Partido duro en el más exacto sentido de la expresión. Duro porque la pelota anduvo siempre a los tropezones, duro porque se la dividió permanentemente, duro porque no hubo asociaciones, duro porque se forcejeó y no se pensó. Duro. Duro de ver, también. Duro como el alma de un frontón, escribió el magistral Chico Novarro.
Que antes de los dos minutos estemos 0-1 (nos viene sucediendo con demasiada frecuencia esto de arrancar abajo desde temprano) y terminemos ganando, de por sí encierra un valor.
En el gol, el que lo perdió a Hernández fue Pichi Erbes pero hubo, por empezar, mérito del rival. Apareció un petiso en el primer palo y sorprendió, no se lo esperaba. Punto y aparte. Fue una jugada. Aislada, de acuerdo con lo que se vio después. Porque en el resto de los noventa minutos, el Argentinos de los amantísimos Astrada y Díaz sólo volvió a asustarnos con esa pelota parada que Balsas cabeceó solo delante del arco. Menos mal que lo erró. Lo perdió el Chaco Insaurralde. Después, nada. Argentinos no llegó jamás, no supo administrar el obsequio de empezar ganando, se derritió.
¿Y Boca? Ganamos por dos pelotas paradas de Román y poco más. Obsérvese que los tres goles fueron de pelota parada y el que se perdió Balsas fue de pelota parada. Mal síntoma cuando casi lo único digno de mención de un partido son las pelotas paradas. Índice de que no hay juego, no hay circulación, no hay sociedades.
También es de elogiar que Boca no se haya vuelto loco después del gol de ellos. Signo de madurez. Claro que transcurrió media hora y no pasábamos del área, no acelerábamos, no cambiábamos ritmo. Una cosa es mantenerse sereno en la adversidad y otra cosa es observar taciturnos cómo nos pasan los acontecimientos por al lado. Se estaba en ese límite difuso y era preocupante. La rebeldía apareció en los últimos diez minutos del primer tiempo. En ese breve segmento Boca demostró palmariamente que era el mejor.
En ese fugaz período tuvimos la que le sacó el arquero a Silva, la de Erviti al lado del palo, la de Roncaglia en el travesaño y la posterior volea de Silva arriba y finalmente, el gol de Insaurralde. La de Erviti fue la primera maniobra de ataque bien elaborada en forma colectiva. Gran apertura de Román, a lo Román, para Cvita; Cvita que frena y mira, toque atrás y Erviti con toda la comodidad para definir. Se le fue al lado del palo y no tenía que írsele al lado del palo. Era gol. Sigue confuso, Walter, no clarifica, compromete la bola, se enreda.
En ese gol, por córner de Román, había que ir, fuimos y ganamos pero ellos miraron mucho. Falla defensiva. Le permitieron cabecear al Tanque sin problemas y después del rechazo del arquero, el Chaco se encontró con todo el arco para él. Fundamental haber empatado antes de la finalización del primer tiempo. Eso varía toda la ambientación de los dos vestuarios para el intervalo.
El comienzo del segundo fue todo de Boca, como cabía presumirlo, porque a Argentinos el empate le alcanzaba pero empujamos más de lo que jugamos. No había circuitos de generación, íbamos y chocábamos. Hasta que abrió el partido ese otro tiro libre de Román. Con el guante del pie derecho, se la puso en la cabeza a Cvita y si no era de Cvita, era de Insaurralde, que llegaba por detrás. Off side de Cvita, suerte que el amigo Fernández, el segundo asistente, no lo haya visto.
Buen partido de Cvita. Recibió poco juego como la gente pero le sacó agua a las piedras. Insinuó siempre, fue a todas y bien, resolvió con criterio. Después, cuando entró Mouche, volvió a apreciarse lo interesante que puede resultar que Pablo entre enchufado a 220 en el último tramo del juego. Le sirvió una a Pablito Ledesma, que levantó el zurdazo (si la dejaba pasar llegaba Román) y otra al Tanque que no se puede entender cómo no fue gol. Acertó el arquero pero la definición del Tanque no fue la mejor, era gol, no tiene que haber arquero que pueda sacarla.
Ellos estaban con diez y no tenían mayor idea de qué hacer pero igual, no cerramos el partido, los dejamos vivos hasta el último segundo, seguimos dividiéndola en lugar de hacerla correr. Sufrimos al dope, nos complicamos solos. Vale haber ganado, vale que seguimos primeros, vale que vamos a Brasil con la tranquilidad que da una secuencia de resultados positivos pero no fue una buena expresión de Boca. Se lo extrañó a Somoza. Leo ha llegado a un punto de confiabilidad, a un grado de inserción en los automatismos conjuntos que Pichi Erbes, por el momento, no nos da. La estructura se resiente. Vaya a saberse si Falcioni no lo elige al Burro Rivero en lugar de Pichi para el miércoles, como probó en la práctica del viernes.
Somos los únicos que podríamos llegar a ganar Libertadores, Clausura y Copa Argentina. ¿Por qué no? Si miramos para afuera, no es mucho lo que se ve. Así que está primeramente en nosotros lo que pueda llegar a pasar. No nos borremos de ninguna carrera. ¡Vamos, Boca, carajo!
domingo, 8 de abril de 2012
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