domingo, 29 de abril de 2012

TRES PUNTOS DE ORO

   Los partidos como éste tienen un valor agregado. No es fácil aguantar con diez y después con nueve. Y se aguantó. Se aguantó casi sin sobresaltos para Orión. Estuvo esa del segundo tiempo, que lo tuvieron Leandro González y Fuertes y que la salvaron entre Orión y el Apu Sosa. Nada más. Es cierto que la tibieza de Colón nos ayudó. Nunca supieron qué hacer con la ventaja numérica.
   De las expulsiones no se puede decir nada. El Chaco Insaurralde fue muy arriba. Es una acción de juego, puede pasar. Se zarpó, lo echaron, a otra cosa. Ni llorar por la decisión de Belligoy ni reclamarle al Chaco, que de nuevo estaba jugando muy bien y tuvo un exceso propio del fragor.
   En cuanto a Clemente, su expulsión es idéntica a la que se había ganado contra Lanús, poco más de un mes atrás. Cuando lo de Lanús, desde este sitio se lo excusó pero dos veces seguidas la misma película es demasiado. Es necesario que no sea tan pavo. Nos dejó con nueve, muy comprometidos, muy condicionados. No se le puede perdonar.
   Por otra parte, la inmadurez de Clemente (inaceptable en un tipo que pasó los treinta años y tiene cientos de partidos encima) contrasta con la madurez del equipo, que se adaptó a la situación con diez y con nueve y sostuvo el resultado que hacía falta. De Belligoy sólo puede mencionarse que estaba visto que no nos iba a dejar pasar ninguna. A Pablito Ledesma lo amonestó de entrada por una boludez.
   Costó imponer superioridad pero poco a poco, durante el primer tiempo, Boca fue llevando el partido a los carriles que le convenían. Al principio no corría bien la pelota pero después empezó a caminar mejor. En particular cuando por la izquierda se juntaban Román, Erviti y Clemente. Hubo algunos alertas amarillos a espaldas de Clemente (en la primera apareció solo Graciani en el área y poco después el Chaco Insaurralde tuvo que cruzarlo con todo) pero el juego se estaba resolviendo. Con el gol del Tanque, todo daba para suponer que el partido se le abría a Boca. Lástima que muy pronto haya llegado la expulsión del Chaco.
   El gol fue un contraataque de manual, magistralmente conducido por Erviti. Salida masiva y muy buena circulación de la pelota, con celeridad y precisión. Perfectas participaciones de Ledesma y Cvitanich, imponente definición del Tanque. Poco antes, Cvita le había puesto un centro en la cabeza y el Tanque, de frente a Pozo, le erró al arco. En ese instante, a este gil que escribe le pasó por la cabeza: “éste está empezando a cansarme”. Pero esa tijera formidable, clavando la pelota lejos del arquero, limpió todo y renovó el crédito del Tanque.
   Algunas veces Martín ha marcado goles parecidos, como uno contra Banfield (¿de qué manera no hizo goles Martín?) pero más bien esa pirueta dibujada en el aire para impactar la pelota plenamente, llenándose el pie con ella, me trajo a la memoria al Tula Curioni, aquel cordobés de comienzos de los setenta al que nos cansamos de putear hasta que empezó a cerrarnos la boca con goles, el primer compadre del Cabezón Potente.
   Debe ser muy importante, para el Tanque, su primer gol en La Bombonera. Hizo un festejito medio cinematográfico y le costó una amarilla pero está bien, ojalá se le abra el arco definitivamente, ¡lo bien que nos vendría!
   En el segundo tiempo ellos tenían once y nosotros diez pero mandamos siempre nosotros. Colón ni se acercaba a Orión. La pelota la teníamos bien lejos. No fue, seguramente, de los partidos más memorables de Román pero igual, lo suyo fue valioso. Cuando hace falta esconder la pelota, dormir el partido, nadie como él.
   Aunque si tenemos que destacar individualidades, hay que comenzar por Erviti. Gran partido de Walter. Aunó juego con despliegue, algo que no es tan fácil de lograr y que a él, en particular, más de una vez lo ha deslucido. Le ha pasado con cierta frecuencia que cuando se acelera, se nubla. Esta vez se corrió todo pero además, trató muy bien a la bocha. Descargó con precisión y con sentido de profundidad. Y en el último tramo, ya con nueve, cuando hubo que arremangarse, metió como el que más. Ha tenido otros buenos partidos pero creo que fue el mejor suyo desde que está con nosotros.
   También fue muy valioso lo de Orión, que de entrada salió muy bien, muy rápido para neutralizar aquella aparición sorpresiva de Graciani. Que más tarde, a puro reflejo, alcanzó a meterle el manotazo a ese tiro imprevisto y mortal de Prediger, desde afuera. Y que en el segundo tapó la única difícil, la ya referida entre González y Fuertes. No muchas intervenciones pero tres fundamentales, lo que se necesita de un arquero de equipo grande. Además, estuvo muy vivo para ganar tiempo cuando hizo falta. Atajaba e iba al suelo. Hasta que no se levanta, el árbitro no puede decirle nada, así se hace. Así se consumían valiosos segundos que necesitábamos.
   Otra vez los miramos a todos desde arriba. Del pelotón de atrás, el que más inquieta, sin dudas, es Vélez. Aunque ellos tienen el mismo problema que nosotros, Clausura y Copa. A Newell’s se le cayeron dos puntos que a un candidato no tienen que caérsele. Tiene muchos pibes y se supone que la definición del torneo les tiene que pesar aunque no hay que perderlos de vista. Una semana más y seguimos adelante. Clausura, Libertadores y Copa Argentina. Únicos, como siempre.
   A propósito, Passarella dice que somos la mitad menos uno. Se equivoca, somos la mitad menos dos. Éramos la mitad más uno con Passarella, Almeyda y Costa Febre pero desde que desertaron, quedamos reducidos.         
       

jueves, 26 de abril de 2012

MOUCHE Y DIEZ MÁS

Patear penales hasta casi la una de la mañana no es lo que uno espera de un partido frente al ya prácticamente descendido Olimpo, que por el Clausura no le gana a nadie ni en Bahía Blanca pero bueno, zafamos. Así como habíamos zafado frente a Santamarina. Y seguimos adelante en las tres competencias.


