Nadie calificaría al Pampa Calvo como un gran jugador. No tuvo la variedad de recursos, la riqueza técnica del Negro Ibarra. Tampoco el cohete en el tujes de Clemente. Pero al Pampa sí que le cabe aquella definición que una vez aplicó Carlos Bianchi referida a Christian Giménez: “Con él sabés que nunca entrás con diez”.
Ahora, cuando acaba de hacer público su retiro, seis meses después de que se le concediera el pase libre porque la rodilla, definitivamente, no quiere más, si se repasa su carrera se llegará a la conclusión de que fue un jugador mucho más valioso de lo que una primera lectura superficial pudiera indicar.
Ciento sesenta y siete partidos jugó el Pampa en la primera de Boca, desde su debut en 2000 y fue parte activa en la conquista de doce títulos. Pero más allá de esas cifras que de por sí son significativas, cabe preguntarse cuántas veces jugó realmente mal el Pampa… Muy pocas. Siempre cumplió. Y hubo campañas en las que estuvo en la cancha durante gran parte, como en aquel Apertura 2005 en que el Negro Ibarra tuvo que faltar muchas veces y no se lo sintió tanto.
Por la derecha o por la izquierda, su rendimiento siempre fue parejo. Firme en la custodia de su zona, nada desdeñable en cuanto a su prolijidad como salida y hasta con más de una presencia en la llegada, como en aquel golazo a Independiente en el Clausura 2003, apareciendo al borde del área, por izquierda, para meter un derechazo alto e imponente, uno de los cinco goles de su trayectoria.
Ahora, que andamos buscando un suplente para Clemente pero no sabemos quién, porque escasean los especialistas, ahora que hubo que improvisar a Roncaglia como lateral (y menos mal que aprendió bien el oficio), puede tenerse una mejor mensuración de la valía del Pampa Calvo.
Fue un tipo que pasó por el fútbol en silencio. Se fue a España, volvió, se lesionó, tuvo más de un año y medio de recuperación sin aflojar nunca hasta que tuvo la satisfacción de poder reaparecer en primera, transcurridos más de 24 meses desde su última aparición anterior.
Se fue con el pase libre, el 30 de junio pasado, casi sin que nos diéramos cuenta. En fin, lo mismo le había pasado un año antes al Negro Ibarra, nada menos, a quien nadie le entregó ni una modesta plaquetita. En el caso del Pampa, esa salida inadvertida estuvo a tono con su perfil. Pero sí que sirven los jugadores como el Pampa Calvo. Una vez más tenemos que acordarnos de Bianchi. Con el Pampa, nunca entramos con diez.
lunes, 26 de diciembre de 2011
lunes, 19 de diciembre de 2011
AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR
“Murió Falcioni”, se escribió en este sitio. Este gil que escribe se había ofuscado aquella vez que el entrenador decidió que a Román “no lo veía en condiciones” para aquel partido con All Boys, en el Clausura. “Cagón”, también se lo calificó al director técnico, tras aquella noche en que lo sacó a Román para armar dos líneas de cuatro y aguantar un 1-0 sobre Independiente y se lo empataron.
No, yo no voy a colgar ninguna bandera que diga “Perdón, Julio”. El fútbol se nutre del día a día, los hinchas somos como somos y desde aquí, a Falcioni o a cualquiera puede volvérseles a caer en cualquier momento.
Jamás estuvo en duda la vocación de trabajo de Falcioni, su preocupación y dedicación puestas al servicio de su tarea. Eso también quedó reflejado en este sitio desde el principio, en particular porque lo diferencia de algunos otros que pasaron antes por el cargo.
Los resultados nos hacen variar las opiniones, claro, no tiene por qué ser de otra manera. No puede ser de otra manera. Pero hay que puntualizar que uno de los principales méritos de Falcioni en esta gloriosa campaña del Apertura es que fue aprendiendo por el camino. El ha venido repitiendo como muletilla en los últimos tiempos, junto con el agradecimiento a sus jugadores, que ellos “lo hicieron crecer”.
Sí, con el transcurrir de los días Falcioni fue entendiendo cómo funciona Boca. Fue una pavada, al poco tiempo de haber llegado, ponerse a confrontar con un ídolo. Se lo castigó como se lo tenía que castigar por eso y el tipo tomó nota. Fue un error que no repitió.
Como bien deslizó Román en alguna de sus últimas apariciones públicas, en el Clausura Boca jugó “de cinco maneras distintas”. Cuando no estaba Román, se pasaba al 4-4-2. En un momento, como para que pudiera estar Román pero hubiera la suficiente capacidad de contención en el medio, se armó un extraño esquema con Palermo como único punta fijo, Román parado bien arriba, línea de tres con el Pampa Calvo y Clemente como carrileros… Un bodrio, aunque haya servido para ganar algún partido.
Con la ventaja de tener ya bien conocidos a sus hombres y de tener también bien mensurado cómo pendulan los humores de la tribuna, para el segundo semestre el conductor aprendió otra lección y varió su postura. Se decidió por sostener el 4-3-1-2, un sistema que es el más sencillo, lógico y confiable si se tiene a Riquelme en el plantel.
Lo dijo bien claro el entrenador, que hasta incluso lo hizo volver al Tano Gracián para tenerlo como alternativa cuando le faltara Román. Y como el Tano primero quedó fuera por lesión y después no funcionó, probó otras variantes pero sin tocar el dibujo madre.
La primera vez que faltó Román, con Independiente en Avellaneda, jugó una carta difícil: Cvitanich y Mouche arriba con Viatri levemente tirado atrás. Le salió perfecto. Cuando volvió a faltarle Román, no le tembló el pulso, privilegió al Pochi Chávez por sobre Gracián (se caía de maduro con la evaluación de los rendimientos) y continuó jugando con enganche. Cuando le faltó Rivero y muchos postulaban que lo mejor era regresar al 4-4-2, él volvió a tomar una determinación complicada y mantuvo el esquema, con Pichi Erbes por el Burro en la derecha.
Todos nos equivocamos, algunos más que otros pero por lo que respecta a este gil que escribe, mantiene que fue un error inaceptable por parte del entrenador haber prescindido de Riquelme en aquel partido con All Boys. Desató una tormenta contra sí mismo, tormenta que fácilmente pudo haberse evitado. Pero del mismo modo, es de sumo valor comprobar que, con tiempo y con paciencia, Falcioni registró sus propias equivocaciones, tomó conciencia de ellas. Hoy, es inimaginable que vaya a dejarlo a Román fuera de un partido si Román está en condiciones de jugar.
Al cabo, aquella inclaudicable vocación de trabajo que nunca pudo dejar de reconocérsele le dio sus frutos al entrenador. El tipo supo armar un equipo duro, consistente, regular (regular de regularidad, no en segundas acepciones), meritorio y campeón.
La noche de la despedida de Palermo, Falcioni prestó su cara de enojado para aparecer en la pantalla gigante y lo rechifló y abucheó toda La Bombonera. Quizás haya sido el último de sus errores visibles. Después de la coronación, seguramente fueron muchos de los mismos que lo habían rechiflado y abucheado quienes cantaron “que de la mano de Julio César todos la vuelta vamos a dar”. Las dos expresiones de la misma tribuna son igualmente legítimas. Falcioni se ganó la primera y la segunda. Y los hinchas no tenemos por qué pedirle disculpas a nadie por ser como somos.
No, yo no voy a colgar ninguna bandera que diga “Perdón, Julio”. El fútbol se nutre del día a día, los hinchas somos como somos y desde aquí, a Falcioni o a cualquiera puede volvérseles a caer en cualquier momento.
Jamás estuvo en duda la vocación de trabajo de Falcioni, su preocupación y dedicación puestas al servicio de su tarea. Eso también quedó reflejado en este sitio desde el principio, en particular porque lo diferencia de algunos otros que pasaron antes por el cargo.
Los resultados nos hacen variar las opiniones, claro, no tiene por qué ser de otra manera. No puede ser de otra manera. Pero hay que puntualizar que uno de los principales méritos de Falcioni en esta gloriosa campaña del Apertura es que fue aprendiendo por el camino. El ha venido repitiendo como muletilla en los últimos tiempos, junto con el agradecimiento a sus jugadores, que ellos “lo hicieron crecer”.
Sí, con el transcurrir de los días Falcioni fue entendiendo cómo funciona Boca. Fue una pavada, al poco tiempo de haber llegado, ponerse a confrontar con un ídolo. Se lo castigó como se lo tenía que castigar por eso y el tipo tomó nota. Fue un error que no repitió.
Como bien deslizó Román en alguna de sus últimas apariciones públicas, en el Clausura Boca jugó “de cinco maneras distintas”. Cuando no estaba Román, se pasaba al 4-4-2. En un momento, como para que pudiera estar Román pero hubiera la suficiente capacidad de contención en el medio, se armó un extraño esquema con Palermo como único punta fijo, Román parado bien arriba, línea de tres con el Pampa Calvo y Clemente como carrileros… Un bodrio, aunque haya servido para ganar algún partido.
Con la ventaja de tener ya bien conocidos a sus hombres y de tener también bien mensurado cómo pendulan los humores de la tribuna, para el segundo semestre el conductor aprendió otra lección y varió su postura. Se decidió por sostener el 4-3-1-2, un sistema que es el más sencillo, lógico y confiable si se tiene a Riquelme en el plantel.
Lo dijo bien claro el entrenador, que hasta incluso lo hizo volver al Tano Gracián para tenerlo como alternativa cuando le faltara Román. Y como el Tano primero quedó fuera por lesión y después no funcionó, probó otras variantes pero sin tocar el dibujo madre.
La primera vez que faltó Román, con Independiente en Avellaneda, jugó una carta difícil: Cvitanich y Mouche arriba con Viatri levemente tirado atrás. Le salió perfecto. Cuando volvió a faltarle Román, no le tembló el pulso, privilegió al Pochi Chávez por sobre Gracián (se caía de maduro con la evaluación de los rendimientos) y continuó jugando con enganche. Cuando le faltó Rivero y muchos postulaban que lo mejor era regresar al 4-4-2, él volvió a tomar una determinación complicada y mantuvo el esquema, con Pichi Erbes por el Burro en la derecha.
Todos nos equivocamos, algunos más que otros pero por lo que respecta a este gil que escribe, mantiene que fue un error inaceptable por parte del entrenador haber prescindido de Riquelme en aquel partido con All Boys. Desató una tormenta contra sí mismo, tormenta que fácilmente pudo haberse evitado. Pero del mismo modo, es de sumo valor comprobar que, con tiempo y con paciencia, Falcioni registró sus propias equivocaciones, tomó conciencia de ellas. Hoy, es inimaginable que vaya a dejarlo a Román fuera de un partido si Román está en condiciones de jugar.
Al cabo, aquella inclaudicable vocación de trabajo que nunca pudo dejar de reconocérsele le dio sus frutos al entrenador. El tipo supo armar un equipo duro, consistente, regular (regular de regularidad, no en segundas acepciones), meritorio y campeón.
La noche de la despedida de Palermo, Falcioni prestó su cara de enojado para aparecer en la pantalla gigante y lo rechifló y abucheó toda La Bombonera. Quizás haya sido el último de sus errores visibles. Después de la coronación, seguramente fueron muchos de los mismos que lo habían rechiflado y abucheado quienes cantaron “que de la mano de Julio César todos la vuelta vamos a dar”. Las dos expresiones de la misma tribuna son igualmente legítimas. Falcioni se ganó la primera y la segunda. Y los hinchas no tenemos por qué pedirle disculpas a nadie por ser como somos.
lunes, 12 de diciembre de 2011
EL MOÑO
Me habían dicho, entre tantas habladurías que se echan a rodar, que estaba arreglado un empate. Que Falcioni y Cambiasso, en un café que tomaron juntos… Siempre me resisto a darle crédito porque sí a los innumerables bolazos que se tiran pero, la verdad, a medida que transcurrían los minutos, más me iba pareciendo que podía ser cierto. Un partido “light”, pero demasiado “light”, sospechosamente “light”.
El gol anulado a Cvita de entrada (después, con la repetición, comprobé que tenía razón Favale) pareció como descolgado de lo que siguió. Porque uno llevaba la pelota hasta allá y la dejaba, otro la traía para acá y la dejaba y así. Hasta la media hora del segundo tiempo.
Las dos jugadas que no aprovecha Matos, la del primer tiempo que le ganó Agustín cuando tiró la gambeta larga y la del segundo, cuando se encontró de frente al arco sin marca y la tiró varios metros afuera, afirmaban la sensación. En la que salva Coronel (le pegó en la mano pero no hubo intención), después de que Cvita dejara en el camino a Cambiasso, también podía entenderse que Darío no había definido con el suficiente vigor.
La única nota discordante fue ese manotazo a la espalda del Flaco Schiavi que le costó la roja al uruguayo Rodríguez (buen jugador pero muy loquito), después de que el Flaco le fuera con el antebrazo arriba.
A propósito, al pasar escuché lloriquear por televisión a un periodista (lamentablemente no pesqué el nombre, me encantaría tenerlo identificado), ya que, según él, “era o amarilla para los dos o roja para los dos pero Favale hizo la fácil”… Cada vez vienen más pelotudos, los periodistas.
“La fácil” era la que proponés vos, tarado. La más común, por otra parte. Amarilla para los dos y listo. O bien roja para los dos, salomónicamente. O nada. Favale, mediocre árbitro, en su despedida del pito fue digno. Le sacó roja a uno solo, algo que siempre implica un compromiso mayor por parte del árbitro. O bien no vio el antebrazo arriba del Flaco o bien, al igual que este gil que escribe, lo consideró un movimiento propio de la acción de juego. Lo de Rodríguez fue una agresión, no hay otra interpretación posible. ¿Una agresión se pena con amarilla, tarado? ¿En qué escuelita de periodismo te lo enseñaron?
Lo cierto es que estábamos once contra diez, con tres delanteros a partir del ingreso de Nico Blandi, otra vez con dos cuando entró Seba Battaglia y no había caso. Ibamos livianitos hasta el área y volvíamos. Hasta que llegó el gol de Cvita, por suerte.
Pelota muy bien puesta por Walter en el área y cabezazo certero del novio de la Chechu, lejos de Cambiasso. Venía mal con los cabezazos, el Cvita, había tenido dos claros contra Arsenal y otro contra All Boys en el primer tiempo (centro pasado por Pablito Mouche desde la izquierda) y no habían sido goles.
Si se quiere ser malpensado, puede conjeturarse que el arreglo tal vez estaba pero por ahí los jugadores de Boca se enojaron dado el manotazo de Rodríguez al Flaco o que el turrito yerno de Bianchi lo había lastimado poco antes del gol a Cvita debajo de la ceja derecha o que el incorregible Barrientos se trenzó con Leo Somoza. Si se quiere ser malpensado…
Si se quiere ser crédulo, pensemos que lo del arreglo no fue más que una de tantas pelotudeces que circulan. Que si el partido se dio tan “light” fue porque los jugadores nuestros estaban naturalmente relajados (no entrenaron ni lunes ni jueves y concentraron recién el sábado) y porque para All Boys el punto era un negocio fantástico. Suciedades debe haber pero siempre hubo y habrá más bocas sucias que suciedad. Y si te gusta de verdad el fútbol, seguí creyéndole. Ganó Boca, señores, a otro lado a tejer intrigas.
Campeones invictos. Ya van veintinueve partidos por los puntos sin derrotas. Apenas seis goles en contra… Una barbaridad. Para que pueda hablarse de gran equipo, este Boca tendría que prolongarse en el tiempo. Aunque el Boca de Di Stefano en el 69 duró poco más de tres meses (o cinco si se cuenta el tramo final de la Copa Argentina) y no se borró (para los que lo vimos) de la memoria. Muñozmorenopederneralabrunayloustau jugaron dieciocho partidos juntos y hace más de 65 años que vienen rompiendo las bolas con ellos.
Sin embargo, en general, los que dejan huella son los que duran algo más. Por eso, esperamos que el Boca 2012 mantenga la apostura de este Apertura. Si es así, estará a la altura de cualquier galería y además, el año que viene puede darnos nuevas alegrías. Seguro.
Párrafos finales para Seba. Para mí ya era, en exclusiva, el jugador con más títulos ganados en la historia de Boca. Lo que pasa es que muchos (demasiados) periodistas (cada vez vienen más pelotudos) le cuentan a Guillermo la Recopa 2006 en la cual no tuvo ni un minuto de competencia, estuvo en el banco. Detalles estadísticos, Guillermo y Seba son enormes más allá de esos números. Lo que cuenta es el placer de volver a verlo a Seba en la cancha. Colgándose una medalla más, sí, pero sobretodo, llevándose el afecto de la gente por lo que supo sembrar, regando con sangre, sudor y lágrimas cada campo en que jugó (más pis en los controles antidoping). Lo han castigado dura y penosamente las lesiones. Ni siquiera sabemos si podrá aproximarse, ahora, a su nivel de antes. Ojalá que sí. No sólo porque, como dijo Falcioni, “será un refuerzo de lujo” sino porque se lo merece. Un jugador valiosísimo, un profesional mil por mil y un tipo que nunca se hizo notar más que por lo que produjo como futbolista. ¡Vamos, Seba querido, carajo!
El gol anulado a Cvita de entrada (después, con la repetición, comprobé que tenía razón Favale) pareció como descolgado de lo que siguió. Porque uno llevaba la pelota hasta allá y la dejaba, otro la traía para acá y la dejaba y así. Hasta la media hora del segundo tiempo.
Las dos jugadas que no aprovecha Matos, la del primer tiempo que le ganó Agustín cuando tiró la gambeta larga y la del segundo, cuando se encontró de frente al arco sin marca y la tiró varios metros afuera, afirmaban la sensación. En la que salva Coronel (le pegó en la mano pero no hubo intención), después de que Cvita dejara en el camino a Cambiasso, también podía entenderse que Darío no había definido con el suficiente vigor.
La única nota discordante fue ese manotazo a la espalda del Flaco Schiavi que le costó la roja al uruguayo Rodríguez (buen jugador pero muy loquito), después de que el Flaco le fuera con el antebrazo arriba.
A propósito, al pasar escuché lloriquear por televisión a un periodista (lamentablemente no pesqué el nombre, me encantaría tenerlo identificado), ya que, según él, “era o amarilla para los dos o roja para los dos pero Favale hizo la fácil”… Cada vez vienen más pelotudos, los periodistas.
“La fácil” era la que proponés vos, tarado. La más común, por otra parte. Amarilla para los dos y listo. O bien roja para los dos, salomónicamente. O nada. Favale, mediocre árbitro, en su despedida del pito fue digno. Le sacó roja a uno solo, algo que siempre implica un compromiso mayor por parte del árbitro. O bien no vio el antebrazo arriba del Flaco o bien, al igual que este gil que escribe, lo consideró un movimiento propio de la acción de juego. Lo de Rodríguez fue una agresión, no hay otra interpretación posible. ¿Una agresión se pena con amarilla, tarado? ¿En qué escuelita de periodismo te lo enseñaron?
Lo cierto es que estábamos once contra diez, con tres delanteros a partir del ingreso de Nico Blandi, otra vez con dos cuando entró Seba Battaglia y no había caso. Ibamos livianitos hasta el área y volvíamos. Hasta que llegó el gol de Cvita, por suerte.
Pelota muy bien puesta por Walter en el área y cabezazo certero del novio de la Chechu, lejos de Cambiasso. Venía mal con los cabezazos, el Cvita, había tenido dos claros contra Arsenal y otro contra All Boys en el primer tiempo (centro pasado por Pablito Mouche desde la izquierda) y no habían sido goles.
Si se quiere ser malpensado, puede conjeturarse que el arreglo tal vez estaba pero por ahí los jugadores de Boca se enojaron dado el manotazo de Rodríguez al Flaco o que el turrito yerno de Bianchi lo había lastimado poco antes del gol a Cvita debajo de la ceja derecha o que el incorregible Barrientos se trenzó con Leo Somoza. Si se quiere ser malpensado…
Si se quiere ser crédulo, pensemos que lo del arreglo no fue más que una de tantas pelotudeces que circulan. Que si el partido se dio tan “light” fue porque los jugadores nuestros estaban naturalmente relajados (no entrenaron ni lunes ni jueves y concentraron recién el sábado) y porque para All Boys el punto era un negocio fantástico. Suciedades debe haber pero siempre hubo y habrá más bocas sucias que suciedad. Y si te gusta de verdad el fútbol, seguí creyéndole. Ganó Boca, señores, a otro lado a tejer intrigas.
Campeones invictos. Ya van veintinueve partidos por los puntos sin derrotas. Apenas seis goles en contra… Una barbaridad. Para que pueda hablarse de gran equipo, este Boca tendría que prolongarse en el tiempo. Aunque el Boca de Di Stefano en el 69 duró poco más de tres meses (o cinco si se cuenta el tramo final de la Copa Argentina) y no se borró (para los que lo vimos) de la memoria. Muñozmorenopederneralabrunayloustau jugaron dieciocho partidos juntos y hace más de 65 años que vienen rompiendo las bolas con ellos.
Sin embargo, en general, los que dejan huella son los que duran algo más. Por eso, esperamos que el Boca 2012 mantenga la apostura de este Apertura. Si es así, estará a la altura de cualquier galería y además, el año que viene puede darnos nuevas alegrías. Seguro.
Párrafos finales para Seba. Para mí ya era, en exclusiva, el jugador con más títulos ganados en la historia de Boca. Lo que pasa es que muchos (demasiados) periodistas (cada vez vienen más pelotudos) le cuentan a Guillermo la Recopa 2006 en la cual no tuvo ni un minuto de competencia, estuvo en el banco. Detalles estadísticos, Guillermo y Seba son enormes más allá de esos números. Lo que cuenta es el placer de volver a verlo a Seba en la cancha. Colgándose una medalla más, sí, pero sobretodo, llevándose el afecto de la gente por lo que supo sembrar, regando con sangre, sudor y lágrimas cada campo en que jugó (más pis en los controles antidoping). Lo han castigado dura y penosamente las lesiones. Ni siquiera sabemos si podrá aproximarse, ahora, a su nivel de antes. Ojalá que sí. No sólo porque, como dijo Falcioni, “será un refuerzo de lujo” sino porque se lo merece. Un jugador valiosísimo, un profesional mil por mil y un tipo que nunca se hizo notar más que por lo que produjo como futbolista. ¡Vamos, Seba querido, carajo!
jueves, 8 de diciembre de 2011
NOS DESCONECTAMOS UN RATITO
La verdad, dadas las circunstancias, yo tenía miedo de que ya estuviéramos de vacaciones, que nos desenchufáramos los noventa minutos. Por suerte, nos desenchufamos un ratito, ese comienzo del segundo tiempo que pudo haber costado la derrota. Antes y después, el equipo respondió y salvó el invicto. Lástima haber recibido dos goles, hubiese sido lindo terminar el campeonato con tan pocos en contra.
Sólo la desconcentración puede explicar que a Boca, particularmente a este Boca, le hayan hecho esos dos goles de arranque después del descanso. De lo contrario, no puede ser que a ese tiro libre tan largo se lo deje picar tan cerca del arco, que nadie reaccione después del pique y que sea Burdisso el que ponga la cabecita, en el primero. En el segundo, Orión rechazó medio a la bartola, Óbolo la metió muy exigido y el Flaco Schiavi completó la faena con ese movimiento imperfecto, raro e indefinible que dejó en bolas a Orión.
El segundo tiempo del Flaco fue como yo temía que podía llegar a ser todo el campeonato. Pero no, jugó un campeonato espectacular. Solamente se tomó en Sarandí esos minutos a cuenta de las vacaciones.
El resto del partido, bien, Boca. Tranquilo, sin forzar el ritmo, esperando a ver qué hacía Arsenal. Cuando se tuvo una oportunidad, no se la dejó pasar. Muy buena la acción del primer gol. Bien jugada por Pochi y sobre todo, gran pase de Somoza, profundo y entre líneas, justo cuando los defensores intentaban el achique (oí que fue off side finito, no vi la repe por televisión y estaba muy sesgado en la cancha como para opinar). Impecable la definición de Erviti, que se tomó todo el tiempo necesario y tocó con gran precisión cuando le salía Campestrini.
