La gira terminó como tenía que terminar. Quedarse varado en Venezuela y acabar de complicar todos los planes en la semana previa al inicio del torneo va en consonancia con haber jugado cuatro partidos en seis días. Todo mal.
Otro triunfo por penales al cabo de un partido para olvidar rápidamente. Ya estábamos en el horno cuando llegó el postrer gol del Negro Flores. Fue lo mejor que se vio, pelota muy bien puesta por Leo Paredes en el tiro libre y gran cabezazo del Negro, bien cruzado para que entrara muy lejos del arquero.
Mala salida de D’Angelo en la jugada previa al penal para All Boys. Mal calculo de tiempo y distancia. Igual, la gira le hizo muy bien a D’Angelo. Con Quilmes va a estar él porque seguramente Ustari va a necesitar algunos partidos en Reserva, después de un año sin jugar.
La sensación, con otros jugadores, volvió a ser la misma del partido con Anzoátegui. Los jugadores tenían menos ganas de jugar que de volver cuanto antes a la Argentina. Mejor ni pensar en lo mal que los debe haber puesto la demora en Venezuela.
Bien pateados los penales. Muy seguros Nico Blandi, Leo Paredes, Cellay y Tito Noir. Por suerte ellos los patearon mal y nos quedamos con la copita. Lo que siempre digo, los amistosos no serán por los bifes pero mejor ganarlos que perderlos.
Parece que los dirigentes están tratando de postergar el partido con Quilmes pero difícil que nos den bola. Joderse por armar una gira con los tiempos tan justos.
martes, 31 de julio de 2012
lunes, 30 de julio de 2012
PREOCUPANTE
Dos noticias, una buena y una mala.
La buena, ¡logré verlo por internet! Un logro sensacional si se toma en cuenta mi irreversible pésima relación con la informática.
La mala: Boca no jugó a nada. Los jugadores dan la sensación de estar agotados, comprensible dada la sucesión de partidos, su superposición con los entrenamientos, los viajes y los cambios de clima. No hay respuestas, no hay nada. Y preocupa, claro que preocupa.
En el gol de Anzoátegui, nos meten un pase entre líneas que deja fuera de combate a los centrales y el tucumano Sosa corre desde atrás de ese Reyes sin posibilidad de alcanzarlo. Si la jugada venía desde el sector opuesto, él tiene que estar listo para cerrar por detrás del Flaco Schiavi. ¿Dónde estaba?
Boca jugó todo el partido a ritmo de minué, previsible, sin aceleración. D’Angelo tapó dos buenas pelotas que perfectamente pudieron habernos dejado 0-3 en el primer tiempo.
Igual, por dominio territorial, por posesión, se pudo haber llegado al empate antes. Falcioni movió la estantería al comenzar el segundo tiempo y algo salió. Tito Noir de punta con Silva (al Tanque no lo saca nunca), Viatri más retrasado y Pochi por una banda. No es la posición más conveniente para Pochi pero en la coyuntura, fue un buen recurso. Algo se mejoró aunque de todos modos, daba la sensación de que era muy difícil que el gol llegara.
Una vez más, cuando entró, Jopito Álvarez sacudió el partido. Anda bien, está para seguir sumando minutos cuando empiece la competencia en serio.
El gol, finalmente, provino de una de las muy pocas oportunidades en que Clemente pasó a posiciones ofensivas. ¿Qué es Clemente si no sube? Él está para eso en primer término. Si se queda abajo, si no pasa, es como si no estuviera en la cancha. Definió bien Jopito, sin hesitar, como se decía antes, de prima y adentro. Y es importante el lugar desde donde marcó. Los volantes tienen que aparecer en zona de definición, con frecuencia. Jopito lo entendió.
En el último tramo se pudo haber ganado. Anzoátegui no quería más. Para ellos, un empate con Boca debe saber a gloria. Se estuvo más cerca aun con la expulsión de Viatri. Ese morochito referí es igual que todos los pitos del mundo. Yo no sé qué le habrá dicho Lucas pero es que Lucas estaba podrido de que lo voltearan, lo agarraran, lo empujaran. Lo de siempre, los pitos se bancan a los que no quieren jugar, a los que faulean por sistema pero si uno se fastidia y les dice algo… ¡Ah, no! Con ellos no hay que meterse.
Se patearon bien los penales y dos de ellos la tiraron a los caños. Mejor así. Se ganó. Esta noche, con All Boys, se termina esta gira de mierda. Después, otro viaje, un día de descanso y tres entrenamientos forzosamente livianitos antes de ir a la cancha de Quilmes. No llegamos bien, mejor vayámoslo asumiendo desde ahora. Al equipo se lo ve como desgastado y resulta que la temporada está recién empezando. Esta gira programada tan a contramano no ayuda sino todo lo contrario. Y Román…
La buena, ¡logré verlo por internet! Un logro sensacional si se toma en cuenta mi irreversible pésima relación con la informática.
La mala: Boca no jugó a nada. Los jugadores dan la sensación de estar agotados, comprensible dada la sucesión de partidos, su superposición con los entrenamientos, los viajes y los cambios de clima. No hay respuestas, no hay nada. Y preocupa, claro que preocupa.
En el gol de Anzoátegui, nos meten un pase entre líneas que deja fuera de combate a los centrales y el tucumano Sosa corre desde atrás de ese Reyes sin posibilidad de alcanzarlo. Si la jugada venía desde el sector opuesto, él tiene que estar listo para cerrar por detrás del Flaco Schiavi. ¿Dónde estaba?
Boca jugó todo el partido a ritmo de minué, previsible, sin aceleración. D’Angelo tapó dos buenas pelotas que perfectamente pudieron habernos dejado 0-3 en el primer tiempo.
Igual, por dominio territorial, por posesión, se pudo haber llegado al empate antes. Falcioni movió la estantería al comenzar el segundo tiempo y algo salió. Tito Noir de punta con Silva (al Tanque no lo saca nunca), Viatri más retrasado y Pochi por una banda. No es la posición más conveniente para Pochi pero en la coyuntura, fue un buen recurso. Algo se mejoró aunque de todos modos, daba la sensación de que era muy difícil que el gol llegara.
