque totalmente inofensiva, en los primeros veinte minutos pero después, en el resto del partido, no la agarrábamos. En el primer tramo del juego hubo alguna insinuación del Laucha Acosta pero que no terminaron en nada concreto. Al Laucha sigue costándole ganar en el uno contra uno, vital para un delantero externo.
El miércoles, cuando supe que ellos iban a jugar con tres centrales y con Sánchez por la derecha, empecé a sospechar que por ahí podíamos tener la llave del juego. “¿Ramón no veía los partidos de River el año pasado?”, pensé. Sin embargo, en ese comienzo de partido que al cabo fue lo más rescatable, no fuimos nunca por la izquierda, siempre por la derecha. En el segundo tiempo pasó algunas veces Clemente pero cuando ya el partido venía definitivamente a contramano.
Leíto Paredes, en los alrededor de ochenta minutos que jugó, puso dos muy buenas pelotas para Silva, una en cada tiempo. En la primera el Tanque llegó a definir muy encima de Barovero, que tapó (después no la pudieron meter ni Paredes ni Erviti porque los trabaron). En la segunda el Tanque, medio incómodo, no se animó a pegarle como venía, perdió un tiempo y lo cerraron. Fuera de esas dos acciones puntuales, a Paredes no se lo vio.
Si va a ser el enganche (y está claro que tiene condiciones como para serlo), la pelota tiene que pasar mucho más por él. Y para que pase por él tiene que mostrarse, moverse, pedirla y que se la den. A Román, que se desplazaba al tranquito, sus compañeros tenían siempre dónde encontrarlo, por cualquier lugar de la cancha. Era el tipo al que más cuidado le prodigaban los rivales y sin embargo, rara vez quedaba oculto detrás de algún rival. Eso necesitamos de Leíto.
Muy inconsistente la mitad de la cancha, en la que Erviti, por esfuerzo, quedó por encima de sus compañeros pero Walter no tiene velocidad para ir por afuera. ¿Ni un lugar en el banco le correspondía a Nico Colazo, partiendo de la base de que ellos jugaban con línea de tres y podía haber espacio para llegarles por los costados?
Somoza fue de mayor a menor, al principio cortó bien algunas pelotas pero enseguida perdió la posición, empezó a salir a la descubierta, desbarrancó por completo. Y en cuanto a Pablito Ledesma, no estuvo en ningún lugar de la cancha. River inició sus ataque preferentemente por la izquierda, con un Vangioni que se lució y es lo más fácil caerle al Apu Sosa, que es el más cuestionado de los titulares que parece haber elegido Bianchi. El Apu no se salvó pero Ledesma, ¿dónde estaba?
En realidad, la búsqueda de River fue bastante monocorde en cuanto a que repetidamente empezaban por la izquierda para terminar por el medio o la derecha y así fue en los dos goles. Ambos en el segundo tiempo, cuando ya íbamos cayendo en la conclusión de que los goles de ellos en algún momento tenían que llegar.
Burdisso era el mejor jugador de Boca hasta el primer gol. No había tenido fallas ni por arriba ni por abajo. Pero ese centro de Vangioni lo tomó mal parado, se pasó, le cayó por detrás para que Mora definiera con comodidad. El uruguayo, antes, había estado irresoluto y vueltero para terminar las jugadas pero en cuanto se enderezó, sonamos.
En el segundo, Rojas le ganó a Somoza una pelota que un cinco de Boca no puede permitirse perder en ese lugar del campo y después también le ganó a Caruzzo, al que le cabe la atenuante de que quedó muy desprotegido pero no atinó a otra cosa que tratar de agarrar a Rojas de cualquier parte del cuerpo sin poder evitar que el volante, aun incómodo, descargara para la derecha, por donde de nuevo apareció Mora libre.
A lo largo de todo el segundo tiempo, que fue de ellos de punta a punta, Boca contó con un remate de Silva después de una buena maniobra suya pero que le salió muy recto a la posición de Barovero y después, con otro tiro desde afuera, del debutante Ribair Rodríguez (poquitos minutos, como Viatri), que llegó para terminar la jugada después de una proyección de Clemente, le pegó como venía y la mandó a los caños.