Lo mejor fue el amor propio que salió a relucir después del segundo gol de Arsenal. A los muchachos les dolió estar perdiendo. Un dato ciertamente muy positivo. En la última media hora, el partido fue todo de Boca. No le dio al rival ninguna chance de salir.
Linda media vuelta del Pochi en el gol del empate. Rápida a inesperada, latigazo preciso, bajo, muy difícil para cualquier arquero. Pochi se había nublado en un rato del primer tiempo pero en general, volvió a jugar un buen partido. Lo más notorio es la confianza que se ha ganado entre sus compañeros, que confían en él, que lo reconocen conductor. Muy buen campeonato, también, de Pochi. Justo cuando más lo necesitábamos, cuando nos quedamos sin Román.
Tendría que haber ganado Boca. Forzó como cuatro o cinco situaciones contra ninguna en ese segmento final. La que Cvita no pudo meter con la pelota viboreando a un metro del arco, el cabezazo de Pochi que Campestrini sacó de un manotazo increíble, los otros dos cabezazos de Cvita, uno alto y otro que la encontró el arquero…
Cvita, a pesar de que no estuvo fino para el gol, tuvo mucha participación en el segundo tiempo. Se enredó en algunas rencillas con los defensores rivales, al pedo pero tuvo presencia.
Pablito Mouche, en cambio, hizo bien una sola. Esa gran jugada en que metió el desborde por izquierda, levantó la cabeza y se la puso en la cabeza a Pochi (la de la atajada de Campestrini). Después, anduvo con el balde en la cabeza, morfón, enredado. Y cuando salió, le hizo esos gestitos a los plateístas. Creíamos que había aprendido la lección, Pablo, pero esas boludeces ya le han costado bastante caro y si sigue, pueden volver a costarle. ¡Vamos, Pablo, jugá y dejate de joder! Los plateístas que están cerca de la cancha son unos pelotudos en todos los clubes.
Falta un partidito más para coronar el campeonato con el invicto definitivo. Un adornito que no queremos perdernos. El broche de una campaña impresionante. Que probablemente sea mejor reconocida con el correr de los años que ahora. ¡Vamos, Boca, no le afloje!
Sólo la desconcentración puede explicar que a Boca, particularmente a este Boca, le hayan hecho esos dos goles de arranque después del descanso. De lo contrario, no puede ser que a ese tiro libre tan largo se lo deje picar tan cerca del arco, que nadie reaccione después del pique y que sea Burdisso el que ponga la cabecita, en el primero. En el segundo, Orión rechazó medio a la bartola, Óbolo la metió muy exigido y el Flaco Schiavi completó la faena con ese movimiento imperfecto, raro e indefinible que dejó en bolas a Orión.
El segundo tiempo del Flaco fue como yo temía que podía llegar a ser todo el campeonato. Pero no, jugó un campeonato espectacular. Solamente se tomó en Sarandí esos minutos a cuenta de las vacaciones.
El resto del partido, bien, Boca. Tranquilo, sin forzar el ritmo, esperando a ver qué hacía Arsenal. Cuando se tuvo una oportunidad, no se la dejó pasar. Muy buena la acción del primer gol. Bien jugada por Pochi y sobre todo, gran pase de Somoza, profundo y entre líneas, justo cuando los defensores intentaban el achique (oí que fue off side finito, no vi la repe por televisión y estaba muy sesgado en la cancha como para opinar). Impecable la definición de Erviti, que se tomó todo el tiempo necesario y tocó con gran precisión cuando le salía Campestrini.
Lo mejor fue el amor propio que salió a relucir después del segundo gol de Arsenal. A los muchachos les dolió estar perdiendo. Un dato ciertamente muy positivo. En la última media hora, el partido fue todo de Boca. No le dio al rival ninguna chance de salir.
Linda media vuelta del Pochi en el gol del empate. Rápida a inesperada, latigazo preciso, bajo, muy difícil para cualquier arquero. Pochi se había nublado en un rato del primer tiempo pero en general, volvió a jugar un buen partido. Lo más notorio es la confianza que se ha ganado entre sus compañeros, que confían en él, que lo reconocen conductor. Muy buen campeonato, también, de Pochi. Justo cuando más lo necesitábamos, cuando nos quedamos sin Román.
Tendría que haber ganado Boca. Forzó como cuatro o cinco situaciones contra ninguna en ese segmento final. La que Cvita no pudo meter con la pelota viboreando a un metro del arco, el cabezazo de Pochi que Campestrini sacó de un manotazo increíble, los otros dos cabezazos de Cvita, uno alto y otro que la encontró el arquero…
Cvita, a pesar de que no estuvo fino para el gol, tuvo mucha participación en el segundo tiempo. Se enredó en algunas rencillas con los defensores rivales, al pedo pero tuvo presencia.
Pablito Mouche, en cambio, hizo bien una sola. Esa gran jugada en que metió el desborde por izquierda, levantó la cabeza y se la puso en la cabeza a Pochi (la de la atajada de Campestrini). Después, anduvo con el balde en la cabeza, morfón, enredado. Y cuando salió, le hizo esos gestitos a los plateístas. Creíamos que había aprendido la lección, Pablo, pero esas boludeces ya le han costado bastante caro y si sigue, pueden volver a costarle. ¡Vamos, Pablo, jugá y dejate de joder! Los plateístas que están cerca de la cancha son unos pelotudos en todos los clubes.
Falta un partidito más para coronar el campeonato con el invicto definitivo. Un adornito que no queremos perdernos. El broche de una campaña impresionante. Que probablemente sea mejor reconocida con el correr de los años que ahora. ¡Vamos, Boca, no le afloje!
lunes, 5 de diciembre de 2011
QUÉ PASÓ, QUÉ PASARÁ
Pensé que podía ganar Angelici pero no de la forma en que se dio. Porque ganó en todos lados. Vitalicios, interior, damas… Sigo creyendo que el Gordo Ameal era la menos mala de las opciones y ojalá Angelici y sus compañeros de gestión me demuestren lo contrario pero consumados los hechos, vale la pena merodear sobre los porqués de lo sucedido.
El Gordo fue un presidente débil desde que llegó y por cómo llegó al cargo. Se encontró con una Comisión Directiva que lo miraba de reojo, quizá lo tenía en estudio. De entrada, se vio obligado a gobernar a los manotazos. Recordar que lo puso a Bianchi de manager un poco porque quería tenerlo ahí para ser el siguiente director técnico pero más, porque fue su manera de sacar del medio a Beraldi y Crespi, que eran los que manejaban fútbol profesional, tenían mucha más experiencia que él en el tema y naturalmente iban a pasarlo por arriba.
Un componedor, el Gordo. Un devoto creyente en los consensos. Como forma de vida, vale. Pero en una sociedad básicamente presidencialista (y Boca no es excepción), todos queremos tener claro que el presidente es el presidente. Que en algún momento tiene que pegar una trompada arriba de alguna mesa y se acabó. Al Gordo le llevó tiempo procesarlo. Cuando terminó, ya se le había consumido la mitad del mandato y en el club eran muchos los que, por lo bajo y no tanto, lo llamaban “De la Rúa”.
Hubo errores visibles. Demasiado. Imperdonables… La salida de Caranta… ¿Cómo lo van a mandar al Gordo Prado, el utilero de entonces, a decirle a un jugador “tengo orden de no entregarte la ropa”?... ¿Cómo no lo van a dejar entrar a la Posada de los Pájaros, en Tandil y permitir que se montara una escena de conventillo que convirtió a Boca en hazmerreír de todos?...
La salida de Ischia… La dirigencia que quiere que se vaya pero “de común acuerdo”, el técnico que dice “yo no me quiero ir, me tienen que echar”, días y días que transcurren hasta que por fin se toma la decisión impostergable pero con un daño al club ya a esa altura, irreparable.
¿Quién, racionalmente, le hubiera confiado el equipo al Chueco Alves? Un tipo que había pasado los cincuenta años de edad y nunca había dirigido profesionales puesto a lidiar con cada peso pesado… Pasó lo que tenía que pasar, lo que cualquiera pudo haber previsto.
Lo de Borghi también podía preverse. En el fútbol nos conocemos todos y Borghi no encajaba en Boca. Un tipo que llevaba no sé cuántos partidos sin ganar y en las conferencias de prensa hacía chistes… Resulta muy simpático oir a un tipo que dice “a mi mujer la quiero tanto que si se va con otro, yo me voy con ellos” pero técnico de Boca, noooo…
¿Alguien imagina que a un Armando o a un Macri podía llegar a pasarle lo que le pasó al Gordo con la renovación del contrato de Riquelme? El Puma o Macri hubiesen llegado a la reunión de Comisión Directiva, tirado el contrato arriba de la mesa e informado a sus “pares”: “Aquí está, este es el contrato que firmamos con Riquelme”. Claro, es injusto pretender que Ameal tenga las espaldas de un Armando o un Macri.
Todo se suavizó en este último tiempo porque Falcioni enderezó al equipo pero más allá de ello, el Gordo parecía haber aprendido algunas lecciones. Tarde, pero las aprendió. Con eso y Boca prácticamente campeón parecía que podía alcanzarle, al Gordo (vistas también las incoherencias de la oposición) pero no, los socios, mayoritariamente, dijeron no. Y acá conviene también analizar con detenimiento las circunstancias en que se llegó a la elección.
¿Quién era la cabeza visible de la oposición? Macri. Al menos, desde que Digón y Beraldi se transportaron al oficialismo. Y Macri no tenía posibilidad de ser candidato. Curiosamente, fue Macri el hombre que en 2007 metió a Ameal en la fórmula, a regañadientes de Pompilio. Después, estaba la oposición interna. El macrismo era mayoría en la Comisión Directiva mientras que Beraldi y Crespi jugaban para sí mismos.
Seguro que fue sumamente doloroso, para Ameal, tener que sacar de la conducción del fútbol profesional, a comienzos de 2011, al Pelado London, uno de sus hombres más fieles, para reposicionar en ese sitio a Beraldi y Crespi, como pacto de gobernabilidad ya en el año electoral. Y más debe haberle dolido que London, despechado, cruzara la calle y se juntara con Angelici, lo debe haber sentido como una tración. Tiene razón. Sí, claro, London también puede tener sus razones para sentirse traicionado.
La cagada final se dio cuando el gobierno nacional, el kirchnerismo, desesperado porque veía que Boca podía quedar definitivamente en manos del macrismo, decidió entrometerse ya con absoluto descaro, sin disimulo alguno, en la política interna del club, vía Kunkel. Esa intromisión forzó la conformación de la alianza con Digón y Beraldi.
Hay cosas que Angelici y Macri han repetido en los últimos días de campaña y que no pueden discutírseles. Digón vino haciendo oposición agresiva desde 2003 a la fecha (desde que se peleó con Macri), sus representantes votaron siempre en contra de la aprobación de los balances, tiró mierda cada vez que le pusieron un micrófono delante… ¡Y de buenas a primeras aparece parado al lado de Ameal, sonriente!
Beraldi, a lo largo de sus años de vicepresidencia, trabajó para sí mismo, en pos de su candidatura presidencial. Cuando se dio cuenta de que de ninguna manera iban a darle los números, tornó a pararse al lado de Ameal… Verlo a Beraldi en fórmula presidencial con Ameal representa lo mismo que si el inefable Cleto Cobos hubiera aparecido de nuevo en octubre pasado al lado de Cristina.
Vistos los acontecimientos, cabe conjeturar que Ameal, sin la grosera intromisión gubernamental, sin la indefendible alianza con Beraldi y Digón, con la racha victoriosa del equipo a favor, podría haber hecho mejor elección de la que hizo.
LA INVASIÓN DEL KIRCHNERISMO FUE EL PEOR GOLPE QUE SE LE PÑUDO DAR AL GORDO. Esa consigna que se cantó anoche, terminado el escrutinio, es sumamente elocuente: “No se jode, con Boca no se jode”… Y tenía claros destinatarios. No es que sea la primera vez que la política nacional se nos mete en el club ni será la última pero rara vez lo fue con tan poca vergüenza, con tanto caradurismo ni tanto frenesí.
Hay culpas repartidas. Porque en definitiva, lo que Macri quiere es ser presidente de la Nación en 2015 y sus cartas las juega sin escrúpulos. Le estaban prendiendo fuego la Legislatura y mientras tanto el tipo estaba saliendo al aire por Fox con Niembro, hablando de Boca. Y no es que a mí me importen más la Legislatura y los docentes que Boca, juro que todo lo contrario pero un Jefe de Gobierno, desde su lugar, debiera cuidar algunas formas, como mínimo.
La clausura de la cancha de San Lorenzo, el sábado, se inscribe en la antología de esos sainetes que los argentinos seguimos digiriendo como si nada. Una demostración del infantilismo trágico de nuestra clase dirigente. El macrismo y el kirchnerismo se pelean para hacernos ver cuál de los dos la tiene más larga, señores. Pero claro, los dirigentes, en definitiva, surgen del seno de esta sociedad que conformamos entre todos. Si algún día cada uno de nosotros se hiciera cargo de la parte que le toca, es posible que empezáramos a tener (a formar) mejores dirigentes.
Angelici no tiene trayectoria en el club. Yo lo escucho hablar y me asusta, repite frases huecas, no es claro ni concreto. Habla, realmente, muy mal. No sé si será hincha de Huracán, como se dice, pero es un robotito armado en las oficinas de Macri, no se le ve identidad propia. Hizo mucha guita con la explotación de los casinos pero la exposición pública permanente es otra cosa. Ahora se va a encontrar con un mundo que no conoce y por lo que se ve, cabe dudar de que esté preparado para enfrentarlo. YO HUBIERA VOTADO A MACRI, porque con él ganamos dieciséis títulos en doce años pero a Angelici, no.
En los últimos meses Angelici ha venido repitiendo, en relación con el contrato de Riquelme, que lo que él no quería era renovárselo por cuatro años, que quería dos con opción a otros dos, que había dudas sobre su recuperación física, que nunca lo discutió como jugador, que es un ídolo… Pero este gil que escribe, que si algo tiene es memoria, no se olvida, como parecen haberlo hecho otros, de que no hace tanto, en la revista Noticias, Angelici definió a Román como “un líder negativo”, que “dividía el vestuario”…
Si alguna ventaja tiene esta Comisión Directiva sobre la anterior es que se la ve más compacta, más homogénea. Aguas, Mechetti, Ben, Requejo, Ibarra, Etala, Quintiero, Viejobueno… Son tipos que han dado muestras de ser disciplinados. De encolumnarse detrás de su jefe, de no dejarlo pagando. Claro, el jefe era (es) Macri. ¿Y Angelici? ¿Le responderán de la misma manera a Angelici?
El Pelado London, así como le fue fiel a Ámeal, también le va a ser fiel a Angelici. Otro tanto puede pensarse de Orgambide. Habrá que ver cómo se mueve Crespi pero en principio parecen haberle dado muy poco espacio, como si lo hubieran incorporado medio de compromiso pero hasta ahí nomás, con las líneas bien marcadas. Como al caricaturesco Paolini, lo que se dice, un gil con guita.
A Paolini lo hicieron pagar aquella faraónica y pantagruélica cena en Parque Norte, a la que cualquier socio podía ir a morfar gratis (yo no fui porque me quedaba muy lejos y al otro día me tenía que levantar temprano). Se dio el gusto de salir en todas las fotos abrazado con Macri y Angelici. Después, cuando confeccionaron la lista, el tipo pidió una vocalía titular y diez representantes… Le dieron una vocalía suplente y ningún representante… Ameal ya lo había hecho pagar la construcción de la sala de conferencias de Casa Amarilla y al poco tiempo lo rajó de una patada en el orto. Y bueno, el que tiene guita hace lo que quiere pero no siempre, querido Paolini.
En tiempos de Armando, a Boca, nuestro amado Boca, se lo conducía desde la concesionaria de autos del Puma, allá en Avenida La Plata y Sáenz. En tiempos de Alegre-Heller se lo conducía desde la gerencia general del Banco Credicoop. ¿Desde dónde se lo conducirá ahora? ¿Desde la Jefatura de Gobierno, allá frente a Plaza de Mayo? ¿O desde el casino flotante de Puerto Madero? Roguemos que se lo conduzca, por lo menos.
El Gordo fue un presidente débil desde que llegó y por cómo llegó al cargo. Se encontró con una Comisión Directiva que lo miraba de reojo, quizá lo tenía en estudio. De entrada, se vio obligado a gobernar a los manotazos. Recordar que lo puso a Bianchi de manager un poco porque quería tenerlo ahí para ser el siguiente director técnico pero más, porque fue su manera de sacar del medio a Beraldi y Crespi, que eran los que manejaban fútbol profesional, tenían mucha más experiencia que él en el tema y naturalmente iban a pasarlo por arriba.
Un componedor, el Gordo. Un devoto creyente en los consensos. Como forma de vida, vale. Pero en una sociedad básicamente presidencialista (y Boca no es excepción), todos queremos tener claro que el presidente es el presidente. Que en algún momento tiene que pegar una trompada arriba de alguna mesa y se acabó. Al Gordo le llevó tiempo procesarlo. Cuando terminó, ya se le había consumido la mitad del mandato y en el club eran muchos los que, por lo bajo y no tanto, lo llamaban “De la Rúa”.
Hubo errores visibles. Demasiado. Imperdonables… La salida de Caranta… ¿Cómo lo van a mandar al Gordo Prado, el utilero de entonces, a decirle a un jugador “tengo orden de no entregarte la ropa”?... ¿Cómo no lo van a dejar entrar a la Posada de los Pájaros, en Tandil y permitir que se montara una escena de conventillo que convirtió a Boca en hazmerreír de todos?...
La salida de Ischia… La dirigencia que quiere que se vaya pero “de común acuerdo”, el técnico que dice “yo no me quiero ir, me tienen que echar”, días y días que transcurren hasta que por fin se toma la decisión impostergable pero con un daño al club ya a esa altura, irreparable.
¿Quién, racionalmente, le hubiera confiado el equipo al Chueco Alves? Un tipo que había pasado los cincuenta años de edad y nunca había dirigido profesionales puesto a lidiar con cada peso pesado… Pasó lo que tenía que pasar, lo que cualquiera pudo haber previsto.
Lo de Borghi también podía preverse. En el fútbol nos conocemos todos y Borghi no encajaba en Boca. Un tipo que llevaba no sé cuántos partidos sin ganar y en las conferencias de prensa hacía chistes… Resulta muy simpático oir a un tipo que dice “a mi mujer la quiero tanto que si se va con otro, yo me voy con ellos” pero técnico de Boca, noooo…
¿Alguien imagina que a un Armando o a un Macri podía llegar a pasarle lo que le pasó al Gordo con la renovación del contrato de Riquelme? El Puma o Macri hubiesen llegado a la reunión de Comisión Directiva, tirado el contrato arriba de la mesa e informado a sus “pares”: “Aquí está, este es el contrato que firmamos con Riquelme”. Claro, es injusto pretender que Ameal tenga las espaldas de un Armando o un Macri.
Todo se suavizó en este último tiempo porque Falcioni enderezó al equipo pero más allá de ello, el Gordo parecía haber aprendido algunas lecciones. Tarde, pero las aprendió. Con eso y Boca prácticamente campeón parecía que podía alcanzarle, al Gordo (vistas también las incoherencias de la oposición) pero no, los socios, mayoritariamente, dijeron no. Y acá conviene también analizar con detenimiento las circunstancias en que se llegó a la elección.
¿Quién era la cabeza visible de la oposición? Macri. Al menos, desde que Digón y Beraldi se transportaron al oficialismo. Y Macri no tenía posibilidad de ser candidato. Curiosamente, fue Macri el hombre que en 2007 metió a Ameal en la fórmula, a regañadientes de Pompilio. Después, estaba la oposición interna. El macrismo era mayoría en la Comisión Directiva mientras que Beraldi y Crespi jugaban para sí mismos.
Seguro que fue sumamente doloroso, para Ameal, tener que sacar de la conducción del fútbol profesional, a comienzos de 2011, al Pelado London, uno de sus hombres más fieles, para reposicionar en ese sitio a Beraldi y Crespi, como pacto de gobernabilidad ya en el año electoral. Y más debe haberle dolido que London, despechado, cruzara la calle y se juntara con Angelici, lo debe haber sentido como una tración. Tiene razón. Sí, claro, London también puede tener sus razones para sentirse traicionado.
La cagada final se dio cuando el gobierno nacional, el kirchnerismo, desesperado porque veía que Boca podía quedar definitivamente en manos del macrismo, decidió entrometerse ya con absoluto descaro, sin disimulo alguno, en la política interna del club, vía Kunkel. Esa intromisión forzó la conformación de la alianza con Digón y Beraldi.
Hay cosas que Angelici y Macri han repetido en los últimos días de campaña y que no pueden discutírseles. Digón vino haciendo oposición agresiva desde 2003 a la fecha (desde que se peleó con Macri), sus representantes votaron siempre en contra de la aprobación de los balances, tiró mierda cada vez que le pusieron un micrófono delante… ¡Y de buenas a primeras aparece parado al lado de Ameal, sonriente!
Beraldi, a lo largo de sus años de vicepresidencia, trabajó para sí mismo, en pos de su candidatura presidencial. Cuando se dio cuenta de que de ninguna manera iban a darle los números, tornó a pararse al lado de Ameal… Verlo a Beraldi en fórmula presidencial con Ameal representa lo mismo que si el inefable Cleto Cobos hubiera aparecido de nuevo en octubre pasado al lado de Cristina.
Vistos los acontecimientos, cabe conjeturar que Ameal, sin la grosera intromisión gubernamental, sin la indefendible alianza con Beraldi y Digón, con la racha victoriosa del equipo a favor, podría haber hecho mejor elección de la que hizo.
LA INVASIÓN DEL KIRCHNERISMO FUE EL PEOR GOLPE QUE SE LE PÑUDO DAR AL GORDO. Esa consigna que se cantó anoche, terminado el escrutinio, es sumamente elocuente: “No se jode, con Boca no se jode”… Y tenía claros destinatarios. No es que sea la primera vez que la política nacional se nos mete en el club ni será la última pero rara vez lo fue con tan poca vergüenza, con tanto caradurismo ni tanto frenesí.
Hay culpas repartidas. Porque en definitiva, lo que Macri quiere es ser presidente de la Nación en 2015 y sus cartas las juega sin escrúpulos. Le estaban prendiendo fuego la Legislatura y mientras tanto el tipo estaba saliendo al aire por Fox con Niembro, hablando de Boca. Y no es que a mí me importen más la Legislatura y los docentes que Boca, juro que todo lo contrario pero un Jefe de Gobierno, desde su lugar, debiera cuidar algunas formas, como mínimo.
La clausura de la cancha de San Lorenzo, el sábado, se inscribe en la antología de esos sainetes que los argentinos seguimos digiriendo como si nada. Una demostración del infantilismo trágico de nuestra clase dirigente. El macrismo y el kirchnerismo se pelean para hacernos ver cuál de los dos la tiene más larga, señores. Pero claro, los dirigentes, en definitiva, surgen del seno de esta sociedad que conformamos entre todos. Si algún día cada uno de nosotros se hiciera cargo de la parte que le toca, es posible que empezáramos a tener (a formar) mejores dirigentes.
Angelici no tiene trayectoria en el club. Yo lo escucho hablar y me asusta, repite frases huecas, no es claro ni concreto. Habla, realmente, muy mal. No sé si será hincha de Huracán, como se dice, pero es un robotito armado en las oficinas de Macri, no se le ve identidad propia. Hizo mucha guita con la explotación de los casinos pero la exposición pública permanente es otra cosa. Ahora se va a encontrar con un mundo que no conoce y por lo que se ve, cabe dudar de que esté preparado para enfrentarlo. YO HUBIERA VOTADO A MACRI, porque con él ganamos dieciséis títulos en doce años pero a Angelici, no.