Lo que produjo el equipo, obviamente, no puede ser satisfactorio ni prometedor. Suele pasar que cuando se manda a la cancha a una formación sin rodaje colectivo, por más que los intérpretes sean individualmente competentes, el rendimiento sea deficitario pero no da como para conformarse.

Lo mejor, por lejos, fue lo que jugó Pablito Mouche. Un golazo, el que marcó, después de hamacarse en el área, antes de sacar el derechazo de dirección perfecta, cruzado, que fue a meterse contra el palo más lejano.

Todo el partido fue bastante aburrido salvo cuando se juntaban la pelota y Mouche. Pablo le daba un martillazo al juego con cada intervención. Algunas no las terminó bien pero buscó siempre. Y unas cuantas sí las resolvió de la mejor manera. Por izquierda o por derecha.

Después, sus dos penales los pateó con convicción, que es lo que cuenta en estos casos, aunque en el segundo, el último de la serie que amenazaba con prolongarse hasta el amanecer, el arquero haya llegado a tocarla.

En realidad, casi todos patearon muy bien sus penales. El de Caruzzo casi lo saca el arquero pero en definitiva entró porque la había apretado bien contra un costado. El Colo Ruiz y el Pochito Insúa son tipos que le pegan fuerte y aunque les falte experiencia, no les temblaron las piernas. Araujito lo pateó con la desfachatez que es de esperar en él. Sánchez Miño sin inmutarse, con la serenidad que es su sello. Blandi igual. Personalmente no les tenía toda la confianza a Gastón Sauro y el Neri Benavídez pero los tipos fueron y la metieron.

Fundamental el uruguayo Sosa, que le sacó los dos a Rolle y que cuando le llegó el turno de patear, no titubeó. También hay que agradecer el aporte de Andresito Franzoia, que fue nuestro una vez y que volvió a serlo, por un instante, cuando tiró su segundo penal a las nubes, a lo Sergio Ramos en Madrid.

Un penal lo falla el más pintado (preguntarles a Messi, Cristiano Ronaldo y Kaká) pero es difícil aceptar lo de Pochi Chávez. No es lógico que alguien que le da a sus remates más precisión que potencia tome más de nueve metros de carrera. Las dos veces hizo lo mismo y las dos veces llegó a la pelota sin fuerza. Le salieron dos tiritos al mismo lugar, a la derecha del arquero. El que haya tomado dos veces tanta distancia, algo antinatural por tratarse de él, es signo de su inseguridad. Lo mandaron a patear primero, posición clave, y falló no una vez sino dos.

No había tenido un buen partido, Pochi. Abusó del pelotazo, dividió muchas bochas. Él tenía que ser el conductor y si reparamos en que Boca pocas veces a lo largo del juego impuso superioridad clara, se cae en la cuenta de que no funcionó el que tenía que hacer jugar a los demás. No lo hizo.

En general, todo Boca cuidó poco la pelota. En ese sentido, el Colo Ruiz fue una máquina de dárselas a los contrarios. Sin necesidad, teniendo tiempo y espacio, muchas veces se cayó en la tentación de sacársela de encima. Así jugamos y asi terminamos por sufrir hasta el vigésimo sexto penal de la noche.

Más precisamente, vigésimo séptimo, porque durante el partido había estado el que convirtió Rolle y le dio a Olimpo el empate que no se modificó hasta cumplido el minuto noventa. Cuando Mouche metió su golazo, daba como para suponer que ya estaba listo el pollo. Pero no, volvimos a complicarnos solos.

El Burro Rivero, que sigue sin reencontrarse, cometió la infracción. Medio como que trastabilló él y se llevó con él al jugador de Olimpo pero lo cierto es que fue una falta sin sentido en un lugar de la cancha en que, obviamente, no deben cometerse faltas. También Sauro cayó en algunos foules al dope, contra rivales que estaban en un costado, incómodos, sin lugar por dónde salir y él les simplificaba todo el problema, obsequiándoles un tiro libre de frente al área nuestra.

Se viene un calendario muy ajetreado, semanas de intensa actividad y ya en instancias en que no puede fallarse. Una pifia y sonamos. Pero la verdad, nuestra posición es envidiable. Protagonistas en tres frentes paralelos. Los jugadores creen que se puede. Todos debemos creer que podemos. Eso sí, habrá que jugar mejor que anoche en Catamarca. Sean quienes fueren los apellidos que integren la formación. Somos Boca.

