lunes, 28 de marzo de 2011

EL MISMO BOCA CON UN CINCELAZO DE RIQUELME

Se varió el esquema, se cambiaron nombres y se ganó sin objeciones pero Boca Juniors volvió a ser, en Santa Fe, un equipo duro de movimientos, carente de agilidad, fácil de controlar. La diferencia, claro está, la marcó el que tenía que marcarla, Juan Román Riquelme, que de la nada le dio forma a un golazo, aprovechando que a nadie se le había ocurrido que desde allí podía pegarle al arco, que le pusieron un solo hombre como barrera, que el arquero Diego Pozo se preparó y paró como para cortar el previsible centro. La idea del director técnico Julio Falcioni, evidentemente, fue liberar a Riquelme del más mínimo compromiso cuando se perdiera la pelota y armar detrás de él una maraña que permitiera mantener el partido lejos de Cristian Lucchetti. Durante gran parte del juego, Riquelme permaneció estacionado muy arriba, a la par de Martín Palermo, bajando para hacerse cargo del mando sólo cuando ya todo el equipo salía a tomar posiciones de ataque. Funcionó, si se considera que Lucchetti apenas tuvo que esforzarse para rechazar (bastante largo, por cierto) dos remates desde fuera del área, uno en cada etapa, pero en esto no puede pasarse por alto la pasmosa inoperancia de Colón, que en los noventa minutos nunca concibió una acción conjunta bien pensada. Duro presente, el del equipo de Fernando Gamboa, que parece sentirse más cómodo cuando está lejos del todavía llamado Cementerio de los Elefantes, porque cuando le cabe la responsabilidad de ser protagonista, cuando no puede hacer la plancha, no encuentra ni en Damián Díaz ni en Federico Higuaín estatura de conductores. Más allá de los tres puntos que oxígenan, ahora Falcioni y sus hombres deberán pensar cómo hacer para que la ofensiva sea más fluida y armoniosa, para pisar el área rival con mayor frecuencia y posibilidades. Una puntita empezó a verse con un par de encuentros entre Riquelme y Clemente Rodríguez durante el primer tiempo, falta la otra pata, la presencia como salida de José María Calvo, que esta vez tuvo pocas chances de hacerse ver por su costado. Cristian Chávez y Walter Erviti, los hombres que, se presume, deben ser los secretarios ejecutivos de Riquelme dentro del nuevo dispositivo, siguen buscándose a sí mismos, con algo más de presencia y participación por parte del ex Atlas, mientras el ex San Lorenzo y Banfield trata de descubrir qué necesita Boca de él. Un tema por sí solo, en Boca, es Palermo, al que esta vez Falcioni iba a animarse a sacarlo con el partido 0-0 (justo llegó el gol y lo dejó unos minutos más), porque, literalmente, le paraba al equipo, no le daba ninguna respuesta. Difícil meterse con Palermo, desde el lugar de crítico, porque el tipo en cualquier momento empieza a sacar goles de su bolsa sin fondo y cierra todas las boquitas pero la realidad es que el tiempo pasa y no aparece. Que no lo asistan como se debe, que no tenga ni un Guillermo Barros Schelotto ni un Rodrigo Palacio es sólo una parte de la verdad, la otra es que no llega a pelotas a las que antes llegaba, por abajo y por arriba. Pasado de terapia intensiva a sala común, ahora a Boca se le viene Estudiantes, ni más ni menos que el mejor equipo de la actualidad, con el pesado aditamento de saldar una deuda exasperante para toda su gente: ganar en La Bombonera. Si Falcioni y su tropa salen bien parados de los próximos noventa minutos, podrá tomarse como un paso firme en serio, mucho más significativo que una módica victoria sobre un Colón tan limitado. Si Juan Sebastián Verón y los suyos hicieran pesar su oficio y categoría, si en la cancha se plasmaran las diferencias que, en los papeles, separan hoy a Boca de Estudiantes, lo de Santa Fe habrá sido sólo una aspirina para un mal severo (DyN).

