Impresiona bien en serio, este equipo. Firme, parejo, siempre metido en el juego. Y gana. Ya van tres clásicos (serán de verano pero son clásicos) ganados sin dejar dudas. Y sin goles en contra.
Más allá de los resultados en sí mismos -que importan siempre- lo que se observan son ideas claras. No se dejan espacios, los volantes se juntan bien con los centrales, cuando se pierde la pelota todos pasan muy bien a ocupar posiciones detrás de la línea del balón.
Hubo una jugada frente a San Lorenzo, sin mayor trascendencia dentro del desarrollo del partido pero significativa en cuanto a lo que está logrando este equipo: Bottinelli se complicó con una pelota sobre un lateral, en zona defensiva, y de inmediato se vio rodeado por cuatro jugadores de Boca, sin posibilidad de salir. Eso es presión bien ejecutada.
Y hay también movimientos de ataque muy bien coordinados. Ejemplo, el primer gol: Mouche llegó muy bien hasta el fondo y Rivero, que había iniciado la ugada, llegó bien adentro, al corazón del área chica para definir.
Otro ejemplo, el segundo: contraataque de manual, nuevamente muy buena conducción por Rivero y llegada a fondo de otro volante, Nico Colazo, que por lo demás, definió con un latigazo de zurda impecable.
Y ya que estamos con los goles, soberbio el tiro libre de Pablito para el tercero. Parecía que tenía que ser de Monzón –así lo había sugerido Falcioni- pero la pegada de Pablo fue un poema, por la forma en que la calzó, bien abajo, por la potencia justa y la dirección perfecta, para clavarla lejos de Migliore.
Falcioni ya parece tener casi todo definido. Javi García será el arquero (aunque Lucchetti respondió en los dos partidos que jugò). El fondo, Calvo – Caruzzo – Insaurralde – Clemente, no parece haber dudas.
Los de arriba van a ser, de arranque, Mouche y Palermo, seguro.
No deja de ser paradójico que, con tan buenas respuestas en el medio campo, sea ésa la zona donde todavía hay planteadas incógnitas. Somoza y Rivero van a tener sus lugares. Pero Pochi se va con la selección y llega muy justo para jugar con Godoy Cruz. Erviti llega con un partido de suspensión. Y dos nombres fundamentales, Battaglia y Román, todavía no tuvieron minutos de fútbol pero, si están bien, no van a quedarse afuera.
Nico Colazo fue una fiera en los tres partidos, se ganó la consideración unánime y sin embargo, no tiene un lugar asegurado. Y bueh… Mejor que sobre y no que falte.
domingo, 30 de enero de 2011
viernes, 28 de enero de 2011
UN ENTRENADOR
“No, no, no, no, no”… La voz gruesa de Julio Falcioni interrumpió la práctica de fútbol que se llevaba a cabo en la cancha principal de Casa Amarilla. El Pampa Calvo había ejecutado un lateral en ataque, en los últimos metros de cancha, hacia Pochi Chávez, que intentó dominar contra la línea de fondo, de espaldas al área, pero fue despojado por David Achucarro, que lo marcaba encima.
Falcioni ocupó personalmente el lugar de Pochi, corrió desde el área hacia afuera perseguido por Achucarro, giró de pronto y volvió hacia el área, donde encontró un lugar sin rivales cerca, ideal para recibir la pelota. “Así -le indicó a Pochi-, fabricate tu propio espacio”.
Poco después, Pablo Mouche ejecutó un corner desde la derecha hacia el medio del área chica, donde la bajó Maxi Scapparoni. “Ahí, son todas del arquero”, le dijo Falcioni a Pablo al hacer repetir el corner. La segunda ejecución fue más larga, lejos del alcance de Scapparoni.
Después, en el segundo partido de práctica con otros jugadores, iba a ejecutarse otro corner y el joven Esteban Orfano fue a buscar lugar en el área. “No, afuera, andá al rebote”, ordenó Falcioni. Se hizo el corner, hubo un rechazo y la pelota fue hacia donde estaba Orfano, que pudo rematar al arco.
“Sauro, adelante, no atrás”, le marcó a Gastón antes de otro tiro de esquina en que el entrenador se había parado al lado del ejecutor, para observar desde allí los movimientos de los jugadores en el área. El central se había ubicado detrás de su marcador y Falcioni lo corrigió.
Todos estos pequeños detalles hacía mucho, pero mucho tiempo que no se observaban en las prácticas de Casa Amarilla ni de La Bombonera (al menos no en aquellas en que se permitió el acceso al periodismo y al público). En épocas de Basile y de Borghi, los técnicos solían mirar las prácticas sentados en el banco, sin que pudiera escuchárselos. Salvo cuando Basile oficiaba de árbitro, ocasiones en que, invariablemente, sancionaba un penal a favor de los titulares.
El 5 de enero, en el regreso después de las vacaciones, Juan Román Riquelme probablemente haya corrido más que en todo 2010. Habían transcurrido más de dos horas desde el comienzo al trabajo y la actividad no cesaba. Cuando se marcó el final, a los jugadores se los vio caminar hacia el vestuario realmente agotados.
Los enviados a Tandil contaron en su momento que igual de intensos fueron todos los trabajos allí desarrollados, muy diferentes de la hora u horita y cuarto de actividad en algunos de los entrenamientos de Borghi.
El tiempo dirá cómo le va a Falcioni en Boca. El fútbol sigue siendo un juego en que definen los jugadores. Bianchi trabajaba mucho y fue el mejor técnico de la historia del club. La Volpe también trabajaba mucho, muchísimo y fue de los peores. Por ahora, lo que puede afirmarse es que hay un entrenador, hay un cuerpo técnico que cumplen sobradamente con sus obligaciones. Se los ve muy comprometidos con lo que hacen. Es un buen comienzo.
