La mitad menos uno odia que pasemos por penales con lo cual, automáticamente, pasar por penales adquiere un encanto especial. Los que te jedi, también por penales, se quedaron arafue (remember 2004). En fin, a la larga se dio la lógica, en la final estamos dos equipos de primera.
Por otra parte, llegar a los penales valió la pena aunque más no fuera para ver la delicia de Román. Genio. La gente, acá, en Catamarca, loca con él. El Tanque, con estilo diametralmente opuesto, también pateó bien. Se redimió, así, de un mal partido suyo. Como Caruzzo en el último. Viene muy seguro Caruzzo en las últimas definiciones por penales. Somoza y Mouche no patearon bien pero en fin, la bola entró. Las dos las tocó Capogrosso. Se había puesto las manos, Capogrosso. No como aquella tarde en La Plata por la cual ahora, según cuentan, no puede acercarse a menos de cien kilómetros de Rafaela.
La verdad, no era como para llegar a los penales. Boca dio la sensación de jugar todo el tiempo a media máquina. Después del gol de Román, el partido estaba bajo absoluto control. Era cuestión de apretar el acelerador en algún momento, meter el segundo y chau pero no.
En el primer tiempo, después de esa que de entrada se perdió Lázzaro y que menos mal que se le fue por poco (suele traernos problemas, Lázzaro), Boca jugó tranqui, movió la pelota para los costados pero en los últimos metros no apretó nunca. Salvo esa de Sánchez Miño, que al final le entró medio mordida, la del Tanque que tendría que haber tirado a matar y en lugar de eso la cruzó al medio y el cabezazo deCvita desviado, no hubo mayores zozobras para Merlo. Ya se dijo que el Tanque no funcionó, está lento. Cvita tampoco, no es ni 9 ni 7, no participa del juego.
Empezó el segundo tiempo y se vio claro que en el vestuario se habíandicho "bueno, dejémonos de joder y ganemos". Presión arriba, agresividad, Merlo contra sus palos, sucesión de corners. Hasta que llegó el poema de Román...
En realidad, Álvarez había parado mal el juego, era ley de ventaja, Cvita se metía de lleno en el área con buenas posibilidades. Pero suerte que a Álvarez se le ocurrió parar para cobrar esa falta insignificante contra Pochi Chávez. Así abrió la puerta para que viéramos lo mejor de la tarde. El tiro de Román, después de jugarla cortita con Erviti, valió por si solo el viaje a Catamarca, el precio de la entrada para los que pagaron y el esfuerzo físico para los que lo vieron trapados al cerro que está detrás de la platea lateral descubierta.
¿Por qué no lo definimos? Si Merlo no podía más por más que quisiera. Faltó contundencia. Pablito Mouche tendría que haber entrado antes. Si cuando entró fue el que revolvió el partido. Suyo fue ese cabezazo que atajó abajo Capogrosso, después de un centro de Román. Suyo, también, el cabezazo para la volea torcida de Pochi. Las dos mejores llegadas de Boca.
Merlo ni se había aproximado al área pero le regalamos dos, a los 43 y a los 45. La primera se fue por arriba del travesaño. La segunda fue gol y nos mandó irremisiblemente a los penales. Tienen su encanto, los penales. La mitad menos uno los odia. Acertamos todos y el Uru Sosa agarró uno. Suficiente.
Estoy en el mismo hotel que Merlo. Por la noche felicitamos caballerosamente al Coqui Ferraresi, quien dijo experimentar "sensaciones encontradas" y se quejó del árbitro. "Si Boca no necesita que lo ayuden", djo. ¿Qué corno le reclamaba al árbitro? Mejor ni preguntárselo, quizá ni él lo sepa exactamente. El hombre es llorón por naturaleza.
Seguro, no debe ser el único que llora por estas horas. Boca está en otra final. Listo para defender el título que ganamos hace 43 años, en la primera edición de la Copa Argentina. A los penales vale. Hay otros que a los penales pierden.
lunes, 4 de junio de 2012
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