Éstos iban segundos. Es más, hasta que juegue Racing con Estudiantes, por lo menos, siguen segundos. Y se les ganó fácil, demasiado fácil. Después de esas dos primeras pelotas en las que dormimos y que pudieron haber costado muy caras, no hubo partido. Boca lo definió en 16 minutos y después jugó todo el tiempo como quiso.
Lástima ese gol al final, que ocurrió sólo porque ya nos habíamos ido a los vestuarios. Con la concentración normal, que es una de las grandes virtudes de este equipo, ese gol no era. Fue bastante parecido a uno que Orión se había comido jugando para San Lorenzo, contra Boca, en el Apertura 2008 y en el mismo arco. Un tiro libre de Román desde la izquierda en que miró cómo pasaba, sin que la tocara nadie.
Esta vez se insinuaron algunas goteras en el fondo. Esas dos del comienzo. La primera por zona de Clemente y la segunda por el medio. Lo bueno fue la efectividad. Porque en otros partidos ha pasado que se ganó apretado por no aprovechar debidamente las oportunidades y esta vez no se las dejó pasar. Así fue que ya estaba todo el pescado vendido en poco más de un cuarto de hora.
Extraordinaria (ex - traor - di - na - ria) la jugada del primer gol. ¿Cuántos la tocaron? Seis, si no conté mal. Impecable la apertura de Somoza a un toque para el Burro Rivero. Imponente la llegada al fondo de Pablito Mouche. Y Nico Blandi pareció que se enredaba entre los centrales pero se reacomodó sobre la marcha y la puso, perfecta.
En el segundo, Pochi se disfrazó de Román para meter esa bocha en forma de puñalada. Y Nico definió de una, de prima, con el arquero caminando, sin darle tiempo a nadie. Ya es el máximo goleador de la campaña, Nico, con sus cuatro en menos de una semana. ¡Uy, este gil que escribe no le tenía fe! No va a hacer dos goles en todos los partidos, sigue en observación pero ya demostró que estaba, por lo menos, para que se lo tuviera en cuenta.
No tiene puntos flojos, este Boca. Roncaglia y Somoza son dos de los que menos se habla pero Ronca cumple siempre y Leo está en el mejor momento desde que llegó al club. Ahora se siente patrón del medio. Otro dato que hace bien en destacar Falcioni es que los que entran no fallan. Bueno, no seamos malos con el Tano Gracián, que jugó muy poquito.
Tranquis. El Apertura 2006 también lo llevábamos demasiado fácil y de pronto, por hache o por be, por la falta de feeling de La Volpe con los jugadores, porque nos creímos que ya habíamos dado la vuelta olímpica, por la hijaputez de Grondona que nos afanó el entrenador en medio de un campeonato, por el insuficiente compromiso de Basile que no fue capaz de decirle “no” a la selección, por la metida de pata de los dirigentes que de un día para el otro pasaron de un técnico que era agua a otro que era aceite, por lo que fuere, lo cierto fue que nos caímos como las Torres Gemelas.
Ahora viene Vélez. Por suerte, dado su laburo, este gil que escribe va a poder ir. Así como estuvo en el gallinero aquella noche de 2004, la de los penales. Porque, según parece, nuestros buenos amigos Mauro Martín y Rafa Di Zeo van a lograr que se les prohiba estar en la cancha a los hinchas de Boca. Nuestras benditas autoridades (las estatales, no las de Boca) no sólo que no saben cómo terminar (o por lo menos empezar a limitar) a los mafiosos. No, la triste verdad de la milanesa es que para algunos negocios hasta son socios de ellos. Empezando por la yuta y terminando, quizá, por la presidenta o su gente de mayor confianza.
Una pinturita. “No sabemos cómo pararlos (¿o no querrán?) así que lo mejor es que no vaya nadie”. Toda una declaración de incompetencia, una admisión de ineficiencia. Por otra parte, llegado el caso, si alguno logra infiltrarse, será precisamente uno de los mafiosos. Los tipos que pagan entrada y hacen todo por derecha, a esos no los dejan pasar seguro. Este tipo de situación es la que hace que a uno, a veces, le den ganas de haber nacido en Finlandia.
No, claro, Finlandia está muy lejos de Boquita. ¿Cómo vivir sin Boquita? Vélez va a llegar en medio de sus dos partidos con los colombianos. Con un tortuoso viaje de ida y vuelta a cuestas. Argentinos nos dio una buena manito el sábado. A ésos los quería tener bien lejos, más que a Racing. Seguro que van a poner unos cuantos suplentes pero igual, pinta bravo. Ojalá pueda estar Román, que se cure la fascitis plantar para, justamente, ponerla debajo de la suela y, si fuera posible, quedársela todo el partido. Fundamental que nos toque un pito que se la banque y que tenga una buena tarde, que no se asuste ni se obnubile si los plateístas lo apuran gritándole prácticamente al oído y los de atrás del arco le mueven el alambrado. Vamos, Boquita, falta menos.
lunes, 31 de octubre de 2011
viernes, 28 de octubre de 2011
REHENES
Decantó la cosa, como era de prever, como siempre. La última noticia (sin confirmación oficial) es que Beraldi y Digón se bajaron para plegarse con Ameal. Ahora falta que Salvestrini se avenga y se pliegue con Angelici. Es cuestión de tiempo.
Macrismo versus No-macrismo, por decirlo a grandes trazos y con alguna suavidad. Sí, los que están en pugna son “dos modelos de gestión”, como lo escuché decir al propio Salvestrini, hace poco, con precisión.
Hasta ahí, todo legal. Lo que subyace pero bastante cerca de la superficie (aunque de todos modos en las sombras) es que, detrás de los postulantes, están el gobierno nacional y el de la ciudad de Buenos Aires. Macrismo versus Kirchnerismo. Punta de lanza para las presidenciales de 2015. Porque los políticos argentinos, todos, termina una elección y ya están maquinando cómo hacer para ganar la siguiente. Es su vida, no hay ninguna otra cosa que cuente para ellos. Ni vocación de servicio ni real preocupación por lo que le pase a la gente.
El caso es que, para la ocasión, el botín de guerra es Boca, nada menos. Y esto sí que rompe soberanamente las pelotas.
Sin mayor disimulo, el kirchnerismo operó para que Beraldi y Digón se dejaran de joder y se encolumnaran con Ameal. El propio Macri, según dicen, hace pocas semanas, levantó un tubo para “pedirle amablemente” a Salvestrini que no moleste y se ponga de una vez detrás de Angelici.
Esto es tan pero tan viejo como la misma putísima forma de hacer política “a la argentina”. Es decir, de Saavedra y Moreno para acá, más o menos. Lo que a uno le preocupa son las consecuencias que pueda llegar a pagar el club.
Pocos años atrás, según se recordará, el jefe de Gobierno Telerman tuvo la idea de abrir la calle Aristóbulo Del Valle, en el tramo que va desde Del Valle Iberlucea hasta Irala. Literalmente, partía a Boca por el medio. Dividía un predio que el club ocupa desde 1924. Y vaya casualidad, lo hacía en un momento en que el presidente de Boca, Macri, se perfilaba para ganarle la jefatura de Gobierno (se la ganó al fin). Sin el más mínimo decoro, Telerman, para cagar a Macri, se quería cagar en Boca. Por suerte, se lo pudo parar.