Falcioni ocupó personalmente el lugar de Pochi, corrió desde el área hacia afuera perseguido por Achucarro, giró de pronto y volvió hacia el área, donde encontró un lugar sin rivales cerca, ideal para recibir la pelota. “Así -le indicó a Pochi-, fabricate tu propio espacio”.
Poco después, Pablo Mouche ejecutó un corner desde la derecha hacia el medio del área chica, donde la bajó Maxi Scapparoni. “Ahí, son todas del arquero”, le dijo Falcioni a Pablo al hacer repetir el corner. La segunda ejecución fue más larga, lejos del alcance de Scapparoni.
Después, en el segundo partido de práctica con otros jugadores, iba a ejecutarse otro corner y el joven Esteban Orfano fue a buscar lugar en el área. “No, afuera, andá al rebote”, ordenó Falcioni. Se hizo el corner, hubo un rechazo y la pelota fue hacia donde estaba Orfano, que pudo rematar al arco.
“Sauro, adelante, no atrás”, le marcó a Gastón antes de otro tiro de esquina en que el entrenador se había parado al lado del ejecutor, para observar desde allí los movimientos de los jugadores en el área. El central se había ubicado detrás de su marcador y Falcioni lo corrigió.
Todos estos pequeños detalles hacía mucho, pero mucho tiempo que no se observaban en las prácticas de Casa Amarilla ni de La Bombonera (al menos no en aquellas en que se permitió el acceso al periodismo y al público). En épocas de Basile y de Borghi, los técnicos solían mirar las prácticas sentados en el banco, sin que pudiera escuchárselos. Salvo cuando Basile oficiaba de árbitro, ocasiones en que, invariablemente, sancionaba un penal a favor de los titulares.
El 5 de enero, en el regreso después de las vacaciones, Juan Román Riquelme probablemente haya corrido más que en todo 2010. Habían transcurrido más de dos horas desde el comienzo al trabajo y la actividad no cesaba. Cuando se marcó el final, a los jugadores se los vio caminar hacia el vestuario realmente agotados.
Los enviados a Tandil contaron en su momento que igual de intensos fueron todos los trabajos allí desarrollados, muy diferentes de la hora u horita y cuarto de actividad en algunos de los entrenamientos de Borghi.
El tiempo dirá cómo le va a Falcioni en Boca. El fútbol sigue siendo un juego en que definen los jugadores. Bianchi trabajaba mucho y fue el mejor técnico de la historia del club. La Volpe también trabajaba mucho, muchísimo y fue de los peores. Por ahora, lo que puede afirmarse es que hay un entrenador, hay un cuerpo técnico que cumplen sobradamente con sus obligaciones. Se los ve muy comprometidos con lo que hacen. Es un buen comienzo.
domingo, 23 de enero de 2011
SUEÑOS DE UNA NOCHE DE VERANO
Esforcémonos por no echar a volar las palomas pero despunta un Boca nuevo. Claro, no hacía falta demasiado respecto del semestre anterior pero importa que ese equipo férreo, sólido, comprometido que se viera ante Independiente volvió a verse, ahora ante los ratis (valor agregado, sí). Y con cinco cambios, lo que genera la sensación de plantel homogéneo, sin fisuras.
¡Qué noche la de Martín! De película, como su vida. Asistente en el primero, definidor en el segundo. En el primero, antes de descargarla magistralmente para el zurdazo implacable de Nico Colazo, le había quedado entre las dos piernas. Tardó una barbaridad en acomodarse, como aquella vez que metió el gol en su reaparición tras nueve meses pero como entonces, los rivales sólo atinaban a mirarlo, como petrificados por su imponencia y magnetismo.
El segundo es para el manual del anticipo ofensivo, porque puso la cabecita justo donde debía para dejarlo fuera del asunto al paraguayo Román. Y la pelota no salió para cualquier lado sino justo para donde él lo pensó, suavecita pero abajo, contra un palo, con un piquecito que también dejó fuera del asunto a Carrizo.
Devolución de pared con cabeza a Mouche, mano a mano que -lástima- le tapó el arquero, patadón recibido del desesperado Almeyda… ¿Qué más? Cuatro pelotas fundamentales rechazadas en defensa. Al pequeñín que se encargaba de las pelotas paradas de River desde la derecha, ¿no le enseñaron que, contra Boca, los tiros libres al primer palo son todos de Palermo?
Y ésa que le quedó sobre una banda, con el arquero descolocado, a más de cincuenta metros… Ésa sí, le salió para cualquier lado pero en tales circunstancias, ya son pocos los hinchas rivales que se atreven a la mofa. Saben bien que la próxima puede ir adentro.
En el primer gol, después de tocar y tocar, el punto clave es la paciencia. No se apuró nadie. La bola fue del medio a la izquierda, de la izquierda a la derecha… Pablito Mouche no quiso atravesar a su marcador por el medio del cuerpo, como pretendía hacerlo en el Apertura, sino que metió una pausa exquisita hasta que el Pochi le pasó por afuera. Entonces se la descargó para que metiera, libre, el centro de la muerte.
¡Qué buen debut del doble cinco! Aunque Rivero no sea exactamente un volante central y menos sobre la izquierda del tándem, lo cierto es que se entendió de maravillas con Somoza. Ubicación, rigor, determinación, sacrificio, oficio, inteligencia táctica. Todo para ser base de operaciones de un equipo aplomado, seguro de sus movimientos, difícil de desequilibrar. Muy bien los dos.
¡Qué bueno lo de los centrales! Ratificación de lo ya expuesto ante Independiente. Bien parados, articulados, entendiéndose uno con otro, sabiendo cuándo salir y cuándo quedarse. Más lucido Caruzzo, que es muy elástico y tiene condiciones de tiempista pero duro y parejo Insaurralde, sin regalar nunca nada.
