El primer partido salió como razonablemente cabía preverlo porque así suelen ser los partidos de Corinthians, en particular cuando es visitante. Es un equipo que se apoya en una función defensiva muy sólida, en la presión de sus volantes para trabar el armado rival, en su oficio para retroceder y juntar líneas.
Su centro de gravedad está en el cuadrado que conforman los dos zagueros centrales con los dos volantes centrales y en lo que hace a valores individuales, Leandro Castán es un defensor de categoría (fue el mejor en la noche de La Bombonera) y Danilo, un mediocampista de esos que juegan con el mapa del partido en la cabeza.
También eran de imaginar las dificultades que iba a tener Boca porque para quebrar a Corinthians es menester contar con una variedad ofensiva que hace tiempo no tiene el equipo de Julio Falcioni o quizá no la haya tenido ni en sus mejores momentos.
Juan Román Riquelme, el hombre que marca todos los compases, encontró en el segundo tiempo un lugar donde ubicarse, sobre la izquierda, detrás Ralf, delante de Alessandro y Chicao y desde allí produjo los mejores pasajes de Boca pero rara vez alcanzaron para que los paulistas trastabillaran.
Pablo Mouche, el mejor delantero de este Boca 2012, nunca encontró espacio para desequilibrar en el mano a mano y difícilmente pudiera encontrarlo ya que hallar a un jugador de Corinthians desprotegido por sus compañeros es muy raro.
Por otra parte, Mouche, por conformación técnica y por actitud ante el juego, suele tender al enredo cuando no se le abre el campo, choca, se obnubila, se enfada y se va del partido.
Planteadas como estaban las circunstancias, el gol de Facundo Roncaglia (de lo mejor de su equipo aunque quepa remarcar que el árbitro chileno Enrique Osses le perdonó la incontrastable expulsión en el primer tiempo), a un cuarto de hora del final, era de valor platino.
Es un dato muy negativo para Boca que Corinthians se haya sentido en todo momento cómodo con el empate pero cuando se vio precisado a arriesgar porque quedó en desventaja, rápidamente, en pocos minutos, haya llegado a la igualdad.
Emerson, el mejor delantero del equipo paulista que había tenido un mal partido, estacionado sobre la izquierda y absorbido por Roncaglia, apareció una sola vez por la derecha y le bastó para meter un pase quirúrgico que tomó a todo el fondo local mal parado.
Romarinho, joven atacante que como parte de una formación de suplentes venía de marcar el domingo los dos goles del triunfo en el clásico ante Palmeiras (por eso a último momento el técnico Tite lo subió al avión y bajó del banco a Willian Arao), definió a la brasileña, picó la pelota y lo dejó desarmado a Agustín Orión.
Una clave del partido la constituye que Romarinho entró y en la primera que tocó, eligió la resolución justa e impecable a diferencia de Mouche, por ejemplo, en esa pelota que Riquelme le puso en el área y que el delantero remató exactamente a la posición del arquero Cassio Ramos, a poco de comenzado el segundo tiempo.
En Pacaembú, cabe presumir, el desarrollo podría encaminarse de modo parecido con la fundamental diferencia de que será Corinthians el obligado a ganar (principalmente por presión de su propio pulblico) y esa sí es una muy buena noticia para Boca.
Corinthians no es de esos típicos cuadros brasileños que en casa salen a arrollar y se hace muy difícil contenerlos. Al igual que Boca, se siente como pez en el agua cuando es el otro el necesitado de ir al frente pero puede complicarse cuando la ecuación se invierte y debe salir a imponer desequilibrio en campo rival.
De todos modos, el “Timao” tiene recursos ofensivos. Emerson es mucho más de lo que mostró en La Bombonera, el tándem Paulinho-Danilo cuenta con un poder de gol poco común para volantes centrales, Alex (en el otoño de la carrera pero con riqueza técnica intacta) y Chicao son pateadores peligrosos, hay buen juego aéreo.
Si este Boca 2012 tuviera la regularidad defensiva del campeón invicto en el Apertura 2011, las posibilidades serían mucho mejores pero ahora el equipo de Falcioni es irregular, lo ha sido en el transcurrir de estos últimos seis meses, nunca se sabe de qué modo va a responder.
Como siempre, uno de los meridianos del juego pasará por Riquelme. El capitán es mandado a hacer, entre otras cosas, para dormir un partido debajo de su suela y sacar de caja a un rival urgido. Pero ojo, Corinthians no pierde la paciencia, sabe que un partido no termina antes de los 90 y no va a ofuscarse si la cosa pintara como para penales (DyN).
jueves, 28 de junio de 2012
lunes, 25 de junio de 2012
VERGONZANTE
Todos estamos pensando en Corinthians pero lo de Floresta fue un papelón, una vergüenza, una ignominia. No va por los pibes que salieron a la cancha. Va por los que los desprotegieron, los entregaron, los regalaron. Seguramente dentro de unos días hasta este gil que escribe va a olvidarse de lo sucedido pero está mal. Si a la camiseta, si a Boca no empezamos por respetarlo nosotros, vamos por mal camino.
Una cosa es poner un equipo de suplentes, la mayoría de los cuales ya ha dado muestras de estar a la altura y otra cosa es mandarlo al muere así, a la que salga, sin ideas definidas, sin concentración ni actitud adecuadas. Porque fue así, está claro. Como si el mensaje hubiese sido “salimos a cumplir”. Y cuando se sale así, lo que ocurre, indefectiblemente, es que no se cumple.
El dolor no es haber perdido el campeonato. O mejor dicho, el dolor, la bronca de perder el campeonato ya los habíamos procesado después de perder tan mal como perdimos con Arsenal. Dolor y bronca es, en cualquier circunstancia, ver a un Boca que es como si no estuviera en la cancha, expuesto a los cachetazos desde el primer minuto hasta el último.
All Boys es un equipo limitado pero respetable, lo demuestra su campaña que lo alejó del descenso con cierta comodidad, su objetivo. Y este All Boys nos mató, nos paseó, nos humilló.
Ese tal Perea muy probablemente nunca más en su vida vaya a meter tres goles en un solo día. Y se los hizo a Boca. En el primero lo dejaron cabecear solo ante el arco, en el segundo apareció sin oposición otra vez de cara a los palos y en el tercero le regalaron un rechazo fallido en zona prohibida. Inconcebible. Tres veces inconcebible y en el mismo partido.
En tren de conjeturas, cabe conjeturar que algunos jugadores de los más experimentados estaban afectados por el hecho de saber que contra Corinthians, por lo menos de entrada, no van a jugar. Se quedaron afuera. Cvitanich es como si ya estuviera fuera del club, como si supiera que los euros que quiere el Ajax no los puede poner nadie en la Argentina. No es de ahora, lo de Darío. Ya hace algún tiempo que está como ausente, como ido, como con la mente en otro lado.
Pichi Erbes no satisfizo las expectativas cuando estuvo lesionado Somoza y ahora se lo ve perdido, sin confianza, fue uno de los que dio la sensación de estar ahí nada más que para marcar tarjeta.
El Burro Rivero, capitán en la ocasión, corrió como siempre, su generosidad no se puede poner en duda pero su entrega no alcanzó para darle identidad al equipo, la corriente se lo llevó puesto.
De Pochi puede decirse algo parecido a lo de Pichi. De un tiempo a esta parte, aquel jugador que se hizo cargo del barco cuando faltó Román en el Apertura 2011 parece otro. Falcioni no le está dando muchos minutos y lo mueve mucho de sitio, algo que no le conviene a nadie, vaya esto dicho en su descargo. Pero igual, el momento de Pochi hace dudar de su futuro en Boca. Es duro pero es así.
Del uruguayo Sosa ya se ha observado que es buen arquero en los palos pero más allá del área chica es como si para él hubiera un foso con cocodrilos, son muchas las veces en que se queda atornillado. Y sus dubitaciones, esta vez, se trasladaron a la improvisada defensa.
Sauro, muy cerca de irse a Suiza, se despidió con un bonito gol. Lindo arranque de área a área, no salió para ver qué pasaba sino que fue con noción clara de lo que podía salir y la terminó muy bien. Será un buen recuerdo para él aunque no haya servido para nada. Tampoco fue bueno su partido pero es difícil rendir cuando la mano viene así.
Falcioni sigue considerando a Blandi antes que Viatri. Inexplicable. Lucas entró cuando ya el partido tenía rumbo irreversible pero aún así, mostró más que Nico y ni hablar si lo comparamos con Cvitanich. Para el técnico, hoy, es el quinto delantero de Boca. ¡Ay, los técnicos!
El que mejor aprovechó la oportunidad de mostrarse fue Jopito Álvarez aunque también en su caso, cuando entró, al empezar el segundo tiempo, ya estábamos para irnos y los 45 minutos que quedaban, se sabía, iban a ser una tortura. Jopito se movió, la pidió, intentó. No logró mucho, no estaban las cosas dadas para eso pero lo suyo se rescta.
Al Gordo Sánchez Miño también lo arrastró la maroma, Pol Fernández corrió pero sin aportar nada (correr es una cosa y jugar otra muy distinta), el Colo Ruiz ya sabemos que llegó hasta ahí y de ahí no va a pasar, mal día para un debut absoluto como el del Chino Aguirre, el Paragua Gaona Lugo entró un rato a volantear (no es lo suyo aunque Falcioni no sea el primer técnico que insiste en ello) y más no puede decirse.
Revisar ahora que el Clausura estuvo servido y lo dejamos pasar, que no se puede creer el partido que perdimos con Independiente, que si Laverni no nos hubiese acostado en la cancha de Tigre, que Banfield perdía hasta en los entrenamientos, se fue al descenso por un tubo y a nosotros nos empató con diez es un ejercicio que se hace siempre que se pierde un campeonato. Eso ya está, demos vuelta la página.