En los últimos meses Angelici ha venido repitiendo, en relación con el contrato de Riquelme, que lo que él no quería era renovárselo por cuatro años, que quería dos con opción a otros dos, que había dudas sobre su recuperación física, que nunca lo discutió como jugador, que es un ídolo… Pero este gil que escribe, que si algo tiene es memoria, no se olvida, como parecen haberlo hecho otros, de que no hace tanto, en la revista Noticias, Angelici definió a Román como “un líder negativo”, que “dividía el vestuario”…
Si alguna ventaja tiene esta Comisión Directiva sobre la anterior es que se la ve más compacta, más homogénea. Aguas, Mechetti, Ben, Requejo, Ibarra, Etala, Quintiero, Viejobueno… Son tipos que han dado muestras de ser disciplinados. De encolumnarse detrás de su jefe, de no dejarlo pagando. Claro, el jefe era (es) Macri. ¿Y Angelici? ¿Le responderán de la misma manera a Angelici?
El Pelado London, así como le fue fiel a Ámeal, también le va a ser fiel a Angelici. Otro tanto puede pensarse de Orgambide. Habrá que ver cómo se mueve Crespi pero en principio parecen haberle dado muy poco espacio, como si lo hubieran incorporado medio de compromiso pero hasta ahí nomás, con las líneas bien marcadas. Como al caricaturesco Paolini, lo que se dice, un gil con guita.
A Paolini lo hicieron pagar aquella faraónica y pantagruélica cena en Parque Norte, a la que cualquier socio podía ir a morfar gratis (yo no fui porque me quedaba muy lejos y al otro día me tenía que levantar temprano). Se dio el gusto de salir en todas las fotos abrazado con Macri y Angelici. Después, cuando confeccionaron la lista, el tipo pidió una vocalía titular y diez representantes… Le dieron una vocalía suplente y ningún representante… Ameal ya lo había hecho pagar la construcción de la sala de conferencias de Casa Amarilla y al poco tiempo lo rajó de una patada en el orto. Y bueno, el que tiene guita hace lo que quiere pero no siempre, querido Paolini.
En tiempos de Armando, a Boca, nuestro amado Boca, se lo conducía desde la concesionaria de autos del Puma, allá en Avenida La Plata y Sáenz. En tiempos de Alegre-Heller se lo conducía desde la gerencia general del Banco Credicoop. ¿Desde dónde se lo conducirá ahora? ¿Desde la Jefatura de Gobierno, allá frente a Plaza de Mayo? ¿O desde el casino flotante de Puerto Madero? Roguemos que se lo conduzca, por lo menos.
LA FELICIDÁ... JA,JA,JA,JA...
Gran campeón del balompié, este Boca 2011. Dos fechas antes, 27 partidos invicto, cuatro goles en contra y una superioridad incontrastable, indubitable, abrumadora sobre cada rival al que enfrentó. ¿Quién jugó mejor que Boca, en cada fecha, a lo largo del torneo? Olimpo asustó un poquito en los primeros minutos y Argentinos, en los últimos. Newell’s e Independiente tuvieron la pelota un montón de tiempo y no supieron qué hacer con ella, cómo ir más allá de tres cuartos de cancha. San Martín de San Juan fue el que más trabajo le dio a Orión pero fue con jugadas aisladas, nunca con control de juego.
¿Cuál fue el único partido que Boca jugó realmente incómodo? Con Belgrano. Los cordobeses nos metieron en una maraña de la que no se pudo salir pero así y todo, aun en ese partido complicado, el que estuvo más cerca de ganarlo, ¿quién fue? ¡Boca! Como con San Lorenzo, Vélez o Racing.
Banfield no iba a ser excepción a la regla, si anduvo a los tumbos durante todo el semestre. Entre paréntesis, no es que uno quiera ensañarse con La Volpe pero el tipo está cada día más loco. Es laburador y honesto, tiene algunas ideas interesantes pero… ¡Carboni de líbero detrás de una línea de cuatro! No sé, realmente, si ya lo había hecho antes pero el pobre Carboni no sabía dónde estaba parado. Y por supuesto, juntar gente en los últimos metros de cancha de ninguna manera le dio a Banfield seguridad defensiva, al contrario, deba agujeros por todos lados.
El partido se terminó, si es que alguna vez había empezado, con el primer gol, antes de los diez minutos. Los de Boca que pateaban, los de Banfield que la sacaban como podían, Lucchetti que iba de acá para allá hasta que al final, la metió Cvita.
Por las dudas, se refrendó la resolución con el segundo gol antes de terminar el primer tiempo. A Cvita el tiro libre de Pochi le había quedado un poco atrás pero qué bien la enganchó con esa especie de media tijera o media volea o algo así, lindo gol (no hay goles de Boca feos pero este fue lindo).
Y por si alguno no quería convencerse, el moño con ese golazo del Burro. ¡Cómo le entró! Desde la posición que ocupaba este gil, palco de prensa escrita, córner de Aristóbulo y las vías, se vio la pelota viajar en el aire y empezar a doblar para adentro hasta ir a meterse al lado del palo. ¡Lo grité cuando la bola iba a mitad de camino! Belleza absoluta, imponente, un gol salvaje.
¡Cómo estaba La Bombonera! Recontra repleta, con gente obstruyendo los pasillos y los pobres que quedaron en la calle. Cuando retiré mi tarjeta magnética para entrar, un tipo me ofreció guita para que le permitiera acompañarme y entrar conmigo. ¿Y cómo querés que haga, hermano? Por más que me dieras diez millones de euros en la mano, no había manera (mi credencial y mi tarjeta magnética no te las iba a ceder, olvidate).
Fiesta desde temprano, porque el campeonato ya lo habíamos ganado antes. No hubo más que festejos desde la reserva (que sigue invicta). Hasta ese lujo de que pudiera entrar Román en los últimos 25. Un homenaje del cuerpo técnico, de sus compañeros y de los hinchas. Un agasajo por su grandeza. Román no podía jugar, no tenía ni ritmo de competencia ni respaldo físico pero era una fiesta y Román no podía faltar. Ojo, que este campeonato, en muy buena medida es suyo. Al principio, en esas fechas que por lo general son las que definen la tendencia, el que marcó la diferencia fue él, quién iba a ser.
Me gustó lo que dijo después: “yo al hincha de Boca nunca le mentí”. No, Román, es básicamente cierto, los hinchas siempre vamos a creerte. A pesar de tantas y tantas mentiras que se dicen en derredor tuyo. Dormí tranquilo, Román, vos estás más allá del bien y del mal.
Se cantaron nombres que no siempre se cantan, “¡Cle-meeen-te… Cle-meeen-te”, en esa pelota que el pelado luchó hasta morir y ganó sobre un costado, en el primer tiempo. Merecido no sólo por ésa sino por todo lo que jugó Clemente en el torneo. Esa salida suya como tejo por la izquierda fue una de las claves del campeón. Desde que había vuelto a Boca había sembrado dudas, parecía que había perdido velocidad y la velocidad nunca se recupera pero no, lo habían envuelto las inseguridades del equipo. Con el equipo seguro, volvimos a ver al mejor Clemente.
“Olé, olé, olé, olé… Fla-cóóó… Fla-cóóóó”, cuando Falcioni lo sacó al Flaco Schiavi, a dos minutos del final, para que lo mimáramos. Ya dije muchas veces que, como gran pelotudo que me reconozco, me había equivocado por completo respecto de lo que podía darnos el Flaco en este retorno suyo a los 38 años. Pocos días atrás leí unas declaraciones de Gardelito Medero que me gustaron. Porque todos decimos que el Flaco acomodó a todo el equipo pero Medero, uno que supo jugar “de dos” en Boca, dijo: “Yo no sé si Schiavi potenció a Boca o si Boca potenció a Schiavi. Hay jugadores que están hechos a la medida de una camiseta”. ¡Claro, Luis, tenés razón! Si uno lo veía jugar al Falco en los últimos tiempos de Newell’s y parecía que se caía a pedazos. Pero le tiraron de nuevo la azul y oro y se transformó. Schiavi potenció a Boca y Boca potenció a Schiavi, definitivamente.
A propósito de Gardelito Medero (DT de Boca Unidos), para que al fin de semana no le faltara nada, no puede pasarse por alto lo sucedido el sábado en Corrientes. ¡Los correntinos jugaron horrible! No armaron una jugada, no la aguantaban en el medio, por la izquierda les entraban como querían… Uno, sentado frente a la tele, pensaba “no, no se puede, en algún momento va a caer el gol”. Y cayó… ¡Pero de Boca Unidos! ¡Y a los 46 del segundo tiempo! La vida es bella.
¿Cuál fue el único partido que Boca jugó realmente incómodo? Con Belgrano. Los cordobeses nos metieron en una maraña de la que no se pudo salir pero así y todo, aun en ese partido complicado, el que estuvo más cerca de ganarlo, ¿quién fue? ¡Boca! Como con San Lorenzo, Vélez o Racing.
Banfield no iba a ser excepción a la regla, si anduvo a los tumbos durante todo el semestre. Entre paréntesis, no es que uno quiera ensañarse con La Volpe pero el tipo está cada día más loco. Es laburador y honesto, tiene algunas ideas interesantes pero… ¡Carboni de líbero detrás de una línea de cuatro! No sé, realmente, si ya lo había hecho antes pero el pobre Carboni no sabía dónde estaba parado. Y por supuesto, juntar gente en los últimos metros de cancha de ninguna manera le dio a Banfield seguridad defensiva, al contrario, deba agujeros por todos lados.
El partido se terminó, si es que alguna vez había empezado, con el primer gol, antes de los diez minutos. Los de Boca que pateaban, los de Banfield que la sacaban como podían, Lucchetti que iba de acá para allá hasta que al final, la metió Cvita.
Por las dudas, se refrendó la resolución con el segundo gol antes de terminar el primer tiempo. A Cvita el tiro libre de Pochi le había quedado un poco atrás pero qué bien la enganchó con esa especie de media tijera o media volea o algo así, lindo gol (no hay goles de Boca feos pero este fue lindo).
Y por si alguno no quería convencerse, el moño con ese golazo del Burro. ¡Cómo le entró! Desde la posición que ocupaba este gil, palco de prensa escrita, córner de Aristóbulo y las vías, se vio la pelota viajar en el aire y empezar a doblar para adentro hasta ir a meterse al lado del palo. ¡Lo grité cuando la bola iba a mitad de camino! Belleza absoluta, imponente, un gol salvaje.
¡Cómo estaba La Bombonera! Recontra repleta, con gente obstruyendo los pasillos y los pobres que quedaron en la calle. Cuando retiré mi tarjeta magnética para entrar, un tipo me ofreció guita para que le permitiera acompañarme y entrar conmigo. ¿Y cómo querés que haga, hermano? Por más que me dieras diez millones de euros en la mano, no había manera (mi credencial y mi tarjeta magnética no te las iba a ceder, olvidate).
Fiesta desde temprano, porque el campeonato ya lo habíamos ganado antes. No hubo más que festejos desde la reserva (que sigue invicta). Hasta ese lujo de que pudiera entrar Román en los últimos 25. Un homenaje del cuerpo técnico, de sus compañeros y de los hinchas. Un agasajo por su grandeza. Román no podía jugar, no tenía ni ritmo de competencia ni respaldo físico pero era una fiesta y Román no podía faltar. Ojo, que este campeonato, en muy buena medida es suyo. Al principio, en esas fechas que por lo general son las que definen la tendencia, el que marcó la diferencia fue él, quién iba a ser.
Me gustó lo que dijo después: “yo al hincha de Boca nunca le mentí”. No, Román, es básicamente cierto, los hinchas siempre vamos a creerte. A pesar de tantas y tantas mentiras que se dicen en derredor tuyo. Dormí tranquilo, Román, vos estás más allá del bien y del mal.
Se cantaron nombres que no siempre se cantan, “¡Cle-meeen-te… Cle-meeen-te”, en esa pelota que el pelado luchó hasta morir y ganó sobre un costado, en el primer tiempo. Merecido no sólo por ésa sino por todo lo que jugó Clemente en el torneo. Esa salida suya como tejo por la izquierda fue una de las claves del campeón. Desde que había vuelto a Boca había sembrado dudas, parecía que había perdido velocidad y la velocidad nunca se recupera pero no, lo habían envuelto las inseguridades del equipo. Con el equipo seguro, volvimos a ver al mejor Clemente.
“Olé, olé, olé, olé… Fla-cóóó… Fla-cóóóó”, cuando Falcioni lo sacó al Flaco Schiavi, a dos minutos del final, para que lo mimáramos. Ya dije muchas veces que, como gran pelotudo que me reconozco, me había equivocado por completo respecto de lo que podía darnos el Flaco en este retorno suyo a los 38 años. Pocos días atrás leí unas declaraciones de Gardelito Medero que me gustaron. Porque todos decimos que el Flaco acomodó a todo el equipo pero Medero, uno que supo jugar “de dos” en Boca, dijo: “Yo no sé si Schiavi potenció a Boca o si Boca potenció a Schiavi. Hay jugadores que están hechos a la medida de una camiseta”. ¡Claro, Luis, tenés razón! Si uno lo veía jugar al Falco en los últimos tiempos de Newell’s y parecía que se caía a pedazos. Pero le tiraron de nuevo la azul y oro y se transformó. Schiavi potenció a Boca y Boca potenció a Schiavi, definitivamente.
A propósito de Gardelito Medero (DT de Boca Unidos), para que al fin de semana no le faltara nada, no puede pasarse por alto lo sucedido el sábado en Corrientes. ¡Los correntinos jugaron horrible! No armaron una jugada, no la aguantaban en el medio, por la izquierda les entraban como querían… Uno, sentado frente a la tele, pensaba “no, no se puede, en algún momento va a caer el gol”. Y cayó… ¡Pero de Boca Unidos! ¡Y a los 46 del segundo tiempo! La vida es bella.
jueves, 1 de diciembre de 2011
MEDI SIGLO DE ELECCIONES EN BOCA
1962: ARMANDO, FÁCIL
La elección fue el 9 de diciembre, el día del célebre penal que Antonio Roma le atajó a Delem. Boca llegaba igualado en el primer puesto con River a dos fechas del final. Lo venció 1-0 en La Bombonera con penal convertido por Paulo Valentim (una semana después iba a consagrarse campeón con José D’Amico como entrenador).
El empresario automotor Alberto José Armando, a los 52 años, buscaba su tercer mandato. Había sido presidente en 1953/55, hasta que fue encarcelado y obligado a renunciar luego de la toma del poder por parte de la llamada Revolución Libertadora. Después había vuelto al cargo para el período 1959/62.
El empresario textil Jaime Meller fue candidato opositor. Como se preveía, el oficialismo fue amplio triunfador.
CÓMPUTOS FINALES (9321 votantes): Armando: 8045 (86,31%); Meller 1207 (12,94 %); anulados 35; en blanco 33; impugnado 1.
1965: NUEVO PASEO DEL PUMA
La elección tuvo lugar el 5 de diciembre. Boca, que igualaba el primer puesto con River a cuatro fechas del final, venció ese día a Chacarita Juniors en San Martín, 1-0 con gol de Ángel Clemente Rojas (catorce días más tarde iba a dar la vuelta olímpica, con Néstor Rossi como director técnico).
Avanzaba a toda marcha la primera parte de las obras de la Ciudad Deportiva en la Costanera Sur.
Hubo dos listas opositoras, encabezadas por el abogado Horacio Ferro y el ingeniero Jorge Camino. Una vez más, “El Puma” Armando no tuvo obstáculos.
CÓMPUTOS FINALES (7172 votantes): Armando 6332 (88,28%); Ferro 614 (8,56%); Camino 189 (2,63%); anulados 20; en blanco 17.
1968: SIN CONTRA
No hubo comicios por haberse presentado una sola lista, la que postulaba la continuidad de Armando por otros tres años. Aunque el equipo, en período de transición, no obtenía títulos desde 1965, el fervor despertado por el avance de la Ciudad Deportiva era suficiente aval para el oficialismo.
1971: SIEMPRE ARMANDO
A tres fechas de la finalización de la etapa clasificatoria del Nacional, el Boca que conducía el entrenador chileno Fernando Riera compartía con San Lorenzo y Gimnasia de Mendoza el tercer puesto en su zona, a tres puntos de Rosario Central y uno de Atlanta (clasificaban los dos primeros, iba a llegar a la última fecha con posibilidades para quedar eliminado por diferencia de gol).
Ocho días antes, tras una huelga de Futbolistas Argentinos Agremiados, con el equipo completo, se había producido una dolorosa caída ante un River de juveniles, 1-3. El 5 de diciembre, día de la elección, tuvo lugar un 2-2 en La Bombonera frente a San Lorenzo.
Para el año siguiente se anunciaba el comienzo de la construcción del estadio en la Ciudad Deportiva, con inauguración prevista para el 25 de mayo de 1975, a las 11 de la mañana (“aunque llueva”, repetía “El Puma”).
La Agrupación La Bombonera, de reciente fundación, liderada por el pediatra boquense Pablo Abbatangelo, presentó como candidato a Francisco Hugo Petrone. Ganó Armando con holgura aunque la elección de la oposición no fue mala.
CÓMPUTOS FINALES (9159 votantes): Armando 6799 (74,20%); Petrone 2336 (25,50%); en blanco 19; impugnados 5.
1974: PESE A TODO, ARMANDO
El gobierno de Armando estaba jaqueado por el lopezreguismo, desde el poder. En marzo del año anterior el titular de Boca había integrado como candidato a senador (por compromiso político con el presidente de facto general Alejandro Lanusse) la lista que postulaba para la presidencia de la Nación al brigadier Ezequiel Martínez.
En el curso del período 1971/74 habían renunciado los vicepresidentes Fernando Mitjans y Miguel Zappino. La construcción del estadio en la Ciudad Deportiva estaba detenida definitivamente.
El equipo, conducido por Rogelio Domínguez, había ganado su zona del Campeonato Nacional. El día de la elección, 1º de diciembre, iba a perder 1-2 ante Independiente, en cancha de Racing, en el comienzo del octogonal final (le iba a corresponder el séptimo lugar).
La principal lista opositora la encabezó el abogado e industrial, de origen español, Martín Benito Noel, titular de una tradicional fábrica de dulces. A último momento se agregó una tercera lista que postulaba al empresario inmobiliario Augusto César Haddad, apodado “Charles Bronson”.
El buen andar del equipo le alcanzó al oficialismo para un triunfo inesperadamente amplio.
CÓMPUTOS FINALES (8493 votantes): Armando 6221 (73,24%); Noel 2004 (23,59%); Haddad 253 (2,97%); en blanco 11; anulados 2; impugnados 2.
1977: ARMANDO, NO TAN FACIL
Boca acababa de ganar, en setiembre, su primera Copa Libertadores de América, luego de haber sido bicampeón local el año anterior, todo bajo la dirección técnica de Juan Carlos Lorenzo.
Compartía el segundo lugar en su zona del Nacional con Rosario Central, dos puntos por debajo de Estudiantes de La Plata (clasificaban los dos primeros, al final iba a quedar lejos de la punta). El día del comicio, 11 de diciembre, venció por 2 a 1 a Central Norte en Salta.
Candidato opositor fue Miguel Angel Chío, reconocido odontólogo del barrio de La Boca. La poca expectativa y el hecho de que Boca jugara de visitante determinaron una marcada escasez de votantes y el triunfo de Armando, que se descontaba, no fue tan holgado.
CÓMPUTOS FINALES (3044 votantes): Armando 1958 (64,32%); Chío 1069 (35,11%); en blanco 10; impugnados 6; anulado 1.
1980: FIN DE UNA ÉPOCA
Llegado a su fin el dorado ciclo de Juan Carlos Lorenzo, Boca, con Antonio Ubaldo Rattin como director técnico, había sido séptimo en el Metropolitano, tras una muy mala primera rueda que llegó a tenerlo en el último puesto. En el Nacional había terminado en el quinto lugar en su zona de siete competidores y quedado fuera de la definición.
La situación financiera del club estaba comprometida. Armando, desgastado, había pasado buena parte del año en uso de licencia y no contaba con la bendición de quien entonces ejercía el poder supremo en el fútbol argentino, el vicepresidente de la FIFA y ex vicepresidente del EAM 78, almirante Carlos Lacoste. No presentó candidatura.
A las elecciones del 14 de diciembre acudió la inusual cifra de cuatro listas encabezadas por Noel en su segundo intento, el escribano y abogado Pedro Edgardo Orgambide, el hacendado Miguel Marcos De Riglos (presidente en 1956/59 y apoyado por Armando) y el relacionista público de origen cubano Luis Rolando Conde. Los pronósticos eran indefinidos. Ganó Noel.
CÓMPUTOS FINALES (9289 votantes): Noel 4631 (49,85%); Orgambide 1813 (19,51%); De Riglos 1525 (16,41%); Conde 1304 (14,03%); impugnados 11; en blanco 5.
1983: CORIGLIANO, POR POCO
El gobierno de Martín Noel, caracterizado por la escasa presencia del presidente en comparación con otros dirigentes de menor rango, se había debilitado rápidamente, con el derrumbe de la economía nacional que gestionaba el ministro José Martínez de Hoz y las complicaciones financieras en que derivó el préstamo por un año de Diego Maradona, en 1981. El presidente ni siquiera fue mencionado como candidato a la reelección.
El empresario en pavimentos Antonio Alegre y el gerente bancario Carlos Salomón Heller, que en la última etapa habían asesorado y apoyado a la dirigencia del club para paliar la crisis, no pudieron presentar candidatura por no contar con la antigüedad suficiente como socios.
El candidato oficialista fue Oscar Pastor Magdalena, de larga trayectoria en diferentes empresas y Secretario de Información Pública durante la última dictadura (“Para que Boca sea Alegre vote a Magdalena”, fue el eslogan de campaña).
El principal candidato opositor, el fabricante de envases Domingo Agustín Corigliano, como integrante de la Subcomisión de Fútbol había sido uno de los principales operadores de la llegada de Maradona. Conde siguió participando.
Al llegarse a las elecciones Boca, conducido por Miguel Ángel López, compartía el quinto lugar en el Metropolitano. Ese día, 11 de diciembre, cayó 2-3 frente a Unión en Santa Fe.
Escrutadas las mesas de vitalicios, Magdalena iba al frente por estrecho margen. A medida que avanzó el escrutinio en las mesas de activos fue dándose vuelta la tendencia y se impuso Corigliano.
CÓMPUTOS FINALES (5524 votantes): Corigliano 2609 (47,23%); Magdalena 2293 (41,50%); Conde 611 (11,06%); en blanco 9; anulado 1; impugnado 1.
1986: ALEGRE PUDO CON ARMANDO
La presidencia de Corigliano se desmoronó en pocos meses. El titular primero pidió licencia y luego renunció, enfrentado con los jugadores y sin respaldo de sus pares. Tras la alternancia en el cargo de Cándido Vidales y Horacio Blanco, el Gobierno Nacional de Raúl Alfonsín dispuso a fines de 1984 la intervención a Boca.
Con el club colapsado y en riesgo de extinción, el delegado normalizador Federico Polak convocó al total de agrupaciones, las que consensuaron una Comisión Directiva encabezada por Antonio Alegre, con Carlos Heller como vicepresidente. La nueva conducción asumida a comienzos de 1985 ordenó administrativamente a la institución.
Hacia fines de 1986, la oposición postuló al veterano Armando, a quien por esas singularidades de la política secundaban dos de quienes en el pasado habían sido sus vicepresidentes y no habían completado sus mandatos por desavenencias con él: Fernando Mitjans y Luis Conde.
Al llegarse a la elección del 7 de diciembre, el equipo que dirigía Mario Zanabria marchaba decimotercero en la tabla de la temporada 1986/87. En su última presentación anterior, el 23 de noviembre, había perdido 0-3 ante Newell’s en Rosario y al día siguiente, 8 de diciembre, iba a vencer 3-2 a Racing de Córdoba en La Bombonera.
