Cuando se fue expulsado Somoza era como para preocuparse. Hasta ese momento (36 minutos) no había desequilibrio marcado en el juego, Boca había llegado algo mejor pero sin embargo era Arsenal al que se veía más estructurado, más convencido de lo que hacía.
En paralelo con el valor del resultado, que nos deja con un pie y medio en los octavos, lo importante de la frenética noche de Copa en una Bombonera vestida con sus mejores galas fue el espíritu indomable con que el equipo encaró la circunstancia adversa. Se mataron, todos los jugadores. Bien a lo Boca.
Por segundo partido consecutivo hubo que jugar muchos minutos con uno menos. Esta vez estábamos empatando y ese resultado dejaba planteado un futuro incierto. Había que ganar. Y se ganó, con diez.
Ayudó el hecho de que Arsenal es un equipo pensado para molestar, para joder, para embarullar pero cuando tiene que ir a ganar se le agota el repertorio. Salvo las pelotas paradas, que son una especialidad, Arsenal no sabe cómo atacar porque a su único delantero de jerarquía, Leguizamón, un nueve que arma y llega, no hay quien lo acompañe.
Empezamos dividiendo mucho la pelota y tal como pasara en Sarandí, parecía que Arsenal estaba mejor distribuido, que llegaba con menor esfuerzo y recorrido, que caminaba por caminos más cortos.
Cuando empezamos a encontrarnos más con la bola, hubo signos positivos aunque necesitamos más. Pablito Ledesma y el Tanque Silva, los dos que llegaron este año, son los que mejor están sintonizando con Román pero tiene que mejorar Erviti, que pierde muchas pelotas. En cuanto a Mouche, sabemos que con él cada partido o mejor dicho, cada participación suya en el juego es como jugar a la generala, no se sabe qué va a salir del cubilete.
Lo mejor de Pablo es que sigue yendo a todas, es incansable. Mucha gente está empezando a hartarse de su falta de medida para terminar las jugadas, de esas acciones en que no ve lo que tiene a los costados. Pero cuando se fue reemplazado, todos reconocimos su esfuerzo, su despliegue para volantear cuando nos quedamos con uno menos, su tesón inclaudicable.
Si nos detenemos en los rendimientos individuales, con los consabidos toques de distinción de Román, debe mencionarse que Orión recuperó la seguridad, que el Flaco Schiavi ganó todo por arriba en el segundo tiempo, que Ledesma, después de un comienzo confuso, fue vital con su dinámica y su oficio, con su sagacidad para aparecer en ataque y marcar su tercer gol del año.
Aunque por encima de todos, hay que ubicarlo al Tanque. Las asistencias que puso previo a los dos goles, primero para Román y después para el Gordo Sánchez Miño, fueron de alta jerarquía. Jugó un partido en que mezcló en la medida justa las dosis de distinción y garra, cerebro y corazón. Cuando se fue, la cancha se venía abajo para aplaudirlo. Y eso que todavía no hace goles pero los de anoche, los dos, fueron en gran medida suyos.
Muy buena maniobra conjunta la del primer gol, por la repentización del Tanque para meter el taco que desarma y por la astucia de Román para aparecer por el lado ciego del rival. El remate no fue el mejor pero alcanzó para que Campestrini no pudiera retener y ahí apareció Pablo, para comerse el cierre de Damián Pérez y empujarla de prepotencia. Arma fundamental, mortal en el fútbol de hoy el volante que llega al área y define. Como Pablo, en Sarandí, con Independiente y anoche.
Contraataque de manual, el segundo. Hasta allí, no había terminado bien ninguna contra. Arsenal estaba muy abierto pero la gestión del Tanque, defendiendo la pelota, armándose y descargando en tiempo y forma para la aparición de Sánchez Miño fue magistral. El Gordo también sabe de eso de pasar al ataque no por compromiso ni por rutina sino para terminar la jugada. El zurdazo no fue perfecto pero sí suficiente para que Campestrini no pudiera neutralizarlo y la pelota entrara.
La expulsión de Somoza tal vez fue un poquito apresurada, como la definió Falcioni. Seguro que a Loustau le pesó todo lo que se había hablado de aquel partido con River. Pero de todas maneras, fue una imprudencia de Leo ir tan al mango, estando amonestado, a una pelota que no definía nada, en el medio de la cancha y sobre un costado. Esos detalles hay que cuidarlos porque pueden costar caro.
Tenemos que jugar mejor. Podemos. Hay que etabilizarse, no tener tantos altos y bajos de un partido a otro ni dentro de un mismo partido. Pero hay que quedarse con esa imagen de equipo que afloró cuando peor venía la mano. Hubo solidaridad, hubo compromiso, hubo rebeldía. Hubo Boca.
viernes, 30 de marzo de 2012
lunes, 26 de marzo de 2012
NO HAY EQUIPO
El partido táctico lo perdimos, lo perdimos mal. Cuando se marcó diferencia, fue por obra y gracia de un solo y excluyente actor, Román, que jugó un primer tiempo de fantasía. Lanús fue siempre más colectivo, más estructurado, con jugadores que se desplegaban de manera coordinada y se asistían el uno al otro, no se dejaban solos.
Después del intervalo que significó el partido en San Juan, donde Boca fue compacto y solidario, regresó el equipo de los partidos anteriores (concepto que incluye buena parte del juego durante el triunfo en Sarandí).
Ahora se ve la lentitud del Flaco Schiavi, afloran las flaquezas de Clemente y Roncaglia no cubre bien el lateral derecho. Pero no se trata sólo de defecciones individuales. Schiavi queda desprotegido, Roncaglia queda desprotegido, Clemente queda desprotegido. Cada uno de ellos tiene demasiados metros cuadrados de los que encargarse. En el Apertura, el Flaco nunca tenía que salir a campo traviesa a jugársela a cara o cruz. No tuvo un buen partido Somoza, Erviti no funcionó tácticamente como en San Juan y el Burro Rivero sigue lejos del nivel del año pasado. No hay contención. Se perdió la automatización de movimientos que, en el segundo semestre de 2011, había transformado a Boca en un equipo, en la cabal y profunda acepción de la palabra.
Y cuando se gana la pelota, somos Román. Y Román viene creciendo, esos primeros 45 minutos lo mostraron en su mejor versión, dinámico, participativo, comprometido y como siempre, genial. Pero no genial en una o dos intervenciones sino en varias, metido todo el tiempo en el juego. El problema es que no hay conducción alternativa. Los contrarios saben que Román es el único, que si él no puede no puede nadie.
El Tanque Silva da ganas de creer, el tipo se mata, aguanta muy bien de espaldas, abre espacios, es capaz de tirar un taco delicioso, que desarma rivales, como el de la jugada previa al gol de Román. Pero no la mete. Esta vez no tuvo muchas oportunidades. Imposible pedirle que gane de arriba y la emboque si no se la ponen bien desde los costados. En San Juan había tenido dos. Con Lanús, ninguna.
Pablito Mouche cada vez me hace acordar más al Loco Pianetti. Pablo es zurdo pero tienen tantas cosas en común… Ese gol de Pablo, en que quiso meter un centro y terminó saliéndole una bomba que explotó por detrás de Marchesín, es una postal de cómo juega. El tipo va a todas, insiste, obliga, incluso en el segundo tiempo le abortó a Lanús una acción de gol con un retroceso oportunísimo pero nunca clarifica, se enreda en sus laberintos, choca, rebota… Y se enoja.
Aunque si de enojos hablamos, ¡Clemente!... No vamos aquí ponernos en maestros ciruelas y decir que lo de Clemente fue impropio de un profesional. Los profesionales también se agarran sus rabietas, en cualquier momento. Pero ponerse a discutir con Pezzotta y seguirla, seguirla, seguirla hasta que le sacaron la roja… Lo que pasa es que Clemente estaba muy alterado porque en el segundo tiempo Lanús le había tirado ahí a Regueiro y Regueiro lo estaba volviendo loco. Una cosa lleva a la otra y Clemente terminó dejándonos con diez en el peor escenario posible, cuando nos habían empatado y nos estaba pasando por arriba, regalados para la hecatombe.
Menos mal que a Lanús, en los últimos 25 minutos, se le manifestó el ADN de equipo chico. En vez de ir a matar, con todas las circunstancias servidas, sacó el pie del acelerador. El Gordo Sánchez Miño cerró mejor que Clemente el lateral y Pablito Ledesma le dio algo más de equilibrio, algo, a la mitad de la cancha. Así pudimos aguantar el segmento final de partido para quedarnos al menos con un punto que no es de desdeñar porque a todas luces, estábamos para perder.
Si queremos ser optimistas, tenemos que mirar la jugada del segundo gol, tres minutos después de la Bomba M (de Mouche). Aprovechamos que a Lanús le había dolido el cachetazo, fuimos por más y tuvimos más. Una muy buena maniobra de ataque conjunta, lo que nos está faltando. Grande Román, el ya aludido taco del Tanque, Román que le pega y rebote, Mouche que le pega y otro rebote, Román y adentro. Terminamos la acción con tres tipos incrustados en el corazón del área rival. Tenemos que lograrlo con más frecuencia.
Si queremos ser pesimistas, no podemos permitirnos lo del primer gol de Lanús. Es como para suponer que si el primer tiempo terminaba 2-0, se terminaba el partido pero… ¿qué pasó? ¿Nos quedamos festejando el gol de Román? Dos minutos después, Araujo mete un centro larguísimo y por detrás aparece Pavone para meter el cabezazo con absoluta comodidad. Boca miró toda la jugada. Desconcentración, desconcentración pura.
En el segundo de Lanús, más allá de que el frentazo de Goltz haya sido impecable, hay una falla individual de Orión, que salió a cazar mariposas. Había tapado una pelota bárbara, esa media vuelta de Pavone y a continuación, una “cagadota”, como decía el colombiano Córdoba. Pero Lanús ya estaba jugando mejor, nos manejaba el partido, sin cortapisas.