El 6 de julio de 2003, mientras festejábamos en La Bombonera la Libertadores, un Boca salió a la cancha en Rosario y se comió siete con Central. Repasemos el conjunto (no equipo) que mandó a la cancha esa tarde el Colorado Regenhardt: el desgraciado Eberto; Osella, Joel Barbosa, Carballo y Magnago, Leonardo Verón (Ormazábal), Silvestre, Caffa (Pablo Álvarez); Fabbro; Boselli (Edilio Cardoso) y Bracamonte. Algunos se ganaron un nombre en el fútbol, otros se perdieron en el anonimato. A todos les hicieron, ese día, un daño irreparable. Como se lo hicieron a Boca. Porque para la historia, señores, ese equipo fue, ese día, la primera de Boca. Igual que ayer en la cancha de All Boys. Los agujeros en la bandera no se remiendan.
Una cosa es poner un equipo de suplentes, la mayoría de los cuales ya ha dado muestras de estar a la altura y otra cosa es mandarlo al muere así, a la que salga, sin ideas definidas, sin concentración ni actitud adecuadas. Porque fue así, está claro. Como si el mensaje hubiese sido “salimos a cumplir”. Y cuando se sale así, lo que ocurre, indefectiblemente, es que no se cumple.
El dolor no es haber perdido el campeonato. O mejor dicho, el dolor, la bronca de perder el campeonato ya los habíamos procesado después de perder tan mal como perdimos con Arsenal. Dolor y bronca es, en cualquier circunstancia, ver a un Boca que es como si no estuviera en la cancha, expuesto a los cachetazos desde el primer minuto hasta el último.
All Boys es un equipo limitado pero respetable, lo demuestra su campaña que lo alejó del descenso con cierta comodidad, su objetivo. Y este All Boys nos mató, nos paseó, nos humilló.
Ese tal Perea muy probablemente nunca más en su vida vaya a meter tres goles en un solo día. Y se los hizo a Boca. En el primero lo dejaron cabecear solo ante el arco, en el segundo apareció sin oposición otra vez de cara a los palos y en el tercero le regalaron un rechazo fallido en zona prohibida. Inconcebible. Tres veces inconcebible y en el mismo partido.
En tren de conjeturas, cabe conjeturar que algunos jugadores de los más experimentados estaban afectados por el hecho de saber que contra Corinthians, por lo menos de entrada, no van a jugar. Se quedaron afuera. Cvitanich es como si ya estuviera fuera del club, como si supiera que los euros que quiere el Ajax no los puede poner nadie en la Argentina. No es de ahora, lo de Darío. Ya hace algún tiempo que está como ausente, como ido, como con la mente en otro lado.
Pichi Erbes no satisfizo las expectativas cuando estuvo lesionado Somoza y ahora se lo ve perdido, sin confianza, fue uno de los que dio la sensación de estar ahí nada más que para marcar tarjeta.
El Burro Rivero, capitán en la ocasión, corrió como siempre, su generosidad no se puede poner en duda pero su entrega no alcanzó para darle identidad al equipo, la corriente se lo llevó puesto.
De Pochi puede decirse algo parecido a lo de Pichi. De un tiempo a esta parte, aquel jugador que se hizo cargo del barco cuando faltó Román en el Apertura 2011 parece otro. Falcioni no le está dando muchos minutos y lo mueve mucho de sitio, algo que no le conviene a nadie, vaya esto dicho en su descargo. Pero igual, el momento de Pochi hace dudar de su futuro en Boca. Es duro pero es así.
Del uruguayo Sosa ya se ha observado que es buen arquero en los palos pero más allá del área chica es como si para él hubiera un foso con cocodrilos, son muchas las veces en que se queda atornillado. Y sus dubitaciones, esta vez, se trasladaron a la improvisada defensa.
Sauro, muy cerca de irse a Suiza, se despidió con un bonito gol. Lindo arranque de área a área, no salió para ver qué pasaba sino que fue con noción clara de lo que podía salir y la terminó muy bien. Será un buen recuerdo para él aunque no haya servido para nada. Tampoco fue bueno su partido pero es difícil rendir cuando la mano viene así.
Falcioni sigue considerando a Blandi antes que Viatri. Inexplicable. Lucas entró cuando ya el partido tenía rumbo irreversible pero aún así, mostró más que Nico y ni hablar si lo comparamos con Cvitanich. Para el técnico, hoy, es el quinto delantero de Boca. ¡Ay, los técnicos!
El que mejor aprovechó la oportunidad de mostrarse fue Jopito Álvarez aunque también en su caso, cuando entró, al empezar el segundo tiempo, ya estábamos para irnos y los 45 minutos que quedaban, se sabía, iban a ser una tortura. Jopito se movió, la pidió, intentó. No logró mucho, no estaban las cosas dadas para eso pero lo suyo se rescta.
Al Gordo Sánchez Miño también lo arrastró la maroma, Pol Fernández corrió pero sin aportar nada (correr es una cosa y jugar otra muy distinta), el Colo Ruiz ya sabemos que llegó hasta ahí y de ahí no va a pasar, mal día para un debut absoluto como el del Chino Aguirre, el Paragua Gaona Lugo entró un rato a volantear (no es lo suyo aunque Falcioni no sea el primer técnico que insiste en ello) y más no puede decirse.
Revisar ahora que el Clausura estuvo servido y lo dejamos pasar, que no se puede creer el partido que perdimos con Independiente, que si Laverni no nos hubiese acostado en la cancha de Tigre, que Banfield perdía hasta en los entrenamientos, se fue al descenso por un tubo y a nosotros nos empató con diez es un ejercicio que se hace siempre que se pierde un campeonato. Eso ya está, demos vuelta la página.
El 6 de julio de 2003, mientras festejábamos en La Bombonera la Libertadores, un Boca salió a la cancha en Rosario y se comió siete con Central. Repasemos el conjunto (no equipo) que mandó a la cancha esa tarde el Colorado Regenhardt: el desgraciado Eberto; Osella, Joel Barbosa, Carballo y Magnago, Leonardo Verón (Ormazábal), Silvestre, Caffa (Pablo Álvarez); Fabbro; Boselli (Edilio Cardoso) y Bracamonte. Algunos se ganaron un nombre en el fútbol, otros se perdieron en el anonimato. A todos les hicieron, ese día, un daño irreparable. Como se lo hicieron a Boca. Porque para la historia, señores, ese equipo fue, ese día, la primera de Boca. Igual que ayer en la cancha de All Boys. Los agujeros en la bandera no se remiendan.
sábado, 23 de junio de 2012
23 DE JUNIO DE 1968
Estuve en el gallinero, en aquella fría y siniestra tarde. Fuimos desde Ensenada unos quince tipos juntos, la mayoría de Boca pero también algunos de River. Llegamos hasta la cancha, sacamos nuestras entradas en las mismas boleterías, ellos se fueron a la tribuna local y nosotros a la nuestra. A la salida volvimos a encontrarnos todos en la estación de servicio de Figueroa Alcorta y Udaondo, frente a la cancha, y arrancamos para Constitución. Altri tempi, ¿no?
En Constitución comimos pizza y tomamos tinto con soda (algún maricón, Coca), mientras analizábamos el 0-0. Otro 0-0 de aquel horrendo Boca del Metro 68. Etapa de transición. Se habían ido el Beto Menéndez, el Cholo Simeone y el correntino Silvero. Último año de Gonzalito, Cacho Silveira y el Tanque Rojas. Rojitas estaba en uno de sus períodos sabáticos. Silvio también, en mal momento. El Tano Roma, que estaba volviendo de una operación, ya no era el de antes. Quizás el Rata tampoco aunque todavía no nos diéramos cuenta. El Loco Pianetti seguía tan impredecible como de costumbre. El Muñeco Madurga y el Tano Novello no terminaban de afirmarse. Sí se afirmaban el Loco Sánchez y el Chapa Suñé. El Negro Meléndez nos deslumbraba y empezábamos a respetar el mendocino Rogel. D’Amico le había encontrado su lugar al Chacho Cabrera, sacándolo de la punta y poniéndolo a correr y meter suela a la derecha del Rata.
Igual, esa tarde tendríamos que haber ganado. Pero Boca avanzaba a los empujones y no la metía. Así fue todo el Metro. Hubo una en que el Muñeco quedó mano a mano con Carrizo, se creyó que estaba off side y se la entregó mansita. La puta que te parió, Muñeco.
Íbamos en el tren, más o menos por Ezpeleta o Berazategui, cuando un señor nos comentó que había habido un trágico suceso a la salida de la cancha de River. Que había un montón de muertos. Nos miramos. “¿Habrá oído bien, el viejo éste?”, nos preguntamos sin palabras.
Yo había salido por la puerta 14, que era, de las de arriba, la más cercana a la 12. La de al lado. La 11 estaba del otro lado de las boleterías, ya sobre Udaondo y la 13 era de la tribuna de abajo.
Recién cuando llegamos a Ensenada tomamos conciencia de la dimensión de lo sucedido. Nuestros viejos, desesperados. Abrazos, besos, el llanto de mi mamá. Silvio, mi perro (adiviná por qué se llamaba así), que rara vez dejaba de romper las bolas, ese día estaba hecho un ovillito en su almohadón, había captado que algo grave pasaba.
No seguí los detalles de la investigación. ¿Para qué? Que si la puerta estaba cerrada o no, que si habían sacado los molinetes o no, que si la cana había pegado o no… La yuta, seguro, tiene la culpa de algo. Siempre tiene culpas, la yuta. Y la época de Onganía debe haber sido de las mejores para esos hijos de puta. Murieron setenta ese día y uno más. días después. Casi todos pibes, como yo. Todos de Boca, como yo.
