martes, 18 de diciembre de 2012

SANTA CLAUS NOS TRAJO AL MEJOR

Tuvo que reputearlo toda La Bombonera para que reaccionara pero el lado positivo es que Angelici reaccionó. Al día siguiente dio marcha atrás con Falcioni y lo fue a buscar a Bianchi. Lo fue a buscar en serio, con decisión. Y Bianchi ya está con nosotros. Como sacó chapa Martucci, esta dirigencia logró lo que “dos gestiones anteriores no habían podido”. Claro, pasó por alto que Carlos ya había dejado trascender que ahora sí tiene ganas mientras que antes no las tenía.


¿Dónde se reunieron, las tres veces, Bianchi y Angelici? En las oficinas de Mauro, el hijo de Bianchi. Señal significativa, quien quiera oir que oiga. Carlos marcó la cancha de entrada: “Vení vos, al pie, la pelota la tengo yo”.

Por eso no deja de resultar gracioso, por lo ridículo, que en las primeras especulaciones periodísticas se haya tirado que de movida Angelici le iba a dejar establecido a Bianchi que Román no. Obsérvese que tales especulaciones ya quedaron rápidamente de lado y lo que se publica ahora es que la decisión va a ser de Román, de nadie más. El propio Angelici tuvo que hacer una piruetita en el aire porque en algún momento dijo algo así como que “Román se había cerrado la puerta solo” y después algo así como que “las puertas están abiertas”. Nadie le va a imponer condiciones a Bianchi, manda él. Pregúntenle a Macri. Y a Román lo quiere, sabe que aun con las limitaciones del caso marca diferencias y que jugadores así no se consiguen en las farmacias de turno.

También es de hacer notar lo rápido que se resolvió todo. Los números suponían un problema pero el contrato por tres años se acordó prácticamente en una sola reunión. Bianchi ya tenía todo armado, incluso su nuevo cuerpo técnico. Personalmente, a este gil que escribe no deja de llamarle la atención que no haya ninguno de los que fueron sus hombres en las etapas anteriores. Alguien que haya sido jugador de Boca. Un Bermúdez, un Basualdo, un Ibarra pero bueno, él sabrá.

Él siempre sabe, esa es la fe que nos inspira. Sabía perfectamente que para antes de que los jugadores vuelvan de las vacaciones, en los primeros días de enero, debía estar ajustada hasta la última tuerca. No es cuestión de dar ventajas que se nos viene, otra vez, un semestre con tres competencias en paralelo. Así que seguramente él mismo aceleró los tiempos y no anduvo con reuniones dilatorias, derecho a los bifes.

Tenemos al que queríamos. Se lo arrancamos a Angelici. ¿Cómo irán a aceitarse de aquí en más las relaciones? ¿Crespi, un hombre clave, dejará de lado viejas posturas personalistas que con Bianchi no van? ¿Esta conducción tan puramente macrista se atendrá sin chisporroteos a las reglas que Bianchi dicta? ¿Pasará inadvertida la ausencia de alguien fundamental como lo era el profe Santella? ¿Carlos, próximo a cumplir 64 años y con varias temporadas lejos del ruedo, conservará intacto el ojo del tigre? ¿Terceras partes también serán buenas? Son incógnitas menores que encontrarán rápida respuesta. De momento, lo principal es que el mejor está de regreso en casa. El regalo que esperábamos de estas fiestas.

sábado, 15 de diciembre de 2012

FALCIONI EN EL GRUPO DE LOS 8

Dos años completos estuvo Falcioni el frente de Boca y más allá de cualquier otra consideración, las estadísticas indican que lo suyo constituye un registro importante. Tan es así que, antes de él, sólo otros siete entrenadores perduraron por igual o más tiempo en ese sitio: Mario Francisco Fortunato, Alfredo Garasini, Emilio Baldonedo, Rogelio Antonio Domínguez, Juan Carlos Lorenzo, Óscar Washington Tabárez y Carlos Bianchi.


Claro que por lo menos en el caso de los tres primeros, las situaciones no son ni remotamente comparables. Es hacia 1930 que la función de entrenador va adquiriendo connotaciones definidas pero hacia 1960, cuando va haciéndose más común la denominación “director técnico”, el cargo se redefine, la exposición pública va en aumento hasta nuestros días y el “hombre del banco” pasa a ocupar un sitio que antes no tenía.

Incluso debe apuntarse que como mínimo hasta mediados de los años cincuenta en ocasiones se hace difícil rastrear, a través de las publicaciones de la época, quién es el entrenador, desde cuándo estuvo en el cargo y en qué momento lo dejó.

Mariulo Fortunato, centro medio de los años veinte que por una lesión tuvo que dejar la actividad muy joven, fue desde comienzos de 1930 hasta mediados de 1937 el entrenador de Boca. A lo largo de su ciclo, el equipo obtuvo cuatro ligas (1930, 1931, 1934 y 1935). Era un estudioso de la táctica, lo que lo perfila como un adelantado a su época pero por sobre todo, era alguien muy cercano a Roberto Cherro, el líder del plantel. No es osado establecer que el que mandaba era Cherro. La poca figuración de los entrenadores queda clara con el hecho de que en 1933 y 1934, aunque Fortunato era quien encabezaba lo que ahora llamamos “cuerpo técnico”, quien figuraba como encargado era Ludovico Bidoglio, Vico, el legendario zaguero que brilló entre 1923 y 1931. Mariulo, con larga trayectoria en otros varios clubes, volvió a estar al frente de Boca en 1946 y 1956.