¡Qué bueno lo de Javi Garcia! Cuatro intervenciones vitales y transmitiendo suficiencia absoluta. Había andado bien Luccheti con Independiente. ¿Cuánto hacía que no contábamos con dos arqueros que invitan a confiar en ellos y que le crean un problema de elección al técnico pero por el lado bueno y no por el malo?
¿Y cuánto hacía que en Boca no se observaba con claridad un muy buen trabajo en las pelotas paradas? Hubo una, en el primer tiempo, desde la derecha, que Pablo y Pochi manejaron a la perfección. Por centímetros no llegó Chávez a meter otro centro de la muerte.
No hubo puntos débiles. Otro buen partido del Pampa Calvo, un espejo para mirarse en él, porque parece haber vuelto de la muerte, como aquél Elmer Van Hess de Narciso Ibáñez Menta. Clemente alternó buenas con malas. Por momentos hizo valer su quinta velocidad, se asoció bien con Mouche y Colazo, puso un muy buen centro previo al segundo gol. Otras veces se excedió en el traslado, como en un contraaataque del segundo tiempo que se presentaba inmejorable. Y Nico, bueno, ya se había dicho, Borghi no lo vio pero Boca tiene un muy buen carrilero izquierdo y parece que Falcioni sí lo vio, por suerte.
Hay que poner los pies sobre la tierra, lo que importa es Godoy Cruz el 13 de febrero, son partidos de pretemporada, etcétera, etcétera pero pinta, pinta bien…
Párrafos finales para el entrenador adversario, que antes del partido apuntó, por televisión, que él dirige “al más grade”.
Está bien, morochito, necesitás blanquearte (o hacerte el blanco) ante los tuyos. Todavía no te perdonaron que en 1983 te pusieras la azul y oro, mirá si será grande Boca.
Otra cosa: estabas desaparecido de la escena pública, te tiraron un interinato, le ganaste a Boca y sacaste chapa para seguir. Nos debés la vida, tontuelo. De nada.
¡Qué noche la de Martín! De película, como su vida. Asistente en el primero, definidor en el segundo. En el primero, antes de descargarla magistralmente para el zurdazo implacable de Nico Colazo, le había quedado entre las dos piernas. Tardó una barbaridad en acomodarse, como aquella vez que metió el gol en su reaparición tras nueve meses pero como entonces, los rivales sólo atinaban a mirarlo, como petrificados por su imponencia y magnetismo.
El segundo es para el manual del anticipo ofensivo, porque puso la cabecita justo donde debía para dejarlo fuera del asunto al paraguayo Román. Y la pelota no salió para cualquier lado sino justo para donde él lo pensó, suavecita pero abajo, contra un palo, con un piquecito que también dejó fuera del asunto a Carrizo.
Devolución de pared con cabeza a Mouche, mano a mano que -lástima- le tapó el arquero, patadón recibido del desesperado Almeyda… ¿Qué más? Cuatro pelotas fundamentales rechazadas en defensa. Al pequeñín que se encargaba de las pelotas paradas de River desde la derecha, ¿no le enseñaron que, contra Boca, los tiros libres al primer palo son todos de Palermo?
Y ésa que le quedó sobre una banda, con el arquero descolocado, a más de cincuenta metros… Ésa sí, le salió para cualquier lado pero en tales circunstancias, ya son pocos los hinchas rivales que se atreven a la mofa. Saben bien que la próxima puede ir adentro.
En el primer gol, después de tocar y tocar, el punto clave es la paciencia. No se apuró nadie. La bola fue del medio a la izquierda, de la izquierda a la derecha… Pablito Mouche no quiso atravesar a su marcador por el medio del cuerpo, como pretendía hacerlo en el Apertura, sino que metió una pausa exquisita hasta que el Pochi le pasó por afuera. Entonces se la descargó para que metiera, libre, el centro de la muerte.
¡Qué buen debut del doble cinco! Aunque Rivero no sea exactamente un volante central y menos sobre la izquierda del tándem, lo cierto es que se entendió de maravillas con Somoza. Ubicación, rigor, determinación, sacrificio, oficio, inteligencia táctica. Todo para ser base de operaciones de un equipo aplomado, seguro de sus movimientos, difícil de desequilibrar. Muy bien los dos.
¡Qué bueno lo de los centrales! Ratificación de lo ya expuesto ante Independiente. Bien parados, articulados, entendiéndose uno con otro, sabiendo cuándo salir y cuándo quedarse. Más lucido Caruzzo, que es muy elástico y tiene condiciones de tiempista pero duro y parejo Insaurralde, sin regalar nunca nada.
¡Qué bueno lo de Javi Garcia! Cuatro intervenciones vitales y transmitiendo suficiencia absoluta. Había andado bien Luccheti con Independiente. ¿Cuánto hacía que no contábamos con dos arqueros que invitan a confiar en ellos y que le crean un problema de elección al técnico pero por el lado bueno y no por el malo?
¿Y cuánto hacía que en Boca no se observaba con claridad un muy buen trabajo en las pelotas paradas? Hubo una, en el primer tiempo, desde la derecha, que Pablo y Pochi manejaron a la perfección. Por centímetros no llegó Chávez a meter otro centro de la muerte.
No hubo puntos débiles. Otro buen partido del Pampa Calvo, un espejo para mirarse en él, porque parece haber vuelto de la muerte, como aquél Elmer Van Hess de Narciso Ibáñez Menta. Clemente alternó buenas con malas. Por momentos hizo valer su quinta velocidad, se asoció bien con Mouche y Colazo, puso un muy buen centro previo al segundo gol. Otras veces se excedió en el traslado, como en un contraaataque del segundo tiempo que se presentaba inmejorable. Y Nico, bueno, ya se había dicho, Borghi no lo vio pero Boca tiene un muy buen carrilero izquierdo y parece que Falcioni sí lo vio, por suerte.
