miércoles, 17 de diciembre de 2014

TODOS LOS PÉREZ DE LA GUÍA II

Ahora que llega el “Fantástico” Pablo Javier Pérez, se me dio por repetir este post que escribí hace casi dos años, cuando llegó el Chqui, con algunas actualizaciones y modificaciones. Será, el Fantástico, el noveno Pérez que juegue en la primera de Boca.

Los Pérez somos menos que los Fernández y los García pero igual, somos un montonazo. “Es un apellido muy vulgar”, decía mi finada tía Ñata, que odiaba a mi viejo y a toda mi familia paterna. Depende de lo que se entienda por vulgar, en algún sentido podía tener razón pero seguramente ha habido Pérez muy especiales. Si se busca, en las más variadas actividades se encontrará algún Pérez distinguido. En Boca los hubo que dejaron buenos recuerdos, otros que se perdieron en el olvido pero desde este sitio vamos a rescatarlos a todos. Acá van, por orden de aparición.


1- Juan Gregorio Pérez (1944, 10 partidos, 1 título). Centro medio clásico que suplió a Lazzatti durante buena parte de la primera rueda de 1944. Se ve que no conformó porque en la segunda rueda, aunque Lazzatti siguió faltando, pasó el Leoncito Pescia al medio y entró Vilanoba a la izquierda. Boca fue el único club de Juan Gregorio en primera. Procedía de Unión y posteriormente jugó en Tigre y Estudiantes de Buenos Aires. Su hermano mellizo Juan Ángel, zaguero, también jugó en Unión. 

2- Félix Rodolfo Pérez Berot (1945, 1 partido). Puntero izquierdo que tuvo su única presentación en competencias oficiales frente a Sarmiento, en Junín, por la Copa Pedro Pablo Ramírez. Reemplazó al comienzo del segundo tiempo a Jorge Campos y 13 minutos más tarde marcó, de penal, el tercer gol de Boca, que ganó 3-2. Procedía de Estudiantes de Olavarría y después jugó en Quilmes, Argentinos Juniors y Nueva Chicago, siempre en el ascenso. Me despiertan cierto recelo los Pérez que se agregan un segundo apellido. Si te llamás Pérez, bancatelá.

3- Raúl Adolfo Pérez (1957/65, 43 partidos, 4 goles, 3 títulos). El Canario. Empezó jugando de wing izquierdo y terminó de segundo central, habiendo sido también centro medio y volante por izquierda. Nueve temporadas en el plantel, surgido de las inferiores. Jugaba habitualmente en Reserva, división en la que fue capitán y una especie de símbolo durante mucho tiempo. Cada año, en algún pasaje del campeonato, se recurría a él para la primera. Cumplidor, rendidor. Tengo el recuerdo de un gol que le hizo a Gimnasia en La Plata, en uno de los primeros partidos de Boca que haya presenciado en la cancha este gil que escribe. Se le adjudica haberle aconsejado al Tano Roma, en la semana previa al célebre penal de Delem: “Si hay un penal, tirate a la derecha. Los patea siempre igual”. Después jugó en Deportivo Español, con el que logró el primer ascenso de ese club a primera, en 1966.

4- Osvaldo Mario Pérez (1965/66, 17 partidos, 1 título). El Pupa. Arquero fortachón, de físico exuberante, formado a imagen y semejanza del Tano Roma con otro nivel, claro. Llegó de Arsenal de Llavallol, donde jugaba con su primo, el Gato Magdalena. En el 65 se lesionaron sucesivamente el Tano Roma y el Flaco Errea, agarró la primera él y jugó algunos buenos partidos, especialmente uno con Banfield. En el 66 siguió alternando con el Turco Minoián cuando faltaba el Tano. Continuó su carrera en Ferro, Olimpo y Quilmes.

5- Abel Jorge Pérez (1966/68 y 1970/71, 33 partidos, 1 título). Zaguero central longilíneo, algo lento en sus desplazamientos pero generalmente seguro y confiable. Llegó de Atlanta con edad de Tercera, fue titular de la Tercera campeona y ese mismo año debutó en primera, en un partido en que Boca visitó a River con una formación de Reserva y Tercera (los titulares se fueron de gira y River no quiso postergar). Le faltó continuidad en su primera etapa. En 1969 pasó a préstamo a Chacarita, tuvo una gran temporada y fue campeón, Volvió en 1970 y en su mejor momento, una rotura de ligamentos que lo mantuvo inactivo por mucho tiempo. Después se fue a jugar a España. 