MOUCHE Y DIEZ MÁS

lunes, 23 de abril de 2012

PUNTITO

Es un puntito, sí pero si revisamos la historia, un empate en Córdoba no es de despreciar. Es, para Boca, una plaza siempre difícil. De esas donde nos esperan a morir solamente a nosotros y después pierden sin pena contra cualquiera. Por otra parte, Belgrano hizo, de local, el mismo planteo que había hecho en el Apertura, en La Bombonera y volvió a salirle bien. No le importó tanto ganar el partido y hacen bien, están a pasitos de consolidarse en primera para la próxima temporada. No se desvían del objetivo por más que su gente trate de empujarlos, tienen claro lo que quieren.
Tiene oficio, este Belgrano. Propuso medio juego profuso, volantes que se juntan con los defensores y presión en bloque sobre las bandas. Y a Boca, como una rueda atrás, le costó encontrar los caminos aunque en general, fue el que estuvo más cerca de la victoria.
La diferencia de este Boca con el del año pasado, con el campeón del Apertura, es la deuda de regularidad. A una producción sólida la sucede una errática, desabrida. Y así como el año pasado no nos metía goles nadie, ahora nos mete goles cualquiera en cualquier momento.
Habían pasado 22 minutos, medio tiempo y Belgrano, con su único delantero, Silvera, más volantes que acompañaban si se daba la ocasión pero que no lo tenían como prioridad, ni se había aproximado al área de Orión. Y en la primera que tuvo, zácate, 0-1.
Se marcó mal en una pelota parada. Se volcó todo el peso de la defensa sobre un flanco y quedó descubierto el otro. No es posible que Mansanelli aparezca solo en el área y llegue al fondo con tanta facilidad como la que tuvo. Después, Orión hizo lo que pudo, le tapó el primer remate a Silvera pero todo Boca estaba a contramano de la jugada desde el principio y el rebote le quedó a Matías Giménez.
Tiene una especialidad, Matías: hacerle goles a los equipos por los que pasó. Con nosotros, cuando era uno de los más compinches de Román, fuera de la cancha, desde su llegada pero su aporte era escasamente significativo en el verde, le metió uno a Tigre, en Victoria. Zurdazo bien cruzado y apretado contra el piso, en el arco de la hinchada de Boca. Con Belgrano ya había vacunado a San Lorenzo y ahora nos tocó a nosotros.
¿Por qué el equipo perdió seguridad en función defensiva? Bueno, pueden analizarse diferentes causas pero ninguna de ellas es excluyente. Ahora está faltando Somoza, que es clave en el tema aunque Pichi Erbes no desentone. El Flaco Schiavi no está como el año pasado. El propio Orión perdió regularidad aunque esta vez no haya tenido nada que ver. Pablito Ledesma nos da mejores posibilidades en el armado ofensivo pero el Burro Rivero (el de 2011 porque este año mermó su rendimiento hasta perder el puesto) era una fiera metiendo gamba.
Después, el Gordo Sánchez Miño da algunas ventajas en la marca pero también la da, las dio siempre Clemente y por otra parte el Chaco Insaurralde, que está en su mejor momento desde que lo trajo Borghi, cierra bien por el lateral.
Román jugó menos de lo que siempre queremos de él pero el que anduvo muy bien fue Erviti. Muy buen partido de Walter hasta que se fundió, en los últimos veinte. Corrió y jugó. Olave le había tapado un zurdazo bárbaro en el primer tiempo pero en el arranque del segundo metió un golazo para emparejar el marcador. Cuando un rival defiende con tres, hay que buscarlo por los costados, lo sabe cualquiera pero Boca no lo hizo en la medida suficiente. Cuando lo hizo, como en el gol, quedó en evidencia que ésa era la fórmula. Gran remate de Walter, inapelable.
Se la había puesto muy bien el Tanque Silva. Ve bien la cancha, el Tanque y sigue metiendo asistencias impecables. En el primer tiempo le había bajado una en el área a Ledesma que fue una pinturita y Pablo, que no tuvo un buen partido, terminó pegándole medio incómodo y la mandó a cualquier parte. Había sido un buen desborde de Sánchez Miño, otra prueba de que había que ir por los laterales, juntar gente para doblar a todos los que ponía Belgrano y pasar.
Volviendo al Tanque, también puso un muy buen cabezazo, bien hacia abajo y Olave se lo sacó en una atajada enorme. Seguimos esperando goles del Tanque. Su esfuerzo y lo que juega nos indican que ya tienen que llegar pero la cosa se demora y claro, nos impacienta.
La verdad es que jugamos con uno menos porque Cvitanich se quedó en el hotel. Muy poca participación en el juego. Estaba visto que no era su día y el ingreso de Mouche debió haberse producido antes. Como también el de Pochi Chávez, que no entró nunca. Ponerlo a Pochi en lugar de Ledesma, aunque claro está que ningún cambio garantiza nada, era una apuesta que se imponía. Ver si a Pochi le sonaba la flauta, ya que Román tenía un partido terrenal y no marcaba las diferencias habituales.
Estamos entrando en etapa de definiciones, tanto en el Clausura como en la Libertadores además de la Copa Argentina y lo que siembra dudas es esa aludida deuda de regularidad. Nos habíamos acostumbrado a un Boca parejo, confiable, inalterable y ahora, antes de cada partido nunca sabemos qué va a pasar. Pero en fin, seguimos la pelea en los tres frentes y somos los únicos.

