Nadie calificaría al Pampa Calvo como un gran jugador. No tuvo la variedad de recursos, la riqueza técnica del Negro Ibarra. Tampoco el cohete en el tujes de Clemente. Pero al Pampa sí que le cabe aquella definición que una vez aplicó Carlos Bianchi referida a Christian Giménez: “Con él sabés que nunca entrás con diez”.
Ahora, cuando acaba de hacer público su retiro, seis meses después de que se le concediera el pase libre porque la rodilla, definitivamente, no quiere más, si se repasa su carrera se llegará a la conclusión de que fue un jugador mucho más valioso de lo que una primera lectura superficial pudiera indicar.
Ciento sesenta y siete partidos jugó el Pampa en la primera de Boca, desde su debut en 2000 y fue parte activa en la conquista de doce títulos. Pero más allá de esas cifras que de por sí son significativas, cabe preguntarse cuántas veces jugó realmente mal el Pampa… Muy pocas. Siempre cumplió. Y hubo campañas en las que estuvo en la cancha durante gran parte, como en aquel Apertura 2005 en que el Negro Ibarra tuvo que faltar muchas veces y no se lo sintió tanto.
Por la derecha o por la izquierda, su rendimiento siempre fue parejo. Firme en la custodia de su zona, nada desdeñable en cuanto a su prolijidad como salida y hasta con más de una presencia en la llegada, como en aquel golazo a Independiente en el Clausura 2003, apareciendo al borde del área, por izquierda, para meter un derechazo alto e imponente, uno de los cinco goles de su trayectoria.
Ahora, que andamos buscando un suplente para Clemente pero no sabemos quién, porque escasean los especialistas, ahora que hubo que improvisar a Roncaglia como lateral (y menos mal que aprendió bien el oficio), puede tenerse una mejor mensuración de la valía del Pampa Calvo.
Fue un tipo que pasó por el fútbol en silencio. Se fue a España, volvió, se lesionó, tuvo más de un año y medio de recuperación sin aflojar nunca hasta que tuvo la satisfacción de poder reaparecer en primera, transcurridos más de 24 meses desde su última aparición anterior.
Se fue con el pase libre, el 30 de junio pasado, casi sin que nos diéramos cuenta. En fin, lo mismo le había pasado un año antes al Negro Ibarra, nada menos, a quien nadie le entregó ni una modesta plaquetita. En el caso del Pampa, esa salida inadvertida estuvo a tono con su perfil. Pero sí que sirven los jugadores como el Pampa Calvo. Una vez más tenemos que acordarnos de Bianchi. Con el Pampa, nunca entramos con diez.
lunes, 26 de diciembre de 2011
lunes, 19 de diciembre de 2011
AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR
“Murió Falcioni”, se escribió en este sitio. Este gil que escribe se había ofuscado aquella vez que el entrenador decidió que a Román “no lo veía en condiciones” para aquel partido con All Boys, en el Clausura. “Cagón”, también se lo calificó al director técnico, tras aquella noche en que lo sacó a Román para armar dos líneas de cuatro y aguantar un 1-0 sobre Independiente y se lo empataron.
No, yo no voy a colgar ninguna bandera que diga “Perdón, Julio”. El fútbol se nutre del día a día, los hinchas somos como somos y desde aquí, a Falcioni o a cualquiera puede volvérseles a caer en cualquier momento.
Jamás estuvo en duda la vocación de trabajo de Falcioni, su preocupación y dedicación puestas al servicio de su tarea. Eso también quedó reflejado en este sitio desde el principio, en particular porque lo diferencia de algunos otros que pasaron antes por el cargo.
Los resultados nos hacen variar las opiniones, claro, no tiene por qué ser de otra manera. No puede ser de otra manera. Pero hay que puntualizar que uno de los principales méritos de Falcioni en esta gloriosa campaña del Apertura es que fue aprendiendo por el camino. El ha venido repitiendo como muletilla en los últimos tiempos, junto con el agradecimiento a sus jugadores, que ellos “lo hicieron crecer”.
Sí, con el transcurrir de los días Falcioni fue entendiendo cómo funciona Boca. Fue una pavada, al poco tiempo de haber llegado, ponerse a confrontar con un ídolo. Se lo castigó como se lo tenía que castigar por eso y el tipo tomó nota. Fue un error que no repitió.
Como bien deslizó Román en alguna de sus últimas apariciones públicas, en el Clausura Boca jugó “de cinco maneras distintas”. Cuando no estaba Román, se pasaba al 4-4-2. En un momento, como para que pudiera estar Román pero hubiera la suficiente capacidad de contención en el medio, se armó un extraño esquema con Palermo como único punta fijo, Román parado bien arriba, línea de tres con el Pampa Calvo y Clemente como carrileros… Un bodrio, aunque haya servido para ganar algún partido.
Con la ventaja de tener ya bien conocidos a sus hombres y de tener también bien mensurado cómo pendulan los humores de la tribuna, para el segundo semestre el conductor aprendió otra lección y varió su postura. Se decidió por sostener el 4-3-1-2, un sistema que es el más sencillo, lógico y confiable si se tiene a Riquelme en el plantel.
Lo dijo bien claro el entrenador, que hasta incluso lo hizo volver al Tano Gracián para tenerlo como alternativa cuando le faltara Román. Y como el Tano primero quedó fuera por lesión y después no funcionó, probó otras variantes pero sin tocar el dibujo madre.
La primera vez que faltó Román, con Independiente en Avellaneda, jugó una carta difícil: Cvitanich y Mouche arriba con Viatri levemente tirado atrás. Le salió perfecto. Cuando volvió a faltarle Román, no le tembló el pulso, privilegió al Pochi Chávez por sobre Gracián (se caía de maduro con la evaluación de los rendimientos) y continuó jugando con enganche. Cuando le faltó Rivero y muchos postulaban que lo mejor era regresar al 4-4-2, él volvió a tomar una determinación complicada y mantuvo el esquema, con Pichi Erbes por el Burro en la derecha.
Todos nos equivocamos, algunos más que otros pero por lo que respecta a este gil que escribe, mantiene que fue un error inaceptable por parte del entrenador haber prescindido de Riquelme en aquel partido con All Boys. Desató una tormenta contra sí mismo, tormenta que fácilmente pudo haberse evitado. Pero del mismo modo, es de sumo valor comprobar que, con tiempo y con paciencia, Falcioni registró sus propias equivocaciones, tomó conciencia de ellas. Hoy, es inimaginable que vaya a dejarlo a Román fuera de un partido si Román está en condiciones de jugar.
Al cabo, aquella inclaudicable vocación de trabajo que nunca pudo dejar de reconocérsele le dio sus frutos al entrenador. El tipo supo armar un equipo duro, consistente, regular (regular de regularidad, no en segundas acepciones), meritorio y campeón.
La noche de la despedida de Palermo, Falcioni prestó su cara de enojado para aparecer en la pantalla gigante y lo rechifló y abucheó toda La Bombonera. Quizás haya sido el último de sus errores visibles. Después de la coronación, seguramente fueron muchos de los mismos que lo habían rechiflado y abucheado quienes cantaron “que de la mano de Julio César todos la vuelta vamos a dar”. Las dos expresiones de la misma tribuna son igualmente legítimas. Falcioni se ganó la primera y la segunda. Y los hinchas no tenemos por qué pedirle disculpas a nadie por ser como somos.
No, yo no voy a colgar ninguna bandera que diga “Perdón, Julio”. El fútbol se nutre del día a día, los hinchas somos como somos y desde aquí, a Falcioni o a cualquiera puede volvérseles a caer en cualquier momento.
Jamás estuvo en duda la vocación de trabajo de Falcioni, su preocupación y dedicación puestas al servicio de su tarea. Eso también quedó reflejado en este sitio desde el principio, en particular porque lo diferencia de algunos otros que pasaron antes por el cargo.
Los resultados nos hacen variar las opiniones, claro, no tiene por qué ser de otra manera. No puede ser de otra manera. Pero hay que puntualizar que uno de los principales méritos de Falcioni en esta gloriosa campaña del Apertura es que fue aprendiendo por el camino. El ha venido repitiendo como muletilla en los últimos tiempos, junto con el agradecimiento a sus jugadores, que ellos “lo hicieron crecer”.
Sí, con el transcurrir de los días Falcioni fue entendiendo cómo funciona Boca. Fue una pavada, al poco tiempo de haber llegado, ponerse a confrontar con un ídolo. Se lo castigó como se lo tenía que castigar por eso y el tipo tomó nota. Fue un error que no repitió.
Como bien deslizó Román en alguna de sus últimas apariciones públicas, en el Clausura Boca jugó “de cinco maneras distintas”. Cuando no estaba Román, se pasaba al 4-4-2. En un momento, como para que pudiera estar Román pero hubiera la suficiente capacidad de contención en el medio, se armó un extraño esquema con Palermo como único punta fijo, Román parado bien arriba, línea de tres con el Pampa Calvo y Clemente como carrileros… Un bodrio, aunque haya servido para ganar algún partido.
Con la ventaja de tener ya bien conocidos a sus hombres y de tener también bien mensurado cómo pendulan los humores de la tribuna, para el segundo semestre el conductor aprendió otra lección y varió su postura. Se decidió por sostener el 4-3-1-2, un sistema que es el más sencillo, lógico y confiable si se tiene a Riquelme en el plantel.
Lo dijo bien claro el entrenador, que hasta incluso lo hizo volver al Tano Gracián para tenerlo como alternativa cuando le faltara Román. Y como el Tano primero quedó fuera por lesión y después no funcionó, probó otras variantes pero sin tocar el dibujo madre.
La primera vez que faltó Román, con Independiente en Avellaneda, jugó una carta difícil: Cvitanich y Mouche arriba con Viatri levemente tirado atrás. Le salió perfecto. Cuando volvió a faltarle Román, no le tembló el pulso, privilegió al Pochi Chávez por sobre Gracián (se caía de maduro con la evaluación de los rendimientos) y continuó jugando con enganche. Cuando le faltó Rivero y muchos postulaban que lo mejor era regresar al 4-4-2, él volvió a tomar una determinación complicada y mantuvo el esquema, con Pichi Erbes por el Burro en la derecha.
Todos nos equivocamos, algunos más que otros pero por lo que respecta a este gil que escribe, mantiene que fue un error inaceptable por parte del entrenador haber prescindido de Riquelme en aquel partido con All Boys. Desató una tormenta contra sí mismo, tormenta que fácilmente pudo haberse evitado. Pero del mismo modo, es de sumo valor comprobar que, con tiempo y con paciencia, Falcioni registró sus propias equivocaciones, tomó conciencia de ellas. Hoy, es inimaginable que vaya a dejarlo a Román fuera de un partido si Román está en condiciones de jugar.
Al cabo, aquella inclaudicable vocación de trabajo que nunca pudo dejar de reconocérsele le dio sus frutos al entrenador. El tipo supo armar un equipo duro, consistente, regular (regular de regularidad, no en segundas acepciones), meritorio y campeón.
La noche de la despedida de Palermo, Falcioni prestó su cara de enojado para aparecer en la pantalla gigante y lo rechifló y abucheó toda La Bombonera. Quizás haya sido el último de sus errores visibles. Después de la coronación, seguramente fueron muchos de los mismos que lo habían rechiflado y abucheado quienes cantaron “que de la mano de Julio César todos la vuelta vamos a dar”. Las dos expresiones de la misma tribuna son igualmente legítimas. Falcioni se ganó la primera y la segunda. Y los hinchas no tenemos por qué pedirle disculpas a nadie por ser como somos.
lunes, 12 de diciembre de 2011
EL MOÑO
Me habían dicho, entre tantas habladurías que se echan a rodar, que estaba arreglado un empate. Que Falcioni y Cambiasso, en un café que tomaron juntos… Siempre me resisto a darle crédito porque sí a los innumerables bolazos que se tiran pero, la verdad, a medida que transcurrían los minutos, más me iba pareciendo que podía ser cierto. Un partido “light”, pero demasiado “light”, sospechosamente “light”.
El gol anulado a Cvita de entrada (después, con la repetición, comprobé que tenía razón Favale) pareció como descolgado de lo que siguió. Porque uno llevaba la pelota hasta allá y la dejaba, otro la traía para acá y la dejaba y así. Hasta la media hora del segundo tiempo.