6- Osvaldo Alejandro Pérez (1983, 6 partidos). El Japonés. Marcador lateral aguerrido, acelerado, algo propenso a la confusión. Surgió en River e hizo su debut en primera justamente contra Boca en La Bombonera, marcando a Mané Ponce. Tuvo una aceptable trayectoria en su club de origen pero era el bonito tiempo en que los que te jedi no salían campeones nunca. Después pasó a All Boys, donde tuvo como técnico a un tal Silvio Marzolini, quien algo debe haberle enseñado sobre cómo se juega de 3 porque a continuación se lo llevó Independiente y allí tuvo su mejor momento. Más tarde Pastoriza lo llevó con él a Racing. A Boca llegó, ya en declive, de la mano del Gordo Faraone, época de vacas flacas en que Carmelo manoteaba jugadores en la mesa de saldos. No jugó ningún partido completo. Son pocos los futbolistas que, como él, pasaron por cuatro de los que se da en llamar cinco “grandes” (aunque se fueron al descenso todos menos uno). El que suscribe registra otros cinco casos: el uruguayo Zoilo Canavery (le faltó San Lorenzo), los arqueros Carlos Gay (le faltó Boca) y Esteban Pogany (le falo River), el Betito Carranza (le faltó River) y el cordobés Albornoz (le falto Boca).

7- Omar Sebastián Pérez (2000/03, 63 partidos, 6 goles, 3 títulos). El Pelado. Enganche santiagueño fino, con manejo y pegada. Estaba para más aunque en definitiva es el Pérez con mayor participación en la primera de Boca. Una lesión rebelde en la rodilla más la presencia enorme de Román trabaron su crecimiento. Tras un buen paso por Banfield (le hizo dos goles a los que te jedi) emigró a Colombia y encontró su lugar en el mundo. Figura e ídolo del Santa Fe durante varios años.

8- Claudio Daniel Pérez (2013/14). El Chiqui. No se entiende bien por qué lo eligió Bianchi, después de una larga y nunca destacada trayectoria. Había pasado por Flandria, Atlanta, Tiro Federal, La Serena, Tigre y Belgrano. Con nosotros jamás se afirmó, ni como primer central ni como segundo. La pesadez fue su marca registrada. Encima, se lo tenía por experto en penales y falló dos, uno muy importante con San Lorenzo.


9- Pablo Javier Pérez (2015). El Fantástico. Viene, en primer lugar, porque en Málaga no lo ponían y entonces se lo pudo conseguir por un precio accesible. Vamos a ver. Se recuerda que anduvo muy bien en el Newell's campeón con Martíno y eso le valió el pase a Europa. Era por entonces un volante con ida, vuelta y gol, algo que sin duda necesitamos. Raspador, propenso a algún excenso. Además de Newell's y Málaga anduvo por Unión y Emelec. Llega falto de competencia.

