lunes, 26 de septiembre de 2011

PEOR ES NADA

Se pudo haber ganado, se pudo haber perdido, se empató. No se jugó bien. Hace a las buenas campañas no perder cuando no se juega bien. Esta noche, o Lanús o Colón se puede poner a tres puntos pero bueno, todas a favor a favor no se pueden dar. Si empatan, mejor, claro está.
No se le encontró la vuelta a la cancha chica, pareciera. Lo que hizo bien Argentinos fue aislar a Román de los demás. No hubo conexión. Muy impreciso, errático Erviti, muy acelerado y chocador el Burro Rivero. Quizá debió haber entrado antes Pochi Chávez, a ver qué pasaba.
Román fue, por lejos, el que más los preocupó pero fue, casi exclusivamente, con su media distancia. Con los tres tiros libres, dos del primer tiempo y uno del segundo, más una de pelota en movimiento, sobre el final del primer tiempo, todas bien resueltas por el arquero.
Un dato muy negativo fue lo mal que jugaron Mouche y Viatri. Pablo, cuando no logra ganar en el uno contra uno, se desdibuja por completo y lo peor es que se enoja, se ofusca, empieza a tomar todas las decisiones incorrectas, quiere pasar por donde no se puede.
Lucas entró, salió, volvió a entrar pero nunca alcanzó importancia en el partido. Ni en el área ni tratando de elaborar desde afuera. La única que hizo bien fue esa que defendió contra tres y la abrió a la derecha para el Pochi, que le pegó alto.
Esa simple acción de un delantero que descarga para la llegada de un volante fue una de las dos maniobras colectivas de ataque que pueden rescatarse de Boca en los noventa minutos. La otra fue la que Nico Colazo metió en el área por abajo, Blandi, de espaldas tocó para atrás y Somoza le pegó por arriba. Muy poco, por cierto. Por no decir casi nada.
Es de valorar que Boca haya recibido sólo dos goles en nueve partidos (uno de tiro libre y otro) en contra. Una vez más, Orión tuvo muy poco trabajo. Pero esta vez algunas fisuras se advirtieron. El Flaco Schiavi no jugó un buen partido, estuvo falto de medida en más de una intervención.
Roncaglia está jugando un buen campeonato, fue un acierto de Falcioni haber pedido que se quedara y haberle dado rodaje y confianza como lateral pero ayer, las tres acciones más claras de gol para Argentinos tuvieron por escenario su zona. Las tres iguales, pelota pasada desde el sector opuesto que cae a sus espaldas. La primera, al comienzo, la de Salcedo. Las otras, sobre el final, las dos de Ramírez. Las tres, no fueron gol de casualidad. Será que andamos derechos. En el Clausura, alguna entraba, seguro.
“Sinovitis”, cantó el parte médico para Román después del partido. Esa puta rodilla izquierda nos sigue preocupando, nos sigue doliendo a todos. Jugó casi 270 minutos en ocho días. No es cuestión, ahora, de decir que debió habérselo cuidado un poco más. No, lo necesitábamos en la cancha y en la cancha estuvo. Vamos a ver cómo sigue la historia pero ahora sí, cuidémoslo.
Pasamos con siete puntos sobre nueve una secuencia de partidos clave. Lanús, que es sin duda uno de los mejores, Estudiantes, que tiene uno de los mejores planteles aunque ande como el orto y Argentinos, cuya cancha siempre supone una dificultad especial por sus dimensiones. La producción, la efectividad, son más que satisfactorias.
Ahora se vienen dos partidos seguidos al calor de La Bombonera pero ojo, son mucho más difíciles de lo que pudiera haberse supuesto cuando empezó el campeonato. El Tigre del Vasquito Arruabarrena les da guerra a todos, ayer remó hasta el final para salvar un punto de un partido que se le había presentado torcido. Después del fin de semana libre, que seguramente vendrá muy bien, Belgrano será recibido como se merece por haber mandado al descenso a los que te jedi. Los cordobeses están sacando puntos por todos lados y tienen a ese Mudo Vázquez que es bueno en serio (un Romancito en potencia, alguna cosa de Angelito Rojas, me encanta, ese Mudito Vázquez).
Lo bueno es que este Boca sabe muy bien -y lo viene demostrando- que ningún partido se gana antes de jugarlo. La actitud y la concentración son siempre las mismas, sea cual fuere el que esté enfrente. Eso es madurez, es oficio, es cualidad propia de los equipos que dejan huella.

viernes, 23 de septiembre de 2011

RI - QUEEEEEEL - ME... RI - QUEEEEEEL - ME...