Una vez más, cuando entró, Jopito Álvarez sacudió el partido. Anda bien, está para seguir sumando minutos cuando empiece la competencia en serio.
El gol, finalmente, provino de una de las muy pocas oportunidades en que Clemente pasó a posiciones ofensivas. ¿Qué es Clemente si no sube? Él está para eso en primer término. Si se queda abajo, si no pasa, es como si no estuviera en la cancha. Definió bien Jopito, sin hesitar, como se decía antes, de prima y adentro. Y es importante el lugar desde donde marcó. Los volantes tienen que aparecer en zona de definición, con frecuencia. Jopito lo entendió.
En el último tramo se pudo haber ganado. Anzoátegui no quería más. Para ellos, un empate con Boca debe saber a gloria. Se estuvo más cerca aun con la expulsión de Viatri. Ese morochito referí es igual que todos los pitos del mundo. Yo no sé qué le habrá dicho Lucas pero es que Lucas estaba podrido de que lo voltearan, lo agarraran, lo empujaran. Lo de siempre, los pitos se bancan a los que no quieren jugar, a los que faulean por sistema pero si uno se fastidia y les dice algo… ¡Ah, no! Con ellos no hay que meterse.
Se patearon bien los penales y dos de ellos la tiraron a los caños. Mejor así. Se ganó. Esta noche, con All Boys, se termina esta gira de mierda. Después, otro viaje, un día de descanso y tres entrenamientos forzosamente livianitos antes de ir a la cancha de Quilmes. No llegamos bien, mejor vayámoslo asumiendo desde ahora. Al equipo se lo ve como desgastado y resulta que la temporada está recién empezando. Esta gira programada tan a contramano no ayuda sino todo lo contrario. Y Román…
sábado, 28 de julio de 2012
PASITO ATRÁS
La impresión que me quedó después de escucharlo por Rivadavia es que no habíamos empezado a jugar hasta los cambios. Como que Jopito Álvarez y Tito Noir revolvieron el partido. Al menos, hubo un montón de situaciones en que Caími, el relator, gritó. Antes, nada.
Me está empezando a generar desconfianza lo de Leo Paredes. Es muy joven, demasiado pero ya le dieron unos cuantos partidos y en ninguno mostró lo que se le ve en otras divisiones. Ni siquiera insinuaciones. Las condiciones técnicas que tiene son realmente excepcionales. Manejo, pegada, panorama, tranco largo… Hay que esperarlo pero de alguna manera tiene que comprender que no son tantos los trenes que pasan y hay que subirse a alguno. En ese sentido, Jopito parece estar mas maduro y también es lógico, porque es mayor. Aunque Jopito no es un enganche clásico.
También despertó elogios en la transmisión radial el Paragua Gaona Lugo aunque parece que le faltó precisión. Le pasa muchas veces que se acelera. Esta temporada tiene que ser definitoria para él, veremos para qué está en definitiva, esperemos que tenga oportunidades.
Otro elogiado fue Vicentini. Es un arquero sobrio, que hace los movimientos justos. Tiene más para desarrollar que D’Angelo, seguro. Y un físico que de movida impone respeto. Aunque a uno y a otro les pasó que estuvieron mucho tiempo esperando. También están, los dos, en etapa de definiciones.
Perdimos y por lo que se sabe, era como para empatarlo, por lo menos. Yo no soy de esos que sienten que los amistoso no importan. Claro que importan menos que la final de la Libertadores pero no es lo mismo ganarlos que perderlos. Mejor ganarlos.
El maratón sigue en Venezuela con partidos domingo y lunes. Fatigoso, muy fatigoso, desgastante. Esperemos que se esté a la altura de Boca.
Me está empezando a generar desconfianza lo de Leo Paredes. Es muy joven, demasiado pero ya le dieron unos cuantos partidos y en ninguno mostró lo que se le ve en otras divisiones. Ni siquiera insinuaciones. Las condiciones técnicas que tiene son realmente excepcionales. Manejo, pegada, panorama, tranco largo… Hay que esperarlo pero de alguna manera tiene que comprender que no son tantos los trenes que pasan y hay que subirse a alguno. En ese sentido, Jopito parece estar mas maduro y también es lógico, porque es mayor. Aunque Jopito no es un enganche clásico.
También despertó elogios en la transmisión radial el Paragua Gaona Lugo aunque parece que le faltó precisión. Le pasa muchas veces que se acelera. Esta temporada tiene que ser definitoria para él, veremos para qué está en definitiva, esperemos que tenga oportunidades.
Otro elogiado fue Vicentini. Es un arquero sobrio, que hace los movimientos justos. Tiene más para desarrollar que D’Angelo, seguro. Y un físico que de movida impone respeto. Aunque a uno y a otro les pasó que estuvieron mucho tiempo esperando. También están, los dos, en etapa de definiciones.
Perdimos y por lo que se sabe, era como para empatarlo, por lo menos. Yo no soy de esos que sienten que los amistoso no importan. Claro que importan menos que la final de la Libertadores pero no es lo mismo ganarlos que perderlos. Mejor ganarlos.
El maratón sigue en Venezuela con partidos domingo y lunes. Fatigoso, muy fatigoso, desgastante. Esperemos que se esté a la altura de Boca.
jueves, 26 de julio de 2012
PASITO ADELANTE
Directv no tengo y no conseguí a ningún conocido que tuviera, así que el partido lo escuché por La Red y después vi las escenas que pasaron en los noticieros, como en tiempos pretéritos. Al menos, ahora la tele es en color. Es gracioso memorar que allá por los años sesenta teníamos opiniones muy definidas sobre jugadores y equipos a los que no veíamos casi nunca. En el caso de los que entonces éramos pibes, seguramente no teníamos idea de la cantidad de mentiras que se dicen y se escriben. ¡Los buzones que habremos comprado sin siquiera darnos cuenta!
Siempre es bueno empezar ganando. En este tipo de partido, si ganás no pasa nada y esa es la mejor noticia porque si perdés, te empiezan a mover el piso desde afuera, por si hiciera falta. Más en la coyuntura, sin haber elaborado todavía el duelo por Román.
