domingo, 31 de julio de 2011

UNA GIRA DEPLORABLE

Ayer, con Arsenal, pudo haber sido una catástrofe. A no engañarse. Durante una hora el rival tuvo siempre el control del juego, Boca se vio sometido e impotente en todo momento. Más gráficamente, el Arsenal nos pasó por arriba. Suele ocurrir en los amistosos que cuando empiezan los cambios el partido se desnaturaliza. Esta vez le vino bien a Boca. Al Arsenal los cambios le quitaron su fisonomía de equipo y con un buen final de Román y las ganas de Pablito Mouche, que entró a jugar en serio, se llegó a un 2-2 absolutamente mentiroso.
Hasta bien avanzado el segundo tiempo no se pudo hacer pie en el medio, la defensa daba la sensación de que no podía aguantar y Orión, por ahora, no te salva. Las que tienen que ser goles, son goles.
Hoy, ante el Paris Saint Germain, un equipo que en ningún momento pareció gran cosa, los suplentes terminaron 0-3. Marcador de por sí suficientemente doloroso pero que en el final bien podría haber sido 0-5 ó 0-6.
Boca jugó a ritmo cansino, como si los que jugaron no advirtieran que era una buena oportunidad para mostrarse, ya que por el momento están relegados en la consideración del técnico y si es por lo de hoy, así seguirán. Mouche esta vez, no jugó bien, chocó mucho pero eso sí, pareció el único que jugaba con todas las pilas puestas. Equivocándose pero tomándoselo a pecho, por lo menos. Orión, en el primer gol, salió como Lucchetti. A propósito, Falcioni dice que necesita otro arquero con experiencia y tiene razón pero la de hoy, ¿no era una buena ocasión para darle algún rodaje a Sebastián D’Angelo? Por el momento, es el segundo arquero de Boca. No tiene experiencia, claro, pero si no lo ponen nunca, ¿cuándo va a tenerla?
En algún pasaje del primer tiempo se pudo haber empatado pero eso sí que no tiene ninguna importancia. Araujo no se enchufó nunca. Es el problema de Araujo, condiciones técnicas tiene pero tiene también una marcada tendencia a ausentarse sin permiso. El Tano Gracián, hasta que se lesionó el brazo, miraba el partido. Perdía la pelota y ni se molestaba en ir a tomar alguna posición en la que pudiera ser útil.
En fin, para no hacerla demasiado larga, el producido de esta gira de tres presentaciones en Europa fue de terror. Dentro de una semana empieza el campeonato y no da para ningún optimismo sino todo lo contrario. Que no se venga con que los amistosos son una cosa y los oficiales otra porque aunque sea cierto, también es verdad que en los amistosos alguna puntita de lo que puede ser el equipo tiene que aparecer. En estos 270 minutos hubo un ratito interesante con Espanyol (antes de la debacle final), cero con Arsenal mientras el juego tuvo visos de competencia medianamente seria y cero de nuevo hoy contra un equipo, se repite, que no tiene nada que lo distinga (ellos también pusieron muchos suplentes) y que así y todo, nos metió tres.
No es para sorprendernos. Este nuevo papelón en el exterior se inscribe en el marco de la decadencia que viene envolviéndonos desde 2008 a la fecha. Desde aquel último título en el Apertura sobrevinieron un decimocuarto, un undécimo, un decimosexto, otro undécimo y un séptimo puesto en los torneos de la AFA. En los internacionales no aparecemos desde la Sudamericana 2009 (eliminados por Vélez en primera fase).
Los torneos de verano suelen resultarnos engañosos. Observemos. En 2009 (con Ischia) registramos 4-1-0 en cinco presentaciones, prometedor pero después vinieron los partidos en serio y sonamos. El verano 2010 (con Basile y Alves) si fue un anticipo de lo que nos esperaba: 0-2-2 en cuatro partidos. Y este año, volvimos a ilusionarnos con el 3-1-0 en cuatro pero otra vez, la competencia oficial nos devolvió a la realidad.
¿Y las giras por el exterior? Repasemos.
Invierno 2009 (con Basile), por Alemania, Austria y Grecia: 1-2 con Manchester United, 1-1 con Milan (4-3 por penales), 1-0 con Lask Linz, 1-0 con Aris Salónica y 2-0 con AEK Atenas. Y bueh…
Invierno 2010 (tres con Pompei y tres con Borghi), por Estados Unidos, Brasil, Australia y Nueva Zelanda: 0-1 con L.A. Galaxy, 0-3 con Seattle Sounders, 2-3 con Pórtland Timbers, 2-0 con Palmeiras, 1-0 con Melbourne Victory y 1-2 con Wellington Phoenix. Malo.
Invierno 2011 (con Falcioni), por España e Inglaterra: 1-3 con Espanyol, 2-2 con Arsenal y 0-3 con Paris Saint Germain. Peor.
Todo es parte del mismo paquete. Ya va para tres años que no damos pie con bola y tengamos en cuenta que el Apertura 2008 lo ganamos con un fuerte sprint final pero, la verdad, San Lorenzo regaló ese campeonato de manera inexplicable.
Así estamos. Sumidos en un sopor que no se sabe cuándo ni cómo va a terminar. A Falcioni ya cuesta creerle. Más luego de sus inaceptables declaraciones de los últimos tiempos Terminó el Clausura y destacó la rachita sin derrotas del final, como si sirviera para algo. Ayer, después del milagroso empate con Arsenal, hasta rescató el resultado. ¿Es o se hace?
Y ciertamente, los candidatos que se perfilan para las elecciones de diciembre no entusiasman sino más bien, preocupan. Ameal-Beraldi-Crespi son los que tenemos ahora así que… Angelici es un pollito de Macri, no tiene vuelo propio, no tiene target para ser presidente… Digón parece un politiquero viejo que nunca reunió votos. Los otros nombres que andan dando vueltas (Salvestrini, Paolini, Lajst) ni cuentan, ni llegan. ¿Quién nos salva? Guarda con el efecto River, por favor. A ver si tenemos que terminar rogando que se haga realidad ese engendro ininteligible que nos quieren encajar Aníbal Fernández y sus secuaces, para seguir tapándonos de publicidad oficial con el mal llamado “Fútbol para todos”.