jueves, 19 de abril de 2012

UN ROMÁN QUE ILUSIONA

Del triunfo frente al escuálido Zamora, que puesto a jugar en el fútbol argentino sería un equipo de nivel Promoción Primera C, se rescata lo bien que jugó Román después de haber faltado en tres de los cuatro partidos anteriores. Marcó el compás del partido siempre, hizo girar el juego en derredor de él, metió no menos de media docena de bochas de ésas que sólo él y terminó anotándose con una definición que cerró el partido.
La del segundo gol, la empezó y la terminó él. Él la abrió de izquierda a derecha para el tucumano Sosa, limpiando la jugada en su mejor estilo. Él también había empezado la del primero, con otra apertura idéntica para Sosa. Son acciones que desde arriba se ven muy claras y fáciles pero que al cabo, él único que las ejecuta en tiempo y forma es Román.
Positivo el aporte de Sosa en los dos goles. Tira buenos centros, Sosa. Tiene buena pegada y la empala casi sin perfilarse. Positivo, también, lo de Sergio Araujo, que las dos veces fue el que la acomodó para la definición de un compañero en el área. La primera, con la mano.
No es la primera vez que Araujito mete bien la manito en una acción determinante. El año pasado, en la cancha de Vélez, hizo lo mismo en la jugada que terminó en penal, después desperdiciado por el Flaco Schiavi. Los de Vélez, aquella tarde, se los querían comer a la parrilla al referí y al asistente. Igual que anoche los venezolanos.
Más allá del detalle, es una buena noticia, para todos, que Araujo haya tenido participación en dos jugadas que terminaron en goles. No está teniendo muchos minutos, tiene muchos delanteros por arriba en el plantel pero la verdad es que está tardando en definirse como jugador. Las circunstancias no lo ayudan, es difícil tener que mirar tanto desde afuera pero en primer término, él tiene que ponerse serio y decidir qué quiere hacer con su carrera. Lo tiene todo.
Bien definida por Blandi la del primer gol. No se apuró, se tomó todo el tiempo necesario y desacomodó al arquero antes de sacar el remate. En el primer tiempo Román le había servido una pero le pegó medio mordido, cruzada y desviada. Es otro dato muy saludable lo de Nico. No juega mucho pero juega y pum, mete. Como delantero de alternativa está haciéndose muy interesante.
Y es de destacar lo de Román en el segundo porque la abrió para Sosa y no se quedó mirando, fue a buscar adentro. Estuvo muy enchufado a lo largo de todo el juego, no se estacionó, revoloteó por diferentes lugares. Y con su clarividencia y su manejo, sigue sacándoles ventaja a todos los demás aunque parezca que se mueve despacio.
En la primera llegada de Boca, se la puso delante a Pochi Chávez, que le pegó desde afuera y sacó el arquero. Después apareció en el área por derecha y se la tocó a Blandi, que le pegó de media vuelta y otra vez sacó el arquero. Después le puso otra a Blandi en el corazón del área, Nico la abrió para Rivero y el Burro le pegó mal. Y después la ya comentada, lo dejó a Blandi cara a cara con el arquero y Nico le pegó desviado. Todo eso en el primer tiempo.
En el segundo, empezó con una para Mouche, que le pegó de afuera y contuvo el arquero. Y finalmente, su participación en los dos goles. Seis acciones de gol de las que él fue ideólogo. ¿Cuánto más puede pedírsele a un jugador? Y lleva jugados muchos minutos en lo que va del año, más allá de esas últimas ausencias. Si mantiene la continuidad, si no le duele la rodilla ni nada (ayer ese Rodríguez le pegó un patadón en la jugada en que lo expulsaron), el sueño de sumar títulos en este semestre podría hacerse realidad de su mano.
Boca jugó cómodo todo el partido, más allá de ese gol insólito que se comió Torres, el único delantero de ellos, en esa pelota que le quedó servida delante del arco. Cabe preguntarse cómo fue que tardamos 67 minutos, tres cuartas partes de partido en quebrar a este equipo pero no hay respuesta. Menos respuesta puede haber si nos preguntamos cómo fue que dejamos en Venezuela ese empate que nos empiojó la vida.
De los suplentes que puso Falcioni rodeando a Román, ya se habló de algunos. Bien Pichi Erbes, bien paradito pero con la salvedad de que ellos no son medida, se escalonan mal, corren detrás de la bola. Otra vez bien el Gordo Sánchez Miño, con gran vitalidad para desdoblarse en defensa y ataque. Muy confuso Pablito Mouche, muy chocador. Pochi por derecha se acomodó mejor en el segundo tiempo pero en general, anduvo acelerado, impreciso. En el primer tiempo, Román le puso una pelota a Pablo y otra a Pochi que sorprendió a los receptores. No les fue tan fácil, a uno y a otro, sintonizar la onda de Román.
El Burro Rivero cerca de Erbes por la izquierda no parece una buena idea. No encontró la posición, no se veía que tuviera claro lo que tenía que hacer. Y cuando tuvo una jugada de gol, oportuna aparición en el área por izquierda, le pegó con el juanete. Lo complica el perfil si juega por izquierda.
Cuando Torres atajó el penal de Fluminense en la cancha de Arsenal, muchos que miraban la pantalla de la zona de pupitres y otros que escuchaban por radio lo celebraron pero no la deben haber pensado bien. Mejor que llegó el gol del Flu sobre el final. Es cierto que ganando el grupo íbamos a ser los mejores primeros y definir todos los cruces en casa pero de entrada nomás, en octavos, podía llegar a tocarnos Cruz Azul. Viaje matador más altura. O si no, Deportivo Quito. Viaje matador más altura.
Entrando segundos, casi seguramente vamos contra Unión Española. Poco más de una horita de avión. Claro que para ser campeones hay que pensar en ganarles a todos pero si algún otro nos va despejando el camino en cuanto a las distancias más tortuosas y las condiciones ambientales más problemáticas, mejor. Después, lo de definir adentro o afuera es muy relativo. Como lo dijo este mediodía Román, el asunto es jugar bien.

