OK. Belleza. Polvazo. Inolvidable. Alguien erróneamente podría decir que, hasta hace poco, ni se atrevía a soñarlo pero no, mentira, si los bosteros somos, por sobre todo, soñadores.
No es todo, claro que no. Será un goce indescriptible verlos en la temporada próxima tratando de sacarse de encima a Defensa y Justicia, Brown de Puerto Madryn, Desamparados, Merlo, Almirante Brown con el Loco Giunta, Patronato, ¡Boca Unidos!...
Hay imágenes imperecederas que reviven el goce. Como el penalazo que no les dio Pezzotta en el primer tiempo (“a los chicos siempre los perjudican”, escribió el gran Tony Serpa en Olé). El gol de Belgrano, la perfecta y lucida combinación entre Juan Manuel Díaz y Ferrero que le dejó la pelota servida a Farré. El penalcito que Pavone le entregó a Olave…
El “silencio atroz” del que alguna vez habló Ahumada. Porque durante gran parte del segundo tiempo, al menos por TV, se escuchaba nada más que a los de Belgrano. Y el quilombo posterior, ver al desencajado que tiraba un matafuegos, a las mocosas pintarrajeadas de rojo y blanco llorando y que las lágrimas les corrían la pintura. Lástima que Josué Ayala no dejó subir a Defensores de Belgrano, hubiera sido lindo verlos en el clásico de barrio. Punto y aparte.
“Cuando las barbas de tu vecino veas en seco rasurar pon las tuyas a remojar”, reza un antiquísimo refrán castellano.
Guarda, desde aquí y desde muchos otros foros ya se ha venido adviriendo de mucho tiempo a esta parte, hoy estaríamos arrancando la temporada 2011/12 con sólo ocho equipos por debajo en la tabla de promedios: Racing, San Lorenzo, Olimpo, Tigre, Gimnasia o San Martín de San Juan, Rafaela, Unión y Belgrano. Con el agravante de que los ascendidos pueden zafar vertiginosamente con unos pocos resultados favorables.
Empero, lo que más asusta no es ese dato estadístico, sino la comprobación de que la dirigencia sigue navegando al garete, no despierta, no da señales de reaccionar, no aprende de los errores, tropieza dos y mil veces con la misma piedra.
Ojalá los hechos descalifiquen (una vez más) a este gil pero la llegada del Flaco Schiavi repite lo sucedido con el Pato Abbondanzieri en 2009. Repatriamos glorias que están para el partido de homenaje, ni en pedo para la alta competencia. Ameal, Beraldi y Crespi, ¿habrán visto algunos de los partidos de Newell’s en los últimos tiempos?
Se dice que al Flaco se lo trae porque “es un líder positivo”, “para encauzar el vestuario, ¿viste?”. ¡Lo mismo que se decía del Pato en 2009! Y después, cada vez que había un tiro libre cerca del área teníamos que encomendarnos a todos los santos. Si la pelota pasaba la barrera ya cerrábamos los ojos. El Pato partió al exilio en 2010 (cuando por fin los dirigentes se dieron cuenta y autorizaron al Chueco Alves a sacarlo), al poco tiempo en Porto Alegre lo sentaron en el banco y enseguida se retiró.
No es la única señal negativa, por desgracia. Tenemos un técnico que llegó al club y al toque se puso a confrontar con un ídolo y el mejor jugador que tiene, que sale del vestuario de la cancha de Gimnasia apenas perdida la última posibilidad de clasificarse a la Copa Sudamericana y (sin ponerse colorado) rescata que “hace diez partidos que no perdemos” (¡!)… Que se expone a aparecer en el video de homenaje a Palermo sin darse cuenta de lo que le va a pasar, que lo van a rechiflar hasta los perros…
Así como a los muchos hijos de puta que nos roban a los pobres para servir a los ricos, desde hace mucho, el clásico humor popular los denomina “Hood Robin”, a Falcioni bien podríamos llamarlo “Bianchi Carlos”. ¡Funciona exactamente al revés del número 1! Recordar aquella magistral jugada de Carlos una vez que, en la semana previa a un partido con Vélez, hizo declaraciones que calculadamente iban a molestar a los fortineros. Después fue a Liniers y, conocedor como nadie de los laberintos del Amalfitani, entró a la cancha por abajo, sin que nadie lo viera, se sentó en el banco y ni una sola vez, en todo el partido, salió de ahí. No dejó ni el más mínimo resquicio para que lo putearan. Los dejó con las ganas. Armó todo a propósito. ¡Y lo que se debe haber divertido interiormente!¡Troesma!