Por más que lo hayas visto completo, nunca son muchas las conclusiones que pueden sacarse. Con el extracto de los noticieros, una conclusión surge y es que se trató de un partido demasiado light. Prueba de ello son los tres goles.
En el primero Pochi le pegó muy bien pero es insólito que le hayan dado tanto tiempo y espacio en la media luna. En el de ellos, un jugador rival gana una pelota en que dos de Boca se molestan y después define sin que ninguno de los cinco de Boca que lo rodeaban atinara a obstruirle el remate. Y en el último, no llegó a meterla Silva, la metió Erviti y si no la metía Erviti, la metía Viatri, todo con los jugadores de ellos mirándola pasar de un lado para el otro en su propia área.
Está claro que el que puso Falcioni es el equipo que tiene pensado para ir a Quilmes, cuando empecemos a jugar por los porotos, dentro de diez días. Tal vez con la variante de Ustari en lugar de D’Angelo. Escribo estas líneas siendo las 6.04 PM del jueves, desde ayer vengo teniendo noticia de que Ustari llega en cualquier momento pero hasta ahora, que me haya enterado, no llegó. Me está recordando al general Alais, este Ustari.
De D’Angelo, que era el principal foco de interés en el debut, se vio en los noticieros que sacó dos muy buenas pelotas, una en cada tiempo. Para él era imprescindible empezar a tener minutos de competencia aunque más no fuera en amistosos porque ya hace dos años que es el tercer arquero de Boca, que es parte del plantel principal y no había jugado absolutamente nunca.
Parece que empezaron a moverse los directivos. Si termina de hacerse lo de Burdisso, será, en principio, muy valioso. Es buen cabeceador en las dos áreas, viene de un muy buen año en Arsenal, es hermano de Nico, que nos dejó muy buen recuerdo y además, tiene un sabor especial habérselo sacado de las fauces a los que te jedi. Hace de cuenta que gana Boca 1 a 0. A Magallán lo vi muy poco pero las referencias son inmejorables y que Guillermo haya dicho que “es un nuevo Samuel” es un dato para tener muy en consideración.
Falta un delantero por afuera, como bien lo dice el propio Falcioni. Hauche, el que se menciona, es interesante. Es verdad que perdió terreno en los últimos tiempos en Racing pero puede haberse tratado de un mal momento en un equipo que no hacía pie. Es un jugador que tiene campo por delante para seguir desarrollándose y que puede aportarnos soluciones.
Mañana, con el Santa Fe, ya avisó Falcioni que van a jugar, básicamente, los que no lo hicieron ayer. Vamos a ver cómo andan los suplentes. Igual, sigue pareciendo que lo que tenemos puede no alcanzar y el agujero que nos hizo la salida de Román no va a ser tan fácil de rellenar, tengamos conciencia de ello.
Siempre es bueno empezar ganando. En este tipo de partido, si ganás no pasa nada y esa es la mejor noticia porque si perdés, te empiezan a mover el piso desde afuera, por si hiciera falta. Más en la coyuntura, sin haber elaborado todavía el duelo por Román.
Por más que lo hayas visto completo, nunca son muchas las conclusiones que pueden sacarse. Con el extracto de los noticieros, una conclusión surge y es que se trató de un partido demasiado light. Prueba de ello son los tres goles.
En el primero Pochi le pegó muy bien pero es insólito que le hayan dado tanto tiempo y espacio en la media luna. En el de ellos, un jugador rival gana una pelota en que dos de Boca se molestan y después define sin que ninguno de los cinco de Boca que lo rodeaban atinara a obstruirle el remate. Y en el último, no llegó a meterla Silva, la metió Erviti y si no la metía Erviti, la metía Viatri, todo con los jugadores de ellos mirándola pasar de un lado para el otro en su propia área.
Está claro que el que puso Falcioni es el equipo que tiene pensado para ir a Quilmes, cuando empecemos a jugar por los porotos, dentro de diez días. Tal vez con la variante de Ustari en lugar de D’Angelo. Escribo estas líneas siendo las 6.04 PM del jueves, desde ayer vengo teniendo noticia de que Ustari llega en cualquier momento pero hasta ahora, que me haya enterado, no llegó. Me está recordando al general Alais, este Ustari.
De D’Angelo, que era el principal foco de interés en el debut, se vio en los noticieros que sacó dos muy buenas pelotas, una en cada tiempo. Para él era imprescindible empezar a tener minutos de competencia aunque más no fuera en amistosos porque ya hace dos años que es el tercer arquero de Boca, que es parte del plantel principal y no había jugado absolutamente nunca.
Parece que empezaron a moverse los directivos. Si termina de hacerse lo de Burdisso, será, en principio, muy valioso. Es buen cabeceador en las dos áreas, viene de un muy buen año en Arsenal, es hermano de Nico, que nos dejó muy buen recuerdo y además, tiene un sabor especial habérselo sacado de las fauces a los que te jedi. Hace de cuenta que gana Boca 1 a 0. A Magallán lo vi muy poco pero las referencias son inmejorables y que Guillermo haya dicho que “es un nuevo Samuel” es un dato para tener muy en consideración.
Falta un delantero por afuera, como bien lo dice el propio Falcioni. Hauche, el que se menciona, es interesante. Es verdad que perdió terreno en los últimos tiempos en Racing pero puede haberse tratado de un mal momento en un equipo que no hacía pie. Es un jugador que tiene campo por delante para seguir desarrollándose y que puede aportarnos soluciones.
Mañana, con el Santa Fe, ya avisó Falcioni que van a jugar, básicamente, los que no lo hicieron ayer. Vamos a ver cómo andan los suplentes. Igual, sigue pareciendo que lo que tenemos puede no alcanzar y el agujero que nos hizo la salida de Román no va a ser tan fácil de rellenar, tengamos conciencia de ello.
lunes, 23 de julio de 2012
¿NO SERÁ POCO?
Se fue el Chaco Insaurralde. De un saque, largamos a cuatro centrales (el Chaco, Sauro y Ruiz más Roncaglia que también es central) y cayó de vuelta Cellay, a quien Estudiantes no lo quiso.