Las dos jugadas que no aprovecha Matos, la del primer tiempo que le ganó Agustín cuando tiró la gambeta larga y la del segundo, cuando se encontró de frente al arco sin marca y la tiró varios metros afuera, afirmaban la sensación. En la que salva Coronel (le pegó en la mano pero no hubo intención), después de que Cvita dejara en el camino a Cambiasso, también podía entenderse que Darío no había definido con el suficiente vigor.
La única nota discordante fue ese manotazo a la espalda del Flaco Schiavi que le costó la roja al uruguayo Rodríguez (buen jugador pero muy loquito), después de que el Flaco le fuera con el antebrazo arriba.
A propósito, al pasar escuché lloriquear por televisión a un periodista (lamentablemente no pesqué el nombre, me encantaría tenerlo identificado), ya que, según él, “era o amarilla para los dos o roja para los dos pero Favale hizo la fácil”… Cada vez vienen más pelotudos, los periodistas.
“La fácil” era la que proponés vos, tarado. La más común, por otra parte. Amarilla para los dos y listo. O bien roja para los dos, salomónicamente. O nada. Favale, mediocre árbitro, en su despedida del pito fue digno. Le sacó roja a uno solo, algo que siempre implica un compromiso mayor por parte del árbitro. O bien no vio el antebrazo arriba del Flaco o bien, al igual que este gil que escribe, lo consideró un movimiento propio de la acción de juego. Lo de Rodríguez fue una agresión, no hay otra interpretación posible. ¿Una agresión se pena con amarilla, tarado? ¿En qué escuelita de periodismo te lo enseñaron?
Lo cierto es que estábamos once contra diez, con tres delanteros a partir del ingreso de Nico Blandi, otra vez con dos cuando entró Seba Battaglia y no había caso. Ibamos livianitos hasta el área y volvíamos. Hasta que llegó el gol de Cvita, por suerte.
Pelota muy bien puesta por Walter en el área y cabezazo certero del novio de la Chechu, lejos de Cambiasso. Venía mal con los cabezazos, el Cvita, había tenido dos claros contra Arsenal y otro contra All Boys en el primer tiempo (centro pasado por Pablito Mouche desde la izquierda) y no habían sido goles.
Si se quiere ser malpensado, puede conjeturarse que el arreglo tal vez estaba pero por ahí los jugadores de Boca se enojaron dado el manotazo de Rodríguez al Flaco o que el turrito yerno de Bianchi lo había lastimado poco antes del gol a Cvita debajo de la ceja derecha o que el incorregible Barrientos se trenzó con Leo Somoza. Si se quiere ser malpensado…
Si se quiere ser crédulo, pensemos que lo del arreglo no fue más que una de tantas pelotudeces que circulan. Que si el partido se dio tan “light” fue porque los jugadores nuestros estaban naturalmente relajados (no entrenaron ni lunes ni jueves y concentraron recién el sábado) y porque para All Boys el punto era un negocio fantástico. Suciedades debe haber pero siempre hubo y habrá más bocas sucias que suciedad. Y si te gusta de verdad el fútbol, seguí creyéndole. Ganó Boca, señores, a otro lado a tejer intrigas.
Campeones invictos. Ya van veintinueve partidos por los puntos sin derrotas. Apenas seis goles en contra… Una barbaridad. Para que pueda hablarse de gran equipo, este Boca tendría que prolongarse en el tiempo. Aunque el Boca de Di Stefano en el 69 duró poco más de tres meses (o cinco si se cuenta el tramo final de la Copa Argentina) y no se borró (para los que lo vimos) de la memoria. Muñozmorenopederneralabrunayloustau jugaron dieciocho partidos juntos y hace más de 65 años que vienen rompiendo las bolas con ellos.
Sin embargo, en general, los que dejan huella son los que duran algo más. Por eso, esperamos que el Boca 2012 mantenga la apostura de este Apertura. Si es así, estará a la altura de cualquier galería y además, el año que viene puede darnos nuevas alegrías. Seguro.
Párrafos finales para Seba. Para mí ya era, en exclusiva, el jugador con más títulos ganados en la historia de Boca. Lo que pasa es que muchos (demasiados) periodistas (cada vez vienen más pelotudos) le cuentan a Guillermo la Recopa 2006 en la cual no tuvo ni un minuto de competencia, estuvo en el banco. Detalles estadísticos, Guillermo y Seba son enormes más allá de esos números. Lo que cuenta es el placer de volver a verlo a Seba en la cancha. Colgándose una medalla más, sí, pero sobretodo, llevándose el afecto de la gente por lo que supo sembrar, regando con sangre, sudor y lágrimas cada campo en que jugó (más pis en los controles antidoping). Lo han castigado dura y penosamente las lesiones. Ni siquiera sabemos si podrá aproximarse, ahora, a su nivel de antes. Ojalá que sí. No sólo porque, como dijo Falcioni, “será un refuerzo de lujo” sino porque se lo merece. Un jugador valiosísimo, un profesional mil por mil y un tipo que nunca se hizo notar más que por lo que produjo como futbolista. ¡Vamos, Seba querido, carajo!
El gol anulado a Cvita de entrada (después, con la repetición, comprobé que tenía razón Favale) pareció como descolgado de lo que siguió. Porque uno llevaba la pelota hasta allá y la dejaba, otro la traía para acá y la dejaba y así. Hasta la media hora del segundo tiempo.
Las dos jugadas que no aprovecha Matos, la del primer tiempo que le ganó Agustín cuando tiró la gambeta larga y la del segundo, cuando se encontró de frente al arco sin marca y la tiró varios metros afuera, afirmaban la sensación. En la que salva Coronel (le pegó en la mano pero no hubo intención), después de que Cvita dejara en el camino a Cambiasso, también podía entenderse que Darío no había definido con el suficiente vigor.
La única nota discordante fue ese manotazo a la espalda del Flaco Schiavi que le costó la roja al uruguayo Rodríguez (buen jugador pero muy loquito), después de que el Flaco le fuera con el antebrazo arriba.
A propósito, al pasar escuché lloriquear por televisión a un periodista (lamentablemente no pesqué el nombre, me encantaría tenerlo identificado), ya que, según él, “era o amarilla para los dos o roja para los dos pero Favale hizo la fácil”… Cada vez vienen más pelotudos, los periodistas.
“La fácil” era la que proponés vos, tarado. La más común, por otra parte. Amarilla para los dos y listo. O bien roja para los dos, salomónicamente. O nada. Favale, mediocre árbitro, en su despedida del pito fue digno. Le sacó roja a uno solo, algo que siempre implica un compromiso mayor por parte del árbitro. O bien no vio el antebrazo arriba del Flaco o bien, al igual que este gil que escribe, lo consideró un movimiento propio de la acción de juego. Lo de Rodríguez fue una agresión, no hay otra interpretación posible. ¿Una agresión se pena con amarilla, tarado? ¿En qué escuelita de periodismo te lo enseñaron?
Lo cierto es que estábamos once contra diez, con tres delanteros a partir del ingreso de Nico Blandi, otra vez con dos cuando entró Seba Battaglia y no había caso. Ibamos livianitos hasta el área y volvíamos. Hasta que llegó el gol de Cvita, por suerte.
Pelota muy bien puesta por Walter en el área y cabezazo certero del novio de la Chechu, lejos de Cambiasso. Venía mal con los cabezazos, el Cvita, había tenido dos claros contra Arsenal y otro contra All Boys en el primer tiempo (centro pasado por Pablito Mouche desde la izquierda) y no habían sido goles.
Si se quiere ser malpensado, puede conjeturarse que el arreglo tal vez estaba pero por ahí los jugadores de Boca se enojaron dado el manotazo de Rodríguez al Flaco o que el turrito yerno de Bianchi lo había lastimado poco antes del gol a Cvita debajo de la ceja derecha o que el incorregible Barrientos se trenzó con Leo Somoza. Si se quiere ser malpensado…
Si se quiere ser crédulo, pensemos que lo del arreglo no fue más que una de tantas pelotudeces que circulan. Que si el partido se dio tan “light” fue porque los jugadores nuestros estaban naturalmente relajados (no entrenaron ni lunes ni jueves y concentraron recién el sábado) y porque para All Boys el punto era un negocio fantástico. Suciedades debe haber pero siempre hubo y habrá más bocas sucias que suciedad. Y si te gusta de verdad el fútbol, seguí creyéndole. Ganó Boca, señores, a otro lado a tejer intrigas.
Campeones invictos. Ya van veintinueve partidos por los puntos sin derrotas. Apenas seis goles en contra… Una barbaridad. Para que pueda hablarse de gran equipo, este Boca tendría que prolongarse en el tiempo. Aunque el Boca de Di Stefano en el 69 duró poco más de tres meses (o cinco si se cuenta el tramo final de la Copa Argentina) y no se borró (para los que lo vimos) de la memoria. Muñozmorenopederneralabrunayloustau jugaron dieciocho partidos juntos y hace más de 65 años que vienen rompiendo las bolas con ellos.
Sin embargo, en general, los que dejan huella son los que duran algo más. Por eso, esperamos que el Boca 2012 mantenga la apostura de este Apertura. Si es así, estará a la altura de cualquier galería y además, el año que viene puede darnos nuevas alegrías. Seguro.
Párrafos finales para Seba. Para mí ya era, en exclusiva, el jugador con más títulos ganados en la historia de Boca. Lo que pasa es que muchos (demasiados) periodistas (cada vez vienen más pelotudos) le cuentan a Guillermo la Recopa 2006 en la cual no tuvo ni un minuto de competencia, estuvo en el banco. Detalles estadísticos, Guillermo y Seba son enormes más allá de esos números. Lo que cuenta es el placer de volver a verlo a Seba en la cancha. Colgándose una medalla más, sí, pero sobretodo, llevándose el afecto de la gente por lo que supo sembrar, regando con sangre, sudor y lágrimas cada campo en que jugó (más pis en los controles antidoping). Lo han castigado dura y penosamente las lesiones. Ni siquiera sabemos si podrá aproximarse, ahora, a su nivel de antes. Ojalá que sí. No sólo porque, como dijo Falcioni, “será un refuerzo de lujo” sino porque se lo merece. Un jugador valiosísimo, un profesional mil por mil y un tipo que nunca se hizo notar más que por lo que produjo como futbolista. ¡Vamos, Seba querido, carajo!
jueves, 8 de diciembre de 2011
NOS DESCONECTAMOS UN RATITO
La verdad, dadas las circunstancias, yo tenía miedo de que ya estuviéramos de vacaciones, que nos desenchufáramos los noventa minutos. Por suerte, nos desenchufamos un ratito, ese comienzo del segundo tiempo que pudo haber costado la derrota. Antes y después, el equipo respondió y salvó el invicto. Lástima haber recibido dos goles, hubiese sido lindo terminar el campeonato con tan pocos en contra.
Sólo la desconcentración puede explicar que a Boca, particularmente a este Boca, le hayan hecho esos dos goles de arranque después del descanso. De lo contrario, no puede ser que a ese tiro libre tan largo se lo deje picar tan cerca del arco, que nadie reaccione después del pique y que sea Burdisso el que ponga la cabecita, en el primero. En el segundo, Orión rechazó medio a la bartola, Óbolo la metió muy exigido y el Flaco Schiavi completó la faena con ese movimiento imperfecto, raro e indefinible que dejó en bolas a Orión.
El segundo tiempo del Flaco fue como yo temía que podía llegar a ser todo el campeonato. Pero no, jugó un campeonato espectacular. Solamente se tomó en Sarandí esos minutos a cuenta de las vacaciones.
El resto del partido, bien, Boca. Tranquilo, sin forzar el ritmo, esperando a ver qué hacía Arsenal. Cuando se tuvo una oportunidad, no se la dejó pasar. Muy buena la acción del primer gol. Bien jugada por Pochi y sobre todo, gran pase de Somoza, profundo y entre líneas, justo cuando los defensores intentaban el achique (oí que fue off side finito, no vi la repe por televisión y estaba muy sesgado en la cancha como para opinar). Impecable la definición de Erviti, que se tomó todo el tiempo necesario y tocó con gran precisión cuando le salía Campestrini.
