Decantó la cosa, como era de prever, como siempre. La última noticia (sin confirmación oficial) es que Beraldi y Digón se bajaron para plegarse con Ameal. Ahora falta que Salvestrini se avenga y se pliegue con Angelici. Es cuestión de tiempo.
Macrismo versus No-macrismo, por decirlo a grandes trazos y con alguna suavidad. Sí, los que están en pugna son “dos modelos de gestión”, como lo escuché decir al propio Salvestrini, hace poco, con precisión.
Hasta ahí, todo legal. Lo que subyace pero bastante cerca de la superficie (aunque de todos modos en las sombras) es que, detrás de los postulantes, están el gobierno nacional y el de la ciudad de Buenos Aires. Macrismo versus Kirchnerismo. Punta de lanza para las presidenciales de 2015. Porque los políticos argentinos, todos, termina una elección y ya están maquinando cómo hacer para ganar la siguiente. Es su vida, no hay ninguna otra cosa que cuente para ellos. Ni vocación de servicio ni real preocupación por lo que le pase a la gente.
El caso es que, para la ocasión, el botín de guerra es Boca, nada menos. Y esto sí que rompe soberanamente las pelotas.
Sin mayor disimulo, el kirchnerismo operó para que Beraldi y Digón se dejaran de joder y se encolumnaran con Ameal. El propio Macri, según dicen, hace pocas semanas, levantó un tubo para “pedirle amablemente” a Salvestrini que no moleste y se ponga de una vez detrás de Angelici.
Esto es tan pero tan viejo como la misma putísima forma de hacer política “a la argentina”. Es decir, de Saavedra y Moreno para acá, más o menos. Lo que a uno le preocupa son las consecuencias que pueda llegar a pagar el club.
Pocos años atrás, según se recordará, el jefe de Gobierno Telerman tuvo la idea de abrir la calle Aristóbulo Del Valle, en el tramo que va desde Del Valle Iberlucea hasta Irala. Literalmente, partía a Boca por el medio. Dividía un predio que el club ocupa desde 1924. Y vaya casualidad, lo hacía en un momento en que el presidente de Boca, Macri, se perfilaba para ganarle la jefatura de Gobierno (se la ganó al fin). Sin el más mínimo decoro, Telerman, para cagar a Macri, se quería cagar en Boca. Por suerte, se lo pudo parar.
No mucho más tarde, se anuló el procedimiento por el cual la Comisión Directiva que encabezaba Pedro Pompilio estaba en funciones desde diciembre de 2007, se restituyó en la presidencia a Macri (ya por entonces jefe de Gobierno) y se ordenó un nuevo llamado a elecciones (las que ganó Pompilio en junio de 2008). Macri, en el acto por el cual contra su voluntad se lo devolvió a la presidencia del club, invitó con razón al diputado kirchnerista Kunkel a atender sus asuntos, que los debe tener e importantes de que ocuparse, y no inmiscuirse espuriamente en la vida institucional de Boca.
Este gil que escribe tiene, para diciembre próximo, su voto decidido por Ameal. Supone que, en la coyuntura, el Gordo es lo mejor que podría pasarle al club. Pero no por eso dejó de chocarle, por lo grosero, que en el entretiempo del partido Racing-Lanús, en el oficial “Fútbol para Todos”, se mandara un bloque destacando las obras realizadas en Boca durante la gestión del actual presidente. Publicidad “descubierta”, más que encubierta.
Habrá que estar muy alertas y hacer lo que se pueda para que Boca sufra lo menos posible. Porque ya podemos ir tomando nota de que, si gana Ameal, los esbirros de Macri no trepidaran en clausurar La Bombonera por cualquier fierro que sobresalga de una pared. Y si gana Angelici, los lebreles de Cristina, sin la menor vergüenza, serán capaces de allanar las oficinas porque alguien se olvidó de poner la firma en alguna factura por la compra de dos docenas de medialunas. Somos, los bosteros, rehenes de esa putísima forma de hacer política “a la argentina”.
viernes, 28 de octubre de 2011
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