Es bueno que ganemos hasta cuando no jugamos bien. No es bueno que, últimamente, venga ocurriendo demasiado seguido que no jugamos bien. En Brasil se jugó decididamente mal y pasamos. Con Central se jugó no mucho mejor y también pasamos. Aunque la verdad es que, en San Juan, tendríamos que haber ganado en los noventa, sin ir a los penales.
En una noche normal de Viatri, se definía con contundencia. Pero Lucas tuvo cuatro y no acertó ninguna. Tampoco Pablo Mouche desequilibró en el mano a mano como otras veces y esa última jugada del partido, el tiro que dio en el palo, fue como para morirse ahí mismo. La había cruzado bien, lo dejó al arquero sin asunto pero bueno, pegó en el palo.
Iban ya más de veinte minutos de partido cuando se produjo el primer tiro al arco. Fue de Pablo, precisamente. Hasta entonces, nada de nada. Ni de nosotros ni de ellos, que pusieron mayoría de titulares. Los dos “trataban de ser prolijos, jugaban en forma horizontal”, según el comentarista de la tele (siguen mandando a un tipo de Rosario a comentar partidos de equipos de Rosario y a este gil que escribe, en lo personal, ese tipo lo pone nervioso). Pero si en algún momento no se es vertical, bien podría jugarse sin arcos, lo cual resultaría, con seguridad, muy aburrido.
Pochi por la derecha no fue conductor. No distribuyó bien, no se hizo eje. Lucas levemente tirado atrás, tampoco. Ni el Apu Sosa ni el Gordo Sánchez Miño ni tampoco Facu Roncaglia rompían por los costados pero mal podía pretenderse eso si no se les fabricaban los espacios imprescindibles.
Apenas podría decirse a favor que, en la primera media hora, tuvimos la pelota más que ellos. Central ni se nos había acercado al área. Menos mal porque, cuando insinuó alguna aproximación, asomaron algunos problemas. En el gol, Caruzzo perdió con Toledo, se dejó anticipar, no saltó o si saltó, quedó abajo.
El segundo tiempo no trajo buenas noticias. Más dominio territorial, alguna oportunidad perdida por Lucas pero seguíamos sin jugar. Y para colmo, llegó ese penal que de bruto cometió el Chaco Insaurralde. Ojo, con Godoy Cruz había hecho uno y no se lo cobraron. Va a tener que tener más cuidado en el área. Menos mal que el uruguayo Sosa se lo sacó a Toledo porque ahí, si era gol, se nos terminaba la Copa Argentina, no había retorno.
Lo que le dio un sacudón al partido, ya pasados los veinte minutos, fue el ingreso del Jopito Álvarez (convenientemente pelado a modo de bautismo por sus compañeros). El pibe de Trenque Lauquen entró y se movió, se mostró, la pidió, se buscó con sus compañeros, tocó y fue a la devolución. Lo que se necesitaba, que no era demasiado. Con él y con el definitivo estacionamiento de Mouche bien abierto por la izquierda, Boca empezó a generarle a Central las complicaciones que hasta entonces no le había generado.
Allí nació la jugada del gol, en la izquierda. Nobleza obliga, este gil que escribe le estaba reclamando casi con desesperación a Falcioni (desde su casa, frente al televisor) que lo sacara a Blandi. “Estamos jugando con diez”, pensaba. Pero en fin, Nico llegó y dijo presente para empujar esa pelota y empatar.
Así es Nico, participa muy poco, hay largos pasajes en que uno no sabe en qué lugar de la cancha está, si es que no se fue. Pero en la relación porcentual intervenciones-goles, debe estar entre los mejores del mundo.
Cuando empezaron los penales y a Pablo le atajaron el primero, era como para desesperanzarse. La mejor carta de gol que tenemos fracasaba en el penal inaugural… Menos mal que Castillejos tiró el suyo contra el travesaño. Peor para ellos que para nosotros. Si no los salvaba Castillejos, ¿quién?, habrán pensado. Los demás nuestros, todos bien pateados. El de Nico Blandi, bien apretadito contra un palo. Caruzzo, firme. El de Leo Paredes, con gran seguridad (no era poca la responsabilidad para el pibe que aún no ha cumplido los 18, con muy pocos minutos en cancha). Igual, daba un poco de neurastenia ver que el Uru se tiraba siempre a su derecha y se la ponían del otro lado. Hasta que llegó Zarif y la tiró a las nubes. Al Chaco, en esa última, era para tenerle confianza absoluta. No iba a fallar. No falló.
Se vienen dos semifinales entre un equipo de Primera y otro del ascenso. Es decir que se cumplirá en esta instancia, por partida doble, uno de los objetivos fundacionales de esta Copa Argentina: que los esforzados clubes de las categorías promocionales se codeen con los grandes. Toca Merlo y parece que van a jugar los titulares. Sería bueno que por primera vez en esta competencia ganemos un partido con alguna tranquilidad. Los penales tienen su encanto pero en algún momento, a la larga o a la corta, se dan en contra…
jueves, 31 de mayo de 2012
lunes, 28 de mayo de 2012
LA VIDA ES BELLA
Bello espectáculo, Román con todas las luces prendidas y poniendo pelotas para los tres goles de un triunfo pleno, casi sin sobresaltos, finalmente fácil. Godoy Cruz al principio pareció que podía pelear por la pelota pero de desinfló enseguida.
Es cierto que, apenas después de habernos puesto 1-0, hubo un penal del Chaco a Ceballos que a Pompei se le escapó y que pudo haber abierto otro partido pero por lo que estaba jugando Boca, en particular Román y por lo que ofrecían los mendocinos atrás, el camino a la victoria estaba despejado.
Ellos regalaron espacios pero lo importante es que se los supo aprovechar. Porque Román tuvo compañía. Principalmente, de Pablito Mouche, que jugó un primer tiempo arrasador. No lo podían parar y además, elegía bien, no se apuraba, miraba antes de decidir. No lo podían parar.
Estaba todo definido al finalizar el primer tiempo pero la diferencia podría haber sido mucho más amplia, porque se llegó a fondo en abundancia. Muy positivos los trabajos del Burro Rivero y de Walter Erviti en el ida y vuelta. Walter a veces se aceleró pero estuvo siempre donde se lo esperaba.
En cuanto al Burro, se ve que va recobrando la confianza y se parece al del año pasado. Lástima que lo sacaron de la cancha con un patadón salvaje. Era roja directa para Villar y resulta que Pompei ni lo amonestó.
En el segundo tiempo descansamos. Si no, era goleada. Pero está bien. Se viene con mucho rodaje acumulado y hay que seguir. Estaba como para pararse a mirar, manejarlo con piloto automático y, llegado el caso, definir de contraataque.
Fue una muy buena noticia el regreso de Somoza. Leo le da otra seguridad al medio juego, se ubica bien, corre pero lo necesario, elige bien cuando salir y cuando no. Con su presencia, todo el equipo se acomoda mejor, es más compacto, parece moverse más en bloque.
Después, otro que hizo un partido completo fue el Chaco Insaurralde. Encima, metió el gol de apertura. Anda bárbaro, mete a morir y gana hasta muchas que pareciera no pueden ganarse. Él va y se la queda. Y el Flaco Schiavi lo complementó muy bien, fueron una zaga central impecable. Ya se ha dicho muchas veces todo lo que el Flaco les transmite a sus compañeros y nos trasmite a todos.
Misil de Román para el Chaco en el primer gol. Mismos protagonistas del gol de hace pocos días en Chile pero ahora, por arriba. Con el guante, Román se la puso en la cabeza al Chaco. Por ubicación, en los palcos de prensa, este gil que escribe le vio venir en el aire, haciendo la combita, y gritó antes de que el Chaco la impactara. Una delicia. ¡Y Cómo saltó el Chaco! Les sacó una cabeza a todos, incluso al arquero con manos y todo.
El segundo fue también una pinturita. En primer término, porque se salió rápido de contra. En segundo término, porque después de que saliera por el lateral, Pablito jugó rápido con Clemente y sacó un tiempo de ventaja. En tercer término, claro, por lo que hizo Román cuando recibió el centro largo de Pablo. Pudo haber sido gol de él pero no, le hizo un moñito más, lo dejó en bolas al arquero y se la sirvió a Cvita.
El último, ya en el segundo tiempo y con ellos entregados, no dejó de ser lindo. La cambió bien Pochi de derecha a izquierda. Y el pase de Román, bueno, fue un pase de Román. Dicen que Pablo estaba off side (no volví a verlo por tele), bueno, igual valió, perfecto el zurdazo cruzado de Pablo.
