Buen Boca, el
que se plantó en Sao Paulo, jugó el partido que debía jugar, obtuvo el
resultado que necesitaba y se trajo la clasificación. Con autoridad, con
jerarquía, con actitud, con compromiso.
Guillermo (prisionero
en un palco) y Gustavo la pensaron bien con Villa y Pavón abiertos para
aprovechar los espacios que dejaran los laterales, con Wanchope aguantando a
los centrales. Pero el corazón del equipo estuvo en el medio, allí donde Wilmar
se hizo sentir con los movimientos justos y la garra de siempre, con Nahitán dejando
el alma en cada intervención, con Pablo convertido en conductor, para manejar
los tiempos y elegir el destino de la pelota.
Pudo haberse
venido la noche si se convalidaba el gol Bruno Henrique, antes de los diez
minutos. Pero había off side de Dayverson antes del centro, corrigió bien el
VAR. Era una falla importante y difícil de aceptar por parte del asistente de
ese lado. ¡Ay!
Palmeiras
quedaba muy regalado, mucho espacio entre líneas, Boca estaba para
aprovecharlo. Pudo haber sido sobre el cuarto de hora, cuando Pavón conectó
solo, sin tiempo de acomodarse, esa pelota que le puso Nändez, le salió
desviado. Un poco mejor que la semana pasada, Kichan, pero seguimos esperando
mucho más de él.
Enseguida llegó
el gol. Pelota bien recuperada por Villa, la apertura para Jara que la puso muy
bien, largo y justo para la aparición de Villa, que por su parte levantó la
cabeza y lo vio llegar a Ábila por el medio; Wanchope ganó muy bien la posición
en el área para conectar el centro bajo y poner el 1-0.
Villa fue
valioso con su velocidad y determinación, le faltó precisión en el manejo de
las pelotas paradas. Jara, tan castigado últimamente, tuvo un acierto
fundamental, después iban a reaparecer sus dudas defensivas. Ábila, como en La
Bombonera, volvió a ser generoso para darle al equipo peso en los últimos
metros de cancha.
Desde que
terminó el primer partido, éste que escribe pensó: “si allá metemos una, se
termina”. Sospecho que habrá sido el pensamiento de muchos. La verdad es que,
por la apostura de todo el primer tiempo, daba como para suponer que sí, que ya
estaba todo dicho. Más tarde iban a presentarse algunos temblores, así es este
juego.
La defensa, en
la primera parte, sostenía el partido muy bien, con Izquierdoz impecable,
dominante. Palmeiras nos asustó a los 25 con el cabezazo hacia abajo de Gómez
(centro de Lima desde la zona de Olaza) y allí apareció el que tenía que
aparecer, el que necesitábamos que apareciera: Rossi, con una atajada sustancial.
La otra fue a los 36, casi termina en gol en contra de Jara, menos mal que se
fue.
Arrancó el
segundo tiempo, Palmeiras salió a jugarse el resto y la diferencia fue que Boca
perdió posesión, no tuvo la capacidad de antes para mantener la pelota, empezó
a perderla más fácil. Por otra parte empezó a hacerse ver Dudú por la zona más
flaca nuestra, la de Olaza y Magallán. Iban apenas dos minutos cuando Lima nos
metió ese remate desde afuera y otra vez, Rossi cantó presente.
Descontaron
pronto. A la salida de un tiro libre, achicaron todos menos Magallán, quedó
habilitado Luan y definió entre las piernas de Rossi. Boca reaccionó bien a ese
gol, no se desequilibró. Sin embargo, a los 13, una falla grave de Olaza derivó
en el penal que cometió Izquierdoz y el paraguayo Gómez puso el 2-1 para
Palmeiras.
Ahí sí, se puso
feo, estaban a dos goles, faltaba mucho, se venían, la gente jugaba su partido.
Menos mal que no entró ese cabezazo de pique que nos metió Gómez a los 17, se
levantó y se fue por arriba, ¡Uf!
Pasado el cuarto
de hora, Gustavo lo había mandado a la cancha al Pipa Benedetto. Ya Wanchope
había hecho lo suyo y sentía el desgaste. Era tiempo de aprovechar el momento
del Pipa, que venía dulce. En sus dos primeras participaciones, perdió la
pelota. En la tercera, abrochó la clasificación.
Casi, casi, igualito
al segundo en La Bombonera. Recibió de Pablo, pisó para acomodar el perfil y
abrirse espacio, sacó el derechazo calcado al de la semana pasada, bien
esquinado, sin levantarla, inalcanzable para Weverton.
Ahí se terminó
el partido, se resolvió la llave, aunque quedaban 21 minutos de tiempo regular
más la adición. ¡No nos iban a meter tres goles! Boca ya supo que era el
ganador, Palmeiras ya supo que no había más nada que hacer.
Claro que no por
ello iba a desconcentrarse nadie. Todos siguieron al cien por ciento hasta el
final. Una lástima que no haya entrado el tiro libre de Zárate, lindísima rosca
por afuera de la barrera, fue al travesaño, era golazo y triunfo.
¡Qué cosa! Tres definiciones
parecidas con Palmeiras, siempre allá: final 2000, semifinal 2001 y ahora. Esta
vez llegamos mejor parados porque habíamos ganado de locales, a diferencia de
las anteriores. Pero las tres veces nos trajimos de Brasil lo que fuimos a
buscar.
Se viene una
final histórica. Será inolvidable, caiga para dónde cayere. Aquí no cuentan los
antecedentes. Serán 180 minutos a todo o nada. El salame de Macri no quería
pero sí, se va a jugar. Si mantenemos el nivel de compromiso de los partidos
por cuartos y por semi, si no damos las ventajas que no podemos dar, estamos
para soñar con un acontecimiento que no tendrá repetición. Cabe esperar, por
otra parte, que no vaya a fallar nadie: ni los pitos ni los banderitas ni los
del VAR.
El BOLETÍN:
ROSSI 6, JARA 5, IZQUIERDOZ 7, MAGALLÁN 4, OLAZA 3, NÁNDEZ 7, BARRIOS 8, PÉREZ
7, VILLA 6, ÁBILA 6, PAVÓN 5 (FI), BENEDETTO 6, ZÁRATE 5, GAGO NC.