lunes, 21 de marzo de 2011

QUÉ PASA Y QUÉ HACER

Bajaba las escaleras de La Bombonera y unos metros delante de mí, un tipo se preguntaba: “¿Ahora qué van a decir los que pedían a Riquelme? ¿Vieron lo que pasa con Riquelme? Riquelme no puede jugar al ritmo al que se juega hoy”.
Y bueh… Son los riesgos de la democracia. Cualquier estúpido puede decir impunemente lo que se le ocurra.
Ritmo, además de ser una marca de calzoncillos, es un concepto que, en fútbol, suele encerrar una falacia. O confundir a la gilada, por decirlo más brutalmente. Hacen falta los tipos que corran, claro que sí pero también son imprescindibles, irreemplazables los que no corren. El fútbol, el de hoy, el de ayer y el de siempre, requiere de diferentes ritmos. Precisamente, es una de las claves del juego. Si jugás siempre al mismo ritmo, estás perdido. “¿No ves que el que corre nunca ve ni medio?” escribió una vez el querido Viejo Ardizzone.
Riquelme, ayer, jugó sólo. Patéticamente solo. Primer tiempo más que aceptable. Primeros veinte minutos del segundo tiempo a la altura de sus mejores momentos, cargándose el equipo y haciendo circular la pelota para acá y para allá de la mejor manera. Después, era de prever, se cansó. No sólo físicamente debe haberse cansado, seguro que también hubo un componente psíquico. Es demasiado desalentador sembrar rosas y que te devuelvan siempre berenjenas.
El Román de ese comienzo del segundo tiempo, con un equipo de mediano nivel en su derredor, tiene que alcanzar. Hasta debiera sobrar en este fútbol empobrecido. Muchas veces, a lo largo de su histórica carrera en Boca, Román marcó la diferencia. Y ganamos partidos y títulos. Pero siempre estuvo rodeado por un equipo. Ahora, no.
Pablito Mouche venía siendo de lo mejor pero ahora capotó. Ni un desborde, ni un centro como la gente, insuficiente participación. Erviti, hasta que dramáticamente tuvieron que llevárselo de la cancha, sigue sin ser el Erviti que conociéramos en San Lorenzo y Banfield. El Burro Rivero, otro de los rescatables en lo que va del Clausura, también se perdió, hasta que tuvo que irse (y ahora va a faltar por mucho tiempo).
Y Battaglia… Éste no es Sebas, no sabe dónde pararse, llega tarde, pega, pasa mal la pelota. Y él, durante muchos años, fue el que le dio equilibrio al equipo. Con Bianchi, con Basile, en menor medida con Russo y también con Ischia. ¿Alguna vez volveremos a ver al Sebastián de aquellos tiempos dorados?
Los defensores tienen sus atenuantes, porque si no funciona el medio, el juego les llega mal barajado. Pero igual, individualmente, no resuelven nada. No se explica por qué Falcioni le dio la titularidad a Cellay. Sobre el costado marca incómodo, no es salida y además, compromete permanentemente la pelota. Caruzzo está fallando en tiempo y distancia, algo que, se supone, es una de sus mejores características. Insaurralde es lento por naturaleza y si no tiene protección ni adelante ni a los costados, queda muy en evidencia. A Monzón lo ponen porque se supone que sube bien y que puede meter un zapatazo pero resulta que no hace ni una cosa ni la otra y en cuanto a la custodia de su zona, nunca ha sido rubro en que destaque.
Javi tapó un mano a mano de muy buena manera y mucho trabajo no tuvo, pero en el primer tiempo dio dos rebotes peligrosamente largos y en el segundo gol quedó la sensación de que, en lugar de acompañar la trayectoria del centro, debió haber estado mejor parado para cortar.
Pochi Chávez, cuando entró, pareció que podía ser el asistente que necesitaba Román, metió movilidad, la pidió y se la dieron. Pero fueron fuegos artificiales que se apagaron muy pronto. Y Nico Colazo, que dejó de ser titular sólo porque le falta chapa y lo hicieron pagar platos que él no rompió, no jugó mal, jugó más o menos, metió un zurdazo cruzado que le atajó Tombolini y que pudiera haber cambiado el rumbo del partido. Algo es algo, en medio de la hecatombe.
Y Martín. Duele, lo de Martín. Es Martín, seguirá siéndolo siempre pero… Román le puso una pelota inmejorable en el segundo tiempo pero cuando terminó de acomodar la carrocería, la jugada ya había terminado. Hubo un par de centros a los que no llegó por centímetros y no puede dejar de evocarse que antes llegaba.
El epicentro de todas las puteadas, ¿quién va a ser sino Falcioni? Se metió solito en un laberinto cuando borró a Román. El equipo no lo ayuda y él no encuentra la vuelta. ¿El plantel de Boca es peor que muchos de los que juegan el Clausura? No. Pero el técnico no halla respuestas y él está para eso.
Ojo, no se trata de echarlo y traer a otro porque esta película ya la vimos muchas veces desde tiempos de Ischia hasta hoy, en estos dos años nefastos que llevamos en que no le ganamos a nadie ni en La Bombonera. Falcioni tendrá que descubrir alguna fórmula. Que se quede. Que empiece a sacar lo mejor de cada uno de sus jugadores. Hasta ahora no pudo y con cada partido en contra, las dificultades serán mayores y el margen, menor.
Soluciones fáciles no hay pero sí algunas cosas que están a la vista. Es buen momento para ver cómo anda Lucchetti. Cellay no es lateral, a lo mejor vale probarlo por uno de los centrales. El peor Clemente promete más que el mejor Monzón. Veneramos a Sebas pero hoy está por debajo de Somoza (por más que Somoza equivoque muchas cesiones). Colazo es el volante por izquierda, no hay mejor. Ausente el Burro, que juegue Pochi, a ver si puede sintonizar la frecuencia de Román. Mouche, por ahora, se ganó algún crédito.
Sacar a Martín producirá un movimiento sísmico. Los periodistas van a hacerse un picnic. Pero la verdad es que ya estamos en medio de un terremoto. Una artista plástica, en Mar del Plata, está encargándose de la merecida estatua a Martín. Iremos a verla en el Museo y podremos contarles a los más chicos quién fue el gran Martín. Empero, en la coyuntura, va a haber que buscar otra cosa.