Siga el baile, siga el baile. Primeros solos, quedaron más lejos Newell's, Tigre y All Boys. No vendría mal que Arsenal deje algo esta noche en La Plata, para estar más seguros. Ahora viene la Copa Argentina. Boca no para. Queremos todo.
Es cierto que, apenas después de habernos puesto 1-0, hubo un penal del Chaco a Ceballos que a Pompei se le escapó y que pudo haber abierto otro partido pero por lo que estaba jugando Boca, en particular Román y por lo que ofrecían los mendocinos atrás, el camino a la victoria estaba despejado.
Ellos regalaron espacios pero lo importante es que se los supo aprovechar. Porque Román tuvo compañía. Principalmente, de Pablito Mouche, que jugó un primer tiempo arrasador. No lo podían parar y además, elegía bien, no se apuraba, miraba antes de decidir. No lo podían parar.
Estaba todo definido al finalizar el primer tiempo pero la diferencia podría haber sido mucho más amplia, porque se llegó a fondo en abundancia. Muy positivos los trabajos del Burro Rivero y de Walter Erviti en el ida y vuelta. Walter a veces se aceleró pero estuvo siempre donde se lo esperaba.
En cuanto al Burro, se ve que va recobrando la confianza y se parece al del año pasado. Lástima que lo sacaron de la cancha con un patadón salvaje. Era roja directa para Villar y resulta que Pompei ni lo amonestó.
En el segundo tiempo descansamos. Si no, era goleada. Pero está bien. Se viene con mucho rodaje acumulado y hay que seguir. Estaba como para pararse a mirar, manejarlo con piloto automático y, llegado el caso, definir de contraataque.
Fue una muy buena noticia el regreso de Somoza. Leo le da otra seguridad al medio juego, se ubica bien, corre pero lo necesario, elige bien cuando salir y cuando no. Con su presencia, todo el equipo se acomoda mejor, es más compacto, parece moverse más en bloque.
Después, otro que hizo un partido completo fue el Chaco Insaurralde. Encima, metió el gol de apertura. Anda bárbaro, mete a morir y gana hasta muchas que pareciera no pueden ganarse. Él va y se la queda. Y el Flaco Schiavi lo complementó muy bien, fueron una zaga central impecable. Ya se ha dicho muchas veces todo lo que el Flaco les transmite a sus compañeros y nos trasmite a todos.
Misil de Román para el Chaco en el primer gol. Mismos protagonistas del gol de hace pocos días en Chile pero ahora, por arriba. Con el guante, Román se la puso en la cabeza al Chaco. Por ubicación, en los palcos de prensa, este gil que escribe le vio venir en el aire, haciendo la combita, y gritó antes de que el Chaco la impactara. Una delicia. ¡Y Cómo saltó el Chaco! Les sacó una cabeza a todos, incluso al arquero con manos y todo.
El segundo fue también una pinturita. En primer término, porque se salió rápido de contra. En segundo término, porque después de que saliera por el lateral, Pablito jugó rápido con Clemente y sacó un tiempo de ventaja. En tercer término, claro, por lo que hizo Román cuando recibió el centro largo de Pablo. Pudo haber sido gol de él pero no, le hizo un moñito más, lo dejó en bolas al arquero y se la sirvió a Cvita.
El último, ya en el segundo tiempo y con ellos entregados, no dejó de ser lindo. La cambió bien Pochi de derecha a izquierda. Y el pase de Román, bueno, fue un pase de Román. Dicen que Pablo estaba off side (no volví a verlo por tele), bueno, igual valió, perfecto el zurdazo cruzado de Pablo.
Siga el baile, siga el baile. Primeros solos, quedaron más lejos Newell's, Tigre y All Boys. No vendría mal que Arsenal deje algo esta noche en La Plata, para estar más seguros. Ahora viene la Copa Argentina. Boca no para. Queremos todo.
jueves, 24 de mayo de 2012
CHAU FLUMINENSE
Román, que jugó mal, con su claridad de siempre acertó después en la declaración: “La única jugada en que hicimos tres toques, fue gol”. Y alcanzó, por suerte. Chau Fluminense, estamos en las semifinales, hay que ganarle al que fuere pero ojalá toque Universidad de Chile.
Sí, Boca zafó y se clasificó en un partido en que armó una sola acción de ataque. En el resto de los noventa minutos, nada. Apenas comenzado el partido hubo un tiro de Roncaglia desde fuera del área, mordido y desviado, y el siguiente envío al arco fue ya en el final del primer tiempo, otra vez por Roncaglia, un cabezazo después de una pelota parada.
No es que Fluminense haya hecho gran cosa, porque uno lo escuchaba a Niembro y parecía que ellos, en el primer tiempo, eran aviones. Nada que ver. Sí manejaron el partido. Sí encontraron espacio para mover la pelota entre Pichi Erbes y los centrales. Sí se insinuaron con Bruno por la derecha, porque Clemente no encontraba la medida, Erviti se iba muy para el medio y el Chaco Insaurralde cruzó bien un par de veces pero en otras, no. Pero Fluminense tampoco llegó.
El gol fue una carambola. El tiro de Carletto, después de pegarle en la espalda al Burro Rivero, parecía que se iba al córner pero agarró una combita y se metió al lado de un palo. Una desgracia pero de todas maneras, la barrera no estuvo bien armada. Por otra parte, no fue el único tiro libre frontal que les regalamos a los brasileños, con el peligro latente que ello significa. Fueron tres, síntoma inequívoco de que no dábamos pie con bola.
Encima, el gol llegó muy temprano. Quedaba todo el partido por delante y los brasucas ya habían neutralizado la desventaja del primer partido, se habían sacado un peso de encima y habían crecido en confianza y seguridad.
Ese primer tiempo interminable, en definitiva, lo aguantaron los defensores. El Flaco Schiavi, el Chaco y Roncaglia, principalmente. Porque el medio lo perdimos siempre. No la agarrábamos o si recuperábamos, la perdíamos enseguida.
A Román le pusieron a ese Edinho siempre muy cerca pero no es que Román vaya a asustarse por una marca policíaca. El problema fue que, extraño en él, Román tomó muchas decisiones equivocadas. Tal vez salió a la cancha con la idea fija de que había que quitar ritmo pero hubo jugadas en que estaba cantado que había que salir rápido y él, en cambio, la dormía. Y los delanteros quedaron condenados a forcejear siempre en desventaja.
Pueden intentarse varias explicaciones sobre el porqué de la decisión de Falcioni de dejar afuera a Mouche, el delantero de mejor momento. Quizá pensó que lleva muchos minutos acumulados. O que Cvitanich había andado muy bien y había hecho un gol en la anterior visita a Río. O que era mejor tener dos delanteros capaces de aguantar de espaldas. O que Cvitanich es jugador de él, él lo trajo a Boca. O que a Pablo suele caerle muy bien entrar en el último tramo de partido.
Pueden intentarse varias explicaciones, ninguna de ellas convincente. Uno de los artes de la dirección técnica es aprovechar los momentos de los jugadores, capitalizarlos. Pablo anda demasiado derecho, venía siendo determinante en todos los últimos partidos, mucho más importante que Cvitanich. Tenía que jugar desde el arranque.
Es cierto que cuando entró, ya pasada la mitad del segundo tiempo, no generó mayor desequilibrio pero él yendo por afuera era, en teoría, una de las mejores armas de las que pudiera esgrimir Boca. Y lo dejaron mirando el partido por más de una hora.
De cualquier modo, el partido había cambiado en el segundo tiempo. Se compartió más la tenencia de la pelota, por lo menos. No hubo profundidad pero se ganaron algunas pelotas paradas como para inquietarlos y en una de esas, el Flaco Schiavi casi los emboca, de cabeza. Se le fue al lado de un palo.
Ellos, teniendo menos la bola que en la primera parte, tuvieron alguna clarita. Esa de Thiago Neves por la izquierda que menos mal que la pelota no agarró la comba como él quería, cruzó por delante del arco y se fue. Y la de Rafael Moura que el Flaco Schiavi sacó al corner al lado de un palo, cuando Orión ya no jugaba. Si entraba esa, adiós, faltaba poco y por cómo venía la mano no era de prever que íbamos a hacer el gol que necesitábamos.
Ya estábamos preparándonos para los penales y llegó, a los 45 del segundo, “la única jugada en que hicimos tres toques”. Román no había hecho ninguna pero hizo ésa, hermoso pase de cachetada para la llegada del Burro, limpito, por derecha.
La hizo bien, el Burro. No se apuró, se afirmó y cruzó bien el derechazo. Fue gol, porque después de dar en el palo y antes de que la manoteara Diego Cavallieri la bola estaba adentro. Pero el chileno Ossés y su asistente Francisco Mondria no se habían dado por enterados, así que menos mal que llegó el Tanque Silva para empujarla. Y si no era el Tanque, por allí andaba Pablo.
