…Y ya te estamos llorando. ¡Y lo que te vamos a llorar…! No ya por ese plácido encanto de la nostalgia sino porque, objetivamente, ¿de dónde vamos a sacar otro goleador así? ¿Cuándo? Uno cree mucho en Luquitas Viatri pero nadie (nadie) en 106 años (dos meses y diez días) metió 236 (dos cientos treinta y seis) contando nada más que los oficiales.
Alguien, presunto (y presuntuoso) adorador de la belleza por la belleza misma me dijo no hace mucho, con aire de desprecio, que “los goles de Palermo son todos iguales”. Al margen de aquella gloriosa sentencia de Carlos Bianchi (“los goles valen todos uno”) le contesté, no menos despreciativamente: “¿Te parece, che? ¿Con los ligamentos rotos? ¿Después de seis meses sin competencia en un clásico eliminatorio? ¿Desde más allá de la mitad de cancha? ¿De cabeza desde cuarenta metros? ¿Dos al Real Madrid en menos de diez minutos de juego y en una final intercontinental? ¿Tirando un centro desde la derecha y con derecha que cae por detrás del arquero y se mete en un ángulo (aquella vez que Passet le dijo pero con admiración “¡Qué culo tenés!”). ¿De chilena varias veces? ¿Colgado del travesaño? ¿De penal pero pegándole con las dos piernas, una detrás de la otra? ¡Si hasta tuvieron que mandar una aclaración reglamentaria desde Suiza!”. En fin, paré con la enumeración porque me dio lástima.
¿Seguro que fue el último ese impresionante que sacaste de la galera en Quilmes, el otro domingo, clavándola en un ángulo desde afuera, desde la nada? ¿No te quedará alguno en la recámara para mandar al descenso a Gimnasia? Lástima por el querido Guille pero dale, no te cuesta nada, uno más y no jodemos más, no te vayas, campeón, quiero verte otra vez…
Linda fiesta, la de anoche en La Bombonera. Lo mejor, lo que no programó nadie, por supuesto. Ese “muchas gracias, Palermo/ muchas gracias, Palermo/ vos nos diste los goles/ vos nos diste alegría/ lo que hiciste por Boca/ no se olvida en la vida…/ no se olvida en la vida”… Todos juntos, los pesados de La 12, la social, la platea, los vitalicios, hasta los chicos que apenas habrán llegado a verte (por no hablar de algún gordo veterano desubicado de mierda en el palco de periodistas). Se le ocurrió por el camino a algún improvisado poeta popular y salió sincero, sentido.
Más lindo que volver a ver algunos de tus goles gloriosos en pantalla gigante, que los abrazos con tus viejos y tus pibes, con tu hermano, Basile y Maradona, más lindo que el revoleo por los aires a cargo de tus compañeros, que tus palabras entrecortadas, que los saludos en pantalla de Bianchi, del Busca, del Tano Pascual… Tenía razón Passet, Martín, ¡qué culo tenés!
Sí, ya sé que ayudaste, que no te entregás nunca, que no te voltearon ni las dos roturas de rodilla ni la pared que se te cayó encima en España. Que tu leyenda la escribiste vos. Que en la selección te crucificaron por errar tres penales en un partido (por tozudo, por no rendirte, por querer revancha, por no borrarte jamás) y al final, cuando te volvieron a llamar, regalaste la clasificación para un Mundial con un gol en el minuto 91 ó 94, qué se yo, bajo la lluvia (y en off side). Y que en Sudáfrica te bastó con unos pocos minutos para dejar tu marca. ¡Hiciste un gol más que Messi! ¡Si sos una epopeya que camina!
Buena idea la de que te lleves un arco a tu casa. Lástima que no se pudo regalarte el triunfo que te correspondía, en tu despedida oficial de La Bombonera. Lástima tener que referirse al tristón 1-1 con Banfield que nos dejó prácticamente fuera de la Sudamericana, último objetivito que quedaba en un semestre (uno más y van cinco al hilo) para el olvido.
Se debió haber definido en el primer tiempo pero no se definió, eso es lo que pasa. Otro muy buen partido de Pochi Chávez, unas cuantas de Pablito Mouche, pinceladas de Román aunque no anduvo bien para el arco. Cuando por fin Nico Colazo metió el 1-0, ya empezado el segundo tiempo, era para cerrarlo ahí mismo pero no, nos fuimos (quizá porque la cabeza estaba en la fiesta de Martín), empezamos a dividirla.
Igual, era 1-0 y a otra cosa pero apareció Lucchetti… Anda revoloteando por allí una habladuría de esas que éste que escribe, con 36 años de trabajo en prensa, siempre se ha resistido a alimentar y difundir porque en general son eso, habladurías que después nadie puede parar. En fin, lo que se dice es que Lucchetti usa lentes de contacto y no ve bien de noche. Uno no quiere creerlo, eh, pero… ¿Qué carajo le pasó anoche a Lucchetti?
Después, ya era tarde. Para colmo, Falcioni ya lo había sacado a Mouche para poner al Burro Rivero. ¿Por qué? ¿Para qué? Puede imaginarse que la idea era que Román descansara estacionado arriba mientras el Burro le daba más lucha al medio. La verdad es que Falcioni apeló una vez más a esas dos líneas de cuatro con las que tan protegido se siente y como no se atrevió a sacar a Román, sacrificó a Mouche. Así como después, ya en la desesperación del empate consumado, sacrificó a Colazo, el más fácil de sacar y el que saca casi siempre.
Ni suerte tiene, Falcioni. Le empataron un partido que no estaba para ser empatado. Encima, al editor del video de homenaje a Palermo se le ocurrió la malhadada idea de incluir palabras de Falcioni, con su cara de bull dog en pantalla. Obviamente, la rechifla fue estruendosa. ¿Era necesario exponer así al técnico en medio de una fiesta? Y bueno, al menos sirvió por si algún distraído no se había dado cuenta de que ya hay sentencia, ya hay cosa juzgada al respecto: No lo queremos, a Falcioni.
lunes, 13 de junio de 2011
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