Hay que poner los pies sobre la tierra, lo que importa es Godoy Cruz el 13 de febrero, son partidos de pretemporada, etcétera, etcétera pero pinta, pinta bien…
Párrafos finales para el entrenador adversario, que antes del partido apuntó, por televisión, que él dirige “al más grade”.
Está bien, morochito, necesitás blanquearte (o hacerte el blanco) ante los tuyos. Todavía no te perdonaron que en 1983 te pusieras la azul y oro, mirá si será grande Boca.
Otra cosa: estabas desaparecido de la escena pública, te tiraron un interinato, le ganaste a Boca y sacaste chapa para seguir. Nos debés la vida, tontuelo. De nada.
viernes, 21 de enero de 2011
NO FUE EL DÍA DE LOS COCINEROS
En el mismo día, Seba Battaglia presentó una tendinitis rotuliana izquierda, Pichi Erbes fue operado de menisco externo derecho, quedó muy avanzada la posibilidad de que Gary Medel se vaya a Sevilla y se anunció que era un hecho el regreso de Méndez a Rosario Central (después se dio marcha atrás).
No fue, por lo que a Boca respecta, el día de los cocineros (tal vez sea una antigüedad, tal vez muchos jóvenes no sepan que al número cinco se lo llama o se lo llamaba “cocinero”, por extensión de “cocín”, que es cinco al vesre).
Consecuencia, ya hay que empezar a hacer cosas raras porque se anticipa que Rivero va a ser doble cinco con River y ése no es el mejor lugar para Rivero.
No hay que asustarse por las lesiones. Pasaba en tiempos de Santella. Hubo un verano, el de 2000, en que Chicho Serna quedó fuera por seis meses y se produjo una sucesión de desgarros que llevaron a los siempre ponzoñosos periodistas a instalar la previsible pregunta: ¿Qué pasa en Boca?
Cuando hay un profe riguroso, exigente, como parece serlo Otero, las lesiones son un riesgo que se corre pero es lo mejor. Para que después sean los nuestros los que pasen por arriba físicamente a los rivales y no al revés, como el año pasado. “Yo preparo Fórmulas Uno”, decía Santella.
Si inquieta un poco lo de Sebastián. Luego de la operación de hace un año, su rendimiento en el pasado Apertura ni se acercó al de siempre (claro que como parte de un equipo que no daba pie con bola). Se lo necesita a full, es vital, irremplazable.
Una lástima lo de Pichi. Estaba para crecer, para sumar minutos, para ser parte y ahora se va a estar, mínimo, un mes sin jugar. Y cuando vuelva va arrancar de muy atrás
Una lástima, también lo del chileno. No por él, que en Sevilla va a ganar muy bien, sino porque fue en Boca más de lo que parece o de lo que se ha querido hacer ver (téngase en cuenta que el hombre es refractario a los micrófonos). En tiempos de malaria, siempre puso. Cometió errores pero no se equivocó Basile cuando dijo que era hombre para Boca. Aquellos dos goles a River en La Bombonera no se olvidan.
Ahora, por más que Falcioni le haya dicho que lo tenía en cuenta, no hay que dejar pasar el hecho de que Boca ya había traído a Somoza y a Rivero, como para que a Medel le quedara claro que la iba a tener que remar con la corriente en contra. ¿Era ése el lugar de la cancha donde Boca necesitaba reforzarse en primer término? Definitivamente, no.
En cuanto a Méndez, la sucesión de acontecimientos parece haberle devuelto en Boca un lugar que estaba a punto de perder o mejor dicho, ya había perdido. En todo 2010 nunca se pareció a aquél que Riquelme definiera como “el mejor jugador del campeonato” en 2009. A aquél que se tragara la cancha, justamente con Boca, una tarde en Arroyito.
Es verdad que pocas veces fue “cinco”, como él quiere, pero en Central, aún partiendo de la posición de doble volante central, se movía muy bien por la banda derecha, apareciendo por sorpresa. Eso, desde su llegada a Boca, no se vio. Al margen de problemas personales y falta de continuidad, lo cierto es que, de su prestación en la cancha, lo que más resalta son esos chichecitos repetidos, innecesarios, negativos e inoportunos que parecieron su marca registrada. Vamos a ver cómo le va en 2011.
No fue, por lo que a Boca respecta, el día de los cocineros (tal vez sea una antigüedad, tal vez muchos jóvenes no sepan que al número cinco se lo llama o se lo llamaba “cocinero”, por extensión de “cocín”, que es cinco al vesre).
Consecuencia, ya hay que empezar a hacer cosas raras porque se anticipa que Rivero va a ser doble cinco con River y ése no es el mejor lugar para Rivero.
No hay que asustarse por las lesiones. Pasaba en tiempos de Santella. Hubo un verano, el de 2000, en que Chicho Serna quedó fuera por seis meses y se produjo una sucesión de desgarros que llevaron a los siempre ponzoñosos periodistas a instalar la previsible pregunta: ¿Qué pasa en Boca?
Cuando hay un profe riguroso, exigente, como parece serlo Otero, las lesiones son un riesgo que se corre pero es lo mejor. Para que después sean los nuestros los que pasen por arriba físicamente a los rivales y no al revés, como el año pasado. “Yo preparo Fórmulas Uno”, decía Santella.
Si inquieta un poco lo de Sebastián. Luego de la operación de hace un año, su rendimiento en el pasado Apertura ni se acercó al de siempre (claro que como parte de un equipo que no daba pie con bola). Se lo necesita a full, es vital, irremplazable.
Una lástima lo de Pichi. Estaba para crecer, para sumar minutos, para ser parte y ahora se va a estar, mínimo, un mes sin jugar. Y cuando vuelva va arrancar de muy atrás
Una lástima, también lo del chileno. No por él, que en Sevilla va a ganar muy bien, sino porque fue en Boca más de lo que parece o de lo que se ha querido hacer ver (téngase en cuenta que el hombre es refractario a los micrófonos). En tiempos de malaria, siempre puso. Cometió errores pero no se equivocó Basile cuando dijo que era hombre para Boca. Aquellos dos goles a River en La Bombonera no se olvidan.