El Tanque se había despedido con un gol sobre la hora, con Unión Española, antes de desgarrarse, por suerte se recuperó muy rápido y por suerte reapareció para meter otra sobre la hora. Anduvo toda la noche en el catch con ese negro Gum, no había recibido juego, una que se le había presentado en el segundo tiempo la había resuelto mal pero a la hora señalada, facturó. ¡Qué desahogo! Un gol mortal.
Ahora hay que pensar en jugar mejor. Que Román sea Román, que no se dejen espacios entre líneas, que entre Clemente, el Chaco y Erviti encuentren la fórmula de tapar el agujero de la izquierda. Pero estamos en semifinales. La U juega bien pero los chilenos suelen ser menos guerreros que los paraguayos. Mejor ir a definir a Santiago y no a Asunción. Y a Vélez, ojalá lo saque de circulación el Santos esta noche. En Liniers te puede tocar un pito que te incline la cancha. Además, de última, si no salimos campeones nosotros, mejor que salga cualquiera y no esos muertos de hambre que se creen el Real Madrid.
Sí, Boca zafó y se clasificó en un partido en que armó una sola acción de ataque. En el resto de los noventa minutos, nada. Apenas comenzado el partido hubo un tiro de Roncaglia desde fuera del área, mordido y desviado, y el siguiente envío al arco fue ya en el final del primer tiempo, otra vez por Roncaglia, un cabezazo después de una pelota parada.
No es que Fluminense haya hecho gran cosa, porque uno lo escuchaba a Niembro y parecía que ellos, en el primer tiempo, eran aviones. Nada que ver. Sí manejaron el partido. Sí encontraron espacio para mover la pelota entre Pichi Erbes y los centrales. Sí se insinuaron con Bruno por la derecha, porque Clemente no encontraba la medida, Erviti se iba muy para el medio y el Chaco Insaurralde cruzó bien un par de veces pero en otras, no. Pero Fluminense tampoco llegó.
El gol fue una carambola. El tiro de Carletto, después de pegarle en la espalda al Burro Rivero, parecía que se iba al córner pero agarró una combita y se metió al lado de un palo. Una desgracia pero de todas maneras, la barrera no estuvo bien armada. Por otra parte, no fue el único tiro libre frontal que les regalamos a los brasileños, con el peligro latente que ello significa. Fueron tres, síntoma inequívoco de que no dábamos pie con bola.
Encima, el gol llegó muy temprano. Quedaba todo el partido por delante y los brasucas ya habían neutralizado la desventaja del primer partido, se habían sacado un peso de encima y habían crecido en confianza y seguridad.
Ese primer tiempo interminable, en definitiva, lo aguantaron los defensores. El Flaco Schiavi, el Chaco y Roncaglia, principalmente. Porque el medio lo perdimos siempre. No la agarrábamos o si recuperábamos, la perdíamos enseguida.
A Román le pusieron a ese Edinho siempre muy cerca pero no es que Román vaya a asustarse por una marca policíaca. El problema fue que, extraño en él, Román tomó muchas decisiones equivocadas. Tal vez salió a la cancha con la idea fija de que había que quitar ritmo pero hubo jugadas en que estaba cantado que había que salir rápido y él, en cambio, la dormía. Y los delanteros quedaron condenados a forcejear siempre en desventaja.
Pueden intentarse varias explicaciones sobre el porqué de la decisión de Falcioni de dejar afuera a Mouche, el delantero de mejor momento. Quizá pensó que lleva muchos minutos acumulados. O que Cvitanich había andado muy bien y había hecho un gol en la anterior visita a Río. O que era mejor tener dos delanteros capaces de aguantar de espaldas. O que Cvitanich es jugador de él, él lo trajo a Boca. O que a Pablo suele caerle muy bien entrar en el último tramo de partido.
Pueden intentarse varias explicaciones, ninguna de ellas convincente. Uno de los artes de la dirección técnica es aprovechar los momentos de los jugadores, capitalizarlos. Pablo anda demasiado derecho, venía siendo determinante en todos los últimos partidos, mucho más importante que Cvitanich. Tenía que jugar desde el arranque.
Es cierto que cuando entró, ya pasada la mitad del segundo tiempo, no generó mayor desequilibrio pero él yendo por afuera era, en teoría, una de las mejores armas de las que pudiera esgrimir Boca. Y lo dejaron mirando el partido por más de una hora.
De cualquier modo, el partido había cambiado en el segundo tiempo. Se compartió más la tenencia de la pelota, por lo menos. No hubo profundidad pero se ganaron algunas pelotas paradas como para inquietarlos y en una de esas, el Flaco Schiavi casi los emboca, de cabeza. Se le fue al lado de un palo.
Ellos, teniendo menos la bola que en la primera parte, tuvieron alguna clarita. Esa de Thiago Neves por la izquierda que menos mal que la pelota no agarró la comba como él quería, cruzó por delante del arco y se fue. Y la de Rafael Moura que el Flaco Schiavi sacó al corner al lado de un palo, cuando Orión ya no jugaba. Si entraba esa, adiós, faltaba poco y por cómo venía la mano no era de prever que íbamos a hacer el gol que necesitábamos.
Ya estábamos preparándonos para los penales y llegó, a los 45 del segundo, “la única jugada en que hicimos tres toques”. Román no había hecho ninguna pero hizo ésa, hermoso pase de cachetada para la llegada del Burro, limpito, por derecha.
La hizo bien, el Burro. No se apuró, se afirmó y cruzó bien el derechazo. Fue gol, porque después de dar en el palo y antes de que la manoteara Diego Cavallieri la bola estaba adentro. Pero el chileno Ossés y su asistente Francisco Mondria no se habían dado por enterados, así que menos mal que llegó el Tanque Silva para empujarla. Y si no era el Tanque, por allí andaba Pablo.
El Tanque se había despedido con un gol sobre la hora, con Unión Española, antes de desgarrarse, por suerte se recuperó muy rápido y por suerte reapareció para meter otra sobre la hora. Anduvo toda la noche en el catch con ese negro Gum, no había recibido juego, una que se le había presentado en el segundo tiempo la había resuelto mal pero a la hora señalada, facturó. ¡Qué desahogo! Un gol mortal.
Ahora hay que pensar en jugar mejor. Que Román sea Román, que no se dejen espacios entre líneas, que entre Clemente, el Chaco y Erviti encuentren la fórmula de tapar el agujero de la izquierda. Pero estamos en semifinales. La U juega bien pero los chilenos suelen ser menos guerreros que los paraguayos. Mejor ir a definir a Santiago y no a Asunción. Y a Vélez, ojalá lo saque de circulación el Santos esta noche. En Liniers te puede tocar un pito que te incline la cancha. Además, de última, si no salimos campeones nosotros, mejor que salga cualquiera y no esos muertos de hambre que se creen el Real Madrid.
lunes, 21 de mayo de 2012
OLÉ, OLÉ, OLÉ, OLÉÉÉ... LUCÁÁÁS... LUCÁÁÁS...
¿Cómo no acordarse de aquella vuelta de Martín en 2000, contra los que te jedi? Aquel partido era más importante, definitorio, sin margen de error pero el de Martín fue el tercero de un 3-0 y la verdad, los que te jedi, fieles a sí mismos, ya se habían ido de la cancha. Lo dejaron girar y acomodarse como media hora, a Martín, estaban estaqueados.
Esto de Lucas abrió un partido que ya se había ido en sus tres cuartas partes y tenía final incierto pero además, fue un poema. Prodigio de repentización, de recursos, de plástica. Ese taco, ese giro, ese latigazo… Inolvidable. Por otra parte, él lo dijo después del partido, medio en joda, pero es cierto: si giró así y la rodilla izquierda no volvió a romperse, es porque está bien, fuerte. Tenemos un delantero que mete miedo para la recta final del Clausura y para la Copa Argentina, ya que no está en la lista de la Libertadores.
Se le habrán venido encima, le habrán desfilado por la cabeza estos siete meses de lucha y paciencia, de sudor para afuera y lágrimas para adentro, el desconsuelo de aquella maldita lesión en una acción estúpida contra Belgrano, el dolor, la operación, las muletas, la recuperación lenta hasta parecer interminable. Este regreso dorado lo va a acompañar por siempre, a Lucas. Y a nosotros también.
Había quedado expresado en este foro, pocos días atrás, que los suplentes nuestros son mejores que los titulares de ellos. No es cuestión de sacar chapa por una obviedad, Boca es Boca y Racing es Racing pero igual vale decirlo antes. De todos modos, hasta la joya de Luquitas, el partido costó.