Vamos a ver cómo encaja Hilario Navarro, si finalmente se hace, pero llama la atención que Independiente lo largue tan fácil. Franco Sosa es una apuesta interesante. En los dos casos de apunta a reforzar puestos que necesitan ser reforzados. Pero no circula ningún nombre que se advierta como un marcado salto de calidad. Ni mucho menos que ofrezca garantías de rendimiento.
Macri salió hoy a la palestra y, en triple campaña electoral (por las porteñas, por las nacionales y por las de Boca), disparó que lo que les pasó a los que te jedi “le puede pasar a cualquiera que haga las cosas mal durante tres años”. Da bronca (y miedo), pero tiene razón, qué le vamos a hacer...
lunes, 27 de junio de 2011
domingo, 19 de junio de 2011
¿Y SI SE VAN?
¡A la promocióóóóóó…! ¡A la promocióóóóóó…! ¡A la promoción, gassshhhina, a la promocióóóóóón! … Y ahora puede pasar cualquier cosa, eh. Porque hasta ahora veníamos acuñando el sueño desde hace mucho pero cuando nos poníamos reflexivos decíamos “no, sobre el disco, se van a salvar”. Y de última nos conformábamos “y bueh… Ya con lo que penaron es bastante. No se la olvidan más”.
Los otros días, cuando Don Corleone dijo que no los veía en la Promoción, éste que escribe renovó las ilusiones. “Si el quía dijo que no los ve es porque piensa lo contrario”. El quía casi siempre dice lo contrario de lo que piensa y/o no dice todo lo que piensa. Eso sí, piensa todo lo que dice. El quía nunca habla al pedo.
Ahora, el problema de los que te jedi no es Belgrano. El problema son ellos mismos y lo saben pero no hay nada que puedan hacer al respecto. Todo el gallinero está alborotado y los jugadores, petrificados, schockeados, inertes. Por eso hace un montón de partidos que no ganan. Por eso no pueden ganar ni de locales. Ni cuando se ponen arriba, porque no pueden sostenerlo (como con San Lorenzo), ni cuando levantan un 0-1, porque hasta allí llegan (como con Colón) o hasta se vuelven a caer (como con Lanús).
Tendríamos que ir juntando guita para hacerle un monumento al Sopa Aguilar. Porque Passarella heredó un club en crisis y en un año y medio no pudo revertir la situación sino todo lo contrario pero el Sopa, en sus ocho años de gestión, los convirtió en esto que son hoy. Porque claro está, no llegan a esto por lo que pasó en las últimas fechas ni en todo el Clausura sino que es el arrastre de tres años siniestros (para ellos, of course) que empezaron con aquel festejado último lugar en el Apertura 2008. Que en aquel momento nos pareció un sueño irrepetible, como después pareció serlo el que tuvieran que andar mirando la tabla de promedios pero ahora… Ahora queremos más.
¿Y si se van? Ahora se me da por acordarme de Mario Ruzza. Era el director de la mítica revista Así es Boca, con la que éste que escribe aprendió a leer, y un colifa absoluto que llegó a ser presidente-dictador de la República de La Boca, una cofradía de semejantes suyos. Ruzza, en la madrugada previa a cada superclásico, se iba hasta el gallinero y meaba en el paredón. Era su cábala.
¡Si hoy viviese…! ¿Qué haría Ruzza en caso de que se fuesen al descenso? ¿Cagar en el medio del gallinero desde un helicóptero, quizá? La verdad, no creí que Olimpo le ganara a Quilmes. Tampoco que los que te jedi perdieran con Lanús. Pero pasó y ahora… Por suerte a Belgrano lo dejan jugar en Alberdi, ahí van a meter presión, no en la frialdad de Chateau. Uno se hace la película de que Belgrano les meta tres allá y aguante acá… ¿Y si empatan allá, van 0-0 acá y en el minuto 93…? ¡Síííííí! ¿Por qué no? Ya ayer parece que se murió uno, descompensado o yo qué sé. “Por qué no se mueren todos, la rep”…
¿Boquita? La verdad, en el segundo tiempo parecía que iban para atrás o que ya estaban de vacaciones. Lucchetti se come el primer gol y de inmediato, el penal. La mano de Insaurralde fue tan falta de intención como antes lo había sido la de Cellay pero hay que comprenderlo a Baldassi. Si hay una mano muy visible pero casual, el referí te la puede dejar pasar. Si hay una segunda mano tan visible como la anterior, aunque también sea casual, por acumulación te cobran un penal.