Se fueron Cvitanich, Mouche y Araujo, cayó de vuelta Noir, que en el último semestre, en Newell’s, no jugaba nunca.
Voló imprevistamente Sosa, Orion está afuera por tres meses como mínimo y llegó Ustari, que en su momento pintaba para arquerazo pero que hace más de un año que no juega.
Román pegó un portazo, Seba Battaglia (penosamente) parece estar sólo para el partido de homenaje y no hay ningún volante nuevo.
Moscariello, el paracaidistas (cero historia en el club, vice sólo por ser operador político de Macri), presidente en ejercicio mientras Angelici pasea por Europa, dice que “no vamos a traer a nadie” y que “tenemos plantel para pelear”.
¿Alcanzará?
Veamos, el equipo de Falcioni, hoy, parece ser: D’Angelo (o Ustari); el Apu Sosa, el Flaco Schiavi, Caruzzo y Clemente; Pablito Ledesma, Leo Somoza, Erviti; Pochi; Viatri y Silva.
Alternativas: Ustari (o D’Angelo), el Chino Aguirre, Brian Flores, Cellay, el Gordo Sánchez Miño; el Burro Rivero, el Pichi Erbes o el Neri Benavídez, Nico Colazo (que por suerte ya está); Jopito Álvarez o Leíto Paredes; Tito Noir o el Paragua Gaona Lugo y Nico Blandi.
Sí, la mayoría tiene menos pero nosotros somos Boca. Nadie que rompa el molde. ¿Pochi está para que se le confíe la conducción así nomás? Sabemos que no es Román y nunca va a serlo. Si se juega 4-4-2, como dicen que quiere Falcioni, ¿será Erviti el cinco que se suelte como lo hacía en Banfield y como pocas veces lo hizo en Boca? ¿Vamos a jugar con dos nueves, con el riesgo de que se choquen entre ellos? Y si va uno por afuera, ¿será Noir, que viene de un año en blanco en Rosario? ¿O Gaona, con tan poco rodaje?
Faltan trece días para el debut en Quilmes y lo que se ve no entusiasma para nada, siembra muchas dudas y ninguna certeza. Difícil creer que la conducción esté guardando cartuchos para la última semana de libro de pases, porque Moscariello ya reveló una línea de pensamiento y porque los dirigentes que tenemos no parecen ser de los mejores “estrategos”. A propósito, la gira por Colombia y Venezuela, con cuatro partidos en seis días, ¿quién la armó? ¿Passarella?
Román, parece, se va a quedar seis meses en su casa. No queramos creer que se sentará en la puerta a ver pasar los cadáveres de sus enemigos pero la salida de Román no es un hecho aislado, es sólo el episodio más resonante de una política errática, que no se entiende. O por mejor decir, lo que se entiende es terrorífico.
Lo que se observa es ni más ni menos que un vaciamiento. Ojalá los que están se enderecen y empiecen a conseguirse resultados pero hoy por hoy hay que ser demasiado optimista para avizorar que eso va a suceder.
Se fueron Cvitanich, Mouche y Araujo, cayó de vuelta Noir, que en el último semestre, en Newell’s, no jugaba nunca.
Voló imprevistamente Sosa, Orion está afuera por tres meses como mínimo y llegó Ustari, que en su momento pintaba para arquerazo pero que hace más de un año que no juega.
Román pegó un portazo, Seba Battaglia (penosamente) parece estar sólo para el partido de homenaje y no hay ningún volante nuevo.
Moscariello, el paracaidistas (cero historia en el club, vice sólo por ser operador político de Macri), presidente en ejercicio mientras Angelici pasea por Europa, dice que “no vamos a traer a nadie” y que “tenemos plantel para pelear”.
¿Alcanzará?
Veamos, el equipo de Falcioni, hoy, parece ser: D’Angelo (o Ustari); el Apu Sosa, el Flaco Schiavi, Caruzzo y Clemente; Pablito Ledesma, Leo Somoza, Erviti; Pochi; Viatri y Silva.
Alternativas: Ustari (o D’Angelo), el Chino Aguirre, Brian Flores, Cellay, el Gordo Sánchez Miño; el Burro Rivero, el Pichi Erbes o el Neri Benavídez, Nico Colazo (que por suerte ya está); Jopito Álvarez o Leíto Paredes; Tito Noir o el Paragua Gaona Lugo y Nico Blandi.
Sí, la mayoría tiene menos pero nosotros somos Boca. Nadie que rompa el molde. ¿Pochi está para que se le confíe la conducción así nomás? Sabemos que no es Román y nunca va a serlo. Si se juega 4-4-2, como dicen que quiere Falcioni, ¿será Erviti el cinco que se suelte como lo hacía en Banfield y como pocas veces lo hizo en Boca? ¿Vamos a jugar con dos nueves, con el riesgo de que se choquen entre ellos? Y si va uno por afuera, ¿será Noir, que viene de un año en blanco en Rosario? ¿O Gaona, con tan poco rodaje?
Faltan trece días para el debut en Quilmes y lo que se ve no entusiasma para nada, siembra muchas dudas y ninguna certeza. Difícil creer que la conducción esté guardando cartuchos para la última semana de libro de pases, porque Moscariello ya reveló una línea de pensamiento y porque los dirigentes que tenemos no parecen ser de los mejores “estrategos”. A propósito, la gira por Colombia y Venezuela, con cuatro partidos en seis días, ¿quién la armó? ¿Passarella?
Román, parece, se va a quedar seis meses en su casa. No queramos creer que se sentará en la puerta a ver pasar los cadáveres de sus enemigos pero la salida de Román no es un hecho aislado, es sólo el episodio más resonante de una política errática, que no se entiende. O por mejor decir, lo que se entiende es terrorífico.