No mucho más tarde, se anuló el procedimiento por el cual la Comisión Directiva que encabezaba Pedro Pompilio estaba en funciones desde diciembre de 2007, se restituyó en la presidencia a Macri (ya por entonces jefe de Gobierno) y se ordenó un nuevo llamado a elecciones (las que ganó Pompilio en junio de 2008). Macri, en el acto por el cual contra su voluntad se lo devolvió a la presidencia del club, invitó con razón al diputado kirchnerista Kunkel a atender sus asuntos, que los debe tener e importantes de que ocuparse, y no inmiscuirse espuriamente en la vida institucional de Boca.
Este gil que escribe tiene, para diciembre próximo, su voto decidido por Ameal. Supone que, en la coyuntura, el Gordo es lo mejor que podría pasarle al club. Pero no por eso dejó de chocarle, por lo grosero, que en el entretiempo del partido Racing-Lanús, en el oficial “Fútbol para Todos”, se mandara un bloque destacando las obras realizadas en Boca durante la gestión del actual presidente. Publicidad “descubierta”, más que encubierta.
Habrá que estar muy alertas y hacer lo que se pueda para que Boca sufra lo menos posible. Porque ya podemos ir tomando nota de que, si gana Ameal, los esbirros de Macri no trepidaran en clausurar La Bombonera por cualquier fierro que sobresalga de una pared. Y si gana Angelici, los lebreles de Cristina, sin la menor vergüenza, serán capaces de allanar las oficinas porque alguien se olvidó de poner la firma en alguna factura por la compra de dos docenas de medialunas. Somos, los bosteros, rehenes de esa putísima forma de hacer política “a la argentina”.
Macrismo versus No-macrismo, por decirlo a grandes trazos y con alguna suavidad. Sí, los que están en pugna son “dos modelos de gestión”, como lo escuché decir al propio Salvestrini, hace poco, con precisión.
Hasta ahí, todo legal. Lo que subyace pero bastante cerca de la superficie (aunque de todos modos en las sombras) es que, detrás de los postulantes, están el gobierno nacional y el de la ciudad de Buenos Aires. Macrismo versus Kirchnerismo. Punta de lanza para las presidenciales de 2015. Porque los políticos argentinos, todos, termina una elección y ya están maquinando cómo hacer para ganar la siguiente. Es su vida, no hay ninguna otra cosa que cuente para ellos. Ni vocación de servicio ni real preocupación por lo que le pase a la gente.
El caso es que, para la ocasión, el botín de guerra es Boca, nada menos. Y esto sí que rompe soberanamente las pelotas.
Sin mayor disimulo, el kirchnerismo operó para que Beraldi y Digón se dejaran de joder y se encolumnaran con Ameal. El propio Macri, según dicen, hace pocas semanas, levantó un tubo para “pedirle amablemente” a Salvestrini que no moleste y se ponga de una vez detrás de Angelici.
Esto es tan pero tan viejo como la misma putísima forma de hacer política “a la argentina”. Es decir, de Saavedra y Moreno para acá, más o menos. Lo que a uno le preocupa son las consecuencias que pueda llegar a pagar el club.
Pocos años atrás, según se recordará, el jefe de Gobierno Telerman tuvo la idea de abrir la calle Aristóbulo Del Valle, en el tramo que va desde Del Valle Iberlucea hasta Irala. Literalmente, partía a Boca por el medio. Dividía un predio que el club ocupa desde 1924. Y vaya casualidad, lo hacía en un momento en que el presidente de Boca, Macri, se perfilaba para ganarle la jefatura de Gobierno (se la ganó al fin). Sin el más mínimo decoro, Telerman, para cagar a Macri, se quería cagar en Boca. Por suerte, se lo pudo parar.
No mucho más tarde, se anuló el procedimiento por el cual la Comisión Directiva que encabezaba Pedro Pompilio estaba en funciones desde diciembre de 2007, se restituyó en la presidencia a Macri (ya por entonces jefe de Gobierno) y se ordenó un nuevo llamado a elecciones (las que ganó Pompilio en junio de 2008). Macri, en el acto por el cual contra su voluntad se lo devolvió a la presidencia del club, invitó con razón al diputado kirchnerista Kunkel a atender sus asuntos, que los debe tener e importantes de que ocuparse, y no inmiscuirse espuriamente en la vida institucional de Boca.
Este gil que escribe tiene, para diciembre próximo, su voto decidido por Ameal. Supone que, en la coyuntura, el Gordo es lo mejor que podría pasarle al club. Pero no por eso dejó de chocarle, por lo grosero, que en el entretiempo del partido Racing-Lanús, en el oficial “Fútbol para Todos”, se mandara un bloque destacando las obras realizadas en Boca durante la gestión del actual presidente. Publicidad “descubierta”, más que encubierta.
Habrá que estar muy alertas y hacer lo que se pueda para que Boca sufra lo menos posible. Porque ya podemos ir tomando nota de que, si gana Ameal, los esbirros de Macri no trepidaran en clausurar La Bombonera por cualquier fierro que sobresalga de una pared. Y si gana Angelici, los lebreles de Cristina, sin la menor vergüenza, serán capaces de allanar las oficinas porque alguien se olvidó de poner la firma en alguna factura por la compra de dos docenas de medialunas. Somos, los bosteros, rehenes de esa putísima forma de hacer política “a la argentina”.
miércoles, 26 de octubre de 2011
FUIMOS, VIMOS, VENCIMOS
Partido redondo. Absoluto control del juego. Diferencia justa, esta vez sin tener que desconfiar hasta último momento porque un solo gol arriba nunca se sabe. Colón ayudó con su opacidad, es cierto, pero también es verdad que Boca, este Boca, viene reduciendo a la opacidad a todos y cada uno de sus rivales. Algo debe tener. Se ganó en un escenario por lo general difícil y se ganó sin dejar dudas. Además, no vayamos a negarlo, llegábamos con nuestra carga de inseguridades y dubitaciones.
Ni Román ni Luquitas ni Cvita. Hmmm… Para colmo, el Sub 20 se llevó a Araujo y Fragapane. Nada menos que el andamiaje ofensivo completo y dos recambios posibles. Fórmula nueva y experimental. Y salió perfecto, sencillamente perfecto. Los tres suplentes fueron de lo mejor. En un equipo sin fisuras, resultaron actores fundamentales.
A ver, este gil escribió hace pocos días sobre Blandi: “La sensación es que se trata de un pibe que hasta allí llegó, que más no va a dar. Difícil que vaya a producir un salto que lo catapulte muy lejos”. Pero para cubrirse agregó: “Sin que esta opinión pueda ser definitiva”. Menos mal. El concepto no cambia, vamos a ver si este partido soñado marca el clic que lo haga crecer a la dimensión impensada para este gil.
Por ahora, puede decirse que no sólo marcó los dos goles de una gran victoria sino que en todo momento fue una pieza de equipo invalorable. Empezó perdiéndose un gol, que sumado a aquel que también dejara pasar frente a Belgrano hacían presagiar lo peor. Pero se enderezó enseguida con el primero y desde entonces fue esencial.
En particular, durante el primer tiempo aguantó muy bien la pelota de espaldas al área, descargando para el compañero que llegaba de frente. Eso de jugar de espaldas lo hizo notoriamente mejor de lo que venía haciéndolo Lucas, a quien en los últimos tiempos lo movían o lo anticipaban demasiado fácil. Y una vez que agarró confianza, Nico ya estaba para cualquiera y hasta pudo haber hecho otro con ese sorpresivo latigazo bajo y cruzado que sacó desde fuera del área y que se le fue no muy lejos de un palo.
