Angelici
anda por las Uropas, operando con sus fuegos de artificio. Que la
Superliga, que la Liga Sudamericana, que Rummenigge y la mar en coche
y mientras tanto, nos mandan al matadero... Lanús de visitante en la
primera fecha. Bien, bien, muy bien... Guillermo pidió a Marchesín,
los dos Gómez, Pizarro, el paraguayo Ayala, Melano, el Laucha
Acosta, Romero, el Pulpito González... Ya que estábamos, podría
haber pedido también a Nicolás Russo de presidente, ahí sí que
marcábamos un salto de calidad.
Boca,
en definitiva, no jugó ni bien ni demasiado mal, fue híbrido,
inconsistente, gelatinoso. Sostuvo bien el primer tiempo, después
empezó a desacomodarse y cuando pasó a perder, ya no encontró
respuestas. La idea fundacional se ve clara, pelota al piso,
asociaciones, paciencia. La deuda es la profundidad. La presión alta
es un arma poderosa pero hay que trabajarla mucho para que se ejecute
debidamente. Si Carlitos va a apretar y Pavón no lo acompaña y un
volante va pero otro no, entonces no hay presión alta.El propio
Carlitos se encargó de hacérselo notar a sus compañeros y a todo
el estadio en un par de oportunidades.
Lanús
tiene un libreto parecido pero ya lo sabe de memoria, ahí se
estableció una diferencia, la primera. Era como un paso de comedia
que en determinados pasajes, los dos equipos se esforzaran por ser
prolijos, por circular de abajo, por ubicar al compañero, por
asegurar la entrega hasta que de repente la pelota iba a encontrarse
con los pies del Chaco Insaurralde y
¡zas!
A la concha de la lora.
La
otra diferencia que se apreció desde un principio fue que Boca no
tenía en la cancha un jugador que arreara gente en velocidad, como
Lanús tenía a Almirón y al Laucha Acosta. Pavón es otra cosa, es
veloz y con él se podía llegar a ganar por el lado de Velázquez,
de hecho se ganó algunas veces pero Cristian es de recorridos más
cortos y de terminarlas más por afuera.
La
jugada del penal fue una muestra, Acosta encaró recto para el área,
nadie atinó a contenerlo hasta los últimos metros y terminó
bajándolo Vergini, menos mal que después Montenegro la tiró a la
tribuna, era una lástima irnos al vestuario abajo tras un primer
tiempo en que no nos habíamos visto del todo mal. Porque salvo esa
que armaron al principio, la jugada colectiva mejor concebida y
elaborada de todo el partido, la que terminó rematando Almirón y
que Sara sacó muy bien al corner, ellos no tuvieron otras que fueran
ciertamente profundas.
Todos
le estamos apuntando a Carlitos porque se supone que es el
“distinto”, desde acá también lo hemos castigado. Y es verdad,
él tiene que darnos el plus y no nos lo da. Ahora bien, así y todo,
justo es señalar que, en el primer tiempo, puso tres bochas
magistrales. En la primera, Benedetto quiso definir fino frente a
Monetti, no le dio la fuerza suficiente y dio tiempo a que llegara
Braghieri para sacarla. Con el diario del lunes podemos decir que
Benedetto tendría que haber roto el arco pero también es verdad
que, si entraba, estaríamos hablando de una definición exquisita.
En la segunda y la tercera el que quedó solo fue Pavón pero se
apuró, ambas veces. En una le pegó mordido, cruzado y desviado,
tenía todo un catálogo de cosas para elegir y tiempo suficiente
para que la elección fuese la adecuada. En la segunda le dio al
primer palo y se le fue.
En
el segundo tiempo, de entrada, tuvimos una bola parada bien manejada:
centro de Castellani a primer palo, peinada de Carlitos y por poco no
llegó el Chaco sobre el sector opuesto. Pero enseguida y aunque el
partido estaba panteado en términos parecidos a los del primer
tiempo, empezamos a desnudar problemas de retroceso.
A
este gil que escribe no le van a decir que no avisó: con Pablo Pérez
y Bentancur de doble cinco tenemos buena salida, como se volvió a
ver en el primer tiempo pero si hay que achicar espacios hacia atrás,
ni uno ni otro tienen el oficio suficente. Por ahí empezó a
inclinarse el partido para el lado de Lanús.