Tal como se avizoraba, fue una elección reñida pero finalmente la confiabilidad que había generado la gestión de Alegre pesó más en la masa societaria que todo lo que significaba el nombre de Armando. El legendario “Puma” iba a morir el 27 de diciembre de 1988.
CÓMPUTOS FINALES (7116 votantes): Alegre 3593 (50,49%); Armando 3510 (49,32%); en blanco 6; impugnados 5; anulados 2.
1989: ALEGRE RECORD
Tras ocho años de frustraciones Boca acababa de consagrarse, el 29 de noviembre, ganador de la Supercopa, con Carlos Aimar como conductor, al vencer por penales a Independiente en Avellaneda.
En el campeonato de la temporada 1989/90 el equipo marchaba séptimo. El día de la elección, 10 de diciembre, empató 1-1 en La Bombonera con Racing de Córdoba. El club había pagado tres de las cuatro cuotas de su convocatoria de acreedores y estaba encaminado financieramente.
La oposición presentó como candidato al diputado justicialista por Catamarca, Luis Saadi. El legislador había sido socio de Boca en su juventud, después dejó de serlo y para poder presentar candidatura tuvo que pagar todas juntas sus cuotas sociales correspondientes a varios años. Ante el pedido de impugnación por parte del oficialismo, la Inspección General de Justicia falló a favor de Saadi permitiendo su postulación.
El rechazo a Saadi que no impuso la IGJ lo expresaron, en el cuarto oscuro, los socios, quienes le dieron la victoria a Alegre con más del noventa por ciento de los votos, record.
CÓMPUTOS FINALES (6561 votantes): Alegre 5946 (90,62%); Saadi 601 (9,16%); en blanco 10; anulados 3; impugnados 1.
1992: SIEMPRE ALEGRE
Boca, conducido por Oscar Washington Tabárez, marchaba puntero en el torneo Apertura y se encaminaba a la conquista de su primer título en el fútbol local después de once años. A tres fechas del final le llevaba dos puntos de ventaja a River. El día de la elección, 6 de diciembre, inesperadamente, perdió 2-3 como local frente a Deportivo Español. Dos semanas más tarde iba a consagrarse.
Como candidato opositor se presentó Ubaldo Eloy Payá, empresario en seguros que había ingresado también al negocio de los pases de futbolistas, sin ninguna trayectoria en el club. Previsiblemente, Alegre volvió a ganar fácil y hasta con nuevo record.
CÓMPUTOS FINALES (7837 votantes): Alegre 7118 (90,82%); Payá 697 (8,89%); en blanco 16; impugnados 6.
1995: LLEGÓ MACRI
La presidencia de Alegre había seguido su curso regular. Se le reclamaban más campeonatos. Sobre esa base y la necesidad de modernizar el estadio impulsó su campaña electoral el ingeniero civil Mauricio Macri, hijo del titular de uno de los grupos económicos de mayor expansión durante esos años.
Boca, bajo la dirección técnica del histórico Silvio Marzolini y con Diego Maradona cumpliendo su segundo ciclo en el club, llegó a la elección del 3 de diciembre puntero, con dos puntos de ventaja sobre Vélez Sarsfield a tres fechas de final. Ese domingo perdió 4-6 como local frente a Racing iniciando un declive vertical que lo dejó sin título.
Se preveía una elección reñida que finalmente no lo fue tanto. El triunfo de Macri resultó de cierta comodidad y se dio el poco frecuente caso de que un oficialismo pierda una elección con el equipo en la punta.
CÓMPUTOS FINALES (11.608 votantes): Macri 7058 (60,80%); Alegre 4515 (38,89%); en blanco 18; impugnados 17.
1999: MACRI, DE LA MANO DE BIANCHI
A partir de la reforma del Estatuto Social los períodos presidenciales habían pasado a ser de cuatro años. Aunque los socios habían elegido a Macri por tres años, la Inspección General de Justicia prorrogó el mandato hasta fines de 1999.
El gobierno del ingeniero, que tuvo como primeras grandes realizaciones la construcción de los nuevos palcos y del complejo deportivo en Casa Amarilla, luego de dos años y medio erráticos había encontrado el rumbo futbolístico, desde la llegada de Carlos Bianchi a la dirección técnica.
Con él en la conducción obtuvo el bicampeonato Apertura 1998 (invicto)/Clausura 1999, estableció un record de cuarenta partidos invicto y preparaba su regreso a la Copa Libertadores de América.
A falta de una fecha para finalizar el Apertura, Boca estaba segundo a tres puntos de River. El día de la elección, 19 de diciembre, iba a terminar el año con un 0-0 frente a Talleres de Córdoba en La Bombonera.
Como fórmula opositora volvió a presentarse el binomio Alegre-Heller. No hubo puja, el viento en popa que significaban los logros del equipo le bastó a Macri para imponer una amplia diferencia.
CÓMPUTOS FINALES (9816 votantes): Macri 8289 (84,44%); Alegre 1492 (15,19%); en blanco 18; impugnados 17.
2003: MACRI NO TUVO CONTRA
La lista opositora que postulaba para la presidencia al gremialista tabacalero y ex diputado justicialista Roberto Secundino Digón, vicepresidente tercero y representante en la AFA durante el gobierno de Macri en Boca, fue impugnada por no haber presentado los avales exigidos.
Por lo tanto quedó como única lista y ganadora automática la que impulsaba la reelección de Macri. Aunque el nuevo Estatuto establece que no puede repetirse la fórmula presidencial por más de dos períodos consecutivos, la Inspección General de Justicia habilitó a Macri ya que para su primer mandato había sido elegido bajo las normas del antiguo Estatuto.
2008: POMPILIO, EL DELFÍN
Para las elecciones que debían realizarse en diciembre de 2007 se repitió la historia y la lista que postulaba a Digón fue impugnada, con lo que quedó consagrada automáticamente la que encabezaba el empresario papelero Pedro Pompilio, vicepresidente primero durante toda la gestión de Macri (quien dejó su cargo para asumir la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
Digón contraatacó con un pedido de impugnación a la nueva Comisión Directiva, por irregularidades en los avales presentados. La Inspección General de Justicia le dio la razón, restituyó a la anterior Comisión Directiva encabezada por Macri y ordenó el perentorio llamado a elecciones, las cuales se programaron para el 1º de junio de 2008.
El equipo que dirigía técnicamente Carlos Ischia había empatado el 28 de mayo como local (en cancha de Racing) el primer partido semifinal por la Copa Libertadores y tres días más tarde, el 4 de junio, iba a quedar eliminado en Río de Janeiro, frente a Fluminense.
En el torneo Clausura, a tres fechas del final, marchaba en el cuarto puesto, a cuatro puntos de los líderes River y Estudiantes (finalmente iba a alcanzar en el segundo lugar al equipo platense). El día de los comicios, con suplentes, se impuso 3-1 a Arsenal en La Bombonera.
Pompilio y Digón fueron los candidatos. El oficialismo contaba con el respaldo que significaban los dieciséis títulos obtenidos durante los doce años de administración de Macri. Como se imaginaba, el triunfo correspondió al binomio que formaba Pompilio con el empresario inmobiliario y gastronómico Jorge Amor Ameal. Luego de la repentina muerte de Pompilio, el 30 de octubre de 2008, Ameal asumió la presidencia.
CÓMPUTOS FINALES (9161 votantes): Pompilio 6966 (76,03%); Digón 2161 (23,58%); anulados 18; en blanco 16.
La elección fue el 9 de diciembre, el día del célebre penal que Antonio Roma le atajó a Delem. Boca llegaba igualado en el primer puesto con River a dos fechas del final. Lo venció 1-0 en La Bombonera con penal convertido por Paulo Valentim (una semana después iba a consagrarse campeón con José D’Amico como entrenador).
El empresario automotor Alberto José Armando, a los 52 años, buscaba su tercer mandato. Había sido presidente en 1953/55, hasta que fue encarcelado y obligado a renunciar luego de la toma del poder por parte de la llamada Revolución Libertadora. Después había vuelto al cargo para el período 1959/62.
El empresario textil Jaime Meller fue candidato opositor. Como se preveía, el oficialismo fue amplio triunfador.
CÓMPUTOS FINALES (9321 votantes): Armando: 8045 (86,31%); Meller 1207 (12,94 %); anulados 35; en blanco 33; impugnado 1.
1965: NUEVO PASEO DEL PUMA
La elección tuvo lugar el 5 de diciembre. Boca, que igualaba el primer puesto con River a cuatro fechas del final, venció ese día a Chacarita Juniors en San Martín, 1-0 con gol de Ángel Clemente Rojas (catorce días más tarde iba a dar la vuelta olímpica, con Néstor Rossi como director técnico).
Avanzaba a toda marcha la primera parte de las obras de la Ciudad Deportiva en la Costanera Sur.
Hubo dos listas opositoras, encabezadas por el abogado Horacio Ferro y el ingeniero Jorge Camino. Una vez más, “El Puma” Armando no tuvo obstáculos.
CÓMPUTOS FINALES (7172 votantes): Armando 6332 (88,28%); Ferro 614 (8,56%); Camino 189 (2,63%); anulados 20; en blanco 17.
1968: SIN CONTRA
No hubo comicios por haberse presentado una sola lista, la que postulaba la continuidad de Armando por otros tres años. Aunque el equipo, en período de transición, no obtenía títulos desde 1965, el fervor despertado por el avance de la Ciudad Deportiva era suficiente aval para el oficialismo.
1971: SIEMPRE ARMANDO
A tres fechas de la finalización de la etapa clasificatoria del Nacional, el Boca que conducía el entrenador chileno Fernando Riera compartía con San Lorenzo y Gimnasia de Mendoza el tercer puesto en su zona, a tres puntos de Rosario Central y uno de Atlanta (clasificaban los dos primeros, iba a llegar a la última fecha con posibilidades para quedar eliminado por diferencia de gol).
Ocho días antes, tras una huelga de Futbolistas Argentinos Agremiados, con el equipo completo, se había producido una dolorosa caída ante un River de juveniles, 1-3. El 5 de diciembre, día de la elección, tuvo lugar un 2-2 en La Bombonera frente a San Lorenzo.
Para el año siguiente se anunciaba el comienzo de la construcción del estadio en la Ciudad Deportiva, con inauguración prevista para el 25 de mayo de 1975, a las 11 de la mañana (“aunque llueva”, repetía “El Puma”).
La Agrupación La Bombonera, de reciente fundación, liderada por el pediatra boquense Pablo Abbatangelo, presentó como candidato a Francisco Hugo Petrone. Ganó Armando con holgura aunque la elección de la oposición no fue mala.
CÓMPUTOS FINALES (9159 votantes): Armando 6799 (74,20%); Petrone 2336 (25,50%); en blanco 19; impugnados 5.
1974: PESE A TODO, ARMANDO
El gobierno de Armando estaba jaqueado por el lopezreguismo, desde el poder. En marzo del año anterior el titular de Boca había integrado como candidato a senador (por compromiso político con el presidente de facto general Alejandro Lanusse) la lista que postulaba para la presidencia de la Nación al brigadier Ezequiel Martínez.
En el curso del período 1971/74 habían renunciado los vicepresidentes Fernando Mitjans y Miguel Zappino. La construcción del estadio en la Ciudad Deportiva estaba detenida definitivamente.
El equipo, conducido por Rogelio Domínguez, había ganado su zona del Campeonato Nacional. El día de la elección, 1º de diciembre, iba a perder 1-2 ante Independiente, en cancha de Racing, en el comienzo del octogonal final (le iba a corresponder el séptimo lugar).
La principal lista opositora la encabezó el abogado e industrial, de origen español, Martín Benito Noel, titular de una tradicional fábrica de dulces. A último momento se agregó una tercera lista que postulaba al empresario inmobiliario Augusto César Haddad, apodado “Charles Bronson”.
El buen andar del equipo le alcanzó al oficialismo para un triunfo inesperadamente amplio.
CÓMPUTOS FINALES (8493 votantes): Armando 6221 (73,24%); Noel 2004 (23,59%); Haddad 253 (2,97%); en blanco 11; anulados 2; impugnados 2.
1977: ARMANDO, NO TAN FACIL
Boca acababa de ganar, en setiembre, su primera Copa Libertadores de América, luego de haber sido bicampeón local el año anterior, todo bajo la dirección técnica de Juan Carlos Lorenzo.
Compartía el segundo lugar en su zona del Nacional con Rosario Central, dos puntos por debajo de Estudiantes de La Plata (clasificaban los dos primeros, al final iba a quedar lejos de la punta). El día del comicio, 11 de diciembre, venció por 2 a 1 a Central Norte en Salta.
Candidato opositor fue Miguel Angel Chío, reconocido odontólogo del barrio de La Boca. La poca expectativa y el hecho de que Boca jugara de visitante determinaron una marcada escasez de votantes y el triunfo de Armando, que se descontaba, no fue tan holgado.
CÓMPUTOS FINALES (3044 votantes): Armando 1958 (64,32%); Chío 1069 (35,11%); en blanco 10; impugnados 6; anulado 1.
1980: FIN DE UNA ÉPOCA
Llegado a su fin el dorado ciclo de Juan Carlos Lorenzo, Boca, con Antonio Ubaldo Rattin como director técnico, había sido séptimo en el Metropolitano, tras una muy mala primera rueda que llegó a tenerlo en el último puesto. En el Nacional había terminado en el quinto lugar en su zona de siete competidores y quedado fuera de la definición.
La situación financiera del club estaba comprometida. Armando, desgastado, había pasado buena parte del año en uso de licencia y no contaba con la bendición de quien entonces ejercía el poder supremo en el fútbol argentino, el vicepresidente de la FIFA y ex vicepresidente del EAM 78, almirante Carlos Lacoste. No presentó candidatura.
A las elecciones del 14 de diciembre acudió la inusual cifra de cuatro listas encabezadas por Noel en su segundo intento, el escribano y abogado Pedro Edgardo Orgambide, el hacendado Miguel Marcos De Riglos (presidente en 1956/59 y apoyado por Armando) y el relacionista público de origen cubano Luis Rolando Conde. Los pronósticos eran indefinidos. Ganó Noel.
CÓMPUTOS FINALES (9289 votantes): Noel 4631 (49,85%); Orgambide 1813 (19,51%); De Riglos 1525 (16,41%); Conde 1304 (14,03%); impugnados 11; en blanco 5.
1983: CORIGLIANO, POR POCO
El gobierno de Martín Noel, caracterizado por la escasa presencia del presidente en comparación con otros dirigentes de menor rango, se había debilitado rápidamente, con el derrumbe de la economía nacional que gestionaba el ministro José Martínez de Hoz y las complicaciones financieras en que derivó el préstamo por un año de Diego Maradona, en 1981. El presidente ni siquiera fue mencionado como candidato a la reelección.
El empresario en pavimentos Antonio Alegre y el gerente bancario Carlos Salomón Heller, que en la última etapa habían asesorado y apoyado a la dirigencia del club para paliar la crisis, no pudieron presentar candidatura por no contar con la antigüedad suficiente como socios.
El candidato oficialista fue Oscar Pastor Magdalena, de larga trayectoria en diferentes empresas y Secretario de Información Pública durante la última dictadura (“Para que Boca sea Alegre vote a Magdalena”, fue el eslogan de campaña).
El principal candidato opositor, el fabricante de envases Domingo Agustín Corigliano, como integrante de la Subcomisión de Fútbol había sido uno de los principales operadores de la llegada de Maradona. Conde siguió participando.
Al llegarse a las elecciones Boca, conducido por Miguel Ángel López, compartía el quinto lugar en el Metropolitano. Ese día, 11 de diciembre, cayó 2-3 frente a Unión en Santa Fe.
Escrutadas las mesas de vitalicios, Magdalena iba al frente por estrecho margen. A medida que avanzó el escrutinio en las mesas de activos fue dándose vuelta la tendencia y se impuso Corigliano.
CÓMPUTOS FINALES (5524 votantes): Corigliano 2609 (47,23%); Magdalena 2293 (41,50%); Conde 611 (11,06%); en blanco 9; anulado 1; impugnado 1.
1986: ALEGRE PUDO CON ARMANDO
La presidencia de Corigliano se desmoronó en pocos meses. El titular primero pidió licencia y luego renunció, enfrentado con los jugadores y sin respaldo de sus pares. Tras la alternancia en el cargo de Cándido Vidales y Horacio Blanco, el Gobierno Nacional de Raúl Alfonsín dispuso a fines de 1984 la intervención a Boca.
Con el club colapsado y en riesgo de extinción, el delegado normalizador Federico Polak convocó al total de agrupaciones, las que consensuaron una Comisión Directiva encabezada por Antonio Alegre, con Carlos Heller como vicepresidente. La nueva conducción asumida a comienzos de 1985 ordenó administrativamente a la institución.
Hacia fines de 1986, la oposición postuló al veterano Armando, a quien por esas singularidades de la política secundaban dos de quienes en el pasado habían sido sus vicepresidentes y no habían completado sus mandatos por desavenencias con él: Fernando Mitjans y Luis Conde.
Al llegarse a la elección del 7 de diciembre, el equipo que dirigía Mario Zanabria marchaba decimotercero en la tabla de la temporada 1986/87. En su última presentación anterior, el 23 de noviembre, había perdido 0-3 ante Newell’s en Rosario y al día siguiente, 8 de diciembre, iba a vencer 3-2 a Racing de Córdoba en La Bombonera.
Tal como se avizoraba, fue una elección reñida pero finalmente la confiabilidad que había generado la gestión de Alegre pesó más en la masa societaria que todo lo que significaba el nombre de Armando. El legendario “Puma” iba a morir el 27 de diciembre de 1988.
CÓMPUTOS FINALES (7116 votantes): Alegre 3593 (50,49%); Armando 3510 (49,32%); en blanco 6; impugnados 5; anulados 2.
1989: ALEGRE RECORD
Tras ocho años de frustraciones Boca acababa de consagrarse, el 29 de noviembre, ganador de la Supercopa, con Carlos Aimar como conductor, al vencer por penales a Independiente en Avellaneda.
En el campeonato de la temporada 1989/90 el equipo marchaba séptimo. El día de la elección, 10 de diciembre, empató 1-1 en La Bombonera con Racing de Córdoba. El club había pagado tres de las cuatro cuotas de su convocatoria de acreedores y estaba encaminado financieramente.
La oposición presentó como candidato al diputado justicialista por Catamarca, Luis Saadi. El legislador había sido socio de Boca en su juventud, después dejó de serlo y para poder presentar candidatura tuvo que pagar todas juntas sus cuotas sociales correspondientes a varios años. Ante el pedido de impugnación por parte del oficialismo, la Inspección General de Justicia falló a favor de Saadi permitiendo su postulación.
El rechazo a Saadi que no impuso la IGJ lo expresaron, en el cuarto oscuro, los socios, quienes le dieron la victoria a Alegre con más del noventa por ciento de los votos, record.
CÓMPUTOS FINALES (6561 votantes): Alegre 5946 (90,62%); Saadi 601 (9,16%); en blanco 10; anulados 3; impugnados 1.
1992: SIEMPRE ALEGRE
Boca, conducido por Oscar Washington Tabárez, marchaba puntero en el torneo Apertura y se encaminaba a la conquista de su primer título en el fútbol local después de once años. A tres fechas del final le llevaba dos puntos de ventaja a River. El día de la elección, 6 de diciembre, inesperadamente, perdió 2-3 como local frente a Deportivo Español. Dos semanas más tarde iba a consagrarse.
Como candidato opositor se presentó Ubaldo Eloy Payá, empresario en seguros que había ingresado también al negocio de los pases de futbolistas, sin ninguna trayectoria en el club. Previsiblemente, Alegre volvió a ganar fácil y hasta con nuevo record.
CÓMPUTOS FINALES (7837 votantes): Alegre 7118 (90,82%); Payá 697 (8,89%); en blanco 16; impugnados 6.
1995: LLEGÓ MACRI
La presidencia de Alegre había seguido su curso regular. Se le reclamaban más campeonatos. Sobre esa base y la necesidad de modernizar el estadio impulsó su campaña electoral el ingeniero civil Mauricio Macri, hijo del titular de uno de los grupos económicos de mayor expansión durante esos años.
Boca, bajo la dirección técnica del histórico Silvio Marzolini y con Diego Maradona cumpliendo su segundo ciclo en el club, llegó a la elección del 3 de diciembre puntero, con dos puntos de ventaja sobre Vélez Sarsfield a tres fechas de final. Ese domingo perdió 4-6 como local frente a Racing iniciando un declive vertical que lo dejó sin título.
Se preveía una elección reñida que finalmente no lo fue tanto. El triunfo de Macri resultó de cierta comodidad y se dio el poco frecuente caso de que un oficialismo pierda una elección con el equipo en la punta.
CÓMPUTOS FINALES (11.608 votantes): Macri 7058 (60,80%); Alegre 4515 (38,89%); en blanco 18; impugnados 17.
1999: MACRI, DE LA MANO DE BIANCHI
A partir de la reforma del Estatuto Social los períodos presidenciales habían pasado a ser de cuatro años. Aunque los socios habían elegido a Macri por tres años, la Inspección General de Justicia prorrogó el mandato hasta fines de 1999.
El gobierno del ingeniero, que tuvo como primeras grandes realizaciones la construcción de los nuevos palcos y del complejo deportivo en Casa Amarilla, luego de dos años y medio erráticos había encontrado el rumbo futbolístico, desde la llegada de Carlos Bianchi a la dirección técnica.
Con él en la conducción obtuvo el bicampeonato Apertura 1998 (invicto)/Clausura 1999, estableció un record de cuarenta partidos invicto y preparaba su regreso a la Copa Libertadores de América.
A falta de una fecha para finalizar el Apertura, Boca estaba segundo a tres puntos de River. El día de la elección, 19 de diciembre, iba a terminar el año con un 0-0 frente a Talleres de Córdoba en La Bombonera.
Como fórmula opositora volvió a presentarse el binomio Alegre-Heller. No hubo puja, el viento en popa que significaban los logros del equipo le bastó a Macri para imponer una amplia diferencia.
CÓMPUTOS FINALES (9816 votantes): Macri 8289 (84,44%); Alegre 1492 (15,19%); en blanco 18; impugnados 17.
2003: MACRI NO TUVO CONTRA
La lista opositora que postulaba para la presidencia al gremialista tabacalero y ex diputado justicialista Roberto Secundino Digón, vicepresidente tercero y representante en la AFA durante el gobierno de Macri en Boca, fue impugnada por no haber presentado los avales exigidos.
Por lo tanto quedó como única lista y ganadora automática la que impulsaba la reelección de Macri. Aunque el nuevo Estatuto establece que no puede repetirse la fórmula presidencial por más de dos períodos consecutivos, la Inspección General de Justicia habilitó a Macri ya que para su primer mandato había sido elegido bajo las normas del antiguo Estatuto.
2008: POMPILIO, EL DELFÍN
Para las elecciones que debían realizarse en diciembre de 2007 se repitió la historia y la lista que postulaba a Digón fue impugnada, con lo que quedó consagrada automáticamente la que encabezaba el empresario papelero Pedro Pompilio, vicepresidente primero durante toda la gestión de Macri (quien dejó su cargo para asumir la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
Digón contraatacó con un pedido de impugnación a la nueva Comisión Directiva, por irregularidades en los avales presentados. La Inspección General de Justicia le dio la razón, restituyó a la anterior Comisión Directiva encabezada por Macri y ordenó el perentorio llamado a elecciones, las cuales se programaron para el 1º de junio de 2008.
El equipo que dirigía técnicamente Carlos Ischia había empatado el 28 de mayo como local (en cancha de Racing) el primer partido semifinal por la Copa Libertadores y tres días más tarde, el 4 de junio, iba a quedar eliminado en Río de Janeiro, frente a Fluminense.