Lo mejor fue el amor propio que salió a relucir después del segundo gol de Arsenal. A los muchachos les dolió estar perdiendo. Un dato ciertamente muy positivo. En la última media hora, el partido fue todo de Boca. No le dio al rival ninguna chance de salir.
Linda media vuelta del Pochi en el gol del empate. Rápida a inesperada, latigazo preciso, bajo, muy difícil para cualquier arquero. Pochi se había nublado en un rato del primer tiempo pero en general, volvió a jugar un buen partido. Lo más notorio es la confianza que se ha ganado entre sus compañeros, que confían en él, que lo reconocen conductor. Muy buen campeonato, también, de Pochi. Justo cuando más lo necesitábamos, cuando nos quedamos sin Román.
Tendría que haber ganado Boca. Forzó como cuatro o cinco situaciones contra ninguna en ese segmento final. La que Cvita no pudo meter con la pelota viboreando a un metro del arco, el cabezazo de Pochi que Campestrini sacó de un manotazo increíble, los otros dos cabezazos de Cvita, uno alto y otro que la encontró el arquero…
Cvita, a pesar de que no estuvo fino para el gol, tuvo mucha participación en el segundo tiempo. Se enredó en algunas rencillas con los defensores rivales, al pedo pero tuvo presencia.
Pablito Mouche, en cambio, hizo bien una sola. Esa gran jugada en que metió el desborde por izquierda, levantó la cabeza y se la puso en la cabeza a Pochi (la de la atajada de Campestrini). Después, anduvo con el balde en la cabeza, morfón, enredado. Y cuando salió, le hizo esos gestitos a los plateístas. Creíamos que había aprendido la lección, Pablo, pero esas boludeces ya le han costado bastante caro y si sigue, pueden volver a costarle. ¡Vamos, Pablo, jugá y dejate de joder! Los plateístas que están cerca de la cancha son unos pelotudos en todos los clubes.
Falta un partidito más para coronar el campeonato con el invicto definitivo. Un adornito que no queremos perdernos. El broche de una campaña impresionante. Que probablemente sea mejor reconocida con el correr de los años que ahora. ¡Vamos, Boca, no le afloje!
Sólo la desconcentración puede explicar que a Boca, particularmente a este Boca, le hayan hecho esos dos goles de arranque después del descanso. De lo contrario, no puede ser que a ese tiro libre tan largo se lo deje picar tan cerca del arco, que nadie reaccione después del pique y que sea Burdisso el que ponga la cabecita, en el primero. En el segundo, Orión rechazó medio a la bartola, Óbolo la metió muy exigido y el Flaco Schiavi completó la faena con ese movimiento imperfecto, raro e indefinible que dejó en bolas a Orión.
El segundo tiempo del Flaco fue como yo temía que podía llegar a ser todo el campeonato. Pero no, jugó un campeonato espectacular. Solamente se tomó en Sarandí esos minutos a cuenta de las vacaciones.
El resto del partido, bien, Boca. Tranquilo, sin forzar el ritmo, esperando a ver qué hacía Arsenal. Cuando se tuvo una oportunidad, no se la dejó pasar. Muy buena la acción del primer gol. Bien jugada por Pochi y sobre todo, gran pase de Somoza, profundo y entre líneas, justo cuando los defensores intentaban el achique (oí que fue off side finito, no vi la repe por televisión y estaba muy sesgado en la cancha como para opinar). Impecable la definición de Erviti, que se tomó todo el tiempo necesario y tocó con gran precisión cuando le salía Campestrini.
Lo mejor fue el amor propio que salió a relucir después del segundo gol de Arsenal. A los muchachos les dolió estar perdiendo. Un dato ciertamente muy positivo. En la última media hora, el partido fue todo de Boca. No le dio al rival ninguna chance de salir.
Linda media vuelta del Pochi en el gol del empate. Rápida a inesperada, latigazo preciso, bajo, muy difícil para cualquier arquero. Pochi se había nublado en un rato del primer tiempo pero en general, volvió a jugar un buen partido. Lo más notorio es la confianza que se ha ganado entre sus compañeros, que confían en él, que lo reconocen conductor. Muy buen campeonato, también, de Pochi. Justo cuando más lo necesitábamos, cuando nos quedamos sin Román.
Tendría que haber ganado Boca. Forzó como cuatro o cinco situaciones contra ninguna en ese segmento final. La que Cvita no pudo meter con la pelota viboreando a un metro del arco, el cabezazo de Pochi que Campestrini sacó de un manotazo increíble, los otros dos cabezazos de Cvita, uno alto y otro que la encontró el arquero…
Cvita, a pesar de que no estuvo fino para el gol, tuvo mucha participación en el segundo tiempo. Se enredó en algunas rencillas con los defensores rivales, al pedo pero tuvo presencia.
Pablito Mouche, en cambio, hizo bien una sola. Esa gran jugada en que metió el desborde por izquierda, levantó la cabeza y se la puso en la cabeza a Pochi (la de la atajada de Campestrini). Después, anduvo con el balde en la cabeza, morfón, enredado. Y cuando salió, le hizo esos gestitos a los plateístas. Creíamos que había aprendido la lección, Pablo, pero esas boludeces ya le han costado bastante caro y si sigue, pueden volver a costarle. ¡Vamos, Pablo, jugá y dejate de joder! Los plateístas que están cerca de la cancha son unos pelotudos en todos los clubes.
Falta un partidito más para coronar el campeonato con el invicto definitivo. Un adornito que no queremos perdernos. El broche de una campaña impresionante. Que probablemente sea mejor reconocida con el correr de los años que ahora. ¡Vamos, Boca, no le afloje!
lunes, 5 de diciembre de 2011
QUÉ PASÓ, QUÉ PASARÁ
Pensé que podía ganar Angelici pero no de la forma en que se dio. Porque ganó en todos lados. Vitalicios, interior, damas… Sigo creyendo que el Gordo Ameal era la menos mala de las opciones y ojalá Angelici y sus compañeros de gestión me demuestren lo contrario pero consumados los hechos, vale la pena merodear sobre los porqués de lo sucedido.
El Gordo fue un presidente débil desde que llegó y por cómo llegó al cargo. Se encontró con una Comisión Directiva que lo miraba de reojo, quizá lo tenía en estudio. De entrada, se vio obligado a gobernar a los manotazos. Recordar que lo puso a Bianchi de manager un poco porque quería tenerlo ahí para ser el siguiente director técnico pero más, porque fue su manera de sacar del medio a Beraldi y Crespi, que eran los que manejaban fútbol profesional, tenían mucha más experiencia que él en el tema y naturalmente iban a pasarlo por arriba.
Un componedor, el Gordo. Un devoto creyente en los consensos. Como forma de vida, vale. Pero en una sociedad básicamente presidencialista (y Boca no es excepción), todos queremos tener claro que el presidente es el presidente. Que en algún momento tiene que pegar una trompada arriba de alguna mesa y se acabó. Al Gordo le llevó tiempo procesarlo. Cuando terminó, ya se le había consumido la mitad del mandato y en el club eran muchos los que, por lo bajo y no tanto, lo llamaban “De la Rúa”.
Hubo errores visibles. Demasiado. Imperdonables… La salida de Caranta… ¿Cómo lo van a mandar al Gordo Prado, el utilero de entonces, a decirle a un jugador “tengo orden de no entregarte la ropa”?... ¿Cómo no lo van a dejar entrar a la Posada de los Pájaros, en Tandil y permitir que se montara una escena de conventillo que convirtió a Boca en hazmerreír de todos?...
La salida de Ischia… La dirigencia que quiere que se vaya pero “de común acuerdo”, el técnico que dice “yo no me quiero ir, me tienen que echar”, días y días que transcurren hasta que por fin se toma la decisión impostergable pero con un daño al club ya a esa altura, irreparable.
¿Quién, racionalmente, le hubiera confiado el equipo al Chueco Alves? Un tipo que había pasado los cincuenta años de edad y nunca había dirigido profesionales puesto a lidiar con cada peso pesado… Pasó lo que tenía que pasar, lo que cualquiera pudo haber previsto.
Lo de Borghi también podía preverse. En el fútbol nos conocemos todos y Borghi no encajaba en Boca. Un tipo que llevaba no sé cuántos partidos sin ganar y en las conferencias de prensa hacía chistes… Resulta muy simpático oir a un tipo que dice “a mi mujer la quiero tanto que si se va con otro, yo me voy con ellos” pero técnico de Boca, noooo…
¿Alguien imagina que a un Armando o a un Macri podía llegar a pasarle lo que le pasó al Gordo con la renovación del contrato de Riquelme? El Puma o Macri hubiesen llegado a la reunión de Comisión Directiva, tirado el contrato arriba de la mesa e informado a sus “pares”: “Aquí está, este es el contrato que firmamos con Riquelme”. Claro, es injusto pretender que Ameal tenga las espaldas de un Armando o un Macri.
Todo se suavizó en este último tiempo porque Falcioni enderezó al equipo pero más allá de ello, el Gordo parecía haber aprendido algunas lecciones. Tarde, pero las aprendió. Con eso y Boca prácticamente campeón parecía que podía alcanzarle, al Gordo (vistas también las incoherencias de la oposición) pero no, los socios, mayoritariamente, dijeron no. Y acá conviene también analizar con detenimiento las circunstancias en que se llegó a la elección.
¿Quién era la cabeza visible de la oposición? Macri. Al menos, desde que Digón y Beraldi se transportaron al oficialismo. Y Macri no tenía posibilidad de ser candidato. Curiosamente, fue Macri el hombre que en 2007 metió a Ameal en la fórmula, a regañadientes de Pompilio. Después, estaba la oposición interna. El macrismo era mayoría en la Comisión Directiva mientras que Beraldi y Crespi jugaban para sí mismos.
Seguro que fue sumamente doloroso, para Ameal, tener que sacar de la conducción del fútbol profesional, a comienzos de 2011, al Pelado London, uno de sus hombres más fieles, para reposicionar en ese sitio a Beraldi y Crespi, como pacto de gobernabilidad ya en el año electoral. Y más debe haberle dolido que London, despechado, cruzara la calle y se juntara con Angelici, lo debe haber sentido como una tración. Tiene razón. Sí, claro, London también puede tener sus razones para sentirse traicionado.
La cagada final se dio cuando el gobierno nacional, el kirchnerismo, desesperado porque veía que Boca podía quedar definitivamente en manos del macrismo, decidió entrometerse ya con absoluto descaro, sin disimulo alguno, en la política interna del club, vía Kunkel. Esa intromisión forzó la conformación de la alianza con Digón y Beraldi.
Hay cosas que Angelici y Macri han repetido en los últimos días de campaña y que no pueden discutírseles. Digón vino haciendo oposición agresiva desde 2003 a la fecha (desde que se peleó con Macri), sus representantes votaron siempre en contra de la aprobación de los balances, tiró mierda cada vez que le pusieron un micrófono delante… ¡Y de buenas a primeras aparece parado al lado de Ameal, sonriente!
Beraldi, a lo largo de sus años de vicepresidencia, trabajó para sí mismo, en pos de su candidatura presidencial. Cuando se dio cuenta de que de ninguna manera iban a darle los números, tornó a pararse al lado de Ameal… Verlo a Beraldi en fórmula presidencial con Ameal representa lo mismo que si el inefable Cleto Cobos hubiera aparecido de nuevo en octubre pasado al lado de Cristina.
Vistos los acontecimientos, cabe conjeturar que Ameal, sin la grosera intromisión gubernamental, sin la indefendible alianza con Beraldi y Digón, con la racha victoriosa del equipo a favor, podría haber hecho mejor elección de la que hizo.
LA INVASIÓN DEL KIRCHNERISMO FUE EL PEOR GOLPE QUE SE LE PÑUDO DAR AL GORDO. Esa consigna que se cantó anoche, terminado el escrutinio, es sumamente elocuente: “No se jode, con Boca no se jode”… Y tenía claros destinatarios. No es que sea la primera vez que la política nacional se nos mete en el club ni será la última pero rara vez lo fue con tan poca vergüenza, con tanto caradurismo ni tanto frenesí.