martes, 15 de marzo de 2011

OJO CON LOS PROMEDIOS, POR FAVOR

Estudiantes, 2,016 (155/62); Vélez, 1,967 (152/62); Argentinos, 1,677 (104/62); Banfield, 1,661 (103/62); Newell’s, 1,596 (99/62); Lanús, 1,532 (95/62); Godoy Cruz, 1,435 (89/62); Colón, 1,419 (88/62); Independiente y Racing, 1,403 (87/62); San Lorenzo, 1,387 (86/62); Arsenal, 1,370 (85/62); River, 1,322 (82/62); All Boys, 1,250 (30/24); BOCA, 1,225 (76/62); Olimpo, 1,166 (28/24); Tigre, 1,032 (64/62); Gimnasia y Huracán, 0,951 (57/62); Quilmes, 0,792 (19/24).
Efectivamente, ésta es la tabla de promedios para 2011/12 si la temporada comenzara hoy.
Efectivamente, de los cinco que tenemos abajo, dos se van seguro y en una de esas, se van cuatro.
Efectivamente, si así fuera, allá por agosto estaríamos arrancando con uno solo de todos estos por debajo más los cuatro que subirían.
Efectivamente, si los que suben meten una campaña sólo aceptable, desaparecen de la tabla de promedios, ni se los ve (obsérvese que a All Boys todavía le alcanzaría con el colchón de puntos que hizo en el Apertura para estar arriba nuestro).
Efectivamente, no hacen falta los juicios de valor, bastan los números, las cosas se cuentan solas, como cantaba Piero.
Efectivamente, yo estoy empezando a cagarme.

domingo, 13 de marzo de 2011

OTRO PASO EN FALCIONI (Y VAN CUATRO)

