¿Cómo no acordarse de aquella vuelta de Martín en 2000, contra los que te jedi? Aquel partido era más importante, definitorio, sin margen de error pero el de Martín fue el tercero de un 3-0 y la verdad, los que te jedi, fieles a sí mismos, ya se habían ido de la cancha. Lo dejaron girar y acomodarse como media hora, a Martín, estaban estaqueados.
Esto de Lucas abrió un partido que ya se había ido en sus tres cuartas partes y tenía final incierto pero además, fue un poema. Prodigio de repentización, de recursos, de plástica. Ese taco, ese giro, ese latigazo… Inolvidable. Por otra parte, él lo dijo después del partido, medio en joda, pero es cierto: si giró así y la rodilla izquierda no volvió a romperse, es porque está bien, fuerte. Tenemos un delantero que mete miedo para la recta final del Clausura y para la Copa Argentina, ya que no está en la lista de la Libertadores.
Se le habrán venido encima, le habrán desfilado por la cabeza estos siete meses de lucha y paciencia, de sudor para afuera y lágrimas para adentro, el desconsuelo de aquella maldita lesión en una acción estúpida contra Belgrano, el dolor, la operación, las muletas, la recuperación lenta hasta parecer interminable. Este regreso dorado lo va a acompañar por siempre, a Lucas. Y a nosotros también.
Había quedado expresado en este foro, pocos días atrás, que los suplentes nuestros son mejores que los titulares de ellos. No es cuestión de sacar chapa por una obviedad, Boca es Boca y Racing es Racing pero igual vale decirlo antes. De todos modos, hasta la joya de Luquitas, el partido costó.
En el primer tiempo Boca parecía el más armónico, el más coherente en sus movimientos, el Neri Benavídez siempre estuvo muy bien parado en el medio pero la verdad es que las pocas llegadas fueron de ellos. Ese tiro medio mordido de Caballero, la que Agustín le sacó a Viola, las dos que Caballero bajó en el área chica y que menos mal que llegaron en una el Neri y en otra Caruzzo para reventarla. Nosotros, nada. Se veía que Pablito Mouche por la izquierda los complicaba pero no había final, no había resolución. A Pochi, como conductor, le faltó profundidad, agresividad. El que mejor movió la bola con sentido de ataque fue el Gordo Sánchez Miño, que rinde en el lugar en que lo pongan.
Pagaba 1,80 que para el segundo tiempo salía el pibe Insúa, muy desaforado, condicionado por la amarilla y al filo de la expulsión pero se la jugó Falcioni con Lucas. Había hecho calentar, antes de terminar el primer tiempo, a Leo Paredes y al Jopito Álvarez pero al final sorprendió con Lucas. La movida era interesante: Sánchez Miño de tres, a suturar el agujero que había allí, Pol de derecha a izquierda, Pochi para hacer el carril derecho y casi tres puntas aunque con Lucas tirado muy atrás, como aquella vez con Independiente, en 2011. A Lucas se lo veía lento, como tratando de agarrar confianza.
El desarrollo seguía igual: Boca más prolijito pero sin llegada. Lo bueno era que ellos, después de ese cabezazo de Moreno apenas empezado el segundo, tampoco se arrimaron más. Hasta que Lucas rompió el partido con su obrita de arte y chau, se acabó. Faltaban más de veinte minutos pero… ¿qué iban a hacer ellos?
Quedó muy en evidencia que el técnico de ellos demoró en demasía los cambios. Sólo los hizo, los tres en pocos minutos, cuando quedó 0-1. Si no se funciona, algo hay que hacer pero antes de que sea tarde. El técnico de ellos es un bonito invento del periodismo. Cuando Lanús salió campeón con Cabrero de entrenador, las cámaras y los micrófonos le apuntaban más al carilindo y bien vestido ayudante de campo que al entrenador. Después, cuando heredó la conducción, Lanús no ganó más nada. Bueno, Racing siempre está presto, servido para adquirir buzones y ha vuelto a sucederle.
Terminado el partido, decíamos, con el gol de Viatri, sólo quedaba por esperar que transcurrieran los minutos. Valió la pena porque en la bolsa había otro golazo. Muy buen pase recto de Nico Blandi, muy buena la decisión de no quedarse mirando sino de ir a buscarla de nuevo adentro. Perfecta gestión de Pablo, que desbordó, frenó, cambió de pierna, miró y la sirvió para Nico. Impecable definición de Nico, sin titubeos y con un remate inatacable.
Nico sigue en la misma, participa muy poco del juego, transcurren muchos minutos sin que siquiera se lo vea pero cada dos por tres, aparece y factura. Tiene una relación minutos de competencia-goles difícil de empardar. Y otra muy buena prestación de Pablo, que vive un momento fantástico.
También pasó, antes del final, que Agustín apareció cuando lo llamaron a intervenir, con buenas respuestas por dos remates de Hauche y uno de Viola. El trío posterior estuvo la altura de las circunstancias porque el Chaco Insaurralde, que había empezado mal, se afirmó rápido y terminó en gran nivel, con cruces, quites y anticipos inobjetables. Y lo mismo Mati Caruzzo, sin fallas.
Estamos otra vez arriba. Faltan nada más que cuatro fechas. Se cayó Newell’s y los otros que nos rondan miran más la tabla de promedios que el título. Si no tuviéramos la Copa, el final del Clausura pintaba para galopito. Pero tenemos la Copa. Y la Copa Argentina. Y queremos todo. Somos Boca.
lunes, 21 de mayo de 2012
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