Y después, a pesar del gol de Cellay (que más allá de sus dos goles jugó horrible y hasta se mandó una cabriola inexplicable, indescifrable antes de ese gol que se comió Córdoba y que hubiese terminado el partido), Boca no llegaba ni con cuatro delanteros, que así fue como terminó jugando. Minuto 97, tiro libre de Román, el Loco que la baja y aparece Cellay, de nuevo.
Sí, la última pelota que tocó el Loco en su vida profesional fue una “asistencia” para un gol de Boca que mandó a Gimnasia (con las particularidades que esto implica interiormente para el Loco Martín) a jugar un desempate para no irse derechito al descenso. No, si a Martín siempre le queda alguna guardada. ¿Seguro que ésta habrá sido la última?
Los otros días, cuando Don Corleone dijo que no los veía en la Promoción, éste que escribe renovó las ilusiones. “Si el quía dijo que no los ve es porque piensa lo contrario”. El quía casi siempre dice lo contrario de lo que piensa y/o no dice todo lo que piensa. Eso sí, piensa todo lo que dice. El quía nunca habla al pedo.
Ahora, el problema de los que te jedi no es Belgrano. El problema son ellos mismos y lo saben pero no hay nada que puedan hacer al respecto. Todo el gallinero está alborotado y los jugadores, petrificados, schockeados, inertes. Por eso hace un montón de partidos que no ganan. Por eso no pueden ganar ni de locales. Ni cuando se ponen arriba, porque no pueden sostenerlo (como con San Lorenzo), ni cuando levantan un 0-1, porque hasta allí llegan (como con Colón) o hasta se vuelven a caer (como con Lanús).
Tendríamos que ir juntando guita para hacerle un monumento al Sopa Aguilar. Porque Passarella heredó un club en crisis y en un año y medio no pudo revertir la situación sino todo lo contrario pero el Sopa, en sus ocho años de gestión, los convirtió en esto que son hoy. Porque claro está, no llegan a esto por lo que pasó en las últimas fechas ni en todo el Clausura sino que es el arrastre de tres años siniestros (para ellos, of course) que empezaron con aquel festejado último lugar en el Apertura 2008. Que en aquel momento nos pareció un sueño irrepetible, como después pareció serlo el que tuvieran que andar mirando la tabla de promedios pero ahora… Ahora queremos más.
¿Y si se van? Ahora se me da por acordarme de Mario Ruzza. Era el director de la mítica revista Así es Boca, con la que éste que escribe aprendió a leer, y un colifa absoluto que llegó a ser presidente-dictador de la República de La Boca, una cofradía de semejantes suyos. Ruzza, en la madrugada previa a cada superclásico, se iba hasta el gallinero y meaba en el paredón. Era su cábala.
¡Si hoy viviese…! ¿Qué haría Ruzza en caso de que se fuesen al descenso? ¿Cagar en el medio del gallinero desde un helicóptero, quizá? La verdad, no creí que Olimpo le ganara a Quilmes. Tampoco que los que te jedi perdieran con Lanús. Pero pasó y ahora… Por suerte a Belgrano lo dejan jugar en Alberdi, ahí van a meter presión, no en la frialdad de Chateau. Uno se hace la película de que Belgrano les meta tres allá y aguante acá… ¿Y si empatan allá, van 0-0 acá y en el minuto 93…? ¡Síííííí! ¿Por qué no? Ya ayer parece que se murió uno, descompensado o yo qué sé. “Por qué no se mueren todos, la rep”…
¿Boquita? La verdad, en el segundo tiempo parecía que iban para atrás o que ya estaban de vacaciones. Lucchetti se come el primer gol y de inmediato, el penal. La mano de Insaurralde fue tan falta de intención como antes lo había sido la de Cellay pero hay que comprenderlo a Baldassi. Si hay una mano muy visible pero casual, el referí te la puede dejar pasar. Si hay una segunda mano tan visible como la anterior, aunque también sea casual, por acumulación te cobran un penal.