Lo que se observa es ni más ni menos que un vaciamiento. Ojalá los que están se enderecen y empiecen a conseguirse resultados pero hoy por hoy hay que ser demasiado optimista para avizorar que eso va a suceder.
lunes, 16 de julio de 2012
SIN TIMÓN
Ni siquiera cuidan mínimamente las formas, las apariencias. Román se va de Boca y provoca un colapso, entonces la dirigencia hace como que pone en marcha una gestión para que Román revea su decisión pero no va el presidente sino que lo manda al vice. Moscariello, alguien a quien nadie le conocía la cara en el club hace un año y sobre quien circulaba una broma que decía que menos mal que tiene GPS en el auto, porque de lo contrario no iba a saber cómo llegar a La Bombonera. La misión Moscariello aparece como que fracasa en dos minutos y Boca lo informa en un escueto comunicado, como si tal cosa. Es Román el que se fue pero para la conducción institucional, gracias por los servicios prestados y a otra cosa.
Los casos Cvitanich y Roncaglia son por demás demostrativos de que esto no funciona. No podemos llegar a la semana de la final de la Libertadores con dos jugadores que no se sabe si están o no en el club y que finalmente uno de ellos ni juegue.
Pasaron unos días, volvemos esta mañana a los entrenamientos y en la congelada mañana de Ezeiza nos encontramos con una noticia que nos deja más fríos todavía, más helados que Walt Disney: a veinte días de la primera fecha del campeonato, los arqueros de Boca son D’Angelo y Vicentini. Ellos fueron los únicos que pelotearon un rato con Lo Tártaro en el campo de la AFA. Pero lo peor no es que no lo supiéramos nosotros, lo peor es que tampoco lo sabían los dirigentes. Se encontraron con la novedad junto con nosotros.
¿Es posible que a Boca le soplen un jugador como Vélez acaba de soplarle al uruguayo Sosa? Sí, es posible. Ocurrió. Y encima, Requejo sale a decir que lo siente “como una traición”. Ahora, atando cabos, surgen algunas evidencias. La negociación con Sosa se dilataba, pasaban los días y no terminaba de arreglar. Fue Vélez, le puso el contrato para que lo firmara y chau. Ojo, a no sentirse molestos con Vélez. Las reglas del mercado, hoy, son así. Si se dan vueltas y vueltas, la sortija la manotea otro.
Ahora, habrá que salir a la desesperada a conseguir un arquero. Cualquiera. El riesgo de una tratativa en estas circunstancias es máximo. Para acertar será necesaria una considerable dosis de fortuna. Ya circuló el nombre de Bologna, que viene de un año discretito en Unión. Javi García no porque aunque anduvo muy bien en Tigre, en Boca está calcinado, no aprovechó ninguna de las muchas oportunidades y encima, es amigo de Román. Sería cómico de no ser trágico. Los amigos de Román, hoy, en Boca, son mala palabra. Falcioni quiere sacarse de encima a Clemente y a Viatri. Gravísimo.
Los nombres de arqueros van a ir apilándose porque ya deben ser montones los intermediarios y representantes que estén llamando a los celulares de los… ¿dirigentes?... de Boca. Algún argentino que esté colgado y con ganas de volverse en Europa, algún chileno, peruano o uruguayo del que haya que ir a revisar los antecedentes, algún veterano de discreta trayectoria o algún joven del que se recuerde que jugó bien un partido. Remember el caso Bobadilla, una vez jugó bien contra River y le confiaron el arco de Boca. Caranta está colgado en Lanús y a nosotros nos respondió pero se fue muy mal y además está peleado a muerte con Ischia, que es compadre de Falcioni. Así se manejan las cosas, por relaciones personales. ¿Y si probamos con Lo Tártaro? ¡O con Falcioni!
Me fui de Ezeiza en momentos en que, a un costado, conversaban Falcioni, Piccoli, London, Requejo y Paolini. Lindo hubiese sido poner un micrófono allí. Como no había micrófono, podemos imaginar que en la conversación se tiraron algunos nombres y no debe haber faltado alguna inquietud del técnico por la inoperancia dirigencial.
Tenemos una dirigencia inexperta. Macri, en su momento, tuvo que pagar un derecho de piso. ¿Qué podemos esperar de Angelici y su trouppe? Al Pelado London, cuando estaba en Fútbol Profesional durante la presidencia de Ámeal, ya una vez le afanaron a Neri Cardozo entre gallos y medianoche. Lo más parecido a un dirigente entre lo que contamos parece ser Crespi y sin embargo el otro día se mandó el moco de dejarle una hendija abierta a Maradona. ¡Qué contento se debe haber puesto Falcioni!
Las fallas de la conducción son para asustarse. ¿Dónde estaba Angelici mientras Vélez le hurtaba a Sosa? ¿Dónde estaba esta mañana, cuando el plantel retomaba los entrenamientos? Premonición que se vierte con el enorme deseo de que sea errada: ¡La que nos espera! O mejor, ¡las que nos esperan!
Los casos Cvitanich y Roncaglia son por demás demostrativos de que esto no funciona. No podemos llegar a la semana de la final de la Libertadores con dos jugadores que no se sabe si están o no en el club y que finalmente uno de ellos ni juegue.
Pasaron unos días, volvemos esta mañana a los entrenamientos y en la congelada mañana de Ezeiza nos encontramos con una noticia que nos deja más fríos todavía, más helados que Walt Disney: a veinte días de la primera fecha del campeonato, los arqueros de Boca son D’Angelo y Vicentini. Ellos fueron los únicos que pelotearon un rato con Lo Tártaro en el campo de la AFA. Pero lo peor no es que no lo supiéramos nosotros, lo peor es que tampoco lo sabían los dirigentes. Se encontraron con la novedad junto con nosotros.
¿Es posible que a Boca le soplen un jugador como Vélez acaba de soplarle al uruguayo Sosa? Sí, es posible. Ocurrió. Y encima, Requejo sale a decir que lo siente “como una traición”. Ahora, atando cabos, surgen algunas evidencias. La negociación con Sosa se dilataba, pasaban los días y no terminaba de arreglar. Fue Vélez, le puso el contrato para que lo firmara y chau. Ojo, a no sentirse molestos con Vélez. Las reglas del mercado, hoy, son así. Si se dan vueltas y vueltas, la sortija la manotea otro.