A propósito de Goltz, se lució en el segundo tiempo. Llegaba a todas justito, a lo Meléndez. Pero es que estaba protegido por un equipo. Así es como crecen los rendimientos individuales, con un equipo alrededor que respalde. Eso nos está faltando.
Se viene una semana de definiciones en Copa y campeonato. Y tenemos que vérnoslas con dos equipos muy tácticos. Arsenal no tiene figuras que sobresalgan pero sabe bien a qué juega. Estudiantes sí tiene figuras y además, sabe bien a qué juega. Boca, en el Apertura, sabía bien a qué jugaba. Los jugadores son los mismos pero ahora, cada partido es como una vuelta de ruleta rusa. Se perdió la regularidad y sin regularidad, no hay equipo.
Después del intervalo que significó el partido en San Juan, donde Boca fue compacto y solidario, regresó el equipo de los partidos anteriores (concepto que incluye buena parte del juego durante el triunfo en Sarandí).
Ahora se ve la lentitud del Flaco Schiavi, afloran las flaquezas de Clemente y Roncaglia no cubre bien el lateral derecho. Pero no se trata sólo de defecciones individuales. Schiavi queda desprotegido, Roncaglia queda desprotegido, Clemente queda desprotegido. Cada uno de ellos tiene demasiados metros cuadrados de los que encargarse. En el Apertura, el Flaco nunca tenía que salir a campo traviesa a jugársela a cara o cruz. No tuvo un buen partido Somoza, Erviti no funcionó tácticamente como en San Juan y el Burro Rivero sigue lejos del nivel del año pasado. No hay contención. Se perdió la automatización de movimientos que, en el segundo semestre de 2011, había transformado a Boca en un equipo, en la cabal y profunda acepción de la palabra.
Y cuando se gana la pelota, somos Román. Y Román viene creciendo, esos primeros 45 minutos lo mostraron en su mejor versión, dinámico, participativo, comprometido y como siempre, genial. Pero no genial en una o dos intervenciones sino en varias, metido todo el tiempo en el juego. El problema es que no hay conducción alternativa. Los contrarios saben que Román es el único, que si él no puede no puede nadie.
El Tanque Silva da ganas de creer, el tipo se mata, aguanta muy bien de espaldas, abre espacios, es capaz de tirar un taco delicioso, que desarma rivales, como el de la jugada previa al gol de Román. Pero no la mete. Esta vez no tuvo muchas oportunidades. Imposible pedirle que gane de arriba y la emboque si no se la ponen bien desde los costados. En San Juan había tenido dos. Con Lanús, ninguna.
Pablito Mouche cada vez me hace acordar más al Loco Pianetti. Pablo es zurdo pero tienen tantas cosas en común… Ese gol de Pablo, en que quiso meter un centro y terminó saliéndole una bomba que explotó por detrás de Marchesín, es una postal de cómo juega. El tipo va a todas, insiste, obliga, incluso en el segundo tiempo le abortó a Lanús una acción de gol con un retroceso oportunísimo pero nunca clarifica, se enreda en sus laberintos, choca, rebota… Y se enoja.
Aunque si de enojos hablamos, ¡Clemente!... No vamos aquí ponernos en maestros ciruelas y decir que lo de Clemente fue impropio de un profesional. Los profesionales también se agarran sus rabietas, en cualquier momento. Pero ponerse a discutir con Pezzotta y seguirla, seguirla, seguirla hasta que le sacaron la roja… Lo que pasa es que Clemente estaba muy alterado porque en el segundo tiempo Lanús le había tirado ahí a Regueiro y Regueiro lo estaba volviendo loco. Una cosa lleva a la otra y Clemente terminó dejándonos con diez en el peor escenario posible, cuando nos habían empatado y nos estaba pasando por arriba, regalados para la hecatombe.
Menos mal que a Lanús, en los últimos 25 minutos, se le manifestó el ADN de equipo chico. En vez de ir a matar, con todas las circunstancias servidas, sacó el pie del acelerador. El Gordo Sánchez Miño cerró mejor que Clemente el lateral y Pablito Ledesma le dio algo más de equilibrio, algo, a la mitad de la cancha. Así pudimos aguantar el segmento final de partido para quedarnos al menos con un punto que no es de desdeñar porque a todas luces, estábamos para perder.
Si queremos ser optimistas, tenemos que mirar la jugada del segundo gol, tres minutos después de la Bomba M (de Mouche). Aprovechamos que a Lanús le había dolido el cachetazo, fuimos por más y tuvimos más. Una muy buena maniobra de ataque conjunta, lo que nos está faltando. Grande Román, el ya aludido taco del Tanque, Román que le pega y rebote, Mouche que le pega y otro rebote, Román y adentro. Terminamos la acción con tres tipos incrustados en el corazón del área rival. Tenemos que lograrlo con más frecuencia.
Si queremos ser pesimistas, no podemos permitirnos lo del primer gol de Lanús. Es como para suponer que si el primer tiempo terminaba 2-0, se terminaba el partido pero… ¿qué pasó? ¿Nos quedamos festejando el gol de Román? Dos minutos después, Araujo mete un centro larguísimo y por detrás aparece Pavone para meter el cabezazo con absoluta comodidad. Boca miró toda la jugada. Desconcentración, desconcentración pura.
En el segundo de Lanús, más allá de que el frentazo de Goltz haya sido impecable, hay una falla individual de Orión, que salió a cazar mariposas. Había tapado una pelota bárbara, esa media vuelta de Pavone y a continuación, una “cagadota”, como decía el colombiano Córdoba. Pero Lanús ya estaba jugando mejor, nos manejaba el partido, sin cortapisas.
A propósito de Goltz, se lució en el segundo tiempo. Llegaba a todas justito, a lo Meléndez. Pero es que estaba protegido por un equipo. Así es como crecen los rendimientos individuales, con un equipo alrededor que respalde. Eso nos está faltando.
Se viene una semana de definiciones en Copa y campeonato. Y tenemos que vérnoslas con dos equipos muy tácticos. Arsenal no tiene figuras que sobresalgan pero sabe bien a qué juega. Estudiantes sí tiene figuras y además, sabe bien a qué juega. Boca, en el Apertura, sabía bien a qué jugaba. Los jugadores son los mismos pero ahora, cada partido es como una vuelta de ruleta rusa. Se perdió la regularidad y sin regularidad, no hay equipo.
lunes, 19 de marzo de 2012
LA CASA ESTÁ EN ORDEN
La identidad se recuperó. El equipo se pareció, durante buena parte del juego, al del Apertura. Controlando la situación con solidez, mandando. Sin brillo, pero confiable, seguro.
La excepción fue el segmento de partido que sucedió al gol de Walter Erviti. Terminamos demasiado metidos atrás, solitos. Retrocedimos más de lo necesario, quizá por la tentación de liquidar de contraataque. Regalamos metros de cancha y pelota sin que hiciera falta y quedó la imagen de que nos apretaron cuando en realidad, ellos no tenían mayor idea de qué hacer.
En verdad, se debió haber definido durante el primer tiempo. A San Martín se lo mantuvo siempre muy lejos de Orión y en el área rival se fabricaron no menos de cuatro o cinco oportunidades claras. Se las dejó pasar y de eso hay que tomar nota, porque es en partidos así donde se suelen perder puntos que después duelen.
El medio juego fue muy solvente, con Somoza en su nivel, bien parado y prolijo para descargar. Con buenos aportes de Pablito Ledesma, que venía pidiendo titularidad y también de Walter Erviti, que asimiló bien el oficio de juntarse con el tres, de relevarlo aunque a veces le falte precisión en las entregas y tienda a la confusión cuando se cierra.
Con el aplomo del medio, se recuperó también la seguridad en la última línea, aunque hayan sonado algunas alarmas por los laterales.
Lo más notorio fueron las chances que desperdició Mouche pero atención, Pablo fue, en esos cuarenta y cinco minutos, el hombre más importante de la tarde. Encontró espacio siempre, pasó muchas veces, llegó a posición de gol porque estuvo muy metido. Claro que la deuda es la falta de precisión para definir pero el saldo es positivo.
Ese cabezazo que le quedó con todo el arco de frente es difícil de explicar. Porque tenía tiempo de mirar y ponerla donde quisiese pero se le fue. Después, esa otra corrida por derecha fue muy buena por cómo picó y ganó. El remate fue ciertamente malo, le dio mal pisado, se apuró. Era para darle con derecha pero aun eligiendo darle de zurda, podría haberse afirmado mejor para cruzarla. Quiso definir al palo más cercano sin cambiar de velocidad y le salió lo que le salió.
El veterano comentarista televisivo destacaba, en San Martín, a Mas y a Poggi pero lo cierto es que les entramos repetidamente por ahí, por donde estaban esos dos (o tenían que estar). Además de Pablo, también pasó muy bien algunas veces Facundo Roncaglia, como en ese centro que puso en la cabeza de Silva, perfecto. El aporte ofensivo de Roncaglia fue destacado, mucho mejor que otras veces. Si le agrega esa faceta a su oficio para la marca, bueno, estaremos en presencia de un lateral con todas las letras, quién lo hubiera dicho.
Habíamos dejado escapar el primer tiempo y en el segundo no estaba pasando nada. El partido se enmarañó en la mitad de la cancha y no nos llegaban, pero nosotros tampoco llegábamos como antes. Hasta que se produjo el gol.
Muy bueno el toque de Silva, desacomodando rivales. Gran asistencia de Pochi, lo vio muy bien a Erviti y se la puso justa. Inmaculada la definición de Walter, cruzándola y apretándola contra el piso, sin levantarla.
Pochi había tenido mucho contacto con la pelota, mucha movilidad pero no acertó en la proporción necesaria. A veces se apuró a soltarla, otras trasladó más de lo que la jugada imponía, eligió mal. Se redimió con la del gol porque fue una excelente cesión.
