Nobleza obliga, este gil que escribe no podía entender el regreso del Flaco Schiavi, lo rechazaba. Ojo, en las cinco fechas que van del Apertura todavía no nos hemos encontrado con un rival que nos ataque en serio pero lo que se ve es que el Flaco, con su indiscutida fibra de líder, no sólo ha potenciado a sus compañeros de línea sino que contagia personalidad a todo el equipo.
Encima, hizo el gol, el Flaco. Se la encontró picando, después del corner, y vacunó. Estaba en el lugar justo y en el momento indicado para ponerle la firma a un partido que en los papeles era difícil, que en el juego comenzó pareciendo ser difícil y que al final, hasta podría haber sido fácil.
Con la salvedad ya expuesta, tener un solo gol en contra a lo largo de cinco partidos y que haya sido de tiro libre es un dato de peso. Más aún si nos acordamos de lo que era la defensa de Boca o mejor dicho, Boca (todo el equipo) en función defensiva hasta no hace mucho, gira por Europa incluida.
Faltó Román y cuando el Pochi Chávez pagaba 1,80 para ser el enganche, Falcioni eligió poner tres puntas, con Luquitas Viatri levemente tirado atrás. Pocas veces habrán quedado tan claras las diferencias entre Viatri y Palermo. Lucas no es el animal del área que era Martín, nunca va a serlo pero tiene características técnicas y físicas que le permiten armar juego para los otros.
Muy buen partido el de Lucas. Lástima que tuvo por lo menos dos claras y no las metió pero jugó, salió y entró, buscó por los costados con Mouche y con Cvitanich, con Clemente y con Rivero.
En el segundo tiempo pudo haber sido goleada. Independiente llegaba hasta tres cuartos y no sabía cómo pasar de allí. Boca lo esperaba tranqui, con un tejido defensivo impenetrable. Matías Caruzzo jugó, por lejos, su mejor partido desde que lo trajo Borghi. Por primera vez se pareció a aquel último zaguero que soportó toda la campaña del Argentinos Juniors campeón. Sí, seguro, el Flaco Schiavi lo hizo crecer.
Es grato reencontrarse con un Boca así, que para empezar se para firme desde atrás. Como los equipos de Bianchi y los del Toto, como los del ciclo dorado 1962/65, como dicen que se paraba aquel Boca de los 40 que le peleaba mano a mano los campeonatos y los clásicos a la famosa Máquina de los que te jedi.
Independiente tuvo la pelota un montón de tiempo pero aproximaciones al gol tuvo, en los noventa minutos, dos. La última, la de Tuzzio, fue de un rebote después de un corner. La primera, un insólito obsequio de Orión.
Arquero raro, Orión. Siempre lo fue. Esa pelota que se le enredó en los pies y que le dejó servido el gol al Sombra Pérez trajo el recuerdo de aquella Libertadores que regaló jugando para el CASLA (sí, se sabe, Club Argentino Sin Libertadores de América). No es que se haya rehecho, tuvimos la suerte de que el Sombra se asustó. Vale más la que le tapó a Tuzzio sobre el final. A veces duda demasiado antes de salir pero en los palos está fuerte.
La verdad es que dio como para ilusionarse, lo que se vio. De puro cautelosos, pongamos algunos puntos sobre las íes. Es maravilloso que el rival quiera atacar y no sepa cómo, dejando espacios (cada vez más con el correr del tiempo) para salirle rápido y llegarle fácil. Lástima que pocas veces a Boca se le plantean así los partidos. Sin ir más lejos, uno sospecha que los sanjuaninos, el domingo que viene, van a venir a colgarse del travesaño.
Es cierto que Independiente, no sólo esta vez sino de bastante tiempo a esta parte, viene famélico de ataque. No supo ganar ni la Sorongo Cup (Copyright Tony Serpa en Olé) en Japón. Se repite, nadie atacó debidamente a Boca en las cinco fechas pero es que en el fútbol argentino cuesta cada vez más atacar, casi nadie sabe cómo hacerlo. Sabía Vélez pero se le fueron Silva, Moralez y Ricky Álvarez y ahora pierde con cualquiera.
Era un partido clave, bisagra, y se ganó. Se avecina otra fecha fundamental porque después de los sanjuaninos hay que ir a Lanús, cancha difícil en los últimos años, con el que probablemente sea el mejor equipo del momento (nosotros no nos anotemos todavía). Justo allí fue que perdimos por última vez, quince fechas atrás. Parece que Román ya va a estar desde el domingo que viene (cuidémoslo, please).
Dos semanas atrás planteábamos que hoy, después de los Sin Libertadores y de los rosas (rojos desteñidos) íbamos a saber mejor dónde estábamos parados. Cosechamos cuatro puntos que pudieron haber sido seis. Ahora cabe apuntar que después de Lanús sabremos bien si somos candidatos con argumentos sólidos o si somos uno más en la comparsa que corre detrás del insospechado Atlético de Rafaela.
lunes, 5 de septiembre de 2011
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