“Murió Falcioni”, se escribió en este sitio. Este gil que escribe se había ofuscado aquella vez que el entrenador decidió que a Román “no lo veía en condiciones” para aquel partido con All Boys, en el Clausura. “Cagón”, también se lo calificó al director técnico, tras aquella noche en que lo sacó a Román para armar dos líneas de cuatro y aguantar un 1-0 sobre Independiente y se lo empataron.
No, yo no voy a colgar ninguna bandera que diga “Perdón, Julio”. El fútbol se nutre del día a día, los hinchas somos como somos y desde aquí, a Falcioni o a cualquiera puede volvérseles a caer en cualquier momento.
Jamás estuvo en duda la vocación de trabajo de Falcioni, su preocupación y dedicación puestas al servicio de su tarea. Eso también quedó reflejado en este sitio desde el principio, en particular porque lo diferencia de algunos otros que pasaron antes por el cargo.
Los resultados nos hacen variar las opiniones, claro, no tiene por qué ser de otra manera. No puede ser de otra manera. Pero hay que puntualizar que uno de los principales méritos de Falcioni en esta gloriosa campaña del Apertura es que fue aprendiendo por el camino. El ha venido repitiendo como muletilla en los últimos tiempos, junto con el agradecimiento a sus jugadores, que ellos “lo hicieron crecer”.
Sí, con el transcurrir de los días Falcioni fue entendiendo cómo funciona Boca. Fue una pavada, al poco tiempo de haber llegado, ponerse a confrontar con un ídolo. Se lo castigó como se lo tenía que castigar por eso y el tipo tomó nota. Fue un error que no repitió.
Como bien deslizó Román en alguna de sus últimas apariciones públicas, en el Clausura Boca jugó “de cinco maneras distintas”. Cuando no estaba Román, se pasaba al 4-4-2. En un momento, como para que pudiera estar Román pero hubiera la suficiente capacidad de contención en el medio, se armó un extraño esquema con Palermo como único punta fijo, Román parado bien arriba, línea de tres con el Pampa Calvo y Clemente como carrileros… Un bodrio, aunque haya servido para ganar algún partido.
Con la ventaja de tener ya bien conocidos a sus hombres y de tener también bien mensurado cómo pendulan los humores de la tribuna, para el segundo semestre el conductor aprendió otra lección y varió su postura. Se decidió por sostener el 4-3-1-2, un sistema que es el más sencillo, lógico y confiable si se tiene a Riquelme en el plantel.
Lo dijo bien claro el entrenador, que hasta incluso lo hizo volver al Tano Gracián para tenerlo como alternativa cuando le faltara Román. Y como el Tano primero quedó fuera por lesión y después no funcionó, probó otras variantes pero sin tocar el dibujo madre.
La primera vez que faltó Román, con Independiente en Avellaneda, jugó una carta difícil: Cvitanich y Mouche arriba con Viatri levemente tirado atrás. Le salió perfecto. Cuando volvió a faltarle Román, no le tembló el pulso, privilegió al Pochi Chávez por sobre Gracián (se caía de maduro con la evaluación de los rendimientos) y continuó jugando con enganche. Cuando le faltó Rivero y muchos postulaban que lo mejor era regresar al 4-4-2, él volvió a tomar una determinación complicada y mantuvo el esquema, con Pichi Erbes por el Burro en la derecha.
Todos nos equivocamos, algunos más que otros pero por lo que respecta a este gil que escribe, mantiene que fue un error inaceptable por parte del entrenador haber prescindido de Riquelme en aquel partido con All Boys. Desató una tormenta contra sí mismo, tormenta que fácilmente pudo haberse evitado. Pero del mismo modo, es de sumo valor comprobar que, con tiempo y con paciencia, Falcioni registró sus propias equivocaciones, tomó conciencia de ellas. Hoy, es inimaginable que vaya a dejarlo a Román fuera de un partido si Román está en condiciones de jugar.
Al cabo, aquella inclaudicable vocación de trabajo que nunca pudo dejar de reconocérsele le dio sus frutos al entrenador. El tipo supo armar un equipo duro, consistente, regular (regular de regularidad, no en segundas acepciones), meritorio y campeón.
La noche de la despedida de Palermo, Falcioni prestó su cara de enojado para aparecer en la pantalla gigante y lo rechifló y abucheó toda La Bombonera. Quizás haya sido el último de sus errores visibles. Después de la coronación, seguramente fueron muchos de los mismos que lo habían rechiflado y abucheado quienes cantaron “que de la mano de Julio César todos la vuelta vamos a dar”. Las dos expresiones de la misma tribuna son igualmente legítimas. Falcioni se ganó la primera y la segunda. Y los hinchas no tenemos por qué pedirle disculpas a nadie por ser como somos.
lunes, 19 de diciembre de 2011
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Quedate tranquilo que no sos el único que salió recaliente esa noche de la Bombonera, luego de asistir al duelo de cagones entre Falcioni y Mohamed. Lo de All Boys fue un mamarracho, pero el punto de mayor algidez fue sin duda el partido contra el Rojo. Hay que reconocer que el tipo aprendió, y muy rápido: con sólo 30 minutos de Gracián contra Belgrano Falcioni entendió que ese lugar era de Chávez.
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