lunes, 16 de abril de 2012

UN DOMINGO PARA QUEDARSE EN LA CAMA

La excursión salió mal por donde se la mire. Mal partido, derrota, imperdonables incidentes y tres titulares lesionados. Uno de esos domingos en que hubiese sido mejor quedarse en la cama.
Sin Román ni Pochi, no hay juego. Erviti, aquel que conociéramos en San Lorenzo y reencontráramos en Banfield, era un jugador muy distinto de este que es hoy. Está para la lucha, para correr y meter pero ya no es capaz de distribuir la pelota como lo hacía antes. ¿Quién fue el jugador de Boca que mejor trató la pelota? Somoza. Miró y procuró dársela siempre a un compañero. Vale su esfuerzo pero está indicando una deficiencia del equipo. Manejar la bocha no es función primordial de Leo. Para eso necesitamos a otro y no lo tuvimos.
Con la chapa puesta sería muy fácil decir que Falcioni la pifió poniendo a Mouche de volante por la izquierda. No, estaba bien pensado. Pablo ya hizo otras veces ese trabajo. Esta vez no salió. Pero no es que no haya salido porque Pablo jugó de carrilero por la izquierda. No salió porque Boca no tuvo un conductor.
El problema tampoco fue el esquema. Se jugó 4-4-2 (no 4-3-3 como alguno pensó antes del partido). Modificar el sistema era inevitable porque sin Pochi ni Román ni el Pibe Paredes (que iba a volver en reserva y suspendieron el partido), otro enganche no hay. Ni siquiera tenemos a mano la opción aquella de Viatri tirado atrás, como el año pasado con Independiente, con la que nos fue bien. Era lógico y natural que se pasara a los cuatro volantes pero entre esos cuatro tiene que haber por lo menos uno que haga jugar al resto. No fue Erviti, tampoco Pablo Ledesma, Mouche no deja de ser un delantero puesto a jugar de otra cosa y Somoza hizo lo que pudo pero no bastó.
Podría haber jugado de entrada Sánchez Miño por izquierda, como casi todos imaginábamos hasta pocas horas antes del partido pero no es de suponer que con eso algo hubiera cambiado sustancialmente en cuando a la elaboración de juego. Esa es una mochila que no podía tirársele al Gordo, por más que ande muy bien.
Quizá sí hubiese habido algún matiz diferencial en cuanto a una mejor coordinación de movimientos entre Sánchez Miño y Clemente. Porque Mouche nunca le dejó lugar a Clemente para pasar. Nunca se le fabricó el hueco a Clemente para que hiciera lo que mejor hace. Pablo, abierto por izquierda, complicó algunas veces a los rivales pero nunca tiró un buen centro, le salieron todos pasados, larguísimos. Sí acertó uno de pelota parada, ése que cabeceó Insaurralde en el primer tiempo y que tocó la parte de arriba del travesaño. Sin Román ni Pochi, Pablo fue también el encargado de las pelotas paradas y alguna bien puso.
Cvitanich y Silva la pelearon arriba siempre en desventaja, porque la pelota les llegaba siempre por los adoquines. El Tanque se las rebuscó mejor, se revolvió en su lucha contra los defensores y ganó más de una pero nunca acertó con la definición. Generalmente remató forzado. La única que remató cómodo, y se le fue al lado de un palo, fue esa del primer tiempo al cabo de la mejor maniobra asociada de Boca en ataque, tal vez la única. Mouche poniéndola de la izquierda hacia el medio, Pablo Ledesma aguantando de espaldas en el área y descargando hacia atrás, el Tanque de frente para la definición. Pero falló, una lástima. Cvita, que la había roto en Brasil, esta vez no tuvo ningún peso a lo largo del partido.
Lo mejor de Boca, como expresión individual, fue el Chaco Insaurralde. Está muy firme, muy seguro, muy regular. Gana en las dos áreas. Le cayó ese rebote después del corner de Mouche y no la dejó pasar. Metió una media vuelta perfecta para el empate. Es importante el buen nivel del Chaco porque el Flaco Schiavi no está como el año pasado. En el segundo tiempo había metido un quite impecable, de manual, en una pelota en la que había quedado solo y muy desprotegido pero esperó, arrió al rival, Luna y ya en el área, lo despojó en una jugada que era muy peligrosa. Pero después llegó la chambonada del gol en contra. No es un mero accidente. Saltó con Echeverría y está bien que no haya cabeceado cómodo pero él sabe mejor que nadie que ahí hay que tener mucho cuidado. Gol en contra con Arsenal el año pasado, gol en contra con Independiente en el verano, gol en contra ahora con Tigre… Necesitamos más del Flaco.
Orión, otra vez, se comió un gol de tiro libre en su palo, como con Independiente. Este era más difícil, porque era más frontal pero si delante de la pelota se para un diestro, como Morales, la mayor facilidad que puede dársele es descubrir el palo del arquero. Mal Agustín.
Falcioni, después del partido, hizo foco en Laverni y es verdad que nos cagó. Ni el tiro libre del primer gol ni el del segundo habían sido faltas. Por otra parte, en algunos medios salió que hubo mano de Pablito Ledesma en el gol anulado que hubiera sido el 2-1 a favor nuestro. Yo la volví a ver esta mañana (lunes) por tele y no veo mano por ningún lado… Tres fallas o como mínimo dos del árbitro que resultan definitorias en el partido. Puede ocurrir. Por otra parte, el segundo asistente, Brailovsky, nos paró por lo menos dos ataques mal en el primer tiempo. Pero es mejor que el director técnico le preste atención a otras cosas. Si el nivel de juego es tan bajo como el que exhibió Boca en Victoria, se corre el riesgo de que cualquier macanazo del árbitro termine siendo determinante. Si se juega mejor, si se impone superioridad, las fallas arbitrales no van a pesar tanto, seguro.
Terminamos el partido con dos desgarrados, Roncaglia y Somoza. Lo de Somoza es una cosa, porque Leo no había jugado ni con Argentinos ni con Fluminense y ni siquiera había viajado a Brasil. Otra cosa es lo de Facundo, porque es uno de los jugadores con más minutos acumulados en lo que va del año. Cuando se juega domingo y miércoles a lo largo de varias semanas y con viajes en el medio, la secuencia de lesiones musculares es inevitable.
Hay que tener mucho tacto, mucho tino y también mucha suerte para acertar en la distribución de las cargas a cada jugador. Se puede elegir la rotación masiva, la rotación parcial o jugar siempre con la misma base. En este caso, tres partidos en ocho días con viaje en el medio y con los mismos jugadores, la apuesta de Falcioni, debe haber tenido que ver con la lesión de Roncaglia. Bianchi pocas veces jugaba tres veces en una semana con los mismos. Solía salirle bien. Basile, en 2005, jugó Apertura y Sudamericana siempre con los mismos y ganó las dos cosas. Por eso, no hay recetas infalibles ni indiscutibles. La fortuna es un factor gravitante.
Lo que pasó después del partido en ese callejoncito siniestro que hay a la salida de la cancha de Tigre hay que analizarlo desde distintos sitios. Es propio del fútbol argentino que los jugadores, para llegar desde el estadio hasta el ómnibus, tengan que transitar por la calle, por la vía pública. En Europa seguro que no pasa. Es propio de la sociedad argentina, de esta decadente sociedad de la que todos somos parte, que un montón de imbéciles esperen a los jugadores rivales para gastarlos, para agredirlos verbalmente. Pasó en Tigre y también pasa el La Bombonera. Es propio de nuestras fuerzas de seguridad trabajar mal, llegar tarde, no hacer lo que se debe. Es propio del ser humano calentarse algunas veces y reaccionar mal. Pero los jugadores de Boca saben perfectamente en qué medio se desempeñan y a qué están expuestos. Es inaceptable que se saquen y se agarren a trompadas con esos estúpidos, que se pongan a su altura. Tienen experiencia, son grandes. Si van a explotar cada vez que los gastan o los putean después de un partido, podría llegar a pasar lo mismo todos los domingos. Al Tanque Silva le costó la fractura de una mano (eso sí, me encantaría saber cómo quedó el otro). Vamos, muchachos, esperamos más madurez y racionalidad de parte de ustedes.

