Los partidos como éste tienen un valor agregado. No es fácil aguantar con diez y después con nueve. Y se aguantó. Se aguantó casi sin sobresaltos para Orión. Estuvo esa del segundo tiempo, que lo tuvieron Leandro González y Fuertes y que la salvaron entre Orión y el Apu Sosa. Nada más. Es cierto que la tibieza de Colón nos ayudó. Nunca supieron qué hacer con la ventaja numérica.
De las expulsiones no se puede decir nada. El Chaco Insaurralde fue muy arriba. Es una acción de juego, puede pasar. Se zarpó, lo echaron, a otra cosa. Ni llorar por la decisión de Belligoy ni reclamarle al Chaco, que de nuevo estaba jugando muy bien y tuvo un exceso propio del fragor.
En cuanto a Clemente, su expulsión es idéntica a la que se había ganado contra Lanús, poco más de un mes atrás. Cuando lo de Lanús, desde este sitio se lo excusó pero dos veces seguidas la misma película es demasiado. Es necesario que no sea tan pavo. Nos dejó con nueve, muy comprometidos, muy condicionados. No se le puede perdonar.
Por otra parte, la inmadurez de Clemente (inaceptable en un tipo que pasó los treinta años y tiene cientos de partidos encima) contrasta con la madurez del equipo, que se adaptó a la situación con diez y con nueve y sostuvo el resultado que hacía falta. De Belligoy sólo puede mencionarse que estaba visto que no nos iba a dejar pasar ninguna. A Pablito Ledesma lo amonestó de entrada por una boludez.
Costó imponer superioridad pero poco a poco, durante el primer tiempo, Boca fue llevando el partido a los carriles que le convenían. Al principio no corría bien la pelota pero después empezó a caminar mejor. En particular cuando por la izquierda se juntaban Román, Erviti y Clemente. Hubo algunos alertas amarillos a espaldas de Clemente (en la primera apareció solo Graciani en el área y poco después el Chaco Insaurralde tuvo que cruzarlo con todo) pero el juego se estaba resolviendo. Con el gol del Tanque, todo daba para suponer que el partido se le abría a Boca. Lástima que muy pronto haya llegado la expulsión del Chaco.
El gol fue un contraataque de manual, magistralmente conducido por Erviti. Salida masiva y muy buena circulación de la pelota, con celeridad y precisión. Perfectas participaciones de Ledesma y Cvitanich, imponente definición del Tanque. Poco antes, Cvita le había puesto un centro en la cabeza y el Tanque, de frente a Pozo, le erró al arco. En ese instante, a este gil que escribe le pasó por la cabeza: “éste está empezando a cansarme”. Pero esa tijera formidable, clavando la pelota lejos del arquero, limpió todo y renovó el crédito del Tanque.
Algunas veces Martín ha marcado goles parecidos, como uno contra Banfield (¿de qué manera no hizo goles Martín?) pero más bien esa pirueta dibujada en el aire para impactar la pelota plenamente, llenándose el pie con ella, me trajo a la memoria al Tula Curioni, aquel cordobés de comienzos de los setenta al que nos cansamos de putear hasta que empezó a cerrarnos la boca con goles, el primer compadre del Cabezón Potente.
Debe ser muy importante, para el Tanque, su primer gol en La Bombonera. Hizo un festejito medio cinematográfico y le costó una amarilla pero está bien, ojalá se le abra el arco definitivamente, ¡lo bien que nos vendría!
En el segundo tiempo ellos tenían once y nosotros diez pero mandamos siempre nosotros. Colón ni se acercaba a Orión. La pelota la teníamos bien lejos. No fue, seguramente, de los partidos más memorables de Román pero igual, lo suyo fue valioso. Cuando hace falta esconder la pelota, dormir el partido, nadie como él.
Aunque si tenemos que destacar individualidades, hay que comenzar por Erviti. Gran partido de Walter. Aunó juego con despliegue, algo que no es tan fácil de lograr y que a él, en particular, más de una vez lo ha deslucido. Le ha pasado con cierta frecuencia que cuando se acelera, se nubla. Esta vez se corrió todo pero además, trató muy bien a la bocha. Descargó con precisión y con sentido de profundidad. Y en el último tramo, ya con nueve, cuando hubo que arremangarse, metió como el que más. Ha tenido otros buenos partidos pero creo que fue el mejor suyo desde que está con nosotros.
También fue muy valioso lo de Orión, que de entrada salió muy bien, muy rápido para neutralizar aquella aparición sorpresiva de Graciani. Que más tarde, a puro reflejo, alcanzó a meterle el manotazo a ese tiro imprevisto y mortal de Prediger, desde afuera. Y que en el segundo tapó la única difícil, la ya referida entre González y Fuertes. No muchas intervenciones pero tres fundamentales, lo que se necesita de un arquero de equipo grande. Además, estuvo muy vivo para ganar tiempo cuando hizo falta. Atajaba e iba al suelo. Hasta que no se levanta, el árbitro no puede decirle nada, así se hace. Así se consumían valiosos segundos que necesitábamos.
Otra vez los miramos a todos desde arriba. Del pelotón de atrás, el que más inquieta, sin dudas, es Vélez. Aunque ellos tienen el mismo problema que nosotros, Clausura y Copa. A Newell’s se le cayeron dos puntos que a un candidato no tienen que caérsele. Tiene muchos pibes y se supone que la definición del torneo les tiene que pesar aunque no hay que perderlos de vista. Una semana más y seguimos adelante. Clausura, Libertadores y Copa Argentina. Únicos, como siempre.
A propósito, Passarella dice que somos la mitad menos uno. Se equivoca, somos la mitad menos dos. Éramos la mitad más uno con Passarella, Almeyda y Costa Febre pero desde que desertaron, quedamos reducidos.
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