El Pelado Silva, como contra Arsenal, volvió a ser partícipe esencial en la jugada de un gol. Arrastró marcas y tocó adecuadamente, sorprendiendo y desequilibrando. Ya en el primer tiempo, en la del cabezazo de Mouche, había sido fundamental porque los defensores rivales se distrajeron con él, permitieron que la pelota les picara en el área y así fue que le quedó a Pablo.
Claro que todos, comenzando por el propio Pelado, estamos esperando sus goles. Tienen que llegar. Tuvo dos cabezazos de muy buena factura. En el primero frenteó bien, hacia abajo, una lástima que la bola le haya pegado al que lo marcaba y se haya ido al córner. En el otro fueron inmejorables sus gestos técnicos para elevarse, girar el cuello e impactar la pelota. Que se le haya ido por pocos centímetros afuera no puede cambiar el concepto.
Es saludable que se haya recobrado esa sensación de que a Boca es muy difícil llegarle, Sobre esa base tiene que proseguir el camino del crecimiento. San Martín tuvo esa del primer tiempo, un remate frontal desde fuera del área que terminó en córner (no fue que Orión “estaba vencido”, como dijeron por tele, si la bola seguía, Orión se había tirado bien). Después, cuando ya estábamos 1-0, llegó ese cabezazo de Grabinski que no entró por milagro. Lo perdió el Chaco Insaurralde. Hay que señalarlo pero fue un error individual y fue uno solo.
Pasó la semana trágica, la de Fluminense e Independiente y el mal momento no se prolongó, por suerte. Estamos para pelearla, con chances intactas en todos los frentes. Ya se vienen Cvitanich y Blandi, Luquitas Viatri tiene para un mes, el domingo que viene lo vamos a tener a Román descansadito. Pinta, pinta lindo.
La excepción fue el segmento de partido que sucedió al gol de Walter Erviti. Terminamos demasiado metidos atrás, solitos. Retrocedimos más de lo necesario, quizá por la tentación de liquidar de contraataque. Regalamos metros de cancha y pelota sin que hiciera falta y quedó la imagen de que nos apretaron cuando en realidad, ellos no tenían mayor idea de qué hacer.
En verdad, se debió haber definido durante el primer tiempo. A San Martín se lo mantuvo siempre muy lejos de Orión y en el área rival se fabricaron no menos de cuatro o cinco oportunidades claras. Se las dejó pasar y de eso hay que tomar nota, porque es en partidos así donde se suelen perder puntos que después duelen.
El medio juego fue muy solvente, con Somoza en su nivel, bien parado y prolijo para descargar. Con buenos aportes de Pablito Ledesma, que venía pidiendo titularidad y también de Walter Erviti, que asimiló bien el oficio de juntarse con el tres, de relevarlo aunque a veces le falte precisión en las entregas y tienda a la confusión cuando se cierra.
Con el aplomo del medio, se recuperó también la seguridad en la última línea, aunque hayan sonado algunas alarmas por los laterales.
Lo más notorio fueron las chances que desperdició Mouche pero atención, Pablo fue, en esos cuarenta y cinco minutos, el hombre más importante de la tarde. Encontró espacio siempre, pasó muchas veces, llegó a posición de gol porque estuvo muy metido. Claro que la deuda es la falta de precisión para definir pero el saldo es positivo.
Ese cabezazo que le quedó con todo el arco de frente es difícil de explicar. Porque tenía tiempo de mirar y ponerla donde quisiese pero se le fue. Después, esa otra corrida por derecha fue muy buena por cómo picó y ganó. El remate fue ciertamente malo, le dio mal pisado, se apuró. Era para darle con derecha pero aun eligiendo darle de zurda, podría haberse afirmado mejor para cruzarla. Quiso definir al palo más cercano sin cambiar de velocidad y le salió lo que le salió.
El veterano comentarista televisivo destacaba, en San Martín, a Mas y a Poggi pero lo cierto es que les entramos repetidamente por ahí, por donde estaban esos dos (o tenían que estar). Además de Pablo, también pasó muy bien algunas veces Facundo Roncaglia, como en ese centro que puso en la cabeza de Silva, perfecto. El aporte ofensivo de Roncaglia fue destacado, mucho mejor que otras veces. Si le agrega esa faceta a su oficio para la marca, bueno, estaremos en presencia de un lateral con todas las letras, quién lo hubiera dicho.
Habíamos dejado escapar el primer tiempo y en el segundo no estaba pasando nada. El partido se enmarañó en la mitad de la cancha y no nos llegaban, pero nosotros tampoco llegábamos como antes. Hasta que se produjo el gol.
Muy bueno el toque de Silva, desacomodando rivales. Gran asistencia de Pochi, lo vio muy bien a Erviti y se la puso justa. Inmaculada la definición de Walter, cruzándola y apretándola contra el piso, sin levantarla.
Pochi había tenido mucho contacto con la pelota, mucha movilidad pero no acertó en la proporción necesaria. A veces se apuró a soltarla, otras trasladó más de lo que la jugada imponía, eligió mal. Se redimió con la del gol porque fue una excelente cesión.
El Pelado Silva, como contra Arsenal, volvió a ser partícipe esencial en la jugada de un gol. Arrastró marcas y tocó adecuadamente, sorprendiendo y desequilibrando. Ya en el primer tiempo, en la del cabezazo de Mouche, había sido fundamental porque los defensores rivales se distrajeron con él, permitieron que la pelota les picara en el área y así fue que le quedó a Pablo.
Claro que todos, comenzando por el propio Pelado, estamos esperando sus goles. Tienen que llegar. Tuvo dos cabezazos de muy buena factura. En el primero frenteó bien, hacia abajo, una lástima que la bola le haya pegado al que lo marcaba y se haya ido al córner. En el otro fueron inmejorables sus gestos técnicos para elevarse, girar el cuello e impactar la pelota. Que se le haya ido por pocos centímetros afuera no puede cambiar el concepto.
Es saludable que se haya recobrado esa sensación de que a Boca es muy difícil llegarle, Sobre esa base tiene que proseguir el camino del crecimiento. San Martín tuvo esa del primer tiempo, un remate frontal desde fuera del área que terminó en córner (no fue que Orión “estaba vencido”, como dijeron por tele, si la bola seguía, Orión se había tirado bien). Después, cuando ya estábamos 1-0, llegó ese cabezazo de Grabinski que no entró por milagro. Lo perdió el Chaco Insaurralde. Hay que señalarlo pero fue un error individual y fue uno solo.
Pasó la semana trágica, la de Fluminense e Independiente y el mal momento no se prolongó, por suerte. Estamos para pelearla, con chances intactas en todos los frentes. Ya se vienen Cvitanich y Blandi, Luquitas Viatri tiene para un mes, el domingo que viene lo vamos a tener a Román descansadito. Pinta, pinta lindo.
jueves, 15 de marzo de 2012
PASTILLA DE CARBÓN
Había que ganar y se ganó. Y aunque lejos estuvo de consumarse una producción realmente convincente, además del resultado en sí hubo algunas señales positivas. Como para esperanzarse en que, logrados los imprescindibles tres puntos e interrumpida la serie negativa, se fije el punto de partida para volver a ser los que fuimos hasta no hace muchos días.
Por tercera vez consecutiva estábamos perdiendo antes de los diez minutos. Y de ninguna manera fue un “accidente”, como lo calificó Falcioni. Arsenal estaba mejor desde el mismo momento en que pitó Lunati para dar inicio al juego. Y aunque el gol fue una notoria chambonada de Clemente, que la quiso sacar al córner y la puso pegada al palo pero del lado de adentro, esa chambonada fue la consecuencia de cómo venía la jugada. Fue forzada por las circunstancias. Porque Aguirre la había armado muy bien por la izquierda y la cruzó muy bien al área. Y Clemente vio que detrás de él llegaba Leguizamón para meterla, estaba muy presionado, por eso tuvo que apurarse y pasó lo que pasó.
Los minutos que transcurrieron hasta el empate fueron de terror, insufribles. Porque Arsenal mandaba en toda la cancha. Nos abría, trabajando muy bien la pelota sobre los costados. Somoza quedaba muy solo en el medio, regalábamos espacios por todos lados, la tenían siempre ellos, estaban mucho mejor parados, llegaban primero a las divididas y ni atisbo de armar, por lo menos, un contraataque como la gente.
Precisamente, todo lo contrario de lo que fue una constante a lo largo del pasado Apertura. Porque en toda esa campaña, que ya pareciera muy lejana en el tiempo, a Boca nadie le había manejado el partido. Siempre mandaba Boca.
De la nada, digamos la verdad, llegó el empate. Con una ayudita, según escuché, del asistente Gustavo Rossi porque dijeron por radio (en la cancha me quedaba muy lejos y sesgado ese arco), había off side de Silva. Por suerte López, acosado por la presencia de Silva, tuvo que rechazar en forma defectuosa esa pelota que metió Román y ahí le quedó a Pablito Mouche que resolvió muy bien, no se apuró y la terminó con precisión irreprochable. Justo Pablo era de los que más peleaban en esos pasajes tan aciagos, medio a ciegas pero iba.
Ahí empezó otro partido porque evidentemente, a Arsenal le dolió demasiado el gol. Se desdibujó y empezamos a poder hacer pie pero se dio un partido enredado, sin ideas claras por ninguno de los dos lados. Así hasta el final del primer tiempo y al comenzar el segundo, otra vez arrancaron mejor ellos.
Fue vital el ingreso de Pablito Ledesma, pasado el cuarto de hora, por el Burro. Pablo le dio mayor agresividad a la media cancha. No sólo que no dejó abandonado a Somoza sino que tenía bien definida la idea de subir por la derecha, intentar juntarse con Mouche. Y también mejoró Erviti. Y la pelota empezó a encontrarse más seguido y por más tiempo con su mejor amante, Román.