En el primer tiempo Boca parecía el más armónico, el más coherente en sus movimientos, el Neri Benavídez siempre estuvo muy bien parado en el medio pero la verdad es que las pocas llegadas fueron de ellos. Ese tiro medio mordido de Caballero, la que Agustín le sacó a Viola, las dos que Caballero bajó en el área chica y que menos mal que llegaron en una el Neri y en otra Caruzzo para reventarla. Nosotros, nada. Se veía que Pablito Mouche por la izquierda los complicaba pero no había final, no había resolución. A Pochi, como conductor, le faltó profundidad, agresividad. El que mejor movió la bola con sentido de ataque fue el Gordo Sánchez Miño, que rinde en el lugar en que lo pongan.
Pagaba 1,80 que para el segundo tiempo salía el pibe Insúa, muy desaforado, condicionado por la amarilla y al filo de la expulsión pero se la jugó Falcioni con Lucas. Había hecho calentar, antes de terminar el primer tiempo, a Leo Paredes y al Jopito Álvarez pero al final sorprendió con Lucas. La movida era interesante: Sánchez Miño de tres, a suturar el agujero que había allí, Pol de derecha a izquierda, Pochi para hacer el carril derecho y casi tres puntas aunque con Lucas tirado muy atrás, como aquella vez con Independiente, en 2011. A Lucas se lo veía lento, como tratando de agarrar confianza.
El desarrollo seguía igual: Boca más prolijito pero sin llegada. Lo bueno era que ellos, después de ese cabezazo de Moreno apenas empezado el segundo, tampoco se arrimaron más. Hasta que Lucas rompió el partido con su obrita de arte y chau, se acabó. Faltaban más de veinte minutos pero… ¿qué iban a hacer ellos?
Quedó muy en evidencia que el técnico de ellos demoró en demasía los cambios. Sólo los hizo, los tres en pocos minutos, cuando quedó 0-1. Si no se funciona, algo hay que hacer pero antes de que sea tarde. El técnico de ellos es un bonito invento del periodismo. Cuando Lanús salió campeón con Cabrero de entrenador, las cámaras y los micrófonos le apuntaban más al carilindo y bien vestido ayudante de campo que al entrenador. Después, cuando heredó la conducción, Lanús no ganó más nada. Bueno, Racing siempre está presto, servido para adquirir buzones y ha vuelto a sucederle.
Terminado el partido, decíamos, con el gol de Viatri, sólo quedaba por esperar que transcurrieran los minutos. Valió la pena porque en la bolsa había otro golazo. Muy buen pase recto de Nico Blandi, muy buena la decisión de no quedarse mirando sino de ir a buscarla de nuevo adentro. Perfecta gestión de Pablo, que desbordó, frenó, cambió de pierna, miró y la sirvió para Nico. Impecable definición de Nico, sin titubeos y con un remate inatacable.
Nico sigue en la misma, participa muy poco del juego, transcurren muchos minutos sin que siquiera se lo vea pero cada dos por tres, aparece y factura. Tiene una relación minutos de competencia-goles difícil de empardar. Y otra muy buena prestación de Pablo, que vive un momento fantástico.
También pasó, antes del final, que Agustín apareció cuando lo llamaron a intervenir, con buenas respuestas por dos remates de Hauche y uno de Viola. El trío posterior estuvo la altura de las circunstancias porque el Chaco Insaurralde, que había empezado mal, se afirmó rápido y terminó en gran nivel, con cruces, quites y anticipos inobjetables. Y lo mismo Mati Caruzzo, sin fallas.
Estamos otra vez arriba. Faltan nada más que cuatro fechas. Se cayó Newell’s y los otros que nos rondan miran más la tabla de promedios que el título. Si no tuviéramos la Copa, el final del Clausura pintaba para galopito. Pero tenemos la Copa. Y la Copa Argentina. Y queremos todo. Somos Boca.
Esto de Lucas abrió un partido que ya se había ido en sus tres cuartas partes y tenía final incierto pero además, fue un poema. Prodigio de repentización, de recursos, de plástica. Ese taco, ese giro, ese latigazo… Inolvidable. Por otra parte, él lo dijo después del partido, medio en joda, pero es cierto: si giró así y la rodilla izquierda no volvió a romperse, es porque está bien, fuerte. Tenemos un delantero que mete miedo para la recta final del Clausura y para la Copa Argentina, ya que no está en la lista de la Libertadores.
Se le habrán venido encima, le habrán desfilado por la cabeza estos siete meses de lucha y paciencia, de sudor para afuera y lágrimas para adentro, el desconsuelo de aquella maldita lesión en una acción estúpida contra Belgrano, el dolor, la operación, las muletas, la recuperación lenta hasta parecer interminable. Este regreso dorado lo va a acompañar por siempre, a Lucas. Y a nosotros también.
Había quedado expresado en este foro, pocos días atrás, que los suplentes nuestros son mejores que los titulares de ellos. No es cuestión de sacar chapa por una obviedad, Boca es Boca y Racing es Racing pero igual vale decirlo antes. De todos modos, hasta la joya de Luquitas, el partido costó.
En el primer tiempo Boca parecía el más armónico, el más coherente en sus movimientos, el Neri Benavídez siempre estuvo muy bien parado en el medio pero la verdad es que las pocas llegadas fueron de ellos. Ese tiro medio mordido de Caballero, la que Agustín le sacó a Viola, las dos que Caballero bajó en el área chica y que menos mal que llegaron en una el Neri y en otra Caruzzo para reventarla. Nosotros, nada. Se veía que Pablito Mouche por la izquierda los complicaba pero no había final, no había resolución. A Pochi, como conductor, le faltó profundidad, agresividad. El que mejor movió la bola con sentido de ataque fue el Gordo Sánchez Miño, que rinde en el lugar en que lo pongan.
Pagaba 1,80 que para el segundo tiempo salía el pibe Insúa, muy desaforado, condicionado por la amarilla y al filo de la expulsión pero se la jugó Falcioni con Lucas. Había hecho calentar, antes de terminar el primer tiempo, a Leo Paredes y al Jopito Álvarez pero al final sorprendió con Lucas. La movida era interesante: Sánchez Miño de tres, a suturar el agujero que había allí, Pol de derecha a izquierda, Pochi para hacer el carril derecho y casi tres puntas aunque con Lucas tirado muy atrás, como aquella vez con Independiente, en 2011. A Lucas se lo veía lento, como tratando de agarrar confianza.
El desarrollo seguía igual: Boca más prolijito pero sin llegada. Lo bueno era que ellos, después de ese cabezazo de Moreno apenas empezado el segundo, tampoco se arrimaron más. Hasta que Lucas rompió el partido con su obrita de arte y chau, se acabó. Faltaban más de veinte minutos pero… ¿qué iban a hacer ellos?
Quedó muy en evidencia que el técnico de ellos demoró en demasía los cambios. Sólo los hizo, los tres en pocos minutos, cuando quedó 0-1. Si no se funciona, algo hay que hacer pero antes de que sea tarde. El técnico de ellos es un bonito invento del periodismo. Cuando Lanús salió campeón con Cabrero de entrenador, las cámaras y los micrófonos le apuntaban más al carilindo y bien vestido ayudante de campo que al entrenador. Después, cuando heredó la conducción, Lanús no ganó más nada. Bueno, Racing siempre está presto, servido para adquirir buzones y ha vuelto a sucederle.
Terminado el partido, decíamos, con el gol de Viatri, sólo quedaba por esperar que transcurrieran los minutos. Valió la pena porque en la bolsa había otro golazo. Muy buen pase recto de Nico Blandi, muy buena la decisión de no quedarse mirando sino de ir a buscarla de nuevo adentro. Perfecta gestión de Pablo, que desbordó, frenó, cambió de pierna, miró y la sirvió para Nico. Impecable definición de Nico, sin titubeos y con un remate inatacable.
Nico sigue en la misma, participa muy poco del juego, transcurren muchos minutos sin que siquiera se lo vea pero cada dos por tres, aparece y factura. Tiene una relación minutos de competencia-goles difícil de empardar. Y otra muy buena prestación de Pablo, que vive un momento fantástico.
También pasó, antes del final, que Agustín apareció cuando lo llamaron a intervenir, con buenas respuestas por dos remates de Hauche y uno de Viola. El trío posterior estuvo la altura de las circunstancias porque el Chaco Insaurralde, que había empezado mal, se afirmó rápido y terminó en gran nivel, con cruces, quites y anticipos inobjetables. Y lo mismo Mati Caruzzo, sin fallas.