lunes, 8 de diciembre de 2014

ÚLTIMA PARTE ACORDE CON EL TODO

La definición del Vasco, “nos fuimos de vacaciones antes de jugar el partido”, es exacta. La comprobación, de por sí, es grave. Pero más grave se torna si nos ponemos a pensar que, en realidad, fue un broche perfectamente a tono con lo que fue todo el año. Y si sumáramos también el año anterior, bueno, mejor paramos porque nos vamos a arruinar las fiestas.
Apenas diez minutos y ya estábamos abajo. Vegetti mandó el centro desde la derecha con extrema comodidad, sin oposición. La pelota, a ras del piso, nos recorrió buena parte del área. Y el rechazo de Marín para el medio es inexplicable, se ve que estaba con la cabeza en otra parte. La sirvió en bandeja de plata para que Rojas, de frente, nos ajusticiara.
Tuvimos unas cuantas aproximaciones en el primer tiempo, al punto de que el arquero de ellos, Monetti, fue hombre clave. Es decir que podríamos haber empatado. Pero siempre faltaron cinco para el peso y no es casual, porque la imagen toda de Boca fue la de un equipo carente de intensidad, flojo. Esto, además de ser un indicador de que se salió a la cancha sólo por cumplir, se emparenta directamente con la falta de conducción. Gago, a lo largo de este segundo semestre, desde que nos quitaron a Román, pocas veces se ha erigido en conductor pero está siempre latente la posibilidad de que él, por condiciones técnicas, haga jugar al resto. Si no está Gago, como con Gimnasia, no hay en el plantel quien pueda hacerse cargo del timón en cuanto a la elaboración ofensiva. No hay eje.
Por otra parte, si bien Gimnasia jugó con un solo delantero, Vegetti y una vez puesto en ventaja se limitó a esperar, lo cierto es que cada vez que avanzaban por derecha, la izquierda nuestra, tàmbaleábamos.
Empezó el segundo tiempo y otra vez lo mismo. Por el mismo lado. Rojas nos llegó hasta el fondo muy fácil, mandó el centro y en la boca del arco no había nadie para oponérsele a Vegetti, que no tenía manera de errar el gol, el cabezazo para poner el 2-0 debe haber sido el trámite más sencillo de su vida.
El partido fue todo igual porque también en el segundo tiempo anduvimos merodeando con algunas buenas oportunidades pero no mojamos nunca. Los cambios de nombres no variaron la sustancia.
Abal, ese pésimo árbitro (el del lateral que River nos sacó desde dos lugares al mismo tiempo en el verano pasado), se comió dos penales a favor nuestro, clarísimos, de Barsottini, uno en cada tiempo. Pero en fin, eso podríamos considerarlo anecdótico. Los árbitros, en general, son muy deficitarios y da la puta casualidad que últimamente se equivocan mucho en contra de Boca, qué le vamos a hacer.
El partido no daba para más, estaba definido, lo sabíamos nosotros, lo sabían ellos, lo sabía todo el mundo. Boca se despidió del año a la manera del Boca de los últimos tiempos, estamos acostumbrándonos peligrosamente a la liviandad.
.......
Fuera del partido, pasaron algunas cosas interesantes.
Cuando nombraron por los altoparlantes a Gigliotti y cuando salió a la cancha, hubo unos cuantos silbidos pero predominaron con amplitud las demostraciones de respaldo. El propio jugador iba a agradecerlo, al final. A ver qué hace con ese cheque al portador que le regalaron, Puma, a ver si es capaz de devolver lo que se le presta.
Por allá por la mitad del primer tiempo, desde las plateas del lado de las vías, surgió un estribillo que ya se ha tornado un clásico, el cual que prendió rápidamente en los demás sectores con excepción de la bandeja del medio del lado de Casa Amarilla, la de La 12: “Angelici botón, Angelici botón, sos un hijo de puta, la puta madre que te parió”.
Lo sucedió, casi de inmediato y con los mismos intérpretes, otro clásico: “Ri-quéééééééél...... Ri-quéééééééél”... Muy pronto todos parecieron recordar que allá abajo el equipo estaba jugando un partido y entonces taparon los cantitos de aliento.
Por lo que al que suscribe respecta, todo bien. No está mal hacer recordar con frecuencia, para que nadie se olvide, que Angelici es un hijo de puta. No está mal homenajear a nuestro querido Román en el día de un logro personal suyo, el ascenso a primera con Argentinos. Pero no conviene distraerse por mucho tiempo y hay que volver a cantar por el equipo porque de lo contrario, los jugadores pueden llegar a creerse que no nos importa demasiado perder. Que esa es la sensación que ellos, los jugadores, suelen transmitirnos seguido en la última etapa.
La interrupción del partido por cinco minutos, allá por la media hora del segundo tiempo, tiene facetas para analizar. Por un lado, se ve que se quería hacer notar que pese a la dura caída con River, seguimos vivos, seguimos siendo Boca, no nos borramos en las malas como ellos. Bien. Pero a este antiguo gil que escribe cada vez le rompe más las pelotas que los hinchas quieran seguir creciendo en protagonismo respecto del juego. Para este antiguo lo más importante sigue siendo lo que pasa en el césped, el derredor tiene que ser complementario. Es insoportable que sean tantos los partidos que se paran porque al público le han hecho creer que debe ocupar un lugar que, definitivamente, no debiera ocupar. No al menos con esas formas. Los que juegan, en primer término, son los jugadores.
Saludable esa bandera que apareció en la tribuna baja, detrás del arco de Brandsen: “De La Bombonera no nos vamos”. Para que tomen nota el hijo de puta antes mencionado, su cohorte de hijos de puta y el papá de los hijos de puta, el de Bolívar 1. Que se dejen de joder con la cancha nueva. Si quieren seguir el choreo con los capitales árabes y toda esa basura, por ahora saben que no van a poder, porque el año que viene tienen elecciones. Pero cuidado, si llegan a ganar otra vez, se van a sentir liberados y con espacio como para echarnos de nuestra única casa. Es una mentira enorme que no se pueda ampliar La Bombonera y que sí se puede hacer una cancha nueva. Pensemos.
.......
Hay que armar un equipo nuevo, uno se pone a mirar y no encuentra en el mercado el jugador que venga y por sola presencia vaya a fundar otro Boca. Con Román no podemos ni soñar, mientras estén los que lo echaron no hay forma de que vuelva y hasta un cuatro de copas como Requejo, viejo boludo, se atrevió a decir el otro día por radio que la terminemos con Román. Lo de Carlitos Tevez es un chiste, a los 30 años y entero no podemos pedirle que deje la Juventus para venir a salvarnos. Lo de Osvaldo, otro chiste y ojo, que Osvaldo es sólo un delantero como hay unos cuantos. Lo que se va a hacer, una vez más, es cambiar figuritas. Algunos representantes hábiles para los negocios y negociados nos van a meter tipos que tal vez no sean mejores que los que ya tenemos. Sólo podemos esperanzarnos con que, en una de esas, alguno nos dé resultado.