La jugada del segundo gol se pareció mucho a la del cuarto gol con Independiente y estuvo bien elaborada. Apertura limpita de Román para Clemente, pelota bien puesta al corazón del área por abajo (de lo poco que acertó Clemente, sumamente impreciso y apresurado), decisiva participación de Silva que se llevó con él a los centrales y fulminante aparición de Pablito Ledesma para definir. Así tiene que llegar un volante al área, como puñal que se clava en la carne.
El último segmento de partido fue lo más tranquilizador y prometedor. Porque Boca controló la situación con autoridad. Sin brillos, porque el partido fue todo de dientes y culo apretaditos pero imponiendo presencia, manteniendo el juego bien lejos de Orión. Quedaba toda la segunda mitad del segundo tiempo y… ¿cuándo llegó Arsenal? Una vez sola, la de ese tiro libre que Caffa cruzó al área y Blanco Leschuk metió ese cabezazo que nos paralizó los corazones pero bueno, zafamos.
La ilusión es que, a partir del resultado, nos calmemos todos y empecemos a solidificarnos de nuevo. Que vuelva a ser confiable la defensa, que crezca el juego, que empiece a recibir bola y empiece a meterla Silva. La clasificación, ahora, la tenemos servida pero tengamos en cuenta que habíamos empezado la Copa calculando ganar el grupo y ahora ese objetivo nos quedó lejísimos, casi inalcanzable y descartado. Olvidémonos de definir todos los cruces en La Bombonera. Vamos a tener que remarla. Pero salimos de terapia intensiva.
Por tercera vez consecutiva estábamos perdiendo antes de los diez minutos. Y de ninguna manera fue un “accidente”, como lo calificó Falcioni. Arsenal estaba mejor desde el mismo momento en que pitó Lunati para dar inicio al juego. Y aunque el gol fue una notoria chambonada de Clemente, que la quiso sacar al córner y la puso pegada al palo pero del lado de adentro, esa chambonada fue la consecuencia de cómo venía la jugada. Fue forzada por las circunstancias. Porque Aguirre la había armado muy bien por la izquierda y la cruzó muy bien al área. Y Clemente vio que detrás de él llegaba Leguizamón para meterla, estaba muy presionado, por eso tuvo que apurarse y pasó lo que pasó.
Los minutos que transcurrieron hasta el empate fueron de terror, insufribles. Porque Arsenal mandaba en toda la cancha. Nos abría, trabajando muy bien la pelota sobre los costados. Somoza quedaba muy solo en el medio, regalábamos espacios por todos lados, la tenían siempre ellos, estaban mucho mejor parados, llegaban primero a las divididas y ni atisbo de armar, por lo menos, un contraataque como la gente.
Precisamente, todo lo contrario de lo que fue una constante a lo largo del pasado Apertura. Porque en toda esa campaña, que ya pareciera muy lejana en el tiempo, a Boca nadie le había manejado el partido. Siempre mandaba Boca.
De la nada, digamos la verdad, llegó el empate. Con una ayudita, según escuché, del asistente Gustavo Rossi porque dijeron por radio (en la cancha me quedaba muy lejos y sesgado ese arco), había off side de Silva. Por suerte López, acosado por la presencia de Silva, tuvo que rechazar en forma defectuosa esa pelota que metió Román y ahí le quedó a Pablito Mouche que resolvió muy bien, no se apuró y la terminó con precisión irreprochable. Justo Pablo era de los que más peleaban en esos pasajes tan aciagos, medio a ciegas pero iba.
Ahí empezó otro partido porque evidentemente, a Arsenal le dolió demasiado el gol. Se desdibujó y empezamos a poder hacer pie pero se dio un partido enredado, sin ideas claras por ninguno de los dos lados. Así hasta el final del primer tiempo y al comenzar el segundo, otra vez arrancaron mejor ellos.
Fue vital el ingreso de Pablito Ledesma, pasado el cuarto de hora, por el Burro. Pablo le dio mayor agresividad a la media cancha. No sólo que no dejó abandonado a Somoza sino que tenía bien definida la idea de subir por la derecha, intentar juntarse con Mouche. Y también mejoró Erviti. Y la pelota empezó a encontrarse más seguido y por más tiempo con su mejor amante, Román.
La jugada del segundo gol se pareció mucho a la del cuarto gol con Independiente y estuvo bien elaborada. Apertura limpita de Román para Clemente, pelota bien puesta al corazón del área por abajo (de lo poco que acertó Clemente, sumamente impreciso y apresurado), decisiva participación de Silva que se llevó con él a los centrales y fulminante aparición de Pablito Ledesma para definir. Así tiene que llegar un volante al área, como puñal que se clava en la carne.
El último segmento de partido fue lo más tranquilizador y prometedor. Porque Boca controló la situación con autoridad. Sin brillos, porque el partido fue todo de dientes y culo apretaditos pero imponiendo presencia, manteniendo el juego bien lejos de Orión. Quedaba toda la segunda mitad del segundo tiempo y… ¿cuándo llegó Arsenal? Una vez sola, la de ese tiro libre que Caffa cruzó al área y Blanco Leschuk metió ese cabezazo que nos paralizó los corazones pero bueno, zafamos.
La ilusión es que, a partir del resultado, nos calmemos todos y empecemos a solidificarnos de nuevo. Que vuelva a ser confiable la defensa, que crezca el juego, que empiece a recibir bola y empiece a meterla Silva. La clasificación, ahora, la tenemos servida pero tengamos en cuenta que habíamos empezado la Copa calculando ganar el grupo y ahora ese objetivo nos quedó lejísimos, casi inalcanzable y descartado. Olvidémonos de definir todos los cruces en La Bombonera. Vamos a tener que remarla. Pero salimos de terapia intensiva.
lunes, 12 de marzo de 2012
UN BOCA CAÓTICO
¿Por dónde empezar? ¿Qué es lo que está pasando? Si el técnico realmente piensa, como dijo, que sus hombres “jugaron un partido excelente”, vamos muy pero muy mal. ¡Nos comimos cinco, hermano!
Este gil, en el cumplimiento de su trabajo, calificó al clásico de “histórico” y agregó que será “inolvidable”. Se cuidó muy bien de evaluarlo como “gran partido”. No puede haber “gran partido” entre equipos que cometen tantos, tantos y permanentes errores. Al fútbol se ataca y se defiende. Si se hace una de las dos cosas mal, se falla, se fracasa.
¿Dónde quedó la solidez defensiva que nos dio el Apertura invictos y la serie de partidos sin derrotas? Fluminense nos llegó cuatro veces y nos metió dos. Independiente nos llegó seis y nos metió cinco. Y en todos los goles hubo equivocaciones que no podemos permitirnos.
¿Quién lo apuró a Caruzzo para que dejara esa primera pelota flotando en el área y forzara el rechazo defectuoso del Flaco Schiavi, antes del gol de Vidal?
Que Orión se haya corrido hacia el otro palo y haya descubierto el suyo en el segundo es un error inexcusable que no por repetido deja de serlo. Es un mal de la época. Este gil no recuerda que al Tano Roma le hayan hecho un gol de tiro libre en su palo por correrse hacia el otro pero tampoco recuerda que se lo hicieran a Carrizo, Andrada, Poletti, Cordero, Minoián, Righi, Gironacci, Toriani… No se comprende por qué los arqueros de hoy día, en general, caen en la fascinación de irse para el otro lado. Es elemental que ellos tienen que cuidar su palo y que si el pateador la pasa por encima de la barrera y la cuelga del ángulo opuesto entonces sí, es mérito exclusivo del pateador. Pero lograr eso será mucho más difícil para el que patea. Y no lo entienden.
Caruzzo volvió a parecerse al de los tiempos de Borghi. No puede aceptarse que se deje anticipar por Farías de la manera en que lo hizo en la jugada del tercer gol. Ahí tiene que mandar él y si no manda él, pasa lo que pasó.
En el cuarto nos acuestan de nuevo con una pelota parada, se sabe que Ferreyra patea muy bien. Pero nos cabecean dos veces prácticamente en el área chica, primero Tuzzio, después Farías y los defensores nuestros iban de un lado para el otro sin encontrarse nunca con la pelota. Inexplicable.
Y el último, bueno… El Flaco Schiavi parecía haberse acomodado mejor en el segundo tiempo pero le tocó un mano a mano y perdió muy mal, quedó en el suelo mirando cómo el delantero se le iba. Fue un pelotazo frontal que nos tomó muy mal parados, desesperados, desequilibrados porque nos habían empatado sobre la hora y en nuestro desesperación, entregamos un regalito aún peor, perdimos en el quinto minuto agregado. Contra un rival que no tenía puntos y había marcado un solo gol en cuatro fechas.
¿Cuántos remates al arco contuvo Orión en todo el partido? Ninguno. Tuvo responsabilidad directa en el segundo gol y podría haber hecho algo más en el primero y en el cuarto. Durante mucho tiempo nos habíamos acostumbrado a confiar en él y le tocaron dos partidos malos. Puede pasar. El problema con este Boca de los últimos ciento ochenta minutos fue que nadie salvo a nadie. El que falló, pagó porque nunca tuvo un compañero que lo respaldara.
De los de atrás, el mejorcito fue Facu Roncaglia, que además metió dos goles. Cumplió pero no sirve que un jugador cumpla si detrás de él no hay un equipo, una estructura que le dé apoyo al rendimiento de todos.
Se notó, como nunca antes, la importancia de Somoza. Él, con su ubicuidad, con su oficio para retroceder o para salir según corresponda, es un elemento clave en esa firmeza que teníamos hasta hace pocos días y que ahora perdimos. No se trata de caerle a Pichi Erbes, que no tuvo un buen partido pero es un jugador interesante. Se trata de que faltó una pieza y no hubo recambio.