Hay culpas repartidas. Porque en definitiva, lo que Macri quiere es ser presidente de la Nación en 2015 y sus cartas las juega sin escrúpulos. Le estaban prendiendo fuego la Legislatura y mientras tanto el tipo estaba saliendo al aire por Fox con Niembro, hablando de Boca. Y no es que a mí me importen más la Legislatura y los docentes que Boca, juro que todo lo contrario pero un Jefe de Gobierno, desde su lugar, debiera cuidar algunas formas, como mínimo.
La clausura de la cancha de San Lorenzo, el sábado, se inscribe en la antología de esos sainetes que los argentinos seguimos digiriendo como si nada. Una demostración del infantilismo trágico de nuestra clase dirigente. El macrismo y el kirchnerismo se pelean para hacernos ver cuál de los dos la tiene más larga, señores. Pero claro, los dirigentes, en definitiva, surgen del seno de esta sociedad que conformamos entre todos. Si algún día cada uno de nosotros se hiciera cargo de la parte que le toca, es posible que empezáramos a tener (a formar) mejores dirigentes.
Angelici no tiene trayectoria en el club. Yo lo escucho hablar y me asusta, repite frases huecas, no es claro ni concreto. Habla, realmente, muy mal. No sé si será hincha de Huracán, como se dice, pero es un robotito armado en las oficinas de Macri, no se le ve identidad propia. Hizo mucha guita con la explotación de los casinos pero la exposición pública permanente es otra cosa. Ahora se va a encontrar con un mundo que no conoce y por lo que se ve, cabe dudar de que esté preparado para enfrentarlo. YO HUBIERA VOTADO A MACRI, porque con él ganamos dieciséis títulos en doce años pero a Angelici, no.
En los últimos meses Angelici ha venido repitiendo, en relación con el contrato de Riquelme, que lo que él no quería era renovárselo por cuatro años, que quería dos con opción a otros dos, que había dudas sobre su recuperación física, que nunca lo discutió como jugador, que es un ídolo… Pero este gil que escribe, que si algo tiene es memoria, no se olvida, como parecen haberlo hecho otros, de que no hace tanto, en la revista Noticias, Angelici definió a Román como “un líder negativo”, que “dividía el vestuario”…
Si alguna ventaja tiene esta Comisión Directiva sobre la anterior es que se la ve más compacta, más homogénea. Aguas, Mechetti, Ben, Requejo, Ibarra, Etala, Quintiero, Viejobueno… Son tipos que han dado muestras de ser disciplinados. De encolumnarse detrás de su jefe, de no dejarlo pagando. Claro, el jefe era (es) Macri. ¿Y Angelici? ¿Le responderán de la misma manera a Angelici?
El Pelado London, así como le fue fiel a Ámeal, también le va a ser fiel a Angelici. Otro tanto puede pensarse de Orgambide. Habrá que ver cómo se mueve Crespi pero en principio parecen haberle dado muy poco espacio, como si lo hubieran incorporado medio de compromiso pero hasta ahí nomás, con las líneas bien marcadas. Como al caricaturesco Paolini, lo que se dice, un gil con guita.
A Paolini lo hicieron pagar aquella faraónica y pantagruélica cena en Parque Norte, a la que cualquier socio podía ir a morfar gratis (yo no fui porque me quedaba muy lejos y al otro día me tenía que levantar temprano). Se dio el gusto de salir en todas las fotos abrazado con Macri y Angelici. Después, cuando confeccionaron la lista, el tipo pidió una vocalía titular y diez representantes… Le dieron una vocalía suplente y ningún representante… Ameal ya lo había hecho pagar la construcción de la sala de conferencias de Casa Amarilla y al poco tiempo lo rajó de una patada en el orto. Y bueno, el que tiene guita hace lo que quiere pero no siempre, querido Paolini.
En tiempos de Armando, a Boca, nuestro amado Boca, se lo conducía desde la concesionaria de autos del Puma, allá en Avenida La Plata y Sáenz. En tiempos de Alegre-Heller se lo conducía desde la gerencia general del Banco Credicoop. ¿Desde dónde se lo conducirá ahora? ¿Desde la Jefatura de Gobierno, allá frente a Plaza de Mayo? ¿O desde el casino flotante de Puerto Madero? Roguemos que se lo conduzca, por lo menos.
El Gordo fue un presidente débil desde que llegó y por cómo llegó al cargo. Se encontró con una Comisión Directiva que lo miraba de reojo, quizá lo tenía en estudio. De entrada, se vio obligado a gobernar a los manotazos. Recordar que lo puso a Bianchi de manager un poco porque quería tenerlo ahí para ser el siguiente director técnico pero más, porque fue su manera de sacar del medio a Beraldi y Crespi, que eran los que manejaban fútbol profesional, tenían mucha más experiencia que él en el tema y naturalmente iban a pasarlo por arriba.
Un componedor, el Gordo. Un devoto creyente en los consensos. Como forma de vida, vale. Pero en una sociedad básicamente presidencialista (y Boca no es excepción), todos queremos tener claro que el presidente es el presidente. Que en algún momento tiene que pegar una trompada arriba de alguna mesa y se acabó. Al Gordo le llevó tiempo procesarlo. Cuando terminó, ya se le había consumido la mitad del mandato y en el club eran muchos los que, por lo bajo y no tanto, lo llamaban “De la Rúa”.
Hubo errores visibles. Demasiado. Imperdonables… La salida de Caranta… ¿Cómo lo van a mandar al Gordo Prado, el utilero de entonces, a decirle a un jugador “tengo orden de no entregarte la ropa”?... ¿Cómo no lo van a dejar entrar a la Posada de los Pájaros, en Tandil y permitir que se montara una escena de conventillo que convirtió a Boca en hazmerreír de todos?...
La salida de Ischia… La dirigencia que quiere que se vaya pero “de común acuerdo”, el técnico que dice “yo no me quiero ir, me tienen que echar”, días y días que transcurren hasta que por fin se toma la decisión impostergable pero con un daño al club ya a esa altura, irreparable.
¿Quién, racionalmente, le hubiera confiado el equipo al Chueco Alves? Un tipo que había pasado los cincuenta años de edad y nunca había dirigido profesionales puesto a lidiar con cada peso pesado… Pasó lo que tenía que pasar, lo que cualquiera pudo haber previsto.
Lo de Borghi también podía preverse. En el fútbol nos conocemos todos y Borghi no encajaba en Boca. Un tipo que llevaba no sé cuántos partidos sin ganar y en las conferencias de prensa hacía chistes… Resulta muy simpático oir a un tipo que dice “a mi mujer la quiero tanto que si se va con otro, yo me voy con ellos” pero técnico de Boca, noooo…
¿Alguien imagina que a un Armando o a un Macri podía llegar a pasarle lo que le pasó al Gordo con la renovación del contrato de Riquelme? El Puma o Macri hubiesen llegado a la reunión de Comisión Directiva, tirado el contrato arriba de la mesa e informado a sus “pares”: “Aquí está, este es el contrato que firmamos con Riquelme”. Claro, es injusto pretender que Ameal tenga las espaldas de un Armando o un Macri.
Todo se suavizó en este último tiempo porque Falcioni enderezó al equipo pero más allá de ello, el Gordo parecía haber aprendido algunas lecciones. Tarde, pero las aprendió. Con eso y Boca prácticamente campeón parecía que podía alcanzarle, al Gordo (vistas también las incoherencias de la oposición) pero no, los socios, mayoritariamente, dijeron no. Y acá conviene también analizar con detenimiento las circunstancias en que se llegó a la elección.
¿Quién era la cabeza visible de la oposición? Macri. Al menos, desde que Digón y Beraldi se transportaron al oficialismo. Y Macri no tenía posibilidad de ser candidato. Curiosamente, fue Macri el hombre que en 2007 metió a Ameal en la fórmula, a regañadientes de Pompilio. Después, estaba la oposición interna. El macrismo era mayoría en la Comisión Directiva mientras que Beraldi y Crespi jugaban para sí mismos.
Seguro que fue sumamente doloroso, para Ameal, tener que sacar de la conducción del fútbol profesional, a comienzos de 2011, al Pelado London, uno de sus hombres más fieles, para reposicionar en ese sitio a Beraldi y Crespi, como pacto de gobernabilidad ya en el año electoral. Y más debe haberle dolido que London, despechado, cruzara la calle y se juntara con Angelici, lo debe haber sentido como una tración. Tiene razón. Sí, claro, London también puede tener sus razones para sentirse traicionado.
La cagada final se dio cuando el gobierno nacional, el kirchnerismo, desesperado porque veía que Boca podía quedar definitivamente en manos del macrismo, decidió entrometerse ya con absoluto descaro, sin disimulo alguno, en la política interna del club, vía Kunkel. Esa intromisión forzó la conformación de la alianza con Digón y Beraldi.
Hay cosas que Angelici y Macri han repetido en los últimos días de campaña y que no pueden discutírseles. Digón vino haciendo oposición agresiva desde 2003 a la fecha (desde que se peleó con Macri), sus representantes votaron siempre en contra de la aprobación de los balances, tiró mierda cada vez que le pusieron un micrófono delante… ¡Y de buenas a primeras aparece parado al lado de Ameal, sonriente!
Beraldi, a lo largo de sus años de vicepresidencia, trabajó para sí mismo, en pos de su candidatura presidencial. Cuando se dio cuenta de que de ninguna manera iban a darle los números, tornó a pararse al lado de Ameal… Verlo a Beraldi en fórmula presidencial con Ameal representa lo mismo que si el inefable Cleto Cobos hubiera aparecido de nuevo en octubre pasado al lado de Cristina.
Vistos los acontecimientos, cabe conjeturar que Ameal, sin la grosera intromisión gubernamental, sin la indefendible alianza con Beraldi y Digón, con la racha victoriosa del equipo a favor, podría haber hecho mejor elección de la que hizo.
LA INVASIÓN DEL KIRCHNERISMO FUE EL PEOR GOLPE QUE SE LE PÑUDO DAR AL GORDO. Esa consigna que se cantó anoche, terminado el escrutinio, es sumamente elocuente: “No se jode, con Boca no se jode”… Y tenía claros destinatarios. No es que sea la primera vez que la política nacional se nos mete en el club ni será la última pero rara vez lo fue con tan poca vergüenza, con tanto caradurismo ni tanto frenesí.
Hay culpas repartidas. Porque en definitiva, lo que Macri quiere es ser presidente de la Nación en 2015 y sus cartas las juega sin escrúpulos. Le estaban prendiendo fuego la Legislatura y mientras tanto el tipo estaba saliendo al aire por Fox con Niembro, hablando de Boca. Y no es que a mí me importen más la Legislatura y los docentes que Boca, juro que todo lo contrario pero un Jefe de Gobierno, desde su lugar, debiera cuidar algunas formas, como mínimo.
La clausura de la cancha de San Lorenzo, el sábado, se inscribe en la antología de esos sainetes que los argentinos seguimos digiriendo como si nada. Una demostración del infantilismo trágico de nuestra clase dirigente. El macrismo y el kirchnerismo se pelean para hacernos ver cuál de los dos la tiene más larga, señores. Pero claro, los dirigentes, en definitiva, surgen del seno de esta sociedad que conformamos entre todos. Si algún día cada uno de nosotros se hiciera cargo de la parte que le toca, es posible que empezáramos a tener (a formar) mejores dirigentes.
Angelici no tiene trayectoria en el club. Yo lo escucho hablar y me asusta, repite frases huecas, no es claro ni concreto. Habla, realmente, muy mal. No sé si será hincha de Huracán, como se dice, pero es un robotito armado en las oficinas de Macri, no se le ve identidad propia. Hizo mucha guita con la explotación de los casinos pero la exposición pública permanente es otra cosa. Ahora se va a encontrar con un mundo que no conoce y por lo que se ve, cabe dudar de que esté preparado para enfrentarlo. YO HUBIERA VOTADO A MACRI, porque con él ganamos dieciséis títulos en doce años pero a Angelici, no.