Pablito Mouche también mejoró mucho respecto de las últimas veces que había sido titular, cuando la anterior lesión de Cvita. Tuvo protagonismo decisivo en los dos goles. En el primero, con ese taco inesperado y mortal que le dejó a Pochi campo abierto para ir hasta el fondo y sacar el centro. En el segundo, cuando empezó ese largo recorrido en sentido transversal de izquierda a derecha, hizo temer por la aparición del peor Pablo, ese desbocado y con anteojeras. Pero sobre la marcha corrigió el rumbo como el mejor Pablo, de golpe le dio verticalidad a la jugada y terminó sirviéndosela a Nico. Irreprochable.
Bien Pochi, muy bien Pochi. Se sintió conductor, supo que el que tenía que mandar era él y lo hizo. La pidió siempre y lo que es más importante, se la dieron, sus compañeros no dudaron, le tuvieron total confianza en todo momento. Ahora sí parece que Pochi va dejando de ser la eterna promesa y va llegando al punto justo de cocción como jugador. En el Clausura fue de lo más rescatable del equipo. En el Apertura lo confinaron al banco, fue sin decir ni mu y cada vez que se lo necesitó, estuvo. Estuvo a la altura. Puede ser útil por los carriles pero sigue teniendo el alma de enganche. Lo devolvieron a sus orígenes y jugó un partido bárbaro en un momento clave.
Es de destacar lo de Falcioni, que supo dar un golpe de timón, revisar sus propias decisiones. Hasta la práctica del viernes, el titular era Gracián. El técnico observó a sus jugadores, evaluó rendimientos y cambió. Así se hace.
Sin fisuras, se escribió más arriba. Si Clemente hubiera hecho algunas elecciones más correctas en ataque, durante el segundo tiempo, la diferencia seguramente se hubiese ampliado pero no hubo puntos débiles. Muy buen partido de Somoza, siempre parado donde hizo falta, cortando y jugando. El Flaco Schiavi, de nuevo, imponente. Pompei lo amonestó de entrada y mal, lo tarjeteó para marcar territorio. El Flaco, inmutable. Jugó todo el partido con esa espada de Damocles y no se equivocó nunca. A su lado, Roncaglia e Insaurralde también, sin errores visibles.
Orión aceleró palpitaciones con ésa que se le escapó en el segundo tiempo pero la arregló, se jugó a fondo y enmendó. No está teniendo mucho trabajo, el equipo le alivia la carga pero inspira tranquilidad, en general. A la tribuna y, en primer término, al equipo. Ida y vuelta. Reciprocidad.
Ojo, hace menos de tres meses todos (todos) decíamos: “Estudiantes nos encajó por tres millones de dólares a Orión y por menos guita se quedó con Villar”. Hoy, cada uno está donde está. ¡Dos goles recibidos en doce partidos, uno de tiro libre y otro en contra! El mérito es de todos pero siempre se empieza por el arquero. “Roma y las telarañas de su arco”, tituló una vez El Gráfico, allá por 1964. ¿Y qué de las telarañas del arco de Orión?
Partido redondo. Autoridad incontrastable a lo largo de los noventa minutos. Seguridad, solvencia, aplomo. Nos faltó el mejor jugador del fútbol argentino y vastos alrededores y ni nos acordamos. Nos quedamos de un saque sin tres titulares y ganamos igual, hasta fácil. Fácil después de lo visto, porque antes de jugarlo pintaba difícil. Boca resolvió un problema más. Da ganas de creer, Boca.
Ni Román ni Luquitas ni Cvita. Hmmm… Para colmo, el Sub 20 se llevó a Araujo y Fragapane. Nada menos que el andamiaje ofensivo completo y dos recambios posibles. Fórmula nueva y experimental. Y salió perfecto, sencillamente perfecto. Los tres suplentes fueron de lo mejor. En un equipo sin fisuras, resultaron actores fundamentales.
A ver, este gil escribió hace pocos días sobre Blandi: “La sensación es que se trata de un pibe que hasta allí llegó, que más no va a dar. Difícil que vaya a producir un salto que lo catapulte muy lejos”. Pero para cubrirse agregó: “Sin que esta opinión pueda ser definitiva”. Menos mal. El concepto no cambia, vamos a ver si este partido soñado marca el clic que lo haga crecer a la dimensión impensada para este gil.
Por ahora, puede decirse que no sólo marcó los dos goles de una gran victoria sino que en todo momento fue una pieza de equipo invalorable. Empezó perdiéndose un gol, que sumado a aquel que también dejara pasar frente a Belgrano hacían presagiar lo peor. Pero se enderezó enseguida con el primero y desde entonces fue esencial.
En particular, durante el primer tiempo aguantó muy bien la pelota de espaldas al área, descargando para el compañero que llegaba de frente. Eso de jugar de espaldas lo hizo notoriamente mejor de lo que venía haciéndolo Lucas, a quien en los últimos tiempos lo movían o lo anticipaban demasiado fácil. Y una vez que agarró confianza, Nico ya estaba para cualquiera y hasta pudo haber hecho otro con ese sorpresivo latigazo bajo y cruzado que sacó desde fuera del área y que se le fue no muy lejos de un palo.
Pablito Mouche también mejoró mucho respecto de las últimas veces que había sido titular, cuando la anterior lesión de Cvita. Tuvo protagonismo decisivo en los dos goles. En el primero, con ese taco inesperado y mortal que le dejó a Pochi campo abierto para ir hasta el fondo y sacar el centro. En el segundo, cuando empezó ese largo recorrido en sentido transversal de izquierda a derecha, hizo temer por la aparición del peor Pablo, ese desbocado y con anteojeras. Pero sobre la marcha corrigió el rumbo como el mejor Pablo, de golpe le dio verticalidad a la jugada y terminó sirviéndosela a Nico. Irreprochable.
Bien Pochi, muy bien Pochi. Se sintió conductor, supo que el que tenía que mandar era él y lo hizo. La pidió siempre y lo que es más importante, se la dieron, sus compañeros no dudaron, le tuvieron total confianza en todo momento. Ahora sí parece que Pochi va dejando de ser la eterna promesa y va llegando al punto justo de cocción como jugador. En el Clausura fue de lo más rescatable del equipo. En el Apertura lo confinaron al banco, fue sin decir ni mu y cada vez que se lo necesitó, estuvo. Estuvo a la altura. Puede ser útil por los carriles pero sigue teniendo el alma de enganche. Lo devolvieron a sus orígenes y jugó un partido bárbaro en un momento clave.
Es de destacar lo de Falcioni, que supo dar un golpe de timón, revisar sus propias decisiones. Hasta la práctica del viernes, el titular era Gracián. El técnico observó a sus jugadores, evaluó rendimientos y cambió. Así se hace.
Sin fisuras, se escribió más arriba. Si Clemente hubiera hecho algunas elecciones más correctas en ataque, durante el segundo tiempo, la diferencia seguramente se hubiese ampliado pero no hubo puntos débiles. Muy buen partido de Somoza, siempre parado donde hizo falta, cortando y jugando. El Flaco Schiavi, de nuevo, imponente. Pompei lo amonestó de entrada y mal, lo tarjeteó para marcar territorio. El Flaco, inmutable. Jugó todo el partido con esa espada de Damocles y no se equivocó nunca. A su lado, Roncaglia e Insaurralde también, sin errores visibles.