Ahora, por más que Falcioni le haya dicho que lo tenía en cuenta, no hay que dejar pasar el hecho de que Boca ya había traído a Somoza y a Rivero, como para que a Medel le quedara claro que la iba a tener que remar con la corriente en contra. ¿Era ése el lugar de la cancha donde Boca necesitaba reforzarse en primer término? Definitivamente, no.
En cuanto a Méndez, la sucesión de acontecimientos parece haberle devuelto en Boca un lugar que estaba a punto de perder o mejor dicho, ya había perdido. En todo 2010 nunca se pareció a aquél que Riquelme definiera como “el mejor jugador del campeonato” en 2009. A aquél que se tragara la cancha, justamente con Boca, una tarde en Arroyito.
Es verdad que pocas veces fue “cinco”, como él quiere, pero en Central, aún partiendo de la posición de doble volante central, se movía muy bien por la banda derecha, apareciendo por sorpresa. Eso, desde su llegada a Boca, no se vio. Al margen de problemas personales y falta de continuidad, lo cierto es que, de su prestación en la cancha, lo que más resalta son esos chichecitos repetidos, innecesarios, negativos e inoportunos que parecieron su marca registrada. Vamos a ver cómo le va en 2011.
miércoles, 19 de enero de 2011
¿QUÉ PASA CON ROMÁN?
Si -como dicen- la rodilla izquierda está muy bien, si la tendinitis aquileana derecha está recuperada, si los primeros días de pretemporada los desarrolló a la par de sus compañeros, si la baja de cargas de fines de la semana pasada sólo fue para no forzarlo, si en el comienzo de esta semana volvió a intensificar el trabajo y participó de ejercicios tácticos… ¿Qué puede estar faltándole a Román? Fútbol, competencia. Y si le falta fútbol, competencia, ¿cómo no va a jugar con River? ¿Cómo es que se habla de que podría no jugar ningún partido previo al Clausura?
Después, si reaparece recién frente a Godoy Cruz, se va a decir que está falto de fútbol, de ritmo. Si Falcioni quiere que llegue a la primera fecha oficial en la mejor condición posible, ¿cómo va a ser mejor que llegue sin ningún partido previo?
Si Román no juega hasta el Clausura, no sólo llegará absolutamente falto de fútbol, sino que se abrirá la puerta a cualquier especulación. Uno tendría derecho a ser malpensado. ¿Estará de verdad todo bien? ¿Tendremos que acostumbrarnos definitivamente a que Román ya nunca vuelva a estar al ciento por ciento? ¿Habrá que elegir qué partidos juega y qué partidos no, como los que no lo quieren sostienen que viene haciendo por su cuenta desde hace años?
Es el mejor pero todos, hasta él, tienen que salir a la cancha bien preparados. Uno de los factores fundamentales, en ese sentido, es el ritmo de competencia. Eso sólo se adquiere de una manera: con partidos. El entrenamiento no alcanza. Y en su caso, ya que en los últimos ocho meses apenas jugó 135 minutos, la acumulación de partidos es más importante que en cualquier otro caso.
Ese argumento de “cuidarlo” no tiene validez si es que la forma de cuidarlo es que no juegue. Si hoy está en condiciones, tiene que jugar. Y si la pretemporada la está cumpliendo de manera normal, eso debe significar que está en condiciones, como los otros.
Por otra parte, es cierto que el Clausura es lo esencial en este semestre pero ganar o perder con River no da lo mismo. Hay que poner lo mejor. Y lo mejor es Román. Salvo que nos estén ocultando algo. En tal caso, queremos saberlo. Que no nos mientan.
Después, si reaparece recién frente a Godoy Cruz, se va a decir que está falto de fútbol, de ritmo. Si Falcioni quiere que llegue a la primera fecha oficial en la mejor condición posible, ¿cómo va a ser mejor que llegue sin ningún partido previo?
Si Román no juega hasta el Clausura, no sólo llegará absolutamente falto de fútbol, sino que se abrirá la puerta a cualquier especulación. Uno tendría derecho a ser malpensado. ¿Estará de verdad todo bien? ¿Tendremos que acostumbrarnos definitivamente a que Román ya nunca vuelva a estar al ciento por ciento? ¿Habrá que elegir qué partidos juega y qué partidos no, como los que no lo quieren sostienen que viene haciendo por su cuenta desde hace años?
Es el mejor pero todos, hasta él, tienen que salir a la cancha bien preparados. Uno de los factores fundamentales, en ese sentido, es el ritmo de competencia. Eso sólo se adquiere de una manera: con partidos. El entrenamiento no alcanza. Y en su caso, ya que en los últimos ocho meses apenas jugó 135 minutos, la acumulación de partidos es más importante que en cualquier otro caso.
Ese argumento de “cuidarlo” no tiene validez si es que la forma de cuidarlo es que no juegue. Si hoy está en condiciones, tiene que jugar. Y si la pretemporada la está cumpliendo de manera normal, eso debe significar que está en condiciones, como los otros.
Por otra parte, es cierto que el Clausura es lo esencial en este semestre pero ganar o perder con River no da lo mismo. Hay que poner lo mejor. Y lo mejor es Román. Salvo que nos estén ocultando algo. En tal caso, queremos saberlo. Que no nos mientan.
lunes, 17 de enero de 2011
QUÉ LE VAS A AFLOJAR A ALGUIEN, CACHO
“Nunca le aflojé a nadie dentro de una cancha. ¿Entendés? Nunca”. La frase la dejó estampada, en una nota de El Gráfico o de Sport (perdón por la falla de memoria), allá por los años sesenta, Alcides Vicente Silveira Montero, Cacho, gran uruguayo que acaba de irse de este mundo.