En el torneo Clausura, a tres fechas del final, marchaba en el cuarto puesto, a cuatro puntos de los líderes River y Estudiantes (finalmente iba a alcanzar en el segundo lugar al equipo platense). El día de los comicios, con suplentes, se impuso 3-1 a Arsenal en La Bombonera.
Pompilio y Digón fueron los candidatos. El oficialismo contaba con el respaldo que significaban los dieciséis títulos obtenidos durante los doce años de administración de Macri. Como se imaginaba, el triunfo correspondió al binomio que formaba Pompilio con el empresario inmobiliario y gastronómico Jorge Amor Ameal. Luego de la repentina muerte de Pompilio, el 30 de octubre de 2008, Ameal asumió la presidencia.
CÓMPUTOS FINALES (9161 votantes): Pompilio 6966 (76,03%); Digón 2161 (23,58%); anulados 18; en blanco 16.
lunes, 28 de noviembre de 2011
EL CHIVO EN EL LAZO
Bueno, que se rindan, a este Boca no hay con qué darle. Que sigan diciendo que el campeonato es malo, que nadie presentó pelea. La verdad es que Boca minimizó a todos sus rivales.
La misma canción volvió a escucharse en Mendoza, plaza tradicionalmente difícil y contra un rival al que todavía tenemos arriba en la estadística (hay que ocuparse de eso, eh). “Hijos nuestros”, nos cantaban desde temprano, desde que estaba jugando la reserva (que también va primera e invicta).
No hubo caso, Boca había resuelto el partido en el primer tiempo. Dos a cero, ¿cómo imaginar que iban a meternos dos goles en cuarenta y cinco minutos si llevábamos apenas tres en contra en quince partidos y medio?
Con autoridad, con solvencia, una vez más, este Boca se metió en el bolsillo un partido a priori complicado. Empezó a resolverlo antes de los diez minutos con una jugada muy bien urdida. Bien armada por Pochi, bien puesta al claro para la aparición del Burro. Bien cruzada por el Burro, que no la tiró a la bartola sino que miró, lo vio a Cvita y se la puso. Lo de Cvita fue lo más fácil.
Después iba a volver a tener protagonismo Cvita en el penal que le hizo Sánchez. Y el Flaco Schiavi no iba a permitirse fallar dos veces. Muy bien pateado, fuerte, abajo y contra un palo, a donde el arquero no puede llegar aunque se tire bien, como se tiró Torrico.
¡Qué campeonato del Flaco Schiavi! Siempre lo conocimos como un duro pero ahora de viejo, además de duro, es tiempista. Llega con la puntita, en tiempo y forma, a muchas pelotas. En fin, la reiteración en elogios para el Flaco a través de este espacio surge de un complejo de culpa del autor. ¡Yo no lo quería! ¡Cómo me tapó la boca el Flaco! Fue la base de sustentación de todo el equipo. Porque además, desde fuera, uno percibe lo fundamental que es para el grupo. El liderazgo que ejerce.
Gran partido del Burro Rivero. Metiendo como siempre y apareciendo muchas veces para dar posibilidad de descarga. Como en el primer gol del que ya se habló. Hilando muy finito, puede decirse que tendría que haber achicado en el gol de Rojas, pero bueno…
El medio campo de Boca es muy guerrero. Todos meten y le alivian el trabajo a los de atrás. Por ejemplo, Erviti, en Mendoza, fue clave porque retrocedió bien (algo que no entra dentro de sus características naturales pero a lo que se adaptó) y metió un par de cierres impecables. Godoy Cruz tenía marcado con resaltador en su libreto el meter pelotas a espaldas de Clemente para el pique de Castillón y ahí estuvo Erviti siempre que hizo falta.
Cuando se fue Pochi, fundido y golpeado, no hay por qué criticar la apuesta de Falcioni, meterlo a Pichi Erbes y bajar la persiana con dos líneas de cuatro. Eso sí, en general, durante todo el segundo tiempo, Boca se paró demasiado atrás. Resaltó la solidez de la defensa, porque Godoy Cruy, que mejoró un poquito con Cabrera y Cooper, no pudo hacer otra cosa que patear desde afuera. Ya habían probado Cabrera, Cooper y al final, acertó Rojas. Golazo, un zurdazo formidable pero se le dio mucho espacio. Un error. Había que apretar más arriba, en esa jugada.
Una lástima porque se terminó presionado un partido que no era para terminarlo así. Si Caruso llega a embocar ese cabezazo del final, era para morirse. Porque Boca, aun parado muy atrás, había llegado mejor que Godoy Cruz en ese segundo tiempo. La que le tapó Torrico a Cvitanich debió haber sido la que cerrara el partido.
No tiene puntos débiles, este Boca. No los ha tenido a lo largo de toda la campaña. Sin un goleador definido (el máximo es Nico Blandi con cuatro), la jugada la termina cualquiera. Esta vez salió a jugar con Cvita “de nueve”, algo que alguna duda generaba porque por ejemplo, uno ve que no es delantero para jugar de espaldas al arco pero resulta que Cvita metió un gol y le hicieron el penal para el otro. Así, inalterablemente, Boca ha venido sacándose de encima todos los problemas que se le presentaron en el camino.
Uno no sabe si embroncarse o tomar a risa el que se minimice a este Boca. Le pasó de todo. Se quedó sin Viatri, se quedó sin Román, se quedó sin Blandi… Y siguió. Va a ser campeón dos fechas antes de finalizar el torneo, invicto (26 partidos contando los del Clausura), muy pocos goles en contra, superioridad incontrastable en cada partido sobre todos y cada uno de sus rivales aun en oportunidades en que no ganó como contra San Lorenzo, Belgrano, Vélez y Racing… ¿Qué más quieren? Pasó el trapo. Resígnense, tengan un poquito de dignidad e inteligencia. Sáquense el sombrero, desgraciados. Y lloren…
La misma canción volvió a escucharse en Mendoza, plaza tradicionalmente difícil y contra un rival al que todavía tenemos arriba en la estadística (hay que ocuparse de eso, eh). “Hijos nuestros”, nos cantaban desde temprano, desde que estaba jugando la reserva (que también va primera e invicta).
No hubo caso, Boca había resuelto el partido en el primer tiempo. Dos a cero, ¿cómo imaginar que iban a meternos dos goles en cuarenta y cinco minutos si llevábamos apenas tres en contra en quince partidos y medio?
Con autoridad, con solvencia, una vez más, este Boca se metió en el bolsillo un partido a priori complicado. Empezó a resolverlo antes de los diez minutos con una jugada muy bien urdida. Bien armada por Pochi, bien puesta al claro para la aparición del Burro. Bien cruzada por el Burro, que no la tiró a la bartola sino que miró, lo vio a Cvita y se la puso. Lo de Cvita fue lo más fácil.
Después iba a volver a tener protagonismo Cvita en el penal que le hizo Sánchez. Y el Flaco Schiavi no iba a permitirse fallar dos veces. Muy bien pateado, fuerte, abajo y contra un palo, a donde el arquero no puede llegar aunque se tire bien, como se tiró Torrico.
¡Qué campeonato del Flaco Schiavi! Siempre lo conocimos como un duro pero ahora de viejo, además de duro, es tiempista. Llega con la puntita, en tiempo y forma, a muchas pelotas. En fin, la reiteración en elogios para el Flaco a través de este espacio surge de un complejo de culpa del autor. ¡Yo no lo quería! ¡Cómo me tapó la boca el Flaco! Fue la base de sustentación de todo el equipo. Porque además, desde fuera, uno percibe lo fundamental que es para el grupo. El liderazgo que ejerce.
Gran partido del Burro Rivero. Metiendo como siempre y apareciendo muchas veces para dar posibilidad de descarga. Como en el primer gol del que ya se habló. Hilando muy finito, puede decirse que tendría que haber achicado en el gol de Rojas, pero bueno…
El medio campo de Boca es muy guerrero. Todos meten y le alivian el trabajo a los de atrás. Por ejemplo, Erviti, en Mendoza, fue clave porque retrocedió bien (algo que no entra dentro de sus características naturales pero a lo que se adaptó) y metió un par de cierres impecables. Godoy Cruz tenía marcado con resaltador en su libreto el meter pelotas a espaldas de Clemente para el pique de Castillón y ahí estuvo Erviti siempre que hizo falta.
Cuando se fue Pochi, fundido y golpeado, no hay por qué criticar la apuesta de Falcioni, meterlo a Pichi Erbes y bajar la persiana con dos líneas de cuatro. Eso sí, en general, durante todo el segundo tiempo, Boca se paró demasiado atrás. Resaltó la solidez de la defensa, porque Godoy Cruy, que mejoró un poquito con Cabrera y Cooper, no pudo hacer otra cosa que patear desde afuera. Ya habían probado Cabrera, Cooper y al final, acertó Rojas. Golazo, un zurdazo formidable pero se le dio mucho espacio. Un error. Había que apretar más arriba, en esa jugada.
Una lástima porque se terminó presionado un partido que no era para terminarlo así. Si Caruso llega a embocar ese cabezazo del final, era para morirse. Porque Boca, aun parado muy atrás, había llegado mejor que Godoy Cruz en ese segundo tiempo. La que le tapó Torrico a Cvitanich debió haber sido la que cerrara el partido.
No tiene puntos débiles, este Boca. No los ha tenido a lo largo de toda la campaña. Sin un goleador definido (el máximo es Nico Blandi con cuatro), la jugada la termina cualquiera. Esta vez salió a jugar con Cvita “de nueve”, algo que alguna duda generaba porque por ejemplo, uno ve que no es delantero para jugar de espaldas al arco pero resulta que Cvita metió un gol y le hicieron el penal para el otro. Así, inalterablemente, Boca ha venido sacándose de encima todos los problemas que se le presentaron en el camino.
Uno no sabe si embroncarse o tomar a risa el que se minimice a este Boca. Le pasó de todo. Se quedó sin Viatri, se quedó sin Román, se quedó sin Blandi… Y siguió. Va a ser campeón dos fechas antes de finalizar el torneo, invicto (26 partidos contando los del Clausura), muy pocos goles en contra, superioridad incontrastable en cada partido sobre todos y cada uno de sus rivales aun en oportunidades en que no ganó como contra San Lorenzo, Belgrano, Vélez y Racing… ¿Qué más quieren? Pasó el trapo. Resígnense, tengan un poquito de dignidad e inteligencia. Sáquense el sombrero, desgraciados. Y lloren…
lunes, 21 de noviembre de 2011
¡AY, PABLITO!...
¿Quién no sintió el irrefrenable deseo de ahorcar a Pablito Mouche a los 47 minutos del segundo tiempo? Y no es que uno incite a la violencia, el que incitó a la violencia fue Pablo. Si se sacaba el balde de la cabeza, Nico Colazo se metía con la pelota dentro del arco y se terminaba el campeonato. Pero no…
Duelen los dos puntos que se perdieron entre el arquero de ellos y las imperfecciones nuestras. El Flaco Schiavi lo tuvo dos veces en el primer tiempo, Nico Blandi una, hubo un par de tiros del Pochi desde fuera que pudieron haber sido. También uno del Chaco Insaurralde y otro de Somoza…
Ellos, nada. Esa de Hauche en el primer tiempo que sacó bien Orión. Después, la corrida de Hauche en el segundo tiempo fue muy forzada, es cierto que la pelota terminó pegando en el pablo pero Orión la tenía bajo control. No sólo que no le meten goles sino que no le llegan a este Boca. ¡Tres goles en quince fechas! Un registro imponente.
Lo que da bronca es que así como debimos haberle ganado a Racing, también debimos haberle ganado a Vélez. Y a Belgrano. Porque tiene razón Falcioni cuando dice que Boca ha superado con claridad, en el juego, a prácticamente todos sus rivales. Embola no haber definido todavía un campeonato que está servido desde hace tres fechas pero por otra parte, lo que da un margen de tranquilidad (con las reservas que siempre supone el fútbol) es lo sólido y seguro que se muestra el equipo.
Esta vez sí que se sintió a Román. Chávez resolvió bien unas cuantas jugadas pero nunca fue patrón. Uno no puede menos que imaginar que en el segundo tiempo, con superioridad numérica, Román sacaba el compás, la escuadra, el transportador y metía no menos de tres o cuatro bolas de gol. Si Román llega a estar en la cancha en esa última jugada de Mouche, lo manda a la reputísima madre que lo parió delante de todos, como hizo una vez con Rodrigo Palacio.
Un tipo al que vale la pena destacar, porque no se lo hace en la medida en que corresponde, es a Somoza. Desde hace tiempo está adaptado a Boca, no solo corta sino que tiene muy buen panorama de cancha y descarga de primera y con precisión. Después, el Flaco Schiavi, que irradia autoridad. Es tan inteligente que se las arregla para que no se le note casi nunca la lentitud porque se para bien. La excepción fue, precisamente, aquella corrida en que Hauche lo dejó atrás. Y Clemente está en un momento mágico. Su presencia en ataque es fundamental pero además metió, en defensa, un par de cruces impecables.
¿Este Racing va segundo? ¿Y con tan pocos goles en contra? A lo largo de todo el torneo ha venido sosteniéndolo Saja. Y en La Bombonera volvió a pasar lo mismo. Se quedaron con diez a poco de comenzado el segundo tiempo porque Pelletieri, que después de Saja era de los mejores, se olvidó de que tenía amarilla y cortó una contra con “foul táctico”. La acción da cuenta de que Racing no encontraba el partido, estaba confuso, perdido.
Después iban a quedarse con nueve, cuando Gutiérrez quiso fabricar un penal, no pudo. Roncaglia lo acompañó muy bien, sin infracción, en una de las pocas jugadas de todo el partido que había tomado a Boca mal parado. Ofuscado, el colombiano se le fue encima a Pittana que, insólitamente, no le sacó de una vez la roja sino la segunda amarilla. En fin, el resultado fue el mismo pero…
Juega bien, aunque no esta vez, el colombiano Gutiérrez pero… ¿De qué la va? No tiene entidad para boquear como boquea. Hace pocas semanas, cuando Racing le hizo un gol a Lanús, le acarició la cara al arquero Marchesín. Eso no se hace. Boca le dio bastante pero viene salvándose. Un día de estos alguien lo va a partir. Así son los códigos del fútbol y en este caso también, el que incita a la violencia es él.
Yo creía que íbamos a dar la vuelta en Mendoza pero no. Y ojo que Godoy Cruz se va a hacer difícil. Se van a jugar el partido de su vida. Ojalá pueda estar Román aunque aparece difícil. El pie le duele. Con él en nivel más o menos aceptable se marcan diferencias más fácil. Si no llega, hay que ir con lo que se tiene y hacer lo que se debe. Eso da alguna garantía. Que este Boca, por lo general, ha venido haciendo lo que se debe.
Duelen los dos puntos que se perdieron entre el arquero de ellos y las imperfecciones nuestras. El Flaco Schiavi lo tuvo dos veces en el primer tiempo, Nico Blandi una, hubo un par de tiros del Pochi desde fuera que pudieron haber sido. También uno del Chaco Insaurralde y otro de Somoza…
Ellos, nada. Esa de Hauche en el primer tiempo que sacó bien Orión. Después, la corrida de Hauche en el segundo tiempo fue muy forzada, es cierto que la pelota terminó pegando en el pablo pero Orión la tenía bajo control. No sólo que no le meten goles sino que no le llegan a este Boca. ¡Tres goles en quince fechas! Un registro imponente.
Lo que da bronca es que así como debimos haberle ganado a Racing, también debimos haberle ganado a Vélez. Y a Belgrano. Porque tiene razón Falcioni cuando dice que Boca ha superado con claridad, en el juego, a prácticamente todos sus rivales. Embola no haber definido todavía un campeonato que está servido desde hace tres fechas pero por otra parte, lo que da un margen de tranquilidad (con las reservas que siempre supone el fútbol) es lo sólido y seguro que se muestra el equipo.
Esta vez sí que se sintió a Román. Chávez resolvió bien unas cuantas jugadas pero nunca fue patrón. Uno no puede menos que imaginar que en el segundo tiempo, con superioridad numérica, Román sacaba el compás, la escuadra, el transportador y metía no menos de tres o cuatro bolas de gol. Si Román llega a estar en la cancha en esa última jugada de Mouche, lo manda a la reputísima madre que lo parió delante de todos, como hizo una vez con Rodrigo Palacio.
Un tipo al que vale la pena destacar, porque no se lo hace en la medida en que corresponde, es a Somoza. Desde hace tiempo está adaptado a Boca, no solo corta sino que tiene muy buen panorama de cancha y descarga de primera y con precisión. Después, el Flaco Schiavi, que irradia autoridad. Es tan inteligente que se las arregla para que no se le note casi nunca la lentitud porque se para bien. La excepción fue, precisamente, aquella corrida en que Hauche lo dejó atrás. Y Clemente está en un momento mágico. Su presencia en ataque es fundamental pero además metió, en defensa, un par de cruces impecables.
¿Este Racing va segundo? ¿Y con tan pocos goles en contra? A lo largo de todo el torneo ha venido sosteniéndolo Saja. Y en La Bombonera volvió a pasar lo mismo. Se quedaron con diez a poco de comenzado el segundo tiempo porque Pelletieri, que después de Saja era de los mejores, se olvidó de que tenía amarilla y cortó una contra con “foul táctico”. La acción da cuenta de que Racing no encontraba el partido, estaba confuso, perdido.
Después iban a quedarse con nueve, cuando Gutiérrez quiso fabricar un penal, no pudo. Roncaglia lo acompañó muy bien, sin infracción, en una de las pocas jugadas de todo el partido que había tomado a Boca mal parado. Ofuscado, el colombiano se le fue encima a Pittana que, insólitamente, no le sacó de una vez la roja sino la segunda amarilla. En fin, el resultado fue el mismo pero…
Juega bien, aunque no esta vez, el colombiano Gutiérrez pero… ¿De qué la va? No tiene entidad para boquear como boquea. Hace pocas semanas, cuando Racing le hizo un gol a Lanús, le acarició la cara al arquero Marchesín. Eso no se hace. Boca le dio bastante pero viene salvándose. Un día de estos alguien lo va a partir. Así son los códigos del fútbol y en este caso también, el que incita a la violencia es él.
Yo creía que íbamos a dar la vuelta en Mendoza pero no. Y ojo que Godoy Cruz se va a hacer difícil. Se van a jugar el partido de su vida. Ojalá pueda estar Román aunque aparece difícil. El pie le duele. Con él en nivel más o menos aceptable se marcan diferencias más fácil. Si no llega, hay que ir con lo que se tiene y hacer lo que se debe. Eso da alguna garantía. Que este Boca, por lo general, ha venido haciendo lo que se debe.
lunes, 7 de noviembre de 2011
INDEMNES
¡Cuánto querían ganarnos! No les importa la Sudamericana, querían cagarnos a nosotros. ¡Qué frustración! Y bueno, otra vez será. Recién sobre el final, ya con los hechos a punto de consumarse, se acordaron y tibiamente empezaron a cantar “que este jueves tenemos que ganar”. Sí, que piensen en el jueves porque ayer, no.
Se jugó como se debía y se salió indemne de una cancha podrida contra un rival repodrido. Se pudo haber ganado. Si entraba cualquiera de las dos de Pablito Mouche, una en cada tiempo… Ni hablar del penal. ¡Qué mal lo pateó el Flaco Schiavi! Tanto tiempo esperando para que nos dieran un penal, llegó en un momento clave y lo regalamos. Si entraba una, no nos empatan más. Así es este Boca.
Suele ser divertido, desde el palco de prensa escrita de Vélez, ponerse a observar de reojo las contorsiones y otras grotescas exteriorizaciones de los patéticos plateístas. La mano de Araujo previa al penal de Cubero fue clamorosa y desde allí se vio perfecta. ¡Uuuuuuuuhhhhh! Lástima que no hubo ningún infartado.
Coincidí con Falcioni, contra la opinión de algunos colegas con los que debatimos el tema a lo largo de la semana, en la formación del equipo. Varios entendían que tenía que jugar de entrada Nico Colazo, con Pochi Chávez a la derecha y Somoza-Erviti en doble cinco.
No, el técnico pensó cómo debía o al menos, como pensó este gil que escribe. No era momento de tocar el esquema ni menos de moverlo a Pochi, después de los dos muy buenos partidos que había jugado con Colón y con Rafaela. Pichi Erbes no tiene y no tuvo ningún problema en acomodarse sobre la derecha.
Después, por la mitad del segundo tiempo, cuando entró Nico y se pasó al 4-4-2, la decisión fue la correcta y en el momento debido. Se había perdido la pelota y Vélez lo había puesto a Augusto Fernández para romper por la derecha. Nico, pegado con Clemente, cerró esa puerta y con el doble cinco se aguantó mejor el tramo final.
En verdad, no tengo memoria de en qué circunstancias se fue Somoza de Vélez pero lo silbaron una barbaridad, cada vez que tocaba la pelota. Ni se inmutó, Leo. Jugó un muy buen partido. Lo importante para él debe ser el afecto que le demostraron todos sus ex compañeros y su ex técnico. Está jugando un buen campeonato, Leo. Por ahí no se lo nota tanto pero es vital para el equipo, se para bien. Y a diferencia de sus primeros tiempos en el club, ahora está distribuyendo correctamente.
Al cabo, no se atacó demasiado pero el arquero de ellos fue fundamental. El cabezazo de Insaurralde, el penal, la de Pablo en el segundo tiempo… En cambio, Orión la más difícil que tuvo fue ese zurdazo de Bella, en el final del primer tiempo.
Es una constante en lo que va del torneo: a Boca no le llegan. La defensa y los volantes mantienen el partido lejos del arco nuestro casi siempre, sea quien fuere el rival y en el escenario de que se trate.
En el segundo tiempo la tuvieron más ellos. Y corrían más. En realidad, no deja de ser un dato curioso si se tiene en cuenta que habían jugado el martes en la altura de Bogotá. Quedó claro que ellos querían ganar mucho más que Boca. Boca, allá por la última media hora, bajó la persiana y firmaba el empate, que sirve. No está mal, es legítimo. Aunque uno se quede vanamente pensando qué podría haber pasado si se arriesgaba un poquito más. Por otra parte, en estos casos, si te llegan a ensartar al final te quedás con el doble de bronca pero bueno, no pasó.
Ahora vienen dos semanitas de relax, como para recuperar a Román, Cvitanich, Blandi y Roncaglia (el Burro Rivero difícil que llegue). En verdad, no le han pasado pocas cosas a Boca en este derrotero. ¡En qué momento se viene a quedar afuera Nico Blandi! Pero Boca sigue. Entró Araujito, que es un jugador de características totalmente diferentes de las de Blandi y Viatri, e hizo lo suyo. En algún pasaje del primer tiempo se cometió el error de tirarle centros, debe ser la costumbre, pero en líneas generales, Araujo se adaptó al equipo y el equipo se adaptó a él.
Ya estábamos sacando cuentas porque hubiera sido una gloria dar la vuelta olímpica en La Bombonera con Racing y a falta de cuatro fechas pero en fin, no dan los números. Igual, si se le gana bien a Racing, ya está. La vuelta podría ser en Mendoza, donde hay vino de sobra.
Se jugó como se debía y se salió indemne de una cancha podrida contra un rival repodrido. Se pudo haber ganado. Si entraba cualquiera de las dos de Pablito Mouche, una en cada tiempo… Ni hablar del penal. ¡Qué mal lo pateó el Flaco Schiavi! Tanto tiempo esperando para que nos dieran un penal, llegó en un momento clave y lo regalamos. Si entraba una, no nos empatan más. Así es este Boca.
Suele ser divertido, desde el palco de prensa escrita de Vélez, ponerse a observar de reojo las contorsiones y otras grotescas exteriorizaciones de los patéticos plateístas. La mano de Araujo previa al penal de Cubero fue clamorosa y desde allí se vio perfecta. ¡Uuuuuuuuhhhhh! Lástima que no hubo ningún infartado.
Coincidí con Falcioni, contra la opinión de algunos colegas con los que debatimos el tema a lo largo de la semana, en la formación del equipo. Varios entendían que tenía que jugar de entrada Nico Colazo, con Pochi Chávez a la derecha y Somoza-Erviti en doble cinco.