Orión aceleró palpitaciones con ésa que se le escapó en el segundo tiempo pero la arregló, se jugó a fondo y enmendó. No está teniendo mucho trabajo, el equipo le alivia la carga pero inspira tranquilidad, en general. A la tribuna y, en primer término, al equipo. Ida y vuelta. Reciprocidad.
Ojo, hace menos de tres meses todos (todos) decíamos: “Estudiantes nos encajó por tres millones de dólares a Orión y por menos guita se quedó con Villar”. Hoy, cada uno está donde está. ¡Dos goles recibidos en doce partidos, uno de tiro libre y otro en contra! El mérito es de todos pero siempre se empieza por el arquero. “Roma y las telarañas de su arco”, tituló una vez El Gráfico, allá por 1964. ¿Y qué de las telarañas del arco de Orión?
Partido redondo. Autoridad incontrastable a lo largo de los noventa minutos. Seguridad, solvencia, aplomo. Nos faltó el mejor jugador del fútbol argentino y vastos alrededores y ni nos acordamos. Nos quedamos de un saque sin tres titulares y ganamos igual, hasta fácil. Fácil después de lo visto, porque antes de jugarlo pintaba difícil. Boca resolvió un problema más. Da ganas de creer, Boca.
miércoles, 19 de octubre de 2011
PELIGRO, YUPPIES
Acabo de llegar de la presentación oficial de Angelici, en el salón del Edificio Lahusen. Mucho glamour. Demasiado… Maestra de ceremonias, la siempre radiante Teté Coustarot, bella mujer de espléndida madurez y bostera en serio, creo. Aunque al Tanque lo haya llamado “Jorge Rojas”, y bueh…
Invasión de yuppies, riguroso jetra y corbata, se ve que salieron de sus rediles y como se la habían armado cerca a propósito, fueron a cumplir, a marcar tarjeta. Minifalderos felinos en oferta, claro. De la cofradía de periodistas (supuestamente) bosteros, casi todos. Incluso (o comenzando por) los que sólo acuden a las citas especialísimas. Inevitables representantes del jet set vernáculo, caso Sofovich o Giordano.
Lo más interesante, más allá de las bien servidas y suficientes vituallas, la exhibición, en pantallas gigantes, de gloriosos momentos de la historia. Goles y títulos en blanco y negro y en color. Pero tristemente, éramos pocos los que les prestábamos atención. Los yuppies, los felinos y la cofradía atendían cada cual sus cosas.
Hasta que Teté invitó a subir al estrado a Angelici. No es necesario que un presidente de Boca sea Demóstenes. Ni el Puma Armando ni el Viejo Alegre fueron oradores brillantes. Macri tampoco lo es. Ni Ameal. Pero es imprescindible que se le entiendan las ideas, que articule un concepto claro y de alguna profundidad al margen de declamaciones repetitivas, de eslóganes electoralistas vacíos de contenido. Y está bien que se coma algunas eses pero no tantas.
Después, Macri, tratando de darle apoyo a su pollo, de apuntalarlo, de sostenerlo, que no se caiga. Otra gracia fue que, mucho antes de que Mauricio terminara de hablar y por encima de los aplausos de circunstancias, ya estaban de nuevo cada uno en sus cosas, los yuppies, los felinos, la cofradía…
Angelici, posando junto con sus niños, no enternece a nadie pero en fin, si su maestro y mentor usó a su beba recién nacida para hacer campaña en favor de Pinedo… Es bueno que hayan subido algunos de quienes serán los principales componentes de la lista de Angelici, como Aguas, Mechetti, Orgambide, Paolini, Bittar, Viejobueno, para que algunos les conocieran las caras (el pelado London ya es más conocido).
A continuación fueron desfilando entrañables, venerables figuras. Grato tolver a ver y aplaudir a Silvio, el Tanque, el Tano Novello, el Chino Benítez, el Ruso Ribolzi, el Mono Perotti, Juan Simón, Chiche Soñora, el Negro Ibarra… Los yuppies, los felinos y la cofradía aplaudieron a los dos o tres primeros y ya después a los demás, ni bola. De nuevo, cada uno a lo suyo.
Ni un “Dale Boca”, ni un pedido de “un minuto de silencio para River que está muerto”, ni un “sí, sí, señores”… ¡Ni una camiseta de Boca!
En los últimos cuarenta días estuve en la presentación de Beraldi, en Barracas. Se cantó al son de una banda con bombos, tambores, platillos y trompetas y se comieron pizzetas. Compartí, con un puñado de colegas, una cena con Digón. Charlamos hasta la 1 de la mañana de Bianchi y de Riquelme, de Rojitas y de Madurga. Estuve en una suerte de conferencia de prensa a la que convocó Salvestrini, bastante desabrida (se agradecen los chorizos, empanadas y lomitos) pero donde al menos fijó posición sobre algunos puntos de interés. Esto, esto de Angelici, si se pasan por alto las vituallas no fue nada. Puro cotillón.
Un viejo periodista recomendaba, para este tipo de evento, ir, morfarse y chuparse todo y tomárselas sin saludar a nadie. Eso hice, con excepción de alguna poca gente a la que todavía le tengo estima en el gremio de prensa.
Salí, empecé a buscar la parada del 74 y no la encontraba por ningún lado. Al cabo de una cuantas idas y vueltas vi, por suerte, que paraba un 74 en un sitio donde no había ninguna señal. Macri, ya que andaba cerca, pudo haberse llegado hasta ahí y plantar el poste del 74, la puta que lo parió.
Invasión de yuppies, riguroso jetra y corbata, se ve que salieron de sus rediles y como se la habían armado cerca a propósito, fueron a cumplir, a marcar tarjeta. Minifalderos felinos en oferta, claro. De la cofradía de periodistas (supuestamente) bosteros, casi todos. Incluso (o comenzando por) los que sólo acuden a las citas especialísimas. Inevitables representantes del jet set vernáculo, caso Sofovich o Giordano.
Lo más interesante, más allá de las bien servidas y suficientes vituallas, la exhibición, en pantallas gigantes, de gloriosos momentos de la historia. Goles y títulos en blanco y negro y en color. Pero tristemente, éramos pocos los que les prestábamos atención. Los yuppies, los felinos y la cofradía atendían cada cual sus cosas.
Hasta que Teté invitó a subir al estrado a Angelici. No es necesario que un presidente de Boca sea Demóstenes. Ni el Puma Armando ni el Viejo Alegre fueron oradores brillantes. Macri tampoco lo es. Ni Ameal. Pero es imprescindible que se le entiendan las ideas, que articule un concepto claro y de alguna profundidad al margen de declamaciones repetitivas, de eslóganes electoralistas vacíos de contenido. Y está bien que se coma algunas eses pero no tantas.
Después, Macri, tratando de darle apoyo a su pollo, de apuntalarlo, de sostenerlo, que no se caiga. Otra gracia fue que, mucho antes de que Mauricio terminara de hablar y por encima de los aplausos de circunstancias, ya estaban de nuevo cada uno en sus cosas, los yuppies, los felinos, la cofradía…
Angelici, posando junto con sus niños, no enternece a nadie pero en fin, si su maestro y mentor usó a su beba recién nacida para hacer campaña en favor de Pinedo… Es bueno que hayan subido algunos de quienes serán los principales componentes de la lista de Angelici, como Aguas, Mechetti, Orgambide, Paolini, Bittar, Viejobueno, para que algunos les conocieran las caras (el pelado London ya es más conocido).