Del Tanque se puede mencionar, como de Erviti, su esfuerzo, pelea siempre, no se entrega. Claro que con eso no alcanza pero un delantero de sus características depende del juego de que lo provean sus compañeros y en ese sentido, el pobre debe haber tenido ganas de llorar.
En fin, demos vuelta la página pronto pero sin olvidar lo mal que jugamos, Tengámoslo presente porque así no va, hay que empezar a producir algo. En Bianchi confiamos a muerte, el respaldo con que cuenta es el máximo. Su presencia es, hoy por hoy, la única tranquilidad.
De todos modos, su decisión de nombrar capitán a Orion a este gil que escribe no lo convence. Un arquero, como capitán, significa una desventaja. En el primer tiempo hubo una en que Ponzio lo revoleó a Paredes y Lunati nada, siga, siga. Poco después le hicieron un foul a Acosta y Lunati cobró al revés. Son jugaditas como para que el capitán pase caminando disimuladamente cerca del árbitro y le diga bajito: “¿Qúe carajo cobrás? Dejate de hinchar las bolas”. Un arquero no puede.
En ciento ochenta minutos no se le empezó a ver la punta al ovillo y peor aún, los partidos transcurrieron con la creciente certeza de que llegar al gol era un imposible y en el caso de anoche, después del segundo de ellos estábamos deseando que terminara de una vez porque estábamos expuestos a una goleada.
Es verdad que los encuentros de pretemporada encierran sus trampas porque cada uno puede depender del momento de preparación en que se encuentre cada equipo. Siempre recuerdo aquel 4-0 a River de 2002 en Mar del Plata en que Carreño, un delantero, digamos, de nivel medio, parecía Garrincha, no lo podían parar. Es que se dio que Boca estaba trabajando velocidad mientras River trabajaba resistencia y esa particularidad se expresó demoledoramente en la cancha, los pasamos por arriba.
Anoche, ellos estaban muy ligeritos y nosotros, duros. Pero igual, como mínimo, tendrían que haber comenzado a esbozarse algunas de las ideas sobre las cuales vamos a jugar en el futuro inmediato, los que van a ser los fundamentos del equipo.
Hubo posesión de pelota, aunque totalmente inofensiva, en los primeros veinte minutos pero después, en el resto del partido, no la agarrábamos. En el primer tramo del juego hubo alguna insinuación del Laucha Acosta pero que no terminaron en nada concreto. Al Laucha sigue costándole ganar en el uno contra uno, vital para un delantero externo.
El miércoles, cuando supe que ellos iban a jugar con tres centrales y con Sánchez por la derecha, empecé a sospechar que por ahí podíamos tener la llave del juego. “¿Ramón no veía los partidos de River el año pasado?”, pensé. Sin embargo, en ese comienzo de partido que al cabo fue lo más rescatable, no fuimos nunca por la izquierda, siempre por la derecha. En el segundo tiempo pasó algunas veces Clemente pero cuando ya el partido venía definitivamente a contramano.
Leíto Paredes, en los alrededor de ochenta minutos que jugó, puso dos muy buenas pelotas para Silva, una en cada tiempo. En la primera el Tanque llegó a definir muy encima de Barovero, que tapó (después no la pudieron meter ni Paredes ni Erviti porque los trabaron). En la segunda el Tanque, medio incómodo, no se animó a pegarle como venía, perdió un tiempo y lo cerraron. Fuera de esas dos acciones puntuales, a Paredes no se lo vio.
Si va a ser el enganche (y está claro que tiene condiciones como para serlo), la pelota tiene que pasar mucho más por él. Y para que pase por él tiene que mostrarse, moverse, pedirla y que se la den. A Román, que se desplazaba al tranquito, sus compañeros tenían siempre dónde encontrarlo, por cualquier lugar de la cancha. Era el tipo al que más cuidado le prodigaban los rivales y sin embargo, rara vez quedaba oculto detrás de algún rival. Eso necesitamos de Leíto.