Garasini, jugador de diferentes puestos entre 1916 y 1928, símbolo de fidelidad bostera pese a lo cual en 1920 jugó un partido (uno solo) por River, estuvo a cargo del equipo desde junio de 1943 hasta julio de 1946. Ganó dos ligas (1943 y 1944) y dos copas locales (Ibarguren 1944 y Competencia 1946, esta última finalizada cuando él ya había sido desplazado). Garasa les hablaba a Vacca, a Marante, a Lucho Sosa, Lazzatti, Pescia, Sarlanga, Boyé y Severino Varela de lo que significaba Boca, del lugar que ocupaba en los sentimientos de mucha gente. Tras dejar de ser técnico siguió ligado al club a punto tal que su repentino fallecimiento, el día de Reyes de 1950, se produjo en Santa Fe cuando era parte de la delegación que había viajado para un amistoso con Colón.

Baldonedo, destacado ex insider izquierdo de Huracán, fue director técnico de Boca desde el comienzo del campeonato de 1951 hasta el final del de 1952. Sexto en el 51, décimo en el 52. De su permanencia con tan magros resultados surge la comprobación de que todavía los entrenadores estaban en un oscuro segundo plano. La larga carrera de Baldonedo como entrenador iba a prolongarse hasta los años setenta.

Más llamativo es el caso de Domínguez. A esa altura ya sí, los directores técnicos estaban en el centro de la escena. Sin embargo, el ex arquero de Racing, Real Madrid, River, Vélez, Nacional y Flamengo fue entrenador de Boca desde el comienzo de 1973 hasta el final de 1975 sin ganar título alguno. Duró tres años completos sin cosechar ni una sola flor a lo largo de seis competencias (Metropolitano y Nacional de cada uno de esos años). Sus equipos se caracterizaban por su juego vistoso y a veces contundente, protagonistas de goleadas y bailes memorables. El Cabezón Potente, el cordobés Curioni, García Cambón, Piki Ferrero, Mané Ponce, Marcelo Trobbiani fueron símbolos de esa época. Armando respaldó a Domínguez más que a ninguno y hasta donde pudo pero Boca, en ese ciclo, defeccionó invariablemente en todos los finales.

El Toto Lorenzo fue, después de Fortunato, el que estuvo al frente del ciclo más duradero: cuatro años, desde comienzos de 1976 hasta fines de 1979. Época gloriosa con Boca campeón del Metropolitano y el Nacional de 1976, las Libertadores de 1977 y 1978 y la Intercontinental de 1977 (jugada en 1978). El Toto fue uno de los padres de la dirección técnica en la Argentina tal como la concebimos hoy. Delantero de Boca en 1945/47, después emigró a Europa y cuando volvió ya convertido en técnico, discípulo de Helenio Herrera, convocado por San Lorenzo en 1961, sacudió el ambiente son sus poses, su verborragia, su histrionismo pero también con su aplicación al entrenamiento y a la táctica. Él modeló un Boca sólido, comprometido, ganador y perdurable. El del Loco Gatti, el Tano Pernía, Pancho Sa, Roberto Mouzo, el Chino Benítez, el Chapa Suñé, el Ruso Ribolzi, Marito Zanabria, el Heber Mastrangelo, el Toti Veglio, el mendocino Felman, el Loco Salinas, el Mono Perotti. Hizo historia. Ya veterano, el querido Toto iba a volver fugazmente al cargo en 1987.

El Maestro Tabárez, en su primer ciclo, fue director técnico de Boca desde el inicio de 1991 hasta abril de 1993. En 1991 construyó un gran equipo, al que en particular se recuerda por el tándem Latorre-Batistuta, que ganó invicto el Clausura 1991 pero no figura en el historial de los campeones por cuestiones de semántica. Después construyó otro Boca que sí fue campeón, en el Apertura 1992, con el Mono Navarro Montoya, Juan Simón, el Colorado Mac Allister, el Loco Giunta, el Beto Márcico y el Manteca Martínez entre otras figuras. En definitiva, fueron dos los títulos del Maestro: Máster y Apertura 92. Tuvo que dejar el cargo salpicado por aquella nadería de “halcones y palomas” convenientemente agitada a través de los medios. Volvió en 2002 y estuvo cerca de ser campeón nuevamente pero no le alcanzó.

El último eslabón previo a Falcioni es Bianchi. The best, of course. Estuvo, en su primera etapa, desde mediados de 1998 hasta fines de 2001. Apertura 98, Clausura 99, Libertadores, Intercontinental y Apertura 2000, Libertadores 2001. Una era gloriosa. Se peleó con Macri, se fue y el propio Macri tuvo que ir a buscarlo para que regresara a principios de 2003. Entonces inició otro raíd incontenible: Libertadores, Apertura e Intercontinental de ese año. Se quedó hasta mediados de 2004 y ya sus diferencias con la conducción dirigencial se hicieron insostenibles. Pareciera que el final de la historia entre Boca y Bianchi todavía no se escribió. Así sea.



domingo, 9 de diciembre de 2012

1962

El año en que murió Marilyn. El año en que los milicos bajaron a Frondizi. El año en que conocí La Bombonera. Me llevaron a un palco sur. Recuerdo que en el palco de al lado estaba Guillermo Cervantes Luro, locutor de la tele. No podía creer estar al lado de uno de esos tipos a los que, desde mis diez ingenuos añitos, veía como a un marciano. Le ganamos 3-0 a Racing, con goles de Pizzuti, Paulo y el Beto Menéndez.