A continuación fueron desfilando entrañables, venerables figuras. Grato tolver a ver y aplaudir a Silvio, el Tanque, el Tano Novello, el Chino Benítez, el Ruso Ribolzi, el Mono Perotti, Juan Simón, Chiche Soñora, el Negro Ibarra… Los yuppies, los felinos y la cofradía aplaudieron a los dos o tres primeros y ya después a los demás, ni bola. De nuevo, cada uno a lo suyo.
Ni un “Dale Boca”, ni un pedido de “un minuto de silencio para River que está muerto”, ni un “sí, sí, señores”… ¡Ni una camiseta de Boca!
En los últimos cuarenta días estuve en la presentación de Beraldi, en Barracas. Se cantó al son de una banda con bombos, tambores, platillos y trompetas y se comieron pizzetas. Compartí, con un puñado de colegas, una cena con Digón. Charlamos hasta la 1 de la mañana de Bianchi y de Riquelme, de Rojitas y de Madurga. Estuve en una suerte de conferencia de prensa a la que convocó Salvestrini, bastante desabrida (se agradecen los chorizos, empanadas y lomitos) pero donde al menos fijó posición sobre algunos puntos de interés. Esto, esto de Angelici, si se pasan por alto las vituallas no fue nada. Puro cotillón.
Un viejo periodista recomendaba, para este tipo de evento, ir, morfarse y chuparse todo y tomárselas sin saludar a nadie. Eso hice, con excepción de alguna poca gente a la que todavía le tengo estima en el gremio de prensa.
Salí, empecé a buscar la parada del 74 y no la encontraba por ningún lado. Al cabo de una cuantas idas y vueltas vi, por suerte, que paraba un 74 en un sitio donde no había ninguna señal. Macri, ya que andaba cerca, pudo haberse llegado hasta ahí y plantar el poste del 74, la puta que lo parió.
lunes, 17 de octubre de 2011
QUE NO PANDA EL CÚNICO
El partido fue una mierda pero tranquilos. La verdad es que se jugó como quiso Belgrano pero de todos modos, se pudo haber ganado. La que debió haber entrado fue la de Blandi. La primera, esa que, casi milagrosamente por cómo estaba dado el partido, recibió solo en el medio del área. Se abatató. ¿Con qué le pegó? ¿Con la suela?
Las otras que tapó Olave, la de Román, la de Pochi Chávez y, a continuación, la otra de Blandi, entran en el rubro de esas que el arquero puede sacar. Que si entran, parte de culpa es de él. La de Blandi, la primera, es culpa del delantero. Si se define bien, el arquero no tiene nada que hacer.
No es por hablar con el diario del lunes pero hay que hacer un análisis de los cambios de Falcioni. Él los hizo quedar a Gracián y Blandi, cuando volvieron de sus préstamos, porque entendió que el Tano era la alternativa para jugar con enganche cuando faltase Román y Blandi era otro delantero de área que sumaba.
A este gil que escribe le parece que lo del Tano en Boca ya no tiene (ya no tenía) retorno. Ciclo cumplido. Tuvo todas las oportunidades durante mucho tiempo. No despegó nunca. Ni llegó a parecerse al muy buen jugador que conociéramos en Vélez. No se trata de que le falte competencia ahora porque en Boca jugó siempre igual. Tibiecito, intrascendente, muy lejos del nivel que se necesita para ser el conductor ofensivo del equipo. Hoy, Pochi Chávez, puesto de enganche, promete más.
Blandi es un delantero que metió muchos goles en reserva antes de irse y algunos después de volver. En Argentinos estuvo un año y metió seis. La sensación es que se trata de un pibe que hasta allí llegó, que más no va a dar. Difícil que vaya a producir un salto que lo catapulte muy lejos sin que esta opinión pueda ser definitiva. Falcioni se jugó por él, no quiso perder presencia en el área y mucho no puede criticársele pero la opción más fácil o mejor dicho, la elección más lógica era que entrase Mouche. Cvitanich puede jugar en el área.
La gran desgracia, claro, es lo que le pasó a Lucas. ¡Qué forma pelotuda de romperse los ligamentos! Porque no fue contra el cartel, como alguno pensó, sino cuando apoyó el pie, medio torcido, después de ese contacto con Lollo. Va a tener que tener paciencia, hasta el año que viene, Luquitas. Espejo donde mirarse tiene cerca, el Loco Palermo, que volvió siempre de todas.
Para el equipo es un golpe duro. Lucas no venía haciendo muchos goles pero era (es) importante. Porque algún gol podía meter en cualquier momento y porque estaba muy bien acoplado a los movimientos colectivos. Y ahora vamos a ver qué hacemos, qué hace Falcioni porque el plantel es bueno pero corto. Blandi, por ahora, está muy lejos de poder ser Viatri. Y con Cvitanich de 9 y Pablito por afuera hay que experimentar, a ver qué sale. El problema es serio.
Lo del talón de Román, que venía del partido con Tigre, preocupa pero él está acostumbrado a jugar con dolor. Lo ha hecho muchas veces. Ahora son nueve días, entre partido y partido, antes de Santa Fe y si hay alguna posibilidad de que Román juegue, juega. Él es así. Más en este momento, en que él sabe mejor que nadie que el equipo está herido de consideración.
Equipo podrido, Belgrano. Propuso un partido similar al que había planteado San Martín de San Juan pero a los cordobeses les salió bien. Una porquería el espectáculo pero hay signos positivos, sí que los hay. Este tipo de partido, un equipo que no está bien aflatado, lo pierde. Porque se desespera, pierde el control y en una de esas el rival lo ensarta. Boca no se desesperó nunca. Ni se desordenó. Buscó hasta último momento. Mal, sí, pero buscó y sin desarmarse, con un Flaco Schiavi imponente desde el fondo. Belgrano no llegó bien jamás, ni una sola vez. Como la mayoría de los rivales en lo que va del Apertura, por otra parte.
Se prolongó el cero en arco propio, se prolongó la racha invicta que ya llegó a 21 partidos y ahora los puntos de ventaja sobre los perseguidores más cercanos es de seis puntos, contra los cinco que le llevábamos a Rafaela antes de empezar. Y ya transcurrió una fecha más. No aparece el rival. A Racing le cuesta mucho ganar (más que a nosotros). Lástima que se despertó Vélez. Está lejos pero ése es un equipo en serio y todavía hay que ir a Liniers, ojo.
Momento propicio para ver cuál es la templanza del equipo. Como asimila la salida de un jugador clave como Viatri. Si hasta ahora costó tanto meter goles, es de imaginar que sin Lucas costará mucho más. Pero si se conserva el aplomo que se viene exhibiendo en cada partido, la seguridad de que se sabe qué se hace, no nos caeremos. ¡Vamos Boca, todavía!
Las otras que tapó Olave, la de Román, la de Pochi Chávez y, a continuación, la otra de Blandi, entran en el rubro de esas que el arquero puede sacar. Que si entran, parte de culpa es de él. La de Blandi, la primera, es culpa del delantero. Si se define bien, el arquero no tiene nada que hacer.
No es por hablar con el diario del lunes pero hay que hacer un análisis de los cambios de Falcioni. Él los hizo quedar a Gracián y Blandi, cuando volvieron de sus préstamos, porque entendió que el Tano era la alternativa para jugar con enganche cuando faltase Román y Blandi era otro delantero de área que sumaba.
