Partido redondo. Absoluto control del juego. Diferencia justa, esta vez sin tener que desconfiar hasta último momento porque un solo gol arriba nunca se sabe. Colón ayudó con su opacidad, es cierto, pero también es verdad que Boca, este Boca, viene reduciendo a la opacidad a todos y cada uno de sus rivales. Algo debe tener. Se ganó en un escenario por lo general difícil y se ganó sin dejar dudas. Además, no vayamos a negarlo, llegábamos con nuestra carga de inseguridades y dubitaciones.
Ni Román ni Luquitas ni Cvita. Hmmm… Para colmo, el Sub 20 se llevó a Araujo y Fragapane. Nada menos que el andamiaje ofensivo completo y dos recambios posibles. Fórmula nueva y experimental. Y salió perfecto, sencillamente perfecto. Los tres suplentes fueron de lo mejor. En un equipo sin fisuras, resultaron actores fundamentales.
A ver, este gil escribió hace pocos días sobre Blandi: “La sensación es que se trata de un pibe que hasta allí llegó, que más no va a dar. Difícil que vaya a producir un salto que lo catapulte muy lejos”. Pero para cubrirse agregó: “Sin que esta opinión pueda ser definitiva”. Menos mal. El concepto no cambia, vamos a ver si este partido soñado marca el clic que lo haga crecer a la dimensión impensada para este gil.
Por ahora, puede decirse que no sólo marcó los dos goles de una gran victoria sino que en todo momento fue una pieza de equipo invalorable. Empezó perdiéndose un gol, que sumado a aquel que también dejara pasar frente a Belgrano hacían presagiar lo peor. Pero se enderezó enseguida con el primero y desde entonces fue esencial.
En particular, durante el primer tiempo aguantó muy bien la pelota de espaldas al área, descargando para el compañero que llegaba de frente. Eso de jugar de espaldas lo hizo notoriamente mejor de lo que venía haciéndolo Lucas, a quien en los últimos tiempos lo movían o lo anticipaban demasiado fácil. Y una vez que agarró confianza, Nico ya estaba para cualquiera y hasta pudo haber hecho otro con ese sorpresivo latigazo bajo y cruzado que sacó desde fuera del área y que se le fue no muy lejos de un palo.
Pablito Mouche también mejoró mucho respecto de las últimas veces que había sido titular, cuando la anterior lesión de Cvita. Tuvo protagonismo decisivo en los dos goles. En el primero, con ese taco inesperado y mortal que le dejó a Pochi campo abierto para ir hasta el fondo y sacar el centro. En el segundo, cuando empezó ese largo recorrido en sentido transversal de izquierda a derecha, hizo temer por la aparición del peor Pablo, ese desbocado y con anteojeras. Pero sobre la marcha corrigió el rumbo como el mejor Pablo, de golpe le dio verticalidad a la jugada y terminó sirviéndosela a Nico. Irreprochable.
Bien Pochi, muy bien Pochi. Se sintió conductor, supo que el que tenía que mandar era él y lo hizo. La pidió siempre y lo que es más importante, se la dieron, sus compañeros no dudaron, le tuvieron total confianza en todo momento. Ahora sí parece que Pochi va dejando de ser la eterna promesa y va llegando al punto justo de cocción como jugador. En el Clausura fue de lo más rescatable del equipo. En el Apertura lo confinaron al banco, fue sin decir ni mu y cada vez que se lo necesitó, estuvo. Estuvo a la altura. Puede ser útil por los carriles pero sigue teniendo el alma de enganche. Lo devolvieron a sus orígenes y jugó un partido bárbaro en un momento clave.
Es de destacar lo de Falcioni, que supo dar un golpe de timón, revisar sus propias decisiones. Hasta la práctica del viernes, el titular era Gracián. El técnico observó a sus jugadores, evaluó rendimientos y cambió. Así se hace.
Sin fisuras, se escribió más arriba. Si Clemente hubiera hecho algunas elecciones más correctas en ataque, durante el segundo tiempo, la diferencia seguramente se hubiese ampliado pero no hubo puntos débiles. Muy buen partido de Somoza, siempre parado donde hizo falta, cortando y jugando. El Flaco Schiavi, de nuevo, imponente. Pompei lo amonestó de entrada y mal, lo tarjeteó para marcar territorio. El Flaco, inmutable. Jugó todo el partido con esa espada de Damocles y no se equivocó nunca. A su lado, Roncaglia e Insaurralde también, sin errores visibles.
Orión aceleró palpitaciones con ésa que se le escapó en el segundo tiempo pero la arregló, se jugó a fondo y enmendó. No está teniendo mucho trabajo, el equipo le alivia la carga pero inspira tranquilidad, en general. A la tribuna y, en primer término, al equipo. Ida y vuelta. Reciprocidad.
Ojo, hace menos de tres meses todos (todos) decíamos: “Estudiantes nos encajó por tres millones de dólares a Orión y por menos guita se quedó con Villar”. Hoy, cada uno está donde está. ¡Dos goles recibidos en doce partidos, uno de tiro libre y otro en contra! El mérito es de todos pero siempre se empieza por el arquero. “Roma y las telarañas de su arco”, tituló una vez El Gráfico, allá por 1964. ¿Y qué de las telarañas del arco de Orión?
Partido redondo. Autoridad incontrastable a lo largo de los noventa minutos. Seguridad, solvencia, aplomo. Nos faltó el mejor jugador del fútbol argentino y vastos alrededores y ni nos acordamos. Nos quedamos de un saque sin tres titulares y ganamos igual, hasta fácil. Fácil después de lo visto, porque antes de jugarlo pintaba difícil. Boca resolvió un problema más. Da ganas de creer, Boca.
miércoles, 26 de octubre de 2011
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