Muy inconsistente la mitad de la cancha, en la que Erviti, por esfuerzo, quedó por encima de sus compañeros pero Walter no tiene velocidad para ir por afuera. ¿Ni un lugar en el banco le correspondía a Nico Colazo, partiendo de la base de que ellos jugaban con línea de tres y podía haber espacio para llegarles por los costados?
Somoza fue de mayor a menor, al principio cortó bien algunas pelotas pero enseguida perdió la posición, empezó a salir a la descubierta, desbarrancó por completo. Y en cuanto a Pablito Ledesma, no estuvo en ningún lugar de la cancha. River inició sus ataque preferentemente por la izquierda, con un Vangioni que se lució y es lo más fácil caerle al Apu Sosa, que es el más cuestionado de los titulares que parece haber elegido Bianchi. El Apu no se salvó pero Ledesma, ¿dónde estaba?
En realidad, la búsqueda de River fue bastante monocorde en cuanto a que repetidamente empezaban por la izquierda para terminar por el medio o la derecha y así fue en los dos goles. Ambos en el segundo tiempo, cuando ya íbamos cayendo en la conclusión de que los goles de ellos en algún momento tenían que llegar.
Burdisso era el mejor jugador de Boca hasta el primer gol. No había tenido fallas ni por arriba ni por abajo. Pero ese centro de Vangioni lo tomó mal parado, se pasó, le cayó por detrás para que Mora definiera con comodidad. El uruguayo, antes, había estado irresoluto y vueltero para terminar las jugadas pero en cuanto se enderezó, sonamos.
En el segundo, Rojas le ganó a Somoza una pelota que un cinco de Boca no puede permitirse perder en ese lugar del campo y después también le ganó a Caruzzo, al que le cabe la atenuante de que quedó muy desprotegido pero no atinó a otra cosa que tratar de agarrar a Rojas de cualquier parte del cuerpo sin poder evitar que el volante, aun incómodo, descargara para la derecha, por donde de nuevo apareció Mora libre.
A lo largo de todo el segundo tiempo, que fue de ellos de punta a punta, Boca contó con un remate de Silva después de una buena maniobra suya pero que le salió muy recto a la posición de Barovero y después, con otro tiro desde afuera, del debutante Ribair Rodríguez (poquitos minutos, como Viatri), que llegó para terminar la jugada después de una proyección de Clemente, le pegó como venía y la mandó a los caños.
Del Tanque se puede mencionar, como de Erviti, su esfuerzo, pelea siempre, no se entrega. Claro que con eso no alcanza pero un delantero de sus características depende del juego de que lo provean sus compañeros y en ese sentido, el pobre debe haber tenido ganas de llorar.
En fin, demos vuelta la página pronto pero sin olvidar lo mal que jugamos, Tengámoslo presente porque así no va, hay que empezar a producir algo. En Bianchi confiamos a muerte, el respaldo con que cuenta es el máximo. Su presencia es, hoy por hoy, la única tranquilidad.
De todos modos, su decisión de nombrar capitán a Orion a este gil que escribe no lo convence. Un arquero, como capitán, significa una desventaja. En el primer tiempo hubo una en que Ponzio lo revoleó a Paredes y Lunati nada, siga, siga. Poco después le hicieron un foul a Acosta y Lunati cobró al revés. Son jugaditas como para que el capitán pase caminando disimuladamente cerca del árbitro y le diga bajito: “¿Qúe carajo cobrás? Dejate de hinchar las bolas”. Un arquero no puede.
lunes, 14 de enero de 2013
POQUITO
A este gil que escribe le hincha las bolas perder, en cualquier estación del año. No le gusta presenciar ante el televisor una derrota con Racing en Mar del Plata. Tras la declaración de principios, el análisis racional indicará que no cabía esperar mucho más.
Racing ganó bien, encontró salida rápida y espacios, fue más vertical y decidido en ataque, a Hauche no se lo podía controlar.