Me acuerdo que esa semana aproveché la volada y, al llegar mi profesora de francés de cuarto año, la atajé de entrada y me disculpé con ella por no haber estudiado. Estaba muy afectado, deprimido, le aseguré. Me miró y se sonrió pero no me dijo nada…
Es lindo ser fana de Boca, seguirlo, sentirlo, vivirlo. Lo más lindo que hay. Aunque alguna vez te cueste la vida…
En Constitución comimos pizza y tomamos tinto con soda (algún maricón, Coca), mientras analizábamos el 0-0. Otro 0-0 de aquel horrendo Boca del Metro 68. Etapa de transición. Se habían ido el Beto Menéndez, el Cholo Simeone y el correntino Silvero. Último año de Gonzalito, Cacho Silveira y el Tanque Rojas. Rojitas estaba en uno de sus períodos sabáticos. Silvio también, en mal momento. El Tano Roma, que estaba volviendo de una operación, ya no era el de antes. Quizás el Rata tampoco aunque todavía no nos diéramos cuenta. El Loco Pianetti seguía tan impredecible como de costumbre. El Muñeco Madurga y el Tano Novello no terminaban de afirmarse. Sí se afirmaban el Loco Sánchez y el Chapa Suñé. El Negro Meléndez nos deslumbraba y empezábamos a respetar el mendocino Rogel. D’Amico le había encontrado su lugar al Chacho Cabrera, sacándolo de la punta y poniéndolo a correr y meter suela a la derecha del Rata.
Igual, esa tarde tendríamos que haber ganado. Pero Boca avanzaba a los empujones y no la metía. Así fue todo el Metro. Hubo una en que el Muñeco quedó mano a mano con Carrizo, se creyó que estaba off side y se la entregó mansita. La puta que te parió, Muñeco.
Íbamos en el tren, más o menos por Ezpeleta o Berazategui, cuando un señor nos comentó que había habido un trágico suceso a la salida de la cancha de River. Que había un montón de muertos. Nos miramos. “¿Habrá oído bien, el viejo éste?”, nos preguntamos sin palabras.
Yo había salido por la puerta 14, que era, de las de arriba, la más cercana a la 12. La de al lado. La 11 estaba del otro lado de las boleterías, ya sobre Udaondo y la 13 era de la tribuna de abajo.
Recién cuando llegamos a Ensenada tomamos conciencia de la dimensión de lo sucedido. Nuestros viejos, desesperados. Abrazos, besos, el llanto de mi mamá. Silvio, mi perro (adiviná por qué se llamaba así), que rara vez dejaba de romper las bolas, ese día estaba hecho un ovillito en su almohadón, había captado que algo grave pasaba.
No seguí los detalles de la investigación. ¿Para qué? Que si la puerta estaba cerrada o no, que si habían sacado los molinetes o no, que si la cana había pegado o no… La yuta, seguro, tiene la culpa de algo. Siempre tiene culpas, la yuta. Y la época de Onganía debe haber sido de las mejores para esos hijos de puta. Murieron setenta ese día y uno más. días después. Casi todos pibes, como yo. Todos de Boca, como yo.
Me acuerdo que esa semana aproveché la volada y, al llegar mi profesora de francés de cuarto año, la atajé de entrada y me disculpé con ella por no haber estudiado. Estaba muy afectado, deprimido, le aseguré. Me miró y se sonrió pero no me dijo nada…
Es lindo ser fana de Boca, seguirlo, sentirlo, vivirlo. Lo más lindo que hay. Aunque alguna vez te cueste la vida…
viernes, 22 de junio de 2012
OTRA FINAL
Se hizo lo que había que hacer. Se debió haber ganado. Se pudo haber liquidado en el primer tiempo. Hubo algún pasaje de sufrimiento en la segunda parte pero la imagen global de los noventa minutos es clara: Boca está hecho para este tipo de definiciones.
Teníamos, todos, nuestros miedos con Caruzzo. Es un buen central, Caruzzo. Jugó un muy buen partido, se complementó a la perfección con el Flaco Schiavi que disfruta como nadie cuando llega la hora de los bifes en una Libertadores. Ellos dos y Somoza fueron el sostén táctico, el fundamento primero de un Boca que supo cómo había que jugar y así jugó.
Claro que, a la hora de los méritos individuales, surge como punto más alto la figura de Orión. El cabezazo que le sacó en el primer tiempo a Junior Fernandes, el fierrazo de González en el segundo tiempo y algunas intervenciones más lo ungen como determinante. Cuando él no pudo, aparecieron los palos y en el tramo final, un par de pelotas que cruzaron el área chica se fueron.
Salvo ese ya referido cabezazo de Fernandes, todo el primer tiempo fue de Boca. El tiro de Román en el travesaño hubiese liquidado la serie si iba diez centímetros más abajo. Fue una gran jugada muy bien terminada por Mouche con el pase a Román y la demostración de que Boca tenía la situación bajo control. El Nacional era un infirno de gritos y cotillón pero obviamente, Boca no se iba a asustar y mandó en el juego desde que el uruguayo Ubriaco le dio comienzo.
Pablito Mouche se perdió cuatro goles. No terminó bien ninguna. Ahora bien, la principal preocupación de la U se llamaba… Mouche. No podían con él, ni por derecha ni por izquierda ni por el medio. Arrancaba y se los llevaba a la rastra. Si hubiese estado en una noche más certera para la definición, el marcador global de la serie hubiese sido de escándalo.
En el segundo tiempo se observaron síntomas de fatiga. No podemos dejar de verlo y señalarlo, el trajín es mucho y se tiene que sentir. Por eso ya costó más la salida, por eso la pelota volvía más pronto que antes.
Si se analizan los ciento ochenta minutos de juego en el ida y vuelta, la U aparece como un equipo limitadísimo. Pero éste es un equipo del que mucho se venía hablando. Tal vez demasiado. Fue Boca el que lo puso en su lugar, lo minimizó, lo redujo. Así ha ocurrido también otras veces.
Décima final de Libertadores para Boca. Vamos por el séptimo título y por alcanzar a Independiente en la estadística. ¡Pensar que, del ciclo que se inició con Bianchi, la que perdimos fue la más fácil! Corinthians es duro. No “duro” como lo dice Falcioni, para quien “duros” son todos (como discurso público no está mal). Corinthians es un equipo muy poco brasileño o al menos, no lo definen las virtudes que clásicamente se asocian con el fútbol brasileño. No es vistoso para el neutral que mira (generalmentepor televisión). Es austero, solidario, concentrado, mete. Con su estilo llegó a la final sin perder ningún partido. No es de despreciar lo que lleva hecho. Claro que, hasta ahora, no jugó con Boca…
Siendo las 3.55 PM, éste gil que escribe está por poner punto final. Fue a Chile y volvió con muy pocas horas de sueño. Está muerto. El cansancio no es privativo de los jugadores. Pero campeones de la Copa queremos ser todos. No vamos a aflojar ahora…
Teníamos, todos, nuestros miedos con Caruzzo. Es un buen central, Caruzzo. Jugó un muy buen partido, se complementó a la perfección con el Flaco Schiavi que disfruta como nadie cuando llega la hora de los bifes en una Libertadores. Ellos dos y Somoza fueron el sostén táctico, el fundamento primero de un Boca que supo cómo había que jugar y así jugó.
Claro que, a la hora de los méritos individuales, surge como punto más alto la figura de Orión. El cabezazo que le sacó en el primer tiempo a Junior Fernandes, el fierrazo de González en el segundo tiempo y algunas intervenciones más lo ungen como determinante. Cuando él no pudo, aparecieron los palos y en el tramo final, un par de pelotas que cruzaron el área chica se fueron.
Salvo ese ya referido cabezazo de Fernandes, todo el primer tiempo fue de Boca. El tiro de Román en el travesaño hubiese liquidado la serie si iba diez centímetros más abajo. Fue una gran jugada muy bien terminada por Mouche con el pase a Román y la demostración de que Boca tenía la situación bajo control. El Nacional era un infirno de gritos y cotillón pero obviamente, Boca no se iba a asustar y mandó en el juego desde que el uruguayo Ubriaco le dio comienzo.
Pablito Mouche se perdió cuatro goles. No terminó bien ninguna. Ahora bien, la principal preocupación de la U se llamaba… Mouche. No podían con él, ni por derecha ni por izquierda ni por el medio. Arrancaba y se los llevaba a la rastra. Si hubiese estado en una noche más certera para la definición, el marcador global de la serie hubiese sido de escándalo.
En el segundo tiempo se observaron síntomas de fatiga. No podemos dejar de verlo y señalarlo, el trajín es mucho y se tiene que sentir. Por eso ya costó más la salida, por eso la pelota volvía más pronto que antes.
Si se analizan los ciento ochenta minutos de juego en el ida y vuelta, la U aparece como un equipo limitadísimo. Pero éste es un equipo del que mucho se venía hablando. Tal vez demasiado. Fue Boca el que lo puso en su lugar, lo minimizó, lo redujo. Así ha ocurrido también otras veces.
Décima final de Libertadores para Boca. Vamos por el séptimo título y por alcanzar a Independiente en la estadística. ¡Pensar que, del ciclo que se inició con Bianchi, la que perdimos fue la más fácil! Corinthians es duro. No “duro” como lo dice Falcioni, para quien “duros” son todos (como discurso público no está mal). Corinthians es un equipo muy poco brasileño o al menos, no lo definen las virtudes que clásicamente se asocian con el fútbol brasileño. No es vistoso para el neutral que mira (generalmentepor televisión). Es austero, solidario, concentrado, mete. Con su estilo llegó a la final sin perder ningún partido. No es de despreciar lo que lleva hecho. Claro que, hasta ahora, no jugó con Boca…
Siendo las 3.55 PM, éste gil que escribe está por poner punto final. Fue a Chile y volvió con muy pocas horas de sueño. Está muerto. El cansancio no es privativo de los jugadores. Pero campeones de la Copa queremos ser todos. No vamos a aflojar ahora…
OTRA FINAL
Se hizo lo que había que hacer. Se debió haber ganado. Se pudo haber liquidado en el primer tiempo. Hubo algún pasaje de sufrimiento en la segunda parte pero la imagen global de los noventa minutos es clara: Boca está hecho para este tipo de definiciones.