Y después, a pesar del gol de Cellay (que más allá de sus dos goles jugó horrible y hasta se mandó una cabriola inexplicable, indescifrable antes de ese gol que se comió Córdoba y que hubiese terminado el partido), Boca no llegaba ni con cuatro delanteros, que así fue como terminó jugando. Minuto 97, tiro libre de Román, el Loco que la baja y aparece Cellay, de nuevo.
Sí, la última pelota que tocó el Loco en su vida profesional fue una “asistencia” para un gol de Boca que mandó a Gimnasia (con las particularidades que esto implica interiormente para el Loco Martín) a jugar un desempate para no irse derechito al descenso. No, si a Martín siempre le queda alguna guardada. ¿Seguro que ésta habrá sido la última?
lunes, 13 de junio de 2011
"LO QUE HICISTE POR BOCA NO SE OLVIDA EN LA VIDA"
…Y ya te estamos llorando. ¡Y lo que te vamos a llorar…! No ya por ese plácido encanto de la nostalgia sino porque, objetivamente, ¿de dónde vamos a sacar otro goleador así? ¿Cuándo? Uno cree mucho en Luquitas Viatri pero nadie (nadie) en 106 años (dos meses y diez días) metió 236 (dos cientos treinta y seis) contando nada más que los oficiales.
Alguien, presunto (y presuntuoso) adorador de la belleza por la belleza misma me dijo no hace mucho, con aire de desprecio, que “los goles de Palermo son todos iguales”. Al margen de aquella gloriosa sentencia de Carlos Bianchi (“los goles valen todos uno”) le contesté, no menos despreciativamente: “¿Te parece, che? ¿Con los ligamentos rotos? ¿Después de seis meses sin competencia en un clásico eliminatorio? ¿Desde más allá de la mitad de cancha? ¿De cabeza desde cuarenta metros? ¿Dos al Real Madrid en menos de diez minutos de juego y en una final intercontinental? ¿Tirando un centro desde la derecha y con derecha que cae por detrás del arquero y se mete en un ángulo (aquella vez que Passet le dijo pero con admiración “¡Qué culo tenés!”). ¿De chilena varias veces? ¿Colgado del travesaño? ¿De penal pero pegándole con las dos piernas, una detrás de la otra? ¡Si hasta tuvieron que mandar una aclaración reglamentaria desde Suiza!”. En fin, paré con la enumeración porque me dio lástima.
¿Seguro que fue el último ese impresionante que sacaste de la galera en Quilmes, el otro domingo, clavándola en un ángulo desde afuera, desde la nada? ¿No te quedará alguno en la recámara para mandar al descenso a Gimnasia? Lástima por el querido Guille pero dale, no te cuesta nada, uno más y no jodemos más, no te vayas, campeón, quiero verte otra vez…
Linda fiesta, la de anoche en La Bombonera. Lo mejor, lo que no programó nadie, por supuesto. Ese “muchas gracias, Palermo/ muchas gracias, Palermo/ vos nos diste los goles/ vos nos diste alegría/ lo que hiciste por Boca/ no se olvida en la vida…/ no se olvida en la vida”… Todos juntos, los pesados de La 12, la social, la platea, los vitalicios, hasta los chicos que apenas habrán llegado a verte (por no hablar de algún gordo veterano desubicado de mierda en el palco de periodistas). Se le ocurrió por el camino a algún improvisado poeta popular y salió sincero, sentido.
Más lindo que volver a ver algunos de tus goles gloriosos en pantalla gigante, que los abrazos con tus viejos y tus pibes, con tu hermano, Basile y Maradona, más lindo que el revoleo por los aires a cargo de tus compañeros, que tus palabras entrecortadas, que los saludos en pantalla de Bianchi, del Busca, del Tano Pascual… Tenía razón Passet, Martín, ¡qué culo tenés!