No, el técnico pensó cómo debía o al menos, como pensó este gil que escribe. No era momento de tocar el esquema ni menos de moverlo a Pochi, después de los dos muy buenos partidos que había jugado con Colón y con Rafaela. Pichi Erbes no tiene y no tuvo ningún problema en acomodarse sobre la derecha.
Después, por la mitad del segundo tiempo, cuando entró Nico y se pasó al 4-4-2, la decisión fue la correcta y en el momento debido. Se había perdido la pelota y Vélez lo había puesto a Augusto Fernández para romper por la derecha. Nico, pegado con Clemente, cerró esa puerta y con el doble cinco se aguantó mejor el tramo final.
En verdad, no tengo memoria de en qué circunstancias se fue Somoza de Vélez pero lo silbaron una barbaridad, cada vez que tocaba la pelota. Ni se inmutó, Leo. Jugó un muy buen partido. Lo importante para él debe ser el afecto que le demostraron todos sus ex compañeros y su ex técnico. Está jugando un buen campeonato, Leo. Por ahí no se lo nota tanto pero es vital para el equipo, se para bien. Y a diferencia de sus primeros tiempos en el club, ahora está distribuyendo correctamente.
Al cabo, no se atacó demasiado pero el arquero de ellos fue fundamental. El cabezazo de Insaurralde, el penal, la de Pablo en el segundo tiempo… En cambio, Orión la más difícil que tuvo fue ese zurdazo de Bella, en el final del primer tiempo.
Es una constante en lo que va del torneo: a Boca no le llegan. La defensa y los volantes mantienen el partido lejos del arco nuestro casi siempre, sea quien fuere el rival y en el escenario de que se trate.
En el segundo tiempo la tuvieron más ellos. Y corrían más. En realidad, no deja de ser un dato curioso si se tiene en cuenta que habían jugado el martes en la altura de Bogotá. Quedó claro que ellos querían ganar mucho más que Boca. Boca, allá por la última media hora, bajó la persiana y firmaba el empate, que sirve. No está mal, es legítimo. Aunque uno se quede vanamente pensando qué podría haber pasado si se arriesgaba un poquito más. Por otra parte, en estos casos, si te llegan a ensartar al final te quedás con el doble de bronca pero bueno, no pasó.
Ahora vienen dos semanitas de relax, como para recuperar a Román, Cvitanich, Blandi y Roncaglia (el Burro Rivero difícil que llegue). En verdad, no le han pasado pocas cosas a Boca en este derrotero. ¡En qué momento se viene a quedar afuera Nico Blandi! Pero Boca sigue. Entró Araujito, que es un jugador de características totalmente diferentes de las de Blandi y Viatri, e hizo lo suyo. En algún pasaje del primer tiempo se cometió el error de tirarle centros, debe ser la costumbre, pero en líneas generales, Araujo se adaptó al equipo y el equipo se adaptó a él.
Ya estábamos sacando cuentas porque hubiera sido una gloria dar la vuelta olímpica en La Bombonera con Racing y a falta de cuatro fechas pero en fin, no dan los números. Igual, si se le gana bien a Racing, ya está. La vuelta podría ser en Mendoza, donde hay vino de sobra.
lunes, 31 de octubre de 2011
PINTA FÁCIL PERO GUARDA
Éstos iban segundos. Es más, hasta que juegue Racing con Estudiantes, por lo menos, siguen segundos. Y se les ganó fácil, demasiado fácil. Después de esas dos primeras pelotas en las que dormimos y que pudieron haber costado muy caras, no hubo partido. Boca lo definió en 16 minutos y después jugó todo el tiempo como quiso.
Lástima ese gol al final, que ocurrió sólo porque ya nos habíamos ido a los vestuarios. Con la concentración normal, que es una de las grandes virtudes de este equipo, ese gol no era. Fue bastante parecido a uno que Orión se había comido jugando para San Lorenzo, contra Boca, en el Apertura 2008 y en el mismo arco. Un tiro libre de Román desde la izquierda en que miró cómo pasaba, sin que la tocara nadie.
Esta vez se insinuaron algunas goteras en el fondo. Esas dos del comienzo. La primera por zona de Clemente y la segunda por el medio. Lo bueno fue la efectividad. Porque en otros partidos ha pasado que se ganó apretado por no aprovechar debidamente las oportunidades y esta vez no se las dejó pasar. Así fue que ya estaba todo el pescado vendido en poco más de un cuarto de hora.
Extraordinaria (ex - traor - di - na - ria) la jugada del primer gol. ¿Cuántos la tocaron? Seis, si no conté mal. Impecable la apertura de Somoza a un toque para el Burro Rivero. Imponente la llegada al fondo de Pablito Mouche. Y Nico Blandi pareció que se enredaba entre los centrales pero se reacomodó sobre la marcha y la puso, perfecta.
En el segundo, Pochi se disfrazó de Román para meter esa bocha en forma de puñalada. Y Nico definió de una, de prima, con el arquero caminando, sin darle tiempo a nadie. Ya es el máximo goleador de la campaña, Nico, con sus cuatro en menos de una semana. ¡Uy, este gil que escribe no le tenía fe! No va a hacer dos goles en todos los partidos, sigue en observación pero ya demostró que estaba, por lo menos, para que se lo tuviera en cuenta.
No tiene puntos flojos, este Boca. Roncaglia y Somoza son dos de los que menos se habla pero Ronca cumple siempre y Leo está en el mejor momento desde que llegó al club. Ahora se siente patrón del medio. Otro dato que hace bien en destacar Falcioni es que los que entran no fallan. Bueno, no seamos malos con el Tano Gracián, que jugó muy poquito.
Tranquis. El Apertura 2006 también lo llevábamos demasiado fácil y de pronto, por hache o por be, por la falta de feeling de La Volpe con los jugadores, porque nos creímos que ya habíamos dado la vuelta olímpica, por la hijaputez de Grondona que nos afanó el entrenador en medio de un campeonato, por el insuficiente compromiso de Basile que no fue capaz de decirle “no” a la selección, por la metida de pata de los dirigentes que de un día para el otro pasaron de un técnico que era agua a otro que era aceite, por lo que fuere, lo cierto fue que nos caímos como las Torres Gemelas.
Ahora viene Vélez. Por suerte, dado su laburo, este gil que escribe va a poder ir. Así como estuvo en el gallinero aquella noche de 2004, la de los penales. Porque, según parece, nuestros buenos amigos Mauro Martín y Rafa Di Zeo van a lograr que se les prohiba estar en la cancha a los hinchas de Boca. Nuestras benditas autoridades (las estatales, no las de Boca) no sólo que no saben cómo terminar (o por lo menos empezar a limitar) a los mafiosos. No, la triste verdad de la milanesa es que para algunos negocios hasta son socios de ellos. Empezando por la yuta y terminando, quizá, por la presidenta o su gente de mayor confianza.
Una pinturita. “No sabemos cómo pararlos (¿o no querrán?) así que lo mejor es que no vaya nadie”. Toda una declaración de incompetencia, una admisión de ineficiencia. Por otra parte, llegado el caso, si alguno logra infiltrarse, será precisamente uno de los mafiosos. Los tipos que pagan entrada y hacen todo por derecha, a esos no los dejan pasar seguro. Este tipo de situación es la que hace que a uno, a veces, le den ganas de haber nacido en Finlandia.
No, claro, Finlandia está muy lejos de Boquita. ¿Cómo vivir sin Boquita? Vélez va a llegar en medio de sus dos partidos con los colombianos. Con un tortuoso viaje de ida y vuelta a cuestas. Argentinos nos dio una buena manito el sábado. A ésos los quería tener bien lejos, más que a Racing. Seguro que van a poner unos cuantos suplentes pero igual, pinta bravo. Ojalá pueda estar Román, que se cure la fascitis plantar para, justamente, ponerla debajo de la suela y, si fuera posible, quedársela todo el partido. Fundamental que nos toque un pito que se la banque y que tenga una buena tarde, que no se asuste ni se obnubile si los plateístas lo apuran gritándole prácticamente al oído y los de atrás del arco le mueven el alambrado. Vamos, Boquita, falta menos.
Lástima ese gol al final, que ocurrió sólo porque ya nos habíamos ido a los vestuarios. Con la concentración normal, que es una de las grandes virtudes de este equipo, ese gol no era. Fue bastante parecido a uno que Orión se había comido jugando para San Lorenzo, contra Boca, en el Apertura 2008 y en el mismo arco. Un tiro libre de Román desde la izquierda en que miró cómo pasaba, sin que la tocara nadie.
Esta vez se insinuaron algunas goteras en el fondo. Esas dos del comienzo. La primera por zona de Clemente y la segunda por el medio. Lo bueno fue la efectividad. Porque en otros partidos ha pasado que se ganó apretado por no aprovechar debidamente las oportunidades y esta vez no se las dejó pasar. Así fue que ya estaba todo el pescado vendido en poco más de un cuarto de hora.
Extraordinaria (ex - traor - di - na - ria) la jugada del primer gol. ¿Cuántos la tocaron? Seis, si no conté mal. Impecable la apertura de Somoza a un toque para el Burro Rivero. Imponente la llegada al fondo de Pablito Mouche. Y Nico Blandi pareció que se enredaba entre los centrales pero se reacomodó sobre la marcha y la puso, perfecta.
En el segundo, Pochi se disfrazó de Román para meter esa bocha en forma de puñalada. Y Nico definió de una, de prima, con el arquero caminando, sin darle tiempo a nadie. Ya es el máximo goleador de la campaña, Nico, con sus cuatro en menos de una semana. ¡Uy, este gil que escribe no le tenía fe! No va a hacer dos goles en todos los partidos, sigue en observación pero ya demostró que estaba, por lo menos, para que se lo tuviera en cuenta.
No tiene puntos flojos, este Boca. Roncaglia y Somoza son dos de los que menos se habla pero Ronca cumple siempre y Leo está en el mejor momento desde que llegó al club. Ahora se siente patrón del medio. Otro dato que hace bien en destacar Falcioni es que los que entran no fallan. Bueno, no seamos malos con el Tano Gracián, que jugó muy poquito.
Tranquis. El Apertura 2006 también lo llevábamos demasiado fácil y de pronto, por hache o por be, por la falta de feeling de La Volpe con los jugadores, porque nos creímos que ya habíamos dado la vuelta olímpica, por la hijaputez de Grondona que nos afanó el entrenador en medio de un campeonato, por el insuficiente compromiso de Basile que no fue capaz de decirle “no” a la selección, por la metida de pata de los dirigentes que de un día para el otro pasaron de un técnico que era agua a otro que era aceite, por lo que fuere, lo cierto fue que nos caímos como las Torres Gemelas.
Ahora viene Vélez. Por suerte, dado su laburo, este gil que escribe va a poder ir. Así como estuvo en el gallinero aquella noche de 2004, la de los penales. Porque, según parece, nuestros buenos amigos Mauro Martín y Rafa Di Zeo van a lograr que se les prohiba estar en la cancha a los hinchas de Boca. Nuestras benditas autoridades (las estatales, no las de Boca) no sólo que no saben cómo terminar (o por lo menos empezar a limitar) a los mafiosos. No, la triste verdad de la milanesa es que para algunos negocios hasta son socios de ellos. Empezando por la yuta y terminando, quizá, por la presidenta o su gente de mayor confianza.
Una pinturita. “No sabemos cómo pararlos (¿o no querrán?) así que lo mejor es que no vaya nadie”. Toda una declaración de incompetencia, una admisión de ineficiencia. Por otra parte, llegado el caso, si alguno logra infiltrarse, será precisamente uno de los mafiosos. Los tipos que pagan entrada y hacen todo por derecha, a esos no los dejan pasar seguro. Este tipo de situación es la que hace que a uno, a veces, le den ganas de haber nacido en Finlandia.
No, claro, Finlandia está muy lejos de Boquita. ¿Cómo vivir sin Boquita? Vélez va a llegar en medio de sus dos partidos con los colombianos. Con un tortuoso viaje de ida y vuelta a cuestas. Argentinos nos dio una buena manito el sábado. A ésos los quería tener bien lejos, más que a Racing. Seguro que van a poner unos cuantos suplentes pero igual, pinta bravo. Ojalá pueda estar Román, que se cure la fascitis plantar para, justamente, ponerla debajo de la suela y, si fuera posible, quedársela todo el partido. Fundamental que nos toque un pito que se la banque y que tenga una buena tarde, que no se asuste ni se obnubile si los plateístas lo apuran gritándole prácticamente al oído y los de atrás del arco le mueven el alambrado. Vamos, Boquita, falta menos.
viernes, 28 de octubre de 2011
REHENES
Decantó la cosa, como era de prever, como siempre. La última noticia (sin confirmación oficial) es que Beraldi y Digón se bajaron para plegarse con Ameal. Ahora falta que Salvestrini se avenga y se pliegue con Angelici. Es cuestión de tiempo.
Macrismo versus No-macrismo, por decirlo a grandes trazos y con alguna suavidad. Sí, los que están en pugna son “dos modelos de gestión”, como lo escuché decir al propio Salvestrini, hace poco, con precisión.
Hasta ahí, todo legal. Lo que subyace pero bastante cerca de la superficie (aunque de todos modos en las sombras) es que, detrás de los postulantes, están el gobierno nacional y el de la ciudad de Buenos Aires. Macrismo versus Kirchnerismo. Punta de lanza para las presidenciales de 2015. Porque los políticos argentinos, todos, termina una elección y ya están maquinando cómo hacer para ganar la siguiente. Es su vida, no hay ninguna otra cosa que cuente para ellos. Ni vocación de servicio ni real preocupación por lo que le pase a la gente.
El caso es que, para la ocasión, el botín de guerra es Boca, nada menos. Y esto sí que rompe soberanamente las pelotas.
Sin mayor disimulo, el kirchnerismo operó para que Beraldi y Digón se dejaran de joder y se encolumnaran con Ameal. El propio Macri, según dicen, hace pocas semanas, levantó un tubo para “pedirle amablemente” a Salvestrini que no moleste y se ponga de una vez detrás de Angelici.
Esto es tan pero tan viejo como la misma putísima forma de hacer política “a la argentina”. Es decir, de Saavedra y Moreno para acá, más o menos. Lo que a uno le preocupa son las consecuencias que pueda llegar a pagar el club.
Pocos años atrás, según se recordará, el jefe de Gobierno Telerman tuvo la idea de abrir la calle Aristóbulo Del Valle, en el tramo que va desde Del Valle Iberlucea hasta Irala. Literalmente, partía a Boca por el medio. Dividía un predio que el club ocupa desde 1924. Y vaya casualidad, lo hacía en un momento en que el presidente de Boca, Macri, se perfilaba para ganarle la jefatura de Gobierno (se la ganó al fin). Sin el más mínimo decoro, Telerman, para cagar a Macri, se quería cagar en Boca. Por suerte, se lo pudo parar.
No mucho más tarde, se anuló el procedimiento por el cual la Comisión Directiva que encabezaba Pedro Pompilio estaba en funciones desde diciembre de 2007, se restituyó en la presidencia a Macri (ya por entonces jefe de Gobierno) y se ordenó un nuevo llamado a elecciones (las que ganó Pompilio en junio de 2008). Macri, en el acto por el cual contra su voluntad se lo devolvió a la presidencia del club, invitó con razón al diputado kirchnerista Kunkel a atender sus asuntos, que los debe tener e importantes de que ocuparse, y no inmiscuirse espuriamente en la vida institucional de Boca.
Este gil que escribe tiene, para diciembre próximo, su voto decidido por Ameal. Supone que, en la coyuntura, el Gordo es lo mejor que podría pasarle al club. Pero no por eso dejó de chocarle, por lo grosero, que en el entretiempo del partido Racing-Lanús, en el oficial “Fútbol para Todos”, se mandara un bloque destacando las obras realizadas en Boca durante la gestión del actual presidente. Publicidad “descubierta”, más que encubierta.
Habrá que estar muy alertas y hacer lo que se pueda para que Boca sufra lo menos posible. Porque ya podemos ir tomando nota de que, si gana Ameal, los esbirros de Macri no trepidaran en clausurar La Bombonera por cualquier fierro que sobresalga de una pared. Y si gana Angelici, los lebreles de Cristina, sin la menor vergüenza, serán capaces de allanar las oficinas porque alguien se olvidó de poner la firma en alguna factura por la compra de dos docenas de medialunas. Somos, los bosteros, rehenes de esa putísima forma de hacer política “a la argentina”.
Macrismo versus No-macrismo, por decirlo a grandes trazos y con alguna suavidad. Sí, los que están en pugna son “dos modelos de gestión”, como lo escuché decir al propio Salvestrini, hace poco, con precisión.
Hasta ahí, todo legal. Lo que subyace pero bastante cerca de la superficie (aunque de todos modos en las sombras) es que, detrás de los postulantes, están el gobierno nacional y el de la ciudad de Buenos Aires. Macrismo versus Kirchnerismo. Punta de lanza para las presidenciales de 2015. Porque los políticos argentinos, todos, termina una elección y ya están maquinando cómo hacer para ganar la siguiente. Es su vida, no hay ninguna otra cosa que cuente para ellos. Ni vocación de servicio ni real preocupación por lo que le pase a la gente.
El caso es que, para la ocasión, el botín de guerra es Boca, nada menos. Y esto sí que rompe soberanamente las pelotas.
Sin mayor disimulo, el kirchnerismo operó para que Beraldi y Digón se dejaran de joder y se encolumnaran con Ameal. El propio Macri, según dicen, hace pocas semanas, levantó un tubo para “pedirle amablemente” a Salvestrini que no moleste y se ponga de una vez detrás de Angelici.
Esto es tan pero tan viejo como la misma putísima forma de hacer política “a la argentina”. Es decir, de Saavedra y Moreno para acá, más o menos. Lo que a uno le preocupa son las consecuencias que pueda llegar a pagar el club.
Pocos años atrás, según se recordará, el jefe de Gobierno Telerman tuvo la idea de abrir la calle Aristóbulo Del Valle, en el tramo que va desde Del Valle Iberlucea hasta Irala. Literalmente, partía a Boca por el medio. Dividía un predio que el club ocupa desde 1924. Y vaya casualidad, lo hacía en un momento en que el presidente de Boca, Macri, se perfilaba para ganarle la jefatura de Gobierno (se la ganó al fin). Sin el más mínimo decoro, Telerman, para cagar a Macri, se quería cagar en Boca. Por suerte, se lo pudo parar.
No mucho más tarde, se anuló el procedimiento por el cual la Comisión Directiva que encabezaba Pedro Pompilio estaba en funciones desde diciembre de 2007, se restituyó en la presidencia a Macri (ya por entonces jefe de Gobierno) y se ordenó un nuevo llamado a elecciones (las que ganó Pompilio en junio de 2008). Macri, en el acto por el cual contra su voluntad se lo devolvió a la presidencia del club, invitó con razón al diputado kirchnerista Kunkel a atender sus asuntos, que los debe tener e importantes de que ocuparse, y no inmiscuirse espuriamente en la vida institucional de Boca.
Este gil que escribe tiene, para diciembre próximo, su voto decidido por Ameal. Supone que, en la coyuntura, el Gordo es lo mejor que podría pasarle al club. Pero no por eso dejó de chocarle, por lo grosero, que en el entretiempo del partido Racing-Lanús, en el oficial “Fútbol para Todos”, se mandara un bloque destacando las obras realizadas en Boca durante la gestión del actual presidente. Publicidad “descubierta”, más que encubierta.
Habrá que estar muy alertas y hacer lo que se pueda para que Boca sufra lo menos posible. Porque ya podemos ir tomando nota de que, si gana Ameal, los esbirros de Macri no trepidaran en clausurar La Bombonera por cualquier fierro que sobresalga de una pared. Y si gana Angelici, los lebreles de Cristina, sin la menor vergüenza, serán capaces de allanar las oficinas porque alguien se olvidó de poner la firma en alguna factura por la compra de dos docenas de medialunas. Somos, los bosteros, rehenes de esa putísima forma de hacer política “a la argentina”.
miércoles, 26 de octubre de 2011
FUIMOS, VIMOS, VENCIMOS
Partido redondo. Absoluto control del juego. Diferencia justa, esta vez sin tener que desconfiar hasta último momento porque un solo gol arriba nunca se sabe. Colón ayudó con su opacidad, es cierto, pero también es verdad que Boca, este Boca, viene reduciendo a la opacidad a todos y cada uno de sus rivales. Algo debe tener. Se ganó en un escenario por lo general difícil y se ganó sin dejar dudas. Además, no vayamos a negarlo, llegábamos con nuestra carga de inseguridades y dubitaciones.
Ni Román ni Luquitas ni Cvita. Hmmm… Para colmo, el Sub 20 se llevó a Araujo y Fragapane. Nada menos que el andamiaje ofensivo completo y dos recambios posibles. Fórmula nueva y experimental. Y salió perfecto, sencillamente perfecto. Los tres suplentes fueron de lo mejor. En un equipo sin fisuras, resultaron actores fundamentales.
A ver, este gil escribió hace pocos días sobre Blandi: “La sensación es que se trata de un pibe que hasta allí llegó, que más no va a dar. Difícil que vaya a producir un salto que lo catapulte muy lejos”. Pero para cubrirse agregó: “Sin que esta opinión pueda ser definitiva”. Menos mal. El concepto no cambia, vamos a ver si este partido soñado marca el clic que lo haga crecer a la dimensión impensada para este gil.
Por ahora, puede decirse que no sólo marcó los dos goles de una gran victoria sino que en todo momento fue una pieza de equipo invalorable. Empezó perdiéndose un gol, que sumado a aquel que también dejara pasar frente a Belgrano hacían presagiar lo peor. Pero se enderezó enseguida con el primero y desde entonces fue esencial.
En particular, durante el primer tiempo aguantó muy bien la pelota de espaldas al área, descargando para el compañero que llegaba de frente. Eso de jugar de espaldas lo hizo notoriamente mejor de lo que venía haciéndolo Lucas, a quien en los últimos tiempos lo movían o lo anticipaban demasiado fácil. Y una vez que agarró confianza, Nico ya estaba para cualquiera y hasta pudo haber hecho otro con ese sorpresivo latigazo bajo y cruzado que sacó desde fuera del área y que se le fue no muy lejos de un palo.
Pablito Mouche también mejoró mucho respecto de las últimas veces que había sido titular, cuando la anterior lesión de Cvita. Tuvo protagonismo decisivo en los dos goles. En el primero, con ese taco inesperado y mortal que le dejó a Pochi campo abierto para ir hasta el fondo y sacar el centro. En el segundo, cuando empezó ese largo recorrido en sentido transversal de izquierda a derecha, hizo temer por la aparición del peor Pablo, ese desbocado y con anteojeras. Pero sobre la marcha corrigió el rumbo como el mejor Pablo, de golpe le dio verticalidad a la jugada y terminó sirviéndosela a Nico. Irreprochable.
Bien Pochi, muy bien Pochi. Se sintió conductor, supo que el que tenía que mandar era él y lo hizo. La pidió siempre y lo que es más importante, se la dieron, sus compañeros no dudaron, le tuvieron total confianza en todo momento. Ahora sí parece que Pochi va dejando de ser la eterna promesa y va llegando al punto justo de cocción como jugador. En el Clausura fue de lo más rescatable del equipo. En el Apertura lo confinaron al banco, fue sin decir ni mu y cada vez que se lo necesitó, estuvo. Estuvo a la altura. Puede ser útil por los carriles pero sigue teniendo el alma de enganche. Lo devolvieron a sus orígenes y jugó un partido bárbaro en un momento clave.
Es de destacar lo de Falcioni, que supo dar un golpe de timón, revisar sus propias decisiones. Hasta la práctica del viernes, el titular era Gracián. El técnico observó a sus jugadores, evaluó rendimientos y cambió. Así se hace.
