Dale las gracias a Román. No fue el sábado a la cancha para no armar más bardo. Dale las gracias porque dijo que “no te va a ir a golpear la puerta para pedirte explicaciones”. ¡Qué problema si te pedía explicaciones, eh! ¿Qué carajo ibas a explicarle? ¿Qué no lo veías bien físicamente? ¿Qué el equipo funciona mejor sin él? ¿A qué le llamás “funcionamiento”, Falcioni?
Difícilmente te hubieses animado a decirle que en realidad lo sacaste para marcar la cancha. Para hacer creer (quizá para creerte vos mismo) que el único que decide sos vos. No, Falcioni, ni vos ni ningún técnico puede pretender hacer lo que les dé la gana con los equipos. No les creas a algunos de tus “colegas” periodistas que abogan por los superpoderes para los técnicos. Porque estudiaste periodismo deportivo, ¿no? Tal vez haya sido ahí que te volviste más gil.
Porque mirá que hay que ser gil, eh. Lo ponías a Román y… ¿quién te iba a decir algo, aunque perdieses? No vayas a salir con huevadas tales como que decidís de acuerdo con tus convicciones. Más bien estás decidiendo de acuerdo con tus dubitaciones, Falcioni. Te metiste en un problema vos solito. Conspiraste contra tu estabilidad sin que nadie ayudara. No tenés el equipo, por ahora, y de buenas a primeras borraste al mejor jugador que tenés. ¿O te enfermaste de importancia?
¡Qué bronca debe haberte dado, el lunes pasado, cuando Román dijo que físicamente estaba al ciento por ciento (cosa que es verdad)! Te dejó sin la probable justificación de que lo sacabas por eso. ¿No te dio vergüenza, el miércoles, cuando le entregaste la pechera de los suplentes? Y después, para el segundo tiempo, cuando le indicaste que se sacara la pechera y pasara para los titulares, miraste para abajo. Yo te estaba mirando a vos.
Los técnicos, Falcioni, nunca podrán ser más importantes que los jugadores. Aunque les paguen más para que pongan la cara. Y aunque la actual cultura de la pavada permita que un muñeco como vos borre -circunstancialmente- a un crack como Román, el tiempo, que siempre pone las cosas en su lugar, dará veredicto.
Y los hinchas, Falcioni, jugamos. Aunque no quieran dejarnos, jugamos. Así como el sábado atronó el “Ri-queeel-me, Ri-queel-me” desde todos lados salvo desde La 12, así como los plateístas empañaron el blindex puteándote cuando te ibas por el túnel, algún día, de tanta fuerza que hagamos, lograremos que te vayas. A lo mejor con lo del sábado alcanzó para que des marcha atrás y pongas a Román contra Vélez. ¿Lo vas a mirar a los ojos cuando des la lista de los titulares en la próxima práctica? ¿Y cuando des tus “instrucciones”, lo vas a mirar?
Vos te vas a ir de Boca más temprano que tarde, seguramente, y dentro de poco nos costará acordarnos de vos. A lo mejor nos divirtamos puteándote cuando vengas a La Bombonera con Banfield u Olimpo u Olmedo de Ecuador. Si es que reparamos en vos y nos acordamos de putearte. Román seguirá siendo Román, de aquí a la eternidad.
lunes, 28 de febrero de 2011
domingo, 27 de febrero de 2011
NO HAY VIDA SIN ROMÁN
Ganamos. El gol de Nico Colazo valía. Nos caminó Pezzota. ¿Cuánto hace que nos vienen caminando los pitos? Crespi quiere ser presidente. ¿Queremos un presidente que opere como opera Crespi en la AFA? Yo no.
Ganamos, aunque en la tabla nos sumen un punto solo. Y llegamos mucho más que contra Racing. Como para justificar una diferencia de más de un gol. Por más que hayamos hecho uno solo (y encima nos lo cepillaron).
De jugar, ni hablar, eso sí. Enfrentamos a un rival que casi ni se nos asomó al área y lo empujamos, lo empujamos, lo empujamos… Pelotazo para Mouche, centro para Palermo… Rebote y vuelta a empezar, así todo el partido.
Que casi no nos hayan llegado, esta vez, no es para valorar demasiado. Está muy claro que All Boys ni se propuso llegar. Nos tiró toda la responsabilidad, como hacen tantos tantas veces. Y allá fue Boca. Fue, pero mal.
Detengámonos en las prestaciones individuales. ¿A quién destacamos? A Pablo, de nuevo. Cada vez que toma contacto con la pelota, algo puede llegar a pasar, una descarga eléctrica recorre el estadio. Como con Godoy Cruz y con Racing, tuvo un mano a mano. Como con Godoy Cruz, lo definió mal. Al cuerpo del arquero. En ese rubro, lleva acertada una de tres. Poco, hay que mejorar. Pero Pablo es el que está dándole algún esbozo de identidad al ataque de Boca. Va a todas, impone potencia y velocidad, gana repetidamente en el uno contra uno (salvo, quedó dicho, cuando se encuentra con el arquero). ¡Si tuviera más juego, si alguien lo explotara mejor!
El otro al que hay que resaltar es a Nico. Llenó de dinámica la banda izquierda, llegó más que con Racing, buscó el arco sin complejos, alguna se le fue muy alta, un par de veces exigió a Cambiasso… E hizo un gol. Un gol que valía. Y se lo cepillaron. Nos lo cepillaron.
Después, ¿qué? Palermo jugó su partido más rescatable de los tres que van del Clausura. Participó más del juego, ganó unas cuantas veces por arriba, bajó bien la pelota más de una vez, también. Necesitamos más de él, seguro. Pero para que aparezca hace falta que se lo busque bien. Boca no tiene hoy un Guillermo, ni siquiera un Rodrigo Palacio (Mouche puede ser circunstancialmente asistidor, puede ejecutar buenos centros pero en lo sustancial es otra cosas. Y Boca tampoco tuvo a Román…
La madre del borrego está, por supuesto, en el medio de la cancha. Salvo Nico, nada. Pochi no apareció nunca. Pochi puede ser buena segunda guitarra pero no puede, no podrá nunca cargarse al equipo. Sebas y Somoza cumplieron en cuanto a la recuperación pero además de que, es obvio, no pueden ser ejes del armado ofensivo, los dos andan demasiado mal con la pelota. Pocas veces eligen bien. Somoza, como en los dos partidos anteriores, fue una máquina de darles la bola a los contrarios. Y Sebas está lento, hubo una en que le picaron y lo dejaron en ridículo, de tan lejos.
Y entró Erviti. Y no pasó nada. Difícil entrar cuando el equipo está confundido y enderezarlo. Más difícil aún en las circunstancias de Erviti, que llegó al club con mucho bombo, que esta vez quedó en el banco por estrategia política de su mentor y que cuando entró sabía que todos los ojos iban a estar puestos particularmente en él. ¿De qué jugó Erviti? ¿De enganche, de doble cinco? A esa altura el desorden era demasiado y se lo llevó la corriente, es comprensible. Seguimos esperándolo.
Ahora hay que ir a Vélez. Uno de los peores escenarios que pudieran tocarnos en estas horas de incertidumbre. Partido bisagra, a no dudarlo. Para bien o para mal. Ahí nos van a estar esperando con el tenedor en una mano, el cuchillo en la otra y la servilleta al cuello. Nos van a querer comer los garrones de entrada. Para hacer pie vamos a necesitar un equipo firme, que se plante, que aguante… Y que juegue. ¡Que juegue! ¿Vamos a ir sin Román? ¡Dejate de hinchar las pelotas, Falcioni!
Ganamos, aunque en la tabla nos sumen un punto solo. Y llegamos mucho más que contra Racing. Como para justificar una diferencia de más de un gol. Por más que hayamos hecho uno solo (y encima nos lo cepillaron).
De jugar, ni hablar, eso sí. Enfrentamos a un rival que casi ni se nos asomó al área y lo empujamos, lo empujamos, lo empujamos… Pelotazo para Mouche, centro para Palermo… Rebote y vuelta a empezar, así todo el partido.