Teníamos, todos, nuestros miedos con Caruzzo. Es un buen central, Caruzzo. Jugó un muy buen partido, se complementó a la perfección con el Flaco Schiavi que disfruta como nadie cuando llega la hora de los bifes en una Libertadores. Ellos dos y Somoza fueron el sostén táctico, el fundamento primero de un Boca que supo cómo había que jugar y así jugó.
Claro que, a la hora de los méritos individuales, surge como punto más alto la figura de Orión. El cabezazo que le sacó en el primer tiempo a Junior Fernandes, el fierrazo de González en el segundo tiempo y algunas intervenciones más lo ungen como determinante. Cuando él no pudo, aparecieron los palos y en el tramo final, un par de pelotas que cruzaron el área chica se fueron.
Salvo ese ya referido cabezazo de Fernandes, todo el primer tiempo fue de Boca. El tiro de Román en el travesaño hubiese liquidado la serie si iba diez centímetros más abajo. Fue una gran jugada muy bien terminada por Mouche con el pase a Román y la demostración de que Boca tenía la situación bajo control. El Nacional era un infirno de gritos y cotillón pero obviamente, Boca no se iba a asustar y mandó en el juego desde que el uruguayo Ubriaco le dio comienzo.
Pablito Mouche se perdió cuatro goles. No terminó bien ninguna. Ahora bien, la principal preocupación de la U se llamaba… Mouche. No podían con él, ni por derecha ni por izquierda ni por el medio. Arrancaba y se los llevaba a la rastra. Si hubiese estado en una noche más certera para la definición, el marcador global de la serie hubiese sido de escándalo.
En el segundo tiempo se observaron síntomas de fatiga. No podemos dejar de verlo y señalarlo, el trajín es mucho y se tiene que sentir. Por eso ya costó más la salida, por eso la pelota volvía más pronto que antes.
Si se analizan los ciento ochenta minutos de juego en el ida y vuelta, la U aparece como un equipo limitadísimo. Pero éste es un equipo del que mucho se venía hablando. Tal vez demasiado. Fue Boca el que lo puso en su lugar, lo minimizó, lo redujo. Así ha ocurrido también otras veces.
Décima final de Libertadores para Boca. Vamos por el séptimo título y por alcanzar a Independiente en la estadística. ¡Pensar que, del ciclo que se inició con Bianchi, la que perdimos fue la más fácil! Corinthians es duro. No “duro” como lo dice Falcioni, para quien “duros” son todos (como discurso público no está mal). Corinthians es un equipo muy poco brasileño o al menos, no lo definen las virtudes que clásicamente se asocian con el fútbol brasileño. No es vistoso para el neutral que mira (generalmentepor televisión). Es austero, solidario, concentrado, mete. Con su estilo llegó a la final sin perder ningún partido. No es de despreciar lo que lleva hecho. Claro que, hasta ahora, no jugó con Boca…
Siendo las 3.55 PM, éste gil que escribe está por poner punto final. Fue a Chile y volvió con muy pocas horas de sueño. Está muerto. El cansancio no es privativo de los jugadores. Pero campeones de la Copa queremos ser todos. No vamos a aflojar ahora…
Teníamos, todos, nuestros miedos con Caruzzo. Es un buen central, Caruzzo. Jugó un muy buen partido, se complementó a la perfección con el Flaco Schiavi que disfruta como nadie cuando llega la hora de los bifes en una Libertadores. Ellos dos y Somoza fueron el sostén táctico, el fundamento primero de un Boca que supo cómo había que jugar y así jugó.
Claro que, a la hora de los méritos individuales, surge como punto más alto la figura de Orión. El cabezazo que le sacó en el primer tiempo a Junior Fernandes, el fierrazo de González en el segundo tiempo y algunas intervenciones más lo ungen como determinante. Cuando él no pudo, aparecieron los palos y en el tramo final, un par de pelotas que cruzaron el área chica se fueron.
Salvo ese ya referido cabezazo de Fernandes, todo el primer tiempo fue de Boca. El tiro de Román en el travesaño hubiese liquidado la serie si iba diez centímetros más abajo. Fue una gran jugada muy bien terminada por Mouche con el pase a Román y la demostración de que Boca tenía la situación bajo control. El Nacional era un infirno de gritos y cotillón pero obviamente, Boca no se iba a asustar y mandó en el juego desde que el uruguayo Ubriaco le dio comienzo.
Pablito Mouche se perdió cuatro goles. No terminó bien ninguna. Ahora bien, la principal preocupación de la U se llamaba… Mouche. No podían con él, ni por derecha ni por izquierda ni por el medio. Arrancaba y se los llevaba a la rastra. Si hubiese estado en una noche más certera para la definición, el marcador global de la serie hubiese sido de escándalo.
En el segundo tiempo se observaron síntomas de fatiga. No podemos dejar de verlo y señalarlo, el trajín es mucho y se tiene que sentir. Por eso ya costó más la salida, por eso la pelota volvía más pronto que antes.
Si se analizan los ciento ochenta minutos de juego en el ida y vuelta, la U aparece como un equipo limitadísimo. Pero éste es un equipo del que mucho se venía hablando. Tal vez demasiado. Fue Boca el que lo puso en su lugar, lo minimizó, lo redujo. Así ha ocurrido también otras veces.
Décima final de Libertadores para Boca. Vamos por el séptimo título y por alcanzar a Independiente en la estadística. ¡Pensar que, del ciclo que se inició con Bianchi, la que perdimos fue la más fácil! Corinthians es duro. No “duro” como lo dice Falcioni, para quien “duros” son todos (como discurso público no está mal). Corinthians es un equipo muy poco brasileño o al menos, no lo definen las virtudes que clásicamente se asocian con el fútbol brasileño. No es vistoso para el neutral que mira (generalmentepor televisión). Es austero, solidario, concentrado, mete. Con su estilo llegó a la final sin perder ningún partido. No es de despreciar lo que lleva hecho. Claro que, hasta ahora, no jugó con Boca…
Siendo las 3.55 PM, éste gil que escribe está por poner punto final. Fue a Chile y volvió con muy pocas horas de sueño. Está muerto. El cansancio no es privativo de los jugadores. Pero campeones de la Copa queremos ser todos. No vamos a aflojar ahora…
lunes, 18 de junio de 2012
NO JUGAMOS
No quería decir nada pero es como que tenía un mal presentimiento. La verdad, bien podríamos hacer de cuenta que el partido no se jugó. Porque Boca no lo jugó. Quedó 1-0 abajo apenas empezó y después, nada. Arsenal jugó un partido redondo, con la ventaja de entrada pudo hacer la que más le gusta. El equipo de Alfaro se para bien, no deja espacios, no se desordena. En la Copa pareció que les había agarrado el miedo escénico. En Sarandí se los dimos vuelta y en La Bombonera no hicieron nada, la dejaron pasar. Ahora deben haber asimilado experiencia porque, hay que reconocerlo, no tuvieron fallas ni puntos débiles.
Una conclusión clara que deja el juego es que no puede ser que Blandi esté antes que Viatri. Lucas ya acumuló algún rodaje después de la lesión y es indiscutiblemente más que Nico. Cuando entró, ya con el partido cocinado, marcó presencia, obligó, ganó un par de veces por arriba. Y es nueve. Que alguna vez se tire atrás puede servir como alternativa pero que Falcioni no se acostumbre.
Otra conclusión clara es que Cvitanich anda demasiado mal. Ya son unos cuantos los partidos en que sale a la cancha pero no juega. Aunque esta vez no se le pueden cargar las tintas a él porque no jugó nadie.
Débil la defensa, perdido el medio juego (Somoza se pareció al del Clausura 2011, se las daba todas a los contrarios), muy poco de Román, los delanteros sin nadie que los proveyera. ¿Qué podía esperarse? Le tirábamos centros largos y frontales a un equipo que en ésa se mueve como pez en el agua. Una vez Román le tiró la bronca mal al Apu Sosa pero la verdad es que nadie, ni Román, encontraba otro camino. Estábamos regalados y, sinceramente, nos cagaron a cachetazos. Le dijimos adiós al Clausura en una Bombonera llena y duele pero sabíamos que los riesgos eran muchos. El desgaste tenía que sentirse y no es cuestión de llorar. Para esas cosas hay otros.
Nos pusimos locos, los de adentro y los de afuera, con Delfino y sus asistentes. Hubo por lo menos (no vi repeticiones) un off side cobrado a Blandi en el primer tiempo que no fue. Algún otro debe haber habido, todos muy finitos. Los banderitas estaban muy propensos a mandarla para arriba pero en fin… Lo que no se puede creer es lo de los suplentes en los goles de Arsenal. Primero, había como quinientos tipos en el banco visitante. Y se metían en la cancha en patota a festejar. Una risa. Delfino, apenas un par de amarillitas. Si, claro, es Arsenal…
Hay un runrún en los corrillos del fútbol, desde hace un par de meses, según el cual le van a dar al viejo la alegría de verlo a Arsenal campeón de primera antes de morirse. Quién sabe si será cierto pero de serlo, ahora es el momento. Más que debe estar sensibilizado. Hace no mucho se le fue la centenaria vieja, hace muy poco lo siguió el hermano y ahora, la patrona… Es sabido, de hace años, que Julito Ricardo, el nepote, aprieta pitos como si nada en los entretiempos de Sarandí. Pero esta vez, Boca perdió solo. No nos equivoquemos.
Cagada grande que hayamos perdido al Chaco Insaurralde. En Chile va a tener que ir Caruzzo. Seguro que alguien va a salir a decir que por qué no se preservó a más titulares pero no, queríamos ganar todo y gratis no nos iba a salir. Ya está.