En los últimos meses Angelici ha venido repitiendo, en relación con el contrato de Riquelme, que lo que él no quería era renovárselo por cuatro años, que quería dos con opción a otros dos, que había dudas sobre su recuperación física, que nunca lo discutió como jugador, que es un ídolo… Pero este gil que escribe, que si algo tiene es memoria, no se olvida, como parecen haberlo hecho otros, de que no hace tanto, en la revista Noticias, Angelici definió a Román como “un líder negativo”, que “dividía el vestuario”…
Si alguna ventaja tiene esta Comisión Directiva sobre la anterior es que se la ve más compacta, más homogénea. Aguas, Mechetti, Ben, Requejo, Ibarra, Etala, Quintiero, Viejobueno… Son tipos que han dado muestras de ser disciplinados. De encolumnarse detrás de su jefe, de no dejarlo pagando. Claro, el jefe era (es) Macri. ¿Y Angelici? ¿Le responderán de la misma manera a Angelici?
El Pelado London, así como le fue fiel a Ámeal, también le va a ser fiel a Angelici. Otro tanto puede pensarse de Orgambide. Habrá que ver cómo se mueve Crespi pero en principio parecen haberle dado muy poco espacio, como si lo hubieran incorporado medio de compromiso pero hasta ahí nomás, con las líneas bien marcadas. Como al caricaturesco Paolini, lo que se dice, un gil con guita.
A Paolini lo hicieron pagar aquella faraónica y pantagruélica cena en Parque Norte, a la que cualquier socio podía ir a morfar gratis (yo no fui porque me quedaba muy lejos y al otro día me tenía que levantar temprano). Se dio el gusto de salir en todas las fotos abrazado con Macri y Angelici. Después, cuando confeccionaron la lista, el tipo pidió una vocalía titular y diez representantes… Le dieron una vocalía suplente y ningún representante… Ameal ya lo había hecho pagar la construcción de la sala de conferencias de Casa Amarilla y al poco tiempo lo rajó de una patada en el orto. Y bueno, el que tiene guita hace lo que quiere pero no siempre, querido Paolini.
En tiempos de Armando, a Boca, nuestro amado Boca, se lo conducía desde la concesionaria de autos del Puma, allá en Avenida La Plata y Sáenz. En tiempos de Alegre-Heller se lo conducía desde la gerencia general del Banco Credicoop. ¿Desde dónde se lo conducirá ahora? ¿Desde la Jefatura de Gobierno, allá frente a Plaza de Mayo? ¿O desde el casino flotante de Puerto Madero? Roguemos que se lo conduzca, por lo menos.
LA FELICIDÁ... JA,JA,JA,JA...
Gran campeón del balompié, este Boca 2011. Dos fechas antes, 27 partidos invicto, cuatro goles en contra y una superioridad incontrastable, indubitable, abrumadora sobre cada rival al que enfrentó. ¿Quién jugó mejor que Boca, en cada fecha, a lo largo del torneo? Olimpo asustó un poquito en los primeros minutos y Argentinos, en los últimos. Newell’s e Independiente tuvieron la pelota un montón de tiempo y no supieron qué hacer con ella, cómo ir más allá de tres cuartos de cancha. San Martín de San Juan fue el que más trabajo le dio a Orión pero fue con jugadas aisladas, nunca con control de juego.
¿Cuál fue el único partido que Boca jugó realmente incómodo? Con Belgrano. Los cordobeses nos metieron en una maraña de la que no se pudo salir pero así y todo, aun en ese partido complicado, el que estuvo más cerca de ganarlo, ¿quién fue? ¡Boca! Como con San Lorenzo, Vélez o Racing.
Banfield no iba a ser excepción a la regla, si anduvo a los tumbos durante todo el semestre. Entre paréntesis, no es que uno quiera ensañarse con La Volpe pero el tipo está cada día más loco. Es laburador y honesto, tiene algunas ideas interesantes pero… ¡Carboni de líbero detrás de una línea de cuatro! No sé, realmente, si ya lo había hecho antes pero el pobre Carboni no sabía dónde estaba parado. Y por supuesto, juntar gente en los últimos metros de cancha de ninguna manera le dio a Banfield seguridad defensiva, al contrario, deba agujeros por todos lados.
El partido se terminó, si es que alguna vez había empezado, con el primer gol, antes de los diez minutos. Los de Boca que pateaban, los de Banfield que la sacaban como podían, Lucchetti que iba de acá para allá hasta que al final, la metió Cvita.
Por las dudas, se refrendó la resolución con el segundo gol antes de terminar el primer tiempo. A Cvita el tiro libre de Pochi le había quedado un poco atrás pero qué bien la enganchó con esa especie de media tijera o media volea o algo así, lindo gol (no hay goles de Boca feos pero este fue lindo).
Y por si alguno no quería convencerse, el moño con ese golazo del Burro. ¡Cómo le entró! Desde la posición que ocupaba este gil, palco de prensa escrita, córner de Aristóbulo y las vías, se vio la pelota viajar en el aire y empezar a doblar para adentro hasta ir a meterse al lado del palo. ¡Lo grité cuando la bola iba a mitad de camino! Belleza absoluta, imponente, un gol salvaje.
¡Cómo estaba La Bombonera! Recontra repleta, con gente obstruyendo los pasillos y los pobres que quedaron en la calle. Cuando retiré mi tarjeta magnética para entrar, un tipo me ofreció guita para que le permitiera acompañarme y entrar conmigo. ¿Y cómo querés que haga, hermano? Por más que me dieras diez millones de euros en la mano, no había manera (mi credencial y mi tarjeta magnética no te las iba a ceder, olvidate).
Fiesta desde temprano, porque el campeonato ya lo habíamos ganado antes. No hubo más que festejos desde la reserva (que sigue invicta). Hasta ese lujo de que pudiera entrar Román en los últimos 25. Un homenaje del cuerpo técnico, de sus compañeros y de los hinchas. Un agasajo por su grandeza. Román no podía jugar, no tenía ni ritmo de competencia ni respaldo físico pero era una fiesta y Román no podía faltar. Ojo, que este campeonato, en muy buena medida es suyo. Al principio, en esas fechas que por lo general son las que definen la tendencia, el que marcó la diferencia fue él, quién iba a ser.
Me gustó lo que dijo después: “yo al hincha de Boca nunca le mentí”. No, Román, es básicamente cierto, los hinchas siempre vamos a creerte. A pesar de tantas y tantas mentiras que se dicen en derredor tuyo. Dormí tranquilo, Román, vos estás más allá del bien y del mal.
Se cantaron nombres que no siempre se cantan, “¡Cle-meeen-te… Cle-meeen-te”, en esa pelota que el pelado luchó hasta morir y ganó sobre un costado, en el primer tiempo. Merecido no sólo por ésa sino por todo lo que jugó Clemente en el torneo. Esa salida suya como tejo por la izquierda fue una de las claves del campeón. Desde que había vuelto a Boca había sembrado dudas, parecía que había perdido velocidad y la velocidad nunca se recupera pero no, lo habían envuelto las inseguridades del equipo. Con el equipo seguro, volvimos a ver al mejor Clemente.
“Olé, olé, olé, olé… Fla-cóóó… Fla-cóóóó”, cuando Falcioni lo sacó al Flaco Schiavi, a dos minutos del final, para que lo mimáramos. Ya dije muchas veces que, como gran pelotudo que me reconozco, me había equivocado por completo respecto de lo que podía darnos el Flaco en este retorno suyo a los 38 años. Pocos días atrás leí unas declaraciones de Gardelito Medero que me gustaron. Porque todos decimos que el Flaco acomodó a todo el equipo pero Medero, uno que supo jugar “de dos” en Boca, dijo: “Yo no sé si Schiavi potenció a Boca o si Boca potenció a Schiavi. Hay jugadores que están hechos a la medida de una camiseta”. ¡Claro, Luis, tenés razón! Si uno lo veía jugar al Falco en los últimos tiempos de Newell’s y parecía que se caía a pedazos. Pero le tiraron de nuevo la azul y oro y se transformó. Schiavi potenció a Boca y Boca potenció a Schiavi, definitivamente.
A propósito de Gardelito Medero (DT de Boca Unidos), para que al fin de semana no le faltara nada, no puede pasarse por alto lo sucedido el sábado en Corrientes. ¡Los correntinos jugaron horrible! No armaron una jugada, no la aguantaban en el medio, por la izquierda les entraban como querían… Uno, sentado frente a la tele, pensaba “no, no se puede, en algún momento va a caer el gol”. Y cayó… ¡Pero de Boca Unidos! ¡Y a los 46 del segundo tiempo! La vida es bella.
¿Cuál fue el único partido que Boca jugó realmente incómodo? Con Belgrano. Los cordobeses nos metieron en una maraña de la que no se pudo salir pero así y todo, aun en ese partido complicado, el que estuvo más cerca de ganarlo, ¿quién fue? ¡Boca! Como con San Lorenzo, Vélez o Racing.
Banfield no iba a ser excepción a la regla, si anduvo a los tumbos durante todo el semestre. Entre paréntesis, no es que uno quiera ensañarse con La Volpe pero el tipo está cada día más loco. Es laburador y honesto, tiene algunas ideas interesantes pero… ¡Carboni de líbero detrás de una línea de cuatro! No sé, realmente, si ya lo había hecho antes pero el pobre Carboni no sabía dónde estaba parado. Y por supuesto, juntar gente en los últimos metros de cancha de ninguna manera le dio a Banfield seguridad defensiva, al contrario, deba agujeros por todos lados.
El partido se terminó, si es que alguna vez había empezado, con el primer gol, antes de los diez minutos. Los de Boca que pateaban, los de Banfield que la sacaban como podían, Lucchetti que iba de acá para allá hasta que al final, la metió Cvita.
Por las dudas, se refrendó la resolución con el segundo gol antes de terminar el primer tiempo. A Cvita el tiro libre de Pochi le había quedado un poco atrás pero qué bien la enganchó con esa especie de media tijera o media volea o algo así, lindo gol (no hay goles de Boca feos pero este fue lindo).
Y por si alguno no quería convencerse, el moño con ese golazo del Burro. ¡Cómo le entró! Desde la posición que ocupaba este gil, palco de prensa escrita, córner de Aristóbulo y las vías, se vio la pelota viajar en el aire y empezar a doblar para adentro hasta ir a meterse al lado del palo. ¡Lo grité cuando la bola iba a mitad de camino! Belleza absoluta, imponente, un gol salvaje.
¡Cómo estaba La Bombonera! Recontra repleta, con gente obstruyendo los pasillos y los pobres que quedaron en la calle. Cuando retiré mi tarjeta magnética para entrar, un tipo me ofreció guita para que le permitiera acompañarme y entrar conmigo. ¿Y cómo querés que haga, hermano? Por más que me dieras diez millones de euros en la mano, no había manera (mi credencial y mi tarjeta magnética no te las iba a ceder, olvidate).
Fiesta desde temprano, porque el campeonato ya lo habíamos ganado antes. No hubo más que festejos desde la reserva (que sigue invicta). Hasta ese lujo de que pudiera entrar Román en los últimos 25. Un homenaje del cuerpo técnico, de sus compañeros y de los hinchas. Un agasajo por su grandeza. Román no podía jugar, no tenía ni ritmo de competencia ni respaldo físico pero era una fiesta y Román no podía faltar. Ojo, que este campeonato, en muy buena medida es suyo. Al principio, en esas fechas que por lo general son las que definen la tendencia, el que marcó la diferencia fue él, quién iba a ser.
Me gustó lo que dijo después: “yo al hincha de Boca nunca le mentí”. No, Román, es básicamente cierto, los hinchas siempre vamos a creerte. A pesar de tantas y tantas mentiras que se dicen en derredor tuyo. Dormí tranquilo, Román, vos estás más allá del bien y del mal.
Se cantaron nombres que no siempre se cantan, “¡Cle-meeen-te… Cle-meeen-te”, en esa pelota que el pelado luchó hasta morir y ganó sobre un costado, en el primer tiempo. Merecido no sólo por ésa sino por todo lo que jugó Clemente en el torneo. Esa salida suya como tejo por la izquierda fue una de las claves del campeón. Desde que había vuelto a Boca había sembrado dudas, parecía que había perdido velocidad y la velocidad nunca se recupera pero no, lo habían envuelto las inseguridades del equipo. Con el equipo seguro, volvimos a ver al mejor Clemente.