jueves, 28 de julio de 2011

EMPEZAMOS MAL PERO MAL-MAL

Era fácil de prever, el menos perspicaz pudo haber adivinado que la lentitud del Flaco Schiavi iba a implicar (implica) un riesgo severo. Quedó muy expuesto en la jugada del segundo gol de Espanyol, cuando llegó tarde al cruce casi en el área chica, y en el último penal, cuando llegó muy a destiempo y se llevó puesto al delantero. No cabe esperar que esto se solucione porque se trata de un tema biológico: el Flaco tiene 38 años. Sólo puede aspirarse a que se lo proteja mejor pero el riesgo subsistirá.
Se lo ve en las prácticas de Casa Amarilla. El Flaco, cuando sale lejos y queda fuera de acción, sin posibilidad de retomar posiciones, simplemente faulea, sin miramientos. Sin delicadeza alguna, toma al rival por los hombros y lo voltea. Lo tiene especialmente alquilado a Araujo. Esto, en un partido, es amarilla en el mejor de los casos.
Del primer penal para Espanyol ni vale la pena poner el acento en que fue una aberración del árbitro. A los horrores de los árbitros también se está expuesto siempre pero lo que debe preocupar es que esa sola y grosera falla arbitral haya bastado para sacar a Boca del partido. Porque Boca se fue del partido, se enojó, se desequilibró y terminó pasando lo que pasó.
Fue justo en el mejor momento. Porque después de un primer tiempo somnífero, Boca había empezado el segundo con insinuaciones interesantes, llegó el gol de Cvitanich, el equipo creció, ganó confianza y ahí mismo pudo haber perfectamente terminado el partido. Entonces llegó ese maldito penal y todo se desmoronó como un castillo de barajas.
Buen gol el de Cvitanich. Porque ganó muy bien por arriba y, sobre todo, giró muy bien el cuello, todo un movimiento muy bien coordinado para darle a la pelota la dirección debida. Y bueno el centro de Roncaglia, con comba hacia fuera, dándole la ventaja al compañero que ataca y complicando a los defensores rivales.
Bien Roncaglia. No es un lateral de origen pero aprendió muy bien algunos secretos del puesto en lo que hace a la oportunidad para pasar al ataque y la terminación de las jugadas. Mejor él que Clemente, que sí es un lateral de origen pero a quien se vio algo descontrolado en algunas salidas y pasado de revoluciones también en algunas apariciones ofensivas.
Demasiado parsimonioso Román. Onda “partido de verano” (europeo), que al fin y al cabo no era otra cosa pero debe ganar ritmo. Los catalanes lo conocen bien e iban a buscarlo a él, sabiendo que es el hombre clave. Igual, algún pasecito suyo (de esos que sólo él) hubo. Principalmente, una pelota que le puso cerca del final a Araujo que fue una puñalada al corazón del área de Espanyol. Se ve que Araujo todavía no sintoniza la frecuencia de Román porque si la hubiese visto venir, si la hubiese presentido, hubiera girado antes y recibía solo, de frente al arquero.
Tal vez no sea conveniente que Lucas Viatri juegue por tanto tiempo de espaldas al área. Bajó alguna muy bien, como esa que le dejó a Cvitanich, cuyo remate lo tapó el arquero con una pierna. Pero si Viatri pasa tantos minutos de espaldas al área le quita variantes al ataque y además, él es capaz de salir a los costados y asociarse en las maniobras colectivas, abriendo paralelamente espacios para que llegue algún otro.
Aprobado Cvitanich, por el gol, por esa otra que le saco el arquero, por movilidad. De los otros nuevos no puede decirse mucho porque Sosa entró en el peor momento de Boca, cuando el equipo se sumía en el caos, y Orión no tuvo demasiado trabajo aunque pareció medio bruta su forma de tirarse en los dos penales. Mejor esperar más y no jugarse tan pronto (tenía la desventaja de no conocer a los pateadores).
Cuando entre los cambios y la ofuscación por aquél penal le quitaron todo atisbo de orden al equipo, se puso muy en evidencia la falta de contención en el medio, que expone a los centrales. Del Flaco Schiavi ya se dijo lo suficiente pero también Insaurralde pareció exasperarse y metió un foul muy fuerte que si le toca un referí de pocas pulgas hasta puede ser roja directa.
El sábado se viene el famoso Arsenal de Wenger, nada menos. Habrá que tranquilizarse e ir encontrando algunas respuestas individuales y colectivas, que en Barcelona no las hubo en medida suficiente. Y ojo, que el resultado importa. El rival será de primera línea (mejor que Espanyol) y en primer término, hay que cuidarse de los papelones, que siempre dejan cicatrices.