A este gil que escribe le parece que lo del Tano en Boca ya no tiene (ya no tenía) retorno. Ciclo cumplido. Tuvo todas las oportunidades durante mucho tiempo. No despegó nunca. Ni llegó a parecerse al muy buen jugador que conociéramos en Vélez. No se trata de que le falte competencia ahora porque en Boca jugó siempre igual. Tibiecito, intrascendente, muy lejos del nivel que se necesita para ser el conductor ofensivo del equipo. Hoy, Pochi Chávez, puesto de enganche, promete más.
Blandi es un delantero que metió muchos goles en reserva antes de irse y algunos después de volver. En Argentinos estuvo un año y metió seis. La sensación es que se trata de un pibe que hasta allí llegó, que más no va a dar. Difícil que vaya a producir un salto que lo catapulte muy lejos sin que esta opinión pueda ser definitiva. Falcioni se jugó por él, no quiso perder presencia en el área y mucho no puede criticársele pero la opción más fácil o mejor dicho, la elección más lógica era que entrase Mouche. Cvitanich puede jugar en el área.
La gran desgracia, claro, es lo que le pasó a Lucas. ¡Qué forma pelotuda de romperse los ligamentos! Porque no fue contra el cartel, como alguno pensó, sino cuando apoyó el pie, medio torcido, después de ese contacto con Lollo. Va a tener que tener paciencia, hasta el año que viene, Luquitas. Espejo donde mirarse tiene cerca, el Loco Palermo, que volvió siempre de todas.
Para el equipo es un golpe duro. Lucas no venía haciendo muchos goles pero era (es) importante. Porque algún gol podía meter en cualquier momento y porque estaba muy bien acoplado a los movimientos colectivos. Y ahora vamos a ver qué hacemos, qué hace Falcioni porque el plantel es bueno pero corto. Blandi, por ahora, está muy lejos de poder ser Viatri. Y con Cvitanich de 9 y Pablito por afuera hay que experimentar, a ver qué sale. El problema es serio.
Lo del talón de Román, que venía del partido con Tigre, preocupa pero él está acostumbrado a jugar con dolor. Lo ha hecho muchas veces. Ahora son nueve días, entre partido y partido, antes de Santa Fe y si hay alguna posibilidad de que Román juegue, juega. Él es así. Más en este momento, en que él sabe mejor que nadie que el equipo está herido de consideración.
Equipo podrido, Belgrano. Propuso un partido similar al que había planteado San Martín de San Juan pero a los cordobeses les salió bien. Una porquería el espectáculo pero hay signos positivos, sí que los hay. Este tipo de partido, un equipo que no está bien aflatado, lo pierde. Porque se desespera, pierde el control y en una de esas el rival lo ensarta. Boca no se desesperó nunca. Ni se desordenó. Buscó hasta último momento. Mal, sí, pero buscó y sin desarmarse, con un Flaco Schiavi imponente desde el fondo. Belgrano no llegó bien jamás, ni una sola vez. Como la mayoría de los rivales en lo que va del Apertura, por otra parte.
Se prolongó el cero en arco propio, se prolongó la racha invicta que ya llegó a 21 partidos y ahora los puntos de ventaja sobre los perseguidores más cercanos es de seis puntos, contra los cinco que le llevábamos a Rafaela antes de empezar. Y ya transcurrió una fecha más. No aparece el rival. A Racing le cuesta mucho ganar (más que a nosotros). Lástima que se despertó Vélez. Está lejos pero ése es un equipo en serio y todavía hay que ir a Liniers, ojo.
Momento propicio para ver cuál es la templanza del equipo. Como asimila la salida de un jugador clave como Viatri. Si hasta ahora costó tanto meter goles, es de imaginar que sin Lucas costará mucho más. Pero si se conserva el aplomo que se viene exhibiendo en cada partido, la seguridad de que se sabe qué se hace, no nos caeremos. ¡Vamos Boca, todavía!
sábado, 8 de octubre de 2011
¿A DÓNDE FUISTE, URU?
Es feo perder incluso los amistosos. En Catamarca, donde Boca fue local, por supuesto, y donde Cacho Laudonio desplegó su show antes del juego, no nos quedó nada. Los suplentes tenían una oportunidad de mostrarse y la verdad es que mucho no mostraron.
Pudo haber sido empate porque Estudiantes tampoco demasiado, aunque ese colombiano Zapata nos complicó en el primer tiempo y por otra parte, Boca no tuvo un armador que manejara la pelota como la manejó Auzqui en ese período. Pero en definitiva, los pinchas le deben la mínima alegría a una salida inexplicable de Sebastián Sosa.
¿A dónde fuiste, Sosita? Será cuestión de echarle la culpa a la falta de competencia pero la verdad, uruguayo, es que debustaste con un error guarango que costó un gol y una derrota (sí, amistosa). Habías salvado bien una antes y después le tapaste un par a Boselli pero de este 8 de octubre nos queda la imagen de esa salida imperdonable.
Da bronca cuando se pierde por lesión a un jugador importante en un amistoso. Son cosas que pasan pero da bronca. A Caruzzo le dolía mucho ese tobillo. Ojalá no sea nada porque es un tipo que hace falta en el banco.
En cuanto a los que no aprovecharon la oportunidad, la lista debe comenzar por el Tano Gracián. Apenas un par de toques profundos en el primer tiempo pero muy escasa participación. Él era el indicado para hacerse cargo del equipo. ¿A éste Gracián tendremos que encomendarnos si en algún momento nos falta Román?
En cuanto a Pochi Chávez, se le había metido entre ceja y ceja patear desde lejos. El gran Carlos Bianchi, para estos casos, tiene para el jugador en cuestión la pregunta más certera: ¿Cuándo hiciste un gol desde ahí? Lo cierto es que Pochi no le acertó nunca al arco. Y otro tipo de llegada Boca casi no tuvo.
Tiramos un montón de centros frontales ante un rival que tenía dos centrales altísimos. Esas son las cosas en que Román no se equivoca jamás. A veces parece como que fuera el único jugador capaz de verlas siendo que son tan claras, que desde afuera se ven tan fáciles.
Pochi y el Tano no se juntaron nunca. Nico Colazo tampoco funcionó, en ningún momento. Peor aún, comprometió cada pelota que jugó. Así, no había manera de llegar. Hubiera sido bueno que el pibe Paredes, una de las joyitas que tenemos entre los juveniles, entrara antes pero Falcioni no es muy amigo de hacer cambios muy temprano, más bien suele demorarlos más de lo aconsejable.
Franco Sosa, otro que está necesitando competencia y al que tenemos que ver, empezó decididamente mal, por su zona se movieron con comodidad Auzqui y Zapata (Pochi, cuando va de 8, ayuda poco en la contención). Mejoró un poquito el tucumano en el segundo tiempo, con algunas apariciones en ataque aunque al cabo, ninguna terminó en nada importante.
Al Paragua Gaona Lugo y Nico Blandi podemos excusarlos porque no recibieron juego adecuadamente. Gaona metió un pique espectacular pero llegó muy jugado a tirar el centro. A Nico, en una del segundo tiempo, le faltó zurda, se tiró al revés y metió la derecha, incómodo.
Veinticinco años esperaron los catamarqueños para ver a Boca en vivo. Por otra parte, fue la primera vez que perdimos en esa provincia. Una lástima, el entusiasmo de esa gente merecía una mejor respuesta pero bueno, pensemos en el Apertura y en Belgrano.