Nos espera la U, nos espera la Libertadores. Vieja amiga. Ni tiempo hay de lamerse las heridas. Vamos, Boca, carajo. Como la paloma de la que habla Litto Nebbia. “Seguro que al rato estará volando, inventando otra esperanza para volver a vivir”…
Una conclusión clara que deja el juego es que no puede ser que Blandi esté antes que Viatri. Lucas ya acumuló algún rodaje después de la lesión y es indiscutiblemente más que Nico. Cuando entró, ya con el partido cocinado, marcó presencia, obligó, ganó un par de veces por arriba. Y es nueve. Que alguna vez se tire atrás puede servir como alternativa pero que Falcioni no se acostumbre.
Otra conclusión clara es que Cvitanich anda demasiado mal. Ya son unos cuantos los partidos en que sale a la cancha pero no juega. Aunque esta vez no se le pueden cargar las tintas a él porque no jugó nadie.
Débil la defensa, perdido el medio juego (Somoza se pareció al del Clausura 2011, se las daba todas a los contrarios), muy poco de Román, los delanteros sin nadie que los proveyera. ¿Qué podía esperarse? Le tirábamos centros largos y frontales a un equipo que en ésa se mueve como pez en el agua. Una vez Román le tiró la bronca mal al Apu Sosa pero la verdad es que nadie, ni Román, encontraba otro camino. Estábamos regalados y, sinceramente, nos cagaron a cachetazos. Le dijimos adiós al Clausura en una Bombonera llena y duele pero sabíamos que los riesgos eran muchos. El desgaste tenía que sentirse y no es cuestión de llorar. Para esas cosas hay otros.
Nos pusimos locos, los de adentro y los de afuera, con Delfino y sus asistentes. Hubo por lo menos (no vi repeticiones) un off side cobrado a Blandi en el primer tiempo que no fue. Algún otro debe haber habido, todos muy finitos. Los banderitas estaban muy propensos a mandarla para arriba pero en fin… Lo que no se puede creer es lo de los suplentes en los goles de Arsenal. Primero, había como quinientos tipos en el banco visitante. Y se metían en la cancha en patota a festejar. Una risa. Delfino, apenas un par de amarillitas. Si, claro, es Arsenal…
Hay un runrún en los corrillos del fútbol, desde hace un par de meses, según el cual le van a dar al viejo la alegría de verlo a Arsenal campeón de primera antes de morirse. Quién sabe si será cierto pero de serlo, ahora es el momento. Más que debe estar sensibilizado. Hace no mucho se le fue la centenaria vieja, hace muy poco lo siguió el hermano y ahora, la patrona… Es sabido, de hace años, que Julito Ricardo, el nepote, aprieta pitos como si nada en los entretiempos de Sarandí. Pero esta vez, Boca perdió solo. No nos equivoquemos.
Cagada grande que hayamos perdido al Chaco Insaurralde. En Chile va a tener que ir Caruzzo. Seguro que alguien va a salir a decir que por qué no se preservó a más titulares pero no, queríamos ganar todo y gratis no nos iba a salir. Ya está.
Nos espera la U, nos espera la Libertadores. Vieja amiga. Ni tiempo hay de lamerse las heridas. Vamos, Boca, carajo. Como la paloma de la que habla Litto Nebbia. “Seguro que al rato estará volando, inventando otra esperanza para volver a vivir”…
viernes, 15 de junio de 2012
UN BOCA QUE DIO GUSTO
Ahora sí, en una instancia clave, se vio al Boca que queremos. Sólido, sin puntos débiles, imponiendo autoridad desde el principio hasta el final del partido, reduciendo a su mínima expresión a un rival al que se presentaba como muy peligroso.
Con o sin la pelota, jugando en campo rival o en campo propio, el partido lo manejó siempre Boca. De esa Universidad de Chile con salida rápida y sentido de profundidad permanente en la posesión de la pelota que tanto ha venido dando que hablar últimamente, en La Bombonera no se vio nada. Los chilenos comenzaron el juego con mucha gente adelantada, volvieron a tenerla durante el segundo tiempo pero no llegaron jamás, ni una sola vez.
¿Qué trabajo tuvo Orión? Apenas ese tiro libre de Díaz en el primer tiempo, por fuera de la barrera, que resolvió bien volando hacia su izquierda y manoteándola para el costado, lejos. Fuera de esa, nada, apenas recoger pelotas que le llegaba dóciles e indoloras.
Se decidió Falcioni, lo puso de entrada a Mouche, que venía reclamando titularidad, lo sacó a Cvitanich, inexpresivo en los últimos partidos y Pablo fue el gestor del primer gol, con apenas quince minutos jugados, como para que el transcurrir del tiempo no alterara el sistema nervioso.
De entrada la había perdido, después del pase de Román, pero fue, la recuperó de prepotencia, se la llevó hasta el área y una vez que llegó al fondo, hizo lo que no siempre hace Pablo, se tomó un tiempo para mirar antes de ponérsela a Silva.
La definición del Tanque fue impecable pero también demostrativa de que la U defiende muy mal. Se pareció a aquél legendario gol de Palermo contra River, en 2000. La pelota le quedó medio atrás, al Tanque, pero tuvo tiempo y espacio no para dar una media vuelta sino prácticamente una vuelta completa, en el corazón del área, antes de sacar el zurdazo irreprochable para el 1-0.
Fue la tercera llegada de Boca en un cuarto de hora, porque antes había estado ese otro zurdazo del Tanque, entrando por derecha, por arriba del travesaño. Y poco después, la de Erviti, otro zurdazo alto.
Buen partido de Erviti, corriendo pero también jugando. Este jugador tan diferente del que conociéramos en San Lorenzo y Banfield, porque por necesidad del equipo y requerimiento de su técnico está puesto a correr, muchas veces, por acelerarse, pierde precisión, se desordena, compromete la pelota. Esta vez, no. Sin dejar de lado el esfuerzo y el sacrificio, jugó como es capaz de hacerlo. Un aporte valiosísimo.
Todo el medio juego de Boca fue el pilar del rendimiento colectivo porque Somoza estuvo parado siempre donde debía. Es un hombre fundamental y eso quedó más en evidencia que nunca en los partidos en que faltó. Él le da equilibrio a todo el conjunto. Y después, Román volvió a marcar diferencia con varias entregas de su sello.
Los chilenos salieron a apretarlo, a Román. En el primer tiempo, allá donde le llegara la pelota iban tres con él. Pero no se inmutó. Está muy bien físicamente, no le pesan los partidos, llega a los noventa sin acusar el desgaste. Y por otra parte, cuando Román, por circunstancias del juego, no pudo conducir, hubo equipo, hubo variantes. Un dato sumamente alentador, por cierto.
En el final del primer tiempo Boca se tomó un resuello pero el arranque del segundo tiempo fue a todo trapo. Los chilenos se vieron abrumados, desbordados. Antes del gol de Sánchez Miño pudo haber habido otro de Mouche. Gran pase de Pablo Ledesma, que en el resto del partido anduvo descolorido, sin la seguridad de otras veces. Mouche llegó sólo por el medio pero la tiró a las nubes. Así es Pablo, nunca se sabe que es lo que va a salir del cargador. Es el mejor delantero en lo que va del año y se lo reconoció toda la gente cuando se fue reemplazado. Los que muchas veces hacían bajar el murmullo reprobatorio ante alguna de esas desconcertantes intervenciones suyas, esta vez lo ovacionaron. Probablemente pronto lo vuelvan a reprobar, porque eso es lo que despiertan los jugadores de las características de Pablo. Pero es un delantero valioso, de eso no hay dudas.
El segundo fue otra demostración de lo permeable que es el fondo de la U. Juega con línea de tres pero los volantes laterales no vuelven y así no se puede. Antes de que Román lo viera a Erviti por la izquierda pasó un rato largo, muy largo. Finalmente salió el pase y la soledad de Walter seguía siendo absoluta. La definición no fue buena pero allí apareció el Gordo Sánchez Miño, para facturar tras el rechazo del arquero.
Un gol bastante parecido al que le hiciera al Fluminense. El Gordo vio bien la jugada, adivinó lo que podía llegar a pasar y por eso corrió toda la cancha para aparecer en el lugar justo y en el momento apropiado. Volvió a funcionar muy bien Sánchez Miño como salida. Algún problema tuvo cuando lo encaró el morochito Junior Fernandes en el primer tiempo, también se comió algún reproche de Román en alguna jugada en que no lo interpretó debidamente pero en general, su trabajo fue muy bueno. Por suerte, no se lo extrañó a Clemente (¿remember lo expuesto por este gil que escribe sobre las convocatorias a la selección, antes de que se supiera que Clemente había vuelto lesionado?).
El partido quedó liquidado allí mismo y faltaba más de media hora. Un golcito más y se terminaba la serie. Igual, a Santiago vamos tranquilos. No es de imaginar que estos muchachitos vayan a ganarnos por tres goles, por más que en fútbol nunca se sepa.
Del segmento final del juego, quedó para resaltar la firmeza del fondo. El Flaco Schiavi había tenido alguna salida muy a la descampada en el primer tiempo pero después fue imponente, La Bombonera entera volvió a vivarlo. Y otro que estuvo en gran nivel fue Facu Roncaglia. Firme, metedor, hasta inteligente para meter algún foul imprescindible cuando no quedaba otra.
En suma, un Boca que dio gusto. Con porte de campeón de América. Ahora hay que ir a Santiago y después, si pasamos como cabe suponerlo, nos esperará un brasileño que casi seguro va a ser Corinthians. No es muy brasileño, el Corinthians. Achica espacios hacia atrás, junta volantes con defensores, muerde. Pero bueno, tranqui, partido por partido. Araca, corazón, callate un poco…
Con o sin la pelota, jugando en campo rival o en campo propio, el partido lo manejó siempre Boca. De esa Universidad de Chile con salida rápida y sentido de profundidad permanente en la posesión de la pelota que tanto ha venido dando que hablar últimamente, en La Bombonera no se vio nada. Los chilenos comenzaron el juego con mucha gente adelantada, volvieron a tenerla durante el segundo tiempo pero no llegaron jamás, ni una sola vez.