Boca fue monocorde, previsible, aburrido. Estamos de pretemporada (ellos también), pusimos suplentes (ellos también) pero ojo, que estuvieron en la cancha algunos de los que mejor rendimiento terminaron teniendo el año pasado, casos Pol y Erbes. Algunos que vienen pidiendo pista, casos Ustari y Colazo. Algunos que fueron titulares durante mucho tiempo, casos Pochi y Viatri. Un refuerzo, Pérez.
Empezamos teniendo la pelota por mucho tiempo pero fueron ellos los que vacunaron pronto y sin necesidad de tanta posesión. Mal parado Boca, toda la defensa volcada a la derecha y la jugada que termina con un tipo llegando vacío por izquierda. El Pampa Evangelista cerró y el gol llegó a espaldas suyas.
Se empató rápido en un momento en que daba como para empezar a entusiasmarse. Habíamos descubierto una puertita abierta por la izquierda, por donde iba Nico Colazo. No fue la primera vez que Nico desequilibró y metió el centro. Se le cayó a Saja, Nico Blandi la defendió bien, descargó mejor hacia atrás y el Narigón Viatri, llegando de frente, fue implacable.
Duró poco porque otra jugada, una pelota recta bien puesta por Camoranesi, nos agarró de nuevo mal parados. Me estaba empezando a gustar el Chiqui Pérez, había empezado a ganar por arriba y se lo veía con don de mando pero esa bola lo tomó al revés, corrió la jugada desde atrás y terminó metiéndole ese manotazo a Hauche en el área. Penal innecesario, torpeza.
Nunca más le encontramos la vuelta al partido. La única complicación para Racing fueron los centros porque Viatri andaba bien de arriba, bajó más de una pero no se lo pudo aprovechar.
De la última media hora de partido no vale la pena hablar porque era de prever que los jugadores, de uno y otro lado, iban a tener que pararse, están duros, recién están volviendo de las vacaciones y están haciendo preferentemente trabajos de fuerza.
Bianchi llevó sólo seis suplentes, como para dejar bien sentada su posición de que estos partidos le importan poco pero además, era un banco descompensado. Arquero, tres defensores, un volante y un delantero. Entró Escudero, que volvió al club y no se sabe si va a quedar pero al que le perdimos la confianza en su paso anterior. Entró el pibe Palacios y Tití Fernández dijo que tenía cosas de Guillermo. Si Palacios es Guillermo yo soy Shakespeare, no jodamos.
Para este tipo de partidos corresponde enfocarse en el rescate de alguna individualidad y en tal sentido corresponde empezar por Viatri. Bianchi abortó su salida a Lanús, lo puso y le dio la capitanía. El Narigón es un delantero de primera, no se lo puede rematar al mejor postor. Tuvo un muy mal semestre pero por supuesto que es recuperable, tiene para darnos. Acá tenemos que confiar en la mano de Carlos para que vuelva a sus mejores expresiones. Tuvo un partido aceptable, se movió, ganó mucho por arriba (en las dos áreas) e hizo un gol.
Bianchi también cree en Pochi Chávez y le dijo que se quedara. Carlos sabrá pero este caso es distinto, Pochi ya lleva demasiado tiempo dando vueltas, la sensación es que de ahí no va a pasar. En ese tono se lo vio en este partido, la pidió mucho, tuvo mucho contacto pero pocas de sus resoluciones significaron algún aporte. En una del primer tiempo se fabricó muy bien el espacio pero la terminó mal, otra la picó muy bien y por poco no llegó a meterla Nico Blandi.
En cuanto a Nico, si juega en dupla con Viatri puede llegar a pasarle lo que le pasó a Viatri cuando jugaba con Silva. Cuando juegan dos nueves, la mayoría de las veces (las excepciones son muchas pero no dejan de ser excepciones), uno le quita espacio al otro. El que está obligado a salir más es el que pierde.