Pudo haber sido empate porque Estudiantes tampoco demasiado, aunque ese colombiano Zapata nos complicó en el primer tiempo y por otra parte, Boca no tuvo un armador que manejara la pelota como la manejó Auzqui en ese período. Pero en definitiva, los pinchas le deben la mínima alegría a una salida inexplicable de Sebastián Sosa.
¿A dónde fuiste, Sosita? Será cuestión de echarle la culpa a la falta de competencia pero la verdad, uruguayo, es que debustaste con un error guarango que costó un gol y una derrota (sí, amistosa). Habías salvado bien una antes y después le tapaste un par a Boselli pero de este 8 de octubre nos queda la imagen de esa salida imperdonable.
Da bronca cuando se pierde por lesión a un jugador importante en un amistoso. Son cosas que pasan pero da bronca. A Caruzzo le dolía mucho ese tobillo. Ojalá no sea nada porque es un tipo que hace falta en el banco.
En cuanto a los que no aprovecharon la oportunidad, la lista debe comenzar por el Tano Gracián. Apenas un par de toques profundos en el primer tiempo pero muy escasa participación. Él era el indicado para hacerse cargo del equipo. ¿A éste Gracián tendremos que encomendarnos si en algún momento nos falta Román?
En cuanto a Pochi Chávez, se le había metido entre ceja y ceja patear desde lejos. El gran Carlos Bianchi, para estos casos, tiene para el jugador en cuestión la pregunta más certera: ¿Cuándo hiciste un gol desde ahí? Lo cierto es que Pochi no le acertó nunca al arco. Y otro tipo de llegada Boca casi no tuvo.
Tiramos un montón de centros frontales ante un rival que tenía dos centrales altísimos. Esas son las cosas en que Román no se equivoca jamás. A veces parece como que fuera el único jugador capaz de verlas siendo que son tan claras, que desde afuera se ven tan fáciles.
Pochi y el Tano no se juntaron nunca. Nico Colazo tampoco funcionó, en ningún momento. Peor aún, comprometió cada pelota que jugó. Así, no había manera de llegar. Hubiera sido bueno que el pibe Paredes, una de las joyitas que tenemos entre los juveniles, entrara antes pero Falcioni no es muy amigo de hacer cambios muy temprano, más bien suele demorarlos más de lo aconsejable.
Franco Sosa, otro que está necesitando competencia y al que tenemos que ver, empezó decididamente mal, por su zona se movieron con comodidad Auzqui y Zapata (Pochi, cuando va de 8, ayuda poco en la contención). Mejoró un poquito el tucumano en el segundo tiempo, con algunas apariciones en ataque aunque al cabo, ninguna terminó en nada importante.
Al Paragua Gaona Lugo y Nico Blandi podemos excusarlos porque no recibieron juego adecuadamente. Gaona metió un pique espectacular pero llegó muy jugado a tirar el centro. A Nico, en una del segundo tiempo, le faltó zurda, se tiró al revés y metió la derecha, incómodo.
Veinticinco años esperaron los catamarqueños para ver a Boca en vivo. Por otra parte, fue la primera vez que perdimos en esa provincia. Una lástima, el entusiasmo de esa gente merecía una mejor respuesta pero bueno, pensemos en el Apertura y en Belgrano.
lunes, 3 de octubre de 2011
CLINC, CAJA
Construido desde atrás hacia delante, como lo aconseja la lógica más elemental. Duro, con esa dureza del Flaco Schiavi, que en los últimos minutos de juego saca aire no se sabe de dónde para llegar antes a esa pelota que flotaba peligrosamente en área propia y mandarla lejos, bien lejos, tan lejos como fuera posible.
Hoy recurrí a mi archivo para refrescar una antigua nota de El Gráfico que no se me borró nunca. Escribió Juvenal, allá por 1964:
“Este Boca no tiene fútbol viejo ni moderno. Este Boca no es ni brillante ni opaco. No sorprende con una genialidad ni desalienta con lo mediocre”…
Acá corresponde ponerles un paréntesis a las analogías. Porque este Boca sí sorprende con una genialidad. De Román, claro, que cuando están todos esperando un centro llovidito le marca al Burro Rivero “andá para allá”. Y allá se la pone, para que el Burro se encuentre con insólito espacio en plena área rival. “Dormimos en un tiro libre”, analizó después el Vasquito Arruabarrena. Si, durmieron. Y a Boca le bastó que durmieran una vez para definir el partido. Porque el Burro la cruzó y Castaño se la llevó por delante. Uno-cero y a cobrar.
Volvamos a aquella nota de 1964: “Este Boca puntero, que no llega a gustar, pero que seguramente será campeón (faltaba menos que ahora, ojalá se haga), tiene su simbolismo desconcertante en un hombre. Tan desconcertante como este mismo Boca. Un hombre que alcanzó el equilibrio entre lo viejo y lo moderno. Que nunca es brillante, pero que tampoco es opaco. Que no es genial, pero tampoco mediocre”.
“Este Boca es Grillo. El Viejo es el símbolo de toda esta cruzada de vigor, de toda esta hazaña de fuerza. La síntesis de toda esta cronología de la angustia que siempre se transforma en victoria, de esta larga agonía de minutos que Boca pelea y pelea hasta que impone su repudio a la derrota”.
Se me ocurrió que el Grillo 2011 es el Flaco Schiavi. Sí, ya sé, el Pelado Grillo era un delantero gambeteador devenido, de veterano, en obrero de la mitad de la cancha. Pero el Flaco es Grillo en cuanto a lo que transmite. Yo era uno de los que quería morirse cuando lo trajeron de vuelta al Flaco, a sus 38 años. Pero el Flaco acomodó a todo el equipo. A su lado, Insaurralde poco tiene que ver con aquel defensor dubitativo, inseguro, repetido autor de foules innecesarios de sus dos primeros campeonatos en Boca. Y Roncaglia cubre la banda con un oficio que antes de empezar el torneo no nos hubiésemos imaginado. Y detrás está Orión que anda tan derecho que hasta cuando se equivoca, la arregla, como esa que le tapó a Echeverría en el arranque del segundo tiempo.
Seamos claros, con aquella “cronología de la angustia” y “larga agonía de minutos” de que se hablaba en 1964, a este Boca sólo lo emparienta la dificultad para definir partidos que debiera definir más cómodo. Y no lo hace. Pasó con Independiente, con los sanjuaninos, con Estudiantes y también con Tigre. Entonces pasa que tenemos que estar con los gobelinos en la garganta hasta el último centro porque es fútbol y nunca se sabe.
La mitad del vaso llena es la autoridad con que Boca maneja el desarrollo contra cualquier rival. Porque Tigre ayer tuvo la pelota durante buena parte del primer tiempo pero, ¿cuándo llegó? Nunca. Y ojo, que Tigre, a lo largo del torneo, venía siendo uno de los equipos con mayor fluidez y frecuencia de llegada. Maggiolo y Luna son delanteros que están jugando un buen Apertura, Morales es un armador que sabe y Martínez es un cinco que juega. Pero con Boca no se los vio.
¿Qué rival, en estas diez fechas, le manejó el partido a Boca? Ninguno. A Olimpo se lo controló enseguida después de un arranque complicado. Newell’s (como Tigre) tuvo mucho tiempo la pelota pero no encontró qué hacer con ella. San Lorenzo nos embocó un tiro libre pero no nos llegó jamás. Lo mismo Lanús (que se encontró con un gol en contra) y Estudiantes. San Martín, raramente, fue el que más y mejor nos llegó pero no como consecuencia de un control de juego sino en acciones aisladas. Argentinos, en su canchita, asustó con unas pocas pelotas cruzadas pero nada más.