¿Qué trabajo tuvo Orión? Apenas ese tiro libre de Díaz en el primer tiempo, por fuera de la barrera, que resolvió bien volando hacia su izquierda y manoteándola para el costado, lejos. Fuera de esa, nada, apenas recoger pelotas que le llegaba dóciles e indoloras.
Se decidió Falcioni, lo puso de entrada a Mouche, que venía reclamando titularidad, lo sacó a Cvitanich, inexpresivo en los últimos partidos y Pablo fue el gestor del primer gol, con apenas quince minutos jugados, como para que el transcurrir del tiempo no alterara el sistema nervioso.
De entrada la había perdido, después del pase de Román, pero fue, la recuperó de prepotencia, se la llevó hasta el área y una vez que llegó al fondo, hizo lo que no siempre hace Pablo, se tomó un tiempo para mirar antes de ponérsela a Silva.
La definición del Tanque fue impecable pero también demostrativa de que la U defiende muy mal. Se pareció a aquél legendario gol de Palermo contra River, en 2000. La pelota le quedó medio atrás, al Tanque, pero tuvo tiempo y espacio no para dar una media vuelta sino prácticamente una vuelta completa, en el corazón del área, antes de sacar el zurdazo irreprochable para el 1-0.
Fue la tercera llegada de Boca en un cuarto de hora, porque antes había estado ese otro zurdazo del Tanque, entrando por derecha, por arriba del travesaño. Y poco después, la de Erviti, otro zurdazo alto.
Buen partido de Erviti, corriendo pero también jugando. Este jugador tan diferente del que conociéramos en San Lorenzo y Banfield, porque por necesidad del equipo y requerimiento de su técnico está puesto a correr, muchas veces, por acelerarse, pierde precisión, se desordena, compromete la pelota. Esta vez, no. Sin dejar de lado el esfuerzo y el sacrificio, jugó como es capaz de hacerlo. Un aporte valiosísimo.
Todo el medio juego de Boca fue el pilar del rendimiento colectivo porque Somoza estuvo parado siempre donde debía. Es un hombre fundamental y eso quedó más en evidencia que nunca en los partidos en que faltó. Él le da equilibrio a todo el conjunto. Y después, Román volvió a marcar diferencia con varias entregas de su sello.
Los chilenos salieron a apretarlo, a Román. En el primer tiempo, allá donde le llegara la pelota iban tres con él. Pero no se inmutó. Está muy bien físicamente, no le pesan los partidos, llega a los noventa sin acusar el desgaste. Y por otra parte, cuando Román, por circunstancias del juego, no pudo conducir, hubo equipo, hubo variantes. Un dato sumamente alentador, por cierto.
En el final del primer tiempo Boca se tomó un resuello pero el arranque del segundo tiempo fue a todo trapo. Los chilenos se vieron abrumados, desbordados. Antes del gol de Sánchez Miño pudo haber habido otro de Mouche. Gran pase de Pablo Ledesma, que en el resto del partido anduvo descolorido, sin la seguridad de otras veces. Mouche llegó sólo por el medio pero la tiró a las nubes. Así es Pablo, nunca se sabe que es lo que va a salir del cargador. Es el mejor delantero en lo que va del año y se lo reconoció toda la gente cuando se fue reemplazado. Los que muchas veces hacían bajar el murmullo reprobatorio ante alguna de esas desconcertantes intervenciones suyas, esta vez lo ovacionaron. Probablemente pronto lo vuelvan a reprobar, porque eso es lo que despiertan los jugadores de las características de Pablo. Pero es un delantero valioso, de eso no hay dudas.
El segundo fue otra demostración de lo permeable que es el fondo de la U. Juega con línea de tres pero los volantes laterales no vuelven y así no se puede. Antes de que Román lo viera a Erviti por la izquierda pasó un rato largo, muy largo. Finalmente salió el pase y la soledad de Walter seguía siendo absoluta. La definición no fue buena pero allí apareció el Gordo Sánchez Miño, para facturar tras el rechazo del arquero.
Un gol bastante parecido al que le hiciera al Fluminense. El Gordo vio bien la jugada, adivinó lo que podía llegar a pasar y por eso corrió toda la cancha para aparecer en el lugar justo y en el momento apropiado. Volvió a funcionar muy bien Sánchez Miño como salida. Algún problema tuvo cuando lo encaró el morochito Junior Fernandes en el primer tiempo, también se comió algún reproche de Román en alguna jugada en que no lo interpretó debidamente pero en general, su trabajo fue muy bueno. Por suerte, no se lo extrañó a Clemente (¿remember lo expuesto por este gil que escribe sobre las convocatorias a la selección, antes de que se supiera que Clemente había vuelto lesionado?).
El partido quedó liquidado allí mismo y faltaba más de media hora. Un golcito más y se terminaba la serie. Igual, a Santiago vamos tranquilos. No es de imaginar que estos muchachitos vayan a ganarnos por tres goles, por más que en fútbol nunca se sepa.
Del segmento final del juego, quedó para resaltar la firmeza del fondo. El Flaco Schiavi había tenido alguna salida muy a la descampada en el primer tiempo pero después fue imponente, La Bombonera entera volvió a vivarlo. Y otro que estuvo en gran nivel fue Facu Roncaglia. Firme, metedor, hasta inteligente para meter algún foul imprescindible cuando no quedaba otra.
En suma, un Boca que dio gusto. Con porte de campeón de América. Ahora hay que ir a Santiago y después, si pasamos como cabe suponerlo, nos esperará un brasileño que casi seguro va a ser Corinthians. No es muy brasileño, el Corinthians. Achica espacios hacia atrás, junta volantes con defensores, muerde. Pero bueno, tranqui, partido por partido. Araca, corazón, callate un poco…
domingo, 10 de junio de 2012
DEJAMOS PASAR UN PARTIDO FÁCIL
Datos de la realidad, incontrastables: jugamos todo el partido once contra diez frente al peor equipo de la temporada, lejos, y no lo pudimos quebrar.
Puede uno ubicarse en la óptica de Falcioni: si entraba la del Chaco Insaurralde en el primer tiempo (¿cómo hizo para errarle al arco?) o la de Pablito Ledesma (¿cómo hizo para errarle al arco? ) o la de Cvita, una sola, se terminaba todo, tres puntos a la bolsa y a otra cosa. Aunque en tal caso, si por detrás del resultado se verificaba el juego, la conclusión no hubiera variado para nada: Boca jugó muy mal. Como con Merlo, como con Central, como con Fluminense allá. De todas estas últimas presentaciones en las cuales, en cuanto a la sumatoria de puntos, no nos ha ido para nada mal, sólo puede rescatarse, como expresión de juego, el partido con Godoy Cruz.
Estamos llegando a la hora de los bifes, en poco más de tres semanas se termina todo. Queremos tres títulos. Con dos igual se haría historia y con uno, alcanzará para festejar. Pero como dijo Román no hace mucho tiempo, la suerte alguna vez se acaba. Es necesario jugar mejor para que la ilusión tenga pilares en que apoyarse.
La expulsión de Pepe, a los tres minutos, fue, ciertamente, una exageración de Pezzotta. Pepe le fue mal a Pablito Ledesma, sí, pero roja derecho fue mucho. Seguramente, Pezzotta debe haber estado influenciado por los periodistas tarjeteros, esos que nos abruman desde todos los medios reclamando, exigiendo tarjetas a diestra y siniestra, bajando una línea de intolerancia que no se condice con la naturaleza del fútbol. Al fútbol no se puede jugar sin foules. Al fútbol no se puede jugar sin meter pierna. Y cuando se mete pierna, inevitablemente, hay golpes, hay lesionados. Así es este juego. Si la vara de la tolerancia se ubicara donde pretenden los periodistas tarjeteros, el fútbol se desnaturalizaría por completo o mejor dicho, ni siquiera podría jugarse. Porque o nos quedamos sin jugadores a los veinte minutos o las acciones mutarían hacia liviandad rosada que no merecería llamarse fútbol.
Esta vez la política del tarjetazo nos jugó a favor. Ochenta y siete minutos por delante y un hombre de ventaja. Pero resulta que transcurrió todo el primer tiempo y si algún distraído miraba a la cancha, ni se hubiera dado cuenta de que a Banfield le faltaba uno. El fastidio de Román se advertía en cada uno de sus gestos. No entendía que sus compañeros dividieran la pelota, chocaran, fueran justo para el lugar donde había más rivales. El único que se asociaba a Román al menos en la intención de entregarla redonda era Erviti.
Si la salida permanente de Boca va a ser Roncaglia, estamos fritos. Facundo pasó muchas veces, alguna vez hasta llegó al área con determinación y potencia. Como variante ocasional no está mal pero si jugamos a llegar por el lado de Roncaglia, vía Roncaglia, estamos jugando al revés. No jugó mal Facundo, al margen de esa entrega que dejó corta y que no terminó en gol de Banfield sólo porque el paraguayo Achucarro no esperaba semejante regalo y se abatató. Pero Facundo no está para que salgamos siempre por el lado de él. Somoza, Ledesma, el uruguayo Sosa y los centrales parecían no tener claro ese concepto tan simple. Así jugamos.
Por el otro lado, el Gordo Sánchez Miño, que sí puede ser un lateral de salida, no estuvo en su tarde. Indeciso, inseguro. Hubo una jugada en que Román la puso de memoria, adivinando que por allí tenía que estar el Gordo como lo ha hecho otras veces o como habitualmente lo hace Clemente. Pero el Gordo se quedó y la jugada terminó en saque de meta para Banfield. Esas cosas lo fueron desmoralizando a Román, enojándolo. Y con razón.
Préntesis, a propósito de Clemente: a este gil que escribe le rompe soberanamente las pelotas que lo hagan jugar un partido, uno solo, sin jugadores que están afectados a la selección. La selección nos dejó sin Orión, que con Ecuador y Brasil no jugó ni un minuto, y sin Clemente, que sumó 179 minutos de competencia más un viaje desgastador, justo ahora que nos estamos jugando paradas fundamentales. Nos escamotearon dos jugadores que son nuestros no sólo para un partido de Eliminatoria, sino encima para un amistoso.