Sí, ya sé que ayudaste, que no te entregás nunca, que no te voltearon ni las dos roturas de rodilla ni la pared que se te cayó encima en España. Que tu leyenda la escribiste vos. Que en la selección te crucificaron por errar tres penales en un partido (por tozudo, por no rendirte, por querer revancha, por no borrarte jamás) y al final, cuando te volvieron a llamar, regalaste la clasificación para un Mundial con un gol en el minuto 91 ó 94, qué se yo, bajo la lluvia (y en off side). Y que en Sudáfrica te bastó con unos pocos minutos para dejar tu marca. ¡Hiciste un gol más que Messi! ¡Si sos una epopeya que camina!
Buena idea la de que te lleves un arco a tu casa. Lástima que no se pudo regalarte el triunfo que te correspondía, en tu despedida oficial de La Bombonera. Lástima tener que referirse al tristón 1-1 con Banfield que nos dejó prácticamente fuera de la Sudamericana, último objetivito que quedaba en un semestre (uno más y van cinco al hilo) para el olvido.
Se debió haber definido en el primer tiempo pero no se definió, eso es lo que pasa. Otro muy buen partido de Pochi Chávez, unas cuantas de Pablito Mouche, pinceladas de Román aunque no anduvo bien para el arco. Cuando por fin Nico Colazo metió el 1-0, ya empezado el segundo tiempo, era para cerrarlo ahí mismo pero no, nos fuimos (quizá porque la cabeza estaba en la fiesta de Martín), empezamos a dividirla.
Igual, era 1-0 y a otra cosa pero apareció Lucchetti… Anda revoloteando por allí una habladuría de esas que éste que escribe, con 36 años de trabajo en prensa, siempre se ha resistido a alimentar y difundir porque en general son eso, habladurías que después nadie puede parar. En fin, lo que se dice es que Lucchetti usa lentes de contacto y no ve bien de noche. Uno no quiere creerlo, eh, pero… ¿Qué carajo le pasó anoche a Lucchetti?
Después, ya era tarde. Para colmo, Falcioni ya lo había sacado a Mouche para poner al Burro Rivero. ¿Por qué? ¿Para qué? Puede imaginarse que la idea era que Román descansara estacionado arriba mientras el Burro le daba más lucha al medio. La verdad es que Falcioni apeló una vez más a esas dos líneas de cuatro con las que tan protegido se siente y como no se atrevió a sacar a Román, sacrificó a Mouche. Así como después, ya en la desesperación del empate consumado, sacrificó a Colazo, el más fácil de sacar y el que saca casi siempre.
Ni suerte tiene, Falcioni. Le empataron un partido que no estaba para ser empatado. Encima, al editor del video de homenaje a Palermo se le ocurrió la malhadada idea de incluir palabras de Falcioni, con su cara de bull dog en pantalla. Obviamente, la rechifla fue estruendosa. ¿Era necesario exponer así al técnico en medio de una fiesta? Y bueno, al menos sirvió por si algún distraído no se había dado cuenta de que ya hay sentencia, ya hay cosa juzgada al respecto: No lo queremos, a Falcioni.
Alguien, presunto (y presuntuoso) adorador de la belleza por la belleza misma me dijo no hace mucho, con aire de desprecio, que “los goles de Palermo son todos iguales”. Al margen de aquella gloriosa sentencia de Carlos Bianchi (“los goles valen todos uno”) le contesté, no menos despreciativamente: “¿Te parece, che? ¿Con los ligamentos rotos? ¿Después de seis meses sin competencia en un clásico eliminatorio? ¿Desde más allá de la mitad de cancha? ¿De cabeza desde cuarenta metros? ¿Dos al Real Madrid en menos de diez minutos de juego y en una final intercontinental? ¿Tirando un centro desde la derecha y con derecha que cae por detrás del arquero y se mete en un ángulo (aquella vez que Passet le dijo pero con admiración “¡Qué culo tenés!”). ¿De chilena varias veces? ¿Colgado del travesaño? ¿De penal pero pegándole con las dos piernas, una detrás de la otra? ¡Si hasta tuvieron que mandar una aclaración reglamentaria desde Suiza!”. En fin, paré con la enumeración porque me dio lástima.