En idéntico partido, el que la colgara de un ángulo bien podría haber sido Monzón y nos íbamos de la Villa 11-14 todos cantando. O silbando tranqui, por lo menos. Lástima, San Lorenzo no le dio a Monzón la oportunidad de patear ni una sola vez al arco (Aureliano Torres, antes del gol, ya nos había hecho sufrir con un tiro libre).
Pablito Mouche, aun en su partido más flojito del año, metió cuatro centros ganadores. Uno lo cabeceó Nico Colazo muy arriba. Otro lo rechazó Migliore, le pegó a Martín y salió cerquita. Los otros dos los cabeceó Martín, uno apenas desviado y el otro muy bien contenido, en dos tiempos, por Migliore (¡por qué no pusiste las manos así de duras aquella noche con Fluminense en la cancha de Racing, Loco!).
Por otra parte, después de esa que rechazó Migliore que le dio en el hombro a Martín, hubo un penal de Migliore. Un penalcito de esos que recién pueden verse bien en la repetición de la tele. Si el referí no lo ve o hace como que no lo ve, ¿qué le vas a decir?
Cuando Lunati le perdonó la segunda amarilla a Martín, éste que escribe pensó: “el mejor favor que podía hacernos era echarlo”. Perdón por la falta de respeto, Martín, son boludeces que se piensan en caliente. Error de éste que escribe. Si al fin y al cabo, los centros de Mouche en busca de la bocha salvadora del viejo y venerable Titán fueron el único, exclusivo testimonio de presencia ofensiva de Boca en la villa 11-14.
Porque fuera de eso, ¿qué? Esa que le quedó al Pochi en el primer tiempo y que remató apurado, sin espacio, había surgido de una jugada en la que Rivero se la llevó a los forecejeos, metiendo tobillo y alma entre cuatro. Vale pero hay que jugar a otra cosa.
Rescatable, lo del Burro. La pelea, la busca, se gana el pan con el sudor de la frente, sin desmayos. Eso siempre nos ha seducido. Pero con eso solo no alcanza y esto no va por Rivero. El equipo, en su conjunto, tiene que exponer argumentos mejores, más variados, mejor elaborados. Mejor pensados, sobre todo.
Si la imagen que se da (que se viene dando) es esa del Chaco Insaurralde tirando la pelota a la mierda por un costado cuando tiene tiempo de pararla y mirar a quién dársela, es muy poco lo que puede pretenderse. O nada.
Otra cosita: con Cellay por derecha, estamos rengos. Porque Cellay va hasta tres cuartos y mete un pelotazo frontal para que lo saquen Bottinelli o Tula o Fernando Ortiz o Sebastián Domínguez. Así será siempre. No puede esperarse, salvo por excepción (pero muy excepcional), que Cellay pase, llegue hasta los últimos metros y meta un centro como la gente. No es su culpa, no es lo suyo.
En suma, que Boca jugó igual que con Vélez, igual que con All Boys y también igual que con Racing, aunque en Avellaneda se haya ganado. La única vez que jugó a otra cosa fue con Godoy Cruz. Esa vez falló en la definición pero no en la elección de los caminos para llegar. Y claro, pequeño detalle, fracasó por completo en función defensiva, no paró a nadie y por eso terminó perdiendo 1-4.
Se acepta o mejor aún, se aprueba, se apoya que el técnico no diga públicamente todo lo que piensa. Hay cosas, muchas, que debe guardárselas para sus jugadores, para dentro de las cuatro paredes. Pero debe encontrar un discurso más verosímil. Porque si honestamente él se creyera lo que dice frente a los micrófonos, entonces estamos fritos.
“El equipo estuvo, ordenado, correcto en la contención, fue tan protagonista como el rival, ningún rival nos superó con claridad, San Lorenzo nos llegó dos veces y concretó, las situaciones nuestras fueron por juego”. (¿¿¿¿????). Eso no es ver la mitad del vaso lleno, es contentarse con un sorbito insignificante que ni alcanza para humedecer los labios mientras la realidad nos grita que nos vamos a morir de sed.
Resulta que “el equipo estuvo correcto en la contención” pero un reconocido pateador como Aureliano Torres tuvo tiempo y espacio para secarse la frente, mirar, acomodarse y tomar carrera antes de colgarla de un ángulo. ¿Así que “las situaciones nuestras fueron por juego”? ¿Cuáles? ¿La que el Burro se llevó a los forcejeos y los cuatro centros de Pablo en búsqueda de alguna cabeza? ¿Eso es “juego”?
Y el remate: “Estamos a (nada más) seis puntos de los punteros”. Sí, Julito, Pelu… y van cuatro fechas. O menos, mejor dicho. Y ahora andá a prender velas para que no ganen ni Estudiantes ni Racing ni los que te jedi…