Estas cosas se pagan y después nadie se acuerda pero este gil que escribe, sí. En 1966 tuvimos que jugar gran parte del campeonato sin seis jugadores que estaban en el Mundial mientras que a Racing le sacaron solamente a Perfumo y salió campeón Racing. En 1973 veníamos de hacerle cuatro a Huracán, cinco a River, siete a All Boys y de repente, ¡sas! Nos sacaron a al Loco Sánchez, el Tano Pernía, Mané Ponce y el cordobés Guerini. Chau campeonato. En 1991 nos hicieron jugar dos finales sin los dos mejores jugadores de ese momento, Batistuta y Latorre... Son sólo tres ejemplos que acuden ahora a la memoria. Me encantaría tener dirigentes que fueran más bosteros que argentinos.
Cerramos paréntesis. El segundo tiempo empezó con el gol de Banfield. Era off side de Dos Santos. Cuesta aceptar que el asistente Baliño no lo haya visto. Por su posición era, para él, una jugada fácil, cristalina. Dos Santos influyó claramente en la acción, aunque no haya llegado a desviar el cabezazo de Alayes.
En todo caso, ese gol actuó como un despertador para Boca y aquí llegamos a lo que puede rescatarse del equipo. Reaccionó, se rebeló, se revolvió. Enseguida se lo perdió Ledesma y a continuación llegó el gol del empate. Un centro más de Cvitanich, casi de compromiso. El Tanque la fue a buscar, porque hay que reconocerle que va siempre. Pero el gran protagonista fue Ladino, que exigido por el Tanque metió un formidable cabezazo de palomita y selló un clamoroso gol en contra.
Como quiera que fuere, resultó la única jugada de la tarde en que los dos delanteros titulares de Boca sumaron esfuerzos en una participación que desembocó en algo positivo. Antes y después, mal Cvita, mal el Tanque. Esta vez Cvita fue más por afuera que otras veces, abrió la cancha pero no pasó nunca. ¿Cuándo llegó al fondo? Jamás. El Tanque, que jugó casi todo el tiempo de espaldas, se enreda en forcejeos con los centrales contrarios pero no define nada. En los últimos metros de cancha no gana y a diferencia de algunos de sus primeros partidos en Boca, no abre tampoco espacios para sus compañeros.
Ya transcurrieron muchos partidos con la misma película y parece hora de que el director técnico busque otra cosa. Está muy claro que el mejor delantero de Boca en lo que va del año ha sido Mouche. Planteadas como están las circunstancias, hoy, tiene que estar entre los once. Ponerlo para que saque las castañas del fuego en partidos que vienen torcidos, sobre el final, salió bien algunas veces pero ahora la situación está reclamando otra cosa. Y algo parecido podría decirse de Viatri, aunque Lucas tendrá que ir sumando minutos hasta llegar a su ritmo óptimo de competencia.
Esta vez, cuando entraron los dos, cambió muy poco. Aunque una pelota que le puso muy bien Lucas a Pablo y que Pablo cruzó demasiado larga ante el arco fue de lo único que puede mencionarse como peligro para el arco de Lucchetti en la última media hora de juego. Porque la furia que sucedió al gol de Banfield a Boca le duró no más de diez minutos. Después, el partido volvió a plancharse. Falcioni lo mandó al Apu Sosa por Roncaglia, en la suposición de que el Apu, yendo por afuera, podía darnos más que Facundo pero no fue así. Román empezó a probar repetidamente desde afuera porque debe haberse convencido de que no había otra solución pero la vez que le pegó bien, apareció Lucchetti, que esta vez había llevado las manos, no como en algunos partidos de los que estuvo con nosotros.
Arsenal se nos puso a uno, Newell’s se nos puso a dos, Vélez se nos puso a tres. Tigre y All Boys tendrán hoy, domingo, su chance. No vale el cuento de la saturación, veníamos de una semana larga, sin partido en el medio. La última semana larga, porque en lo que resta de la temporada vamos a tener competencia cada tres o cuatro días. Una lastima. Dejamos pasar un partido fácil. Regalamos dos puntos.
Puede uno ubicarse en la óptica de Falcioni: si entraba la del Chaco Insaurralde en el primer tiempo (¿cómo hizo para errarle al arco?) o la de Pablito Ledesma (¿cómo hizo para errarle al arco? ) o la de Cvita, una sola, se terminaba todo, tres puntos a la bolsa y a otra cosa. Aunque en tal caso, si por detrás del resultado se verificaba el juego, la conclusión no hubiera variado para nada: Boca jugó muy mal. Como con Merlo, como con Central, como con Fluminense allá. De todas estas últimas presentaciones en las cuales, en cuanto a la sumatoria de puntos, no nos ha ido para nada mal, sólo puede rescatarse, como expresión de juego, el partido con Godoy Cruz.
Estamos llegando a la hora de los bifes, en poco más de tres semanas se termina todo. Queremos tres títulos. Con dos igual se haría historia y con uno, alcanzará para festejar. Pero como dijo Román no hace mucho tiempo, la suerte alguna vez se acaba. Es necesario jugar mejor para que la ilusión tenga pilares en que apoyarse.
La expulsión de Pepe, a los tres minutos, fue, ciertamente, una exageración de Pezzotta. Pepe le fue mal a Pablito Ledesma, sí, pero roja derecho fue mucho. Seguramente, Pezzotta debe haber estado influenciado por los periodistas tarjeteros, esos que nos abruman desde todos los medios reclamando, exigiendo tarjetas a diestra y siniestra, bajando una línea de intolerancia que no se condice con la naturaleza del fútbol. Al fútbol no se puede jugar sin foules. Al fútbol no se puede jugar sin meter pierna. Y cuando se mete pierna, inevitablemente, hay golpes, hay lesionados. Así es este juego. Si la vara de la tolerancia se ubicara donde pretenden los periodistas tarjeteros, el fútbol se desnaturalizaría por completo o mejor dicho, ni siquiera podría jugarse. Porque o nos quedamos sin jugadores a los veinte minutos o las acciones mutarían hacia liviandad rosada que no merecería llamarse fútbol.
Esta vez la política del tarjetazo nos jugó a favor. Ochenta y siete minutos por delante y un hombre de ventaja. Pero resulta que transcurrió todo el primer tiempo y si algún distraído miraba a la cancha, ni se hubiera dado cuenta de que a Banfield le faltaba uno. El fastidio de Román se advertía en cada uno de sus gestos. No entendía que sus compañeros dividieran la pelota, chocaran, fueran justo para el lugar donde había más rivales. El único que se asociaba a Román al menos en la intención de entregarla redonda era Erviti.
Si la salida permanente de Boca va a ser Roncaglia, estamos fritos. Facundo pasó muchas veces, alguna vez hasta llegó al área con determinación y potencia. Como variante ocasional no está mal pero si jugamos a llegar por el lado de Roncaglia, vía Roncaglia, estamos jugando al revés. No jugó mal Facundo, al margen de esa entrega que dejó corta y que no terminó en gol de Banfield sólo porque el paraguayo Achucarro no esperaba semejante regalo y se abatató. Pero Facundo no está para que salgamos siempre por el lado de él. Somoza, Ledesma, el uruguayo Sosa y los centrales parecían no tener claro ese concepto tan simple. Así jugamos.
Por el otro lado, el Gordo Sánchez Miño, que sí puede ser un lateral de salida, no estuvo en su tarde. Indeciso, inseguro. Hubo una jugada en que Román la puso de memoria, adivinando que por allí tenía que estar el Gordo como lo ha hecho otras veces o como habitualmente lo hace Clemente. Pero el Gordo se quedó y la jugada terminó en saque de meta para Banfield. Esas cosas lo fueron desmoralizando a Román, enojándolo. Y con razón.
Préntesis, a propósito de Clemente: a este gil que escribe le rompe soberanamente las pelotas que lo hagan jugar un partido, uno solo, sin jugadores que están afectados a la selección. La selección nos dejó sin Orión, que con Ecuador y Brasil no jugó ni un minuto, y sin Clemente, que sumó 179 minutos de competencia más un viaje desgastador, justo ahora que nos estamos jugando paradas fundamentales. Nos escamotearon dos jugadores que son nuestros no sólo para un partido de Eliminatoria, sino encima para un amistoso.
Estas cosas se pagan y después nadie se acuerda pero este gil que escribe, sí. En 1966 tuvimos que jugar gran parte del campeonato sin seis jugadores que estaban en el Mundial mientras que a Racing le sacaron solamente a Perfumo y salió campeón Racing. En 1973 veníamos de hacerle cuatro a Huracán, cinco a River, siete a All Boys y de repente, ¡sas! Nos sacaron a al Loco Sánchez, el Tano Pernía, Mané Ponce y el cordobés Guerini. Chau campeonato. En 1991 nos hicieron jugar dos finales sin los dos mejores jugadores de ese momento, Batistuta y Latorre... Son sólo tres ejemplos que acuden ahora a la memoria. Me encantaría tener dirigentes que fueran más bosteros que argentinos.
Cerramos paréntesis. El segundo tiempo empezó con el gol de Banfield. Era off side de Dos Santos. Cuesta aceptar que el asistente Baliño no lo haya visto. Por su posición era, para él, una jugada fácil, cristalina. Dos Santos influyó claramente en la acción, aunque no haya llegado a desviar el cabezazo de Alayes.
En todo caso, ese gol actuó como un despertador para Boca y aquí llegamos a lo que puede rescatarse del equipo. Reaccionó, se rebeló, se revolvió. Enseguida se lo perdió Ledesma y a continuación llegó el gol del empate. Un centro más de Cvitanich, casi de compromiso. El Tanque la fue a buscar, porque hay que reconocerle que va siempre. Pero el gran protagonista fue Ladino, que exigido por el Tanque metió un formidable cabezazo de palomita y selló un clamoroso gol en contra.