Ya se apuntó que hubo un buen ratito de Nico Colazo, a Pol y Erbes se los notó incómodos. Albín y Evangelista son laterales que naturalmente dan ventajas en la marca y esta vez tampoco sumaron mucho cuando pasaron. Al pibe Castagno seguiremos teniéndolo en observación y Ustari, sin mucho trabajo, no tuvo nada que ver en el primer gol y obviamente, tampoco en el penal.
No he de extenderme en esa horrenda camiseta violácea, tipo Villa Dálmine. Después de todo, Nike ya nos tiene acostumbrados, desde hace años, a estos modelitos despersonalizados. Lo peor es que seguramente en las próximas semanas y meses se verá, en la cancha y aun en las calles, a muchos boluditos y boluditas con esa camiseta. Nike sabe lo que hace, se ve que hay muchos hinchas de Boca a los que les gustan esos modelitos, van y los compran. Está claro que las nuevas generaciones no funcionan como nosotros, los viejos.
Ahora se vienen los que te jedi, el sábado. Bianchi dice que son una estupidez los tres partidos en tan pocos días y tiene razón pero ya que están puestos, es importante, sobre todo, no perder el primero. Si se pierde, se mueve el avión, se da pasto a las fieras. Bianchi lo sabe. Ganemos, vamos, Boca.
Racing ganó bien, encontró salida rápida y espacios, fue más vertical y decidido en ataque, a Hauche no se lo podía controlar.
Boca fue monocorde, previsible, aburrido. Estamos de pretemporada (ellos también), pusimos suplentes (ellos también) pero ojo, que estuvieron en la cancha algunos de los que mejor rendimiento terminaron teniendo el año pasado, casos Pol y Erbes. Algunos que vienen pidiendo pista, casos Ustari y Colazo. Algunos que fueron titulares durante mucho tiempo, casos Pochi y Viatri. Un refuerzo, Pérez.
Empezamos teniendo la pelota por mucho tiempo pero fueron ellos los que vacunaron pronto y sin necesidad de tanta posesión. Mal parado Boca, toda la defensa volcada a la derecha y la jugada que termina con un tipo llegando vacío por izquierda. El Pampa Evangelista cerró y el gol llegó a espaldas suyas.
Se empató rápido en un momento en que daba como para empezar a entusiasmarse. Habíamos descubierto una puertita abierta por la izquierda, por donde iba Nico Colazo. No fue la primera vez que Nico desequilibró y metió el centro. Se le cayó a Saja, Nico Blandi la defendió bien, descargó mejor hacia atrás y el Narigón Viatri, llegando de frente, fue implacable.
Duró poco porque otra jugada, una pelota recta bien puesta por Camoranesi, nos agarró de nuevo mal parados. Me estaba empezando a gustar el Chiqui Pérez, había empezado a ganar por arriba y se lo veía con don de mando pero esa bola lo tomó al revés, corrió la jugada desde atrás y terminó metiéndole ese manotazo a Hauche en el área. Penal innecesario, torpeza.
Nunca más le encontramos la vuelta al partido. La única complicación para Racing fueron los centros porque Viatri andaba bien de arriba, bajó más de una pero no se lo pudo aprovechar.
De la última media hora de partido no vale la pena hablar porque era de prever que los jugadores, de uno y otro lado, iban a tener que pararse, están duros, recién están volviendo de las vacaciones y están haciendo preferentemente trabajos de fuerza.
Bianchi llevó sólo seis suplentes, como para dejar bien sentada su posición de que estos partidos le importan poco pero además, era un banco descompensado. Arquero, tres defensores, un volante y un delantero. Entró Escudero, que volvió al club y no se sabe si va a quedar pero al que le perdimos la confianza en su paso anterior. Entró el pibe Palacios y Tití Fernández dijo que tenía cosas de Guillermo. Si Palacios es Guillermo yo soy Shakespeare, no jodamos.