miércoles, 13 de julio de 2011

NO APRENDE

Los directores técnicos son, casi siempre, ex jugadores. Es decir, jugadores viejos. ¿Qué prefieren, por lo general, en sus equipos? ¡Sí! Jugadores viejos.
Falcioni, desafortunadamente, no es excepción a la regla. Ni mosqueó sino todo lo contrario, se entusiasmó cuando Beraldi y Crespi le presentaron su antiguo anhelo de repatriar al Flaco Schiavi que, con todo el respeto y el afecto, en modo alguno está para volver a ser el dos de Boca, a sus 38 años y medio. Es lo que ha venido viéndose en la cancha en los últimos tiempos.
Informaciones procedentes de Curitiba resultan aún más alarmantes. Falcioni va a apostar al 4-3-1-2 pero… ¡El volante por la izquierda sería Erviti! Es decir que lo va a colgar a Colazo, uno de los jugadores más rescatables a lo largo de toda la oscura campaña en el Clausura.
Erviti fue una de las más grandes frustraciones del primer semestre. De ninguna manera merece empezar el Apertura como titular. Además, si bien allá por sus ya lejanos comienzos en San Lorenzo era un volante por izquierda de muy buen recorrido, después dejó por mucho tiempo esa función. En Banfield, en el Banfield campeón de Falcioni, era doble cinco. Y como si esto fuera poco, en Boca, las veces que jugó por la izquierda, fue un notorio fracaso.
Colazo tiene las características ideales para recorrer el costado izquierdo. Disciplina táctica, oficio para la contención (sí, oficio, más oficio que Erviti a pesar de su juventud). Y por otra parte, tiene buena técnica para desdoblarse cuando se pasa a la función ofensiva y encima, es buen definidor, le pega bien, aparece en el área rival con oportunismo. Y por sobre todo, se ganó el lugar jugando, en la cancha, sobreponiéndose en lo individual al contrapeso de un equipo que no andaba.
La decisión de privilegiar hoy a Erviti por sobre Colazo, si se confirman las informaciones que llegan desde Brasil, no tiene ningún asidero lógico. Sólo puede ser interpretada como un capricho o bien como un severo caso de terquedad: Falcioni, hace seis meses, imploró que le trajeran a Erviti y debe estar costándole asimilar que su jugador fetiche le haya fallado.
No es todo. La incorporación de Cvitanich es muy interesante y paralelamente, pareciera que en cualquier momento puede concretarse el pase de Mouche a Italia. Perfecto. Pero mientras Mouche esté en Boca, la prioridad tiene que ser de él. Se lo ganó en lo que va del año, fue otro de los mejorcitos en el Clausura. Y no, en las prácticas, Falcioni viene probando preferentemente con Cvitanich y Viatri como delanteros titulares. Otra determinación inaceptable, incomprensible.
Ojalá el entrenador sea el que demuestre tener razón. Ojalá las presentes objeciones queden desautorizadas por los hechos. Sin embargo, los primeros seis meses del presente año al que desautorizaron fue a Falcioni. De modo que no hay razones para creer en él ni para ser optimista, lamentablemente.

lunes, 4 de julio de 2011

¿A QUÉ JUEGAN?