“Olé, olé, olé, olé… Fla-cóóó… Fla-cóóóó”, cuando Falcioni lo sacó al Flaco Schiavi, a dos minutos del final, para que lo mimáramos. Ya dije muchas veces que, como gran pelotudo que me reconozco, me había equivocado por completo respecto de lo que podía darnos el Flaco en este retorno suyo a los 38 años. Pocos días atrás leí unas declaraciones de Gardelito Medero que me gustaron. Porque todos decimos que el Flaco acomodó a todo el equipo pero Medero, uno que supo jugar “de dos” en Boca, dijo: “Yo no sé si Schiavi potenció a Boca o si Boca potenció a Schiavi. Hay jugadores que están hechos a la medida de una camiseta”. ¡Claro, Luis, tenés razón! Si uno lo veía jugar al Falco en los últimos tiempos de Newell’s y parecía que se caía a pedazos. Pero le tiraron de nuevo la azul y oro y se transformó. Schiavi potenció a Boca y Boca potenció a Schiavi, definitivamente.
A propósito de Gardelito Medero (DT de Boca Unidos), para que al fin de semana no le faltara nada, no puede pasarse por alto lo sucedido el sábado en Corrientes. ¡Los correntinos jugaron horrible! No armaron una jugada, no la aguantaban en el medio, por la izquierda les entraban como querían… Uno, sentado frente a la tele, pensaba “no, no se puede, en algún momento va a caer el gol”. Y cayó… ¡Pero de Boca Unidos! ¡Y a los 46 del segundo tiempo! La vida es bella.
jueves, 1 de diciembre de 2011
MEDI SIGLO DE ELECCIONES EN BOCA
1962: ARMANDO, FÁCIL
La elección fue el 9 de diciembre, el día del célebre penal que Antonio Roma le atajó a Delem. Boca llegaba igualado en el primer puesto con River a dos fechas del final. Lo venció 1-0 en La Bombonera con penal convertido por Paulo Valentim (una semana después iba a consagrarse campeón con José D’Amico como entrenador).
El empresario automotor Alberto José Armando, a los 52 años, buscaba su tercer mandato. Había sido presidente en 1953/55, hasta que fue encarcelado y obligado a renunciar luego de la toma del poder por parte de la llamada Revolución Libertadora. Después había vuelto al cargo para el período 1959/62.
El empresario textil Jaime Meller fue candidato opositor. Como se preveía, el oficialismo fue amplio triunfador.
CÓMPUTOS FINALES (9321 votantes): Armando: 8045 (86,31%); Meller 1207 (12,94 %); anulados 35; en blanco 33; impugnado 1.
1965: NUEVO PASEO DEL PUMA
La elección tuvo lugar el 5 de diciembre. Boca, que igualaba el primer puesto con River a cuatro fechas del final, venció ese día a Chacarita Juniors en San Martín, 1-0 con gol de Ángel Clemente Rojas (catorce días más tarde iba a dar la vuelta olímpica, con Néstor Rossi como director técnico).
Avanzaba a toda marcha la primera parte de las obras de la Ciudad Deportiva en la Costanera Sur.
Hubo dos listas opositoras, encabezadas por el abogado Horacio Ferro y el ingeniero Jorge Camino. Una vez más, “El Puma” Armando no tuvo obstáculos.
CÓMPUTOS FINALES (7172 votantes): Armando 6332 (88,28%); Ferro 614 (8,56%); Camino 189 (2,63%); anulados 20; en blanco 17.
1968: SIN CONTRA
No hubo comicios por haberse presentado una sola lista, la que postulaba la continuidad de Armando por otros tres años. Aunque el equipo, en período de transición, no obtenía títulos desde 1965, el fervor despertado por el avance de la Ciudad Deportiva era suficiente aval para el oficialismo.
1971: SIEMPRE ARMANDO
A tres fechas de la finalización de la etapa clasificatoria del Nacional, el Boca que conducía el entrenador chileno Fernando Riera compartía con San Lorenzo y Gimnasia de Mendoza el tercer puesto en su zona, a tres puntos de Rosario Central y uno de Atlanta (clasificaban los dos primeros, iba a llegar a la última fecha con posibilidades para quedar eliminado por diferencia de gol).
Ocho días antes, tras una huelga de Futbolistas Argentinos Agremiados, con el equipo completo, se había producido una dolorosa caída ante un River de juveniles, 1-3. El 5 de diciembre, día de la elección, tuvo lugar un 2-2 en La Bombonera frente a San Lorenzo.
Para el año siguiente se anunciaba el comienzo de la construcción del estadio en la Ciudad Deportiva, con inauguración prevista para el 25 de mayo de 1975, a las 11 de la mañana (“aunque llueva”, repetía “El Puma”).
La Agrupación La Bombonera, de reciente fundación, liderada por el pediatra boquense Pablo Abbatangelo, presentó como candidato a Francisco Hugo Petrone. Ganó Armando con holgura aunque la elección de la oposición no fue mala.
CÓMPUTOS FINALES (9159 votantes): Armando 6799 (74,20%); Petrone 2336 (25,50%); en blanco 19; impugnados 5.
1974: PESE A TODO, ARMANDO
El gobierno de Armando estaba jaqueado por el lopezreguismo, desde el poder. En marzo del año anterior el titular de Boca había integrado como candidato a senador (por compromiso político con el presidente de facto general Alejandro Lanusse) la lista que postulaba para la presidencia de la Nación al brigadier Ezequiel Martínez.
En el curso del período 1971/74 habían renunciado los vicepresidentes Fernando Mitjans y Miguel Zappino. La construcción del estadio en la Ciudad Deportiva estaba detenida definitivamente.
El equipo, conducido por Rogelio Domínguez, había ganado su zona del Campeonato Nacional. El día de la elección, 1º de diciembre, iba a perder 1-2 ante Independiente, en cancha de Racing, en el comienzo del octogonal final (le iba a corresponder el séptimo lugar).
La principal lista opositora la encabezó el abogado e industrial, de origen español, Martín Benito Noel, titular de una tradicional fábrica de dulces. A último momento se agregó una tercera lista que postulaba al empresario inmobiliario Augusto César Haddad, apodado “Charles Bronson”.
El buen andar del equipo le alcanzó al oficialismo para un triunfo inesperadamente amplio.
CÓMPUTOS FINALES (8493 votantes): Armando 6221 (73,24%); Noel 2004 (23,59%); Haddad 253 (2,97%); en blanco 11; anulados 2; impugnados 2.
1977: ARMANDO, NO TAN FACIL
Boca acababa de ganar, en setiembre, su primera Copa Libertadores de América, luego de haber sido bicampeón local el año anterior, todo bajo la dirección técnica de Juan Carlos Lorenzo.
Compartía el segundo lugar en su zona del Nacional con Rosario Central, dos puntos por debajo de Estudiantes de La Plata (clasificaban los dos primeros, al final iba a quedar lejos de la punta). El día del comicio, 11 de diciembre, venció por 2 a 1 a Central Norte en Salta.
Candidato opositor fue Miguel Angel Chío, reconocido odontólogo del barrio de La Boca. La poca expectativa y el hecho de que Boca jugara de visitante determinaron una marcada escasez de votantes y el triunfo de Armando, que se descontaba, no fue tan holgado.
CÓMPUTOS FINALES (3044 votantes): Armando 1958 (64,32%); Chío 1069 (35,11%); en blanco 10; impugnados 6; anulado 1.
1980: FIN DE UNA ÉPOCA
Llegado a su fin el dorado ciclo de Juan Carlos Lorenzo, Boca, con Antonio Ubaldo Rattin como director técnico, había sido séptimo en el Metropolitano, tras una muy mala primera rueda que llegó a tenerlo en el último puesto. En el Nacional había terminado en el quinto lugar en su zona de siete competidores y quedado fuera de la definición.
La situación financiera del club estaba comprometida. Armando, desgastado, había pasado buena parte del año en uso de licencia y no contaba con la bendición de quien entonces ejercía el poder supremo en el fútbol argentino, el vicepresidente de la FIFA y ex vicepresidente del EAM 78, almirante Carlos Lacoste. No presentó candidatura.
A las elecciones del 14 de diciembre acudió la inusual cifra de cuatro listas encabezadas por Noel en su segundo intento, el escribano y abogado Pedro Edgardo Orgambide, el hacendado Miguel Marcos De Riglos (presidente en 1956/59 y apoyado por Armando) y el relacionista público de origen cubano Luis Rolando Conde. Los pronósticos eran indefinidos. Ganó Noel.
CÓMPUTOS FINALES (9289 votantes): Noel 4631 (49,85%); Orgambide 1813 (19,51%); De Riglos 1525 (16,41%); Conde 1304 (14,03%); impugnados 11; en blanco 5.
1983: CORIGLIANO, POR POCO
El gobierno de Martín Noel, caracterizado por la escasa presencia del presidente en comparación con otros dirigentes de menor rango, se había debilitado rápidamente, con el derrumbe de la economía nacional que gestionaba el ministro José Martínez de Hoz y las complicaciones financieras en que derivó el préstamo por un año de Diego Maradona, en 1981. El presidente ni siquiera fue mencionado como candidato a la reelección.
El empresario en pavimentos Antonio Alegre y el gerente bancario Carlos Salomón Heller, que en la última etapa habían asesorado y apoyado a la dirigencia del club para paliar la crisis, no pudieron presentar candidatura por no contar con la antigüedad suficiente como socios.
El candidato oficialista fue Oscar Pastor Magdalena, de larga trayectoria en diferentes empresas y Secretario de Información Pública durante la última dictadura (“Para que Boca sea Alegre vote a Magdalena”, fue el eslogan de campaña).
El principal candidato opositor, el fabricante de envases Domingo Agustín Corigliano, como integrante de la Subcomisión de Fútbol había sido uno de los principales operadores de la llegada de Maradona. Conde siguió participando.
Al llegarse a las elecciones Boca, conducido por Miguel Ángel López, compartía el quinto lugar en el Metropolitano. Ese día, 11 de diciembre, cayó 2-3 frente a Unión en Santa Fe.
Escrutadas las mesas de vitalicios, Magdalena iba al frente por estrecho margen. A medida que avanzó el escrutinio en las mesas de activos fue dándose vuelta la tendencia y se impuso Corigliano.
CÓMPUTOS FINALES (5524 votantes): Corigliano 2609 (47,23%); Magdalena 2293 (41,50%); Conde 611 (11,06%); en blanco 9; anulado 1; impugnado 1.
1986: ALEGRE PUDO CON ARMANDO
La presidencia de Corigliano se desmoronó en pocos meses. El titular primero pidió licencia y luego renunció, enfrentado con los jugadores y sin respaldo de sus pares. Tras la alternancia en el cargo de Cándido Vidales y Horacio Blanco, el Gobierno Nacional de Raúl Alfonsín dispuso a fines de 1984 la intervención a Boca.
Con el club colapsado y en riesgo de extinción, el delegado normalizador Federico Polak convocó al total de agrupaciones, las que consensuaron una Comisión Directiva encabezada por Antonio Alegre, con Carlos Heller como vicepresidente. La nueva conducción asumida a comienzos de 1985 ordenó administrativamente a la institución.
Hacia fines de 1986, la oposición postuló al veterano Armando, a quien por esas singularidades de la política secundaban dos de quienes en el pasado habían sido sus vicepresidentes y no habían completado sus mandatos por desavenencias con él: Fernando Mitjans y Luis Conde.
Al llegarse a la elección del 7 de diciembre, el equipo que dirigía Mario Zanabria marchaba decimotercero en la tabla de la temporada 1986/87. En su última presentación anterior, el 23 de noviembre, había perdido 0-3 ante Newell’s en Rosario y al día siguiente, 8 de diciembre, iba a vencer 3-2 a Racing de Córdoba en La Bombonera.
Tal como se avizoraba, fue una elección reñida pero finalmente la confiabilidad que había generado la gestión de Alegre pesó más en la masa societaria que todo lo que significaba el nombre de Armando. El legendario “Puma” iba a morir el 27 de diciembre de 1988.
CÓMPUTOS FINALES (7116 votantes): Alegre 3593 (50,49%); Armando 3510 (49,32%); en blanco 6; impugnados 5; anulados 2.