Ahora, habrá que salir a la desesperada a conseguir un arquero. Cualquiera. El riesgo de una tratativa en estas circunstancias es máximo. Para acertar será necesaria una considerable dosis de fortuna. Ya circuló el nombre de Bologna, que viene de un año discretito en Unión. Javi García no porque aunque anduvo muy bien en Tigre, en Boca está calcinado, no aprovechó ninguna de las muchas oportunidades y encima, es amigo de Román. Sería cómico de no ser trágico. Los amigos de Román, hoy, en Boca, son mala palabra. Falcioni quiere sacarse de encima a Clemente y a Viatri. Gravísimo.
Los nombres de arqueros van a ir apilándose porque ya deben ser montones los intermediarios y representantes que estén llamando a los celulares de los… ¿dirigentes?... de Boca. Algún argentino que esté colgado y con ganas de volverse en Europa, algún chileno, peruano o uruguayo del que haya que ir a revisar los antecedentes, algún veterano de discreta trayectoria o algún joven del que se recuerde que jugó bien un partido. Remember el caso Bobadilla, una vez jugó bien contra River y le confiaron el arco de Boca. Caranta está colgado en Lanús y a nosotros nos respondió pero se fue muy mal y además está peleado a muerte con Ischia, que es compadre de Falcioni. Así se manejan las cosas, por relaciones personales. ¿Y si probamos con Lo Tártaro? ¡O con Falcioni!
Me fui de Ezeiza en momentos en que, a un costado, conversaban Falcioni, Piccoli, London, Requejo y Paolini. Lindo hubiese sido poner un micrófono allí. Como no había micrófono, podemos imaginar que en la conversación se tiraron algunos nombres y no debe haber faltado alguna inquietud del técnico por la inoperancia dirigencial.
Tenemos una dirigencia inexperta. Macri, en su momento, tuvo que pagar un derecho de piso. ¿Qué podemos esperar de Angelici y su trouppe? Al Pelado London, cuando estaba en Fútbol Profesional durante la presidencia de Ámeal, ya una vez le afanaron a Neri Cardozo entre gallos y medianoche. Lo más parecido a un dirigente entre lo que contamos parece ser Crespi y sin embargo el otro día se mandó el moco de dejarle una hendija abierta a Maradona. ¡Qué contento se debe haber puesto Falcioni!
Las fallas de la conducción son para asustarse. ¿Dónde estaba Angelici mientras Vélez le hurtaba a Sosa? ¿Dónde estaba esta mañana, cuando el plantel retomaba los entrenamientos? Premonición que se vierte con el enorme deseo de que sea errada: ¡La que nos espera! O mejor, ¡las que nos esperan!
jueves, 5 de julio de 2012
YA NUNCA ME VERÁS COMO ME VIERAS
“El último diez”, lo llamaron. “El Duende de La Bombonera”, también. El, Juan Román Riquelme, respondió a cada ditirambo con su sonrisa tenue y mansa más una expresión muy de él: “Están locos”.
Claro, si para él, desde los tiempos de los campitos de Don Torcuato, el fútbol siempre fue tan fácil, tan simple: pasarse la pelota entre compañeros, mostrarse para recibirla de nuevo, jugar.
Aquel jovencito flaco y desgarbado que Carlos Bilardo hizo debutar en primera el 10/11/96, ante Unión, aquel al que Mauricio Macri había incorporado a Boca como parte de un paquete de juveniles proveniente de Argentinos Juniors, jugó o intentó hacerlo siempre igual hasta esta amarga, discordante despedida con Corinthians.
Los cambios que fueron produciéndose en él, propios de la maduración de cualquier persona, poco tuvieron que ver con lo que hacía en la cancha. El chico tímido al que había que arrancarle cada palabra fue tornándose un hábil declarante. Eligió cómo, cuándo y por qué abrir la boca. Cada vez que habló, dijo.
Apenas tenía 21 años cuando desafió públicamente a Macri con aquel resonante “Topo Gigio” que quedó en la memoria colectiva. Tanto como aquel caño maestro a Mario Yepes. Ya mucho antes, la dirigencia había respondido a un reclamo suyo dando a publicidad la copia de su contrato. Nadie iba a domarlo al jovencito flaco y desgarbado.
“Líder negativo”, también lo llamaron. “Divide el vestuario”, lo acusaron. ¿Cuándo Riquelme habló públicamente mal de un compañero? ¿O de un técnico? Sí, por supuesto, más de una vez dijo sin decir pero eso ya entra dentro de las interpretaciones de cada uno. Así lo quiso él.
Su comentada relación personal con Martín Palermo siempre la definió como “normal, de trabajo”. Cuando le endilgaron poner y sacar técnicos respondió con verdades irrefutables: “Si por mí fuera, (Alfio) Basile nunca se hubiera ido”. O “me hubiera gustado estar más tiempo con (Claudio) Borghi”.
Una vez, en una conferencia, alguien utilizó ingenuamente la incolora expresión “trabajo táctico” y abrió sin quererlo las compuertas para una respuesta bien conceptual y riquelmiana: “Para mí el fútbol ya está inventado, no sé qué es trabajo táctico”.
Los que a diario nos encargamos de la actividad en Casa Amarilla esperábamos con ansia algunos de esos días en que Riquelme, desde dentro de su automóvil, con la ventanilla baja, sin micrófonos ni cámaras a la vista, decidía hablar “off the record”. “Entre amigos”, decía. ¿De qué? De fútbol, fútbol puro.
“(Alejandro) Sabella está preocupado porque está lesionado (Rodrigo) Braña. Que esté contento porque está sano (Lionel) Messi”. “(Juan) Sánchez Miño venía jugando todos los partidos bien. Le pusieron atrás a (Facundo) Roncaglia y jugó mal”. “(Hugo) Ibarra ganó todos los títulos jugando todos los partidos. A (Guillermo Barros) Schelotto le cuentan una copa en que jugó dos minutos”.
¿Por qué eligió ahora y Pacaembú para renunciar a Boca? Conste que lo hubiera hecho aunque Boca ganase. Se lo había anticipado a mediodía al presidente Daniel Angelici. La verdad completa la sabe él pero las conjeturas no pueden ser muy erróneas.