Estamos otra vez arriba. Faltan nada más que cuatro fechas. Se cayó Newell’s y los otros que nos rondan miran más la tabla de promedios que el título. Si no tuviéramos la Copa, el final del Clausura pintaba para galopito. Pero tenemos la Copa. Y la Copa Argentina. Y queremos todo. Somos Boca.
viernes, 18 de mayo de 2012
FALTÓ UN GOLCITO
En este tipo de definición, cuando se juega el primer partido como local se plantean tres objetivos sucesivos: 1) ganar; 2) mantener el arco en cero; 3) hacer una buena diferencia. Se cumplieron los dos primeros. No está mal, aunque pudo haber estado mejor, sobre todo si consideramos que Fluminense jugó prácticamente una hora con uno menos.
A Boca le están costando los partidos en que tiene la obligación de ir. De locales nos están complicando equipos que juegan abiertos, como la Unión Española, equipos que tienen la pelota pero no atacan, como Vélez y equipos que obligados por las circunstancias meten mucha gente adentro, como Fluminense.
Es bueno no acelerarse, cuidar la pelota, ir con cuidado pero en algún momento hay que cambiar el ritmo. Eso es lo que le faltó a Boca. La sorpresa para desequilibrar a una defensa que esperaba muy poblada.
Por otra parte, el arquero Diego Cavallieri sacó algunas pelotas mortales, en particular las dos del Flaco Schiavi, en el primer tiempo y en el segundo. La primera, no se entiende cómo hizo para verla, con tanta gente en el área. La segunda, movió las manos por instinto y la sacó.
Muy bien jugada la maniobra en contra del off side. El Flaco picó muy bien y se encontró sólo con el arquero para fusilarlo. Lo fusiló. Si uno la vuelve a ver, no puede menos que pensar que el Flaco hasta pudo haber parado la pelota y ponerla contra un rincón pero bueno, venía a la carrera y le dio como venía. Era el 2-0. Más de media clasificación. Pero no fue…
Costó encontrar el ritmo. Se nos fueron veinte minutos del primer tiempo y todavía no se sabía a qué jugaba Boca pero después, el dominio fue pleno, sostenido. Aun cuando ellos tenían once.
En la jugada que le costó la expulsión a Carlinhos fue muy meritorio el rápido saque de Orión en busca de Mouche, que obligó al morochito a cortar con la mano porque era acción de peligro en ciernes y así fue que se ganó su segunda amarilla.
Iban 33 del primer tiempo, teníamos gran parte de la noche por delante, todo servido. No lo aprovechamos cumplidamente. Se diría que era un momento para tranquilizarse pero nos pasamos de tranquilos. Faltó explotar.
Ojo, Carlinhos es un jugador muy importante para ellos y viene muy bien que no vaya a estar la semana que viene en Río. Sus apariciones por la izquierda habían sido el principal problema para Boca en nuestra visita anterior. El que entró en el segundo tiempo, Carletto, parece tener buena técnica pero menos velocidad que el titular.
Movió bien las piezas Falcioni para el segundo tiempo. Con ellos disminuidos, había que meter ataque. Tres puntas, el Burro y Erviti como doble pívot en el medio y los dos laterales bien sueltos. El dibujo estaba muy bien planteado, la ejecución de los intérpretes no fue la mejor y por eso ganamos nada más que uno a cero.
Cuando Pablito Mouche metió el gol esperado iban apenas seis del segundo tiempo. Ya estábamos ganando y se había dado el paso principal. Estaba el chivo en el lazo pero dormimos demasiado, no encontramos la fórmula, en los centros aéreos ganamos pocas veces.
En el gol hubo una notable asistencia de Cvitanich, como si se hubiera disfrazado de Román. Un pase recto símil puñalada. Y la definición de Pablo, perfecta, bien cruzada, sin levantarla. Anda bien pero bien, bien, Pablo. No para de meterla.
En cuanto a Cvita, además de ese pase que fue lo mejor suyo, tuvo un cabezazo de frente al arco en el primer tiempo y se le fue arriba. Sigue participando poco, hace falta que tenga más presencia por más tiempo, contacto más frecuente con la pelota.
Román, esta vez, fue terrenal. En general movió bien la pelota, falló algunos pases en el primer tiempo y no marcó grandes diferencias como siempre lo esperamos de él. Lo bueno es que, físicamente, se lo ve bien. Aguanta los partidos sin problemas, llega al final entero. El de Río es una de esas paradas que le gustan, lo encienden.
Vamos a Río mejor de lo que íbamos a Chile. El cero en el arco propio es una carta brava. Si llegamos a meter uno allá, chau, tenemos que pensar que tres no nos van a hacer. Será clave enfriar en el primer tramo porque seguro que ellos van a salir frenéticos pero si no encuentran el gol rápido, se van a ir aplacando.
A Boca le están costando los partidos en que tiene la obligación de ir. De locales nos están complicando equipos que juegan abiertos, como la Unión Española, equipos que tienen la pelota pero no atacan, como Vélez y equipos que obligados por las circunstancias meten mucha gente adentro, como Fluminense.
Es bueno no acelerarse, cuidar la pelota, ir con cuidado pero en algún momento hay que cambiar el ritmo. Eso es lo que le faltó a Boca. La sorpresa para desequilibrar a una defensa que esperaba muy poblada.
Por otra parte, el arquero Diego Cavallieri sacó algunas pelotas mortales, en particular las dos del Flaco Schiavi, en el primer tiempo y en el segundo. La primera, no se entiende cómo hizo para verla, con tanta gente en el área. La segunda, movió las manos por instinto y la sacó.
Muy bien jugada la maniobra en contra del off side. El Flaco picó muy bien y se encontró sólo con el arquero para fusilarlo. Lo fusiló. Si uno la vuelve a ver, no puede menos que pensar que el Flaco hasta pudo haber parado la pelota y ponerla contra un rincón pero bueno, venía a la carrera y le dio como venía. Era el 2-0. Más de media clasificación. Pero no fue…
Costó encontrar el ritmo. Se nos fueron veinte minutos del primer tiempo y todavía no se sabía a qué jugaba Boca pero después, el dominio fue pleno, sostenido. Aun cuando ellos tenían once.
En la jugada que le costó la expulsión a Carlinhos fue muy meritorio el rápido saque de Orión en busca de Mouche, que obligó al morochito a cortar con la mano porque era acción de peligro en ciernes y así fue que se ganó su segunda amarilla.
Iban 33 del primer tiempo, teníamos gran parte de la noche por delante, todo servido. No lo aprovechamos cumplidamente. Se diría que era un momento para tranquilizarse pero nos pasamos de tranquilos. Faltó explotar.
Ojo, Carlinhos es un jugador muy importante para ellos y viene muy bien que no vaya a estar la semana que viene en Río. Sus apariciones por la izquierda habían sido el principal problema para Boca en nuestra visita anterior. El que entró en el segundo tiempo, Carletto, parece tener buena técnica pero menos velocidad que el titular.
Movió bien las piezas Falcioni para el segundo tiempo. Con ellos disminuidos, había que meter ataque. Tres puntas, el Burro y Erviti como doble pívot en el medio y los dos laterales bien sueltos. El dibujo estaba muy bien planteado, la ejecución de los intérpretes no fue la mejor y por eso ganamos nada más que uno a cero.
Cuando Pablito Mouche metió el gol esperado iban apenas seis del segundo tiempo. Ya estábamos ganando y se había dado el paso principal. Estaba el chivo en el lazo pero dormimos demasiado, no encontramos la fórmula, en los centros aéreos ganamos pocas veces.
En el gol hubo una notable asistencia de Cvitanich, como si se hubiera disfrazado de Román. Un pase recto símil puñalada. Y la definición de Pablo, perfecta, bien cruzada, sin levantarla. Anda bien pero bien, bien, Pablo. No para de meterla.
En cuanto a Cvita, además de ese pase que fue lo mejor suyo, tuvo un cabezazo de frente al arco en el primer tiempo y se le fue arriba. Sigue participando poco, hace falta que tenga más presencia por más tiempo, contacto más frecuente con la pelota.
Román, esta vez, fue terrenal. En general movió bien la pelota, falló algunos pases en el primer tiempo y no marcó grandes diferencias como siempre lo esperamos de él. Lo bueno es que, físicamente, se lo ve bien. Aguanta los partidos sin problemas, llega al final entero. El de Río es una de esas paradas que le gustan, lo encienden.
Vamos a Río mejor de lo que íbamos a Chile. El cero en el arco propio es una carta brava. Si llegamos a meter uno allá, chau, tenemos que pensar que tres no nos van a hacer. Será clave enfriar en el primer tramo porque seguro que ellos van a salir frenéticos pero si no encuentran el gol rápido, se van a ir aplacando.
lunes, 14 de mayo de 2012
LUSTÓ, LUSTÓ, LUSTÓ... LA PUTA QUE TE PARIÓ
El partido fue un bodrio desde el principio pero Loustau nos hirió de muerte cuando lo echó a Roncaglia. De ninguna manera su determinación es aceptable. Facundo fue fuerte pero meterle roja derecho por esa jugada es un exabrupto, una barbaridad, un despojo.