Que casi no nos hayan llegado, esta vez, no es para valorar demasiado. Está muy claro que All Boys ni se propuso llegar. Nos tiró toda la responsabilidad, como hacen tantos tantas veces. Y allá fue Boca. Fue, pero mal.
Detengámonos en las prestaciones individuales. ¿A quién destacamos? A Pablo, de nuevo. Cada vez que toma contacto con la pelota, algo puede llegar a pasar, una descarga eléctrica recorre el estadio. Como con Godoy Cruz y con Racing, tuvo un mano a mano. Como con Godoy Cruz, lo definió mal. Al cuerpo del arquero. En ese rubro, lleva acertada una de tres. Poco, hay que mejorar. Pero Pablo es el que está dándole algún esbozo de identidad al ataque de Boca. Va a todas, impone potencia y velocidad, gana repetidamente en el uno contra uno (salvo, quedó dicho, cuando se encuentra con el arquero). ¡Si tuviera más juego, si alguien lo explotara mejor!
El otro al que hay que resaltar es a Nico. Llenó de dinámica la banda izquierda, llegó más que con Racing, buscó el arco sin complejos, alguna se le fue muy alta, un par de veces exigió a Cambiasso… E hizo un gol. Un gol que valía. Y se lo cepillaron. Nos lo cepillaron.
Después, ¿qué? Palermo jugó su partido más rescatable de los tres que van del Clausura. Participó más del juego, ganó unas cuantas veces por arriba, bajó bien la pelota más de una vez, también. Necesitamos más de él, seguro. Pero para que aparezca hace falta que se lo busque bien. Boca no tiene hoy un Guillermo, ni siquiera un Rodrigo Palacio (Mouche puede ser circunstancialmente asistidor, puede ejecutar buenos centros pero en lo sustancial es otra cosas. Y Boca tampoco tuvo a Román…
La madre del borrego está, por supuesto, en el medio de la cancha. Salvo Nico, nada. Pochi no apareció nunca. Pochi puede ser buena segunda guitarra pero no puede, no podrá nunca cargarse al equipo. Sebas y Somoza cumplieron en cuanto a la recuperación pero además de que, es obvio, no pueden ser ejes del armado ofensivo, los dos andan demasiado mal con la pelota. Pocas veces eligen bien. Somoza, como en los dos partidos anteriores, fue una máquina de darles la bola a los contrarios. Y Sebas está lento, hubo una en que le picaron y lo dejaron en ridículo, de tan lejos.
Y entró Erviti. Y no pasó nada. Difícil entrar cuando el equipo está confundido y enderezarlo. Más difícil aún en las circunstancias de Erviti, que llegó al club con mucho bombo, que esta vez quedó en el banco por estrategia política de su mentor y que cuando entró sabía que todos los ojos iban a estar puestos particularmente en él. ¿De qué jugó Erviti? ¿De enganche, de doble cinco? A esa altura el desorden era demasiado y se lo llevó la corriente, es comprensible. Seguimos esperándolo.
Ahora hay que ir a Vélez. Uno de los peores escenarios que pudieran tocarnos en estas horas de incertidumbre. Partido bisagra, a no dudarlo. Para bien o para mal. Ahí nos van a estar esperando con el tenedor en una mano, el cuchillo en la otra y la servilleta al cuello. Nos van a querer comer los garrones de entrada. Para hacer pie vamos a necesitar un equipo firme, que se plante, que aguante… Y que juegue. ¡Que juegue! ¿Vamos a ir sin Román? ¡Dejate de hinchar las pelotas, Falcioni!
jueves, 24 de febrero de 2011
MURIÓ FALCIONI
Si se analiza con detenimiento el desarrollo de los partidos con Godoy Cruz y con Racing, de esos ciento ochenta minutos surge una certeza: Riquelme no puede faltar en el equipo.
Con Racing, sin Riquelme, el equipo no construyó una acción de juego de ataque colectivo bien elaborada. Ni una sola. Se ganó porque en función defensiva se estuvo sólido, desde los volantes hacia atrás, porque el rival fue inoperante y porque se aprovechó un regalo.
Con Godoy Cruz, con Riquelme, el equipo construyó no menos de ocho acciones de juego de ataque colectivo bien elaboradas. Se perdió porque en función defensiva no se estuvo sólido, desde los volantes hacia atrás, porque no se estuvo fino para definir y porque el rival aprovechó cada uno de los regalos que se le hicieron.
En principio, se supone que, con Riquelme, el equipo resigna solidez para ganar volumen y con esa fórmula se ganó mucho, demasiado en los dorados años de Bianchi, también en el fugaz paso de Russo y hasta con Ischia.
Riquelme está bien físicamente. Él dijo la verdad, el lunes. No le dejó al técnico la posibilidad de excusarse en razones de ese tipo para borrarlo. Lo obligó a buscar otra excusa, “el funcionamiento”…
El sábado, la cancha va a ser un Cabildo Abierto. Así lo quiso Falcioni. El “Ri-queeeeel-me, Ri-queeeeel-me” va a atronar desde temprano desde todas las tribunas, tal vez con excepción de la que ocupa La 12 (ya se saben las razones, Román también las puso en blanco sobre negro, en su oportunidad).
Los once jugadores de Boca que saldrán a la cancha cargarán sobre sus espaldas un sobrepeso que al único que le vendrá bien será a All Boys. Un sobrepeso que les colocó su propio director técnico. Si a los diez minutos vamos 0-0, el murmullo irá in crescendo. Si el primer tiempo terminara 0-0, el murmullo se hará explosión. Y que no vaya a meter un gol All Boys…
Se supone que, como cualquiera con dos dedos de frente sabe todo esto, también debe saberlo Falcioni. ¿Lo sabrá? Ojalá le vaya muy bien porque, en definitiva, es el técnico de Boca. Si gana él, gana Boca. Pero lo cierto es que está creando las condiciones para que a Boca no le vaya bien. Nadie lo desestabiliza, se desestabiliza solo. Tomó una decisión absolutamente inexplicable desde lo futbolístico y de consecuencias imprevisibles.
Prometió que, si le va mal, buscará “otras variantes” para el partido con Vélez. Y la realidad es que, de esto, no se vuelve. Aunque las circunstancias lo obligaran a dar marcha atrás y poner a Román, las heridas abiertas no van a cicatrizar. Se encerró en un laberinto. Solito. Ojalá lo que aquí se escribe resulte erróneo, ojalá los hechos lo desmientan pero se diría que Falcioni, con una medida tan inopinada, inoportuna e indefendible, empezó a despedirse de Boca. Ya.
Y fuera de Riquelme, hay más. También deja afuera a Erviti, por cuya contratación rogó, suplicó, lloró, forzando al club a una erogación de más de tres millones de dólares con contrato por tres temporadas para un jugador de treinta años. Desde lo futbolístico, en este caso, hace bien. Con Colazo, esto sí es cierto, mejora “el funcionamiento”. Pero a Erviti lo trajo él. Y lo borra en la tercera fecha…
A los dirigentes tampoco puede excusárselos. Hace cinco meses le firmaron a Riquelme un contrato por cinco años, el mejor del país, y muy poco después contrataron a un técnico que, era de prever, no iba a tener buena química con Román. Incompatibilidad de caracteres. ¿Cómo puede haber tanta incoherencia en la conducción? ¿Ameal, Beraldi y Crespi le están haciendo la campaña electoral a Angelici?
Y volviendo al coach, éste que suscribe no es adorador de Maradona ni mucho menos. No le cae bien, el hombre, es la verdad. Pero cuando tiene razón, hay que admitrlo. Es para memorar, ahora, aquello que Maradona dijo allá por noviembre: “Si traemos de técnico a un arquero, no aprendimos nada”.
Con Racing, sin Riquelme, el equipo no construyó una acción de juego de ataque colectivo bien elaborada. Ni una sola. Se ganó porque en función defensiva se estuvo sólido, desde los volantes hacia atrás, porque el rival fue inoperante y porque se aprovechó un regalo.
