Si pensamos que, por oportunidades, se pudo haber empatado y hasta ganado, el árbol nos tapa el bosque. Tampoco hay que ser alarmistas, porque se trata nada más que de un partido pero lo que debe procesarse en primer término es que Boca no fue Boca.
Los que dicen que Boca juega feo, quizás ahora se hayan ido a dormir más tranquilos porque el equipo fue agresivo, por momentos tuvo buena circulación y una aceleración siempre vertical y porque en definitiva, el partido fue vibrante de punta a punta. Lo malo es que ni de lejos parecimos el equipo sólido, seguro, siempre bien parado que por lo general hemos sido desde el segundo semestre de 2011 y aún en partidos tan olvidables como el de Santamarina o Unión.
¿Cuántas veces llegó bien Fluminense? ¿Cuatro, contando dos del segundo tiempo cuando ya estábamos muy apremiados por el resultado? Y nos metió dos. ¿Dónde quedó el equipo que recibió apenas seis goles en todo el Apertura y que llevaba uno solo en partidos oficiales de este año?
Noche fatal de Facu Roncaglia. Él perdió la marca de Fred en el primer gol y a él lo dejó en el suelo, de culo, Wellington Nem antes del segundo. Pero más allá de esos errores puntuales de un jugador, todo el andamiaje defensivo no tuvo la consistencia habitual y eso que Leandro Somoza, el que tiene que dar el equilibrio, jugó, en lo individual, un buen partido.
Esta vez sí se notó la ausencia del Flaco Schiavi, Es cierto que, por sola presencia, les da confianza a los demás. Mati Caruzzo es otra cosa y además, tiene una cierta propensión a los foules innecesarios. Por ejemplo, el que derivó en el tiro libre del primer gol.
Los dos goles eran atajables. Me convencí esta mañana, al volverlos a ver por televisión. A Orión le pasaron ahí, a su alcance, incluso la tocó las dos veces. Y bueno, venía atajando tan bien durante tanto tiempo que es poco lo que pueda decírsele.
Nivel crucero el de Román. Una serie de buenas apariciones que fueron, justamente y como siempre, las que marcaron diferencia. La del gol del empate parcial fue en un 95 por ciento suya. Él arrancó en su mejor estilo y forzó el foul. El puso el preciso tiro libre que no retuvo Diego Cavalieri. Ahí estaba Somoza, coronando su buen trabajo, para aprovechar el rebote.
Ese Diego Cavalieri no parece un arquero muy confiable pero al fin y al cabo, sacó un montón de pelotas, en particular esa seguidilla del final del primer tiempo. Los que habíamos visto por tele el partido de Fluminense con Arsenal habremos coincidido en la conclusión de que a este equipo se le llega muy fácil. Arsenal le metió más de diez situaciones de gol, aunque no le haya embocado ninguna. Pero esta vez fue más firme, los centrales de arriba se mostraron bastante seguros aunque, en general, no se los atacó bien.
Faltó precisión, por sobre todo, en los últimos metros de cancha. Se vio muy claro, especialmente, en dos jugadas del primer tiempo en las que fallaron, en la descarga final, primero Clemente y después Erviti. La habían hecho bien en el comienzo pero en el final, la tiraron a cualquier parte.
A Pablito Mouche tenemos que bancarlo porque obliga siempre, no pierde la fe, va al frente. Pero son muchos los partidos en que termina eligiendo mal y éste fue un buen ejemplo. Y va fastidiándose con sí mismo y eso termina por cegarlo completamente.
En cuanto al Tanque Silva, vaya a saberse si es la ansiedad pero por el momento, no engrana. Ese rebote que le quedó en el primer tiempo, después del tiro del Chaco Insaurralde que rechazó el arquero, el Silva de Banfield o de Vélez lo metía de una. Este Silva de Boca, falló. Por momentos se lo ve lento, como si quisiera arriesgar la pelota lo menos posible y es justamente eso lo que lo lleva a perderla. En fin, fue su tercer partido, el crédito está abierto pero necesitamos que reaccione rápido. Un gol o tal vez hasta un rendimiento aceptable en un partido que se gane puede que lo tranquilice. No vaya a ser que se convierta en otro Pampa Sosa, por favor…
Pochi Chávez tendría que haber entrado antes. Fuera por el Burro Rivero, como entró, o por Erviti pero era una apuesta cantada para ver si se juntaba con Román. Después entró y en definitiva, mucho no cambió la cosa. El equipo ya estaba jugado, acelerado, confundido.
No hay mucho por reprocharle a Falcioni con los ingresos de Gaona Lugo y de Araujo. Tiró lo que tenía a mano y bueno, algo había que intentar. Pero antes del partido seguramente hubiese habido coincidencia generalizada en que el Paragua y Araujito, por el momento, no están para estas lides. Menos para sacar las castañas del fuego en una situación extrema. Los minutos de cancha que tuvieron afirmaron esa sensación o más bien, la transformaron en certeza.
Ahora hay que ir a Sarandí a ganar. El empate les sirve a ellos que ya le ganaron a Zamora y muy probablemente le vuelvan a ganar en Venezuela, donde nosotros dejamos dos puntos de oro. Las circunstancias apremian pero hay que tenerle fe a este equipo que estuvo 36 partidos sin perder. Lo que urge es que vuelva a parecerse a sí mismo.
jueves, 8 de marzo de 2012
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