El desgaste de su relación con el entrenador Julio Falcioni no tenía retorno. Angelici alguna vez dijo de él cosas imperdonables y Riquelme no es de los que perdonan. Seguramente si se va a Qatar, una posibilidad, va a estar más relajado y menos exigido.
En tren de renuncias, ya lo había hecho por dos veces al seleccionado, primero porque no quería que su mamá sufriese con las críticas que él recibía y después porque “el técnico de la selección” (omitía el nombre de Diego Maradona) “no manejaba sus mismos códigos”. Sí, todos sabíamos de qué hablaba aunque quién va a decirlo...
Atrás quedan 352 partidos oficiales con 83 goles y diez títulos en tres ciclos (1996/2002, 2007 y 2008/12) pero eso es sólo una referencia estadística. Más profundamente, lo que queda atrás es una época. De oro. Irrepetible. Él la marcó. Pelota dócil, vista al frente, estampa de crack, pegada exquisita, pase quirúrgico, definición exacta, impoluta.
Se fue Martín Palermo y a los pocos meses Boca fue campeón invicto pero ahora el que se va no es el que la manda adentro sino el que perfiló siempre, desde sus 18 años, el estilo de sus equipos. Desde aquel pibe nuevito, boquita cerrada hasta este capanga indiscutido. Difícil que la elaboración del duelo resulte breve, que la transición sea rápida.
Juan Román Riquelme. Genio y figura. No lo deje, tómelo (DyN, desde San Pablo).
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Claro, si para él, desde los tiempos de los campitos de Don Torcuato, el fútbol siempre fue tan fácil, tan simple: pasarse la pelota entre compañeros, mostrarse para recibirla de nuevo, jugar.
Aquel jovencito flaco y desgarbado que Carlos Bilardo hizo debutar en primera el 10/11/96, ante Unión, aquel al que Mauricio Macri había incorporado a Boca como parte de un paquete de juveniles proveniente de Argentinos Juniors, jugó o intentó hacerlo siempre igual hasta esta amarga, discordante despedida con Corinthians.
Los cambios que fueron produciéndose en él, propios de la maduración de cualquier persona, poco tuvieron que ver con lo que hacía en la cancha. El chico tímido al que había que arrancarle cada palabra fue tornándose un hábil declarante. Eligió cómo, cuándo y por qué abrir la boca. Cada vez que habló, dijo.
Apenas tenía 21 años cuando desafió públicamente a Macri con aquel resonante “Topo Gigio” que quedó en la memoria colectiva. Tanto como aquel caño maestro a Mario Yepes. Ya mucho antes, la dirigencia había respondido a un reclamo suyo dando a publicidad la copia de su contrato. Nadie iba a domarlo al jovencito flaco y desgarbado.
“Líder negativo”, también lo llamaron. “Divide el vestuario”, lo acusaron. ¿Cuándo Riquelme habló públicamente mal de un compañero? ¿O de un técnico? Sí, por supuesto, más de una vez dijo sin decir pero eso ya entra dentro de las interpretaciones de cada uno. Así lo quiso él.
Su comentada relación personal con Martín Palermo siempre la definió como “normal, de trabajo”. Cuando le endilgaron poner y sacar técnicos respondió con verdades irrefutables: “Si por mí fuera, (Alfio) Basile nunca se hubiera ido”. O “me hubiera gustado estar más tiempo con (Claudio) Borghi”.
Una vez, en una conferencia, alguien utilizó ingenuamente la incolora expresión “trabajo táctico” y abrió sin quererlo las compuertas para una respuesta bien conceptual y riquelmiana: “Para mí el fútbol ya está inventado, no sé qué es trabajo táctico”.
Los que a diario nos encargamos de la actividad en Casa Amarilla esperábamos con ansia algunos de esos días en que Riquelme, desde dentro de su automóvil, con la ventanilla baja, sin micrófonos ni cámaras a la vista, decidía hablar “off the record”. “Entre amigos”, decía. ¿De qué? De fútbol, fútbol puro.
“(Alejandro) Sabella está preocupado porque está lesionado (Rodrigo) Braña. Que esté contento porque está sano (Lionel) Messi”. “(Juan) Sánchez Miño venía jugando todos los partidos bien. Le pusieron atrás a (Facundo) Roncaglia y jugó mal”. “(Hugo) Ibarra ganó todos los títulos jugando todos los partidos. A (Guillermo Barros) Schelotto le cuentan una copa en que jugó dos minutos”.
¿Por qué eligió ahora y Pacaembú para renunciar a Boca? Conste que lo hubiera hecho aunque Boca ganase. Se lo había anticipado a mediodía al presidente Daniel Angelici. La verdad completa la sabe él pero las conjeturas no pueden ser muy erróneas.
El desgaste de su relación con el entrenador Julio Falcioni no tenía retorno. Angelici alguna vez dijo de él cosas imperdonables y Riquelme no es de los que perdonan. Seguramente si se va a Qatar, una posibilidad, va a estar más relajado y menos exigido.
En tren de renuncias, ya lo había hecho por dos veces al seleccionado, primero porque no quería que su mamá sufriese con las críticas que él recibía y después porque “el técnico de la selección” (omitía el nombre de Diego Maradona) “no manejaba sus mismos códigos”. Sí, todos sabíamos de qué hablaba aunque quién va a decirlo...
Atrás quedan 352 partidos oficiales con 83 goles y diez títulos en tres ciclos (1996/2002, 2007 y 2008/12) pero eso es sólo una referencia estadística. Más profundamente, lo que queda atrás es una época. De oro. Irrepetible. Él la marcó. Pelota dócil, vista al frente, estampa de crack, pegada exquisita, pase quirúrgico, definición exacta, impoluta.
Se fue Martín Palermo y a los pocos meses Boca fue campeón invicto pero ahora el que se va no es el que la manda adentro sino el que perfiló siempre, desde sus 18 años, el estilo de sus equipos. Desde aquel pibe nuevito, boquita cerrada hasta este capanga indiscutido. Difícil que la elaboración del duelo resulte breve, que la transición sea rápida.