Promisorio el segundo tiempo de Pablito Ledesma, de lo mejor que hizo desde que volvió y con una aparición fundamental para marcar el cuarto. Se fundió y hubo que sacarlo, una lástima no por el Burro Rivero, que es el titular indiscutible en este momento, sino porque Pablo estaba muy bien puesto,muy ajustado en este partido.
El mejor Román del año no nos alcanzó para ganar. Ni para empatar. Y de locales. Queda el consuelo de que, si él sigue en el nivel de ayer, puede hacer cualquier desastre. Se movió mucho, estuvo mucho más ligerito que de mucho tiempo a esta parte e hizo unas cuantas de las suyas. El pase a Sánchez Miño previo al gol de Ledesma es una delicia. Con Román así, tenemos el as de espadas pero esto no significa que podamos jugar sin el resto del mazo.
Al Tanque Silva podría hacérsele aquella observación del pintoresco Pancho Villegas, un técnico de los años sesenta más recordado por sus ocurrencias que por su trabajo. “Que no metas ninguna, vaya y pase pero las que las que cruzan e área chica de ellos, por lo menos no las saques”, podríamos pedirle al Tanque. Esa que le cruzó Pablito Mouche y que él no pudo empujar debajo de los palos sino que la rechazó, a los 49 del segundo tiempo, es la demostración del mal momento. Había metido una buena media vuelta en el segundo tiempo y fue importante en la jugada del tercer gol. Seguimos esperándolo.
Y bueno, no vamos a caerle a Falcioni por el muy mal partido de Gaona Lugo. Decidió cuidar algunos jugadores para el miércoles, lo metió al Paragua de entrada y al pibe le costó el partido. En el primer tiempo no le acertó al área en ningún centro, la mandó siempre a los caños. Y a los caños se iba también ese remate pifiado que por suerte en el camino encontró a Román, después otro desvío en Ferreira y terminó en el segundo gol nuestro, clave para salir entonados al segundo tiempo.
Volvamos al comienzo, fue un partido histórico, ni nosotros ni ellos vamos a olvidarnos pero que nadie me diga que le gusta que Boca pierda partidos como éste. Si volvemos a armarnos de atrás para adelante nos va a ir mejor. “El que quiera espectáculo que vaya al circo” dijo una vez el Toto Lorenzo y hace poco el Flaco Schiavi repitió algo parecido. Los partidos caóticos, como el de ayer, serán muy lindos para los espectadores neutrales pero nosotros somos Boca.
Este gil, en el cumplimiento de su trabajo, calificó al clásico de “histórico” y agregó que será “inolvidable”. Se cuidó muy bien de evaluarlo como “gran partido”. No puede haber “gran partido” entre equipos que cometen tantos, tantos y permanentes errores. Al fútbol se ataca y se defiende. Si se hace una de las dos cosas mal, se falla, se fracasa.
¿Dónde quedó la solidez defensiva que nos dio el Apertura invictos y la serie de partidos sin derrotas? Fluminense nos llegó cuatro veces y nos metió dos. Independiente nos llegó seis y nos metió cinco. Y en todos los goles hubo equivocaciones que no podemos permitirnos.
¿Quién lo apuró a Caruzzo para que dejara esa primera pelota flotando en el área y forzara el rechazo defectuoso del Flaco Schiavi, antes del gol de Vidal?
Que Orión se haya corrido hacia el otro palo y haya descubierto el suyo en el segundo es un error inexcusable que no por repetido deja de serlo. Es un mal de la época. Este gil no recuerda que al Tano Roma le hayan hecho un gol de tiro libre en su palo por correrse hacia el otro pero tampoco recuerda que se lo hicieran a Carrizo, Andrada, Poletti, Cordero, Minoián, Righi, Gironacci, Toriani… No se comprende por qué los arqueros de hoy día, en general, caen en la fascinación de irse para el otro lado. Es elemental que ellos tienen que cuidar su palo y que si el pateador la pasa por encima de la barrera y la cuelga del ángulo opuesto entonces sí, es mérito exclusivo del pateador. Pero lograr eso será mucho más difícil para el que patea. Y no lo entienden.
Caruzzo volvió a parecerse al de los tiempos de Borghi. No puede aceptarse que se deje anticipar por Farías de la manera en que lo hizo en la jugada del tercer gol. Ahí tiene que mandar él y si no manda él, pasa lo que pasó.
En el cuarto nos acuestan de nuevo con una pelota parada, se sabe que Ferreyra patea muy bien. Pero nos cabecean dos veces prácticamente en el área chica, primero Tuzzio, después Farías y los defensores nuestros iban de un lado para el otro sin encontrarse nunca con la pelota. Inexplicable.
Y el último, bueno… El Flaco Schiavi parecía haberse acomodado mejor en el segundo tiempo pero le tocó un mano a mano y perdió muy mal, quedó en el suelo mirando cómo el delantero se le iba. Fue un pelotazo frontal que nos tomó muy mal parados, desesperados, desequilibrados porque nos habían empatado sobre la hora y en nuestro desesperación, entregamos un regalito aún peor, perdimos en el quinto minuto agregado. Contra un rival que no tenía puntos y había marcado un solo gol en cuatro fechas.
¿Cuántos remates al arco contuvo Orión en todo el partido? Ninguno. Tuvo responsabilidad directa en el segundo gol y podría haber hecho algo más en el primero y en el cuarto. Durante mucho tiempo nos habíamos acostumbrado a confiar en él y le tocaron dos partidos malos. Puede pasar. El problema con este Boca de los últimos ciento ochenta minutos fue que nadie salvo a nadie. El que falló, pagó porque nunca tuvo un compañero que lo respaldara.
De los de atrás, el mejorcito fue Facu Roncaglia, que además metió dos goles. Cumplió pero no sirve que un jugador cumpla si detrás de él no hay un equipo, una estructura que le dé apoyo al rendimiento de todos.
Se notó, como nunca antes, la importancia de Somoza. Él, con su ubicuidad, con su oficio para retroceder o para salir según corresponda, es un elemento clave en esa firmeza que teníamos hasta hace pocos días y que ahora perdimos. No se trata de caerle a Pichi Erbes, que no tuvo un buen partido pero es un jugador interesante. Se trata de que faltó una pieza y no hubo recambio.
Promisorio el segundo tiempo de Pablito Ledesma, de lo mejor que hizo desde que volvió y con una aparición fundamental para marcar el cuarto. Se fundió y hubo que sacarlo, una lástima no por el Burro Rivero, que es el titular indiscutible en este momento, sino porque Pablo estaba muy bien puesto,muy ajustado en este partido.
El mejor Román del año no nos alcanzó para ganar. Ni para empatar. Y de locales. Queda el consuelo de que, si él sigue en el nivel de ayer, puede hacer cualquier desastre. Se movió mucho, estuvo mucho más ligerito que de mucho tiempo a esta parte e hizo unas cuantas de las suyas. El pase a Sánchez Miño previo al gol de Ledesma es una delicia. Con Román así, tenemos el as de espadas pero esto no significa que podamos jugar sin el resto del mazo.
Al Tanque Silva podría hacérsele aquella observación del pintoresco Pancho Villegas, un técnico de los años sesenta más recordado por sus ocurrencias que por su trabajo. “Que no metas ninguna, vaya y pase pero las que las que cruzan e área chica de ellos, por lo menos no las saques”, podríamos pedirle al Tanque. Esa que le cruzó Pablito Mouche y que él no pudo empujar debajo de los palos sino que la rechazó, a los 49 del segundo tiempo, es la demostración del mal momento. Había metido una buena media vuelta en el segundo tiempo y fue importante en la jugada del tercer gol. Seguimos esperándolo.
Y bueno, no vamos a caerle a Falcioni por el muy mal partido de Gaona Lugo. Decidió cuidar algunos jugadores para el miércoles, lo metió al Paragua de entrada y al pibe le costó el partido. En el primer tiempo no le acertó al área en ningún centro, la mandó siempre a los caños. Y a los caños se iba también ese remate pifiado que por suerte en el camino encontró a Román, después otro desvío en Ferreira y terminó en el segundo gol nuestro, clave para salir entonados al segundo tiempo.
Volvamos al comienzo, fue un partido histórico, ni nosotros ni ellos vamos a olvidarnos pero que nadie me diga que le gusta que Boca pierda partidos como éste. Si volvemos a armarnos de atrás para adelante nos va a ir mejor. “El que quiera espectáculo que vaya al circo” dijo una vez el Toto Lorenzo y hace poco el Flaco Schiavi repitió algo parecido. Los partidos caóticos, como el de ayer, serán muy lindos para los espectadores neutrales pero nosotros somos Boca.
jueves, 8 de marzo de 2012
NO FUIMOS BOCA
Si pensamos que, por oportunidades, se pudo haber empatado y hasta ganado, el árbol nos tapa el bosque. Tampoco hay que ser alarmistas, porque se trata nada más que de un partido pero lo que debe procesarse en primer término es que Boca no fue Boca.
Los que dicen que Boca juega feo, quizás ahora se hayan ido a dormir más tranquilos porque el equipo fue agresivo, por momentos tuvo buena circulación y una aceleración siempre vertical y porque en definitiva, el partido fue vibrante de punta a punta. Lo malo es que ni de lejos parecimos el equipo sólido, seguro, siempre bien parado que por lo general hemos sido desde el segundo semestre de 2011 y aún en partidos tan olvidables como el de Santamarina o Unión.
¿Cuántas veces llegó bien Fluminense? ¿Cuatro, contando dos del segundo tiempo cuando ya estábamos muy apremiados por el resultado? Y nos metió dos. ¿Dónde quedó el equipo que recibió apenas seis goles en todo el Apertura y que llevaba uno solo en partidos oficiales de este año?