Para este tipo de partidos corresponde enfocarse en el rescate de alguna individualidad y en tal sentido corresponde empezar por Viatri. Bianchi abortó su salida a Lanús, lo puso y le dio la capitanía. El Narigón es un delantero de primera, no se lo puede rematar al mejor postor. Tuvo un muy mal semestre pero por supuesto que es recuperable, tiene para darnos. Acá tenemos que confiar en la mano de Carlos para que vuelva a sus mejores expresiones. Tuvo un partido aceptable, se movió, ganó mucho por arriba (en las dos áreas) e hizo un gol.
Bianchi también cree en Pochi Chávez y le dijo que se quedara. Carlos sabrá pero este caso es distinto, Pochi ya lleva demasiado tiempo dando vueltas, la sensación es que de ahí no va a pasar. En ese tono se lo vio en este partido, la pidió mucho, tuvo mucho contacto pero pocas de sus resoluciones significaron algún aporte. En una del primer tiempo se fabricó muy bien el espacio pero la terminó mal, otra la picó muy bien y por poco no llegó a meterla Nico Blandi.
En cuanto a Nico, si juega en dupla con Viatri puede llegar a pasarle lo que le pasó a Viatri cuando jugaba con Silva. Cuando juegan dos nueves, la mayoría de las veces (las excepciones son muchas pero no dejan de ser excepciones), uno le quita espacio al otro. El que está obligado a salir más es el que pierde.
Ya se apuntó que hubo un buen ratito de Nico Colazo, a Pol y Erbes se los notó incómodos. Albín y Evangelista son laterales que naturalmente dan ventajas en la marca y esta vez tampoco sumaron mucho cuando pasaron. Al pibe Castagno seguiremos teniéndolo en observación y Ustari, sin mucho trabajo, no tuvo nada que ver en el primer gol y obviamente, tampoco en el penal.
No he de extenderme en esa horrenda camiseta violácea, tipo Villa Dálmine. Después de todo, Nike ya nos tiene acostumbrados, desde hace años, a estos modelitos despersonalizados. Lo peor es que seguramente en las próximas semanas y meses se verá, en la cancha y aun en las calles, a muchos boluditos y boluditas con esa camiseta. Nike sabe lo que hace, se ve que hay muchos hinchas de Boca a los que les gustan esos modelitos, van y los compran. Está claro que las nuevas generaciones no funcionan como nosotros, los viejos.
Ahora se vienen los que te jedi, el sábado. Bianchi dice que son una estupidez los tres partidos en tan pocos días y tiene razón pero ya que están puestos, es importante, sobre todo, no perder el primero. Si se pierde, se mueve el avión, se da pasto a las fieras. Bianchi lo sabe. Ganemos, vamos, Boca.
lunes, 7 de enero de 2013
TODOS LOS PÉREZ DE LA GUÍA
Cuando haga su presentación oficial, Claudio Daniel “El Chiqui” Pérez se convertirá en el octavo Pérez que tenga el privilegio de integrar la primera de Boca. Los Pérez somos menos que los Fernández y los García pero igual, somos un montonazo. “Es un apellido muy vulgar”, decía mi finada tía Ñata, que odiaba a mi viejo y a toda su familia. Depende de lo que se entienda por vulgar, en algún sentido podía tener razón pero seguramente ha habido Pérez muy especiales. Si se busca, en las más variadas actividades se encontrará algún Pérez distinguido. En Boca los hubo que dejaron buenos recuerdos, otros que se perdieron en el olvido pero desde este sitio vamos a rescatarlos a todos. Acá van, por orden de aparición, los siete predecesores del Chiqui.
1- Juan Gregorio Pérez (1944, 10 partidos, 1 título). Centro medio clásico que suplió a Lazzatti durante buena parte de la primera rueda de 1944. Boca fue su único club en primera. Procedía de Unión y posteriormente jugó en Tigre y Estudiantes de Buenos Aires. Su hermano mellizo Juan Ángel, zaguero, también jugó en Unión.
