Ahora sí, en una instancia clave, se vio al Boca que queremos. Sólido, sin puntos débiles, imponiendo autoridad desde el principio hasta el final del partido, reduciendo a su mínima expresión a un rival al que se presentaba como muy peligroso.
Con o sin la pelota, jugando en campo rival o en campo propio, el partido lo manejó siempre Boca. De esa Universidad de Chile con salida rápida y sentido de profundidad permanente en la posesión de la pelota que tanto ha venido dando que hablar últimamente, en La Bombonera no se vio nada. Los chilenos comenzaron el juego con mucha gente adelantada, volvieron a tenerla durante el segundo tiempo pero no llegaron jamás, ni una sola vez.
¿Qué trabajo tuvo Orión? Apenas ese tiro libre de Díaz en el primer tiempo, por fuera de la barrera, que resolvió bien volando hacia su izquierda y manoteándola para el costado, lejos. Fuera de esa, nada, apenas recoger pelotas que le llegaba dóciles e indoloras.
Se decidió Falcioni, lo puso de entrada a Mouche, que venía reclamando titularidad, lo sacó a Cvitanich, inexpresivo en los últimos partidos y Pablo fue el gestor del primer gol, con apenas quince minutos jugados, como para que el transcurrir del tiempo no alterara el sistema nervioso.
De entrada la había perdido, después del pase de Román, pero fue, la recuperó de prepotencia, se la llevó hasta el área y una vez que llegó al fondo, hizo lo que no siempre hace Pablo, se tomó un tiempo para mirar antes de ponérsela a Silva.
La definición del Tanque fue impecable pero también demostrativa de que la U defiende muy mal. Se pareció a aquél legendario gol de Palermo contra River, en 2000. La pelota le quedó medio atrás, al Tanque, pero tuvo tiempo y espacio no para dar una media vuelta sino prácticamente una vuelta completa, en el corazón del área, antes de sacar el zurdazo irreprochable para el 1-0.
Fue la tercera llegada de Boca en un cuarto de hora, porque antes había estado ese otro zurdazo del Tanque, entrando por derecha, por arriba del travesaño. Y poco después, la de Erviti, otro zurdazo alto.
Buen partido de Erviti, corriendo pero también jugando. Este jugador tan diferente del que conociéramos en San Lorenzo y Banfield, porque por necesidad del equipo y requerimiento de su técnico está puesto a correr, muchas veces, por acelerarse, pierde precisión, se desordena, compromete la pelota. Esta vez, no. Sin dejar de lado el esfuerzo y el sacrificio, jugó como es capaz de hacerlo. Un aporte valiosísimo.
Todo el medio juego de Boca fue el pilar del rendimiento colectivo porque Somoza estuvo parado siempre donde debía. Es un hombre fundamental y eso quedó más en evidencia que nunca en los partidos en que faltó. Él le da equilibrio a todo el conjunto. Y después, Román volvió a marcar diferencia con varias entregas de su sello.
Los chilenos salieron a apretarlo, a Román. En el primer tiempo, allá donde le llegara la pelota iban tres con él. Pero no se inmutó. Está muy bien físicamente, no le pesan los partidos, llega a los noventa sin acusar el desgaste. Y por otra parte, cuando Román, por circunstancias del juego, no pudo conducir, hubo equipo, hubo variantes. Un dato sumamente alentador, por cierto.
En el final del primer tiempo Boca se tomó un resuello pero el arranque del segundo tiempo fue a todo trapo. Los chilenos se vieron abrumados, desbordados. Antes del gol de Sánchez Miño pudo haber habido otro de Mouche. Gran pase de Pablo Ledesma, que en el resto del partido anduvo descolorido, sin la seguridad de otras veces. Mouche llegó sólo por el medio pero la tiró a las nubes. Así es Pablo, nunca se sabe que es lo que va a salir del cargador. Es el mejor delantero en lo que va del año y se lo reconoció toda la gente cuando se fue reemplazado. Los que muchas veces hacían bajar el murmullo reprobatorio ante alguna de esas desconcertantes intervenciones suyas, esta vez lo ovacionaron. Probablemente pronto lo vuelvan a reprobar, porque eso es lo que despiertan los jugadores de las características de Pablo. Pero es un delantero valioso, de eso no hay dudas.
El segundo fue otra demostración de lo permeable que es el fondo de la U. Juega con línea de tres pero los volantes laterales no vuelven y así no se puede. Antes de que Román lo viera a Erviti por la izquierda pasó un rato largo, muy largo. Finalmente salió el pase y la soledad de Walter seguía siendo absoluta. La definición no fue buena pero allí apareció el Gordo Sánchez Miño, para facturar tras el rechazo del arquero.
Un gol bastante parecido al que le hiciera al Fluminense. El Gordo vio bien la jugada, adivinó lo que podía llegar a pasar y por eso corrió toda la cancha para aparecer en el lugar justo y en el momento apropiado. Volvió a funcionar muy bien Sánchez Miño como salida. Algún problema tuvo cuando lo encaró el morochito Junior Fernandes en el primer tiempo, también se comió algún reproche de Román en alguna jugada en que no lo interpretó debidamente pero en general, su trabajo fue muy bueno. Por suerte, no se lo extrañó a Clemente (¿remember lo expuesto por este gil que escribe sobre las convocatorias a la selección, antes de que se supiera que Clemente había vuelto lesionado?).
El partido quedó liquidado allí mismo y faltaba más de media hora. Un golcito más y se terminaba la serie. Igual, a Santiago vamos tranquilos. No es de imaginar que estos muchachitos vayan a ganarnos por tres goles, por más que en fútbol nunca se sepa.
Del segmento final del juego, quedó para resaltar la firmeza del fondo. El Flaco Schiavi había tenido alguna salida muy a la descampada en el primer tiempo pero después fue imponente, La Bombonera entera volvió a vivarlo. Y otro que estuvo en gran nivel fue Facu Roncaglia. Firme, metedor, hasta inteligente para meter algún foul imprescindible cuando no quedaba otra.
En suma, un Boca que dio gusto. Con porte de campeón de América. Ahora hay que ir a Santiago y después, si pasamos como cabe suponerlo, nos esperará un brasileño que casi seguro va a ser Corinthians. No es muy brasileño, el Corinthians. Achica espacios hacia atrás, junta volantes con defensores, muerde. Pero bueno, tranqui, partido por partido. Araca, corazón, callate un poco…
viernes, 15 de junio de 2012
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