Ese de 1962 es “mi” primer campeonato. En el de 1954 yo tenía sólo dos años así que no tengo memoria de nada. De 1962 me acuerdo todo, pero todo. Ocho años llevaba Boca sin ser campeón. Y como no podía ser de otro modo, el que cambió el curso de la historia fue un Boca bien Boca, duro, firme, seguro, maduro.

Es interesante repasar cómo fue conformándose aquel plantel. Hay que empezar por El Rata, que estaba en primera desde el 56. Le había costado afirmarse, después de aquel debut esplendoroso contra River había tenido que competir contra la idolatría del Gallego Mouriño, con el que jugaba en el mismo puesto aunque jugaron muchos partidos juntos. Cuando ya empezaba a apagarse el Gallego, le empezaron a traer otros cinco. Isella, un rafaelino de buen manejo procedente de Unión. Dino Sani, un auténtico crack campeón mundial con Brasil. Novarini, un guerrero que venía de Gimnasia. Pero siempre terminaba jugando el Rata. ¡Qué iba a entregarse, el Rata! Y para el 62, a sus 25 años, ya iba siendo el corazón del equipo, el cinco patrón de estancia, el líder, el caudillo.

En el 58 llegó, de Newell’s, Nardiello. Motoneta. Un wing que cuando empezaba a correr había que tirarle con un lazo. Esas patitas cortas, en carrera, realmente parecían impulsadas por un motor. Metió muchos goles, Nardiello, especialmente en 1958 y 59.

Ese mismo año debutó en primera, proveniente de las inferiores, el Canario Pérez. Un jugador de alternativa que estuvo por nueve años en el plantel. Jugaba en Reserva pero siempre, en algún momento, aparecía en la Primera. Empezó de 11 y terminó de 6, el Canario. Un tipo cumplidor, para lo que hiciera falta.

En el 60, ya con el Puma Armando de regreso en la presidencia, Boca trajo una carrada de jugadores. Varios de ellos descartables pero algunos otros que marcaron presencia, si que la marcaron.

De Ferro llegó el Tano Roma, un arquero consistente como una roca, inquebrantable, ganador a morir, moral de hierro. Tarzán. Nos daba una gran tranquilidad a todos, hinchas y compañeros, el Tano.

Junto con él, Silvio. Tenía sólo 19 años. Con la facha solamente ya mataba, masacraba, Silvio. Pero como si eso fuera poco, jugaba. ¡Cómo jugaba, Silvio! ¡Que elegancia, que tranco, que armonía de movimientos!

De Perú vino Víctor Benítez. Gran jugador que se había lucido en la Copa América del 59. Jugaba de 4, de 6, de 7 o de 8 tirado atrás. Velocidad supersónica, recuperación asombrosa. Boca iba a terminar vendiéndoselo al Milan, precisamente hacia la mitad de la segunda rueda del 62 y se quedó en Italia por varios años.

De Brasil, Paulo. El máximo goleador de Boca en superclásicos oficiales hasta hoy. Siempre los vacunaba, Paulo. Lo tenía alquilado en particular al viejo Carrizo pero a cualquier arquero de los que te jedi que le pusieran delante, lo atendía sin hacer distingos: Ovejero, Rogelio Domínguez, el Loco Gatti… Y a los otros equipos no los descuidaba en absoluto. ¿A quién no le hizo goles, Paulo? Gran definidor. Cintura de junco, no se apuraba nunca, “más frío que un revólver” me dijo una vez el Viejo Ardizzone.

También de Brasil, que por esos años, después del Mundial de Suecia, era la debilidad de Armando, vino Edson Dos Santos. Un 2 tan chueco, negro y cargado de hombros que parecía un gorila. Acrobático en muchas de sus intervenciones, las cuales no siempre iban de la mano con la eficacia.

De regreso de Italia, una leyenda, el Pelado Ernesto Grillo. Hasta hoy, después de haber tenido la oportunidad de conversar con algunos de los que fueron sus compañeros, no deja de sorprenderme el respeto, la veneración que sentían por él. De Independiente había partido años antes un Grillo gambeteador a tobillo descubierto y de Italia había vuelto un jugador austero, un gladiador que dejaba en la cancha hasta la última gota de energía.

No pasó nada en 1960 así que para 1961 el Puma siguió pelando billetera en fiebre compradora, siguió mirando fascinado a Brasil y otra vez, con alguno acertó.

Principalmente, con Orlando. Campeón mundial en Suecia. Un tipo que iba a hacer historia en el fútbol argentino porque él impuso la función de segundo central en línea de cuatro. Hasta ahí, todos jugaban con un 6 volante al lado del 5. Orlando inventó, entre nosotros, “la cueva”, como se decía entonces. Jugaba en cualquiera de las posiciones del fondo sin que mermara su rendimiento. No lucía pero no se equivocaba, 6 ó 7 puntos siempre, buen cabeceador defensivo. Y a partir del 62 y hasta que volvió a Brasil, en el 65, fue el capitán. Un capitán con toda la barba, que imponía respeto.

También importamos a Maurinho, un negrito saltarín cuyo mejor momento había pasado, muy castigado por las lesiones pero que dejaba ver destellos de calidad.

Y otro brasileño fue Almir. “El Pele blanco”, lo llamaban y aunque no era para tanto, el tipo sí sabía jugar. Debutó con un gol a Independiente en Avellaneda pero después iba a jugar muy poco. Tenía una lesión en la rodilla que tardó en sanarse.