2- Félix Rodolfo Pérez Berot (1945, 1 partido). Puntero izquierdo que tuvo su única presentación en competencias oficiales frente a Sarmiento, en Junín, por la Copa Pedro Pablo Ramírez. Reemplazó al comienzo del segundo tiempo a Jorge Campos y a los 13 minutos marcó, de penal, el tercer gol de Boca, que ganó 3-2. Procedía de Estudiantes de Olavarría y después jugó en Quilmes, Argentinos Juniors y Nueva Chicago, siempre en el ascenso. Me despiertan cierto recelo los Pérez que se agregan un segundo apellido. Si te llamás Pérez, bancatelá.
3- Raúl Adolfo Pérez (1957/65, 43 partidos, 4 goles, 3 títulos). El Canario. Empezó jugando de wing izquierdo y terminó de segundo central, habiendo sido también centro medio y volante por izquierda. Nueve temporadas en el plantel, surgido de las inferiores. Jugaba habitualmente en Reserva, división en la que fue capitán y una especie de símbolo durante mucho tiempo. Cada año, en algún pasaje del campeonato, se recurría a él para la primera. Cumplidor, rendidor. Tengo el recuerdo de un gol que le hizo a Gimnasia en La Plata, en uno de los primeros partidos de Boca que haya presenciado en la cancha este gil que escribe. Después jugó en Deportivo Español.
4- Osvaldo Mario Pérez (1965/66, 17 partidos, 1 título). El Pupa. Arquero fortachón, de físico exuberante, formado a imagen y semejanza del Tano Roma con otro nivel, claro. Llegó de Arsenal de Llavallol, donde jugaba con su primo, el Gato Magdalena. En el 65 se lesionaron sucesivamente el Tano Roma y el Flaco Errea, agarró la primera él y jugó algunos partidos en buen nivel, especialmente uno con Banfield. En el 66 siguió alternando con el Turco Minoián cuando faltaba el Tano. Siguió su carrera en Ferro, Olimpo y Quilmes.
5- Abel Jorge Pérez (1966/68 y 1969/71, 33 partidos, 1 título). Zaguero central longilíneo, algo lento en sus desplazamientos pero generalmente seguro y confiable. Llegó de Atlanta con edad de Tercera, fue titular de la Tercera campeona y ese mismo año debutó en primera, en un partido en que Boca visitó a River con una formación de Reserva y Tercera. Le faltó continuidad en su primera etapa. En 1969 pasó a préstamo a Chacarita, tuvo una gran temporada y fue campeón, Volvió en 1970 y en su mejor momento, una rotura de ligamentos que lo mantuvo inactivo por mucho tiempo. Después se fue a jugar a España.
6- Osvaldo Alejandro Pérez (1983, 6 partidos). El Japonés. Marcador lateral aguerrido, acelerado, algo propenso a la confusión. Surgió en River e hizo su debut en primera justamente contra Boca en La Bombonera, marcando a Mané Ponce. Tuvo una aceptable trayectoria en su club de origen pero era el tiempo en que los que te jedi no salían campeones nunca. Después de un buen paso por All Boys, rindió también en Independiente. Más tarde Pastoriza lo llevó a Racing. A Boca llegó de la mano de Faraone, en época de vacas flacas en que Carmelo manoteaba jugadores en la mesa de saldos. No jugó ningún partido completo. Son pocos los futbolistas que, como él, pasaron por cuatro de los cinco grandes.
7- Omar Sebastián Pérez (2000/03, 63 partidos, 6 goles, 3 títulos). El Pelado. Enganche santiagueño fino, con manejo y pegada. Estaba para más aunque en definitiva es el Pérez con mayor participación en la primera de Boca. Una lesión rebelde en la rodilla más la presencia enorme de Román trabaron su crecimiento. Tras un buen paso por Banfield (le hizo dos goles a los que te jedi) emigró a Colombia y encontró su lugar en el mundo. Es figura e ídolo desde hace años.
1- Juan Gregorio Pérez (1944, 10 partidos, 1 título). Centro medio clásico que suplió a Lazzatti durante buena parte de la primera rueda de 1944. Boca fue su único club en primera. Procedía de Unión y posteriormente jugó en Tigre y Estudiantes de Buenos Aires. Su hermano mellizo Juan Ángel, zaguero, también jugó en Unión.