Vi parte de Argentina-Bolivia. No todo. Me quedé dormido. Sillón, estufita al lado... Entre lo que llegué a ver, entre sueños, me quedó la sensación de que Agüero, en 15 minutos, fue el mejorcito.


Vi parte de Colombia-Costa Rica. No todo. Me quedé dormido. Eso sí, hubo una perla, una rareza: en el gol colombiano, Ramos, cuando quedó mano a mano, se abrió para dejar fuera de foco al arquero y después, sólo después, definió. ¿Cuándo se ven, en el fútbol argentino, hoy día, gambetas largas ante el arquero? ¿Cuántas veces vemos que, cuando un tipo queda solo con el arquero, amague y lo desacomode para encontrarse con el arco vacío, como hacían, por ejemplo, Paulo Valentim o el Muñeco Madurga? Actualmente, tipo que queda mano a mano, le pega, nomás y un gran porcentaje de esas veces, obviamente, revienta el cuerpo del arquero. "Hay que tratar de errarle al arquero", dijo una vez Gorosito pero no, no le hacen caso.


Fui hasta La Plata a ver Brasil-Venezuela. Me recagué de frío. Es desolador repasar y comprobar que los arqueros Renny Vega y Julio César no atajaron ni un solo tiro al arco franco en los noventa minutos. ¡Ni uno! Tuvieron que limitarse a cortar algunos centritos o recoger pelotas que les llegaban mansas e indoloras. En el primer tiempo, Brasil ejecutó dos tiros francos. Uno, el de Pato que devolvió el travesaño. El otro, de Ramires, que le erró como por diez metros. Ya en el segundo tiempo, el primer remate concreto del penta fue a los 42 minutos, de André Santos, mordido, cruzado y bastante torcido.


Resulta que los mejores jugadores de Brasil (Rep: los mejores jugadores de Brasil) consumen dos o hasta tres tiempos para lograr el control del balón. Neymar, el presunto Pelé Siglo XXI, se hace ver en dos o tres ocasiones por partido (no de esta vez sino de cada oportunidad en que a este que escribe le ha tocado verlo), quiere bajarla de pecho pero se le va dos o tres metros, aparece un venezolano y la tira a la mierda.


Brasil (Rep: ¡Brasil!) no logra ni una ruptura con llegada hasta el fondo por alguno de los costados en todo el partido. Ni una. Los receptores que suben por los laterales llegan hasta tres cuartos y la despachan hacia el medio del área, como sacándosela de encima, papita pa'l loro para los defensores que la esperan de frente. "Tirate un centro, Ricardo", como me decía el Viejo Ardizzone, socarrón (con cita del tango "Bailate un Tango, Ricardo" que Ulises Petir de Murat y Juan D'Arienzo escribieron con inspiración en Ricardo Güiraldes).


Con ese "Tirate un centro, Ricardo", pintaba Osvaldo, rusueño, esas recurrentes acciones en que el que avanza termina metiendo un ollazo, de compromiso, porque no se le ocurre ninguna otra idea mejor.


Me faltó Paraguay-Ecuador. Parece que no me perdí nada. Estaba volviendo desde La Plata en el viejo y querido Ferrocarril Roca. No soy, por ahora, de esos sonámbulos que nos invaden y que están todo el tiempo mirando y pulsando sus telefonitos. Los cuales usan para hablar, mandar mensajes, entrar a internet, mirar televisión, quizás hasta para levantarse minas, como el gordito que baila en la publicidad. Yo el teléfono lo uso para llamadas telefónicas, nada más. Seré un antiguo pero si los modernismos son del tenor de este fútbol que estamos viendo en la Copa América, tal vez sea cierto que todo tiempo pasado fue mejor, aunque en su sola enunciación parezca un pensamiento estúpido (no tan estúpido, seguramente, como los sonámbulos de los telefonitos).


Ante tanta mediocridad, ante tamaña orfandad expresiva, ante tantos minutos que transcurren en un partido sin que pase absolutamente nada, en que uno se defiende dejándole la responsabilidad y el que se supone que pretende atacar no tiene noción alguna de cómo hacerlo, la pregunta que a uno le surge es: ¿A qué carajo juegan? Ni Messi ni Neymar ni ningún otro son capaces de imponer desequilibrio individual. Pierden en el uno contra uno la mayoría de las veces. No se ven triangulaciones por los laterales, esas asociaciones que sirven para sacar rivales y dejar más despejado el camino hacia el área. Muy por el contrario, el que se aventura en una excursión con la pelota por un costado, generalmente termina encerrado entre la raya y dos o tres rivales, con sus compañeros mirando el partido, sin que nadie se le acerque.


Este podrido frío nos va a matar. El de fuera de la cancha y el de dentro...