De Perú llegó Miguel Loayza, otro de la famosa selección del 59, delantero. Extraordinario gambeteador, Loayza. Pasaba que era capaz de empezar a gambetear para adelante, llegaba a la línea de fondo, se daba vuelta y empezaba a gambetear para atrás. Gambeteaba mirándose los pies.

Tampoco pasó nada en 1961. El brasileño Feola, el técnico campeón del mundo en el 58, se fue siete fechas antes de terminar el campeonato y volvió a hacerse cargo el profesor José D’Amico, que ya había estado al frente del equipo en 1960 y después había quedado como preparador físico. Él iba a modelar al campeón del año siguiente.

Para 1962 el Puma no se detuvo pero esta vez miró más para adentro, para el fútbol vernáculo. Y la verdad es que esta vez le fue (nos fue) mejor que antes.

De Atlanta llegó el Flaco Errea. Un arquero con estilo opuesto al del Tano porque jugaba mucho con la geometría del arco y del área en eso de achicar los ángulos. Sin la regularidad ni la fortaleza del Tano, eso sí.

Junto con él, Gonzalito. Laborioso, hábil e inteligente. Seguramente menos reconocido de lo que correspondería. El año anterior nos había metido dos goles en La Bombonera. Le costó meterse en la gente porque en especial a los viejos de los palcos no les entraba en la cabeza que un tipo con la camiseta 11 se tirara hacia atrás y hacia el medio. “Abrite, vos jugás de wing”, le gritaban. Pero Gonzalito fue un jugador fundamental por varios años. “La pierna izquierda de Rattin”, se lo llamó. “El ventilador”, porque les daba aire a todos. Gonzalito jugó de 6, de 3, de 5, de 8, de 10, de 11 y siempre bien. Polifuncional antes de que se inventara esa palabreja.

De Vélez llegó Callá, un delantero con un buen registro de goles. En ese 62 empezó de titular pero perdió el puesto enseguida. En el 63 se fue a préstamo a Uruguay, volvió en el 64 y ahí sí, fue autor de goles muy importantes, definitorios.

Como peludo de regalo en el paquete con Callá llegó el Cholo Simeone. Es que el Cholo era el jugador más antiguo de Vélez, el capitán, jugador de selección y el contrato más alto. Amalfitani, el presidente de Vélez, quería sacárselo de encima y le dijo a Armando: “Te doy a Callá pero si te llevás también al Cholo”. Y resultó que fue el Cholo el que nos ganó el corazón de entrada y se quedó con nosotros durante seis inolvidables temporadas. Un marcador férreo, impasable, insobornable. Se recuerda que una vez tiró la pelota a la calle. Con el correr de los años, cada vez vuela más alto, esa pelota. Parecía que la había tirado a la calle Iberlucea por arriba de los palcos pero ahora hasta hay quien sostiene que la tiró del otro lado, por arriba de las tres bandejas de tribuna y la bola cayó en las vías. Lo seguro es que resulta injusto que se lo recuerde sólo por eso, el Cholo era un jugador de esos que nunca te dejan de a pie, nunca.

Después de pasar un año en Huracán, llegó el Beto Menéndez. Armando y el presidente de River, Liberti, habían acordado, con la complicidad de Seijo, el presi del Globo, que el Beto se estacionara un año en Huracán para que no pasara directamente de River a Boca. El Beto fue el cerebro del equipo, el conductor ofensivo. ¡Qué jugador, el Beto, por favor! ¿Cuántos millones de euros costaría hoy? Manejo, pegada, panorama, gambeta, toque corto, toque largo, huevos…

De Estudiantes llegó el correntino José Silvero. Cuenta la leyenda que una mañana Silvero salió en auto desde La Plata hacia Buenos Aires junto con el presidente de Estudiantes, Mangano, para firmar los papeles de su transferencia a River. Por el camino, José lo convenció y cuando cruzaron el puente Avellaneda, en lugar de agarrar hacia Paseo Colón y seguir viaje hasta River, doblaron para el otro lado y José ese mismo día terminó firmando para Boca. El propio José, con la franqueza, con la llaneza y la simplicidad que siempre lo caracterizaron, iba a explicar después: “En River iba a tener que pelear el puesto con Ramos Delgado. Prefería pelearlo con Edson Dos Santos”. Muy rápido se ganó el puesto, José y fue un jugador importante por mucho tiempo.

También volvió Tito Pizzuti, que ya había estado en Boca en 1955 y después de su etapa mejor en Racing, llegó de regreso con el pase en su poder, ya veterano, para terminar su carrera con la azul y oro.

Como para no cortar tan de golpe con la moda de los brasileños, también vino Walter Da Silva, que iba a ser suplente del Rata pero que hizo su principal aporte en la Reserva que jugaba los jueves y que también fue campeona. Porque Boca, ese año, fue campeón en Primera, Reserva y Tercera. Inédito e nunca más repetido.

De esa muy recordada Tercera iban a subir a Primera, en las últimas fechas, Pueblas y Pezzi. Pezzi, un buen definidor, el goleador de esa Tercera, ya había jugado unos pocos partidos en 1960 y 61. Pueblas, un wing derecho que le pegaba con un caño, debutó en La Plata con un golazo desde fuera del área a Estudiantes, en la última fecha de la primera rueda. Después, ya en el tramo final del torneo, iba a tener continuidad.