El equipo está duro, esta fuerte, está construido desde atrás hacia delante, como lo indica la lógica más elemental. Nunca es opaco y algún pincelazo de Román puede vestirlo de brillante. No puede llamárselo mediocre a un equipo que tiene bajo control todos los partidos. Puede ser ocasionalmente genial de la mano de Román. “El grupo está comprometido”, como no se cansa de repetir Falcioni. El Flaco Schiavi, como escribiera Juvenal sobre el Pelado Grillo, “no estará nunca ‘regalado’ porque no quiere aflojar. Porque no quiere sentirse ‘viejo’, porque cuando los músculos aflojan y el pecho resople de fatiga, saca lo que hay adentro”…
Aquel Boca 1964 recibió quince goles en treinta partidos (cuatro en una sola fecha, la primera, con Atlanta en La Bombonera). Este Boca recibió dos (uno de tiro libre y uno en contra) en diez partidos. Aquel ganó diez veces 1-0. Este lleva cinco. Tiene un Luquitas Viatri al que está costándole encontrar el arco, como a aquél Paulo Valentim que la metió diez veces en las primeras seis fechas y en todas las restantes, nunca más. Pero el gol que hace falta lo mete cualquiera (hasta Castaño, como aquella vez Nemiña en Rosario con Newell’s). El Román de aquél 1964 era el Beto Menéndez. Notable jugador, el Beto, pero en la comparación con Román, pierde, a no dudarlo.
“Este Boca volvió a ganar (…). Con el mismo matiz indefinible de equipo que no gusta, pero que seguramente será campeón”.
Ojalá, Juvenal, ojalá.
Hoy recurrí a mi archivo para refrescar una antigua nota de El Gráfico que no se me borró nunca. Escribió Juvenal, allá por 1964:
“Este Boca no tiene fútbol viejo ni moderno. Este Boca no es ni brillante ni opaco. No sorprende con una genialidad ni desalienta con lo mediocre”…
Acá corresponde ponerles un paréntesis a las analogías. Porque este Boca sí sorprende con una genialidad. De Román, claro, que cuando están todos esperando un centro llovidito le marca al Burro Rivero “andá para allá”. Y allá se la pone, para que el Burro se encuentre con insólito espacio en plena área rival. “Dormimos en un tiro libre”, analizó después el Vasquito Arruabarrena. Si, durmieron. Y a Boca le bastó que durmieran una vez para definir el partido. Porque el Burro la cruzó y Castaño se la llevó por delante. Uno-cero y a cobrar.
Volvamos a aquella nota de 1964: “Este Boca puntero, que no llega a gustar, pero que seguramente será campeón (faltaba menos que ahora, ojalá se haga), tiene su simbolismo desconcertante en un hombre. Tan desconcertante como este mismo Boca. Un hombre que alcanzó el equilibrio entre lo viejo y lo moderno. Que nunca es brillante, pero que tampoco es opaco. Que no es genial, pero tampoco mediocre”.
“Este Boca es Grillo. El Viejo es el símbolo de toda esta cruzada de vigor, de toda esta hazaña de fuerza. La síntesis de toda esta cronología de la angustia que siempre se transforma en victoria, de esta larga agonía de minutos que Boca pelea y pelea hasta que impone su repudio a la derrota”.
Se me ocurrió que el Grillo 2011 es el Flaco Schiavi. Sí, ya sé, el Pelado Grillo era un delantero gambeteador devenido, de veterano, en obrero de la mitad de la cancha. Pero el Flaco es Grillo en cuanto a lo que transmite. Yo era uno de los que quería morirse cuando lo trajeron de vuelta al Flaco, a sus 38 años. Pero el Flaco acomodó a todo el equipo. A su lado, Insaurralde poco tiene que ver con aquel defensor dubitativo, inseguro, repetido autor de foules innecesarios de sus dos primeros campeonatos en Boca. Y Roncaglia cubre la banda con un oficio que antes de empezar el torneo no nos hubiésemos imaginado. Y detrás está Orión que anda tan derecho que hasta cuando se equivoca, la arregla, como esa que le tapó a Echeverría en el arranque del segundo tiempo.
Seamos claros, con aquella “cronología de la angustia” y “larga agonía de minutos” de que se hablaba en 1964, a este Boca sólo lo emparienta la dificultad para definir partidos que debiera definir más cómodo. Y no lo hace. Pasó con Independiente, con los sanjuaninos, con Estudiantes y también con Tigre. Entonces pasa que tenemos que estar con los gobelinos en la garganta hasta el último centro porque es fútbol y nunca se sabe.
La mitad del vaso llena es la autoridad con que Boca maneja el desarrollo contra cualquier rival. Porque Tigre ayer tuvo la pelota durante buena parte del primer tiempo pero, ¿cuándo llegó? Nunca. Y ojo, que Tigre, a lo largo del torneo, venía siendo uno de los equipos con mayor fluidez y frecuencia de llegada. Maggiolo y Luna son delanteros que están jugando un buen Apertura, Morales es un armador que sabe y Martínez es un cinco que juega. Pero con Boca no se los vio.
¿Qué rival, en estas diez fechas, le manejó el partido a Boca? Ninguno. A Olimpo se lo controló enseguida después de un arranque complicado. Newell’s (como Tigre) tuvo mucho tiempo la pelota pero no encontró qué hacer con ella. San Lorenzo nos embocó un tiro libre pero no nos llegó jamás. Lo mismo Lanús (que se encontró con un gol en contra) y Estudiantes. San Martín, raramente, fue el que más y mejor nos llegó pero no como consecuencia de un control de juego sino en acciones aisladas. Argentinos, en su canchita, asustó con unas pocas pelotas cruzadas pero nada más.
El equipo está duro, esta fuerte, está construido desde atrás hacia delante, como lo indica la lógica más elemental. Nunca es opaco y algún pincelazo de Román puede vestirlo de brillante. No puede llamárselo mediocre a un equipo que tiene bajo control todos los partidos. Puede ser ocasionalmente genial de la mano de Román. “El grupo está comprometido”, como no se cansa de repetir Falcioni. El Flaco Schiavi, como escribiera Juvenal sobre el Pelado Grillo, “no estará nunca ‘regalado’ porque no quiere aflojar. Porque no quiere sentirse ‘viejo’, porque cuando los músculos aflojan y el pecho resople de fatiga, saca lo que hay adentro”…
Aquel Boca 1964 recibió quince goles en treinta partidos (cuatro en una sola fecha, la primera, con Atlanta en La Bombonera). Este Boca recibió dos (uno de tiro libre y uno en contra) en diez partidos. Aquel ganó diez veces 1-0. Este lleva cinco. Tiene un Luquitas Viatri al que está costándole encontrar el arco, como a aquél Paulo Valentim que la metió diez veces en las primeras seis fechas y en todas las restantes, nunca más. Pero el gol que hace falta lo mete cualquiera (hasta Castaño, como aquella vez Nemiña en Rosario con Newell’s). El Román de aquél 1964 era el Beto Menéndez. Notable jugador, el Beto, pero en la comparación con Román, pierde, a no dudarlo.
“Este Boca volvió a ganar (…). Con el mismo matiz indefinible de equipo que no gusta, pero que seguramente será campeón”.
Ojalá, Juvenal, ojalá.
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