En verdad, no creí que, por lo que pueda restarme de vida, iba a volver a ver a este Román. Dominante, amo y señor del partido. Jugando y haciendo jugar. Dirigiendo los movimientos de sus compañeros, condicionando los de todos los rivales, imponiéndole presencia hasta al árbitro. Imperativo.
Seguramente, tiene que ver el nivel físico. Esa pretemorada que desde hacía tiempo no podía completar. Pero más, las ganas recuperadas. Algún tipo de paz con sí mismo que le permite sentirse pleno. Porque esta mañana, viernes, en Casa Amarilla, siguió moviéndose a la par de todos. Con Argentinos va a completar tres partidos en ocho días. Y con un Román auténtico en la cancha, se empieza ganando.
Hace pocos días declaró que todavía no sabe si, cuando se retire, va a ser técnico o va a “poner un kiosco”. Perdone, Román, usted será dueño de su vida pero no tiene ningún derecho a privar al fútbol del técnico que está en condiciones de ser. Ese técnico que estamos viendo en cada partido dentro de la cancha. Y ni hablar de cuando habla. ¡Déjese de joder, Román! ¡Si usted es el fútbol! ¡Si el fútbol es usted! Para kiosqueros (o para periodistas o para hinchas) estamos los comunes.
Porque además, personalidad le sobra. Esa personalidad que, desde hace quince años, le permitió siempre ser usted mismo, contra viendo y marea. Que nunca lo arrastrara la correntada. Esa personalidad que siempre le posibilitó diferenciar a sus amigos de los otros y hacérselo notar a los demás. Determinar a la perfección quiénes son sus enemigos. Tenerlos bien ubicados para, quizá paradójicamente, ignorarlos. Con la calidad de la gente de clase. En la cancha o en cualquier otro ámbito.
Falcioni salió a hablar a la puerta del vestuario anoche, apenas finalizado el partido y en cinco parrafadas destacó tres veces a Román. Una primera mirada superficial podría llevar a concluir que es injusto cuando el equipo acababa de plasmar una victoria inobjetable con el esfuerzo de todos. Sin embargo, si sus compañeros son inteligentes (y lo son), nadie podrá molestarse. Román es la bandera.
Ojo, fue nada más que 1 a 0. Para lo que fue el partido, es poco. Se llega al minuto 90 ó 94 con un dejo de incertidumbre. Si por esas cosas te llegan a ensartar en algún momento, quieres morirte ahí mismo. Ahora, resulta que en ciento ochenta minutos, ni Lanús ni Estudiantes nos crearon ni una sola situación de gol concreta (el gol de Lanús, se recuerda, fue apenas una chambonada del Chaco Insaurralde).
Más aún, en ocho fechas, ningún equipo logró atacar a Boca en serio. A todos se los tuvo siempre bajo control. Orión recibió dos goles en lo que va del Apertura, uno de tiro libre y uno en contra. El día que más trabajó fue con San Martín de San Juan, cuando sacó dos pelotas mortales y otras dos más que difíciles. Fuera de eso, muy poco.
Esto habla de un Boca sólido en serio. Hay equipo. Armado desde atrás hacia delante. No es por pasarse de exigente pero si hubiera más gol, ya se podría ir dando por terminado el campeonato. No deja de ser un farol de alarma que, con el absoluto dominio del partido que se tuvo ante Estudiantes, se termine ganando nada más que por un gol. O que haya costado tanto marcar la diferencia contra los sanjuaninos, por ejemplo.
El champagne, si podemos, se descorchará en diciembre pero uno mira para abajo y es poco lo que se ve. Surge Racing como el enemigo natural pero va dejando algunos puntitos, como le pasó en Santa Fe. El domingo tiene un partido bisagra, con San Lorenzo afuera. Justo antes de que nosotros tengamos que salir a plantar bandera en la canchita de Argentinos, que siempre es una cajita de Pandora (Pandora era una mujer, la suerte es grela).
Lanús no parece ser el de hasta hace poco y ni hablar de Vélez y Estudiantes, los otros que, a comienzos de agosto, eran candidatos lógicos. Por ahora, hay que pensar en Argentinos y después, empezar a pensar en Tigre. Así se hace. Ahora, tampoco puede dejar de pensarse que estamos ante una oportunidad como para no dejarla pasar.