El campeonato empezó promisoriamente, con un 2-1 a Chacarita en La Bombonera. Dos goles del Beto Menéndez, en su debut. Se complicó al final. Se recuerda particularmente ese partido porque Almir se puso a sambar en la cancha pero el problema fue que se puso a sambar sobre el cuerpo de Vázquez, el 2 de Chaca, un tipo que les pegaba a todos y al que ese día, estando caído, el brasileño le dio de su propia medicina. Se armó un escándalo. Lo echaron a Almir, que ya no iba a volver a jugar en Boca, al Tano Roma y a dos de ellos. Ante la expulsión del Tano, fue al arco el Cholo Simeone. El Cholo, en el día de su debut en Boca, empezó de 4 y terminó de arquero.

Boca jugó una primera rueda impecable. Defensa dura. Silvero, Orlando y Silvio, inamovibles. Benítez alternándose con el Cholo, a veces al peruano lo ponían en otro lado. El Rata y Gonzalito ya constituían el tándem de oro que se prolongó por años, que llenó toda una etapa brillante. El Beto Menéndez para jugar, Paulo para definir. Un gol y a cobrar, generalmente. Un equipo simple, sumario, utilitario, sumamente eficaz.

Hasta que llegó, en la penúltima fecha, la visita al gallinero. Muy buen primer tiempo, el consabido gol de Paulo anticipando a Rogelio Domínguez, superioridad incontrastable. Estábamos para definirlo. A poco de comenzado el segundo tiempo nos metieron tres goles en cuatro minutos. Tarde fatal del Flaco Errea. Para colmo, al Beto se le salió la cadena, lo echaron y le encajaron seis fechas de suspensión. ¡Uh!

En la segunda rueda fueron consiguiéndose puntos pero estaba claro que el equipo había perdido seguridad. Y nos cayó una seguidilla fatal. Empate con San Lorenzo, derrota con Central en La Bombonera, derrota con Gimnasia en La Plata. Ahí mismo quedamos detrás de Gimnasia, el Gimnasia del Tanque Rojas, el que dio origen al mote de “Lobo”. La tarde que perdimos en el bosque estábamos al horno con papas. Para peor, todavía teníamos que quedar libres.

Volvimos al ruedo con un triunfo en Avellaneda sobre Racing, que andaba a los tumbos pero algo no funcionaba. Ahí fue que D’Amico se decidió a meter mano. Afuera Nardiello y Grillo, adentro Pueblas y Pezzi. Cuenta la leyenda que el gran Pelado Grillo, el de las palabras escasas pero justas y terminantes, se anticipó y le dijo a don José: “Estoy jugando mal. Si me tiene que sacar, sáqueme”.

Ahí, con la savia nueva, se revitalizó el equipo y comenzó el sprint final, victoria tras victoria. Gimnasia se cayó en un par de partidos clave y así fue que, en la recta definitoria, volvimos a la punta pero… Acompañados. Acompañados por los que te jedi, que también la venían remando de atrás.

Y llegamos al 9 de diciembre de 1962, glorioso domingo de sol. Boca y River juntos en la punta, en la penúltima fecha y frente a frente. Desempate no había, el empate les servía a ellos porque tenían mejor “gol average”, como se decía. Los goles a favor divididos por los goles en contra. Había que ganar.

Antes del cuarto de hora, Etchegaray, el 3 de ellos, presionado por Pueblas, quiso jugar la pelota para atrás, para Carrizo pero la dejó fatalmente corta. ¿Y quién podía aparecer? ¡Paulo! La afanó, gambeteó a Carrizo hacia fuera (con la facilidad sobrenatural que tenía Paulo para esos menesteres) y Carrizo lo bajó. Penal indiscutido, indiscutible. Paulo de nuevo, arco de Casa Amarilla, Carrizo a la izquierda, pelota a la derecha, Boca 1 a 0.

El partido lo aguantó la defensa. Esa línea de cuatro granítica con el Cholo, Silvero, Orlando y Silvio más el Tano detrás más el Rata y Gonzalito delante para limpiar todo el ancho. Hasta que, a falta de poco más de cinco minutos, Nai Foino les dio un penal. Les regaló un penal. Artime se tiró como un chancho, el Cholo Simeone apenas lo había rozado.

Delem le pegó a la derecha y allá fue el Tano Roma para mandarla al corner. Yo creo que se adelantó un poquito menos que en otro que le había atajado al Beto Menéndez, en el 3-1 de la segunda rueda del 60. ¿Qué, lo iban a patear de nuevo? Si se metió un montón de gente en la cancha y hubo que parar el partido por más de diez minutos. Como bien dijo el propio Nai Foino, penal bien pateado es gol. La verdad, a este gil que escribe, por razones de difícil explicación, le agarró más cagazo cuando iban a patear el corner que en el penal (“que no nos vayan a embocar ahora, por favor”). Pero llegó el corner y apareció de nuevo el Tano Roma, Tano querido, Tarzán, héroe. La bajó entre diecisiete. Ahí, ahí sí, se terminó el partido.

El 4-0 a Estudiantes de la última fecha fue como llenar un formulario. No era de imaginar que ese equipo, esos hombres, fueran a dejarla pasar, fueran a defeccionar en esa instancia cumbre. Boca campeón, pizza y fainá para todos, tinto y cerveza, ¡Viva Boca, y la reputa madre que los parió!

Hay una pequeña historia que define de qué manera funcionaba aquel grupo. Hace unos pocos años, mirando una nota que le hicieron al Rata por televisión, me enteré (porque lo blanqueó el Rata) que estuvo peleado con Orlando, que estuvieron dos años sin hablarse. Yo me enteré cuarenta años después pero todos (los que nos enteramos) nos enteramos cuarenta años después. Muchos siguen sin enterarse. Lo sabían ellos, nadie más. Ni un periodista, ni un medio. Quedó entre esas cuatro paredes entre las que tenía que quedar. Porque cuando se abría la puerta y salían de entre esas cuatro paredes, el Rata jugaba para Boca, Orlando jugaba para Boca y todos jugaban para Boca. Es una enseñanza que nos dejaron aquellos muchachos del 62 y que a veces se hace difícil de aprender.