Noche fatal de Facu Roncaglia. Él perdió la marca de Fred en el primer gol y a él lo dejó en el suelo, de culo, Wellington Nem antes del segundo. Pero más allá de esos errores puntuales de un jugador, todo el andamiaje defensivo no tuvo la consistencia habitual y eso que Leandro Somoza, el que tiene que dar el equilibrio, jugó, en lo individual, un buen partido.
Esta vez sí se notó la ausencia del Flaco Schiavi, Es cierto que, por sola presencia, les da confianza a los demás. Mati Caruzzo es otra cosa y además, tiene una cierta propensión a los foules innecesarios. Por ejemplo, el que derivó en el tiro libre del primer gol.
Los dos goles eran atajables. Me convencí esta mañana, al volverlos a ver por televisión. A Orión le pasaron ahí, a su alcance, incluso la tocó las dos veces. Y bueno, venía atajando tan bien durante tanto tiempo que es poco lo que pueda decírsele.
Nivel crucero el de Román. Una serie de buenas apariciones que fueron, justamente y como siempre, las que marcaron diferencia. La del gol del empate parcial fue en un 95 por ciento suya. Él arrancó en su mejor estilo y forzó el foul. El puso el preciso tiro libre que no retuvo Diego Cavalieri. Ahí estaba Somoza, coronando su buen trabajo, para aprovechar el rebote.
Ese Diego Cavalieri no parece un arquero muy confiable pero al fin y al cabo, sacó un montón de pelotas, en particular esa seguidilla del final del primer tiempo. Los que habíamos visto por tele el partido de Fluminense con Arsenal habremos coincidido en la conclusión de que a este equipo se le llega muy fácil. Arsenal le metió más de diez situaciones de gol, aunque no le haya embocado ninguna. Pero esta vez fue más firme, los centrales de arriba se mostraron bastante seguros aunque, en general, no se los atacó bien.
Faltó precisión, por sobre todo, en los últimos metros de cancha. Se vio muy claro, especialmente, en dos jugadas del primer tiempo en las que fallaron, en la descarga final, primero Clemente y después Erviti. La habían hecho bien en el comienzo pero en el final, la tiraron a cualquier parte.
A Pablito Mouche tenemos que bancarlo porque obliga siempre, no pierde la fe, va al frente. Pero son muchos los partidos en que termina eligiendo mal y éste fue un buen ejemplo. Y va fastidiándose con sí mismo y eso termina por cegarlo completamente.
En cuanto al Tanque Silva, vaya a saberse si es la ansiedad pero por el momento, no engrana. Ese rebote que le quedó en el primer tiempo, después del tiro del Chaco Insaurralde que rechazó el arquero, el Silva de Banfield o de Vélez lo metía de una. Este Silva de Boca, falló. Por momentos se lo ve lento, como si quisiera arriesgar la pelota lo menos posible y es justamente eso lo que lo lleva a perderla. En fin, fue su tercer partido, el crédito está abierto pero necesitamos que reaccione rápido. Un gol o tal vez hasta un rendimiento aceptable en un partido que se gane puede que lo tranquilice. No vaya a ser que se convierta en otro Pampa Sosa, por favor…
Pochi Chávez tendría que haber entrado antes. Fuera por el Burro Rivero, como entró, o por Erviti pero era una apuesta cantada para ver si se juntaba con Román. Después entró y en definitiva, mucho no cambió la cosa. El equipo ya estaba jugado, acelerado, confundido.
No hay mucho por reprocharle a Falcioni con los ingresos de Gaona Lugo y de Araujo. Tiró lo que tenía a mano y bueno, algo había que intentar. Pero antes del partido seguramente hubiese habido coincidencia generalizada en que el Paragua y Araujito, por el momento, no están para estas lides. Menos para sacar las castañas del fuego en una situación extrema. Los minutos de cancha que tuvieron afirmaron esa sensación o más bien, la transformaron en certeza.
Ahora hay que ir a Sarandí a ganar. El empate les sirve a ellos que ya le ganaron a Zamora y muy probablemente le vuelvan a ganar en Venezuela, donde nosotros dejamos dos puntos de oro. Las circunstancias apremian pero hay que tenerle fe a este equipo que estuvo 36 partidos sin perder. Lo que urge es que vuelva a parecerse a sí mismo.
Los que dicen que Boca juega feo, quizás ahora se hayan ido a dormir más tranquilos porque el equipo fue agresivo, por momentos tuvo buena circulación y una aceleración siempre vertical y porque en definitiva, el partido fue vibrante de punta a punta. Lo malo es que ni de lejos parecimos el equipo sólido, seguro, siempre bien parado que por lo general hemos sido desde el segundo semestre de 2011 y aún en partidos tan olvidables como el de Santamarina o Unión.
¿Cuántas veces llegó bien Fluminense? ¿Cuatro, contando dos del segundo tiempo cuando ya estábamos muy apremiados por el resultado? Y nos metió dos. ¿Dónde quedó el equipo que recibió apenas seis goles en todo el Apertura y que llevaba uno solo en partidos oficiales de este año?
Noche fatal de Facu Roncaglia. Él perdió la marca de Fred en el primer gol y a él lo dejó en el suelo, de culo, Wellington Nem antes del segundo. Pero más allá de esos errores puntuales de un jugador, todo el andamiaje defensivo no tuvo la consistencia habitual y eso que Leandro Somoza, el que tiene que dar el equilibrio, jugó, en lo individual, un buen partido.
Esta vez sí se notó la ausencia del Flaco Schiavi, Es cierto que, por sola presencia, les da confianza a los demás. Mati Caruzzo es otra cosa y además, tiene una cierta propensión a los foules innecesarios. Por ejemplo, el que derivó en el tiro libre del primer gol.
Los dos goles eran atajables. Me convencí esta mañana, al volverlos a ver por televisión. A Orión le pasaron ahí, a su alcance, incluso la tocó las dos veces. Y bueno, venía atajando tan bien durante tanto tiempo que es poco lo que pueda decírsele.
Nivel crucero el de Román. Una serie de buenas apariciones que fueron, justamente y como siempre, las que marcaron diferencia. La del gol del empate parcial fue en un 95 por ciento suya. Él arrancó en su mejor estilo y forzó el foul. El puso el preciso tiro libre que no retuvo Diego Cavalieri. Ahí estaba Somoza, coronando su buen trabajo, para aprovechar el rebote.
Ese Diego Cavalieri no parece un arquero muy confiable pero al fin y al cabo, sacó un montón de pelotas, en particular esa seguidilla del final del primer tiempo. Los que habíamos visto por tele el partido de Fluminense con Arsenal habremos coincidido en la conclusión de que a este equipo se le llega muy fácil. Arsenal le metió más de diez situaciones de gol, aunque no le haya embocado ninguna. Pero esta vez fue más firme, los centrales de arriba se mostraron bastante seguros aunque, en general, no se los atacó bien.
Faltó precisión, por sobre todo, en los últimos metros de cancha. Se vio muy claro, especialmente, en dos jugadas del primer tiempo en las que fallaron, en la descarga final, primero Clemente y después Erviti. La habían hecho bien en el comienzo pero en el final, la tiraron a cualquier parte.
A Pablito Mouche tenemos que bancarlo porque obliga siempre, no pierde la fe, va al frente. Pero son muchos los partidos en que termina eligiendo mal y éste fue un buen ejemplo. Y va fastidiándose con sí mismo y eso termina por cegarlo completamente.
En cuanto al Tanque Silva, vaya a saberse si es la ansiedad pero por el momento, no engrana. Ese rebote que le quedó en el primer tiempo, después del tiro del Chaco Insaurralde que rechazó el arquero, el Silva de Banfield o de Vélez lo metía de una. Este Silva de Boca, falló. Por momentos se lo ve lento, como si quisiera arriesgar la pelota lo menos posible y es justamente eso lo que lo lleva a perderla. En fin, fue su tercer partido, el crédito está abierto pero necesitamos que reaccione rápido. Un gol o tal vez hasta un rendimiento aceptable en un partido que se gane puede que lo tranquilice. No vaya a ser que se convierta en otro Pampa Sosa, por favor…
Pochi Chávez tendría que haber entrado antes. Fuera por el Burro Rivero, como entró, o por Erviti pero era una apuesta cantada para ver si se juntaba con Román. Después entró y en definitiva, mucho no cambió la cosa. El equipo ya estaba jugado, acelerado, confundido.
No hay mucho por reprocharle a Falcioni con los ingresos de Gaona Lugo y de Araujo. Tiró lo que tenía a mano y bueno, algo había que intentar. Pero antes del partido seguramente hubiese habido coincidencia generalizada en que el Paragua y Araujito, por el momento, no están para estas lides. Menos para sacar las castañas del fuego en una situación extrema. Los minutos de cancha que tuvieron afirmaron esa sensación o más bien, la transformaron en certeza.
Ahora hay que ir a Sarandí a ganar. El empate les sirve a ellos que ya le ganaron a Zamora y muy probablemente le vuelvan a ganar en Venezuela, donde nosotros dejamos dos puntos de oro. Las circunstancias apremian pero hay que tenerle fe a este equipo que estuvo 36 partidos sin perder. Lo que urge es que vuelva a parecerse a sí mismo.
lunes, 5 de marzo de 2012
EL MAYOR GUSTO
De toda la Primera División, a los que más me gusta acostarlos es a éstos. Y ayer fueron todos, platea y popular colmadas, hombres, mujeres y niños. En verdad, no hizo falta extremar recursos porque las diferencias de un equipo a otro, hoy, son amplias. Pensemos, nada más, en que trajeron como salvador al uruguayo Bueno, que cuando estuvo en Boca no sabía de qué jugaba. Le preguntábamos si era delantero por afuera o por adentro y el tipo no sabía. Es verdad aunque usted no lo crea.
Ellos salieron a jugarse la vida si por jugarse la vida entendemos dar todo por cada pelota. Pero son tan limitados que resulta imposible que puedan entender que al fútbol no se juega en todo momento a 400 kilómetros por hora. Hay que mezclar, en algún momento hay que pararse y mirar.