EL BOLETÍN: ORION 5, MARÍN 2, FORLÍN 5, CATA 4, COLAZO 3, FUENZALIDA 4, ERBES 4, CUBAS 4, CARRIZO 4, CALLERI 4, GIGLIOTTI 4 (FI), CRISTALDO 4, CASTELLANI 4, ACOSTA 4.  

sábado, 6 de diciembre de 2014

CON LAS DOS CAMISETAS

JUGADORES EN BOCA Y GIMNASIA Y ESGRIMA LA PLATA: 79

Arqueros
Yustrich, Juan Elías: 1932/37 - 1938/39
Minoian, Carlos José: 1966/67 - 1958/65 y 1969
Gatti, Hugo Orlando: 1976/88 - 1969/74
Vidallé, Enrique Bernardo: 1972/75 - 1977/79
Sánchez, Rubén Omar: 1966/75 - 1982
Barisio, Carlos José: 1983 - 1975
Navarro Montoya, Carlos Fernando: 1988/96 - 2005/06
Bobadilla, Aldo Antonio: 2006/07 - 2005

Marcadores laterales derechos
Smargiassi, Rodolfo: 1945/46 - 1947/58
García, Héctor Oscar: 1956/59 - 1959/60
Davoine, Walter: 1960 - 1961/65
Lúquez, Luis Rogelio: 1982/83 - 1983/87

Backs derechos – primeros marcadores centrales
Romani, Roberto José: 1944/45 - 1946
Perroncino, Francisco: 1946/51 - 1953/54
Nicolau, Miguel Alberto: 1967/72 y 1974/75 - 1976
Acevedo, Rubén Carlos: 1981/82 - 1983
Higuaín, Jorge Nicolás: 1986/87 - 1981/82
Magallán, Lisandro: 2013 - 2010/12

Back izquierdo – Segundos marcadores centrales
Flores, Ramón: 1943 - 1947
Rogel, Roberto Domingo: 1968/75 - 1963/67
Gutiérrez, Osvaldo Edmundo: 1976 - 1978/79

Marcadores laterales izquierdos
Marinovich, José Horacio: 1956/57 - 1958/64
Kees, Héctor Humberto: 1975/77 - 1977
Verón, Andrés César: 1978 - 1981
Iturrieta, Nelson Fabián: 1981/83 - 1983/84
Fagiani, Daniel Fernando: 2000 - 2002
Imboden, Facundo Jorge: 2000/01 y 2004 - 2010

Centre halves – volantes centrales
Spitale, Cataldo: 1931 - 1941
Rastelli, Alberto Inocencio: 1945 - 1946/49
Arcos, Rafael: 1955/56 - 1949/54
Brunetti, Enrique Horacio: 1948 - 1961
Novarini, Julio Eduardo: 1963 - 1956/60
Alves, Abel Aníbal: 1975/81 y 1982/83 - 1983
Berta, José Orlando: 1979 y 1982/84 - 1985/86

Halves izquierdos
Schandlein, Ángel Osvaldo: 1958/59 - 1951/57
Isella, Néstor Ítalo Julio: 1960 - 1961

Volantes mixtos derechos
Palacios, José Rubén: 1970/72 - 1973
Peracca, Rubén Oscar: 1969/73 - 1974/76
Molina, Hugo Martín: 1983 - 1984
Barros Schelotto, Gustavo: 1997 y 1998/2000 - 1992/97 y 2004
Arce, Matías Sebastián: 2000/01 - 2002/03

Volante mixto izquierdo
Guglielminpietro, Andrés: 2004/05 - 1994/98 y 2006

Enganches
Abdeneve, Luis Ramón: 1984 y 1987 - 1988/89
Hoyos, Ángel Guillermo: 1986/89 - 1990