   También sirve apuntar que en 1963 llegó a Boca un jugador (un gran jugador, notable) que tenía el hábito de cortarse solo, dentro y fuera. Muy rápido, el grupo lo puso en su lugar. Poco más de un año después, ese gran jugador egresó de Boca. No cuajaba (empieza con Sanfi y termina con lippo).

   Demostraciones de una manera de ser y de sentir. De una línea de conducta, un estilo de vida en definitiva. Porque ese grupo, ese plantel monolítico, pétreo, con las modificaciones que naturalmente fueron dándose, volvió a ser campeón en 1964 y 1965. Y en 1969 y 1970, cuando volvimos a ser campeones después de un período de transición, el Tano y Silvio seguían jugando y Silvero fue el técnico en el 70. Seguía vigente un sello distintivo. Aquellos muchachos del 62 inauguraron una de las épocas doradas de nuestro viejo y querido Boca. A ellos, salud por siempre.

FLACO NUESTRO

Cuando Bianchi, allá por mediados de 2001, pidió a Schiavi, este gil que escribe rumió. ¿Schiavi? ¿Ese lungo medio jorobado que juega en Argentinos, bastante torpe, más lento que un tren de carga?


Sí, ese mismo. El que poco tiempo después ya nos tenía a todos en el bolsillo. El Flaco ha sido (¿o es?) un jugador de escasa ductilidad, que cuando salía lejos de su zona solía hacerlo fuera de medida y después ya no tenía posibilidad de volver a la jugada. Con cierta propensión a las infracciones innecesarias, a veces en zona de riesgo. Pero la mejor historia del fútbol la han escrito también tipos como el Flaco Schiavi.

Fuerte física y mentalmente, convencido de lo suyo, invencible. Con una fortaleza de espíritu, con una personalidad dentro y fuera de la cancha que dejaron muy en segundo plano cualquier objeción de tipo técnico que pudiera hacérsele.

Pronto va a cumplir cuarenta años y como se lo escuchó decir en los últimos días, ahora se va sin que nadie lo eche. Se va porque quiere, porque lo decidió él. Después de dejarnos todo, de entregar su corazón en cada partido que salió a jugar. Es fácil acordarse de aquella noche en Chile, cuando jugó hasta el final con un ataque agudo de apendicitis. Del vestuario al hospital para la impostergable operación. ¿Quién podría olvidarlo? Es un episodio que lo define. Ese fue el Flaco Schiavi, el que nunca se guardó nada, el que siempre fue capaz de jugarse la vida no ya en sentido metafórico, sino literal.

Jugó su último partido y después, sólo después, aflojó. Ahí le brotaron las lágrimas. ¿Quién dijo que “un hombre macho no debe llorar”? Con toda La Bombonera coreando su apodo, con toda su familia en derredor, con el video que le habían preparado, se permitió dejar de lado la imagen de duro que fue su sello y mostrarnos a todos el costado blando. Que sabíamos que lo tenía, claro que sí pero que siempre se cuidó de dejarlo a la vista.

Se nos va un líder, uno de esos tipos en los que sabíamos que podíamos confiar siempre y a muerte. Un jugador hecho a la medida de Boca, un símbolo. Nos deja un agujero. Alguien va a tener que ocupar el sitio pero sabemos que no va a ser fácil encontrarnos pronto con alguien al que le dejaríamos abierta la puerta de casa, como al Flaco. Integra desde hace mucho la galería de esos jugadores que alguna vez tienen que dejar de jugar pero que se quedan con nosotros, en nosotros, hasta la eternidad. Nombrar al Flaco Schiavi es como nombrar a Boca mismo.

VOX POPULI

Es de desear que Angelici y sus compañeros de gestión hayan aprendido, se hayan dado un baño de realidad, maduren. No pueden forzarse las cosas. Macri, en su momento, tuvo que darse muchos golpes hasta entender que Boca no era su empresa. Renovarle el contrato a Falcioni era antinatural, impensable, imposible.


Este “8D” dejó pautas bien marcadas. Todos queremos a Román, todos queremos a Bianchi (las excepciones que pudiera haber aquí no cuentan) y no sabemos si sus regresos serán posibles pero la evidencia, aquello de lo que no hubiese dejado de tomar nota una dirigencia idónea es que va a ser imprescindible un golpe de timón. Si no es Bianchi, otro (después veremos quién) pero Falcioni, no. Si Román no, sin Román pero 2013 debe ver a otro Boca, muy distinto de éste.

“Falcioni hijo de puta, la puta que te parió”… “Angelici botón, Angelici botón, sos un hijo de puta, la puta madre que te parió”… “Traelo a Bianchi, la puta que te parió”… “Ri-queeeel-me, Ri-queeel-me”. Cabildo abierto. Vox populi, pura e incontrastable. Que los facinerosos de la segunda bandeja trataran de tapar al resto, que hicieran señas amenazantes de cerrar la boca fue insuficiente. La gente (la gente) los calló a ellos.