1989: ALEGRE RECORD
Tras ocho años de frustraciones Boca acababa de consagrarse, el 29 de noviembre, ganador de la Supercopa, con Carlos Aimar como conductor, al vencer por penales a Independiente en Avellaneda.
En el campeonato de la temporada 1989/90 el equipo marchaba séptimo. El día de la elección, 10 de diciembre, empató 1-1 en La Bombonera con Racing de Córdoba. El club había pagado tres de las cuatro cuotas de su convocatoria de acreedores y estaba encaminado financieramente.
La oposición presentó como candidato al diputado justicialista por Catamarca, Luis Saadi. El legislador había sido socio de Boca en su juventud, después dejó de serlo y para poder presentar candidatura tuvo que pagar todas juntas sus cuotas sociales correspondientes a varios años. Ante el pedido de impugnación por parte del oficialismo, la Inspección General de Justicia falló a favor de Saadi permitiendo su postulación.
El rechazo a Saadi que no impuso la IGJ lo expresaron, en el cuarto oscuro, los socios, quienes le dieron la victoria a Alegre con más del noventa por ciento de los votos, record.
CÓMPUTOS FINALES (6561 votantes): Alegre 5946 (90,62%); Saadi 601 (9,16%); en blanco 10; anulados 3; impugnados 1.
1992: SIEMPRE ALEGRE
Boca, conducido por Oscar Washington Tabárez, marchaba puntero en el torneo Apertura y se encaminaba a la conquista de su primer título en el fútbol local después de once años. A tres fechas del final le llevaba dos puntos de ventaja a River. El día de la elección, 6 de diciembre, inesperadamente, perdió 2-3 como local frente a Deportivo Español. Dos semanas más tarde iba a consagrarse.
Como candidato opositor se presentó Ubaldo Eloy Payá, empresario en seguros que había ingresado también al negocio de los pases de futbolistas, sin ninguna trayectoria en el club. Previsiblemente, Alegre volvió a ganar fácil y hasta con nuevo record.
CÓMPUTOS FINALES (7837 votantes): Alegre 7118 (90,82%); Payá 697 (8,89%); en blanco 16; impugnados 6.
1995: LLEGÓ MACRI
La presidencia de Alegre había seguido su curso regular. Se le reclamaban más campeonatos. Sobre esa base y la necesidad de modernizar el estadio impulsó su campaña electoral el ingeniero civil Mauricio Macri, hijo del titular de uno de los grupos económicos de mayor expansión durante esos años.
Boca, bajo la dirección técnica del histórico Silvio Marzolini y con Diego Maradona cumpliendo su segundo ciclo en el club, llegó a la elección del 3 de diciembre puntero, con dos puntos de ventaja sobre Vélez Sarsfield a tres fechas de final. Ese domingo perdió 4-6 como local frente a Racing iniciando un declive vertical que lo dejó sin título.
Se preveía una elección reñida que finalmente no lo fue tanto. El triunfo de Macri resultó de cierta comodidad y se dio el poco frecuente caso de que un oficialismo pierda una elección con el equipo en la punta.
CÓMPUTOS FINALES (11.608 votantes): Macri 7058 (60,80%); Alegre 4515 (38,89%); en blanco 18; impugnados 17.
1999: MACRI, DE LA MANO DE BIANCHI
A partir de la reforma del Estatuto Social los períodos presidenciales habían pasado a ser de cuatro años. Aunque los socios habían elegido a Macri por tres años, la Inspección General de Justicia prorrogó el mandato hasta fines de 1999.
El gobierno del ingeniero, que tuvo como primeras grandes realizaciones la construcción de los nuevos palcos y del complejo deportivo en Casa Amarilla, luego de dos años y medio erráticos había encontrado el rumbo futbolístico, desde la llegada de Carlos Bianchi a la dirección técnica.
Con él en la conducción obtuvo el bicampeonato Apertura 1998 (invicto)/Clausura 1999, estableció un record de cuarenta partidos invicto y preparaba su regreso a la Copa Libertadores de América.
A falta de una fecha para finalizar el Apertura, Boca estaba segundo a tres puntos de River. El día de la elección, 19 de diciembre, iba a terminar el año con un 0-0 frente a Talleres de Córdoba en La Bombonera.
Como fórmula opositora volvió a presentarse el binomio Alegre-Heller. No hubo puja, el viento en popa que significaban los logros del equipo le bastó a Macri para imponer una amplia diferencia.
CÓMPUTOS FINALES (9816 votantes): Macri 8289 (84,44%); Alegre 1492 (15,19%); en blanco 18; impugnados 17.
2003: MACRI NO TUVO CONTRA
La lista opositora que postulaba para la presidencia al gremialista tabacalero y ex diputado justicialista Roberto Secundino Digón, vicepresidente tercero y representante en la AFA durante el gobierno de Macri en Boca, fue impugnada por no haber presentado los avales exigidos.
Por lo tanto quedó como única lista y ganadora automática la que impulsaba la reelección de Macri. Aunque el nuevo Estatuto establece que no puede repetirse la fórmula presidencial por más de dos períodos consecutivos, la Inspección General de Justicia habilitó a Macri ya que para su primer mandato había sido elegido bajo las normas del antiguo Estatuto.
2008: POMPILIO, EL DELFÍN
Para las elecciones que debían realizarse en diciembre de 2007 se repitió la historia y la lista que postulaba a Digón fue impugnada, con lo que quedó consagrada automáticamente la que encabezaba el empresario papelero Pedro Pompilio, vicepresidente primero durante toda la gestión de Macri (quien dejó su cargo para asumir la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
Digón contraatacó con un pedido de impugnación a la nueva Comisión Directiva, por irregularidades en los avales presentados. La Inspección General de Justicia le dio la razón, restituyó a la anterior Comisión Directiva encabezada por Macri y ordenó el perentorio llamado a elecciones, las cuales se programaron para el 1º de junio de 2008.
El equipo que dirigía técnicamente Carlos Ischia había empatado el 28 de mayo como local (en cancha de Racing) el primer partido semifinal por la Copa Libertadores y tres días más tarde, el 4 de junio, iba a quedar eliminado en Río de Janeiro, frente a Fluminense.
En el torneo Clausura, a tres fechas del final, marchaba en el cuarto puesto, a cuatro puntos de los líderes River y Estudiantes (finalmente iba a alcanzar en el segundo lugar al equipo platense). El día de los comicios, con suplentes, se impuso 3-1 a Arsenal en La Bombonera.
Pompilio y Digón fueron los candidatos. El oficialismo contaba con el respaldo que significaban los dieciséis títulos obtenidos durante los doce años de administración de Macri. Como se imaginaba, el triunfo correspondió al binomio que formaba Pompilio con el empresario inmobiliario y gastronómico Jorge Amor Ameal. Luego de la repentina muerte de Pompilio, el 30 de octubre de 2008, Ameal asumió la presidencia.
CÓMPUTOS FINALES (9161 votantes): Pompilio 6966 (76,03%); Digón 2161 (23,58%); anulados 18; en blanco 16.
La elección fue el 9 de diciembre, el día del célebre penal que Antonio Roma le atajó a Delem. Boca llegaba igualado en el primer puesto con River a dos fechas del final. Lo venció 1-0 en La Bombonera con penal convertido por Paulo Valentim (una semana después iba a consagrarse campeón con José D’Amico como entrenador).
El empresario automotor Alberto José Armando, a los 52 años, buscaba su tercer mandato. Había sido presidente en 1953/55, hasta que fue encarcelado y obligado a renunciar luego de la toma del poder por parte de la llamada Revolución Libertadora. Después había vuelto al cargo para el período 1959/62.
El empresario textil Jaime Meller fue candidato opositor. Como se preveía, el oficialismo fue amplio triunfador.
CÓMPUTOS FINALES (9321 votantes): Armando: 8045 (86,31%); Meller 1207 (12,94 %); anulados 35; en blanco 33; impugnado 1.
1965: NUEVO PASEO DEL PUMA
La elección tuvo lugar el 5 de diciembre. Boca, que igualaba el primer puesto con River a cuatro fechas del final, venció ese día a Chacarita Juniors en San Martín, 1-0 con gol de Ángel Clemente Rojas (catorce días más tarde iba a dar la vuelta olímpica, con Néstor Rossi como director técnico).
Avanzaba a toda marcha la primera parte de las obras de la Ciudad Deportiva en la Costanera Sur.
Hubo dos listas opositoras, encabezadas por el abogado Horacio Ferro y el ingeniero Jorge Camino. Una vez más, “El Puma” Armando no tuvo obstáculos.
CÓMPUTOS FINALES (7172 votantes): Armando 6332 (88,28%); Ferro 614 (8,56%); Camino 189 (2,63%); anulados 20; en blanco 17.
1968: SIN CONTRA
No hubo comicios por haberse presentado una sola lista, la que postulaba la continuidad de Armando por otros tres años. Aunque el equipo, en período de transición, no obtenía títulos desde 1965, el fervor despertado por el avance de la Ciudad Deportiva era suficiente aval para el oficialismo.
1971: SIEMPRE ARMANDO
A tres fechas de la finalización de la etapa clasificatoria del Nacional, el Boca que conducía el entrenador chileno Fernando Riera compartía con San Lorenzo y Gimnasia de Mendoza el tercer puesto en su zona, a tres puntos de Rosario Central y uno de Atlanta (clasificaban los dos primeros, iba a llegar a la última fecha con posibilidades para quedar eliminado por diferencia de gol).
Ocho días antes, tras una huelga de Futbolistas Argentinos Agremiados, con el equipo completo, se había producido una dolorosa caída ante un River de juveniles, 1-3. El 5 de diciembre, día de la elección, tuvo lugar un 2-2 en La Bombonera frente a San Lorenzo.
Para el año siguiente se anunciaba el comienzo de la construcción del estadio en la Ciudad Deportiva, con inauguración prevista para el 25 de mayo de 1975, a las 11 de la mañana (“aunque llueva”, repetía “El Puma”).
La Agrupación La Bombonera, de reciente fundación, liderada por el pediatra boquense Pablo Abbatangelo, presentó como candidato a Francisco Hugo Petrone. Ganó Armando con holgura aunque la elección de la oposición no fue mala.
CÓMPUTOS FINALES (9159 votantes): Armando 6799 (74,20%); Petrone 2336 (25,50%); en blanco 19; impugnados 5.
1974: PESE A TODO, ARMANDO
El gobierno de Armando estaba jaqueado por el lopezreguismo, desde el poder. En marzo del año anterior el titular de Boca había integrado como candidato a senador (por compromiso político con el presidente de facto general Alejandro Lanusse) la lista que postulaba para la presidencia de la Nación al brigadier Ezequiel Martínez.
En el curso del período 1971/74 habían renunciado los vicepresidentes Fernando Mitjans y Miguel Zappino. La construcción del estadio en la Ciudad Deportiva estaba detenida definitivamente.
El equipo, conducido por Rogelio Domínguez, había ganado su zona del Campeonato Nacional. El día de la elección, 1º de diciembre, iba a perder 1-2 ante Independiente, en cancha de Racing, en el comienzo del octogonal final (le iba a corresponder el séptimo lugar).
La principal lista opositora la encabezó el abogado e industrial, de origen español, Martín Benito Noel, titular de una tradicional fábrica de dulces. A último momento se agregó una tercera lista que postulaba al empresario inmobiliario Augusto César Haddad, apodado “Charles Bronson”.
El buen andar del equipo le alcanzó al oficialismo para un triunfo inesperadamente amplio.
CÓMPUTOS FINALES (8493 votantes): Armando 6221 (73,24%); Noel 2004 (23,59%); Haddad 253 (2,97%); en blanco 11; anulados 2; impugnados 2.
1977: ARMANDO, NO TAN FACIL
Boca acababa de ganar, en setiembre, su primera Copa Libertadores de América, luego de haber sido bicampeón local el año anterior, todo bajo la dirección técnica de Juan Carlos Lorenzo.
Compartía el segundo lugar en su zona del Nacional con Rosario Central, dos puntos por debajo de Estudiantes de La Plata (clasificaban los dos primeros, al final iba a quedar lejos de la punta). El día del comicio, 11 de diciembre, venció por 2 a 1 a Central Norte en Salta.