Con Godoy Cruz, con Riquelme, el equipo construyó no menos de ocho acciones de juego de ataque colectivo bien elaboradas. Se perdió porque en función defensiva no se estuvo sólido, desde los volantes hacia atrás, porque no se estuvo fino para definir y porque el rival aprovechó cada uno de los regalos que se le hicieron.
En principio, se supone que, con Riquelme, el equipo resigna solidez para ganar volumen y con esa fórmula se ganó mucho, demasiado en los dorados años de Bianchi, también en el fugaz paso de Russo y hasta con Ischia.
Riquelme está bien físicamente. Él dijo la verdad, el lunes. No le dejó al técnico la posibilidad de excusarse en razones de ese tipo para borrarlo. Lo obligó a buscar otra excusa, “el funcionamiento”…
El sábado, la cancha va a ser un Cabildo Abierto. Así lo quiso Falcioni. El “Ri-queeeeel-me, Ri-queeeeel-me” va a atronar desde temprano desde todas las tribunas, tal vez con excepción de la que ocupa La 12 (ya se saben las razones, Román también las puso en blanco sobre negro, en su oportunidad).
Los once jugadores de Boca que saldrán a la cancha cargarán sobre sus espaldas un sobrepeso que al único que le vendrá bien será a All Boys. Un sobrepeso que les colocó su propio director técnico. Si a los diez minutos vamos 0-0, el murmullo irá in crescendo. Si el primer tiempo terminara 0-0, el murmullo se hará explosión. Y que no vaya a meter un gol All Boys…
Se supone que, como cualquiera con dos dedos de frente sabe todo esto, también debe saberlo Falcioni. ¿Lo sabrá? Ojalá le vaya muy bien porque, en definitiva, es el técnico de Boca. Si gana él, gana Boca. Pero lo cierto es que está creando las condiciones para que a Boca no le vaya bien. Nadie lo desestabiliza, se desestabiliza solo. Tomó una decisión absolutamente inexplicable desde lo futbolístico y de consecuencias imprevisibles.
Prometió que, si le va mal, buscará “otras variantes” para el partido con Vélez. Y la realidad es que, de esto, no se vuelve. Aunque las circunstancias lo obligaran a dar marcha atrás y poner a Román, las heridas abiertas no van a cicatrizar. Se encerró en un laberinto. Solito. Ojalá lo que aquí se escribe resulte erróneo, ojalá los hechos lo desmientan pero se diría que Falcioni, con una medida tan inopinada, inoportuna e indefendible, empezó a despedirse de Boca. Ya.
Y fuera de Riquelme, hay más. También deja afuera a Erviti, por cuya contratación rogó, suplicó, lloró, forzando al club a una erogación de más de tres millones de dólares con contrato por tres temporadas para un jugador de treinta años. Desde lo futbolístico, en este caso, hace bien. Con Colazo, esto sí es cierto, mejora “el funcionamiento”. Pero a Erviti lo trajo él. Y lo borra en la tercera fecha…
A los dirigentes tampoco puede excusárselos. Hace cinco meses le firmaron a Riquelme un contrato por cinco años, el mejor del país, y muy poco después contrataron a un técnico que, era de prever, no iba a tener buena química con Román. Incompatibilidad de caracteres. ¿Cómo puede haber tanta incoherencia en la conducción? ¿Ameal, Beraldi y Crespi le están haciendo la campaña electoral a Angelici?
Y volviendo al coach, éste que suscribe no es adorador de Maradona ni mucho menos. No le cae bien, el hombre, es la verdad. Pero cuando tiene razón, hay que admitrlo. Es para memorar, ahora, aquello que Maradona dijo allá por noviembre: “Si traemos de técnico a un arquero, no aprendimos nada”.
domingo, 20 de febrero de 2011
NOCHE DE PAZ, NOCHE DE AMOR
Se ganó. Objetivo primario cumplido. Era impostergable. Se ganó un clásico. Un partido, en teoría, de los más complicados, en un escenario en el que se gana seguido pero que no deja de ser hostil y quizá nunca como anoche. Deprimente ver a la hinchada de Boca encerrada en un corralito, allá arriba. ¿Alguien reverá alguna vez estas estupideces? ¿O será que, en nombre de la seguridad, alguna vez nadie podrá ir más a la cancha, directamente?
Se ganó, decíamos. Como para dar inicio a una noche de sábado feliz, de jarana, jolgorio y algazara. O de plácido dormir, por lo menos. Noche de paz, noche de amor. Punto y aparte.
No se jugó bien. Pocas veces se va a contar con la inmensa fortuna de que, ante un saque largo del arquero, tres defensores se vayan detrás de Palermo y lo dejen solo a Mouche. Cosas de Racing. Pero no hubo juego elaborado en ataque. Nunca, a lo largo de los noventa minutos.
Si los alucinados que ligera y/o impúdicamente postulan borrar a Riquelme miraron bien, los de buena fe (que debe haberlos) habrán concluido con toda razón que Román sigue siendo insustituible. Único. Con la formación de anoche se avanzó a los tropezones, cuando se pudo y como se pudo, jamás como se quiso.
Lo positivo es que, esta vez, luego de la debacle con Godoy Cruz, hubo solidez defensiva. No se regalaron espacios, hubo coordinación de movimientos. Subsistieron algunos problemas por las bandas, como también se había visto incluso en los triunfos de verano pero pocas veces un jugador de Boca quedó expuesto, con mucho terreno para cubrir solo.
Y hubo arquero. Gran noche de Javi. A puro reflejo y marcando presencia, mandando en el área, dando tranquilidad a sus compañeros. Si sigue la línea, el puesto está bien cubierto. La deuda es la regularidad.
Dejó dudas el medio. Lo mejor, por lejos, fue la vitalidad de Rivero. Se corrió todo, no escatimó pierna (le costó la doble amarilla y consecuente roja), apareció en ataque. Un volante todo terreno.
La dupla Somoza – Battaglia no se paró bien en el primer tiempo. Sí se hizo rocosa ya en el segundo, después del gol, cuando se juntó con los centrales y aguantó todo. Bueno, en especial, el segundo tiempo de Sebastián, acercándose al que queremos y necesitamos.
Somoza conoce el oficio, lo demostró largamente en Vélez y apuntó muy bien en el verano. Pero al igual que frente a Godoy Cruz, les dio demasiadas pelotas a los rivales. Él amonestó a Battaglia primero y a Clemente poco después, porque regaló dos balones que dejaron al equipo desacomodado y forzaron las amarillas.
El 2011 de Pablito Mouche se perfila demoledor. Fue constante farol de peligro para Racing y eso que pocas veces fue bien abastecido. Sacó agua de las piedras. Ya en el primer tiempo le habían salvado una en la línea. Y en el gol, puso quinta para hacerse inalcanzable y antes de patear, miró bien (con Godoy Cruz había fallado una bastante parecida). Hay delantero en proceso de explosión con límites insospechados.
No hubo gol de Martín, él también padeció la mala circulación de pelota en ataque, no jugó bien. Sin embargo, tuvo su participación en el gol. Es que su nombre asusta tanto que, ante el pelotazo de Javi, convocó a medio Racing, dejando el camino expedito para que Pablo se fuera hasta el arquero. Es Martín.
Ahora viene All Boys pero más que All Boys, importa la necesidad imperiosa de empezar a hacernos fuertes de locales. Que La Bombonera vuelva a ser La Bombonera, carajo.
Nos quedamos sin Rivero, una lástima. Recuperamos a Erviti y, esperemos, a Román. ¿Qué hará Falcioni? En la modesta opinión del que escribe, si no hay impedimentos, lo mejor sería que entre Román por Rivero, con Battaglia – Somoza – Colazo detrás de él. Nada más.