Boca, en todo momento, intentó ser más pausado, pensar antes de decidir. Debe admitirse que el primer tiempo se jugó más como querían ellos que como queríamos nosotros pero aún así, Boca fue, claramente, el que más y mejor llegó. No podía ser de otra manera.
La que le saca Champagne a Silva fue una pelota casi imposible. Y la del Chaco Insaurralde, bueno, inexplicable. Tenía todo el arco y le erró pero además, si por una de esas no llegaba, detrás de él estaba Cvitanich y Cvita sí que no se hubiera equivocado en ésa.
Preocupa, en cuanto a Cvita, que haya sufrido la tercera lesión muscular en menos de un año. Trae el recuerdo del mellizo Guillermo, que estornudaba y se desgarraba. O el Mono Perotti, igual.Una lástima, no lo vamos a tener al novio de la Chechu contra Fluminense. Y preocupa más porque nos estamos quedando sin delanteros. Menos mal que lo habilitaron a Silva para el campeonato pero tenemos a Viatri, Blandi y ahora Cvita afuera.
Salieron a jugarse el resto en el comienzo del segundo tiempo pero no les da para armar una jugada. No tienen conducción, con Romagnoli que se queda en el banco porque el físico no le da para jugar más de media hora. Ya estaba claro que Boca lo medía, lo medía, esperaba el momento para aplicar el zarpazo.
Al Gordo Sánchez Miño se ve que no lo tenían porque lo dejaron que avanzara, que avanzara, que la pensara bien, calibrara y disparara. Golazo. Golazo del tercer volante por izquierda que tenemos en el plantel, ausentes Nico Colazo y Erviti, que andaba con un dolorcito. Importante por lo que significa, el gol, para un chico de cuyo crecimiento esperamos mucho.
Ahí se acabó el partido. Madelón quiso tirar ataque con los ingresos de Romagnoli, Méndez y Benítez pero no, no tienen con qué, por algo están donde están. Gracioso lo de ese muchacho Méndez, que nos había embocado el tiro libre en La Bombonera, en el Apertura, y el sábado a la noche debe haber soñado que podía repetir pero cuenta la fábula que el burro tocó la flauta por una sola vez. Este muchacho Méndez entró aceleradísimo y las primeras tres pelotas que tocó, las perdió por detrás del arco. Después, le sacó de arrebato un tiro libre a Romagnoli, que se quedó mirándolo como diciéndole ¿de dónde saliste, vos? Y de última, se ganó la roja con ese planchazo criminal al tucumano Sosa. Para algunos casos estaría bien que los expulsados fueran en cana, como en tiempos de Onganía.
Con ellos regalados, Boca descubrió el camino del contraataque, con Pochi Chávez volcado definitivamente a la derecha y más cuando entró el Burro Rivero en lugar de Pablito Ledesma. Inconsistente, lo de Pablo. Necesitamos más de él. El Burro entró y se acomodó al partido enseguida. Y a estos siempre les tiene ganas, por cómo lo dejaron ir.
En cuanto a Pochi, se reitera el concepto del partido con Central Córdoba: se siente conductor, la pide siempre y se la dan pero está equivocando muchas entregas, no clarifica, al contrario. En el segundo tiempo, cuando encontró espacio por derecha, mejoró.
Menos mal que no entró ese cabezazo del uruguayo Bueno. Fue la única que tuvieron. Ahí quedaron muy abiertos los centrales. Es de entender que el Chaco Insaurralde erre un gol con todo el arco para él, porque es un defensor. Pero Bueno es delantero, lo trajeron porque se supone que hace goles y encima, boquea, el gil. Y después de boquear, tiene todo el arco para él y la tira afuera. En fin, démosle las gracias.
En uno de esos repetidos contraataques por la derecha llegó la definición. A Silva lo pasó la pelota pero le quedó a Mouche y qué bien la hizo Pablito. No se apuró como otras veces, se tomó todo el tiempo del mundo. No amagó una vez sino dos, para dejarlo fuera de combate a Champagne antes de sacar el derechazo alto. Muy buena, de Pablo. Y con qué ganas lo gritó, se ve que tenía algo adentro, atragantado.
Lástima que, al final, el Chaco Insaurralde haya caído en la trampa. Se calentó por ese topetazo que le dio el boludo de Bueno y se fueron los dos. Se comprende lo de las pulsaciones y todo eso pero se puede ser un poco más vivo. En el primer tiempo Somoza también había tenido un entrevero con Ortigoza. Hay que tener en claro que lo único que puede hacer este famélico San Lorenzo para competir con Boca es embarrar la cancha. No había que darles el gusto, había que abstenerse y jugar, nada más. Fuera de esa escaramuza, muy buen partido de Somoza, siempre bien afirmado, siempre prolijo en la distribución.
En fin, era lógico y natural que este Boca le ganase a este San Lorenzo pero por historia, a qué negarlo, el resultado adquiere una significación especial. La punta la compartimos con el sorprendente Tigre del Vasquito Arruabarrena pero mejor que Tigre haya ganado. Es positivo porque Tigre puede adquirir un protagonismo fundamental para que San Lorenzo se vaya –otra vez- al descenso.
Ahora bien, si a Boca le llegan a dar el penal que le dieron ayer a Tigre contra Lanús, ¡las cataratas de estupideces que se hubiesen dicho y escrito! Tratados, ensayos sociológicos completos, denuncias periodísticas extremas y encuestas a todo nivel hubieran tenido lugar ¡Las ignominias que hubiésemos tenido que soportar! Como se lo dieron a Tigre, ese penal, pasa inadvertido, no se da cuenta nadie. Y bueno, es el precio que debemos pagar por ser únicos.
Ellos salieron a jugarse la vida si por jugarse la vida entendemos dar todo por cada pelota. Pero son tan limitados que resulta imposible que puedan entender que al fútbol no se juega en todo momento a 400 kilómetros por hora. Hay que mezclar, en algún momento hay que pararse y mirar.
Boca, en todo momento, intentó ser más pausado, pensar antes de decidir. Debe admitirse que el primer tiempo se jugó más como querían ellos que como queríamos nosotros pero aún así, Boca fue, claramente, el que más y mejor llegó. No podía ser de otra manera.
La que le saca Champagne a Silva fue una pelota casi imposible. Y la del Chaco Insaurralde, bueno, inexplicable. Tenía todo el arco y le erró pero además, si por una de esas no llegaba, detrás de él estaba Cvitanich y Cvita sí que no se hubiera equivocado en ésa.
Preocupa, en cuanto a Cvita, que haya sufrido la tercera lesión muscular en menos de un año. Trae el recuerdo del mellizo Guillermo, que estornudaba y se desgarraba. O el Mono Perotti, igual.Una lástima, no lo vamos a tener al novio de la Chechu contra Fluminense. Y preocupa más porque nos estamos quedando sin delanteros. Menos mal que lo habilitaron a Silva para el campeonato pero tenemos a Viatri, Blandi y ahora Cvita afuera.
Salieron a jugarse el resto en el comienzo del segundo tiempo pero no les da para armar una jugada. No tienen conducción, con Romagnoli que se queda en el banco porque el físico no le da para jugar más de media hora. Ya estaba claro que Boca lo medía, lo medía, esperaba el momento para aplicar el zarpazo.
Al Gordo Sánchez Miño se ve que no lo tenían porque lo dejaron que avanzara, que avanzara, que la pensara bien, calibrara y disparara. Golazo. Golazo del tercer volante por izquierda que tenemos en el plantel, ausentes Nico Colazo y Erviti, que andaba con un dolorcito. Importante por lo que significa, el gol, para un chico de cuyo crecimiento esperamos mucho.
Ahí se acabó el partido. Madelón quiso tirar ataque con los ingresos de Romagnoli, Méndez y Benítez pero no, no tienen con qué, por algo están donde están. Gracioso lo de ese muchacho Méndez, que nos había embocado el tiro libre en La Bombonera, en el Apertura, y el sábado a la noche debe haber soñado que podía repetir pero cuenta la fábula que el burro tocó la flauta por una sola vez. Este muchacho Méndez entró aceleradísimo y las primeras tres pelotas que tocó, las perdió por detrás del arco. Después, le sacó de arrebato un tiro libre a Romagnoli, que se quedó mirándolo como diciéndole ¿de dónde saliste, vos? Y de última, se ganó la roja con ese planchazo criminal al tucumano Sosa. Para algunos casos estaría bien que los expulsados fueran en cana, como en tiempos de Onganía.
Con ellos regalados, Boca descubrió el camino del contraataque, con Pochi Chávez volcado definitivamente a la derecha y más cuando entró el Burro Rivero en lugar de Pablito Ledesma. Inconsistente, lo de Pablo. Necesitamos más de él. El Burro entró y se acomodó al partido enseguida. Y a estos siempre les tiene ganas, por cómo lo dejaron ir.
En cuanto a Pochi, se reitera el concepto del partido con Central Córdoba: se siente conductor, la pide siempre y se la dan pero está equivocando muchas entregas, no clarifica, al contrario. En el segundo tiempo, cuando encontró espacio por derecha, mejoró.
Menos mal que no entró ese cabezazo del uruguayo Bueno. Fue la única que tuvieron. Ahí quedaron muy abiertos los centrales. Es de entender que el Chaco Insaurralde erre un gol con todo el arco para él, porque es un defensor. Pero Bueno es delantero, lo trajeron porque se supone que hace goles y encima, boquea, el gil. Y después de boquear, tiene todo el arco para él y la tira afuera. En fin, démosle las gracias.
En uno de esos repetidos contraataques por la derecha llegó la definición. A Silva lo pasó la pelota pero le quedó a Mouche y qué bien la hizo Pablito. No se apuró como otras veces, se tomó todo el tiempo del mundo. No amagó una vez sino dos, para dejarlo fuera de combate a Champagne antes de sacar el derechazo alto. Muy buena, de Pablo. Y con qué ganas lo gritó, se ve que tenía algo adentro, atragantado.