lunes, 19 de septiembre de 2011

SE GANÓ UN PARTIDO MORTAL

Este Boca parece Boca. No le pesa el calibre del rival, no le pesa la cancha. Hace su partido. Y gana. Se ganó un partido mortal porque Lanús viene siendo uno de los mejores equipos de bastante tiempo a esta parte. Seguirá siendo candidato hasta el final, seguramente. Y se le ganó bien. Se lo maniató, se lo neutralizó.
¿Cuántas jugadas de auténtico riesgo para Orión tuvo Lanús en los noventa minutos? Ninguna. Porque la del gol del empate era un centro de mediano peligro pero si no era por la chambonada, por el apresuramiento del Chaco Insaurralde, no pasaba nada. Detrás de él estaba Orión para quedársela tranquilito.
Fue una suerte meter el primero a los cinco minutos. Y fue una suerte que, cuando parecía que ellos empezaban a acomodarse después del empate, les metimos el segundo. Centro de Somoza y cabezazo -¡cabezazo!- de Erviti. Ese es un detalle para destacar. Cualquiera aparece en la producción de una jugada ofensiva y cualquiera la define, como quepa.
Estamos viendo una muy buena versión de Román. Termina todos los partidos dolorido pero juega y sigue marcando diferencia. El viejo y querido Román todavía mata. Está bien, más allá de esos achaquecitos. Se siente bien, “felí”, como dice él. Se sabe patrón y manda.
El otro patrón es el Flaco Schiavi, que impone presencia a propios y extraños. Habla y mete. Transmite.
No apareció Valeri, no apareció Camoranesi. ¿Qué problema le creo Lanús a Boca, estratégicamente hablando? En el primer tiempo, algunas subidas de Balbi. Porque el Burro Rivero no encontraba bien la medida para tomarlo en la salida y después, Roncaglia quedaba muy desprotegido. En el segundo tiempo mejoró el Burro y después de esa primera corrida de Balbi que terminó con el gol en contra, no hubo ninguna otra ruptura de Lanús por un costado.
Ojo, no es que hayamos llegado mucho. Menos que en otros partidos pero contra un rival de primera línea. Así y todo, estuvo la primera de Cvitanich, antes del gol de Lucas, esa otra cruzada del Burro, la que Pablo tendría que haber definido él pero prefirió tocarla para Román, otra de Viatri medio incómodo en el segundo tiempo y la que Marchesín le sacó a Pablo. Fue in triunfo claro, inobjetable.
Otro detalle para destacar es que Lanús tampoco pudo atacarlo bien a Boca. Ya pasaron siete fechas y no pudo nadie. A todos se los esterilizó. Y si no pudo Lanús, que es uno de los mejores, cabe conjeturar que en esta línea de producción será muy difícil que alguien pueda.
Por supuesto que puede tocar un día torcido o un día iluminado de algún rival. Falta ir a cancha difíciles como Vélez, Mendoza y Santa Fe. Ahora vienen en una semana dos partidos, Estudiantes y Argentinos, entre dos equipos que ayer no es que hayan jugado un partidazo, no, sino que parecía que se peleaban para perder. Cada uno hizo todo lo posible y al final lo logró Argentinos (perder).
Sin embargo, Estudiantes tiene jugadores. Ahora, que ganó, puede recuperar confianza. No es posible que Justo Villar siga atajando tan mal, es buen arquero, así que lo del jueves de ninguna manera puede pensarse que vaya a ser fácil.
Y después, el domingo, hay que ir a esa canchita de mierda que es una caja de sorpresas. Con un pelotazo desde el fondo se está en el área chica rival. Hay que ir con muchas prevenciones. Pero Boca está, Boca quiere, Boca parece Boca.
Terminé más contracturado que Román. Es que Lanús, al que hay que sacarle el sombrero porque nunca para de hacer obras, se supone que provisoriamente nos mandó a los periodistas a un palquito nuevo que está detrás de los bancos, en un costado. Logré sentarme entre dos filas de pupitres, todo apretadito, sin poder estirar las gambas. Una porquería pero valió la pena.
Por otra parte, hacía muchísimos años que no iba de ese lado. Desde mis queridos viejos tiempos, antes de laburar en prensa, cuando la cancha de Lanús era toda de madera menos la platea y a Boca le daban todo ese lateral (no como ahora, que le dan un rinconcito). Así que, por situación geográfica, la cosa vino bien para acordarme de aquel gol de Rojitas sobre la hora o de aquella primera vez que Di Stefano le puso al Muñeco Madurga la camiseta número 5 y no entendíamos nada…
Algunos rounds de nostalgia siempre son gratos pero como el presente siempre nos atropella, hay que salir rápido. Y el presente dice que Boca está primero solo, que la contra corre de atrás. Grande, Boca.