Media punta
Márcico, Alberto José: 1992/95 - 1996/98

Punteros derechos
Rocha, Manuel: 1938 - 1937 y 1940
González, Tomás: 1939 - 1933/39
Pentrelli, Luis: 1951 - 1953/57
Chávez, Mariano: 1957 - 1958
Marinelli, Héctor Indolfo: 1965 - 1966/67
Pardo, Mario: 1968 y 1970 - 1963/67
Ponce, Ramón Héctor: 1966/74 - 1975
Sánchez, Sergio Alfredo: 1981/82 y 1984 - 1983
Saturno, Sergio Omar: 1992/94 - 1987/89
Barros Schelotto, Guillermo: 1997/2007 - 1991/97 y 2011

Insiders derechos
Varallo, Francisco Antonio: 1931/39 - 1928/30
Sabio, Daniel Cornelio: 1938 - 1940/42
Elena, Juan Emilio: 1942/43 - 1941
Corcuera, Pío Sixto: 1941/48 - 1949/51
Baiocco, Miguel Ángel: 1954/55 - 1958
Bellomo, Roberto Francisco: 1958 - 1959

Centrodelanteros
Sarlanga, Jaime: 1940/48 - 1949/50
Martínez, Joaquín: 1949/50 - 1948/49
Farías, José Urben: 1957 - 1958
Rojas, Alfredo Hugo: 1965/68 - 1962/64
Taverna, Juan Alberto: 1976 - 1977/78
Nani, Juan Carlos: 1975 - 1978
Curioni, Hugo Alberto: 1970/73 - 1980
Domínguez, Jorge Carlos Alberto: 1978 y 1983/84 - 1980/82
Scatolaro, Darío Enrique: 1979 - 1982
Guerra, Hugo Romeo: 1996 - 1991/94
Sava, Facundo: 1996 - 1997/2002
Sosa, Roberto Carlos: 2002 - 1995/98, 2003 y 2008/10
Silva, Santiago Martín: 2012/13 - 2006/07

Insider izquierdo
Martínez, Alfredo Raúl: 1948/49 y 1951 - 1950 y 1952/57

Punteros izquierdos
Villagra, Aldo Virgilio: 1969/70 y 1972 - 1973
Carrazana, Orlando Antonio: 1978/79 - 1980
Perotti, Hugo Osmar: 1977/82 y 1984 - 1985/86
Amato, Gabriel Omar: 1991/92 - 1990/91

DIRECTORES TÉCNICOS: 10
Fernández Roca, Ángel: 1939/40 - 1937/39 y 1941
Pedernera, Adolfo Alfredo: 1966/67 - 1955 y 1962
Varacka, José: 1972 - 1968/71, 1973/74 y 1978/79
Domínguez, Rogelio Antonio: 1973/75 - 1976
Rattin, Antonio Ubaldo: 1980 - 1977 y 1979
Faraone, Carmelo: 1982/83 - 1985
Habbeger, Jorge Carlos: 1993 - 1974
Ischia, Carlos Luis: 2008/09 - 2004/05
Cappa, Ángel 1987 (suplente)* - 2011
Falcioni, Julio César: 2011/12 - 2007

*: En dupla con Poncini, Rogelio Alejandro.                               