Ya venía mal, Loustau. En los primeros minutos de juego llevaba cobradas seis infracciones en contra de Boca y ninguna a favor. Por lo menos tres de las que había cobrado, directamente no habían sido. Y todas, roces propios del juego de esas que inevitablemente hay para los dos lados pero que si se cobran siempre para el mismo lado, inclinan la cancha de modo inexorable.
Este muchachito Loustau se ve que quedó mal de la cabeza aquella vez que las gallinas y el periodismo (que frecuentemente son la misma mierda) lo crucificaron por no cobrar en un clásico presuntos penales de esos que sólo se ven por televisión, cuando los repiten, si es que se ven. No lo pusieron en Boca durante mucho tiempo y ahora esperemos que no lo pongan por mucho tiempo más. El muchachito está condicionado y nos caga.
Su papá, colocado en un altar por el periodismo, nada tuvo sin embargo de especial como árbitro pero una vez, en Tucumán, tuvo un problema muy, muy, muuuuy grande y doloroso. Algo habrá hecho. Es de esperar que no lo vuelvan a poner al pequeño Loustau en Boca, no vaya a ser que le pase lo mismo que a su papá.
Vélez, que dicen que juega muy bien, No llegó nunca en noventa minutos. Ni once contra once ni once contra diez. Eso sí, en algún momento del primer tiempo movió mejor la bocha, aunque siempre para los costados y para atrás. A Boca le costaba recuperarla y la perdía enseguida.
Se está tornando preocupante lo poco que participa Cvitanich del juego. Ni en Chile, cuando el equipo todo tuvo una buena producción ni con Vélez, en que la cosa, colectivamente, no funcionó. Darío se pierde. En dupla con Mouche, está obligado a ir por adentro y los centrales rivales se lo están comiendo recurrentemente. Si va por afuera, tampoco desequilibra.
Alrededor de la media hora del primer tiempo se empezó a encontrar más la bocha pero poco después lo echaron a Ronaglia y chau, quedamos definitivamente comprometidos. Valioso lo del equipo en inferioridad, valioso que no se lo hayan llevado por delante nunca. Pero ya llegar al gol era casi una quimera.
Falcioni movió bien las fichas: Clemente a la derecha, Sánchez Miño de tres y Mouche a volantear pero ya con Pablo lejos del área, ¿quién iba a llegar? Si Cvita, prácticamente, no jugaba.
Pudo haber sido esa del segundo tiempo, que Pablo cabeceó desviado adelante del arco después de un centro de Caruzzo pero fue como derivación de una pelota parada. Si había que llegar jugando, se veía que no había manera.
Después, cuando entró Franco Sosa, la apuesta volvió a ser buena. Había que devolverlo a Mouche a la posición de delantero porque era el único que, eventualmente, podía romper en los últimos metros. No pasó, como tampoco pasó cuando entró Araujo, ya en el final.
Román se esforzó, aguantó todo el partido y defendió bien la pelota pero no encontró socios para llegar. Alguna vez pudo haber sido Sánchez Miño. Clemente no, porque estuvo muy impreciso, nunca descargó bien.
Sin fallas el Flaco Schiavi, mejor que otras veces Caruzzo y en buen nivel Pichi Erbes, que parece ir agarrando confianza, se paró bien, cortó bien y distribuyó con prolijidad.
Era un partido clave para ganarlo, sacar a Vélez del medio y mantenerse arriba con Newell’s. No se pudo. Con once no jugamos bien y con diez se hizo lo posible, no se perdió. Se vienen semanas que nos van a determinar los humores. A Flu adentro hay que ganarle por dos y sin goles en contra. A Racing vamos con suplentes pero los suplentes nuestros son mejores que los titulares de ellos. A Río hay que llegar con un colchón que dé respaldo y tranquilidad. Buena noticia: Loustau no va a estar en ninguno de los próximos tres partidos.
Ya venía mal, Loustau. En los primeros minutos de juego llevaba cobradas seis infracciones en contra de Boca y ninguna a favor. Por lo menos tres de las que había cobrado, directamente no habían sido. Y todas, roces propios del juego de esas que inevitablemente hay para los dos lados pero que si se cobran siempre para el mismo lado, inclinan la cancha de modo inexorable.
Este muchachito Loustau se ve que quedó mal de la cabeza aquella vez que las gallinas y el periodismo (que frecuentemente son la misma mierda) lo crucificaron por no cobrar en un clásico presuntos penales de esos que sólo se ven por televisión, cuando los repiten, si es que se ven. No lo pusieron en Boca durante mucho tiempo y ahora esperemos que no lo pongan por mucho tiempo más. El muchachito está condicionado y nos caga.
Su papá, colocado en un altar por el periodismo, nada tuvo sin embargo de especial como árbitro pero una vez, en Tucumán, tuvo un problema muy, muy, muuuuy grande y doloroso. Algo habrá hecho. Es de esperar que no lo vuelvan a poner al pequeño Loustau en Boca, no vaya a ser que le pase lo mismo que a su papá.
Vélez, que dicen que juega muy bien, No llegó nunca en noventa minutos. Ni once contra once ni once contra diez. Eso sí, en algún momento del primer tiempo movió mejor la bocha, aunque siempre para los costados y para atrás. A Boca le costaba recuperarla y la perdía enseguida.
Se está tornando preocupante lo poco que participa Cvitanich del juego. Ni en Chile, cuando el equipo todo tuvo una buena producción ni con Vélez, en que la cosa, colectivamente, no funcionó. Darío se pierde. En dupla con Mouche, está obligado a ir por adentro y los centrales rivales se lo están comiendo recurrentemente. Si va por afuera, tampoco desequilibra.
Alrededor de la media hora del primer tiempo se empezó a encontrar más la bocha pero poco después lo echaron a Ronaglia y chau, quedamos definitivamente comprometidos. Valioso lo del equipo en inferioridad, valioso que no se lo hayan llevado por delante nunca. Pero ya llegar al gol era casi una quimera.
Falcioni movió bien las fichas: Clemente a la derecha, Sánchez Miño de tres y Mouche a volantear pero ya con Pablo lejos del área, ¿quién iba a llegar? Si Cvita, prácticamente, no jugaba.
Pudo haber sido esa del segundo tiempo, que Pablo cabeceó desviado adelante del arco después de un centro de Caruzzo pero fue como derivación de una pelota parada. Si había que llegar jugando, se veía que no había manera.
Después, cuando entró Franco Sosa, la apuesta volvió a ser buena. Había que devolverlo a Mouche a la posición de delantero porque era el único que, eventualmente, podía romper en los últimos metros. No pasó, como tampoco pasó cuando entró Araujo, ya en el final.
Román se esforzó, aguantó todo el partido y defendió bien la pelota pero no encontró socios para llegar. Alguna vez pudo haber sido Sánchez Miño. Clemente no, porque estuvo muy impreciso, nunca descargó bien.
Sin fallas el Flaco Schiavi, mejor que otras veces Caruzzo y en buen nivel Pichi Erbes, que parece ir agarrando confianza, se paró bien, cortó bien y distribuyó con prolijidad.
Era un partido clave para ganarlo, sacar a Vélez del medio y mantenerse arriba con Newell’s. No se pudo. Con once no jugamos bien y con diez se hizo lo posible, no se perdió. Se vienen semanas que nos van a determinar los humores. A Flu adentro hay que ganarle por dos y sin goles en contra. A Racing vamos con suplentes pero los suplentes nuestros son mejores que los titulares de ellos. A Río hay que llegar con un colchón que dé respaldo y tranquilidad. Buena noticia: Loustau no va a estar en ninguno de los próximos tres partidos.
jueves, 10 de mayo de 2012
LA VUELTA DEL MEJOR RIQUELME
Dominante, seguro, luminoso, Juan Román Riquelme fue amo y señor del partido que Boca Juniors le ganó en Chile a la Unión Española.
Pocos se hubieran atrevido a augurar que Riquelme iba a volver a remontar hasta el nivel exhibido en Santa Laura, después de los problemas físicos que había venido acumulando en los últimos tiempos.
Riquelme pudo cumplir en el pasado verano su mejor pretemporada de muchos años a esta parte y lleva jugados 16 de los 24 partidos oficiales de Boca en el año, detalles que dan cuenta de que su estado físico es el mejor en mucho tiempo.