lunes, 12 de septiembre de 2011

ARRIBA BOCA

Un huevo y la mitad del otro. Uno de esos partidos parturientos, en que la desgraciada no quiere entrar. Este tipo de partido es el que marca tendencia en una campaña. Porque si se anda torcido, se pierde. Nos pasó muchas veces a lo largo de los últimos tres años. Por ahí entraba esa pifia de Viatri en contra en el primer tiempo y no lo levantábamos más. O seguíamos 0-0 y en los últimos diez aparecía un gol de ellos descolgado y a cantarle a Gardel. Esta vez, ganamos. Tendrían que haber sido tres, por lo menos, pero fue uno solo y ganamos, qué carajo.
Está bien, Boca. No se deprime cuando la pelota no entra, no se descontrola. Sigue. Hay juego. El que da (y contagia) Román, que está lejos del ciento por ciento en lo físico pero es Román, marca diferencia, impone jerarquía. Clemente, el tractor de sus mejores tiempos. Cvita va enganchándose cada vez más y la gente ya lo reconoce. A Lucas le está faltando gol, dos son pocos en seis fechas pero lo bueno es que si no la mete él, la mete cualquiera. Tenemos ocho goles y siete goleadores distintos.
Me gusta, me encanta eso de que ganemos 1-0. Me acuerdo de 1964. Valentim arrancó con diez goles en las seis primeras fechas y se paró, ni uno más en el resto del campeonato. Pero la metía cualquiera. Y era 1-0 y a cobrar. Este equipo tiene más juego que aquél, que era duro de media cancha para adelante y Pedernera no le encontraba la vuelta por más cambios que intentara pero hay algunos puntos de contacto. Un gol en contra en seis fechas (y de tiro libre) es una noticia muy feliz.
También es noticia feliz que el equipo empiece por el arquero. Orión tuvo poco trabajo, los sanjuaninos casi ni se arrimaron pero sacó dos bolas “in extremis”, la de Viatri y la de Graf, y salvó otras dos de más que mediano peligro, esa que abrazó contra el piso en el área chica apenas comenzado el segundo tiempo y la de Saavedra, que le viboreó muy cerca de él. Arquero de equipo grande tiene pocas en un partido por lo normal pero esas pocas lo tienen que encontrar bien despierto. Se dice siempre y es la verdad.
Y una vez más me alegro de haberme equivocado con el Flaco Schiavi. Agranda compañeros y achica rivales, el Flaco. Esa que le sacó desde el piso a Graf, dentro del área, con la puntita, en el último esfuerzo, vale como una genialidad de Román.
Como habrá estado de encaprichada en no entrar, la bola, que hasta en el gol, Erviti tuvo que patear dos veces. Y fue una jugada bárbara, Clemente-Viatri-Erviti. No definió bien de prima, Walter, por eso le pegó al arquero. Muy valioso lo de Clemente de segunda vuelta, porque no se apuró ni se nubló (algo que suele pasarle y le había pasado, sin ir más lejos, en el primer tiempo, en esa que pateó desviada al primer palo). Tocó para atrás, como se debía. ¿Había off side? En la primera repetición que vi me pareció que sí pero en la última, me pareció que Clemente estaba en la línea de la pelota. En fin, el linesman del primer tiempo nos había cortado muy mal dos, la de Rivero y la de Román, así que si alguna vez le erran pero para nosotros, bienvenida sea.
Le va a venir bien el gol a Erviti, para ver si termina de afirmarse. Está entrando en circulación, está mucho mejor que en el Clausura. Le falta soltarse más, pareciera como si la presencia de Román lo cohibiese pero está creciendo.
Qué bueno que es mirar a todos desde arriba, lo extrañábamos. Y a los demás, a la contra, a la mitad menos uno, no le gusta nada, le duele. Ahora hay que ir a Lanús y personalmente, lo digo sin rubores, firmo un 0-0 ya. “No, che, dejate de joder, somos Boca”, me decía el otro día un compañero. Claro que somos Boca. Y sabemos que los empates en cancha podrida valen. Ahora bien, esto no significa que haya que ir con miedo. No, hay que ir y jugar. Sin complejos, eso sí. Y pareciera que este equipo es capaz.