Por cierto, esas palabras lo definen. Metió todo, siempre. Luego de un lucido paso por Independiente, llegó a Boca desde Barcelona y ese no guardarse nada le ganó el reconocimiento de la gente.
Era volante pero pasó a la última línea como cuevero y después, Pedernera lo puso con el nùmero “10” en la espalda, suelto, vital, por cualquier lado. Más que para transpirar la camiseta, para regar la cancha con su sangre, como se dijo alguna vez de Alfredo Di Stefano. Una lesión rebelde lo tuvo parado durante mucho tiempo en 1964 y ya en 1965, se asentó como segundo marcador central del equipo campeón.
Por otra parte, era un tipo chispeante, desbordante, extrovertido, fabulador, rico personaje para la nota periodística. Ha escrito el maestro Osvaldo Ardizzone sobre los imperdibles relatos de Cacho, que en Barcelona cenaba en el mismo restaurante que Ava Gardner, en la mesa de al lado. Y que supo andar de copas con El Cordobés, el legendario torero…
En 1967, cuando renunció Pedernera, el Puma Armando tuvo la ocurrencia de que Cacho pasara a ser jugador y director técnico al mismo tiempo. De aquella etapa, lo mejor fue un triunfo en el gallinero, con gol del Tano Novello al Loco Gatti. Cacho lo puso al Rata de primer central, con la camiseta 2, y a Gonzalito haciendo hombre sobre Ermindo Onega.
Después, hay que decirlo, se nubló. Pidió como refuerzo a Murdoch, el volante central del Celtic campeón europeo y como obviamente, el escocés no iba a venir a la Argentina, “se conformó” con su compatriota Milton Viera, que poco tenía que ver con Murdoch y con el cual no pasó nada. Fiel a sí mismo, extravagante, impuso que los jugadores más jóvenes del plantel, que hasta el día antes lo llamaban Cacho, pasaran a llamarlo “Míster”… A las pocas fechas del Metro 68 le dejó el cargo a D’Amico.
Se rescata que un día del verano de 1968 se cruzó en un aeropuerto con Renato Cesarini, quien le dijo: “¿vos andás buscando un central? Conozco uno, en Perú, que te va a servir”. Así fue que Cacho le pidió a Armando que trajera a Julio Meléndez y así llegó a Boca un zaguero de novela, inolvidable.
Para el que suscribe, lo más impresionante sobre Silveira fue una historia que le escuchó a Ardizzone, la que sigue.
El Tano Roma solía poner el pecho para que le pegaran, así se entretenía en la concentración. Le daban para que tuviese y después salían todos corriendo. “Tenés razón, Tano. Vos sos el más fuerte”, le decían. Y el noble Tano se quedaba recontento.
Una vez que se reunió todo el plantel con las familias a comer un asado, Cacho le aceptó el desafío al Tano. Se sacaron las camisas, se envolvieron los puños con servilletas y empezaron a darse, una vez cada uno, a ver quién se rendía. Los tuvieron que parar los demás compañeros y las mujeres. “Bueno, bueno, ya está, empataron”. Si no, hubiesen estado piña va, piña viene hasta ayer mismo, cuando Cacho ya no hubiese podido seguir pero porque así es la vida, no porque le haya aflojado a alguien.
Por cierto, esas palabras lo definen. Metió todo, siempre. Luego de un lucido paso por Independiente, llegó a Boca desde Barcelona y ese no guardarse nada le ganó el reconocimiento de la gente.
Era volante pero pasó a la última línea como cuevero y después, Pedernera lo puso con el nùmero “10” en la espalda, suelto, vital, por cualquier lado. Más que para transpirar la camiseta, para regar la cancha con su sangre, como se dijo alguna vez de Alfredo Di Stefano. Una lesión rebelde lo tuvo parado durante mucho tiempo en 1964 y ya en 1965, se asentó como segundo marcador central del equipo campeón.
Por otra parte, era un tipo chispeante, desbordante, extrovertido, fabulador, rico personaje para la nota periodística. Ha escrito el maestro Osvaldo Ardizzone sobre los imperdibles relatos de Cacho, que en Barcelona cenaba en el mismo restaurante que Ava Gardner, en la mesa de al lado. Y que supo andar de copas con El Cordobés, el legendario torero…
En 1967, cuando renunció Pedernera, el Puma Armando tuvo la ocurrencia de que Cacho pasara a ser jugador y director técnico al mismo tiempo. De aquella etapa, lo mejor fue un triunfo en el gallinero, con gol del Tano Novello al Loco Gatti. Cacho lo puso al Rata de primer central, con la camiseta 2, y a Gonzalito haciendo hombre sobre Ermindo Onega.
Después, hay que decirlo, se nubló. Pidió como refuerzo a Murdoch, el volante central del Celtic campeón europeo y como obviamente, el escocés no iba a venir a la Argentina, “se conformó” con su compatriota Milton Viera, que poco tenía que ver con Murdoch y con el cual no pasó nada. Fiel a sí mismo, extravagante, impuso que los jugadores más jóvenes del plantel, que hasta el día antes lo llamaban Cacho, pasaran a llamarlo “Míster”… A las pocas fechas del Metro 68 le dejó el cargo a D’Amico.
Se rescata que un día del verano de 1968 se cruzó en un aeropuerto con Renato Cesarini, quien le dijo: “¿vos andás buscando un central? Conozco uno, en Perú, que te va a servir”. Así fue que Cacho le pidió a Armando que trajera a Julio Meléndez y así llegó a Boca un zaguero de novela, inolvidable.
Para el que suscribe, lo más impresionante sobre Silveira fue una historia que le escuchó a Ardizzone, la que sigue.
El Tano Roma solía poner el pecho para que le pegaran, así se entretenía en la concentración. Le daban para que tuviese y después salían todos corriendo. “Tenés razón, Tano. Vos sos el más fuerte”, le decían. Y el noble Tano se quedaba recontento.
