Gran campeón del balompié, este Boca 2011. Dos fechas antes, 27 partidos invicto, cuatro goles en contra y una superioridad incontrastable, indubitable, abrumadora sobre cada rival al que enfrentó. ¿Quién jugó mejor que Boca, en cada fecha, a lo largo del torneo? Olimpo asustó un poquito en los primeros minutos y Argentinos, en los últimos. Newell’s e Independiente tuvieron la pelota un montón de tiempo y no supieron qué hacer con ella, cómo ir más allá de tres cuartos de cancha. San Martín de San Juan fue el que más trabajo le dio a Orión pero fue con jugadas aisladas, nunca con control de juego.
¿Cuál fue el único partido que Boca jugó realmente incómodo? Con Belgrano. Los cordobeses nos metieron en una maraña de la que no se pudo salir pero así y todo, aun en ese partido complicado, el que estuvo más cerca de ganarlo, ¿quién fue? ¡Boca! Como con San Lorenzo, Vélez o Racing.
Banfield no iba a ser excepción a la regla, si anduvo a los tumbos durante todo el semestre. Entre paréntesis, no es que uno quiera ensañarse con La Volpe pero el tipo está cada día más loco. Es laburador y honesto, tiene algunas ideas interesantes pero… ¡Carboni de líbero detrás de una línea de cuatro! No sé, realmente, si ya lo había hecho antes pero el pobre Carboni no sabía dónde estaba parado. Y por supuesto, juntar gente en los últimos metros de cancha de ninguna manera le dio a Banfield seguridad defensiva, al contrario, deba agujeros por todos lados.
El partido se terminó, si es que alguna vez había empezado, con el primer gol, antes de los diez minutos. Los de Boca que pateaban, los de Banfield que la sacaban como podían, Lucchetti que iba de acá para allá hasta que al final, la metió Cvita.
Por las dudas, se refrendó la resolución con el segundo gol antes de terminar el primer tiempo. A Cvita el tiro libre de Pochi le había quedado un poco atrás pero qué bien la enganchó con esa especie de media tijera o media volea o algo así, lindo gol (no hay goles de Boca feos pero este fue lindo).
Y por si alguno no quería convencerse, el moño con ese golazo del Burro. ¡Cómo le entró! Desde la posición que ocupaba este gil, palco de prensa escrita, córner de Aristóbulo y las vías, se vio la pelota viajar en el aire y empezar a doblar para adentro hasta ir a meterse al lado del palo. ¡Lo grité cuando la bola iba a mitad de camino! Belleza absoluta, imponente, un gol salvaje.
¡Cómo estaba La Bombonera! Recontra repleta, con gente obstruyendo los pasillos y los pobres que quedaron en la calle. Cuando retiré mi tarjeta magnética para entrar, un tipo me ofreció guita para que le permitiera acompañarme y entrar conmigo. ¿Y cómo querés que haga, hermano? Por más que me dieras diez millones de euros en la mano, no había manera (mi credencial y mi tarjeta magnética no te las iba a ceder, olvidate).
Fiesta desde temprano, porque el campeonato ya lo habíamos ganado antes. No hubo más que festejos desde la reserva (que sigue invicta). Hasta ese lujo de que pudiera entrar Román en los últimos 25. Un homenaje del cuerpo técnico, de sus compañeros y de los hinchas. Un agasajo por su grandeza. Román no podía jugar, no tenía ni ritmo de competencia ni respaldo físico pero era una fiesta y Román no podía faltar. Ojo, que este campeonato, en muy buena medida es suyo. Al principio, en esas fechas que por lo general son las que definen la tendencia, el que marcó la diferencia fue él, quién iba a ser.
Me gustó lo que dijo después: “yo al hincha de Boca nunca le mentí”. No, Román, es básicamente cierto, los hinchas siempre vamos a creerte. A pesar de tantas y tantas mentiras que se dicen en derredor tuyo. Dormí tranquilo, Román, vos estás más allá del bien y del mal.
Se cantaron nombres que no siempre se cantan, “¡Cle-meeen-te… Cle-meeen-te”, en esa pelota que el pelado luchó hasta morir y ganó sobre un costado, en el primer tiempo. Merecido no sólo por ésa sino por todo lo que jugó Clemente en el torneo. Esa salida suya como tejo por la izquierda fue una de las claves del campeón. Desde que había vuelto a Boca había sembrado dudas, parecía que había perdido velocidad y la velocidad nunca se recupera pero no, lo habían envuelto las inseguridades del equipo. Con el equipo seguro, volvimos a ver al mejor Clemente.
“Olé, olé, olé, olé… Fla-cóóó… Fla-cóóóó”, cuando Falcioni lo sacó al Flaco Schiavi, a dos minutos del final, para que lo mimáramos. Ya dije muchas veces que, como gran pelotudo que me reconozco, me había equivocado por completo respecto de lo que podía darnos el Flaco en este retorno suyo a los 38 años. Pocos días atrás leí unas declaraciones de Gardelito Medero que me gustaron. Porque todos decimos que el Flaco acomodó a todo el equipo pero Medero, uno que supo jugar “de dos” en Boca, dijo: “Yo no sé si Schiavi potenció a Boca o si Boca potenció a Schiavi. Hay jugadores que están hechos a la medida de una camiseta”. ¡Claro, Luis, tenés razón! Si uno lo veía jugar al Falco en los últimos tiempos de Newell’s y parecía que se caía a pedazos. Pero le tiraron de nuevo la azul y oro y se transformó. Schiavi potenció a Boca y Boca potenció a Schiavi, definitivamente.
A propósito de Gardelito Medero (DT de Boca Unidos), para que al fin de semana no le faltara nada, no puede pasarse por alto lo sucedido el sábado en Corrientes. ¡Los correntinos jugaron horrible! No armaron una jugada, no la aguantaban en el medio, por la izquierda les entraban como querían… Uno, sentado frente a la tele, pensaba “no, no se puede, en algún momento va a caer el gol”. Y cayó… ¡Pero de Boca Unidos! ¡Y a los 46 del segundo tiempo! La vida es bella.
lunes, 5 de diciembre de 2011
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