lunes, 5 de septiembre de 2011

VA QUERIENDO

Nobleza obliga, este gil que escribe no podía entender el regreso del Flaco Schiavi, lo rechazaba. Ojo, en las cinco fechas que van del Apertura todavía no nos hemos encontrado con un rival que nos ataque en serio pero lo que se ve es que el Flaco, con su indiscutida fibra de líder, no sólo ha potenciado a sus compañeros de línea sino que contagia personalidad a todo el equipo.
Encima, hizo el gol, el Flaco. Se la encontró picando, después del corner, y vacunó. Estaba en el lugar justo y en el momento indicado para ponerle la firma a un partido que en los papeles era difícil, que en el juego comenzó pareciendo ser difícil y que al final, hasta podría haber sido fácil.
Con la salvedad ya expuesta, tener un solo gol en contra a lo largo de cinco partidos y que haya sido de tiro libre es un dato de peso. Más aún si nos acordamos de lo que era la defensa de Boca o mejor dicho, Boca (todo el equipo) en función defensiva hasta no hace mucho, gira por Europa incluida.
Faltó Román y cuando el Pochi Chávez pagaba 1,80 para ser el enganche, Falcioni eligió poner tres puntas, con Luquitas Viatri levemente tirado atrás. Pocas veces habrán quedado tan claras las diferencias entre Viatri y Palermo. Lucas no es el animal del área que era Martín, nunca va a serlo pero tiene características técnicas y físicas que le permiten armar juego para los otros.
Muy buen partido el de Lucas. Lástima que tuvo por lo menos dos claras y no las metió pero jugó, salió y entró, buscó por los costados con Mouche y con Cvitanich, con Clemente y con Rivero.
En el segundo tiempo pudo haber sido goleada. Independiente llegaba hasta tres cuartos y no sabía cómo pasar de allí. Boca lo esperaba tranqui, con un tejido defensivo impenetrable. Matías Caruzzo jugó, por lejos, su mejor partido desde que lo trajo Borghi. Por primera vez se pareció a aquel último zaguero que soportó toda la campaña del Argentinos Juniors campeón. Sí, seguro, el Flaco Schiavi lo hizo crecer.
Es grato reencontrarse con un Boca así, que para empezar se para firme desde atrás. Como los equipos de Bianchi y los del Toto, como los del ciclo dorado 1962/65, como dicen que se paraba aquel Boca de los 40 que le peleaba mano a mano los campeonatos y los clásicos a la famosa Máquina de los que te jedi.
Independiente tuvo la pelota un montón de tiempo pero aproximaciones al gol tuvo, en los noventa minutos, dos. La última, la de Tuzzio, fue de un rebote después de un corner. La primera, un insólito obsequio de Orión.
Arquero raro, Orión. Siempre lo fue. Esa pelota que se le enredó en los pies y que le dejó servido el gol al Sombra Pérez trajo el recuerdo de aquella Libertadores que regaló jugando para el CASLA (sí, se sabe, Club Argentino Sin Libertadores de América). No es que se haya rehecho, tuvimos la suerte de que el Sombra se asustó. Vale más la que le tapó a Tuzzio sobre el final. A veces duda demasiado antes de salir pero en los palos está fuerte.
La verdad es que dio como para ilusionarse, lo que se vio. De puro cautelosos, pongamos algunos puntos sobre las íes. Es maravilloso que el rival quiera atacar y no sepa cómo, dejando espacios (cada vez más con el correr del tiempo) para salirle rápido y llegarle fácil. Lástima que pocas veces a Boca se le plantean así los partidos. Sin ir más lejos, uno sospecha que los sanjuaninos, el domingo que viene, van a venir a colgarse del travesaño.
Es cierto que Independiente, no sólo esta vez sino de bastante tiempo a esta parte, viene famélico de ataque. No supo ganar ni la Sorongo Cup (Copyright Tony Serpa en Olé) en Japón. Se repite, nadie atacó debidamente a Boca en las cinco fechas pero es que en el fútbol argentino cuesta cada vez más atacar, casi nadie sabe cómo hacerlo. Sabía Vélez pero se le fueron Silva, Moralez y Ricky Álvarez y ahora pierde con cualquiera.
Era un partido clave, bisagra, y se ganó. Se avecina otra fecha fundamental porque después de los sanjuaninos hay que ir a Lanús, cancha difícil en los últimos años, con el que probablemente sea el mejor equipo del momento (nosotros no nos anotemos todavía). Justo allí fue que perdimos por última vez, quince fechas atrás. Parece que Román ya va a estar desde el domingo que viene (cuidémoslo, please).
Dos semanas atrás planteábamos que hoy, después de los Sin Libertadores y de los rosas (rojos desteñidos) íbamos a saber mejor dónde estábamos parados. Cosechamos cuatro puntos que pudieron haber sido seis. Ahora cabe apuntar que después de Lanús sabremos bien si somos candidatos con argumentos sólidos o si somos uno más en la comparsa que corre detrás del insospechado Atlético de Rafaela.