viernes, 5 de diciembre de 2014

DESAGRAVIO

Por la puerta de atrás, se fue Pablo Ledesma. El antepenúltimo referente (sí, referente) que nos quedaba de un ciclo dorado que quizá no tenga repetición en la historia o al menos en el futuro cercano. Partícipe necesario en ocho títulos: Aperturas 2003 y 2005, Clausura 2006, Sudamericanas 2004 y 2005, Recopa 2006, Libertadores 2007 y Copa Argentina 2012.
Ahora nos quedan sólo el Cata, que nos dio seis y Gago, que registra cinco. Del resto del actual plantel, no hay quien pueda colgarse más de dos medallas, Orion y Pichi Erbes (Apertura 2011 y Copa Argentina 2012). Es decir, nos queda, mayoritariamente, un plantel de perdedores. Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.
Ironías del destino, echamos, así como los más indignos indeseables echan a los nobles fieles perros, a un bicampeón de la Copa Sudamericana, la competencia que nos marca el último de nuestros clamorosos y repetidos fracasos últimos, herida que no cierra y sangra todavía.
Si hubiese que elegir un momento, uno solo en la larga y distinguida trayectoria de Pablito con la azul y otro, tendríamos que quedarnos con aquel penal que pateó (y convirtió) en la cancha de River, arco del lado de la Figueroa Alcorta, sin hinchas propios, todos de ellos. Escenario y circunstancias que se asocian con otro recuerdo más reciente y por cierto menos grato en el cual, por supuesto, Pablito no tuvo nada que ver. No dejaron que tuviera que ver.
Era un pibe, tenía 20 años, pero no le temblaron las piernitas, ni a él ni a ninguno de los otros cuatro ejecutantes (el Flaco Schiavi, Pablito Álvarez, Nico Burdisso y Javier Villarreal) y así fue que aquella vez los que se quedaron llorando sus desgracias y masticando su impotencia fueron ellos. Porque hacerse cargo de un penal requiere de carácter pero a continuación, de lo que se trata es de no errarlo, de meterlo.
A mediados de 2005, Basile, a su llegada, le hizo saber que no lo tenía entre sus prioridades. “Me quedo a pelearla”, fue su respuesta. Empezó entrenándose con la reserva. Terminó jugando.
No fue lo único. Tal vez algunos desmemoriados no tengan presente quién era uno de los hombres clave, el que le daba equilibrio al brillante Boca campeón de la Libertadores 2007, la última de nuestro haber, hace ya siete largas temporadas. Porque Román fue la estrella, Banega el cinco que “no erraba un pase” (como bien recordó hace poco el propio Román) y Neri Cardozo, el volante mixto que se corría todo. Pero cuando se perdía la pelota, el que estaba donde tenía que estar, el que cubría y relevaba a todos, ¿quién era? Pablo Ledesma. Había empezado detrás del uruguayo Ortemán, lo desplazó y ni siquiera dejó resquicio para un grande como Seba Battaglia, que venía recuperándose de una lesión, hizo banco y sólo tenía minutos en los segundos tiempos.
¿Cómo olvidar que sigue siendo el autor del gol más rápido en la historia del clásico con River? Veinte segundos habían transcurrido de aquel cruce del 15 de abril de 2007 cuando apareció vacío por derecha, llegó al área y, ante la salida de Carrizo, se la cruzó sin titubeos ni imprecisiones. Otra asociación inevitable, hace muy poco, ante el mismo rival y en parecido lapso de juego, otro jugador de Boca falló.
El rendimiento de Pablo en el primer semestre de 2014, ciertamente, no fue el mejor. Bianchi decidió ponerlo de volante central, la evidencia es que el lugar que mejor le ha sentado en su carrera fue el de volante por derecha. Ahora bien, si vamos a hablar de rendimientos, varios otros debieran irse antes que él. Claro está que su salida no es cuestión de rendimientos.
Se habla solo del primer semestre porque en el segundo lo borraron, lo postergaron, lo olvidaron, lo humillaron, lo vejaron. Que haya estado un chiquilín como Cristaldo en partidos en que a Ledesma ni siquiera se lo concentró es una vergüenza con la que deberemos vivir todos los bosteros.
¿Por qué un grande como Pablo se va de la manera en que se va? Su primer pecado es ser un gran amigo del mejor jugador que hayamos tenido en, por lo menos, por no ir demasiado lejos, los últimos veinte años. Un ídolo. El mismo que meses atrás también tuvo que dejar el club de un modo que su grandeza no merecía. Así están las cosas, así se maneja Boca hoy. Quien quiera oir que oiga, quien quiera entender que entienda, Román no se fue de Boca porque quisiera, se fue porque lo empujaron. Si le pasó a Román, ¿cómo no iba a poder pasarle a Pablo?
El detonante, el segundo de sus pecados o más bien la excusa, podrá ser aquella actitud de Pablo que lo dejó expuesto. Le pasó por caliente. Le pasó por buen pibe. Repasemos. ¿Cuál es la sinopsis, el núcleo, el extracto, el nudo, la sustancia de lo que dijo Pablo Ledesma en aquella ya célebre conferencia de prensa del jueves 6 de marzo de 2014? Aquí va:
Si me lo permiten, hoy quisiera hacerles una pregunta yo a ustedes. Salió en un diario deportivo (Olé) que un jugador de Boca dice que con Falcioni jugábamos a la segunda pelota y con este técnico (Carlos Bianchi) no se sabe a qué jugamos. A mí me gustaría saber quién es ese jugador. Que hayamos estado con Falcioni, quedamos cuatro: Riquelme, Rivero, Orion y yo, Pablo Ledesma. Yo no fui, Román sé que no fue, me cambio al lado de Rivero hace dos años y sé lo que piensa, con Agustín (Orion) no hablé”.
Los (putos-reputos-un-millón-de-veces-putos) periodistas reaccionaron corporativamente con la velocidad de un rayo. Cualquier periodista que se precie de tal tiene incorporada desde chiquito una tara, una miseria: la “no revelación de las fuentes”. Por lo general, no esgrimen ese principio en preservación de la sana información pública, el fundamento que dio origen a una norma legal contemplada en la mayoría de los sistemas de derecho. No, qué va. Más bien se sirven de él. A veces, para tirar sobre el tapete cualquier verdura sin asumir el compromiso de hacer saber de dónde lo sacaron. Otras muchas, para constituirse en voceros (nunca gratis) de siniestros oscuros solapados personajes (dirigentes, entrenadores, jugadores) que prefieren permanecer en las bambalinas, porque son incapaces de sostener a cara descubierta lo que echan a rodar desde ese bajo anonimato.
Pablo fue el que, en su rapto tan poco político, inoportuno, errado en las formas, reclamó claridad, transparencia, fair play. Y lo convirtieron en el villano de esta novela. Lo estigmatizaron. Una cabal demostración, muestra gratis de las condiciones en que vivimos. Somos prisioneros de un maligno poderoso poder (discúlpese la redundancia en haras del énfasis) que nos manipula. Nos hacen creer lo que quieren, lo que les conviene que creamos.
Felicitaciones, soretes pestilentes. En menos de seis meses se libraron de Riquelme, de Bianchi (su permanencia era inviable, su desgaste era irreversible) y hasta de Ledesma. Deben sentirse satisfechos. Deben creer que los que les quedan adentro son aliados pero tengan cuidado, los humanos somos muy volubles y algunos más que otros. Tienen las manos desatadas. Ahora, ganen algo, si pueden. Porque miren que en los últimos años viene más bien de sequía, la cosa.