Nico no brilló en Avellaneda. Salvo una buena asistencia a Mouche y un tiro medio forzado que le salió a las manos del arquero, no tuvo en ataque el peso de otras veces. Pero cuando se pierde la pelota, por lo general, sabe dónde debe pararse y qué hacer. Con eso alcanza para fundamentar su permanencia entre los titulares.
Erviti es un muy buen jugador. No es cuestión de cargarle las responsabilidades por el desequilibrio del equipo ante Godoy Cruz pero es verdad que con él en la cancha, faltó consistencia para defender.
Claro, Erviti fue un pedido casi obsesivo del técnico y se pagaron por él más de tres millones de dólares, a sus treinta años. No es fácil tomar la decisión de dejarlo fuera en la tercera fecha. Pero eso es harina de otro costal.
Se ganó, decíamos. Como para dar inicio a una noche de sábado feliz, de jarana, jolgorio y algazara. O de plácido dormir, por lo menos. Noche de paz, noche de amor. Punto y aparte.
No se jugó bien. Pocas veces se va a contar con la inmensa fortuna de que, ante un saque largo del arquero, tres defensores se vayan detrás de Palermo y lo dejen solo a Mouche. Cosas de Racing. Pero no hubo juego elaborado en ataque. Nunca, a lo largo de los noventa minutos.
Si los alucinados que ligera y/o impúdicamente postulan borrar a Riquelme miraron bien, los de buena fe (que debe haberlos) habrán concluido con toda razón que Román sigue siendo insustituible. Único. Con la formación de anoche se avanzó a los tropezones, cuando se pudo y como se pudo, jamás como se quiso.
Lo positivo es que, esta vez, luego de la debacle con Godoy Cruz, hubo solidez defensiva. No se regalaron espacios, hubo coordinación de movimientos. Subsistieron algunos problemas por las bandas, como también se había visto incluso en los triunfos de verano pero pocas veces un jugador de Boca quedó expuesto, con mucho terreno para cubrir solo.
Y hubo arquero. Gran noche de Javi. A puro reflejo y marcando presencia, mandando en el área, dando tranquilidad a sus compañeros. Si sigue la línea, el puesto está bien cubierto. La deuda es la regularidad.
Dejó dudas el medio. Lo mejor, por lejos, fue la vitalidad de Rivero. Se corrió todo, no escatimó pierna (le costó la doble amarilla y consecuente roja), apareció en ataque. Un volante todo terreno.
La dupla Somoza – Battaglia no se paró bien en el primer tiempo. Sí se hizo rocosa ya en el segundo, después del gol, cuando se juntó con los centrales y aguantó todo. Bueno, en especial, el segundo tiempo de Sebastián, acercándose al que queremos y necesitamos.
Somoza conoce el oficio, lo demostró largamente en Vélez y apuntó muy bien en el verano. Pero al igual que frente a Godoy Cruz, les dio demasiadas pelotas a los rivales. Él amonestó a Battaglia primero y a Clemente poco después, porque regaló dos balones que dejaron al equipo desacomodado y forzaron las amarillas.
El 2011 de Pablito Mouche se perfila demoledor. Fue constante farol de peligro para Racing y eso que pocas veces fue bien abastecido. Sacó agua de las piedras. Ya en el primer tiempo le habían salvado una en la línea. Y en el gol, puso quinta para hacerse inalcanzable y antes de patear, miró bien (con Godoy Cruz había fallado una bastante parecida). Hay delantero en proceso de explosión con límites insospechados.
No hubo gol de Martín, él también padeció la mala circulación de pelota en ataque, no jugó bien. Sin embargo, tuvo su participación en el gol. Es que su nombre asusta tanto que, ante el pelotazo de Javi, convocó a medio Racing, dejando el camino expedito para que Pablo se fuera hasta el arquero. Es Martín.
Ahora viene All Boys pero más que All Boys, importa la necesidad imperiosa de empezar a hacernos fuertes de locales. Que La Bombonera vuelva a ser La Bombonera, carajo.
Nos quedamos sin Rivero, una lástima. Recuperamos a Erviti y, esperemos, a Román. ¿Qué hará Falcioni? En la modesta opinión del que escribe, si no hay impedimentos, lo mejor sería que entre Román por Rivero, con Battaglia – Somoza – Colazo detrás de él. Nada más.
Nico no brilló en Avellaneda. Salvo una buena asistencia a Mouche y un tiro medio forzado que le salió a las manos del arquero, no tuvo en ataque el peso de otras veces. Pero cuando se pierde la pelota, por lo general, sabe dónde debe pararse y qué hacer. Con eso alcanza para fundamentar su permanencia entre los titulares.
Erviti es un muy buen jugador. No es cuestión de cargarle las responsabilidades por el desequilibrio del equipo ante Godoy Cruz pero es verdad que con él en la cancha, faltó consistencia para defender.
Claro, Erviti fue un pedido casi obsesivo del técnico y se pagaron por él más de tres millones de dólares, a sus treinta años. No es fácil tomar la decisión de dejarlo fuera en la tercera fecha. Pero eso es harina de otro costal.
sábado, 19 de febrero de 2011
REFLEXIONES
Separemos la paja del trigo. Que se discuta con vehemencia entre dirigentes no sólo es inevitable, es positivo. Así debe ser. Que alguna vez alguien quiera pasar al boxing no es saludable pero es humano. Así somos. Que haya, como ha trascendido, denuncias de corrupción es muy serio, correrá por cuenta de quien las hizo, deberá probarlo.
Empero, lo más grave, lo que asusta es que este resonante episodio entre London y los Beraldi no es el fondo de la cuestión. Es apenas un síntoma, uno más, de que la conducción del club está fracturada, en crisis. Si es que partimos del supuesto de que todavía hay conducción.
Repasemos, Ameal, el bueno del gordo Ameal, está al frente de una Comisión Directiva que él no formó. La heredó. Contra esa enfermedad congénita viene remándola, como puede, desde hace más de dos años.
Así como una vez, en los albores, lo puso a Bianchi en un intento de neutralizar a Beraldi (el grande) y Crespi, hace poco entregó la cabeza de uno de sus hombres más fieles, London, desplazándolo de Fútbol Profesional para devolver a ese sitio a Beraldi (el grande) y Crespi. Pacto de gobernabilidad, en año electoral. O bien jugada ajedrecística para que los vices no se la lleven de arriba: “si nos va bien ganamos todos pero si nos va mal, ustedes (Crespi y Beraldi el grande) no van a salir sin salpicaduras”.
London, hasta ahora, se la había bancado como un señorito francés. Y eso que los periodistas le fueron a buscar la lengua, cómo iban a perdérsela, pero el tipo había sido diplomático, no había disparado balazos para ningún lado. Hasta esta fatídica reunión de CD que no fue.
Si es que Beraldi (el chico) le dijo a London (ahora en Fútbol Amateur), “de abajo no te vas a llevar la que te llevaste de arriba”, afirmación del periodista Daniel Mollo, de BOCA DE SELECCIÓN, reproducida por el sitio SOYBOCA.COM.AR, lo primero que a uno se le ocurre es que Beraldi (el chico) sabe bien dos cosas: cuánto se llevó London “de arriba” y cuánto dejará de llevarse “de abajo” (Beraldi el chico antecedió a London en Fútbol Amateur).
Es de prever que en próximos días se irán tranquilizando todos, hasta quizá pretendan tapar lo que ya no puede taparse. Faltan diez meses para las elecciones y alguna forma de seguir adelante tienen que encontrar. Lo saben Ameal, los Beraldi grande y chico, Crespi, London y todos los que estuvieron en la primera e inolvidable convocatoria a reunión de CD del año. También lo saben los que no estuvieron. Y éste es otro tema.
Que el club sea un caos y todos los dirigentes (todos) queden públicamente en ridículo no debe convenirle a nadie. ¿O sí?
Porque más allá del episodio de la familia Beraldi con el pelado London, lo cierto es que la reunión, formalmente, no iba a poder realizarse. No había quórum porque faltaron los macristas. ¿Será que no va a haber ninguna reunión de CD en lo que resta del año? ¿Será que la escena política de Boca se convertirá en algo tan patético y grotesco como lo es el funcionamiento de las cámaras de Diputados y de Senadores? ¿O ya lo es?