jueves, 12 de abril de 2012

LUSTRAMOS LA CHAPA

No es que hiciera falta sacar chapa de candidatos. Candidatos somos por el solo hecho de llamarnos Boca. Pero que ganar en Brasil da lustre a la chapa, ni hablar. Una pasadita de Blem, por citar a Falcioni. Y es un plus porque el rival se llamó Fluminense, que de 2008 a la fecha estaba amagando con alquilarnos por tiempo indeterminado.
Bien, Boca. Con algunas perforaciones en el fondo, que determinaron el crecimiento de la figura de Orión pero bien por actitud. Fue a Río y no se paró a esperar sino que salió a apretar arriba y lo consiguió. Al margen de jugadas aisladas, como esa que le tapó Agustín a Fred a los pocos minutos, se marcó presencia desde el principio hasta el final.
Tácticamente, el único problema lo representaba la velocidad de Carlinhos, que en el primer tramo de partido se insinuaba como insoluble pero después se le fue encontrando la medida. Y no pasó más nada.
El primer gol nace de un error de ellos porque ese pelotazo larguísimo del Flaco Schiavi, una defensa bien parada lo neutraliza. Pero la pelota pasó y después, lo de Cvita fue una barbaridad. Sobre todo, por cómo le puso el cuerpo al defensor para dejarlo fuera de combate. Usa muy bien el cuerpo, Cvita, siempre. Y no es que tenga tanto lomo como el Tanque Silva pero es vivísimo para meterlo justo y ganar con él. Hombros, espalda, cola, caderas, usa todo bien. Le quedó la pelota adelante, sin que nadie pudiera ya hacer nada excepto el arquero y la definición fue irreprochable.
Hay que señalar que en el segundo tiempo se retrocedió demasiado, sin necesidad. Siempre es una tentación, cuando se va ganando, dejar terreno para salir de contra con espacio pero si estábamos bien parándonos más arriba, ¿para qué meterse tan adentro? Pochi, que jugó un muy buen partido, manejó muy bien la bola, con panorama, criterio y precisión durante todo el primer tiempo pero después se metió casi al lado de Pichi Erbes. Salió bien pero sigue sin parecer una buena idea.
Esa es una diferencia sustancial, esencial con Román. Román tiene la convicción profunda de intentar jugar siempre a partir de la posesión de la pelota, al margen de lo que piense el técnico de turno. A él no le vayan con eso de pararse atrás. Pero bueno, Román hay uno solo. Lo positivo, lo saludable, es que este equipo, evidentemente, aprendió a jugar sin él.
Bien metidos los cambios. En realidad, no estaba para salir nadie y menos Cvita, que fue una fiera. Pero ponerlo a Pablito Mouche cuando ellos ya estaban medio fusilados era una apuesta bien hecha y salió bien. En cuanto a la entrada del Gordo Sánchez Miño por Erviti, que ya va haciéndose costumbre, era cambio cantado. Porque Walter, que luchó mucho y estaba dolorido por el planchazo criminal que le había metido ese Dighuinho en el primer tiempo, definitivamente no tiene ni la velocidad ni el sentido de oportunidad de Sánchez Miño para aparecer vacío a terminar la jugada. El Gordo es mucho más vertical.
La hizo muy bien Pablo, que llegó al fondo, salió para buscar perfil de zurda y antes de meter el centro, miró, como se debe. No llegó el Tanque pero por detrás de él, a los brasileños se les apareció como un fantasma Sánchez Miño. Seguro que no lo tenían, ahora lo tienen. Golazo y partido liquidado.
Penal al pedo el del Flaco Schiavi. Es cierto que esos penales se cobran pocas veces y además, quizás el Flaco haya especulado con que el pito había quedado muy lejos pero bueno, botoneó el asistente y no hay nada para decir, los asistentes están para botonear. Lo grave, lo inaceptable, es que ganando 2-0 nos hayan pillado de contraataque. Eso no tiene que pasar, nunca.
En fin, el penal terminó siendo una anécdota para agrandar todavía más la figura de Orión, que sacó todo lo que le tiraron, incluso una impensada pifia del Tanque Silva y hasta el penal. ¿Quién le enseñó a Rafael Moura a caminar así, de costado, en la carrera previa a un penal? Lo pateó como el orto, corriendo así era imposible que lo pateara bien pero bueno lo de Agustín, noche perfecta la suya.
Clasificados. Primera misión cumplida. No es por ser inconformista pero es una lástima que vayamos a entrar segundos en el grupo. Fluminense venía con puntaje ideal pero por esos milagros del fútbol. A Arsenal en Río le ganó con mucha suerte, Arsenal se perdió como diez goles, fácil. Dos veces le ganó apenas 1-0 al famélico Zamora. Y en La Bombonera, bueno, sus méritos tuvieron pero por sobre todo, lo perdimos nosotros. Así como regalamos el insólito empate en Venezuela.
Ya está, a partir de octavos es a fuego y sangre en ciento veinte minutos y de 2000 a la fecha nos acostumbramos a ganar muchas veces en esos mano a mano. Y lo mejor es que los demás también están acostumbrados a que ganemos. Somos Boca, todos lo saben bien.