Sin fisuras, se escribió más arriba. Si Clemente hubiera hecho algunas elecciones más correctas en ataque, durante el segundo tiempo, la diferencia seguramente se hubiese ampliado pero no hubo puntos débiles. Muy buen partido de Somoza, siempre parado donde hizo falta, cortando y jugando. El Flaco Schiavi, de nuevo, imponente. Pompei lo amonestó de entrada y mal, lo tarjeteó para marcar territorio. El Flaco, inmutable. Jugó todo el partido con esa espada de Damocles y no se equivocó nunca. A su lado, Roncaglia e Insaurralde también, sin errores visibles.
Orión aceleró palpitaciones con ésa que se le escapó en el segundo tiempo pero la arregló, se jugó a fondo y enmendó. No está teniendo mucho trabajo, el equipo le alivia la carga pero inspira tranquilidad, en general. A la tribuna y, en primer término, al equipo. Ida y vuelta. Reciprocidad.
Ojo, hace menos de tres meses todos (todos) decíamos: “Estudiantes nos encajó por tres millones de dólares a Orión y por menos guita se quedó con Villar”. Hoy, cada uno está donde está. ¡Dos goles recibidos en doce partidos, uno de tiro libre y otro en contra! El mérito es de todos pero siempre se empieza por el arquero. “Roma y las telarañas de su arco”, tituló una vez El Gráfico, allá por 1964. ¿Y qué de las telarañas del arco de Orión?
Partido redondo. Autoridad incontrastable a lo largo de los noventa minutos. Seguridad, solvencia, aplomo. Nos faltó el mejor jugador del fútbol argentino y vastos alrededores y ni nos acordamos. Nos quedamos de un saque sin tres titulares y ganamos igual, hasta fácil. Fácil después de lo visto, porque antes de jugarlo pintaba difícil. Boca resolvió un problema más. Da ganas de creer, Boca.
Ni Román ni Luquitas ni Cvita. Hmmm… Para colmo, el Sub 20 se llevó a Araujo y Fragapane. Nada menos que el andamiaje ofensivo completo y dos recambios posibles. Fórmula nueva y experimental. Y salió perfecto, sencillamente perfecto. Los tres suplentes fueron de lo mejor. En un equipo sin fisuras, resultaron actores fundamentales.
A ver, este gil escribió hace pocos días sobre Blandi: “La sensación es que se trata de un pibe que hasta allí llegó, que más no va a dar. Difícil que vaya a producir un salto que lo catapulte muy lejos”. Pero para cubrirse agregó: “Sin que esta opinión pueda ser definitiva”. Menos mal. El concepto no cambia, vamos a ver si este partido soñado marca el clic que lo haga crecer a la dimensión impensada para este gil.
Por ahora, puede decirse que no sólo marcó los dos goles de una gran victoria sino que en todo momento fue una pieza de equipo invalorable. Empezó perdiéndose un gol, que sumado a aquel que también dejara pasar frente a Belgrano hacían presagiar lo peor. Pero se enderezó enseguida con el primero y desde entonces fue esencial.
En particular, durante el primer tiempo aguantó muy bien la pelota de espaldas al área, descargando para el compañero que llegaba de frente. Eso de jugar de espaldas lo hizo notoriamente mejor de lo que venía haciéndolo Lucas, a quien en los últimos tiempos lo movían o lo anticipaban demasiado fácil. Y una vez que agarró confianza, Nico ya estaba para cualquiera y hasta pudo haber hecho otro con ese sorpresivo latigazo bajo y cruzado que sacó desde fuera del área y que se le fue no muy lejos de un palo.
Pablito Mouche también mejoró mucho respecto de las últimas veces que había sido titular, cuando la anterior lesión de Cvita. Tuvo protagonismo decisivo en los dos goles. En el primero, con ese taco inesperado y mortal que le dejó a Pochi campo abierto para ir hasta el fondo y sacar el centro. En el segundo, cuando empezó ese largo recorrido en sentido transversal de izquierda a derecha, hizo temer por la aparición del peor Pablo, ese desbocado y con anteojeras. Pero sobre la marcha corrigió el rumbo como el mejor Pablo, de golpe le dio verticalidad a la jugada y terminó sirviéndosela a Nico. Irreprochable.
Bien Pochi, muy bien Pochi. Se sintió conductor, supo que el que tenía que mandar era él y lo hizo. La pidió siempre y lo que es más importante, se la dieron, sus compañeros no dudaron, le tuvieron total confianza en todo momento. Ahora sí parece que Pochi va dejando de ser la eterna promesa y va llegando al punto justo de cocción como jugador. En el Clausura fue de lo más rescatable del equipo. En el Apertura lo confinaron al banco, fue sin decir ni mu y cada vez que se lo necesitó, estuvo. Estuvo a la altura. Puede ser útil por los carriles pero sigue teniendo el alma de enganche. Lo devolvieron a sus orígenes y jugó un partido bárbaro en un momento clave.
Es de destacar lo de Falcioni, que supo dar un golpe de timón, revisar sus propias decisiones. Hasta la práctica del viernes, el titular era Gracián. El técnico observó a sus jugadores, evaluó rendimientos y cambió. Así se hace.
Sin fisuras, se escribió más arriba. Si Clemente hubiera hecho algunas elecciones más correctas en ataque, durante el segundo tiempo, la diferencia seguramente se hubiese ampliado pero no hubo puntos débiles. Muy buen partido de Somoza, siempre parado donde hizo falta, cortando y jugando. El Flaco Schiavi, de nuevo, imponente. Pompei lo amonestó de entrada y mal, lo tarjeteó para marcar territorio. El Flaco, inmutable. Jugó todo el partido con esa espada de Damocles y no se equivocó nunca. A su lado, Roncaglia e Insaurralde también, sin errores visibles.
Orión aceleró palpitaciones con ésa que se le escapó en el segundo tiempo pero la arregló, se jugó a fondo y enmendó. No está teniendo mucho trabajo, el equipo le alivia la carga pero inspira tranquilidad, en general. A la tribuna y, en primer término, al equipo. Ida y vuelta. Reciprocidad.
Ojo, hace menos de tres meses todos (todos) decíamos: “Estudiantes nos encajó por tres millones de dólares a Orión y por menos guita se quedó con Villar”. Hoy, cada uno está donde está. ¡Dos goles recibidos en doce partidos, uno de tiro libre y otro en contra! El mérito es de todos pero siempre se empieza por el arquero. “Roma y las telarañas de su arco”, tituló una vez El Gráfico, allá por 1964. ¿Y qué de las telarañas del arco de Orión?
Partido redondo. Autoridad incontrastable a lo largo de los noventa minutos. Seguridad, solvencia, aplomo. Nos faltó el mejor jugador del fútbol argentino y vastos alrededores y ni nos acordamos. Nos quedamos de un saque sin tres titulares y ganamos igual, hasta fácil. Fácil después de lo visto, porque antes de jugarlo pintaba difícil. Boca resolvió un problema más. Da ganas de creer, Boca.
miércoles, 19 de octubre de 2011
PELIGRO, YUPPIES
Acabo de llegar de la presentación oficial de Angelici, en el salón del Edificio Lahusen. Mucho glamour. Demasiado… Maestra de ceremonias, la siempre radiante Teté Coustarot, bella mujer de espléndida madurez y bostera en serio, creo. Aunque al Tanque lo haya llamado “Jorge Rojas”, y bueh…
Invasión de yuppies, riguroso jetra y corbata, se ve que salieron de sus rediles y como se la habían armado cerca a propósito, fueron a cumplir, a marcar tarjeta. Minifalderos felinos en oferta, claro. De la cofradía de periodistas (supuestamente) bosteros, casi todos. Incluso (o comenzando por) los que sólo acuden a las citas especialísimas. Inevitables representantes del jet set vernáculo, caso Sofovich o Giordano.
Lo más interesante, más allá de las bien servidas y suficientes vituallas, la exhibición, en pantallas gigantes, de gloriosos momentos de la historia. Goles y títulos en blanco y negro y en color. Pero tristemente, éramos pocos los que les prestábamos atención. Los yuppies, los felinos y la cofradía atendían cada cual sus cosas.
Hasta que Teté invitó a subir al estrado a Angelici. No es necesario que un presidente de Boca sea Demóstenes. Ni el Puma Armando ni el Viejo Alegre fueron oradores brillantes. Macri tampoco lo es. Ni Ameal. Pero es imprescindible que se le entiendan las ideas, que articule un concepto claro y de alguna profundidad al margen de declamaciones repetitivas, de eslóganes electoralistas vacíos de contenido. Y está bien que se coma algunas eses pero no tantas.
Después, Macri, tratando de darle apoyo a su pollo, de apuntalarlo, de sostenerlo, que no se caiga. Otra gracia fue que, mucho antes de que Mauricio terminara de hablar y por encima de los aplausos de circunstancias, ya estaban de nuevo cada uno en sus cosas, los yuppies, los felinos, la cofradía…
Angelici, posando junto con sus niños, no enternece a nadie pero en fin, si su maestro y mentor usó a su beba recién nacida para hacer campaña en favor de Pinedo… Es bueno que hayan subido algunos de quienes serán los principales componentes de la lista de Angelici, como Aguas, Mechetti, Orgambide, Paolini, Bittar, Viejobueno, para que algunos les conocieran las caras (el pelado London ya es más conocido).
A continuación fueron desfilando entrañables, venerables figuras. Grato tolver a ver y aplaudir a Silvio, el Tanque, el Tano Novello, el Chino Benítez, el Ruso Ribolzi, el Mono Perotti, Juan Simón, Chiche Soñora, el Negro Ibarra… Los yuppies, los felinos y la cofradía aplaudieron a los dos o tres primeros y ya después a los demás, ni bola. De nuevo, cada uno a lo suyo.
Ni un “Dale Boca”, ni un pedido de “un minuto de silencio para River que está muerto”, ni un “sí, sí, señores”… ¡Ni una camiseta de Boca!
En los últimos cuarenta días estuve en la presentación de Beraldi, en Barracas. Se cantó al son de una banda con bombos, tambores, platillos y trompetas y se comieron pizzetas. Compartí, con un puñado de colegas, una cena con Digón. Charlamos hasta la 1 de la mañana de Bianchi y de Riquelme, de Rojitas y de Madurga. Estuve en una suerte de conferencia de prensa a la que convocó Salvestrini, bastante desabrida (se agradecen los chorizos, empanadas y lomitos) pero donde al menos fijó posición sobre algunos puntos de interés. Esto, esto de Angelici, si se pasan por alto las vituallas no fue nada. Puro cotillón.
Un viejo periodista recomendaba, para este tipo de evento, ir, morfarse y chuparse todo y tomárselas sin saludar a nadie. Eso hice, con excepción de alguna poca gente a la que todavía le tengo estima en el gremio de prensa.
Salí, empecé a buscar la parada del 74 y no la encontraba por ningún lado. Al cabo de una cuantas idas y vueltas vi, por suerte, que paraba un 74 en un sitio donde no había ninguna señal. Macri, ya que andaba cerca, pudo haberse llegado hasta ahí y plantar el poste del 74, la puta que lo parió.
Invasión de yuppies, riguroso jetra y corbata, se ve que salieron de sus rediles y como se la habían armado cerca a propósito, fueron a cumplir, a marcar tarjeta. Minifalderos felinos en oferta, claro. De la cofradía de periodistas (supuestamente) bosteros, casi todos. Incluso (o comenzando por) los que sólo acuden a las citas especialísimas. Inevitables representantes del jet set vernáculo, caso Sofovich o Giordano.
Lo más interesante, más allá de las bien servidas y suficientes vituallas, la exhibición, en pantallas gigantes, de gloriosos momentos de la historia. Goles y títulos en blanco y negro y en color. Pero tristemente, éramos pocos los que les prestábamos atención. Los yuppies, los felinos y la cofradía atendían cada cual sus cosas.
Hasta que Teté invitó a subir al estrado a Angelici. No es necesario que un presidente de Boca sea Demóstenes. Ni el Puma Armando ni el Viejo Alegre fueron oradores brillantes. Macri tampoco lo es. Ni Ameal. Pero es imprescindible que se le entiendan las ideas, que articule un concepto claro y de alguna profundidad al margen de declamaciones repetitivas, de eslóganes electoralistas vacíos de contenido. Y está bien que se coma algunas eses pero no tantas.
Después, Macri, tratando de darle apoyo a su pollo, de apuntalarlo, de sostenerlo, que no se caiga. Otra gracia fue que, mucho antes de que Mauricio terminara de hablar y por encima de los aplausos de circunstancias, ya estaban de nuevo cada uno en sus cosas, los yuppies, los felinos, la cofradía…
Angelici, posando junto con sus niños, no enternece a nadie pero en fin, si su maestro y mentor usó a su beba recién nacida para hacer campaña en favor de Pinedo… Es bueno que hayan subido algunos de quienes serán los principales componentes de la lista de Angelici, como Aguas, Mechetti, Orgambide, Paolini, Bittar, Viejobueno, para que algunos les conocieran las caras (el pelado London ya es más conocido).
A continuación fueron desfilando entrañables, venerables figuras. Grato tolver a ver y aplaudir a Silvio, el Tanque, el Tano Novello, el Chino Benítez, el Ruso Ribolzi, el Mono Perotti, Juan Simón, Chiche Soñora, el Negro Ibarra… Los yuppies, los felinos y la cofradía aplaudieron a los dos o tres primeros y ya después a los demás, ni bola. De nuevo, cada uno a lo suyo.
Ni un “Dale Boca”, ni un pedido de “un minuto de silencio para River que está muerto”, ni un “sí, sí, señores”… ¡Ni una camiseta de Boca!
En los últimos cuarenta días estuve en la presentación de Beraldi, en Barracas. Se cantó al son de una banda con bombos, tambores, platillos y trompetas y se comieron pizzetas. Compartí, con un puñado de colegas, una cena con Digón. Charlamos hasta la 1 de la mañana de Bianchi y de Riquelme, de Rojitas y de Madurga. Estuve en una suerte de conferencia de prensa a la que convocó Salvestrini, bastante desabrida (se agradecen los chorizos, empanadas y lomitos) pero donde al menos fijó posición sobre algunos puntos de interés. Esto, esto de Angelici, si se pasan por alto las vituallas no fue nada. Puro cotillón.
Un viejo periodista recomendaba, para este tipo de evento, ir, morfarse y chuparse todo y tomárselas sin saludar a nadie. Eso hice, con excepción de alguna poca gente a la que todavía le tengo estima en el gremio de prensa.
Salí, empecé a buscar la parada del 74 y no la encontraba por ningún lado. Al cabo de una cuantas idas y vueltas vi, por suerte, que paraba un 74 en un sitio donde no había ninguna señal. Macri, ya que andaba cerca, pudo haberse llegado hasta ahí y plantar el poste del 74, la puta que lo parió.
lunes, 17 de octubre de 2011
QUE NO PANDA EL CÚNICO
El partido fue una mierda pero tranquilos. La verdad es que se jugó como quiso Belgrano pero de todos modos, se pudo haber ganado. La que debió haber entrado fue la de Blandi. La primera, esa que, casi milagrosamente por cómo estaba dado el partido, recibió solo en el medio del área. Se abatató. ¿Con qué le pegó? ¿Con la suela?
Las otras que tapó Olave, la de Román, la de Pochi Chávez y, a continuación, la otra de Blandi, entran en el rubro de esas que el arquero puede sacar. Que si entran, parte de culpa es de él. La de Blandi, la primera, es culpa del delantero. Si se define bien, el arquero no tiene nada que hacer.
No es por hablar con el diario del lunes pero hay que hacer un análisis de los cambios de Falcioni. Él los hizo quedar a Gracián y Blandi, cuando volvieron de sus préstamos, porque entendió que el Tano era la alternativa para jugar con enganche cuando faltase Román y Blandi era otro delantero de área que sumaba.
A este gil que escribe le parece que lo del Tano en Boca ya no tiene (ya no tenía) retorno. Ciclo cumplido. Tuvo todas las oportunidades durante mucho tiempo. No despegó nunca. Ni llegó a parecerse al muy buen jugador que conociéramos en Vélez. No se trata de que le falte competencia ahora porque en Boca jugó siempre igual. Tibiecito, intrascendente, muy lejos del nivel que se necesita para ser el conductor ofensivo del equipo. Hoy, Pochi Chávez, puesto de enganche, promete más.
Blandi es un delantero que metió muchos goles en reserva antes de irse y algunos después de volver. En Argentinos estuvo un año y metió seis. La sensación es que se trata de un pibe que hasta allí llegó, que más no va a dar. Difícil que vaya a producir un salto que lo catapulte muy lejos sin que esta opinión pueda ser definitiva. Falcioni se jugó por él, no quiso perder presencia en el área y mucho no puede criticársele pero la opción más fácil o mejor dicho, la elección más lógica era que entrase Mouche. Cvitanich puede jugar en el área.
La gran desgracia, claro, es lo que le pasó a Lucas. ¡Qué forma pelotuda de romperse los ligamentos! Porque no fue contra el cartel, como alguno pensó, sino cuando apoyó el pie, medio torcido, después de ese contacto con Lollo. Va a tener que tener paciencia, hasta el año que viene, Luquitas. Espejo donde mirarse tiene cerca, el Loco Palermo, que volvió siempre de todas.
Para el equipo es un golpe duro. Lucas no venía haciendo muchos goles pero era (es) importante. Porque algún gol podía meter en cualquier momento y porque estaba muy bien acoplado a los movimientos colectivos. Y ahora vamos a ver qué hacemos, qué hace Falcioni porque el plantel es bueno pero corto. Blandi, por ahora, está muy lejos de poder ser Viatri. Y con Cvitanich de 9 y Pablito por afuera hay que experimentar, a ver qué sale. El problema es serio.
Lo del talón de Román, que venía del partido con Tigre, preocupa pero él está acostumbrado a jugar con dolor. Lo ha hecho muchas veces. Ahora son nueve días, entre partido y partido, antes de Santa Fe y si hay alguna posibilidad de que Román juegue, juega. Él es así. Más en este momento, en que él sabe mejor que nadie que el equipo está herido de consideración.
Equipo podrido, Belgrano. Propuso un partido similar al que había planteado San Martín de San Juan pero a los cordobeses les salió bien. Una porquería el espectáculo pero hay signos positivos, sí que los hay. Este tipo de partido, un equipo que no está bien aflatado, lo pierde. Porque se desespera, pierde el control y en una de esas el rival lo ensarta. Boca no se desesperó nunca. Ni se desordenó. Buscó hasta último momento. Mal, sí, pero buscó y sin desarmarse, con un Flaco Schiavi imponente desde el fondo. Belgrano no llegó bien jamás, ni una sola vez. Como la mayoría de los rivales en lo que va del Apertura, por otra parte.
Se prolongó el cero en arco propio, se prolongó la racha invicta que ya llegó a 21 partidos y ahora los puntos de ventaja sobre los perseguidores más cercanos es de seis puntos, contra los cinco que le llevábamos a Rafaela antes de empezar. Y ya transcurrió una fecha más. No aparece el rival. A Racing le cuesta mucho ganar (más que a nosotros). Lástima que se despertó Vélez. Está lejos pero ése es un equipo en serio y todavía hay que ir a Liniers, ojo.
Momento propicio para ver cuál es la templanza del equipo. Como asimila la salida de un jugador clave como Viatri. Si hasta ahora costó tanto meter goles, es de imaginar que sin Lucas costará mucho más. Pero si se conserva el aplomo que se viene exhibiendo en cada partido, la seguridad de que se sabe qué se hace, no nos caeremos. ¡Vamos Boca, todavía!
Las otras que tapó Olave, la de Román, la de Pochi Chávez y, a continuación, la otra de Blandi, entran en el rubro de esas que el arquero puede sacar. Que si entran, parte de culpa es de él. La de Blandi, la primera, es culpa del delantero. Si se define bien, el arquero no tiene nada que hacer.
No es por hablar con el diario del lunes pero hay que hacer un análisis de los cambios de Falcioni. Él los hizo quedar a Gracián y Blandi, cuando volvieron de sus préstamos, porque entendió que el Tano era la alternativa para jugar con enganche cuando faltase Román y Blandi era otro delantero de área que sumaba.
A este gil que escribe le parece que lo del Tano en Boca ya no tiene (ya no tenía) retorno. Ciclo cumplido. Tuvo todas las oportunidades durante mucho tiempo. No despegó nunca. Ni llegó a parecerse al muy buen jugador que conociéramos en Vélez. No se trata de que le falte competencia ahora porque en Boca jugó siempre igual. Tibiecito, intrascendente, muy lejos del nivel que se necesita para ser el conductor ofensivo del equipo. Hoy, Pochi Chávez, puesto de enganche, promete más.
Blandi es un delantero que metió muchos goles en reserva antes de irse y algunos después de volver. En Argentinos estuvo un año y metió seis. La sensación es que se trata de un pibe que hasta allí llegó, que más no va a dar. Difícil que vaya a producir un salto que lo catapulte muy lejos sin que esta opinión pueda ser definitiva. Falcioni se jugó por él, no quiso perder presencia en el área y mucho no puede criticársele pero la opción más fácil o mejor dicho, la elección más lógica era que entrase Mouche. Cvitanich puede jugar en el área.
La gran desgracia, claro, es lo que le pasó a Lucas. ¡Qué forma pelotuda de romperse los ligamentos! Porque no fue contra el cartel, como alguno pensó, sino cuando apoyó el pie, medio torcido, después de ese contacto con Lollo. Va a tener que tener paciencia, hasta el año que viene, Luquitas. Espejo donde mirarse tiene cerca, el Loco Palermo, que volvió siempre de todas.
Para el equipo es un golpe duro. Lucas no venía haciendo muchos goles pero era (es) importante. Porque algún gol podía meter en cualquier momento y porque estaba muy bien acoplado a los movimientos colectivos. Y ahora vamos a ver qué hacemos, qué hace Falcioni porque el plantel es bueno pero corto. Blandi, por ahora, está muy lejos de poder ser Viatri. Y con Cvitanich de 9 y Pablito por afuera hay que experimentar, a ver qué sale. El problema es serio.
Lo del talón de Román, que venía del partido con Tigre, preocupa pero él está acostumbrado a jugar con dolor. Lo ha hecho muchas veces. Ahora son nueve días, entre partido y partido, antes de Santa Fe y si hay alguna posibilidad de que Román juegue, juega. Él es así. Más en este momento, en que él sabe mejor que nadie que el equipo está herido de consideración.
Equipo podrido, Belgrano. Propuso un partido similar al que había planteado San Martín de San Juan pero a los cordobeses les salió bien. Una porquería el espectáculo pero hay signos positivos, sí que los hay. Este tipo de partido, un equipo que no está bien aflatado, lo pierde. Porque se desespera, pierde el control y en una de esas el rival lo ensarta. Boca no se desesperó nunca. Ni se desordenó. Buscó hasta último momento. Mal, sí, pero buscó y sin desarmarse, con un Flaco Schiavi imponente desde el fondo. Belgrano no llegó bien jamás, ni una sola vez. Como la mayoría de los rivales en lo que va del Apertura, por otra parte.
Se prolongó el cero en arco propio, se prolongó la racha invicta que ya llegó a 21 partidos y ahora los puntos de ventaja sobre los perseguidores más cercanos es de seis puntos, contra los cinco que le llevábamos a Rafaela antes de empezar. Y ya transcurrió una fecha más. No aparece el rival. A Racing le cuesta mucho ganar (más que a nosotros). Lástima que se despertó Vélez. Está lejos pero ése es un equipo en serio y todavía hay que ir a Liniers, ojo.
Momento propicio para ver cuál es la templanza del equipo. Como asimila la salida de un jugador clave como Viatri. Si hasta ahora costó tanto meter goles, es de imaginar que sin Lucas costará mucho más. Pero si se conserva el aplomo que se viene exhibiendo en cada partido, la seguridad de que se sabe qué se hace, no nos caeremos. ¡Vamos Boca, todavía!
sábado, 8 de octubre de 2011
¿A DÓNDE FUISTE, URU?
