“No, no, no, no, no”… La voz gruesa de Julio Falcioni interrumpió la práctica de fútbol que se llevaba a cabo en la cancha principal de Casa Amarilla. El Pampa Calvo había ejecutado un lateral en ataque, en los últimos metros de cancha, hacia Pochi Chávez, que intentó dominar contra la línea de fondo, de espaldas al área, pero fue despojado por David Achucarro, que lo marcaba encima.
Falcioni ocupó personalmente el lugar de Pochi, corrió desde el área hacia afuera perseguido por Achucarro, giró de pronto y volvió hacia el área, donde encontró un lugar sin rivales cerca, ideal para recibir la pelota. “Así -le indicó a Pochi-, fabricate tu propio espacio”.
Poco después, Pablo Mouche ejecutó un corner desde la derecha hacia el medio del área chica, donde la bajó Maxi Scapparoni. “Ahí, son todas del arquero”, le dijo Falcioni a Pablo al hacer repetir el corner. La segunda ejecución fue más larga, lejos del alcance de Scapparoni.
Después, en el segundo partido de práctica con otros jugadores, iba a ejecutarse otro corner y el joven Esteban Orfano fue a buscar lugar en el área. “No, afuera, andá al rebote”, ordenó Falcioni. Se hizo el corner, hubo un rechazo y la pelota fue hacia donde estaba Orfano, que pudo rematar al arco.
“Sauro, adelante, no atrás”, le marcó a Gastón antes de otro tiro de esquina en que el entrenador se había parado al lado del ejecutor, para observar desde allí los movimientos de los jugadores en el área. El central se había ubicado detrás de su marcador y Falcioni lo corrigió.
Todos estos pequeños detalles hacía mucho, pero mucho tiempo que no se observaban en las prácticas de Casa Amarilla ni de La Bombonera (al menos no en aquellas en que se permitió el acceso al periodismo y al público). En épocas de Basile y de Borghi, los técnicos solían mirar las prácticas sentados en el banco, sin que pudiera escuchárselos. Salvo cuando Basile oficiaba de árbitro, ocasiones en que, invariablemente, sancionaba un penal a favor de los titulares.
El 5 de enero, en el regreso después de las vacaciones, Juan Román Riquelme probablemente haya corrido más que en todo 2010. Habían transcurrido más de dos horas desde el comienzo al trabajo y la actividad no cesaba. Cuando se marcó el final, a los jugadores se los vio caminar hacia el vestuario realmente agotados.
Los enviados a Tandil contaron en su momento que igual de intensos fueron todos los trabajos allí desarrollados, muy diferentes de la hora u horita y cuarto de actividad en algunos de los entrenamientos de Borghi.
El tiempo dirá cómo le va a Falcioni en Boca. El fútbol sigue siendo un juego en que definen los jugadores. Bianchi trabajaba mucho y fue el mejor técnico de la historia del club. La Volpe también trabajaba mucho, muchísimo y fue de los peores. Por ahora, lo que puede afirmarse es que hay un entrenador, hay un cuerpo técnico que cumplen sobradamente con sus obligaciones. Se los ve muy comprometidos con lo que hacen. Es un buen comienzo.
viernes, 28 de enero de 2011
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