2- Félix Rodolfo Pérez Berot (1945, 1 partido). Puntero izquierdo que tuvo su única presentación en competencias oficiales frente a Sarmiento, en Junín, por la Copa Pedro Pablo Ramírez. Reemplazó al comienzo del segundo tiempo a Jorge Campos y a los 13 minutos marcó, de penal, el tercer gol de Boca, que ganó 3-2. Procedía de Estudiantes de Olavarría y después jugó en Quilmes, Argentinos Juniors y Nueva Chicago, siempre en el ascenso. Me despiertan cierto recelo los Pérez que se agregan un segundo apellido. Si te llamás Pérez, bancatelá.
3- Raúl Adolfo Pérez (1957/65, 43 partidos, 4 goles, 3 títulos). El Canario. Empezó jugando de wing izquierdo y terminó de segundo central, habiendo sido también centro medio y volante por izquierda. Nueve temporadas en el plantel, surgido de las inferiores. Jugaba habitualmente en Reserva, división en la que fue capitán y una especie de símbolo durante mucho tiempo. Cada año, en algún pasaje del campeonato, se recurría a él para la primera. Cumplidor, rendidor. Tengo el recuerdo de un gol que le hizo a Gimnasia en La Plata, en uno de los primeros partidos de Boca que haya presenciado en la cancha este gil que escribe. Después jugó en Deportivo Español.
4- Osvaldo Mario Pérez (1965/66, 17 partidos, 1 título). El Pupa. Arquero fortachón, de físico exuberante, formado a imagen y semejanza del Tano Roma con otro nivel, claro. Llegó de Arsenal de Llavallol, donde jugaba con su primo, el Gato Magdalena. En el 65 se lesionaron sucesivamente el Tano Roma y el Flaco Errea, agarró la primera él y jugó algunos partidos en buen nivel, especialmente uno con Banfield. En el 66 siguió alternando con el Turco Minoián cuando faltaba el Tano. Siguió su carrera en Ferro, Olimpo y Quilmes.
5- Abel Jorge Pérez (1966/68 y 1969/71, 33 partidos, 1 título). Zaguero central longilíneo, algo lento en sus desplazamientos pero generalmente seguro y confiable. Llegó de Atlanta con edad de Tercera, fue titular de la Tercera campeona y ese mismo año debutó en primera, en un partido en que Boca visitó a River con una formación de Reserva y Tercera. Le faltó continuidad en su primera etapa. En 1969 pasó a préstamo a Chacarita, tuvo una gran temporada y fue campeón, Volvió en 1970 y en su mejor momento, una rotura de ligamentos que lo mantuvo inactivo por mucho tiempo. Después se fue a jugar a España.
6- Osvaldo Alejandro Pérez (1983, 6 partidos). El Japonés. Marcador lateral aguerrido, acelerado, algo propenso a la confusión. Surgió en River e hizo su debut en primera justamente contra Boca en La Bombonera, marcando a Mané Ponce. Tuvo una aceptable trayectoria en su club de origen pero era el tiempo en que los que te jedi no salían campeones nunca. Después de un buen paso por All Boys, rindió también en Independiente. Más tarde Pastoriza lo llevó a Racing. A Boca llegó de la mano de Faraone, en época de vacas flacas en que Carmelo manoteaba jugadores en la mesa de saldos. No jugó ningún partido completo. Son pocos los futbolistas que, como él, pasaron por cuatro de los cinco grandes.
7- Omar Sebastián Pérez (2000/03, 63 partidos, 6 goles, 3 títulos). El Pelado. Enganche santiagueño fino, con manejo y pegada. Estaba para más aunque en definitiva es el Pérez con mayor participación en la primera de Boca. Una lesión rebelde en la rodilla más la presencia enorme de Román trabaron su crecimiento. Tras un buen paso por Banfield (le hizo dos goles a los que te jedi) emigró a Colombia y encontró su lugar en el mundo. Es figura e ídolo desde hace años.
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