lunes, 7 de marzo de 2011

NADA POR AQUÍ, NADA POR ALLÁ

Uno nunca puede saber cuándo los técnicos son sinceros y cuándo esconden. Es comprensible, Hay cosas que deben guardárselas para los jugadores. Por eso, seamos piadosos, no tomemos por veraces ni por francas esas declaraciones de Falcioni, de que sólo se preocuparía “si Boca no tuviera opciones” y que “en todos los partidos generamos más que el adversario pero no fuimos certeros”.
¿Qué “opciones”? ¿Qué “generamos”? No, no, supongamos que está tratando de proteger a sus jugadores, que en la intimidad les dice otra cosa porque si no…
¿”Opciones”? La de Mouche, esa en que le regaló la pelota al arquero, fue una bocha que podemos considerar bien puesta por Erviti (¡una!) pero por sobre todo, la jugada derivó de una falla muy evidente de los defensores rivales, muy mal parados. ¿Y después? Un tiro de Colazo que exigió a Barovero en el primer tiempo, un cabezazo de Caruzzo de pelota parada, esa media vuelta de Viatri, ya en el final… Casi nada, mucho menos que con All Boys y con All Boys ya se había jugado mal.
Pablo sigue siendo el que más propone pero esta vez se oscureció, no fue claro y sigue fallando en la definición. Martín baja pelotas para atrás y los costados pero en el área, cero. ¿Y qué es Martín si es cero en el área? No se trata sólo de que no haya convertido un gol en ninguno de los cuatro partidos sino que prácticamente no tuvo oportunidades. Viatri, en un ratito, asustó más que Martín. No es cuestión de disculparlo pero también, ¿quién le da juego?
Porque se repite, para que quede claro, y que nadie vaya a discutirlo, la madre de todos los problemas es el medio juego. Esta vez Falcioni lo puso a Erviti de doble cinco, con la idea de que fuera él quien le diera volumen, como en los tiempos de Banfield. ¿O era el colombiano James Rodríguez el hombre clave de aquel medio campo de Banfield? Lo cierto es que Erviti fracasó. Clamorosamente, fracasó. Por empezar, tuvo insuficiente contacto con la pelota. Justo él que, en teoría, tenía que ser el que la manejara.
¿Por qué fue Nico Colazo el primero en salir? No era el peor de los volantes, seguro. ¿Falcioni habrá pensado en sumar los buenos manejos de Erviti y Pochi Chávez? ¿Habrá pensado que con Pochi en la cancha Erviti podía disponer de mayores libertades y entonces, por fin, hacerse ver?
Más o menos aceptable lo de Rivero. Es guerrero, se nubla pero tiene entrega, tiene fibra. ¡Qué mal que anda Battaglia! Irreconocible. No recupera nada. Corre detrás de la pelota y no la encuentra.
Falcioni no tiene ningún problema en colgar al Pampa Calvo. ¿Qué le va a decir, el Pampa? Y si no lo tiene a Monzón, lo pone a Cellay. Cellay no es lateral pero además, se lo ve lento, como pesado. Y queda expuesto. Al final, cuando cual manotazo de ahogado llega el ingreso de Viatri por un defensor, Falcioni elige sacarlo a Clemente. Clemente también está jugando mal pero al menos, de él alguna vez puede esperarse una aparición ofensiva. ¿Por qué no salió Cellay? ¿Para que en el fondo quedaran tres centrales? ¿Y para qué queríamos tres centrales, a los 35 minutos del segundo tiempo?
Demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Este Boca no tiene respuestas. Van cuatro fechas y ya estamos a cinco de los punteros, en el puesto decimoquinto de la tabla. Acorde con esto en que se ha convertido Boca desde 2009 a la fecha. ¿Quién nos salva? Si, claro, quién va a ser. ¡Román! Roguemos que se le mejore esa maldita rodilla izquierda. Y si se le mejora, después roguemos para que al técnico no se le vaya a ocurrir dejarlo fuera por cuestiones de “funcionamiento”.