Perdón, Pablo. Perdón en nombre de Boca. Te lo pide alguien con 62 años de edad y casi los mismos de hincha, además de 47 de socio. Fueros que algunos más notorios y encumbrados no podrían exhibir con legitimidad y honradez. No te merecías tal destrato, tal falta de respeto. Sos buen jugador y sos buena gente. Nos diste mucho. Fuiste profesional intachable y fuiste leal al club, siempre. Que te quede claro, somos muchos los que te lo reconocemos, te valoramos y no vamos a olvidarte.

lunes, 1 de diciembre de 2014

GUILLE NOS REGALÓ UN PUNTITO

Todavía estamos en shock. Todos. El duelo no ha sido elaborado. De modo que era previsible que el Boca que saliera a cumplir en la cancha de Lanús iba a ser un grupo disperso, vacío, entregado a su suerte. Estuvimos para el desastre y haber terminado llevándonos un punto obsequiado por el rival no dio más que para dar las gracias e irnos silbando bajito, manos en los bolsillos.
Un minuto y ya estábamos abajo. Por añadidura, como consecuencia de una cagada enorme. No se puede entender qué quiso hacer el Chiqui Pérez ante ese pelotazo fácil de Gómez, si la quiso dejar pasar o si calculó mal, lo cierto es que por detrás apareció el Laucha Acosta, con Marín y Orion muy desarmados y nos vacunó de entrada.
Mientra estuvo en la cancha, se nos hizo un problema insoluble, el Laucha. Pensar que ese muchacho, en el tiempo que estuvo con nosotros, se desgarraba cuando bajaba del micro y no le hacía un gol ni al Arco Iris.
Seamos conscientes de que en los noventa minutos, se jugó como quiso Lanús. Cuando apretaron, daba la sensación de que nos pasaban por arriba. Cuando nos dejaban la pelota, estaba latente la posibilidad de que nos acostaran con el primer contraataque bien urdido.
Nosotros tuvimos, en el primer tiempo, una en la que el Chapa Fuenzalida recibió en el área pero giró al revés, se enredó y perdimos. Después, un arranque de Jony Calleri por derecha, centro pasado, el Pachi Carrizo demoró una barbaridad en acomodarse y decidir qué iba a hacer y al final, el Puma Gigliotti disparó una masita.
Jony y el Chapa fueron de lo más rescatable que tuvimos. Pachi fue el que más se movió pero eternamente acelerado, confuso. En cuanto al Puma, en fin, se entiende que el Vasco haya querido darle una revancha pronta. No es que uno avale esa bandera que le pusieron en Casa Amarilla pero va a ser difícil que el Puma encuentre el camino del retorno, tuvo una “gaffe” de esas de las que no se vuelve. Trascendió que lo pretende el propio Lanús. ¿Lo envolvemos en celofán y lo atamos con una cinta azul, moño grandote?
Nos habían volteado en el primer round y nos aplicaron lo que parecía el KO, el tiro de gracia en otro momento clave, al borde del final del primer tiempo. Es verdad que Lanús movió muy bien la pelota con participación de varios jugadores pero... ¿dónde estaban los nuestros? Y, se habían quedado en el vestuario visitante del Estadio Antonio Vespucio Liberti (también llamado maliciosamente “Estadio Teniente General Jorge Rafael Videla”). Romero nos apareció por la derecha sin nadie que lo molestara, la puso al medio y llegó otra vez el Laucha. ¡Dos goles en 45 minutos nos hizo el Laucha! ¡Y no se desgarró!
En la segunda mitad Lanús pensó en eso que les encanta a todos los equipos del mundo: nos prestó la bola para que nos desgastáramos y esperó para clavarnos la última banderilla. Anduvimos cerca del área de ellos por mucho tiempo y algunas tuvimos pero de ellos fueron las más claras. Por ejemplo, esa que el Laucha tiró por arriba del travesaño. La mejor nuestra, la más elaborada, fue esa que mandó Insúa desde la izquierda, dejó pasar Jony y terminó con zurdazo bajo de Pachi al lado de un palo. También, poco antes, un cabezazo desviado de Fuenzalida. La más difícil que tuvo Orion fue... ¡un cabezazo del Chiqui Pérez! Gran esfuerzo le demandó a Agustín mandarla al corner. ¡Ay, mamá!