domingo, 8 de abril de 2012

DURO

Partido duro en el más exacto sentido de la expresión. Duro porque la pelota anduvo siempre a los tropezones, duro porque se la dividió permanentemente, duro porque no hubo asociaciones, duro porque se forcejeó y no se pensó. Duro. Duro de ver, también. Duro como el alma de un frontón, escribió el magistral Chico Novarro.
Que antes de los dos minutos estemos 0-1 (nos viene sucediendo con demasiada frecuencia esto de arrancar abajo desde temprano) y terminemos ganando, de por sí encierra un valor.
En el gol, el que lo perdió a Hernández fue Pichi Erbes pero hubo, por empezar, mérito del rival. Apareció un petiso en el primer palo y sorprendió, no se lo esperaba. Punto y aparte. Fue una jugada. Aislada, de acuerdo con lo que se vio después. Porque en el resto de los noventa minutos, el Argentinos de los amantísimos Astrada y Díaz sólo volvió a asustarnos con esa pelota parada que Balsas cabeceó solo delante del arco. Menos mal que lo erró. Lo perdió el Chaco Insaurralde. Después, nada. Argentinos no llegó jamás, no supo administrar el obsequio de empezar ganando, se derritió.
¿Y Boca? Ganamos por dos pelotas paradas de Román y poco más. Obsérvese que los tres goles fueron de pelota parada y el que se perdió Balsas fue de pelota parada. Mal síntoma cuando casi lo único digno de mención de un partido son las pelotas paradas. Índice de que no hay juego, no hay circulación, no hay sociedades.
También es de elogiar que Boca no se haya vuelto loco después del gol de ellos. Signo de madurez. Claro que transcurrió media hora y no pasábamos del área, no acelerábamos, no cambiábamos ritmo. Una cosa es mantenerse sereno en la adversidad y otra cosa es observar taciturnos cómo nos pasan los acontecimientos por al lado. Se estaba en ese límite difuso y era preocupante. La rebeldía apareció en los últimos diez minutos del primer tiempo. En ese breve segmento Boca demostró palmariamente que era el mejor.
En ese fugaz período tuvimos la que le sacó el arquero a Silva, la de Erviti al lado del palo, la de Roncaglia en el travesaño y la posterior volea de Silva arriba y finalmente, el gol de Insaurralde. La de Erviti fue la primera maniobra de ataque bien elaborada en forma colectiva. Gran apertura de Román, a lo Román, para Cvita; Cvita que frena y mira, toque atrás y Erviti con toda la comodidad para definir. Se le fue al lado del palo y no tenía que írsele al lado del palo. Era gol. Sigue confuso, Walter, no clarifica, compromete la bola, se enreda.
En ese gol, por córner de Román, había que ir, fuimos y ganamos pero ellos miraron mucho. Falla defensiva. Le permitieron cabecear al Tanque sin problemas y después del rechazo del arquero, el Chaco se encontró con todo el arco para él. Fundamental haber empatado antes de la finalización del primer tiempo. Eso varía toda la ambientación de los dos vestuarios para el intervalo.
El comienzo del segundo fue todo de Boca, como cabía presumirlo, porque a Argentinos el empate le alcanzaba pero empujamos más de lo que jugamos. No había circuitos de generación, íbamos y chocábamos. Hasta que abrió el partido ese otro tiro libre de Román. Con el guante del pie derecho, se la puso en la cabeza a Cvita y si no era de Cvita, era de Insaurralde, que llegaba por detrás. Off side de Cvita, suerte que el amigo Fernández, el segundo asistente, no lo haya visto.
Buen partido de Cvita. Recibió poco juego como la gente pero le sacó agua a las piedras. Insinuó siempre, fue a todas y bien, resolvió con criterio. Después, cuando entró Mouche, volvió a apreciarse lo interesante que puede resultar que Pablo entre enchufado a 220 en el último tramo del juego. Le sirvió una a Pablito Ledesma, que levantó el zurdazo (si la dejaba pasar llegaba Román) y otra al Tanque que no se puede entender cómo no fue gol. Acertó el arquero pero la definición del Tanque no fue la mejor, era gol, no tiene que haber arquero que pueda sacarla.
Ellos estaban con diez y no tenían mayor idea de qué hacer pero igual, no cerramos el partido, los dejamos vivos hasta el último segundo, seguimos dividiéndola en lugar de hacerla correr. Sufrimos al dope, nos complicamos solos. Vale haber ganado, vale que seguimos primeros, vale que vamos a Brasil con la tranquilidad que da una secuencia de resultados positivos pero no fue una buena expresión de Boca. Se lo extrañó a Somoza. Leo ha llegado a un punto de confiabilidad, a un grado de inserción en los automatismos conjuntos que Pichi Erbes, por el momento, no nos da. La estructura se resiente. Vaya a saberse si Falcioni no lo elige al Burro Rivero en lugar de Pichi para el miércoles, como probó en la práctica del viernes.
Somos los únicos que podríamos llegar a ganar Libertadores, Clausura y Copa Argentina. ¿Por qué no? Si miramos para afuera, no es mucho lo que se ve. Así que está primeramente en nosotros lo que pueda llegar a pasar. No nos borremos de ninguna carrera. ¡Vamos, Boca, carajo!

