lunes, 12 de marzo de 2012

UN BOCA CAÓTICO

¿Por dónde empezar? ¿Qué es lo que está pasando? Si el técnico realmente piensa, como dijo, que sus hombres “jugaron un partido excelente”, vamos muy pero muy mal. ¡Nos comimos cinco, hermano!
Este gil, en el cumplimiento de su trabajo, calificó al clásico de “histórico” y agregó que será “inolvidable”. Se cuidó muy bien de evaluarlo como “gran partido”. No puede haber “gran partido” entre equipos que cometen tantos, tantos y permanentes errores. Al fútbol se ataca y se defiende. Si se hace una de las dos cosas mal, se falla, se fracasa.
¿Dónde quedó la solidez defensiva que nos dio el Apertura invictos y la serie de partidos sin derrotas? Fluminense nos llegó cuatro veces y nos metió dos. Independiente nos llegó seis y nos metió cinco. Y en todos los goles hubo equivocaciones que no podemos permitirnos.
¿Quién lo apuró a Caruzzo para que dejara esa primera pelota flotando en el área y forzara el rechazo defectuoso del Flaco Schiavi, antes del gol de Vidal?
Que Orión se haya corrido hacia el otro palo y haya descubierto el suyo en el segundo es un error inexcusable que no por repetido deja de serlo. Es un mal de la época. Este gil no recuerda que al Tano Roma le hayan hecho un gol de tiro libre en su palo por correrse hacia el otro pero tampoco recuerda que se lo hicieran a Carrizo, Andrada, Poletti, Cordero, Minoián, Righi, Gironacci, Toriani… No se comprende por qué los arqueros de hoy día, en general, caen en la fascinación de irse para el otro lado. Es elemental que ellos tienen que cuidar su palo y que si el pateador la pasa por encima de la barrera y la cuelga del ángulo opuesto entonces sí, es mérito exclusivo del pateador. Pero lograr eso será mucho más difícil para el que patea. Y no lo entienden.
Caruzzo volvió a parecerse al de los tiempos de Borghi. No puede aceptarse que se deje anticipar por Farías de la manera en que lo hizo en la jugada del tercer gol. Ahí tiene que mandar él y si no manda él, pasa lo que pasó.
En el cuarto nos acuestan de nuevo con una pelota parada, se sabe que Ferreyra patea muy bien. Pero nos cabecean dos veces prácticamente en el área chica, primero Tuzzio, después Farías y los defensores nuestros iban de un lado para el otro sin encontrarse nunca con la pelota. Inexplicable.
Y el último, bueno… El Flaco Schiavi parecía haberse acomodado mejor en el segundo tiempo pero le tocó un mano a mano y perdió muy mal, quedó en el suelo mirando cómo el delantero se le iba. Fue un pelotazo frontal que nos tomó muy mal parados, desesperados, desequilibrados porque nos habían empatado sobre la hora y en nuestro desesperación, entregamos un regalito aún peor, perdimos en el quinto minuto agregado. Contra un rival que no tenía puntos y había marcado un solo gol en cuatro fechas.
¿Cuántos remates al arco contuvo Orión en todo el partido? Ninguno. Tuvo responsabilidad directa en el segundo gol y podría haber hecho algo más en el primero y en el cuarto. Durante mucho tiempo nos habíamos acostumbrado a confiar en él y le tocaron dos partidos malos. Puede pasar. El problema con este Boca de los últimos ciento ochenta minutos fue que nadie salvo a nadie. El que falló, pagó porque nunca tuvo un compañero que lo respaldara.
De los de atrás, el mejorcito fue Facu Roncaglia, que además metió dos goles. Cumplió pero no sirve que un jugador cumpla si detrás de él no hay un equipo, una estructura que le dé apoyo al rendimiento de todos.
Se notó, como nunca antes, la importancia de Somoza. Él, con su ubicuidad, con su oficio para retroceder o para salir según corresponda, es un elemento clave en esa firmeza que teníamos hasta hace pocos días y que ahora perdimos. No se trata de caerle a Pichi Erbes, que no tuvo un buen partido pero es un jugador interesante. Se trata de que faltó una pieza y no hubo recambio.
Promisorio el segundo tiempo de Pablito Ledesma, de lo mejor que hizo desde que volvió y con una aparición fundamental para marcar el cuarto. Se fundió y hubo que sacarlo, una lástima no por el Burro Rivero, que es el titular indiscutible en este momento, sino porque Pablo estaba muy bien puesto,muy ajustado en este partido.
El mejor Román del año no nos alcanzó para ganar. Ni para empatar. Y de locales. Queda el consuelo de que, si él sigue en el nivel de ayer, puede hacer cualquier desastre. Se movió mucho, estuvo mucho más ligerito que de mucho tiempo a esta parte e hizo unas cuantas de las suyas. El pase a Sánchez Miño previo al gol de Ledesma es una delicia. Con Román así, tenemos el as de espadas pero esto no significa que podamos jugar sin el resto del mazo.
Al Tanque Silva podría hacérsele aquella observación del pintoresco Pancho Villegas, un técnico de los años sesenta más recordado por sus ocurrencias que por su trabajo. “Que no metas ninguna, vaya y pase pero las que las que cruzan e área chica de ellos, por lo menos no las saques”, podríamos pedirle al Tanque. Esa que le cruzó Pablito Mouche y que él no pudo empujar debajo de los palos sino que la rechazó, a los 49 del segundo tiempo, es la demostración del mal momento. Había metido una buena media vuelta en el segundo tiempo y fue importante en la jugada del tercer gol. Seguimos esperándolo.
Y bueno, no vamos a caerle a Falcioni por el muy mal partido de Gaona Lugo. Decidió cuidar algunos jugadores para el miércoles, lo metió al Paragua de entrada y al pibe le costó el partido. En el primer tiempo no le acertó al área en ningún centro, la mandó siempre a los caños. Y a los caños se iba también ese remate pifiado que por suerte en el camino encontró a Román, después otro desvío en Ferreira y terminó en el segundo gol nuestro, clave para salir entonados al segundo tiempo.
Volvamos al comienzo, fue un partido histórico, ni nosotros ni ellos vamos a olvidarnos pero que nadie me diga que le gusta que Boca pierda partidos como éste. Si volvemos a armarnos de atrás para adelante nos va a ir mejor. “El que quiera espectáculo que vaya al circo” dijo una vez el Toto Lorenzo y hace poco el Flaco Schiavi repitió algo parecido. Los partidos caóticos, como el de ayer, serán muy lindos para los espectadores neutrales pero nosotros somos Boca.

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