Los ingresos de Cristaldo y sobre todo de Luciano Acosta fueron, en cierto modo, un revulsivo. Se fueron el barullero Pachi y el siempre inexpresivo, el frígido Castellani. Pueda ser que Lucianito retome el buen camino, últimamente nos había desencantado. Hasta estuvo cerca del gol con un cabezazo, Luciano, tras una mala salida de Marchesín.
La jugada del primer gol nuestro la comenzó Luciano, la siguió bien Calleri, con diagonal hacia afuera, pausa y descarga. Muy buen zurdazo de Pochito Insúa, después de fabricarse el espacio con una finta. Linda definición. Lástima lo que iba a pasar después con Pochito. A continuación del gol contamos con un tiro de Cristaldo desde afuera que sacó al corner Marchesín.
El dato fundamental del segundo tiempo, la primera explicación del resultado final fue el cambio que metió Guillermo a los 34 minutos: adentro Somoza, afuera el Laucha. Mensaje inequívoco, bajamos la persiana, aguantamos, no se juega más. Puede salir pero cuando no sale, el técnico queda como el boludo de la película, querido Guille.
El partido pudo haberse terminado con ese tiro de Romero en el palo, después de que Cubitas tocara para atrás con todos los del fondo yendo hacia adelante, forzando la salida desesperada de Orion. En los últimos días más de un cofrade me ha hecho conocer su opinión en cuanto a que contra River debió haber estado Cubas. La idea sí que era seductora pero implicaba un riesgo para el propio chico, Cubas es muy nuevito, recién está saliendo del cascarón. En Lanús vimos la peor versíón de Cubitas que hayamos conocido, el partido se lo llevó puesto. Imaginemos que ese regalito que le hizo a Romero lo hubiese hecho en la cancha de River y hubiese finalizado en gol, ahora estaríamos en presencia de un caso de mortalidad infantil.
Quedamos adentro del microondas con la expulsión de Insúa por un patadón a Benítez. Impotencia, descarga de tensiones, exceso de revoluciones, es humano pero nos dejaste con diez, Pocho. Si te bajás de la moto, estarás en condiciones de ser un jugador mucho mejor del que sos.
Por cierto, no era de esperar que un minuto más tarde, a los 41, empatáramos. Muy buena corrida de Luciano, aprovechando el espacio que le dejaron Araujo y Somoza para irse derechito al área. Es de valorar que no sucumbió a la tentación de terminarla él sino que miró y la tocó al medio para que Jony, que llegaba, nos abrazara a ese 2-2 ni soñado y ya inamovible.
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El sábado fui a la cena anual del Departamento de Cultura en que se celebraban los 50 años del título del 64 (estuvieron el Rata, Silvio y el Loco Pianetti) y los 25 de la Supercopa del 89 (estuvo Juan Simón). Martucci habló en nombre de la conducción del club con una euforia que por un momento me hizo pensar que nos habíamos clasificado finalistas de la Sudamericana. Y un periodista partidario de discutida reputación casi que le arrebató el micrófono a Tato Aguilera, maestro de ceremonias, arengó a cantar por “el Vasco y su ballet” y prometió que en 2015 ganamos la Libertadores. Le tomo la palabra.


EL BOLETÍN: ORION 5, MARÍN 3, CHIQUI 2, FORLÍN 4, INSÚA 4, FUENZALIDA 5, CUBAS 3, CASTELLANI 3, CARRIZO 4, CALLERI 6, GIGLIOTTI 3 (FI), CRISTALDO 5, LUCIANO ACOSTA 6, JOEL ACOSTA NC.