¿Seguro que fue el último ese impresionante que sacaste de la galera en Quilmes, el otro domingo, clavándola en un ángulo desde afuera, desde la nada? ¿No te quedará alguno en la recámara para mandar al descenso a Gimnasia? Lástima por el querido Guille pero dale, no te cuesta nada, uno más y no jodemos más, no te vayas, campeón, quiero verte otra vez…
Linda fiesta, la de anoche en La Bombonera. Lo mejor, lo que no programó nadie, por supuesto. Ese “muchas gracias, Palermo/ muchas gracias, Palermo/ vos nos diste los goles/ vos nos diste alegría/ lo que hiciste por Boca/ no se olvida en la vida…/ no se olvida en la vida”… Todos juntos, los pesados de La 12, la social, la platea, los vitalicios, hasta los chicos que apenas habrán llegado a verte (por no hablar de algún gordo veterano desubicado de mierda en el palco de periodistas). Se le ocurrió por el camino a algún improvisado poeta popular y salió sincero, sentido.
Más lindo que volver a ver algunos de tus goles gloriosos en pantalla gigante, que los abrazos con tus viejos y tus pibes, con tu hermano, Basile y Maradona, más lindo que el revoleo por los aires a cargo de tus compañeros, que tus palabras entrecortadas, que los saludos en pantalla de Bianchi, del Busca, del Tano Pascual… Tenía razón Passet, Martín, ¡qué culo tenés!
Sí, ya sé que ayudaste, que no te entregás nunca, que no te voltearon ni las dos roturas de rodilla ni la pared que se te cayó encima en España. Que tu leyenda la escribiste vos. Que en la selección te crucificaron por errar tres penales en un partido (por tozudo, por no rendirte, por querer revancha, por no borrarte jamás) y al final, cuando te volvieron a llamar, regalaste la clasificación para un Mundial con un gol en el minuto 91 ó 94, qué se yo, bajo la lluvia (y en off side). Y que en Sudáfrica te bastó con unos pocos minutos para dejar tu marca. ¡Hiciste un gol más que Messi! ¡Si sos una epopeya que camina!
Buena idea la de que te lleves un arco a tu casa. Lástima que no se pudo regalarte el triunfo que te correspondía, en tu despedida oficial de La Bombonera. Lástima tener que referirse al tristón 1-1 con Banfield que nos dejó prácticamente fuera de la Sudamericana, último objetivito que quedaba en un semestre (uno más y van cinco al hilo) para el olvido.
Se debió haber definido en el primer tiempo pero no se definió, eso es lo que pasa. Otro muy buen partido de Pochi Chávez, unas cuantas de Pablito Mouche, pinceladas de Román aunque no anduvo bien para el arco. Cuando por fin Nico Colazo metió el 1-0, ya empezado el segundo tiempo, era para cerrarlo ahí mismo pero no, nos fuimos (quizá porque la cabeza estaba en la fiesta de Martín), empezamos a dividirla.
Igual, era 1-0 y a otra cosa pero apareció Lucchetti… Anda revoloteando por allí una habladuría de esas que éste que escribe, con 36 años de trabajo en prensa, siempre se ha resistido a alimentar y difundir porque en general son eso, habladurías que después nadie puede parar. En fin, lo que se dice es que Lucchetti usa lentes de contacto y no ve bien de noche. Uno no quiere creerlo, eh, pero… ¿Qué carajo le pasó anoche a Lucchetti?
Después, ya era tarde. Para colmo, Falcioni ya lo había sacado a Mouche para poner al Burro Rivero. ¿Por qué? ¿Para qué? Puede imaginarse que la idea era que Román descansara estacionado arriba mientras el Burro le daba más lucha al medio. La verdad es que Falcioni apeló una vez más a esas dos líneas de cuatro con las que tan protegido se siente y como no se atrevió a sacar a Román, sacrificó a Mouche. Así como después, ya en la desesperación del empate consumado, sacrificó a Colazo, el más fácil de sacar y el que saca casi siempre.
Ni suerte tiene, Falcioni. Le empataron un partido que no estaba para ser empatado. Encima, al editor del video de homenaje a Palermo se le ocurrió la malhadada idea de incluir palabras de Falcioni, con su cara de bull dog en pantalla. Obviamente, la rechifla fue estruendosa. ¿Era necesario exponer así al técnico en medio de una fiesta? Y bueno, al menos sirvió por si algún distraído no se había dado cuenta de que ya hay sentencia, ya hay cosa juzgada al respecto: No lo queremos, a Falcioni.
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