Empero, lo más importante es el compromiso con que ha encarado este 2012. La Copa Libertadores, es evidente, constituye para él una motivación especial, lo conecta a pleno, lo potencia. No la jugaba desde 2009 y se ve que la extrañaba, necesitaba reencontrarse con ella, la extrañaba.
Un Riquelme tan cercano a sus mejores momentos no puede menos que marcar diferencias claras no sólo en el fútbol argentino o sudamericano, sino en cualquier competencia de que se trate, en el continente que se quiera.
Es cierto que Unión Española le dio libertades impensadas. Gonzalo Villagra, hombre clave de los chilenos que había sido el que más cerca había estado de Riquelme en La Bombonera, faltó por lesión y su equipo lo sintió. Pero cuando Riquelme está encendido, como en Santa Laura, difícilmente pueda neutralizárselo.
Contó con socios que lo ayudaron, como Pablo Mouche, que sin duda atraviesa por su mejor momento y hubo otros jugadores fundamentales, como el arquero Agustín Orión, con algunas intervenciones de importancia capital pero cuando Riquelme es Riquelme, su protagonismo es excluyente, todo el entorno pasa a segundo plano.
Nadie podría adivinar cómo va a jugar Riquelme en su próximo partido pero lo que sí se sabe es que, si sigue así, va a ser muy difícil bajar a Boca. Aun con las flaquezas defensivas que se le observan (no ha podido disimular la ausencia de Leandro Somoza).
En 2007, la última vez que ganó la Libertadores y sin desmedro de ninguno de sus integrantes, Boca era Riquelme y diez más. Ahora, y sin perder de vista que hace poco le ganó muy bien a Fluminense en Río de Janeiro sin él en la cancha, el escenario está planteado con las mismas condiciones (DYN).
lunes, 7 de mayo de 2012
EMPATE PARA FESTEJAR Y PENSAR
¿Por qué pateó el penal Blandi? No se trata de hablar con la chapa puesta, lo lógico y natural era que lo pateara Mouche, que metió dos contra Olimpo y viene muy derecho. Si el penal era gol, se terminaba el partido. Y los penales tienen que ser gol.
Se debió haber ganado, se estuvo a punto de perder, se empató. Fue un partido que tuvo de todo, vibrante pero Boca tenía todo para ganarlo. En el primer tiempo, a pesar de que la pelota no siempre corría como debe correr, se tuvieron oportunidades como para liquidarlo.
Ese costado de la cancha de Rafaela, del lado de los bancos, donde parece que hubieran corrido las cuadrigas romanas de Ben Hur era un sitio para huirle pero al revés, parecía como que había una fascinación para jugar preferentemente por ahí. En la repetición de movimientos sobre esa zona surge claro que el partido no se pensó bien.
El pibe Paredes tiene que ir ganando minutos, está bien que Falcioni lo haya puesto de entrada, en las prácticas de la semana nos había encantado a todos. Pero bueno, apareció poco. Pochi, jugando en el primer tiempo sobre la derecha, fue más conductor que él. Jugó un buen primer tiempo, Pochi, pero igual, por momentos se aceleró, no eligió bien.
Al final, en el primer gol tuvo que ser Nico Blandi quien metiera una asistencia impecable para la definición de Mouche. La terminó muy bien, Pablo, sin dejarle chance al arquero. Antes, Nico había reventado el travesaño en una pelota que le puso muy bien Pol Fernández. Pol fue otro de los que cumplió, con mucho esfuerzo y recorrido.
Los delanteros, aunque no estuvieron debidamente asistidos con la frecuencia necesaria, respondieron. Pablo fue siempre peligroso, está en un muy buen momento, sigue haciendo goles. Y Nico sigue en su línea de jugador que parece participar poco pero que a cada intervención le saca algún rédito. Lástima el penal. Lo pateó muy mal, sin fuerza suficiente, anunciado, sin convicción.
Se redimió con el gol a los 51 minutos del segundo, una cabriola inolvidable para romper la red y salvar un partido fundamental. Si perdíamos, no sólo que dejábamos la punta. Se iba a complicar todo, se iban a tejer historias, se iba a hablar. El empate heroico en el último corner, más allá de la significación que el punto tiene por sí mismo, es muy valioso para salvaguardar la seguridad, para seguir pisando firme en un momento clave. Y se lo debemos a Nico.
Por otra parte, es de destacar la fiereza de Boca en esos segundos finales, después del penal que metieron ellos y que pareció el fin. El equipo salió a matar. Araujo fabricó un córner a la fuerza y al córner fueron todos, hasta el uruguayo Sosa. Fue Sauro el que ganó de arriba y después, bueno, vino esa pirueta eléctrica de Nico para sacudir la red y para que explotáramos en el último grito.
No fue bueno el segundo tiempo de Boca. Comenzó con el penal desperdiciado y siguió con la cesión de mucho terreno. Cuando Falcioni lo sacó a Paredes, metió al Colo Ruiz y movió medio equipo, el intento resultó irreprochable pero las cosas no mejoraron. Buen partido de Facu Roncaglia, en su reaparición, primero por derecha y después por izquierda. El Gordo Sánchez Miño cumplió de defensor y de volante. Pero Pochi medio que se había oscurecido desde el comienzo del segundo tiempo y cuando pasó a jugar definidamente de enganche no se recuperó.
Les dimos mucho terreno. Neri Benavídez estuvo prolijito, cuidadoso pero se metió muy atrás. Perdimos la pelota muy rápido porque pocas veces salimos limpios desde el fondo. En ese sentido, el mejor fue Roncaglia pero el Colo Ruiz dividió la bocha permanentemente, algo que está haciéndose muy común en él. Los centrales, aceptables pero Sauro lo perdió a Fontanini en el primer gol de Rafaela. Puede pasar pero da bronca que nos emboquen con un córner. A un equipo cuyo principal argumento son las bolas paradas le regalamos demasiadas bolas paradas. A uno de los mejores cabeceadores de ellos lo perdimos en un córner. Da bronca.
Caruzzo se lució con esa que salvó metiendo todo el cuerpo pero sigue reiterando infracciones que no hacen falta. Y el Colo Ruiz no es la primera vez que obsequia un penal por torpeza. No se puede marcar con los brazos tan abiertos en el área, así cualquier jugada puede terminar en penal en cualquier momento. Sosa casi lo saca, el penal pero el remate tenía potencia suficiente para entrar a pesar del manotazo. La potencia que le había faltado al penal de Blandi.
Del paso por Rafaela nos va a quedar en la memoria el golazo infernal de Blandi y el haber empatado a los 51 del segundo tiempo. Va a ser un recuerdo grato. Lástima que dejamos dos puntos en un partido que tuvimos servido.
Se debió haber ganado, se estuvo a punto de perder, se empató. Fue un partido que tuvo de todo, vibrante pero Boca tenía todo para ganarlo. En el primer tiempo, a pesar de que la pelota no siempre corría como debe correr, se tuvieron oportunidades como para liquidarlo.
Ese costado de la cancha de Rafaela, del lado de los bancos, donde parece que hubieran corrido las cuadrigas romanas de Ben Hur era un sitio para huirle pero al revés, parecía como que había una fascinación para jugar preferentemente por ahí. En la repetición de movimientos sobre esa zona surge claro que el partido no se pensó bien.
El pibe Paredes tiene que ir ganando minutos, está bien que Falcioni lo haya puesto de entrada, en las prácticas de la semana nos había encantado a todos. Pero bueno, apareció poco. Pochi, jugando en el primer tiempo sobre la derecha, fue más conductor que él. Jugó un buen primer tiempo, Pochi, pero igual, por momentos se aceleró, no eligió bien.
Al final, en el primer gol tuvo que ser Nico Blandi quien metiera una asistencia impecable para la definición de Mouche. La terminó muy bien, Pablo, sin dejarle chance al arquero. Antes, Nico había reventado el travesaño en una pelota que le puso muy bien Pol Fernández. Pol fue otro de los que cumplió, con mucho esfuerzo y recorrido.
Los delanteros, aunque no estuvieron debidamente asistidos con la frecuencia necesaria, respondieron. Pablo fue siempre peligroso, está en un muy buen momento, sigue haciendo goles. Y Nico sigue en su línea de jugador que parece participar poco pero que a cada intervención le saca algún rédito. Lástima el penal. Lo pateó muy mal, sin fuerza suficiente, anunciado, sin convicción.
Se redimió con el gol a los 51 minutos del segundo, una cabriola inolvidable para romper la red y salvar un partido fundamental. Si perdíamos, no sólo que dejábamos la punta. Se iba a complicar todo, se iban a tejer historias, se iba a hablar. El empate heroico en el último corner, más allá de la significación que el punto tiene por sí mismo, es muy valioso para salvaguardar la seguridad, para seguir pisando firme en un momento clave. Y se lo debemos a Nico.