Como quiera que fuere, resultó la única jugada de la tarde en que los dos delanteros titulares de Boca sumaron esfuerzos en una participación que desembocó en algo positivo. Antes y después, mal Cvita, mal el Tanque. Esta vez Cvita fue más por afuera que otras veces, abrió la cancha pero no pasó nunca. ¿Cuándo llegó al fondo? Jamás. El Tanque, que jugó casi todo el tiempo de espaldas, se enreda en forcejeos con los centrales contrarios pero no define nada. En los últimos metros de cancha no gana y a diferencia de algunos de sus primeros partidos en Boca, no abre tampoco espacios para sus compañeros.
Ya transcurrieron muchos partidos con la misma película y parece hora de que el director técnico busque otra cosa. Está muy claro que el mejor delantero de Boca en lo que va del año ha sido Mouche. Planteadas como están las circunstancias, hoy, tiene que estar entre los once. Ponerlo para que saque las castañas del fuego en partidos que vienen torcidos, sobre el final, salió bien algunas veces pero ahora la situación está reclamando otra cosa. Y algo parecido podría decirse de Viatri, aunque Lucas tendrá que ir sumando minutos hasta llegar a su ritmo óptimo de competencia.
Esta vez, cuando entraron los dos, cambió muy poco. Aunque una pelota que le puso muy bien Lucas a Pablo y que Pablo cruzó demasiado larga ante el arco fue de lo único que puede mencionarse como peligro para el arco de Lucchetti en la última media hora de juego. Porque la furia que sucedió al gol de Banfield a Boca le duró no más de diez minutos. Después, el partido volvió a plancharse. Falcioni lo mandó al Apu Sosa por Roncaglia, en la suposición de que el Apu, yendo por afuera, podía darnos más que Facundo pero no fue así. Román empezó a probar repetidamente desde afuera porque debe haberse convencido de que no había otra solución pero la vez que le pegó bien, apareció Lucchetti, que esta vez había llevado las manos, no como en algunos partidos de los que estuvo con nosotros.
Arsenal se nos puso a uno, Newell’s se nos puso a dos, Vélez se nos puso a tres. Tigre y All Boys tendrán hoy, domingo, su chance. No vale el cuento de la saturación, veníamos de una semana larga, sin partido en el medio. La última semana larga, porque en lo que resta de la temporada vamos a tener competencia cada tres o cuatro días. Una lastima. Dejamos pasar un partido fácil. Regalamos dos puntos.
lunes, 4 de junio de 2012
DE PENAL VALE
La mitad menos uno odia que pasemos por penales con lo cual, automáticamente, pasar por penales adquiere un encanto especial. Los que te jedi, también por penales, se quedaron arafue (remember 2004). En fin, a la larga se dio la lógica, en la final estamos dos equipos de primera.
Por otra parte, llegar a los penales valió la pena aunque más no fuera para ver la delicia de Román. Genio. La gente, acá, en Catamarca, loca con él. El Tanque, con estilo diametralmente opuesto, también pateó bien. Se redimió, así, de un mal partido suyo. Como Caruzzo en el último. Viene muy seguro Caruzzo en las últimas definiciones por penales. Somoza y Mouche no patearon bien pero en fin, la bola entró. Las dos las tocó Capogrosso. Se había puesto las manos, Capogrosso. No como aquella tarde en La Plata por la cual ahora, según cuentan, no puede acercarse a menos de cien kilómetros de Rafaela.
La verdad, no era como para llegar a los penales. Boca dio la sensación de jugar todo el tiempo a media máquina. Después del gol de Román, el partido estaba bajo absoluto control. Era cuestión de apretar el acelerador en algún momento, meter el segundo y chau pero no.
En el primer tiempo, después de esa que de entrada se perdió Lázzaro y que menos mal que se le fue por poco (suele traernos problemas, Lázzaro), Boca jugó tranqui, movió la pelota para los costados pero en los últimos metros no apretó nunca. Salvo esa de Sánchez Miño, que al final le entró medio mordida, la del Tanque que tendría que haber tirado a matar y en lugar de eso la cruzó al medio y el cabezazo deCvita desviado, no hubo mayores zozobras para Merlo. Ya se dijo que el Tanque no funcionó, está lento. Cvita tampoco, no es ni 9 ni 7, no participa del juego.
Empezó el segundo tiempo y se vio claro que en el vestuario se habíandicho "bueno, dejémonos de joder y ganemos". Presión arriba, agresividad, Merlo contra sus palos, sucesión de corners. Hasta que llegó el poema de Román...
En realidad, Álvarez había parado mal el juego, era ley de ventaja, Cvita se metía de lleno en el área con buenas posibilidades. Pero suerte que a Álvarez se le ocurrió parar para cobrar esa falta insignificante contra Pochi Chávez. Así abrió la puerta para que viéramos lo mejor de la tarde. El tiro de Román, después de jugarla cortita con Erviti, valió por si solo el viaje a Catamarca, el precio de la entrada para los que pagaron y el esfuerzo físico para los que lo vieron trapados al cerro que está detrás de la platea lateral descubierta.
¿Por qué no lo definimos? Si Merlo no podía más por más que quisiera. Faltó contundencia. Pablito Mouche tendría que haber entrado antes. Si cuando entró fue el que revolvió el partido. Suyo fue ese cabezazo que atajó abajo Capogrosso, después de un centro de Román. Suyo, también, el cabezazo para la volea torcida de Pochi. Las dos mejores llegadas de Boca.
Merlo ni se había aproximado al área pero le regalamos dos, a los 43 y a los 45. La primera se fue por arriba del travesaño. La segunda fue gol y nos mandó irremisiblemente a los penales. Tienen su encanto, los penales. La mitad menos uno los odia. Acertamos todos y el Uru Sosa agarró uno. Suficiente.
Estoy en el mismo hotel que Merlo. Por la noche felicitamos caballerosamente al Coqui Ferraresi, quien dijo experimentar "sensaciones encontradas" y se quejó del árbitro. "Si Boca no necesita que lo ayuden", djo. ¿Qué corno le reclamaba al árbitro? Mejor ni preguntárselo, quizá ni él lo sepa exactamente. El hombre es llorón por naturaleza.
Seguro, no debe ser el único que llora por estas horas. Boca está en otra final. Listo para defender el título que ganamos hace 43 años, en la primera edición de la Copa Argentina. A los penales vale. Hay otros que a los penales pierden.
Por otra parte, llegar a los penales valió la pena aunque más no fuera para ver la delicia de Román. Genio. La gente, acá, en Catamarca, loca con él. El Tanque, con estilo diametralmente opuesto, también pateó bien. Se redimió, así, de un mal partido suyo. Como Caruzzo en el último. Viene muy seguro Caruzzo en las últimas definiciones por penales. Somoza y Mouche no patearon bien pero en fin, la bola entró. Las dos las tocó Capogrosso. Se había puesto las manos, Capogrosso. No como aquella tarde en La Plata por la cual ahora, según cuentan, no puede acercarse a menos de cien kilómetros de Rafaela.
La verdad, no era como para llegar a los penales. Boca dio la sensación de jugar todo el tiempo a media máquina. Después del gol de Román, el partido estaba bajo absoluto control. Era cuestión de apretar el acelerador en algún momento, meter el segundo y chau pero no.
En el primer tiempo, después de esa que de entrada se perdió Lázzaro y que menos mal que se le fue por poco (suele traernos problemas, Lázzaro), Boca jugó tranqui, movió la pelota para los costados pero en los últimos metros no apretó nunca. Salvo esa de Sánchez Miño, que al final le entró medio mordida, la del Tanque que tendría que haber tirado a matar y en lugar de eso la cruzó al medio y el cabezazo deCvita desviado, no hubo mayores zozobras para Merlo. Ya se dijo que el Tanque no funcionó, está lento. Cvita tampoco, no es ni 9 ni 7, no participa del juego.
Empezó el segundo tiempo y se vio claro que en el vestuario se habíandicho "bueno, dejémonos de joder y ganemos". Presión arriba, agresividad, Merlo contra sus palos, sucesión de corners. Hasta que llegó el poema de Román...
En realidad, Álvarez había parado mal el juego, era ley de ventaja, Cvita se metía de lleno en el área con buenas posibilidades. Pero suerte que a Álvarez se le ocurrió parar para cobrar esa falta insignificante contra Pochi Chávez. Así abrió la puerta para que viéramos lo mejor de la tarde. El tiro de Román, después de jugarla cortita con Erviti, valió por si solo el viaje a Catamarca, el precio de la entrada para los que pagaron y el esfuerzo físico para los que lo vieron trapados al cerro que está detrás de la platea lateral descubierta.
¿Por qué no lo definimos? Si Merlo no podía más por más que quisiera. Faltó contundencia. Pablito Mouche tendría que haber entrado antes. Si cuando entró fue el que revolvió el partido. Suyo fue ese cabezazo que atajó abajo Capogrosso, después de un centro de Román. Suyo, también, el cabezazo para la volea torcida de Pochi. Las dos mejores llegadas de Boca.
Merlo ni se había aproximado al área pero le regalamos dos, a los 43 y a los 45. La primera se fue por arriba del travesaño. La segunda fue gol y nos mandó irremisiblemente a los penales. Tienen su encanto, los penales. La mitad menos uno los odia. Acertamos todos y el Uru Sosa agarró uno. Suficiente.
Estoy en el mismo hotel que Merlo. Por la noche felicitamos caballerosamente al Coqui Ferraresi, quien dijo experimentar "sensaciones encontradas" y se quejó del árbitro. "Si Boca no necesita que lo ayuden", djo. ¿Qué corno le reclamaba al árbitro? Mejor ni preguntárselo, quizá ni él lo sepa exactamente. El hombre es llorón por naturaleza.
Seguro, no debe ser el único que llora por estas horas. Boca está en otra final. Listo para defender el título que ganamos hace 43 años, en la primera edición de la Copa Argentina. A los penales vale. Hay otros que a los penales pierden.
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