Lástima que, al final, el Chaco Insaurralde haya caído en la trampa. Se calentó por ese topetazo que le dio el boludo de Bueno y se fueron los dos. Se comprende lo de las pulsaciones y todo eso pero se puede ser un poco más vivo. En el primer tiempo Somoza también había tenido un entrevero con Ortigoza. Hay que tener en claro que lo único que puede hacer este famélico San Lorenzo para competir con Boca es embarrar la cancha. No había que darles el gusto, había que abstenerse y jugar, nada más. Fuera de esa escaramuza, muy buen partido de Somoza, siempre bien afirmado, siempre prolijo en la distribución.
En fin, era lógico y natural que este Boca le ganase a este San Lorenzo pero por historia, a qué negarlo, el resultado adquiere una significación especial. La punta la compartimos con el sorprendente Tigre del Vasquito Arruabarrena pero mejor que Tigre haya ganado. Es positivo porque Tigre puede adquirir un protagonismo fundamental para que San Lorenzo se vaya –otra vez- al descenso.
Ahora bien, si a Boca le llegan a dar el penal que le dieron ayer a Tigre contra Lanús, ¡las cataratas de estupideces que se hubiesen dicho y escrito! Tratados, ensayos sociológicos completos, denuncias periodísticas extremas y encuestas a todo nivel hubieran tenido lugar ¡Las ignominias que hubiésemos tenido que soportar! Como se lo dieron a Tigre, ese penal, pasa inadvertido, no se da cuenta nadie. Y bueno, es el precio que debemos pagar por ser únicos.
jueves, 1 de marzo de 2012
PAJARITO
Pajarito. Son 35 los partidos sin perder y esta vez se ganó, bien, con los muchachos que estaban esperando turno. Si partimos de la base de que, en general, tendríamos que hacer más goles, es muy positivo haber ganado con un gol del cuarto delantero (Nico Blandi) y otro del quinto (Araujito) más una buena prestación, en el segundo tiempo, del sexto (el Paragua Gaona Lugo), aunque no le haya acertado al arco.
El arco propio siguió en cero, fundamental. Correcto el uruguayo Sosa, inspira confianza aunque no haya tenido ninguna extremadamente difícil. Ojo, no nos olvidemos que de las primeras cuatro pelotas que cruzaron el área, tres las cabecearon ellos. Sauro y el Colo Ruiz empezaron mirando mucho, sin apretar lo suficiente.
Pochi apareció más en el segundo tiempo, cuando ellos, los de Central Córdoba, estaban fusilados de todo lo que habían corrido en el primero. Se movió y la pidió siempre, Pochi, pero tiene que tener un mejor porcentaje de buenas entregas, la compromete mucho. La mejor noticia del segundo tiempo fue la agresividad que dio el Paragua, que entró muy enchufado. Desbordó fácil y sobre todo por la izquierda, que no suele ser el lugar de la cancha que más transita. Tuvo dos de gol y no las definió bien, tomemos nota pero igual, aprobó con creces.
Aprobaron, también, el Gordo Sánchez Miño y Pol Fernández. Lo de Pol por la izquierda era una incógnita, iba a tener la cancha cambiada pero rindió, Cuidó muy bien la pelota, la pasó bien. También en su caso debe apuntarse que creció en el segundo tiempo, cuando ellos tiraron la toalla.
El Gordo tiene muy buen manejo. Era lateral de origen, después lo pasaron a la mitad de la cancha y ahora lo devolvieron a su lugar primero. Su buen trato de pelota lo lleva para adelante siempre. A la hora de marcar da ventajas. Habrá que ver cómo sigue su evolución pero es un pibe por demás interesante porque también juega muy bien de doble cinco por la izquierda.
Impecable Pichi Erbes, siempre bien parado, prolijo en las entregas. Fue el más parejito, porque jugó igual todo el partido. La regularidad es uno de sus atributos más salientes.
Tal vez no vaya a ser dimensionada debidamente la importancia de Nico Blandi. Le llegaron muy pocas pelotas como la gente, porque en la primera parte, con todo lo que ellos corrían (y cortaban con foules), se hacía difícil la circulación. Pero una de las pocas que pudo dominar la mandó adentro. Abrió el partido. Lástima esa contractura que lo dejó afuera en la parte final.
Hubo un penalcito a Nico en el primer tiempo pero bueno, puede pasar. Sin embargo, no deja de ser gracioso que el pelotudo que comentaba por televisión haya dicho que ése no había sido penal pero que sí fue penal una jugada del segundo tiempo en que uno de ellos cayó como muerto en el área porque Sauro le acarició el hombro derecho. ¿Ah, sí, muchacho, eso es penal?... También, los de la TV Pública, ¿cómo van a mandar a un gil de Rosario a comentar un partido de un equipo de Rosario?
En cuanto a Araujito, a este que escribe le quedó grabada una frase de Borghi: “Araujo va a jugar en primera cuando él quiera”. Y sí, tiene todo pero no termina de definirse. Hay en él un dejo de displicencia que lo lleva a perder demasiadas pelotas. La del gol pudo haberla definido más limpita pero por falta de vigor o de concentración o de no sé qué, el control de pelota no fue perfecto y le consumió un tiempo más del necesario. Entonces la jugada se le ensució y menos mal que, cuando por fin pateó, se produjo ese desvío en un defensor que lo dejó en bolas al arquero.
Falcioni, con los 35 sin perder, ya igualó la marca de Bianchi. Porque la racha de 40 del 98/99 tuvo los cinco partidos iniciales con García Cambón. Sin embargo, flota en el aire la falta de reconocimiento a este equipo, que gana con titulares o con suplentes, aquí o allá, al que no le hace goles nadie. No importa, sigamos adelante. Si seguimos ganando, algún día tendrán que sacarse el sombrero. Algún día se darán cuenta de que éste, más allá de lo que pueda pasar de aquí en más, ya fue durante mucho tiempo un equipo indestructible.
El arco propio siguió en cero, fundamental. Correcto el uruguayo Sosa, inspira confianza aunque no haya tenido ninguna extremadamente difícil. Ojo, no nos olvidemos que de las primeras cuatro pelotas que cruzaron el área, tres las cabecearon ellos. Sauro y el Colo Ruiz empezaron mirando mucho, sin apretar lo suficiente.
Pochi apareció más en el segundo tiempo, cuando ellos, los de Central Córdoba, estaban fusilados de todo lo que habían corrido en el primero. Se movió y la pidió siempre, Pochi, pero tiene que tener un mejor porcentaje de buenas entregas, la compromete mucho. La mejor noticia del segundo tiempo fue la agresividad que dio el Paragua, que entró muy enchufado. Desbordó fácil y sobre todo por la izquierda, que no suele ser el lugar de la cancha que más transita. Tuvo dos de gol y no las definió bien, tomemos nota pero igual, aprobó con creces.
Aprobaron, también, el Gordo Sánchez Miño y Pol Fernández. Lo de Pol por la izquierda era una incógnita, iba a tener la cancha cambiada pero rindió, Cuidó muy bien la pelota, la pasó bien. También en su caso debe apuntarse que creció en el segundo tiempo, cuando ellos tiraron la toalla.
El Gordo tiene muy buen manejo. Era lateral de origen, después lo pasaron a la mitad de la cancha y ahora lo devolvieron a su lugar primero. Su buen trato de pelota lo lleva para adelante siempre. A la hora de marcar da ventajas. Habrá que ver cómo sigue su evolución pero es un pibe por demás interesante porque también juega muy bien de doble cinco por la izquierda.
Impecable Pichi Erbes, siempre bien parado, prolijo en las entregas. Fue el más parejito, porque jugó igual todo el partido. La regularidad es uno de sus atributos más salientes.
Tal vez no vaya a ser dimensionada debidamente la importancia de Nico Blandi. Le llegaron muy pocas pelotas como la gente, porque en la primera parte, con todo lo que ellos corrían (y cortaban con foules), se hacía difícil la circulación. Pero una de las pocas que pudo dominar la mandó adentro. Abrió el partido. Lástima esa contractura que lo dejó afuera en la parte final.
Hubo un penalcito a Nico en el primer tiempo pero bueno, puede pasar. Sin embargo, no deja de ser gracioso que el pelotudo que comentaba por televisión haya dicho que ése no había sido penal pero que sí fue penal una jugada del segundo tiempo en que uno de ellos cayó como muerto en el área porque Sauro le acarició el hombro derecho. ¿Ah, sí, muchacho, eso es penal?... También, los de la TV Pública, ¿cómo van a mandar a un gil de Rosario a comentar un partido de un equipo de Rosario?
En cuanto a Araujito, a este que escribe le quedó grabada una frase de Borghi: “Araujo va a jugar en primera cuando él quiera”. Y sí, tiene todo pero no termina de definirse. Hay en él un dejo de displicencia que lo lleva a perder demasiadas pelotas. La del gol pudo haberla definido más limpita pero por falta de vigor o de concentración o de no sé qué, el control de pelota no fue perfecto y le consumió un tiempo más del necesario. Entonces la jugada se le ensució y menos mal que, cuando por fin pateó, se produjo ese desvío en un defensor que lo dejó en bolas al arquero.
Falcioni, con los 35 sin perder, ya igualó la marca de Bianchi. Porque la racha de 40 del 98/99 tuvo los cinco partidos iniciales con García Cambón. Sin embargo, flota en el aire la falta de reconocimiento a este equipo, que gana con titulares o con suplentes, aquí o allá, al que no le hace goles nadie. No importa, sigamos adelante. Si seguimos ganando, algún día tendrán que sacarse el sombrero. Algún día se darán cuenta de que éste, más allá de lo que pueda pasar de aquí en más, ya fue durante mucho tiempo un equipo indestructible.
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