No dejó de ser una tarde de fiesta, pese a todo. La emocionante despedida del Flaco, ver de nuevo en el verde de La Bombonera a dos tipos tan amados como Martín y el Pato, el desfile de los campeones del 62, todos serán lindos recuerdos. Lo otro, lo más importante, también es positivo. Más allá de algún vidrio roto que siempre es de lamentar, más allá de algunas piñas que puedan haber volado y que a alguien le hayan dolido, es bueno que hoy las cosas estén más claras que ayer, mucho más claras. Avanzamos, sí que avanzamos.

Del partido con Godoy Cruz, ¿qué podría decirse? Para el primer tiempo de Boca no hay calificativo posible. Tal vez cuadre “vomitivo”. Casi ni nos acercamos al área. Mejor el segundo. Muy bien Pichi Erbes hasta que se fundió. Bien Pol. Falcioni lo soltó a Paredes para que juegue de enganche, de lo que es. Lo sacó de la raya izquierda, donde lo ha tenido encerrado en los últimos partidos. Cuando mejor estábamos jugando, llegó el gol de ellos.

Por suerte el empate llegó pronto. Gran Pase de Pol para dejarlo al Tanque mano a mano. Tres veces no pudo definir el Tanque pero menos mal, el último rebote le quedó a Pol que casi rompe la red.

Después de la salida de Pichi, que no daba más y el ingreso de Somoza (que ciertamente ha venido jugando mal pero que se come muchos garrones por identificárselo como hombre de Falcioni), no había más nada. Parecía que podían seguir jugando hasta la madrugada. Pero bueno, a los 47 los embocamos.

Otra vez Pol como protagonista, con esa pelota que cruzó muy bien de izquierda a derecha, después del corner. Estaban dormidos, los mendocinos, ellos también deben haber pensado que el partido ya estaba terminado. La bajó Caruzzo y la metió Nico Blandi. Tuvo pocos minutos, Nico y metió una. Le va a hacer bien. El año que viene tiene que ser, para él, año de definiciones. Tenemos que saber para qué está.

Falcioni se fue rápidamente por el portón contiguo al vestuario que da a las vías. Alguien cree haberlo escuchado decir “ya no voy a estar acá”. Menos mal que se dio cuenta, él antes que los dirigentes, según parece. Cuentan que Piccoli se hizo el gracioso, salió del vestuario y pidió una lapicera “porque tenemos que firmar el contrato”. No, Piccoli. Ustedes “fueron”. Como no los echaba la conducción del club, los tuvo que echar la gente.



viernes, 7 de diciembre de 2012

CON LAS DOS CAMISETAS

JUGADORES EN BOCA Y GODOY CRUZ: 9


Arquero
Larroque, Héctor Damián: 1996 - 1996/98

Segundo marcador central
Bazzi, Elías Iván: 2000/01 - 2004

Marcadores laterales izquierdos
Moya, Carlos Daniel: 1990/94 - 1988/89
Insúa, Emanuel Mariano: 2012 - 2012

Volantes centrales
Franco, Carlos Javier: 1983/84 - 1994/95
Franco, Héctor Manuel: 1995 - 1999/2001
Pinto, Gustavo Hernán: 2000/03 - 2006/07

Volante mixto derecho
Arce, Matías Sebastián: 2000/01 - 2005/06

Volante mixto izquierdo
Caneo, Miguel Eduardo: 2003/04 - 2007

DIRECTOR TÉCNICO: 1
Ribolzi, Jorge Daniel: 2006 - 2002

lunes, 3 de diciembre de 2012

A LAS ANDADAS

Al fin, lo que jugó Boca ante Arsenal está cerca de lo que, en promedio, ha venido ofreciendo este equipo. Es decir, nada. Lo de Racing no puede ser medida porque muy pocas veces o prácticamente nunca se ha jugado en ese nivel. La verdad, la triste verdad, es esta otra. Este Boca abúlico que paseó por Sarandí. Sin juego, sin asociaciones, rutinario.


Tal vez si la clasificación a la Libertadores no hubiese estado abrochada desde antes de empezar los muchachos se hubieran conectado más. Salieron a la cancha con Vélez campeón, sin riesgo de quedarse fuera de la Copa y jugaron en consecuencia, como esos oficinistas que, en los días previos a las vacaciones, concurren a sus lugares de trabajo por inercia y cumplen con sus obligaciones en posición piloto automático.

Ya me tiene podrido Arsenal. Es tan insignificante que ni da para que se lo odie pero yo, lo confieso, lo odio. Está ahí porque es el clubcito de Corleone. Cuando se muera Corleone, muy probablemente siga su curso natural hacia la B Metro o la C. Este año nos tuvo alquilados. Menos mal que le ganamos los dos partidos de la Libertadores pero después, nos mataron en La Bombonera en el partido clave del Clausura, nos acostaron con los penales en Catamarca y ahora, otra vez sopa.

Ellos tampoco jugaban por nada pero se ve que tener enfrente a la camiseta de Boca sigue siendo la mejor motivación. Por otra parte, justo es reconocer que Arsenal, aunque transitó por el Inicial a los tumbos y recién en los últimos partidos tornó a enderezarse, es un equipo con identidad definida, con oficio, con fundamentos colectivos que le dan una mínima base de sustentación en los peores momentos.

Justamente, lo contrario de este Boca, un equipo imprevisible, ciclotímico, atado a cómo se levante cada día cada una de sus individualidades.

El mejor jugador del partido fue el zurdito Caffa, que era nuestro. De su pie izquierdo surgió lo más positivo de la noche. Sin olvidar que en el primer tramo del juego volvió a hacernos estragos el negro Carbonero, igual que en Catamarca. ¿Juega bien nada más que contra nosotros, el grone? Será que él y su técnico nos han descubierto un punto neurálgico.