Una vez que se reunió todo el plantel con las familias a comer un asado, Cacho le aceptó el desafío al Tano. Se sacaron las camisas, se envolvieron los puños con servilletas y empezaron a darse, una vez cada uno, a ver quién se rendía. Los tuvieron que parar los demás compañeros y las mujeres. “Bueno, bueno, ya está, empataron”. Si no, hubiesen estado piña va, piña viene hasta ayer mismo, cuando Cacho ya no hubiese podido seguir pero porque así es la vida, no porque le haya aflojado a alguien.
ARAUJITO ESTÁ VERDE
Uno, animal bostero, se sentó frente a la TV justo a las 17 para ver a Araujo. Y se encontró con que Perazzo no lo había puesto. El deseo íntimo e inconfesable, entonces, pasó a ser que Argentina jugara como el orto para que Araujo entrase como salvador y salvase.
La primera parte de la ecuación se dio: Argentina jugó como el orto y terminó perdiendo el primer tiempo. Entró Araujo y en una de sus primeras participaciones metió un tiro desde fuera del área que exigió al arquero. Prometedor…
Sin embargo, los minutos fueron pasando y Araujo fue opacándose, ofuscándose, enojándose con sí mismo. Empezó a querer pasar por donde no se podía, pretendió resolver solo, chocó. Y claro, así no se juega. Por suerte, ejecutó muy bien el corner previo al gol del triunfo, sobre la hora.
En su descargo, no lo ayudó nadie. Nadie ayudó a nadie. Los dos mil tres cientos y pico de metros de altitud no excusan la orfandad de ideas. Argentina empujó durante el segundo tiempo y terminó dándolo vuelta (Uruguay no fue mejor) pero de fútbol, casi nada. Pobre, lo de los jóvenes de Perazzo.
A propósito: ¿cuáles son los méritos de Perazzo para llegar a ser el director técnico de una selección? ¿Su oscuro paso por el banco de El Porvenir, quizá? De Perazzo podemos recordar aquel gol de cabeza por encima de Comizzo en el 88, en el gallinero o aquel penal fallado que nos dejó fuera de la Libertadores en el 89, con Olimpia pero como entrenador…
Sobre Araujito, la conclusión es que está verde. Si alguien pensó que podía ser el delantero externo titular con vistas al próximo Clausura, no, todavía no. No es el Carlitos Tevez del 2003 (y Bianchi también supo sentarlo al lado de él a Carlitos). Al chico hay que ir llevándolo de a poco, no sobrecargarlo de responsabilidades y hacerle ver que por más que pasen mil años no habrá otro Carlos Gardel, como dice la milonga. Que madure.
Lo que salvó la tarde, desopilante, fue el relator de TV. Como en Uruguay juega un defensor que se llama Platero, el hombre quiso hacerse el gracioso e hizo mención al Quijote. Le preguntó a su compañero comentarista si lo había leído. Se ve que él no lo leyó. Platero no era el burro de Sancho Panza, como parece creer, sino el protagonista de un delicioso librito de don Juan Ramón Jiménez. En fin, si de burros hablamos…
La primera parte de la ecuación se dio: Argentina jugó como el orto y terminó perdiendo el primer tiempo. Entró Araujo y en una de sus primeras participaciones metió un tiro desde fuera del área que exigió al arquero. Prometedor…
Sin embargo, los minutos fueron pasando y Araujo fue opacándose, ofuscándose, enojándose con sí mismo. Empezó a querer pasar por donde no se podía, pretendió resolver solo, chocó. Y claro, así no se juega. Por suerte, ejecutó muy bien el corner previo al gol del triunfo, sobre la hora.
En su descargo, no lo ayudó nadie. Nadie ayudó a nadie. Los dos mil tres cientos y pico de metros de altitud no excusan la orfandad de ideas. Argentina empujó durante el segundo tiempo y terminó dándolo vuelta (Uruguay no fue mejor) pero de fútbol, casi nada. Pobre, lo de los jóvenes de Perazzo.
A propósito: ¿cuáles son los méritos de Perazzo para llegar a ser el director técnico de una selección? ¿Su oscuro paso por el banco de El Porvenir, quizá? De Perazzo podemos recordar aquel gol de cabeza por encima de Comizzo en el 88, en el gallinero o aquel penal fallado que nos dejó fuera de la Libertadores en el 89, con Olimpia pero como entrenador…
Sobre Araujito, la conclusión es que está verde. Si alguien pensó que podía ser el delantero externo titular con vistas al próximo Clausura, no, todavía no. No es el Carlitos Tevez del 2003 (y Bianchi también supo sentarlo al lado de él a Carlitos). Al chico hay que ir llevándolo de a poco, no sobrecargarlo de responsabilidades y hacerle ver que por más que pasen mil años no habrá otro Carlos Gardel, como dice la milonga. Que madure.
Lo que salvó la tarde, desopilante, fue el relator de TV. Como en Uruguay juega un defensor que se llama Platero, el hombre quiso hacerse el gracioso e hizo mención al Quijote. Le preguntó a su compañero comentarista si lo había leído. Se ve que él no lo leyó. Platero no era el burro de Sancho Panza, como parece creer, sino el protagonista de un delicioso librito de don Juan Ramón Jiménez. En fin, si de burros hablamos…
domingo, 16 de enero de 2011
UN PRIMER PASO FIRME
Sirve el 2-0 sobre Independiente en Mar del Plata, claro que sí. No sólo por el resultado en sí, que siempre vale (imaginemos lo que se hubiese dicho y escrito hoy si la taba salía al revés), sino porque hubo signos alentadores.
En primer término, el Boca que se vio distó sideralmente de ese equipo anodino, disperso, enfermo que deambulara por las canchas en la mayor parte del año pasado. Esta fue una formación comprometida, consustanciada con el partido y con dos fundamentos clarísimos: presionar en bloque sobre la salida rival, bien arriba, y no dejar espacios entre líneas.