En todo caso, lo único que podemos hacer los pobres, por ahora, es mirar y tomar nota. Para cuando haya que votar. ¿No? Tengamos en cuenta que los Beraldi, London, Ameal y gran elenco, con sus miserias a cuestas, difícilmente sean peores que los que ni siquiera aparecen por el club, porque su jefe político los titiritea desde Plaza de Mayo.
Empero, lo más grave, lo que asusta es que este resonante episodio entre London y los Beraldi no es el fondo de la cuestión. Es apenas un síntoma, uno más, de que la conducción del club está fracturada, en crisis. Si es que partimos del supuesto de que todavía hay conducción.
Repasemos, Ameal, el bueno del gordo Ameal, está al frente de una Comisión Directiva que él no formó. La heredó. Contra esa enfermedad congénita viene remándola, como puede, desde hace más de dos años.
Así como una vez, en los albores, lo puso a Bianchi en un intento de neutralizar a Beraldi (el grande) y Crespi, hace poco entregó la cabeza de uno de sus hombres más fieles, London, desplazándolo de Fútbol Profesional para devolver a ese sitio a Beraldi (el grande) y Crespi. Pacto de gobernabilidad, en año electoral. O bien jugada ajedrecística para que los vices no se la lleven de arriba: “si nos va bien ganamos todos pero si nos va mal, ustedes (Crespi y Beraldi el grande) no van a salir sin salpicaduras”.
London, hasta ahora, se la había bancado como un señorito francés. Y eso que los periodistas le fueron a buscar la lengua, cómo iban a perdérsela, pero el tipo había sido diplomático, no había disparado balazos para ningún lado. Hasta esta fatídica reunión de CD que no fue.
Si es que Beraldi (el chico) le dijo a London (ahora en Fútbol Amateur), “de abajo no te vas a llevar la que te llevaste de arriba”, afirmación del periodista Daniel Mollo, de BOCA DE SELECCIÓN, reproducida por el sitio SOYBOCA.COM.AR, lo primero que a uno se le ocurre es que Beraldi (el chico) sabe bien dos cosas: cuánto se llevó London “de arriba” y cuánto dejará de llevarse “de abajo” (Beraldi el chico antecedió a London en Fútbol Amateur).
Es de prever que en próximos días se irán tranquilizando todos, hasta quizá pretendan tapar lo que ya no puede taparse. Faltan diez meses para las elecciones y alguna forma de seguir adelante tienen que encontrar. Lo saben Ameal, los Beraldi grande y chico, Crespi, London y todos los que estuvieron en la primera e inolvidable convocatoria a reunión de CD del año. También lo saben los que no estuvieron. Y éste es otro tema.
Que el club sea un caos y todos los dirigentes (todos) queden públicamente en ridículo no debe convenirle a nadie. ¿O sí?
Porque más allá del episodio de la familia Beraldi con el pelado London, lo cierto es que la reunión, formalmente, no iba a poder realizarse. No había quórum porque faltaron los macristas. ¿Será que no va a haber ninguna reunión de CD en lo que resta del año? ¿Será que la escena política de Boca se convertirá en algo tan patético y grotesco como lo es el funcionamiento de las cámaras de Diputados y de Senadores? ¿O ya lo es?
En todo caso, lo único que podemos hacer los pobres, por ahora, es mirar y tomar nota. Para cuando haya que votar. ¿No? Tengamos en cuenta que los Beraldi, London, Ameal y gran elenco, con sus miserias a cuestas, difícilmente sean peores que los que ni siquiera aparecen por el club, porque su jefe político los titiritea desde Plaza de Mayo.
lunes, 14 de febrero de 2011
ASÍ, NO
Sí, fue raro. El calificativo en que coincidieron Falcioni y Román cae justo. Boca, en el primer tiempo, hizo circular bien la pelota, tuvo variantes en ataque y llegó. Llegó con claridad y frecuencia. Claro, cuando se llega, hay que meterla, y no la metió.
No es por ese lado por donde deben nacer las preocupaciones sino por la inadmisible permeabilidad del equipo en función defensiva. Que a Javi García se le caigan dos pelotas fáciles en el área (en la segunda se salvó por un off side) es grave, muy grave pero no lo peor. Porque se trata de dos errores individuales. Lo peor fue la inconsistencia de toda la estructura defensiva.
Un gol de Godoy Cruz nació por el lado del Pampa Calvo, el primero. Villar avanzó muchos metros por allí y sacó el centro con comodidad. Los otros tres nacieron por el lado de Clemente. En uno lo corrió a Miranda desde atrás. En otro le dio libertad para que cruzara la pelota al otro lado. Y en el último ni siquiera estaba cerca pero esto ya importa menos porque iban 47 del segundo tiempo, el partido estaba perdido y el equipo, definitivamente descompensado.
Ya en Mar del Plata y Mendoza, en medio del optimismo que se generó, se habían producido indicios de que no se cubrían bien los costados. Y no se trata de caerles al Pampa y a Clemente. Battaglia nunca estuvo bien parado en la cancha y Caruzzo nunca cubrió bien por detrás del Pampa. Del otro lado, igual. Se sabe que Erviti (que en el primer tiempo jugó por izquierda y luego suelto) es más con la pelota que cuando hay que recuperarla e Insaurralde es naturalmente lento, por lo que le cuesta llegar bien al costado de la cancha.
Que no se vaya a apuntar ahora que Battaglia no puede jugar por la derecha porque ya lo hizo durante mucho tiempo y muy bien. Con Bianchi, al lado de Chicho Serna. Con Basile, dándole equilibrio al equipo mientras Gago, el volante central, podía darle vuelo a su capacidad creativa. Sebastián, simplemente, desde su operación del año pasado no ha vuelto a ser el de antes, Ojalá alguna vez vuelva a serlo.
Somoza jugó un primer tiempo aceptable, porque se situó bien y fue agresivo para recuperar pero entregó demasiadas pelotas a los contrarios. Mejor que haga la simple, que no se complique, que los que armen sean otros.
Fue aceptable lo de Román. Por supuesto que uno siempre espera más de él. Le erró al arco en esa que le dejó pasar Palermo y fue una lástima pero generó varias acciones con su sello. En un partido menos “raro”, alguna tuvo que haber terminado adentro.
Pablo Mouche, a tono con lo que fue en el verano, resultó lo mejor, lo más rescatable de Boca. Incontenible en el mano a mano. Le faltó serenidad en ese mano a mano del final del primer tiempo, podía poner la pelota donde se le ocurriera y la puso en el esternón de Torrico. Y Martín, esta vez, no encontró el arco. La mejor que tuvo fue la del comienzo del segundo tiempo, tras el taco de Román y extraño en él, se apuró. Lo que se ve es que le cuesta más que antes moverse, queda demasiadas veces mal parado, a contrapierna.
El equipo que estaba por el buen camino en Mar del Plata y Mendoza tenía línea de cuatro volantes, con Somoza – Rivero muy bien paraditos por el medio, el Pochi arrancando por derecha aunque con libertad para ir por otro lado y Nico Colazo bien sabedor de lo que tiene que hacer un mediocampista izquierdo cuando se pierde la pelota.
Si el volante izquierdo es Erviti y si hay que darle lugar a Román como enganche, la cosa cambia, lo sabíamos de antemano. Se resigna contención para ganar creación. Lo que queda de positivo es que Boca, en la primera etapa, antes de desordenarse definitiva y previsiblemente dada la dureza del resultado, había tenido juego.
Lo que es evidente es que, si queremos despegar, tendrán que aparecer las soluciones de funcionamiento colectivo en defensa. Que se cubran mejor los espacios, que se ayuden mejor unos a otros. Y que Javi se acuerde de poner las manos dentro de los guantes.