lunes, 2 de abril de 2012

CUANDO LA PLATA HACE LA FELICIDAD

Satisface plenamente ver a Boca manejar con tamaña autoridad y resolver con tal sencillez un partido que se presumía difícil. Porque ahora podrá decirse que Estudiantes nunca supo qué hacer con la pelota, iba y rebotaba, tiraba centros indoloros pero lo cierto es que estaba primero, invicto y que es reconocido de mucho tiempo a esta parte como uno de los mejores. Y fuimos a la guarida de ellos, allá, en La Plata. Y los matamos.
No hubo fisuras, el equipo fue compacto, parejo, hizo lo que debía cuando defendía y cuando atacaba. Pero hubo una columna vertebral en la que se apoyó todo. Orión, sin fallas. Schiavi-Insaurralde, complementándose a la perfección. Somoza, un pulpo, yendo a apretar o en retroceso. Pochi, muy claro para ver la cancha y muy certero para descargar. Y el Tanque, que juega, hace jugar y ahora sí, metió uno, se sacó la mufa.
Sin olvidar que Pablito Ledesma otra vez dejó surcos con su recorrido por la derecha y otra vez apareció en el área no por rutina sino para lastimar. Metió una y Andujar le había sacado otra. Y Cvita, además de haber estado cerca del gol, se entendió muy bien con el Tanque, defendió muy bien la bola. Y el otro Pablito, Mouche, cuando entró fue para liquidar. Primer definió mal una y a continuación le bajó la cortina al partido. Y el Gordo Sánchez Miño, por si le faltara algo para estar muy cerca de ser completo, metió un lateral en el medio del área, previo al primer gol, con una fuerza de brazos poco común.
Fundamental haber facturado en la primera que tuvimos. Sánchez Miño la puso en el corazón de la defensa pincha, Cvita la protegió de espaldas y el Tanque metió una media vuelta impecable, sin hesitar, apretando la bocha contra el piso y mandándola a la ratonera. ¡Con qué ganas lo gritó, saltando los carteles! Se ganó la amarilla pero quién podría reprochárselo. Si lo necesitábamos todos.
En el segmento que fue del primer al segundo gol, partido incierto. Estudiantes tenía posesión y algunas insinuaciones inquietantes. Como ese revés de Mariano González por encima del travesaño y esa otra que Gastón Fernández quiso meter por arribita de Orión y que Agustín sacó con mano cambiada, estirándose todo lo posible. Nosotros habíamos tenido aquella primera de Ledesma, que tapó el arquero, después de una muy buena acción de Pochi por derecha, hasta el fondo de la cancha ida y vuelta con dos enganches.
Apenas había transcurrido la mitad del primer tiempo cuando llegó el segundo, que dejó el partido definitivamente encaminado. Muy buen robo de Somoza frente a Verón, muy buena apertura de Pochi a la derecha y después, todo de Pablo, que apareció como un tren y se la cruzó bien ajustada a Andujar. Dice Pablo que un técnico que tuvo en Italia le insistía en que tenía que llegar por afuera. Démosle las gracias a ese técnico, Pablo está marcando diferencia en todos los partidos con su sentido de oportunidad y su decisión para mandarse hasta el área.
Para entonces Boca tenía muy claro qué sector de la cancha le convenía: la derecha, la izquierda de ellos. Allí donde Iberbia no sabía bien dónde pararse porque el gallinita de Enzo Pérez, ése que una vez le gritó un gol a La 12 en la cancha de Quilmes y nadie lo procesó por incitación a la violencia, quería atacar pero no no resolvía nada y dejaba expuesto a su compañero.
Si bien se mira, Estudiantes no volvió a llegar claro jamás. En tres cuartas partes de partido, ninguna. Empezó el segundo tiempo y era como que la tenían siempre ellos pero así, que se la quedaran para siempre. Porque en el área, nada. Y Boca estaba esperando, tranquilo, reposado, sabedor de que alguna iba a aparecer.
Es interesante meterlo a Mouche en el último tramo de un partido porque Pablo entra fresquito con sus ansias irrefrenables de comerse la cancha y si el rival ya está medio groggy, como estaba Estudiantes, puede haber réditos. La primera diagonal de Pablo (gran bocha de Somoza) terminó con una masita. La segunda, poco después, fue el tercer gol, sentencia inapelable, partido finalizado. Bien colocadita contra un palo. Clave la gestión previa del Tanque, parecida a la previa del gol de Sánchez Miño contra Arsenal porque controló la bola, la defendió, acomodó el cuerpo, pensó primero en la definición propia pero por el camino se dio cuenta de que había una alternativa mejor y allí fue puesta la asistencia, cuando los defensores salían.
Fue una producción redonda, de esas que ilusionan. Estamos arriba de todos en el Clausura, casi clasificados en la Libertadores y con un plantel que está respondiendo a pleno. No estuvo Clemente, no estuvo Román, el Burro suspendido, se guardó en el banco a Roncaglia y los recambios volvieron a cantar presente. Dio gusto, Boca.