Juan Román Riquelme. Genio y figura. No lo deje, tómelo (DyN, desde San Pablo).
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miércoles, 4 de julio de 2012
CONCAGLIA, COMPADRE...
Había una vez un muchachito que llegó desde su Chajarí, Entre Ríos, a probarse en las inferiores de Boca. Uno lo imagina con un bolso pequeñito y un par de zapatillas gastadas. No debe haber diferido mucho la realidad.
Como de delantero no servía, ahí quedó, esperando. A alguien se le ocurrió que jugara de central, en un momento en que faltó uno, y anduvo. Despacito fue subiendo hasta que llegó a la primera.
Su debut no fue suceso, apenas un nombre más para la estadística. Como tantos jóvenes futbolistas argentinos, prematuramente se fue a cualquier club de Europa, en su caso a España. Breve paso y regreso al país, a Estudiantes, siempre a préstamo. Empezó de titular y perdió el puesto con Federico Fernández.
Volvió a Europa, en el anonimmato, y la conducción del club andaba buscando a dónde mandarlo cuando al director técnico, circunstancialmente, le faltó un lateral y lo puso. Cumplió, se ganó el puesto.
Paralelamente, el muchachito de Chajarí ya era múltiple padre de familia. O de familias, en plural. Más precisamente, era padre de tres hijos de tres madres distintas, por lo cual este gil que escribe desparramó entre sus conocidos un jocoso apodo: “Ben Carwright”, como aquel legendario patriarca de La Ponderosa, pero sin canas ni ninguna viudez.
Fue campeón invicto, el muchachito, y su representante le consiguió una oferta para volver al primer mundo. Esta vez, a Italia pero ahora con otra chapa. Mientras tanto, Boca, ese club al que había llegado (supuestamente) con un bolso pequeñito y las zapatillas deshilachadas, no lograba convencerlo de que renovara su contrato. Tuvo que resignarse a dejarlo ir pero le pidió un último favor: que jugara el segundo partido final por la Copa Libertadores de América. Hasta accedió a gestionarle un costoso seguro en euros.
El muchachito, teledirigido por su representante, dijo no. No juego nada.
En el fútbol, cuando se fustiga a un jugador por (cada vez más repetidas) situaciones como la que aquí se describe, no falta el que lo justifique: “Y, el representante le llena la cabeza”.
No. Si es hombre, no le tiene que llenar la cabeza nadie. Que siga siendo tan hombre como lo fue para tener tres hijos de madre diferentes. Nadie niega lo que Facundo Roncaglia le ha dado a Boca. Pero Boca, sin él, ya era y seguirá siendo Boca. Él, sin Boca, tal vez sería obrero de la construcción en Chajarí. Se le pidió un último favor de noventa minutos, tal vez ciento veinte o de última, un penal. Dijo no. Es virtud de bien nacido ser agradecido, dice un viejo refrán. Del otro lado están los Tarantini, los Ruggeri, los Gareca, los Roncaglia. Es decir, los hijos de puta. Una cosa es ser un profesional y otra es ser un hijo de puta.
El gil que escribe se encuentra en Brasil, en la viglia y laburando, pero se tomó este tiempo para descargar su bronca por una nueva decepción. Cuando más conozco a los hombres más quiero a mi perro.
Como de delantero no servía, ahí quedó, esperando. A alguien se le ocurrió que jugara de central, en un momento en que faltó uno, y anduvo. Despacito fue subiendo hasta que llegó a la primera.
Su debut no fue suceso, apenas un nombre más para la estadística. Como tantos jóvenes futbolistas argentinos, prematuramente se fue a cualquier club de Europa, en su caso a España. Breve paso y regreso al país, a Estudiantes, siempre a préstamo. Empezó de titular y perdió el puesto con Federico Fernández.
Volvió a Europa, en el anonimmato, y la conducción del club andaba buscando a dónde mandarlo cuando al director técnico, circunstancialmente, le faltó un lateral y lo puso. Cumplió, se ganó el puesto.
Paralelamente, el muchachito de Chajarí ya era múltiple padre de familia. O de familias, en plural. Más precisamente, era padre de tres hijos de tres madres distintas, por lo cual este gil que escribe desparramó entre sus conocidos un jocoso apodo: “Ben Carwright”, como aquel legendario patriarca de La Ponderosa, pero sin canas ni ninguna viudez.
Fue campeón invicto, el muchachito, y su representante le consiguió una oferta para volver al primer mundo. Esta vez, a Italia pero ahora con otra chapa. Mientras tanto, Boca, ese club al que había llegado (supuestamente) con un bolso pequeñito y las zapatillas deshilachadas, no lograba convencerlo de que renovara su contrato. Tuvo que resignarse a dejarlo ir pero le pidió un último favor: que jugara el segundo partido final por la Copa Libertadores de América. Hasta accedió a gestionarle un costoso seguro en euros.
El muchachito, teledirigido por su representante, dijo no. No juego nada.
En el fútbol, cuando se fustiga a un jugador por (cada vez más repetidas) situaciones como la que aquí se describe, no falta el que lo justifique: “Y, el representante le llena la cabeza”.
No. Si es hombre, no le tiene que llenar la cabeza nadie. Que siga siendo tan hombre como lo fue para tener tres hijos de madre diferentes. Nadie niega lo que Facundo Roncaglia le ha dado a Boca. Pero Boca, sin él, ya era y seguirá siendo Boca. Él, sin Boca, tal vez sería obrero de la construcción en Chajarí. Se le pidió un último favor de noventa minutos, tal vez ciento veinte o de última, un penal. Dijo no. Es virtud de bien nacido ser agradecido, dice un viejo refrán. Del otro lado están los Tarantini, los Ruggeri, los Gareca, los Roncaglia. Es decir, los hijos de puta. Una cosa es ser un profesional y otra es ser un hijo de puta.
El gil que escribe se encuentra en Brasil, en la viglia y laburando, pero se tomó este tiempo para descargar su bronca por una nueva decepción. Cuando más conozco a los hombres más quiero a mi perro.
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