No es por ese lado por donde deben nacer las preocupaciones sino por la inadmisible permeabilidad del equipo en función defensiva. Que a Javi García se le caigan dos pelotas fáciles en el área (en la segunda se salvó por un off side) es grave, muy grave pero no lo peor. Porque se trata de dos errores individuales. Lo peor fue la inconsistencia de toda la estructura defensiva.
Un gol de Godoy Cruz nació por el lado del Pampa Calvo, el primero. Villar avanzó muchos metros por allí y sacó el centro con comodidad. Los otros tres nacieron por el lado de Clemente. En uno lo corrió a Miranda desde atrás. En otro le dio libertad para que cruzara la pelota al otro lado. Y en el último ni siquiera estaba cerca pero esto ya importa menos porque iban 47 del segundo tiempo, el partido estaba perdido y el equipo, definitivamente descompensado.
Ya en Mar del Plata y Mendoza, en medio del optimismo que se generó, se habían producido indicios de que no se cubrían bien los costados. Y no se trata de caerles al Pampa y a Clemente. Battaglia nunca estuvo bien parado en la cancha y Caruzzo nunca cubrió bien por detrás del Pampa. Del otro lado, igual. Se sabe que Erviti (que en el primer tiempo jugó por izquierda y luego suelto) es más con la pelota que cuando hay que recuperarla e Insaurralde es naturalmente lento, por lo que le cuesta llegar bien al costado de la cancha.
Que no se vaya a apuntar ahora que Battaglia no puede jugar por la derecha porque ya lo hizo durante mucho tiempo y muy bien. Con Bianchi, al lado de Chicho Serna. Con Basile, dándole equilibrio al equipo mientras Gago, el volante central, podía darle vuelo a su capacidad creativa. Sebastián, simplemente, desde su operación del año pasado no ha vuelto a ser el de antes, Ojalá alguna vez vuelva a serlo.
Somoza jugó un primer tiempo aceptable, porque se situó bien y fue agresivo para recuperar pero entregó demasiadas pelotas a los contrarios. Mejor que haga la simple, que no se complique, que los que armen sean otros.
Fue aceptable lo de Román. Por supuesto que uno siempre espera más de él. Le erró al arco en esa que le dejó pasar Palermo y fue una lástima pero generó varias acciones con su sello. En un partido menos “raro”, alguna tuvo que haber terminado adentro.
Pablo Mouche, a tono con lo que fue en el verano, resultó lo mejor, lo más rescatable de Boca. Incontenible en el mano a mano. Le faltó serenidad en ese mano a mano del final del primer tiempo, podía poner la pelota donde se le ocurriera y la puso en el esternón de Torrico. Y Martín, esta vez, no encontró el arco. La mejor que tuvo fue la del comienzo del segundo tiempo, tras el taco de Román y extraño en él, se apuró. Lo que se ve es que le cuesta más que antes moverse, queda demasiadas veces mal parado, a contrapierna.
El equipo que estaba por el buen camino en Mar del Plata y Mendoza tenía línea de cuatro volantes, con Somoza – Rivero muy bien paraditos por el medio, el Pochi arrancando por derecha aunque con libertad para ir por otro lado y Nico Colazo bien sabedor de lo que tiene que hacer un mediocampista izquierdo cuando se pierde la pelota.
Si el volante izquierdo es Erviti y si hay que darle lugar a Román como enganche, la cosa cambia, lo sabíamos de antemano. Se resigna contención para ganar creación. Lo que queda de positivo es que Boca, en la primera etapa, antes de desordenarse definitiva y previsiblemente dada la dureza del resultado, había tenido juego.
Lo que es evidente es que, si queremos despegar, tendrán que aparecer las soluciones de funcionamiento colectivo en defensa. Que se cubran mejor los espacios, que se ayuden mejor unos a otros. Y que Javi se acuerde de poner las manos dentro de los guantes.
lunes, 7 de febrero de 2011
¿QUÉ HACEMOS CON EL BÁSQUET?
El presidente de básquet de Boca, Alejandro Vaccaro, acaba de hacer público algo que, dentro del club, se viene rumoreando desde hace rato, años: que en cualquier momento se baja la persiana, que el que fue históricamente el segundo deporte del club ya no puede sostenerse, que no hay manera.
La primera reacción visceral que a uno le surge es la de putear a Ameal y compañía. Cuesta asimilar que un club como Boca no pueda generar los recursos que permitan mantener un equipo de básquet.
Ahora bien, parando la pelota y mirando un poco para los costados, surge una evidencia: por alguna razón que al que suscribe se le escapa, a los clubes de Capital Federal y Gran Buenos Aires se les hace extremadamente dificultoso aguantar el básquet por lo menos al nivel de la Liga Nacional.
Obras, que en su momento fue gran impulsor del profesionalismo, estuvo desaparecido durante muchos años y ahora volvió pero por el momento no ha llegado a los primeros planos.
De los clubes de fútbol, el que sostenía las banderas hasta hoy era, justamente, Boca. Grandes protagonistas de la actividad durante mucho tiempo, como Ferro y Lanús, perdieron el lugar que ocupaban. El caso de Ferro es más comprensible porque es como que desapareció no sólo del básquet sino de todo. Pero Lanús, presunto modelo de conducción, también estuvo mucho tiempo sin competir en los primeros planos y ahora merodea. Gimnasia La Plata, otro histórico, también cedió su sitio.
En cuanto a los grandes, River y San Lorenzo, que en los viejos tiempos de la Asociación Buenos Aires siempre fueron líderes (a San Lorenzo se lo llamaba “La Catedral”), dejaron de existir, literalmente. Independiente, al que también por prolongado lapso se lo destacó como modelo de conducción, nunca alcanzó en básquet el nivel de los antes nombrados. En cuanto a Racing, es un caso especial porque al básquet siempre se lo manejo desde la filial del barrio de Villa del Parque, casi tocando sólo tangencialmente al resto del club. Hoy tampoco figura.
En cambio, hay plazas del interior que mantienen su básquetbol en alto nivel competitivo y, en apariencias, con buena salud desde lo financiero. Atenas de Córdoba, Libertad de Sunchales, Peñarol de Mar del Plata, por citar sólo los primeros que acuden a la mente.
La respuesta parece ser que en esos centros se genera una amalgama por la cual surgen los recursos. Se lo toma como una representación zonal que a todos importa y entonces, el comercio y las fuerzas vivas de cada sitio apoyan de verdad. En Capital, en líneas generales, el básquet (el local) es una actividad que unos cuantos siguen por televisión, apenas eso. En los clubes de fútbol, al hincha promedio le importa que funcione el fútbol, la mayoría ni siquiera debe saber cómo le va al equipo de básquet.
Boca ganó tres veces la Liga Nacional y no fue noticia. La Bombonerita tiene una capacidad que no llega a las dos mil personas y rara vez se llena. Por lo común, hay unos cuantos entusiastas dispersos por las graderías (éste que escribe fue algunas veces, puede dar fe).
Para que el básquet fuera rentable, debería surgir en el seno del club una mística similar a la que surge en Sunchales, en Mar del Plata o en Córdoba y eso, digámoslo, señores, es imposible. Simplemente por lo antes expuesto, porque de los millones de hinchas de Boca, son muy pocos aquellos a los que de verdad importa el básquet.
Otra fórmula, en consecuencia, tendría que ser el aporte de sponsors pero aquí se plantea otra encrucijada. ¿Quién va a sponsorear una actividad que reúne, promedio, no más de quinientas personas en La Bombonerita? Por otra parte, si se hiciese una encuesta entre hinchas para determinar a qué se aplica el aporte de cualquier sponsor, el resultado sería abrumador: todos o poco menos votarían por volcarlo al fútbol.
Además, si se va a jugar de local al Chaco o a Río Gallegos, como se ha dado últimamente, el básquet pasa a ser algo casi ajeno al club a partir de la geografía. ¿Cómo sentir como propio a un equipo que juega de local a dos mil kilómetros de La Bombonera?