Candidato opositor fue Miguel Angel Chío, reconocido odontólogo del barrio de La Boca. La poca expectativa y el hecho de que Boca jugara de visitante determinaron una marcada escasez de votantes y el triunfo de Armando, que se descontaba, no fue tan holgado.
CÓMPUTOS FINALES (3044 votantes): Armando 1958 (64,32%); Chío 1069 (35,11%); en blanco 10; impugnados 6; anulado 1.
1980: FIN DE UNA ÉPOCA
Llegado a su fin el dorado ciclo de Juan Carlos Lorenzo, Boca, con Antonio Ubaldo Rattin como director técnico, había sido séptimo en el Metropolitano, tras una muy mala primera rueda que llegó a tenerlo en el último puesto. En el Nacional había terminado en el quinto lugar en su zona de siete competidores y quedado fuera de la definición.
La situación financiera del club estaba comprometida. Armando, desgastado, había pasado buena parte del año en uso de licencia y no contaba con la bendición de quien entonces ejercía el poder supremo en el fútbol argentino, el vicepresidente de la FIFA y ex vicepresidente del EAM 78, almirante Carlos Lacoste. No presentó candidatura.
A las elecciones del 14 de diciembre acudió la inusual cifra de cuatro listas encabezadas por Noel en su segundo intento, el escribano y abogado Pedro Edgardo Orgambide, el hacendado Miguel Marcos De Riglos (presidente en 1956/59 y apoyado por Armando) y el relacionista público de origen cubano Luis Rolando Conde. Los pronósticos eran indefinidos. Ganó Noel.
CÓMPUTOS FINALES (9289 votantes): Noel 4631 (49,85%); Orgambide 1813 (19,51%); De Riglos 1525 (16,41%); Conde 1304 (14,03%); impugnados 11; en blanco 5.
1983: CORIGLIANO, POR POCO
El gobierno de Martín Noel, caracterizado por la escasa presencia del presidente en comparación con otros dirigentes de menor rango, se había debilitado rápidamente, con el derrumbe de la economía nacional que gestionaba el ministro José Martínez de Hoz y las complicaciones financieras en que derivó el préstamo por un año de Diego Maradona, en 1981. El presidente ni siquiera fue mencionado como candidato a la reelección.
El empresario en pavimentos Antonio Alegre y el gerente bancario Carlos Salomón Heller, que en la última etapa habían asesorado y apoyado a la dirigencia del club para paliar la crisis, no pudieron presentar candidatura por no contar con la antigüedad suficiente como socios.
El candidato oficialista fue Oscar Pastor Magdalena, de larga trayectoria en diferentes empresas y Secretario de Información Pública durante la última dictadura (“Para que Boca sea Alegre vote a Magdalena”, fue el eslogan de campaña).
El principal candidato opositor, el fabricante de envases Domingo Agustín Corigliano, como integrante de la Subcomisión de Fútbol había sido uno de los principales operadores de la llegada de Maradona. Conde siguió participando.
Al llegarse a las elecciones Boca, conducido por Miguel Ángel López, compartía el quinto lugar en el Metropolitano. Ese día, 11 de diciembre, cayó 2-3 frente a Unión en Santa Fe.
Escrutadas las mesas de vitalicios, Magdalena iba al frente por estrecho margen. A medida que avanzó el escrutinio en las mesas de activos fue dándose vuelta la tendencia y se impuso Corigliano.
CÓMPUTOS FINALES (5524 votantes): Corigliano 2609 (47,23%); Magdalena 2293 (41,50%); Conde 611 (11,06%); en blanco 9; anulado 1; impugnado 1.
1986: ALEGRE PUDO CON ARMANDO
La presidencia de Corigliano se desmoronó en pocos meses. El titular primero pidió licencia y luego renunció, enfrentado con los jugadores y sin respaldo de sus pares. Tras la alternancia en el cargo de Cándido Vidales y Horacio Blanco, el Gobierno Nacional de Raúl Alfonsín dispuso a fines de 1984 la intervención a Boca.
Con el club colapsado y en riesgo de extinción, el delegado normalizador Federico Polak convocó al total de agrupaciones, las que consensuaron una Comisión Directiva encabezada por Antonio Alegre, con Carlos Heller como vicepresidente. La nueva conducción asumida a comienzos de 1985 ordenó administrativamente a la institución.
Hacia fines de 1986, la oposición postuló al veterano Armando, a quien por esas singularidades de la política secundaban dos de quienes en el pasado habían sido sus vicepresidentes y no habían completado sus mandatos por desavenencias con él: Fernando Mitjans y Luis Conde.
Al llegarse a la elección del 7 de diciembre, el equipo que dirigía Mario Zanabria marchaba decimotercero en la tabla de la temporada 1986/87. En su última presentación anterior, el 23 de noviembre, había perdido 0-3 ante Newell’s en Rosario y al día siguiente, 8 de diciembre, iba a vencer 3-2 a Racing de Córdoba en La Bombonera.
Tal como se avizoraba, fue una elección reñida pero finalmente la confiabilidad que había generado la gestión de Alegre pesó más en la masa societaria que todo lo que significaba el nombre de Armando. El legendario “Puma” iba a morir el 27 de diciembre de 1988.
CÓMPUTOS FINALES (7116 votantes): Alegre 3593 (50,49%); Armando 3510 (49,32%); en blanco 6; impugnados 5; anulados 2.
1989: ALEGRE RECORD
Tras ocho años de frustraciones Boca acababa de consagrarse, el 29 de noviembre, ganador de la Supercopa, con Carlos Aimar como conductor, al vencer por penales a Independiente en Avellaneda.
En el campeonato de la temporada 1989/90 el equipo marchaba séptimo. El día de la elección, 10 de diciembre, empató 1-1 en La Bombonera con Racing de Córdoba. El club había pagado tres de las cuatro cuotas de su convocatoria de acreedores y estaba encaminado financieramente.
La oposición presentó como candidato al diputado justicialista por Catamarca, Luis Saadi. El legislador había sido socio de Boca en su juventud, después dejó de serlo y para poder presentar candidatura tuvo que pagar todas juntas sus cuotas sociales correspondientes a varios años. Ante el pedido de impugnación por parte del oficialismo, la Inspección General de Justicia falló a favor de Saadi permitiendo su postulación.
El rechazo a Saadi que no impuso la IGJ lo expresaron, en el cuarto oscuro, los socios, quienes le dieron la victoria a Alegre con más del noventa por ciento de los votos, record.
CÓMPUTOS FINALES (6561 votantes): Alegre 5946 (90,62%); Saadi 601 (9,16%); en blanco 10; anulados 3; impugnados 1.
1992: SIEMPRE ALEGRE
Boca, conducido por Oscar Washington Tabárez, marchaba puntero en el torneo Apertura y se encaminaba a la conquista de su primer título en el fútbol local después de once años. A tres fechas del final le llevaba dos puntos de ventaja a River. El día de la elección, 6 de diciembre, inesperadamente, perdió 2-3 como local frente a Deportivo Español. Dos semanas más tarde iba a consagrarse.
Como candidato opositor se presentó Ubaldo Eloy Payá, empresario en seguros que había ingresado también al negocio de los pases de futbolistas, sin ninguna trayectoria en el club. Previsiblemente, Alegre volvió a ganar fácil y hasta con nuevo record.
CÓMPUTOS FINALES (7837 votantes): Alegre 7118 (90,82%); Payá 697 (8,89%); en blanco 16; impugnados 6.
1995: LLEGÓ MACRI
La presidencia de Alegre había seguido su curso regular. Se le reclamaban más campeonatos. Sobre esa base y la necesidad de modernizar el estadio impulsó su campaña electoral el ingeniero civil Mauricio Macri, hijo del titular de uno de los grupos económicos de mayor expansión durante esos años.
Boca, bajo la dirección técnica del histórico Silvio Marzolini y con Diego Maradona cumpliendo su segundo ciclo en el club, llegó a la elección del 3 de diciembre puntero, con dos puntos de ventaja sobre Vélez Sarsfield a tres fechas de final. Ese domingo perdió 4-6 como local frente a Racing iniciando un declive vertical que lo dejó sin título.
Se preveía una elección reñida que finalmente no lo fue tanto. El triunfo de Macri resultó de cierta comodidad y se dio el poco frecuente caso de que un oficialismo pierda una elección con el equipo en la punta.
CÓMPUTOS FINALES (11.608 votantes): Macri 7058 (60,80%); Alegre 4515 (38,89%); en blanco 18; impugnados 17.
1999: MACRI, DE LA MANO DE BIANCHI
A partir de la reforma del Estatuto Social los períodos presidenciales habían pasado a ser de cuatro años. Aunque los socios habían elegido a Macri por tres años, la Inspección General de Justicia prorrogó el mandato hasta fines de 1999.
El gobierno del ingeniero, que tuvo como primeras grandes realizaciones la construcción de los nuevos palcos y del complejo deportivo en Casa Amarilla, luego de dos años y medio erráticos había encontrado el rumbo futbolístico, desde la llegada de Carlos Bianchi a la dirección técnica.
Con él en la conducción obtuvo el bicampeonato Apertura 1998 (invicto)/Clausura 1999, estableció un record de cuarenta partidos invicto y preparaba su regreso a la Copa Libertadores de América.
A falta de una fecha para finalizar el Apertura, Boca estaba segundo a tres puntos de River. El día de la elección, 19 de diciembre, iba a terminar el año con un 0-0 frente a Talleres de Córdoba en La Bombonera.
Como fórmula opositora volvió a presentarse el binomio Alegre-Heller. No hubo puja, el viento en popa que significaban los logros del equipo le bastó a Macri para imponer una amplia diferencia.
CÓMPUTOS FINALES (9816 votantes): Macri 8289 (84,44%); Alegre 1492 (15,19%); en blanco 18; impugnados 17.
2003: MACRI NO TUVO CONTRA
La lista opositora que postulaba para la presidencia al gremialista tabacalero y ex diputado justicialista Roberto Secundino Digón, vicepresidente tercero y representante en la AFA durante el gobierno de Macri en Boca, fue impugnada por no haber presentado los avales exigidos.
Por lo tanto quedó como única lista y ganadora automática la que impulsaba la reelección de Macri. Aunque el nuevo Estatuto establece que no puede repetirse la fórmula presidencial por más de dos períodos consecutivos, la Inspección General de Justicia habilitó a Macri ya que para su primer mandato había sido elegido bajo las normas del antiguo Estatuto.
2008: POMPILIO, EL DELFÍN
Para las elecciones que debían realizarse en diciembre de 2007 se repitió la historia y la lista que postulaba a Digón fue impugnada, con lo que quedó consagrada automáticamente la que encabezaba el empresario papelero Pedro Pompilio, vicepresidente primero durante toda la gestión de Macri (quien dejó su cargo para asumir la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
Digón contraatacó con un pedido de impugnación a la nueva Comisión Directiva, por irregularidades en los avales presentados. La Inspección General de Justicia le dio la razón, restituyó a la anterior Comisión Directiva encabezada por Macri y ordenó el perentorio llamado a elecciones, las cuales se programaron para el 1º de junio de 2008.
El equipo que dirigía técnicamente Carlos Ischia había empatado el 28 de mayo como local (en cancha de Racing) el primer partido semifinal por la Copa Libertadores y tres días más tarde, el 4 de junio, iba a quedar eliminado en Río de Janeiro, frente a Fluminense.
En el torneo Clausura, a tres fechas del final, marchaba en el cuarto puesto, a cuatro puntos de los líderes River y Estudiantes (finalmente iba a alcanzar en el segundo lugar al equipo platense). El día de los comicios, con suplentes, se impuso 3-1 a Arsenal en La Bombonera.
Pompilio y Digón fueron los candidatos. El oficialismo contaba con el respaldo que significaban los dieciséis títulos obtenidos durante los doce años de administración de Macri. Como se imaginaba, el triunfo correspondió al binomio que formaba Pompilio con el empresario inmobiliario y gastronómico Jorge Amor Ameal. Luego de la repentina muerte de Pompilio, el 30 de octubre de 2008, Ameal asumió la presidencia.
CÓMPUTOS FINALES (9161 votantes): Pompilio 6966 (76,03%); Digón 2161 (23,58%); anulados 18; en blanco 16.
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