Se ganó. Objetivo primario cumplido. Era impostergable. Se ganó un clásico. Un partido, en teoría, de los más complicados, en un escenario en el que se gana seguido pero que no deja de ser hostil y quizá nunca como anoche. Deprimente ver a la hinchada de Boca encerrada en un corralito, allá arriba. ¿Alguien reverá alguna vez estas estupideces? ¿O será que, en nombre de la seguridad, alguna vez nadie podrá ir más a la cancha, directamente?
Se ganó, decíamos. Como para dar inicio a una noche de sábado feliz, de jarana, jolgorio y algazara. O de plácido dormir, por lo menos. Noche de paz, noche de amor. Punto y aparte.
No se jugó bien. Pocas veces se va a contar con la inmensa fortuna de que, ante un saque largo del arquero, tres defensores se vayan detrás de Palermo y lo dejen solo a Mouche. Cosas de Racing. Pero no hubo juego elaborado en ataque. Nunca, a lo largo de los noventa minutos.
Si los alucinados que ligera y/o impúdicamente postulan borrar a Riquelme miraron bien, los de buena fe (que debe haberlos) habrán concluido con toda razón que Román sigue siendo insustituible. Único. Con la formación de anoche se avanzó a los tropezones, cuando se pudo y como se pudo, jamás como se quiso.
Lo positivo es que, esta vez, luego de la debacle con Godoy Cruz, hubo solidez defensiva. No se regalaron espacios, hubo coordinación de movimientos. Subsistieron algunos problemas por las bandas, como también se había visto incluso en los triunfos de verano pero pocas veces un jugador de Boca quedó expuesto, con mucho terreno para cubrir solo.
Y hubo arquero. Gran noche de Javi. A puro reflejo y marcando presencia, mandando en el área, dando tranquilidad a sus compañeros. Si sigue la línea, el puesto está bien cubierto. La deuda es la regularidad.
Dejó dudas el medio. Lo mejor, por lejos, fue la vitalidad de Rivero. Se corrió todo, no escatimó pierna (le costó la doble amarilla y consecuente roja), apareció en ataque. Un volante todo terreno.
La dupla Somoza – Battaglia no se paró bien en el primer tiempo. Sí se hizo rocosa ya en el segundo, después del gol, cuando se juntó con los centrales y aguantó todo. Bueno, en especial, el segundo tiempo de Sebastián, acercándose al que queremos y necesitamos.
Somoza conoce el oficio, lo demostró largamente en Vélez y apuntó muy bien en el verano. Pero al igual que frente a Godoy Cruz, les dio demasiadas pelotas a los rivales. Él amonestó a Battaglia primero y a Clemente poco después, porque regaló dos balones que dejaron al equipo desacomodado y forzaron las amarillas.
El 2011 de Pablito Mouche se perfila demoledor. Fue constante farol de peligro para Racing y eso que pocas veces fue bien abastecido. Sacó agua de las piedras. Ya en el primer tiempo le habían salvado una en la línea. Y en el gol, puso quinta para hacerse inalcanzable y antes de patear, miró bien (con Godoy Cruz había fallado una bastante parecida). Hay delantero en proceso de explosión con límites insospechados.
No hubo gol de Martín, él también padeció la mala circulación de pelota en ataque, no jugó bien. Sin embargo, tuvo su participación en el gol. Es que su nombre asusta tanto que, ante el pelotazo de Javi, convocó a medio Racing, dejando el camino expedito para que Pablo se fuera hasta el arquero. Es Martín.
Ahora viene All Boys pero más que All Boys, importa la necesidad imperiosa de empezar a hacernos fuertes de locales. Que La Bombonera vuelva a ser La Bombonera, carajo.
Nos quedamos sin Rivero, una lástima. Recuperamos a Erviti y, esperemos, a Román. ¿Qué hará Falcioni? En la modesta opinión del que escribe, si no hay impedimentos, lo mejor sería que entre Román por Rivero, con Battaglia – Somoza – Colazo detrás de él. Nada más.
Nico no brilló en Avellaneda. Salvo una buena asistencia a Mouche y un tiro medio forzado que le salió a las manos del arquero, no tuvo en ataque el peso de otras veces. Pero cuando se pierde la pelota, por lo general, sabe dónde debe pararse y qué hacer. Con eso alcanza para fundamentar su permanencia entre los titulares.
Erviti es un muy buen jugador. No es cuestión de cargarle las responsabilidades por el desequilibrio del equipo ante Godoy Cruz pero es verdad que con él en la cancha, faltó consistencia para defender.
Claro, Erviti fue un pedido casi obsesivo del técnico y se pagaron por él más de tres millones de dólares, a sus treinta años. No es fácil tomar la decisión de dejarlo fuera en la tercera fecha. Pero eso es harina de otro costal.
domingo, 20 de febrero de 2011
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