Así que en lugar de putear a Ameal and company, tratemos de ponernos por un momento en su lugar. No hay solución a la vista para el sostenimiento del básquet. Si alguien tiene alguna idea, que la provea. Será bienvenida.
La primera reacción visceral que a uno le surge es la de putear a Ameal y compañía. Cuesta asimilar que un club como Boca no pueda generar los recursos que permitan mantener un equipo de básquet.
Ahora bien, parando la pelota y mirando un poco para los costados, surge una evidencia: por alguna razón que al que suscribe se le escapa, a los clubes de Capital Federal y Gran Buenos Aires se les hace extremadamente dificultoso aguantar el básquet por lo menos al nivel de la Liga Nacional.
Obras, que en su momento fue gran impulsor del profesionalismo, estuvo desaparecido durante muchos años y ahora volvió pero por el momento no ha llegado a los primeros planos.
De los clubes de fútbol, el que sostenía las banderas hasta hoy era, justamente, Boca. Grandes protagonistas de la actividad durante mucho tiempo, como Ferro y Lanús, perdieron el lugar que ocupaban. El caso de Ferro es más comprensible porque es como que desapareció no sólo del básquet sino de todo. Pero Lanús, presunto modelo de conducción, también estuvo mucho tiempo sin competir en los primeros planos y ahora merodea. Gimnasia La Plata, otro histórico, también cedió su sitio.
En cuanto a los grandes, River y San Lorenzo, que en los viejos tiempos de la Asociación Buenos Aires siempre fueron líderes (a San Lorenzo se lo llamaba “La Catedral”), dejaron de existir, literalmente. Independiente, al que también por prolongado lapso se lo destacó como modelo de conducción, nunca alcanzó en básquet el nivel de los antes nombrados. En cuanto a Racing, es un caso especial porque al básquet siempre se lo manejo desde la filial del barrio de Villa del Parque, casi tocando sólo tangencialmente al resto del club. Hoy tampoco figura.
En cambio, hay plazas del interior que mantienen su básquetbol en alto nivel competitivo y, en apariencias, con buena salud desde lo financiero. Atenas de Córdoba, Libertad de Sunchales, Peñarol de Mar del Plata, por citar sólo los primeros que acuden a la mente.
La respuesta parece ser que en esos centros se genera una amalgama por la cual surgen los recursos. Se lo toma como una representación zonal que a todos importa y entonces, el comercio y las fuerzas vivas de cada sitio apoyan de verdad. En Capital, en líneas generales, el básquet (el local) es una actividad que unos cuantos siguen por televisión, apenas eso. En los clubes de fútbol, al hincha promedio le importa que funcione el fútbol, la mayoría ni siquiera debe saber cómo le va al equipo de básquet.
Boca ganó tres veces la Liga Nacional y no fue noticia. La Bombonerita tiene una capacidad que no llega a las dos mil personas y rara vez se llena. Por lo común, hay unos cuantos entusiastas dispersos por las graderías (éste que escribe fue algunas veces, puede dar fe).
Para que el básquet fuera rentable, debería surgir en el seno del club una mística similar a la que surge en Sunchales, en Mar del Plata o en Córdoba y eso, digámoslo, señores, es imposible. Simplemente por lo antes expuesto, porque de los millones de hinchas de Boca, son muy pocos aquellos a los que de verdad importa el básquet.
Otra fórmula, en consecuencia, tendría que ser el aporte de sponsors pero aquí se plantea otra encrucijada. ¿Quién va a sponsorear una actividad que reúne, promedio, no más de quinientas personas en La Bombonerita? Por otra parte, si se hiciese una encuesta entre hinchas para determinar a qué se aplica el aporte de cualquier sponsor, el resultado sería abrumador: todos o poco menos votarían por volcarlo al fútbol.
Además, si se va a jugar de local al Chaco o a Río Gallegos, como se ha dado últimamente, el básquet pasa a ser algo casi ajeno al club a partir de la geografía. ¿Cómo sentir como propio a un equipo que juega de local a dos mil kilómetros de La Bombonera?
Así que en lugar de putear a Ameal and company, tratemos de ponernos por un momento en su lugar. No hay solución a la vista para el sostenimiento del básquet. Si alguien tiene alguna idea, que la provea. Será bienvenida.
sábado, 5 de febrero de 2011
¿EL FLACO SCHIAVI? ¡NO JODAMOS!
El querido Flaco Schiavi nació el 18 de enero de 1973. Tiene 38 años. Es más viejo que Palermo, que ya avisó que al finalizar el semestre se retira. También que Guillermo. Traerlo de regreso al club sería irracional.
Su historia de cuatro años y medio en Boca, desde mediados de 2001 hasta fines de 2005, es venerable. ¿Cómo olvidarse de aquel partido en Chile que aguantó hasta el final con un agudo ataque de apendicitis y desde el vestuario tuvo que ser trasladado hacia el sanatorio para la operación urgente? Da gusto contar con jugadores de ese temple.
Ha tenido, últimamente, un buen nivel en Newell’s. Pero ni eso justifica que se piense en su regreso, como lo viene postulando desde hace rato José Beraldi y como ayer tiró Falcioni que le gustaría, con una falta de criterio que asusta.
La dupla Caruzzo-Insaurralde tuvo un verano impecable. Crean incertidumbre las sucesivas lesiones de Cellay pero todavía puede esperárselo. Sauro, Ruiz y Achucarro son jóvenes que tienen que definirse como jugadores pero están ahí, a las puertas de la primera. ¿Cómo se va a traer un central?
Cierto es que se trata de un líder positivo, que su temperamento genera contagio, que sería, seguro, un hombre de peso para mantener en cauce el famoso vestuario pero eso no basta para darle asidero lógico a su incorporación.
Si queda un solo cupo, está muy claro que lo que falta es otro delantero externo. Porque Pablo Mouche jugó de modo espectacular en Mar del Plata y Mendoza pero detrás, hay que ver que pasa con el regreso de Tito Noir (que no está firme y podría volver a irse) y ya se ha visto también que Araujo todavía le falta.
Y si por el caso Gaona Lugo se abriera la posibilidad de un quinto refuerzo, como dice Falcioni, hay que pensar en el lateral derecho. Muy bueno lo del Pampa en lo que va del año pero estuvo demasiado tiempo sin jugar, su lesión fue muy complicada (hoy no se entrenó normal por una sobrecarga) y si llegara a faltar, Marín está muy verde y Clemente rinde menos por derecha que por izquierda.
No, el Flaco Schiavi es un prócer pero pensar en que vuelva es un delirio. Por favor, Falcioni, venías bien, no empecemos, no jodamos…
Su historia de cuatro años y medio en Boca, desde mediados de 2001 hasta fines de 2005, es venerable. ¿Cómo olvidarse de aquel partido en Chile que aguantó hasta el final con un agudo ataque de apendicitis y desde el vestuario tuvo que ser trasladado hacia el sanatorio para la operación urgente? Da gusto contar con jugadores de ese temple.
Ha tenido, últimamente, un buen nivel en Newell’s. Pero ni eso justifica que se piense en su regreso, como lo viene postulando desde hace rato José Beraldi y como ayer tiró Falcioni que le gustaría, con una falta de criterio que asusta.
La dupla Caruzzo-Insaurralde tuvo un verano impecable. Crean incertidumbre las sucesivas lesiones de Cellay pero todavía puede esperárselo. Sauro, Ruiz y Achucarro son jóvenes que tienen que definirse como jugadores pero están ahí, a las puertas de la primera. ¿Cómo se va a traer un central?
Cierto es que se trata de un líder positivo, que su temperamento genera contagio, que sería, seguro, un hombre de peso para mantener en cauce el famoso vestuario pero eso no basta para darle asidero lógico a su incorporación.
Si queda un solo cupo, está muy claro que lo que falta es otro delantero externo. Porque Pablo Mouche jugó de modo espectacular en Mar del Plata y Mendoza pero detrás, hay que ver que pasa con el regreso de Tito Noir (que no está firme y podría volver a irse) y ya se ha visto también que Araujo todavía le falta.