No hubo brillo porque, resultó evidente, la circulación de pelota en ataque pocas veces fue fluida, a menudo se avanzó a los tropezones y no se tuvo mayor idea del mejor modo para desequilibrar a la defensa oponente. En tales circunstancias, no puede menos que pensarse que con Román será otra cosa.
El Pochi Chávez, partiendo como volante sobre derecha, no había acertado prácticamente ninguna hasta su gol, sobre el final del primer tiempo. Ésa sí que la hizo bien, cambiando de pierna en plena área para fabricarse el claro y definiendo con un zurdazo impecable.
Desde entonces ganó confianza y, más allá de acusar algún dolor propio de la pretemporada, durante la segunda parte, con más espacios, se amigó con el balón y con sus compañeros.
Otro punto a considerar son algunas flaquezas defensivas que se observaron sobre los flancos. El Pampa Calvo (emocionante volver a verlo en primera después de más de dos años) jugó bien, como para que se lo tenga en cuenta, por si alguno se había olvidado de él. Pero quizá por la vocación ofensiva del Pochi o por falta de mecanización en los movimientos colectivos, Independiente llegó un par de veces por ahí durante la primera etapa.
En el flanco opuesto, Fabián Monzón volvió a ser el defensor escaso de contracción para la marca, distraído, a contramano de la pelota y del jugador rival, como lo hemos visto demasiadas veces en los últimos tiempos.
Alentador lo de Lucchetti, sin fallas, siempre atento. Promisorio el entendimiento entre Caruzzo e Insaurralde como dupla central. Mejor que otras veces Méndez, bien parado, simple para descargar y con gran pase a Chávez previo al primer gol. Algo irregular Medel aunque con esa fiereza de siempre que nos encanta. Muy buen segundo tiempo de Nico Colazo, un volante por izquierda nato que ciertamente está para más (aunque Borghi no se haya dado cuenta).
Pablito Mouche se superó en relación con lo que viéramos en el Apertura, se movió, encaró y varias veces, pasó. Eso es lo que tiene que recuperar, la capacidad de ganar en el mano a mano. Además, le puso la pelota en la cabeza a Insaurralde en el segundo gol. Y Lucas Viatri se movió bien saliendo del área y mostrándose, con criterio para tocar a los costados, aunque esta vez le faltó presencia en la zona de definición.
Tranquiliza la actitud y concentración con que se jugó, tranquilizan algunas respuestas individuales y sobre todo, tranquiliza ganar, como siempre. Fue un partido de verano y faltaron varios presuntos titulares pero el primer paso fue firme, seguro. Eso sí, no olvidemos que Borghi empezó ganándole a Palmeiras en Brasil, aquel día en que nos creímos que Cañete podía ser Riquelme…
En primer término, el Boca que se vio distó sideralmente de ese equipo anodino, disperso, enfermo que deambulara por las canchas en la mayor parte del año pasado. Esta fue una formación comprometida, consustanciada con el partido y con dos fundamentos clarísimos: presionar en bloque sobre la salida rival, bien arriba, y no dejar espacios entre líneas.
No hubo brillo porque, resultó evidente, la circulación de pelota en ataque pocas veces fue fluida, a menudo se avanzó a los tropezones y no se tuvo mayor idea del mejor modo para desequilibrar a la defensa oponente. En tales circunstancias, no puede menos que pensarse que con Román será otra cosa.
El Pochi Chávez, partiendo como volante sobre derecha, no había acertado prácticamente ninguna hasta su gol, sobre el final del primer tiempo. Ésa sí que la hizo bien, cambiando de pierna en plena área para fabricarse el claro y definiendo con un zurdazo impecable.
Desde entonces ganó confianza y, más allá de acusar algún dolor propio de la pretemporada, durante la segunda parte, con más espacios, se amigó con el balón y con sus compañeros.
Otro punto a considerar son algunas flaquezas defensivas que se observaron sobre los flancos. El Pampa Calvo (emocionante volver a verlo en primera después de más de dos años) jugó bien, como para que se lo tenga en cuenta, por si alguno se había olvidado de él. Pero quizá por la vocación ofensiva del Pochi o por falta de mecanización en los movimientos colectivos, Independiente llegó un par de veces por ahí durante la primera etapa.
En el flanco opuesto, Fabián Monzón volvió a ser el defensor escaso de contracción para la marca, distraído, a contramano de la pelota y del jugador rival, como lo hemos visto demasiadas veces en los últimos tiempos.
Alentador lo de Lucchetti, sin fallas, siempre atento. Promisorio el entendimiento entre Caruzzo e Insaurralde como dupla central. Mejor que otras veces Méndez, bien parado, simple para descargar y con gran pase a Chávez previo al primer gol. Algo irregular Medel aunque con esa fiereza de siempre que nos encanta. Muy buen segundo tiempo de Nico Colazo, un volante por izquierda nato que ciertamente está para más (aunque Borghi no se haya dado cuenta).
Pablito Mouche se superó en relación con lo que viéramos en el Apertura, se movió, encaró y varias veces, pasó. Eso es lo que tiene que recuperar, la capacidad de ganar en el mano a mano. Además, le puso la pelota en la cabeza a Insaurralde en el segundo gol. Y Lucas Viatri se movió bien saliendo del área y mostrándose, con criterio para tocar a los costados, aunque esta vez le faltó presencia en la zona de definición.
Tranquiliza la actitud y concentración con que se jugó, tranquilizan algunas respuestas individuales y sobre todo, tranquiliza ganar, como siempre. Fue un partido de verano y faltaron varios presuntos titulares pero el primer paso fue firme, seguro. Eso sí, no olvidemos que Borghi empezó ganándole a Palmeiras en Brasil, aquel día en que nos creímos que Cañete podía ser Riquelme…
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