jueves, 8 de diciembre de 2011

NOS DESCONECTAMOS UN RATITO

La verdad, dadas las circunstancias, yo tenía miedo de que ya estuviéramos de vacaciones, que nos desenchufáramos los noventa minutos. Por suerte, nos desenchufamos un ratito, ese comienzo del segundo tiempo que pudo haber costado la derrota. Antes y después, el equipo respondió y salvó el invicto. Lástima haber recibido dos goles, hubiese sido lindo terminar el campeonato con tan pocos en contra.
Sólo la desconcentración puede explicar que a Boca, particularmente a este Boca, le hayan hecho esos dos goles de arranque después del descanso. De lo contrario, no puede ser que a ese tiro libre tan largo se lo deje picar tan cerca del arco, que nadie reaccione después del pique y que sea Burdisso el que ponga la cabecita, en el primero. En el segundo, Orión rechazó medio a la bartola, Óbolo la metió muy exigido y el Flaco Schiavi completó la faena con ese movimiento imperfecto, raro e indefinible que dejó en bolas a Orión.
El segundo tiempo del Flaco fue como yo temía que podía llegar a ser todo el campeonato. Pero no, jugó un campeonato espectacular. Solamente se tomó en Sarandí esos minutos a cuenta de las vacaciones.
El resto del partido, bien, Boca. Tranquilo, sin forzar el ritmo, esperando a ver qué hacía Arsenal. Cuando se tuvo una oportunidad, no se la dejó pasar. Muy buena la acción del primer gol. Bien jugada por Pochi y sobre todo, gran pase de Somoza, profundo y entre líneas, justo cuando los defensores intentaban el achique (oí que fue off side finito, no vi la repe por televisión y estaba muy sesgado en la cancha como para opinar). Impecable la definición de Erviti, que se tomó todo el tiempo necesario y tocó con gran precisión cuando le salía Campestrini.
Lo mejor fue el amor propio que salió a relucir después del segundo gol de Arsenal. A los muchachos les dolió estar perdiendo. Un dato ciertamente muy positivo. En la última media hora, el partido fue todo de Boca. No le dio al rival ninguna chance de salir.
Linda media vuelta del Pochi en el gol del empate. Rápida a inesperada, latigazo preciso, bajo, muy difícil para cualquier arquero. Pochi se había nublado en un rato del primer tiempo pero en general, volvió a jugar un buen partido. Lo más notorio es la confianza que se ha ganado entre sus compañeros, que confían en él, que lo reconocen conductor. Muy buen campeonato, también, de Pochi. Justo cuando más lo necesitábamos, cuando nos quedamos sin Román.
Tendría que haber ganado Boca. Forzó como cuatro o cinco situaciones contra ninguna en ese segmento final. La que Cvita no pudo meter con la pelota viboreando a un metro del arco, el cabezazo de Pochi que Campestrini sacó de un manotazo increíble, los otros dos cabezazos de Cvita, uno alto y otro que la encontró el arquero…
Cvita, a pesar de que no estuvo fino para el gol, tuvo mucha participación en el segundo tiempo. Se enredó en algunas rencillas con los defensores rivales, al pedo pero tuvo presencia.
Pablito Mouche, en cambio, hizo bien una sola. Esa gran jugada en que metió el desborde por izquierda, levantó la cabeza y se la puso en la cabeza a Pochi (la de la atajada de Campestrini). Después, anduvo con el balde en la cabeza, morfón, enredado. Y cuando salió, le hizo esos gestitos a los plateístas. Creíamos que había aprendido la lección, Pablo, pero esas boludeces ya le han costado bastante caro y si sigue, pueden volver a costarle. ¡Vamos, Pablo, jugá y dejate de joder! Los plateístas que están cerca de la cancha son unos pelotudos en todos los clubes.
Falta un partidito más para coronar el campeonato con el invicto definitivo. Un adornito que no queremos perdernos. El broche de una campaña impresionante. Que probablemente sea mejor reconocida con el correr de los años que ahora. ¡Vamos, Boca, no le afloje!

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