Antes
del gol habían tenido esa de Moreno, que dejó atrás a Sara y nos
salvaron entre Fabra (que no anduvo mal) y el palo. Había sido una
muy mala salida de Vergini que nos dejó descubiertos. Vergini acertó
en la mayoría de sus participaciones, se lo ve sobrio y aplomado.
Pero cometió el penal porque fue muy al bulto y se equivocó muy feo
en esa salida de referencia. Regaló, en definitiva, dos goles (que
por suerte no tuvieron concreción).
En
el gol, bueno, Moreno puso quinta y lo dejó en ridículo al Chaco
Insaurralde, su lentitud de movimientos en primer plano. Desde ese
mismo momento adivinamos lo peor. Centro, Sand al palo y rebote con
todo el arco para que Acosta nos ajusticiara. Fue, por ciento, uno de
los hombre clave del partido, el Laucha. El mismo que, cuando estuvo
con nosotros, se desgarraba subiendo la escalerita del túnel. Bueno,
por lo menos, esta vez se desgarró de nuevo.
Otra
diferencia fundamental estuvo en los bancos. Porque Lanús guardó al
histórico Sand y al ignoto Moreno para tirarlos a la cancha en el
momento adecuado. Y Moreno, especialmente, sacudió el partido, nos
revolvió los papeles, nos cambió la partitura. Nosotros mirábamos
para el costado y el único que nos prometía algo era Centurión.
Y
entró Centurión, nomás, en lugar de Castellani. Castellani, hasta
el jueves, estaba más fuera de Boca que dentro. ¿Cómo fue que, de
la nada, de no ir ni al banco ni concentrarse para jugar con San
Lorenzo y con Santamarina, apareció de titular en la primera fecha
del campeonato? Guillermo explicó, después, que contra un equipo
que se basa en la tenencia, Boca tenía que apuntar a lo mismo y con
Castellani se proponía mejor tenencia que con Zuqui. En fin. Por
empezar, nunca, pero nunca, me ha gustado que se decida la formación
en función del rival. Y no es que Castellani haya fracasado más que
otros en lo individual ni mucho menos que su inclusión nos haya
condenado a la derrota pero es que, en el tiempo que ha estado con
nosotros, se ha caracterizado por no definir nada. Y sigue sin
definir nada.
Centurión
comenzó con algunas insinuaciones por la izquierda, en una de las
primeras estuvieron muy cerca de cometerle penal. Por el otro lado,
Pavón contra Velázquez seguía siendo la otra carta que teníamos.
Carlitos, Pablo Pérez y Peruzzi lo buscaron bien algunas veces. Pero
Boca ya estaba muy jugado, caminaba por la cornisa, cuando se perdía
la pelota el equipo nunca estaba bien armado, estábamos más para el
0-2 que para el 1-1.
El
otro cambio, segundo y último, fue Bou por Benedetto, como para ver
qué pasaba. La verdad es que no me convence ninguno de los dos 9 que
trajimos. A Bou no se le puede decir nada, porque ha sumado muy pocos
minutos de competencia. Pero los dos, son jugadores que no llenan,
cambios de figuritas, nombres que no anuncian ninguna revolución.
Benedetto pareciera que camina bien la cancha, abre espacios, usa
bien el cuerpo pero no asusta a nadie. La que tuvo, por lo que fuere,
no terminó en gol. Si va a ser el 9, necesitamos mucho más
presencia de él.
Se
fue una fecha y ya empezamos corriendo de atrás. Para peor, ahora
hay dos semanas de parate. Vamos a ver cómo sigue esto pero el
cuadro de situación, al momento, es que no hay por qué hacerse
demasiadas ilusiones con lo que pueda producir este Boca.
EL
BOLETÍN: SARA 6, PERUZZI 5, VERGINI 4, INSAURRALDE 3, FABRA 6, PABLO
PÉREZ 5, BENTANCUR 5, PAVÓN 5, TEVEZ 6, CASTELLANI 4, BENEDETTO 4
(FI), CENTURIÓN 5, BOU NC.