Por otra parte, es de destacar la fiereza de Boca en esos segundos finales, después del penal que metieron ellos y que pareció el fin. El equipo salió a matar. Araujo fabricó un córner a la fuerza y al córner fueron todos, hasta el uruguayo Sosa. Fue Sauro el que ganó de arriba y después, bueno, vino esa pirueta eléctrica de Nico para sacudir la red y para que explotáramos en el último grito.
No fue bueno el segundo tiempo de Boca. Comenzó con el penal desperdiciado y siguió con la cesión de mucho terreno. Cuando Falcioni lo sacó a Paredes, metió al Colo Ruiz y movió medio equipo, el intento resultó irreprochable pero las cosas no mejoraron. Buen partido de Facu Roncaglia, en su reaparición, primero por derecha y después por izquierda. El Gordo Sánchez Miño cumplió de defensor y de volante. Pero Pochi medio que se había oscurecido desde el comienzo del segundo tiempo y cuando pasó a jugar definidamente de enganche no se recuperó.
Les dimos mucho terreno. Neri Benavídez estuvo prolijito, cuidadoso pero se metió muy atrás. Perdimos la pelota muy rápido porque pocas veces salimos limpios desde el fondo. En ese sentido, el mejor fue Roncaglia pero el Colo Ruiz dividió la bocha permanentemente, algo que está haciéndose muy común en él. Los centrales, aceptables pero Sauro lo perdió a Fontanini en el primer gol de Rafaela. Puede pasar pero da bronca que nos emboquen con un córner. A un equipo cuyo principal argumento son las bolas paradas le regalamos demasiadas bolas paradas. A uno de los mejores cabeceadores de ellos lo perdimos en un córner. Da bronca.
Caruzzo se lució con esa que salvó metiendo todo el cuerpo pero sigue reiterando infracciones que no hacen falta. Y el Colo Ruiz no es la primera vez que obsequia un penal por torpeza. No se puede marcar con los brazos tan abiertos en el área, así cualquier jugada puede terminar en penal en cualquier momento. Sosa casi lo saca, el penal pero el remate tenía potencia suficiente para entrar a pesar del manotazo. La potencia que le había faltado al penal de Blandi.
Del paso por Rafaela nos va a quedar en la memoria el golazo infernal de Blandi y el haber empatado a los 51 del segundo tiempo. Va a ser un recuerdo grato. Lástima que dejamos dos puntos en un partido que tuvimos servido.
jueves, 3 de mayo de 2012
UN CHICO ADENTRO
Lo primero que uno siente en estos casos es que ganar de local por un solo gol y habiendo recibido uno es muy peligroso. Sin embargo, Bianchi nos enseñó que primero hay que ganar, que ese es el paso fundamental. Hay que enfocarse en que con el empate, en Chile, alcanza.
Lo que sí preocupa es que, a pesar de haber ganado, no se marcó diferencia en el juego. Antes bien, en el primer tiempo salió un toma y daca en que fueron ellos los que tuvieron más oportunidades aunque no las hayan aprovechado. Y en el segundo, aunque antes del gol del empate parcial no habían llegado nunca y después, tampoco, lo cierto es que tuvieron la pelota por demasiado tiempo y no porque Boca se haya propuesto dejárselas.
Se lo sigue sintiendo mucho a Somoza. Sin él en el medio, el equipo se ha hecho muy vulnerable, por momentos le cuesta recuperar y cuando lo atacan, los centrales suelen quedar muy desprotegidos. Pichi Erbes es un buen jugador pero no tiene el oficio táctico de Leo.
Ahora también lo vamos a sentir a Pablito Ledesma. Menos mal que no se rompió los ligamentos, como creímos todos pero igual, tiene para un mes afuera y se había convertido en un hombre clave. Anoche, sin ir más lejos, fue de lo mejor en ese primer tiempo. El que marcó presencia por afuera, el que sorprendió con alguna diagonal, la alternativa de tenencia para Román (más él que Erviti).
El Burro Rivero, de por sí, es otro tipo de jugador pero además, por ahora no recupera el rendimiento que tenía el año pasado. Apenas se hizo ver, en todo el segundo tiempo, con ese buen derechazo que le sacó el arquero.
Y otro al que se extrañó mucho anoche fue a Roncaglia. El Apu Sosa parecía que venía en línea ascendente pero el cagadón que se mandó en el gol de ellos borra todo. Tomó a todo el equipo caminando al revés, lo dejó servido a Jaime para que se fuera limpito y fusilara a Orión, fue una asistencia impecable del tucumano.
Lo mejor de Boca fue la rebeldía que mostró en el tramo final del partido, después del empate. La de Erviti que pegó en el palo era un golazo memorable. Notable jugada individual pasando entre tres de ellos y definición irreprochable, aunque por centímetros, en vez de ser gol, haya pegado en el palo. Así lo queremos a Walter, no tan acelerado y más compañero de la pelota.
Buen movimiento el último cambio de Falcioni, metiéndolo al Gordo Sánchez Miño para romper por izquierda y corriéndolo a Erviti al medio. Así se tuvo mayor agilidad en la salida. En otro tipo de partido habría que ver qué pasa, porque se pierde contención y se queda expuesto pero para el momento, para el cierre de un partido que se empataba y había que ganarlo, fue una carta bien jugada.
El gol fue bien a lo Boca. El partido se nos iba y se logró el quiebre con fiereza, con prepotencia, con bosterismo. Bien puesta por Román, buen centro de Pablito Mouche y feroz aparición del Tanque Silva. Antes se le había ido afuera un cabezazo pero en situación límite, no falló y la mandó adentro. Se llevó puesto al que lo marcaba y dejó la sensación de que se hubiera llevado puesto lo que le pusieran delante. Así lo queremos, así lo necesitamos, también, al Tanque.
Volvió a apreciarse lo interesante que resulta Mouche entrando hacia la mitad del segundo tiempo ya con rivales desgastados para imponer potencia y ganas como las que le sobran. Y es de destacar que en el centro no la tiró a la bartola, miró y la puso donde quería ponerla, a lo Guillermo.
Cvitanich medio que se enojó cuando lo sacaron. Es comprensible que lo fastidie ser siempre el primer cambio (esta vez fue el segundo pero el primero, el de Rivero por Ledesma, fue obligado). Sigue haciendo lo suyo, Darío. Su participación en el primer gol fue decisiva y muy meritoria. Le falta meterse más en el partido, más continuidad pero es que los delanteros quedan medio descolocados cuando el equipo no manda en el medio.
En cuanto a Román, sigue en buen nivel. A veces los compañeros no lo interpretan pero para que sobresalga más lo que falta es que en el medio haya una mejor estructura. Que no se pierda la bola con facilidad. Está mejorando físicamente y eso le permite llegar con asiduidad a los últimos metros de cancha. Como en el gol. Yo creo, a diferencia de otros, que de prima, cuando le dio con derecha, quiso darle al arco. Me dicen que no, que se la tocó a Cvitanich y fue adentro a buscar la devolución. Como fuere, lo que cuenta es que salió perfecta. La determinación de Román para ganar cuando Darío se la rebotó fue fantástica y la definición, con zurdazo cruzado, estupenda.
Falcioni le viene dando pocos minutos o ninguno a Pochi Chávez. Es extraño. La primera alternativa de conducción que hay para Román es Pochi y eso se va a agudizar ahora, que va a faltar Pablo. Lo de Erviti al medio y Sánchez Miño por izquierda vino muy bien para ese segmento de partido en particular pero no deja de ser un experimento con el que hay que tener cuidado.
Nos tocó un equipo jodido. Maneja bien la bola. Mauro Díaz, Cordero, Leal, Jaime… Y Herrera pivotea bien arriba. A Chile hay que ir a jugarles pero no hay que permitir que se juegue en campo nuestro y que el medio lo manejen ellos. Boca va a tener oportunidades, seguro, porque Unión Española juega pero también deja jugar. Tenemos que ganarles en cuanto a la dinámica de los volantes, cosa que no ocurrió en La Bombonera.
Se puede hacer friccionado, como se hizo anoche. Después de la patada de Ampuero que sacó de la cancha a Ledesma, empezaron a volar piernas y tapones de lo lindo. Erbes pegó una que pudo haberle costado, el Flaco Schiavi también. Al final, Scotti le pegó una patada criminal a Román, de la calentura que tenía y él sí, vio la roja. Si hay patadas en Chile, que los que empiecen a pegar sean ellos. Hay que cuidar los límites, no dejarse llevar por delante y meter pero no zarparse. La obligación será de ellos, nosotros ya tenemos un chico adentro.
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