En los primeros quince minutos nos salvamos de cuatro goles y no habíamos llegado nunca. Después se pararon mejor Pichi Erbes y Erviti, apareció algo de Pol, tuvo más contacto con la bola Paredes. El penal de Braghieri a Acosta fue parecido al que González Pírez le había cometido al propio Laucha contra los que te jedi. No lo vio, le apareció de la nada. Un punto a anotar a favor de Acosta que por lo demás, sigue sin mostrarse capaz de sacarse a un hombre de encima en el mano a mano, algo esencial en la función de delantero por afuera.

El Flaco se habrá emocionado porque la gente forzó que fuese él quien pateara, lo cierto es que pateó mal, débil, anunciado. Campestrini, en lo personal, también nos tiene alquilados, remember Catamarca. Y no sólo atajó el penal sino también los dos rebotes posteriores. Una fiera. En fin, una lástima, si nos poníamos 1-0 ahí, en una de esas…

El segundo tiempo empezó igual que el primero y al minuto ya estábamos abajo. No se puede aceptar que Casales haya aparecido solo, haya pifiado y haya tenido tiempo de rearmarse sin que nadie lo molestara, en plena área nuestra, para empezar una segunda jugada. La tocó hacia atrás y Zelaya primereó. ¿Dónde estaban Clemente, Caruzzo, el Flaco?

En los minutos que siguieron Arsenal pudo habernos goleado nada más que con los pelotazos de Caffa. Después levantaron el pie y menos mal pero Boca no apareció nunca. Sólo nos cosquilleó el corazón con dos tiros de lejos, de Erviti y de Pol. Nada. Rescatable lo del Tanque Silva, que por lo menos demostró ganas, bajó para juntarse con la pelota, buscó compañeros (aunque no los haya encontrado).

Los cambios, en lugar de solucionar algo, acrecentaron el caos. Porque tantos movimientos de piezas suelen terminar siendo contraproducentes, confunden a los propios jugadores. Entra Colazo, nos quedamos con un solo punta, va Paredes más arriba. Entra Blandi, otra vez barajar y dar de nuevo, Paredes de enganche, Colazo atrás, Clemente a la derecha. Entra Viatri, tres puntas pero con Viatri más atrás… Todos movimientos compulsivos, espasmódicos, cero coherencia. Viatri entró a los 39 minutos. ¿Qué va a hacer en seis minutos más el recupero? El que seguramente merecía más minutos era Blandi, que venía de una buena semana de entrenamientos pero bueno, no podemos estar esperando que un tipo se ilumine y nos salve. Tiene que haber respaldo, estructura, equipo.

A lo largo de la semana trascendió que Falcioni se queda. Después del partido, recobró fuerza la presunción de que Falcioni se va. En definitiva, esos vaivenes en los rumores de pasillo se parecen al equipo mismo. Hoy un juramento, mañana una traición. No parece que Falcioni pueda tener futuro. Su posible continuidad va atada a la comprobación de que no hay otro a mano. Se sueña con que llegue Guillermo en julio. ¿No aprendemos? Una transición de seis meses es impensable, somos Boca, no podemos regalar un semestre, es una eternidad. ¿No nos acordamos de lo que pasó cuando le tiramos el equipo al Chueco Alves?

Habló Bianchi. Nunca habla al pedo, Bianchi. Y atenti, no habló al azar en cualquier lado. No, habló en una transmisión de Boca. Tiene ganas, Bianchi. ¿Tendrán ganas los dirigentes? Hmmm… No lo van a decir pero difícilmente Angelici y su trouppe pudieran convivir con Bianchi. Carlos blindaría el vestuario, les marcaría las rayas, mandaría él, sólo él. Vagón de guita, por supuesto, y superpoderes. No, el macrismo no lo toleraría.

sábado, 1 de diciembre de 2012

CON LAS DOS CAMISETAS

JUGADORES EN BOCA Y ARSENAL: 15


Arqueros
Merlo, Néstor José: 1989 - 1984/86
Caballero, Wilfredo Daniel: 2002/04 - 2006

Marcadores laterales derechos
Gómez, Rubén Darío: 1985 - 1994/95
Casais, Eduardo Javier: 2005 - 2012

Segundos Marcadores centrales
Matellán, Aníbal Samuel: 1996/2001+2004/05 - 2007/10
Burdisso, Guillermo Enio: 2011/12 - 2012

Marcadores laterales izquierdos
Gallo, Germán Darío: 1997 - 1999/2000
Krupoviesa, Juan Ángel: 2005/07+2009/10 - 2010/11

Volante central
Di Gregorio, Jorge Sergio: 1985 - 1982/83

Volantes mixtos izquierdos
Palavecino, Rubén Osvaldo: 1991/92 - 1998/2002
Andrizzi, Martín Ezequiel: 2000 - 2002/03+2007/08
Pompei, Roberto Fabián: 1996/97 - 2004
Caffa, Juan Pablo: 2003 - 2005/06+2011/12

Enganche
Lacava Schell, Hugo Nelson: 1974/77 - 1980

Punteros derechos
Mouche, Pablo Nicolás: 2008/12 - 2007
Franzoia, Andrés: 2005/07 - 2010/11

Centrodelanteros
Rambert, Sebastián Pascual: 1996/97 - 2002/03
Sava, Facundo: 2006 - 2008/09

DIRECTOR TÉCNICO: 1
López, Miguel Ángel: 1983/84 - 2006