Y si por el caso Gaona Lugo se abriera la posibilidad de un quinto refuerzo, como dice Falcioni, hay que pensar en el lateral derecho. Muy bueno lo del Pampa en lo que va del año pero estuvo demasiado tiempo sin jugar, su lesión fue muy complicada (hoy no se entrenó normal por una sobrecarga) y si llegara a faltar, Marín está muy verde y Clemente rinde menos por derecha que por izquierda.
No, el Flaco Schiavi es un prócer pero pensar en que vuelva es un delirio. Por favor, Falcioni, venías bien, no empecemos, no jodamos…
jueves, 3 de febrero de 2011
ZAFAMOS
Se terminó el verano sin ningún tropiezo. Con River, en Mendoza, el objetivo de base era no perder, la obligación era de ellos. Ver a los jugadores saltando y cantando con esas copas grandotas, entre los papelitos, cuando el rival ya estaba masticando bronca en el vestuario tuvo gusto a miel.
El balance de los cuatro partidos es ampliamente positivo comenzando por los resultados, claro está, pero más profundamente y mirando hacia el futuro, por la imagen de solidez y de convicciones firmes que prevalece.
En cuanto a los noventa minutos de anoche, también se hace evidente que surgieron los primeros problemas serios. Nadie podía pensar que el tránsito por el semestre iba a ser un lecho de rosas. Los mejores equipos tienen partidos y partidos. Lo que importa es tomar nota de las cosas que pasaron.
Hasta el gol de Palermo, se estuvo expuesto a una catástrofe. Boca corría detrás de la pelota en todos los sectores de la cancha. El Pampa Calvo y Clemente no encontraban la medida para cubrir adecuadamente sus sectores, los atacantes rivales siempre recibían con espacio.
Por el medio, Caruzzo e Insaurralde tampoco podían hacer pie, cuando salían lo hacían a destiempo y cuando esperaban, permitían que Pavone se moviera con extrema comodidad en los últimos metros de cancha, en las barbas mismas de Javi García. En ese lapso el fornido delantero de River se hizo incontrolable.
La génesis de los problemas parece haber sido que, ante la agresividad con que salieron a jugar los mediocampistas rivales, Somoza y Rivero se vieron desbordados, tampoco hallaban el lugar adecuado para pararse.
Llegó el gol, con un centro que no fue el primero que River pudo ejecutar con tiempo y espacio y con un cabeceador que apareció sin marca en el área, por detrás de un central descolocado, y los minutos que siguieron fueron peores.
La única posibilidad parecía estar dada por las pelotas paradas, que se trabajaron muy bien. Una vez Insaurralde (una masita) y otra Caruzzo (le erró al arco de manera difícil de comprender) cabecearon solitos en el área chica. No había juego con balón en movimiento y se dependía de los arrestos de Pablo Mouche, que volvió a jugar bien.
Fue afortunado el gol del empate. Por el momento del partido en que llegó, cuando Boca estaba perdido en la neblina, porque hubo una mano intencional de Nico Colazo no advertida por el árbitro y finalmente, porque apareció un inestimable regalito del arquero. Martín, cuando no, estaba donde tenía que estar y no iba a perdonárselas.
Desde entonces se jugó a otro juego. En primer término, porque el rival se derrumbó. Pobrecitos, pongámonos por un momento en el lugar de ellos. Lo habían hecho todo, el segundo estaba al caer y de la nada, se encontraron con el partido empatado y por un macanazo. Cosas de las paternidades, no hay nada que hacerle, habrán pensado.
Boca volvió a sentirse seguro. Nunca alcanzó la confiabilidad en el armado ni la profundidad que había tenido con San Lorenzo pero no volvió a perder el control del juego, nunca. En el final del primer tiempo y en el comienzo del segundo pudo haber pasado a ganar. Especialmente en esa pelota a la que Pablo le entró mal delante del arco.
En toda la etapa final River no pudo elaborar ni una sola acción que le creara peligro cierto a Javi. Boca pudo haber hecho más pero dio la sensación de conformarse o bien de esperar el error rival, sin arriesgar más de lo debido en busca de la definición.
Siempre tiene su costado positivo no perder cuando se estuvo al borde del abismo, como lo estuvo Boca en ese arranque tenebroso. Sacar resultados cuando la mano viene cambiada es fundamental. En ese sentido, podríamos conjeturar que se aprobó otro examen. Pero sin perder de vista que esos 25 primeros minutos no deben repetirse seguido. Si no…
El balance de los cuatro partidos es ampliamente positivo comenzando por los resultados, claro está, pero más profundamente y mirando hacia el futuro, por la imagen de solidez y de convicciones firmes que prevalece.
En cuanto a los noventa minutos de anoche, también se hace evidente que surgieron los primeros problemas serios. Nadie podía pensar que el tránsito por el semestre iba a ser un lecho de rosas. Los mejores equipos tienen partidos y partidos. Lo que importa es tomar nota de las cosas que pasaron.
Hasta el gol de Palermo, se estuvo expuesto a una catástrofe. Boca corría detrás de la pelota en todos los sectores de la cancha. El Pampa Calvo y Clemente no encontraban la medida para cubrir adecuadamente sus sectores, los atacantes rivales siempre recibían con espacio.
Por el medio, Caruzzo e Insaurralde tampoco podían hacer pie, cuando salían lo hacían a destiempo y cuando esperaban, permitían que Pavone se moviera con extrema comodidad en los últimos metros de cancha, en las barbas mismas de Javi García. En ese lapso el fornido delantero de River se hizo incontrolable.
La génesis de los problemas parece haber sido que, ante la agresividad con que salieron a jugar los mediocampistas rivales, Somoza y Rivero se vieron desbordados, tampoco hallaban el lugar adecuado para pararse.
Llegó el gol, con un centro que no fue el primero que River pudo ejecutar con tiempo y espacio y con un cabeceador que apareció sin marca en el área, por detrás de un central descolocado, y los minutos que siguieron fueron peores.
La única posibilidad parecía estar dada por las pelotas paradas, que se trabajaron muy bien. Una vez Insaurralde (una masita) y otra Caruzzo (le erró al arco de manera difícil de comprender) cabecearon solitos en el área chica. No había juego con balón en movimiento y se dependía de los arrestos de Pablo Mouche, que volvió a jugar bien.
Fue afortunado el gol del empate. Por el momento del partido en que llegó, cuando Boca estaba perdido en la neblina, porque hubo una mano intencional de Nico Colazo no advertida por el árbitro y finalmente, porque apareció un inestimable regalito del arquero. Martín, cuando no, estaba donde tenía que estar y no iba a perdonárselas.
Desde entonces se jugó a otro juego. En primer término, porque el rival se derrumbó. Pobrecitos, pongámonos por un momento en el lugar de ellos. Lo habían hecho todo, el segundo estaba al caer y de la nada, se encontraron con el partido empatado y por un macanazo. Cosas de las paternidades, no hay nada que hacerle, habrán pensado.
Boca volvió a sentirse seguro. Nunca alcanzó la confiabilidad en el armado ni la profundidad que había tenido con San Lorenzo pero no volvió a perder el control del juego, nunca. En el final del primer tiempo y en el comienzo del segundo pudo haber pasado a ganar. Especialmente en esa pelota a la que Pablo le entró mal delante del arco.
En toda la etapa final River no pudo elaborar ni una sola acción que le creara peligro cierto a Javi. Boca pudo haber hecho más pero dio la sensación de conformarse o bien de esperar el error rival, sin arriesgar más de lo debido en busca de la definición.
Siempre tiene su costado positivo no perder cuando se estuvo al borde del abismo, como lo estuvo Boca en ese arranque tenebroso. Sacar resultados cuando la mano viene cambiada es fundamental. En ese sentido, podríamos conjeturar que se aprobó otro examen. Pero sin perder de vista que esos 25 primeros minutos no deben repetirse seguido. Si no…
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