Es feo perder incluso los amistosos. En Catamarca, donde Boca fue local, por supuesto, y donde Cacho Laudonio desplegó su show antes del juego, no nos quedó nada. Los suplentes tenían una oportunidad de mostrarse y la verdad es que mucho no mostraron.
Pudo haber sido empate porque Estudiantes tampoco demasiado, aunque ese colombiano Zapata nos complicó en el primer tiempo y por otra parte, Boca no tuvo un armador que manejara la pelota como la manejó Auzqui en ese período. Pero en definitiva, los pinchas le deben la mínima alegría a una salida inexplicable de Sebastián Sosa.
¿A dónde fuiste, Sosita? Será cuestión de echarle la culpa a la falta de competencia pero la verdad, uruguayo, es que debustaste con un error guarango que costó un gol y una derrota (sí, amistosa). Habías salvado bien una antes y después le tapaste un par a Boselli pero de este 8 de octubre nos queda la imagen de esa salida imperdonable.
Da bronca cuando se pierde por lesión a un jugador importante en un amistoso. Son cosas que pasan pero da bronca. A Caruzzo le dolía mucho ese tobillo. Ojalá no sea nada porque es un tipo que hace falta en el banco.
En cuanto a los que no aprovecharon la oportunidad, la lista debe comenzar por el Tano Gracián. Apenas un par de toques profundos en el primer tiempo pero muy escasa participación. Él era el indicado para hacerse cargo del equipo. ¿A éste Gracián tendremos que encomendarnos si en algún momento nos falta Román?
En cuanto a Pochi Chávez, se le había metido entre ceja y ceja patear desde lejos. El gran Carlos Bianchi, para estos casos, tiene para el jugador en cuestión la pregunta más certera: ¿Cuándo hiciste un gol desde ahí? Lo cierto es que Pochi no le acertó nunca al arco. Y otro tipo de llegada Boca casi no tuvo.
Tiramos un montón de centros frontales ante un rival que tenía dos centrales altísimos. Esas son las cosas en que Román no se equivoca jamás. A veces parece como que fuera el único jugador capaz de verlas siendo que son tan claras, que desde afuera se ven tan fáciles.
Pochi y el Tano no se juntaron nunca. Nico Colazo tampoco funcionó, en ningún momento. Peor aún, comprometió cada pelota que jugó. Así, no había manera de llegar. Hubiera sido bueno que el pibe Paredes, una de las joyitas que tenemos entre los juveniles, entrara antes pero Falcioni no es muy amigo de hacer cambios muy temprano, más bien suele demorarlos más de lo aconsejable.
Franco Sosa, otro que está necesitando competencia y al que tenemos que ver, empezó decididamente mal, por su zona se movieron con comodidad Auzqui y Zapata (Pochi, cuando va de 8, ayuda poco en la contención). Mejoró un poquito el tucumano en el segundo tiempo, con algunas apariciones en ataque aunque al cabo, ninguna terminó en nada importante.
Al Paragua Gaona Lugo y Nico Blandi podemos excusarlos porque no recibieron juego adecuadamente. Gaona metió un pique espectacular pero llegó muy jugado a tirar el centro. A Nico, en una del segundo tiempo, le faltó zurda, se tiró al revés y metió la derecha, incómodo.
Veinticinco años esperaron los catamarqueños para ver a Boca en vivo. Por otra parte, fue la primera vez que perdimos en esa provincia. Una lástima, el entusiasmo de esa gente merecía una mejor respuesta pero bueno, pensemos en el Apertura y en Belgrano.
Pudo haber sido empate porque Estudiantes tampoco demasiado, aunque ese colombiano Zapata nos complicó en el primer tiempo y por otra parte, Boca no tuvo un armador que manejara la pelota como la manejó Auzqui en ese período. Pero en definitiva, los pinchas le deben la mínima alegría a una salida inexplicable de Sebastián Sosa.
¿A dónde fuiste, Sosita? Será cuestión de echarle la culpa a la falta de competencia pero la verdad, uruguayo, es que debustaste con un error guarango que costó un gol y una derrota (sí, amistosa). Habías salvado bien una antes y después le tapaste un par a Boselli pero de este 8 de octubre nos queda la imagen de esa salida imperdonable.
Da bronca cuando se pierde por lesión a un jugador importante en un amistoso. Son cosas que pasan pero da bronca. A Caruzzo le dolía mucho ese tobillo. Ojalá no sea nada porque es un tipo que hace falta en el banco.
En cuanto a los que no aprovecharon la oportunidad, la lista debe comenzar por el Tano Gracián. Apenas un par de toques profundos en el primer tiempo pero muy escasa participación. Él era el indicado para hacerse cargo del equipo. ¿A éste Gracián tendremos que encomendarnos si en algún momento nos falta Román?
En cuanto a Pochi Chávez, se le había metido entre ceja y ceja patear desde lejos. El gran Carlos Bianchi, para estos casos, tiene para el jugador en cuestión la pregunta más certera: ¿Cuándo hiciste un gol desde ahí? Lo cierto es que Pochi no le acertó nunca al arco. Y otro tipo de llegada Boca casi no tuvo.
Tiramos un montón de centros frontales ante un rival que tenía dos centrales altísimos. Esas son las cosas en que Román no se equivoca jamás. A veces parece como que fuera el único jugador capaz de verlas siendo que son tan claras, que desde afuera se ven tan fáciles.
Pochi y el Tano no se juntaron nunca. Nico Colazo tampoco funcionó, en ningún momento. Peor aún, comprometió cada pelota que jugó. Así, no había manera de llegar. Hubiera sido bueno que el pibe Paredes, una de las joyitas que tenemos entre los juveniles, entrara antes pero Falcioni no es muy amigo de hacer cambios muy temprano, más bien suele demorarlos más de lo aconsejable.
Franco Sosa, otro que está necesitando competencia y al que tenemos que ver, empezó decididamente mal, por su zona se movieron con comodidad Auzqui y Zapata (Pochi, cuando va de 8, ayuda poco en la contención). Mejoró un poquito el tucumano en el segundo tiempo, con algunas apariciones en ataque aunque al cabo, ninguna terminó en nada importante.
Al Paragua Gaona Lugo y Nico Blandi podemos excusarlos porque no recibieron juego adecuadamente. Gaona metió un pique espectacular pero llegó muy jugado a tirar el centro. A Nico, en una del segundo tiempo, le faltó zurda, se tiró al revés y metió la derecha, incómodo.
Veinticinco años esperaron los catamarqueños para ver a Boca en vivo. Por otra parte, fue la primera vez que perdimos en esa provincia. Una lástima, el entusiasmo de esa gente merecía una mejor respuesta pero bueno, pensemos en el Apertura y en Belgrano.
lunes, 3 de octubre de 2011
CLINC, CAJA
Construido desde atrás hacia delante, como lo aconseja la lógica más elemental. Duro, con esa dureza del Flaco Schiavi, que en los últimos minutos de juego saca aire no se sabe de dónde para llegar antes a esa pelota que flotaba peligrosamente en área propia y mandarla lejos, bien lejos, tan lejos como fuera posible.
Hoy recurrí a mi archivo para refrescar una antigua nota de El Gráfico que no se me borró nunca. Escribió Juvenal, allá por 1964:
“Este Boca no tiene fútbol viejo ni moderno. Este Boca no es ni brillante ni opaco. No sorprende con una genialidad ni desalienta con lo mediocre”…
Acá corresponde ponerles un paréntesis a las analogías. Porque este Boca sí sorprende con una genialidad. De Román, claro, que cuando están todos esperando un centro llovidito le marca al Burro Rivero “andá para allá”. Y allá se la pone, para que el Burro se encuentre con insólito espacio en plena área rival. “Dormimos en un tiro libre”, analizó después el Vasquito Arruabarrena. Si, durmieron. Y a Boca le bastó que durmieran una vez para definir el partido. Porque el Burro la cruzó y Castaño se la llevó por delante. Uno-cero y a cobrar.
Volvamos a aquella nota de 1964: “Este Boca puntero, que no llega a gustar, pero que seguramente será campeón (faltaba menos que ahora, ojalá se haga), tiene su simbolismo desconcertante en un hombre. Tan desconcertante como este mismo Boca. Un hombre que alcanzó el equilibrio entre lo viejo y lo moderno. Que nunca es brillante, pero que tampoco es opaco. Que no es genial, pero tampoco mediocre”.
“Este Boca es Grillo. El Viejo es el símbolo de toda esta cruzada de vigor, de toda esta hazaña de fuerza. La síntesis de toda esta cronología de la angustia que siempre se transforma en victoria, de esta larga agonía de minutos que Boca pelea y pelea hasta que impone su repudio a la derrota”.
Se me ocurrió que el Grillo 2011 es el Flaco Schiavi. Sí, ya sé, el Pelado Grillo era un delantero gambeteador devenido, de veterano, en obrero de la mitad de la cancha. Pero el Flaco es Grillo en cuanto a lo que transmite. Yo era uno de los que quería morirse cuando lo trajeron de vuelta al Flaco, a sus 38 años. Pero el Flaco acomodó a todo el equipo. A su lado, Insaurralde poco tiene que ver con aquel defensor dubitativo, inseguro, repetido autor de foules innecesarios de sus dos primeros campeonatos en Boca. Y Roncaglia cubre la banda con un oficio que antes de empezar el torneo no nos hubiésemos imaginado. Y detrás está Orión que anda tan derecho que hasta cuando se equivoca, la arregla, como esa que le tapó a Echeverría en el arranque del segundo tiempo.
Seamos claros, con aquella “cronología de la angustia” y “larga agonía de minutos” de que se hablaba en 1964, a este Boca sólo lo emparienta la dificultad para definir partidos que debiera definir más cómodo. Y no lo hace. Pasó con Independiente, con los sanjuaninos, con Estudiantes y también con Tigre. Entonces pasa que tenemos que estar con los gobelinos en la garganta hasta el último centro porque es fútbol y nunca se sabe.
La mitad del vaso llena es la autoridad con que Boca maneja el desarrollo contra cualquier rival. Porque Tigre ayer tuvo la pelota durante buena parte del primer tiempo pero, ¿cuándo llegó? Nunca. Y ojo, que Tigre, a lo largo del torneo, venía siendo uno de los equipos con mayor fluidez y frecuencia de llegada. Maggiolo y Luna son delanteros que están jugando un buen Apertura, Morales es un armador que sabe y Martínez es un cinco que juega. Pero con Boca no se los vio.
¿Qué rival, en estas diez fechas, le manejó el partido a Boca? Ninguno. A Olimpo se lo controló enseguida después de un arranque complicado. Newell’s (como Tigre) tuvo mucho tiempo la pelota pero no encontró qué hacer con ella. San Lorenzo nos embocó un tiro libre pero no nos llegó jamás. Lo mismo Lanús (que se encontró con un gol en contra) y Estudiantes. San Martín, raramente, fue el que más y mejor nos llegó pero no como consecuencia de un control de juego sino en acciones aisladas. Argentinos, en su canchita, asustó con unas pocas pelotas cruzadas pero nada más.
El equipo está duro, esta fuerte, está construido desde atrás hacia delante, como lo indica la lógica más elemental. Nunca es opaco y algún pincelazo de Román puede vestirlo de brillante. No puede llamárselo mediocre a un equipo que tiene bajo control todos los partidos. Puede ser ocasionalmente genial de la mano de Román. “El grupo está comprometido”, como no se cansa de repetir Falcioni. El Flaco Schiavi, como escribiera Juvenal sobre el Pelado Grillo, “no estará nunca ‘regalado’ porque no quiere aflojar. Porque no quiere sentirse ‘viejo’, porque cuando los músculos aflojan y el pecho resople de fatiga, saca lo que hay adentro”…
Aquel Boca 1964 recibió quince goles en treinta partidos (cuatro en una sola fecha, la primera, con Atlanta en La Bombonera). Este Boca recibió dos (uno de tiro libre y uno en contra) en diez partidos. Aquel ganó diez veces 1-0. Este lleva cinco. Tiene un Luquitas Viatri al que está costándole encontrar el arco, como a aquél Paulo Valentim que la metió diez veces en las primeras seis fechas y en todas las restantes, nunca más. Pero el gol que hace falta lo mete cualquiera (hasta Castaño, como aquella vez Nemiña en Rosario con Newell’s). El Román de aquél 1964 era el Beto Menéndez. Notable jugador, el Beto, pero en la comparación con Román, pierde, a no dudarlo.
“Este Boca volvió a ganar (…). Con el mismo matiz indefinible de equipo que no gusta, pero que seguramente será campeón”.
Ojalá, Juvenal, ojalá.
Hoy recurrí a mi archivo para refrescar una antigua nota de El Gráfico que no se me borró nunca. Escribió Juvenal, allá por 1964:
“Este Boca no tiene fútbol viejo ni moderno. Este Boca no es ni brillante ni opaco. No sorprende con una genialidad ni desalienta con lo mediocre”…
Acá corresponde ponerles un paréntesis a las analogías. Porque este Boca sí sorprende con una genialidad. De Román, claro, que cuando están todos esperando un centro llovidito le marca al Burro Rivero “andá para allá”. Y allá se la pone, para que el Burro se encuentre con insólito espacio en plena área rival. “Dormimos en un tiro libre”, analizó después el Vasquito Arruabarrena. Si, durmieron. Y a Boca le bastó que durmieran una vez para definir el partido. Porque el Burro la cruzó y Castaño se la llevó por delante. Uno-cero y a cobrar.
Volvamos a aquella nota de 1964: “Este Boca puntero, que no llega a gustar, pero que seguramente será campeón (faltaba menos que ahora, ojalá se haga), tiene su simbolismo desconcertante en un hombre. Tan desconcertante como este mismo Boca. Un hombre que alcanzó el equilibrio entre lo viejo y lo moderno. Que nunca es brillante, pero que tampoco es opaco. Que no es genial, pero tampoco mediocre”.
“Este Boca es Grillo. El Viejo es el símbolo de toda esta cruzada de vigor, de toda esta hazaña de fuerza. La síntesis de toda esta cronología de la angustia que siempre se transforma en victoria, de esta larga agonía de minutos que Boca pelea y pelea hasta que impone su repudio a la derrota”.
Se me ocurrió que el Grillo 2011 es el Flaco Schiavi. Sí, ya sé, el Pelado Grillo era un delantero gambeteador devenido, de veterano, en obrero de la mitad de la cancha. Pero el Flaco es Grillo en cuanto a lo que transmite. Yo era uno de los que quería morirse cuando lo trajeron de vuelta al Flaco, a sus 38 años. Pero el Flaco acomodó a todo el equipo. A su lado, Insaurralde poco tiene que ver con aquel defensor dubitativo, inseguro, repetido autor de foules innecesarios de sus dos primeros campeonatos en Boca. Y Roncaglia cubre la banda con un oficio que antes de empezar el torneo no nos hubiésemos imaginado. Y detrás está Orión que anda tan derecho que hasta cuando se equivoca, la arregla, como esa que le tapó a Echeverría en el arranque del segundo tiempo.
Seamos claros, con aquella “cronología de la angustia” y “larga agonía de minutos” de que se hablaba en 1964, a este Boca sólo lo emparienta la dificultad para definir partidos que debiera definir más cómodo. Y no lo hace. Pasó con Independiente, con los sanjuaninos, con Estudiantes y también con Tigre. Entonces pasa que tenemos que estar con los gobelinos en la garganta hasta el último centro porque es fútbol y nunca se sabe.
La mitad del vaso llena es la autoridad con que Boca maneja el desarrollo contra cualquier rival. Porque Tigre ayer tuvo la pelota durante buena parte del primer tiempo pero, ¿cuándo llegó? Nunca. Y ojo, que Tigre, a lo largo del torneo, venía siendo uno de los equipos con mayor fluidez y frecuencia de llegada. Maggiolo y Luna son delanteros que están jugando un buen Apertura, Morales es un armador que sabe y Martínez es un cinco que juega. Pero con Boca no se los vio.
¿Qué rival, en estas diez fechas, le manejó el partido a Boca? Ninguno. A Olimpo se lo controló enseguida después de un arranque complicado. Newell’s (como Tigre) tuvo mucho tiempo la pelota pero no encontró qué hacer con ella. San Lorenzo nos embocó un tiro libre pero no nos llegó jamás. Lo mismo Lanús (que se encontró con un gol en contra) y Estudiantes. San Martín, raramente, fue el que más y mejor nos llegó pero no como consecuencia de un control de juego sino en acciones aisladas. Argentinos, en su canchita, asustó con unas pocas pelotas cruzadas pero nada más.
El equipo está duro, esta fuerte, está construido desde atrás hacia delante, como lo indica la lógica más elemental. Nunca es opaco y algún pincelazo de Román puede vestirlo de brillante. No puede llamárselo mediocre a un equipo que tiene bajo control todos los partidos. Puede ser ocasionalmente genial de la mano de Román. “El grupo está comprometido”, como no se cansa de repetir Falcioni. El Flaco Schiavi, como escribiera Juvenal sobre el Pelado Grillo, “no estará nunca ‘regalado’ porque no quiere aflojar. Porque no quiere sentirse ‘viejo’, porque cuando los músculos aflojan y el pecho resople de fatiga, saca lo que hay adentro”…
Aquel Boca 1964 recibió quince goles en treinta partidos (cuatro en una sola fecha, la primera, con Atlanta en La Bombonera). Este Boca recibió dos (uno de tiro libre y uno en contra) en diez partidos. Aquel ganó diez veces 1-0. Este lleva cinco. Tiene un Luquitas Viatri al que está costándole encontrar el arco, como a aquél Paulo Valentim que la metió diez veces en las primeras seis fechas y en todas las restantes, nunca más. Pero el gol que hace falta lo mete cualquiera (hasta Castaño, como aquella vez Nemiña en Rosario con Newell’s). El Román de aquél 1964 era el Beto Menéndez. Notable jugador, el Beto, pero en la comparación con Román, pierde, a no dudarlo.
“Este Boca volvió a ganar (…). Con el mismo matiz indefinible de equipo que no gusta, pero que seguramente será campeón”.
Ojalá, Juvenal, ojalá.
lunes, 26 de septiembre de 2011
PEOR ES NADA
Se pudo haber ganado, se pudo haber perdido, se empató. No se jugó bien. Hace a las buenas campañas no perder cuando no se juega bien. Esta noche, o Lanús o Colón se puede poner a tres puntos pero bueno, todas a favor a favor no se pueden dar. Si empatan, mejor, claro está.
No se le encontró la vuelta a la cancha chica, pareciera. Lo que hizo bien Argentinos fue aislar a Román de los demás. No hubo conexión. Muy impreciso, errático Erviti, muy acelerado y chocador el Burro Rivero. Quizá debió haber entrado antes Pochi Chávez, a ver qué pasaba.
Román fue, por lejos, el que más los preocupó pero fue, casi exclusivamente, con su media distancia. Con los tres tiros libres, dos del primer tiempo y uno del segundo, más una de pelota en movimiento, sobre el final del primer tiempo, todas bien resueltas por el arquero.
Un dato muy negativo fue lo mal que jugaron Mouche y Viatri. Pablo, cuando no logra ganar en el uno contra uno, se desdibuja por completo y lo peor es que se enoja, se ofusca, empieza a tomar todas las decisiones incorrectas, quiere pasar por donde no se puede.
Lucas entró, salió, volvió a entrar pero nunca alcanzó importancia en el partido. Ni en el área ni tratando de elaborar desde afuera. La única que hizo bien fue esa que defendió contra tres y la abrió a la derecha para el Pochi, que le pegó alto.
Esa simple acción de un delantero que descarga para la llegada de un volante fue una de las dos maniobras colectivas de ataque que pueden rescatarse de Boca en los noventa minutos. La otra fue la que Nico Colazo metió en el área por abajo, Blandi, de espaldas tocó para atrás y Somoza le pegó por arriba. Muy poco, por cierto. Por no decir casi nada.
Es de valorar que Boca haya recibido sólo dos goles en nueve partidos (uno de tiro libre y otro) en contra. Una vez más, Orión tuvo muy poco trabajo. Pero esta vez algunas fisuras se advirtieron. El Flaco Schiavi no jugó un buen partido, estuvo falto de medida en más de una intervención.
Roncaglia está jugando un buen campeonato, fue un acierto de Falcioni haber pedido que se quedara y haberle dado rodaje y confianza como lateral pero ayer, las tres acciones más claras de gol para Argentinos tuvieron por escenario su zona. Las tres iguales, pelota pasada desde el sector opuesto que cae a sus espaldas. La primera, al comienzo, la de Salcedo. Las otras, sobre el final, las dos de Ramírez. Las tres, no fueron gol de casualidad. Será que andamos derechos. En el Clausura, alguna entraba, seguro.
“Sinovitis”, cantó el parte médico para Román después del partido. Esa puta rodilla izquierda nos sigue preocupando, nos sigue doliendo a todos. Jugó casi 270 minutos en ocho días. No es cuestión, ahora, de decir que debió habérselo cuidado un poco más. No, lo necesitábamos en la cancha y en la cancha estuvo. Vamos a ver cómo sigue la historia pero ahora sí, cuidémoslo.
Pasamos con siete puntos sobre nueve una secuencia de partidos clave. Lanús, que es sin duda uno de los mejores, Estudiantes, que tiene uno de los mejores planteles aunque ande como el orto y Argentinos, cuya cancha siempre supone una dificultad especial por sus dimensiones. La producción, la efectividad, son más que satisfactorias.
Ahora se vienen dos partidos seguidos al calor de La Bombonera pero ojo, son mucho más difíciles de lo que pudiera haberse supuesto cuando empezó el campeonato. El Tigre del Vasquito Arruabarrena les da guerra a todos, ayer remó hasta el final para salvar un punto de un partido que se le había presentado torcido. Después del fin de semana libre, que seguramente vendrá muy bien, Belgrano será recibido como se merece por haber mandado al descenso a los que te jedi. Los cordobeses están sacando puntos por todos lados y tienen a ese Mudo Vázquez que es bueno en serio (un Romancito en potencia, alguna cosa de Angelito Rojas, me encanta, ese Mudito Vázquez).
Lo bueno es que este Boca sabe muy bien -y lo viene demostrando- que ningún partido se gana antes de jugarlo. La actitud y la concentración son siempre las mismas, sea cual fuere el que esté enfrente. Eso es madurez, es oficio, es cualidad propia de los equipos que dejan huella.
No se le encontró la vuelta a la cancha chica, pareciera. Lo que hizo bien Argentinos fue aislar a Román de los demás. No hubo conexión. Muy impreciso, errático Erviti, muy acelerado y chocador el Burro Rivero. Quizá debió haber entrado antes Pochi Chávez, a ver qué pasaba.
Román fue, por lejos, el que más los preocupó pero fue, casi exclusivamente, con su media distancia. Con los tres tiros libres, dos del primer tiempo y uno del segundo, más una de pelota en movimiento, sobre el final del primer tiempo, todas bien resueltas por el arquero.
Un dato muy negativo fue lo mal que jugaron Mouche y Viatri. Pablo, cuando no logra ganar en el uno contra uno, se desdibuja por completo y lo peor es que se enoja, se ofusca, empieza a tomar todas las decisiones incorrectas, quiere pasar por donde no se puede.
Lucas entró, salió, volvió a entrar pero nunca alcanzó importancia en el partido. Ni en el área ni tratando de elaborar desde afuera. La única que hizo bien fue esa que defendió contra tres y la abrió a la derecha para el Pochi, que le pegó alto.
Esa simple acción de un delantero que descarga para la llegada de un volante fue una de las dos maniobras colectivas de ataque que pueden rescatarse de Boca en los noventa minutos. La otra fue la que Nico Colazo metió en el área por abajo, Blandi, de espaldas tocó para atrás y Somoza le pegó por arriba. Muy poco, por cierto. Por no decir casi nada.
Es de valorar que Boca haya recibido sólo dos goles en nueve partidos (uno de tiro libre y otro) en contra. Una vez más, Orión tuvo muy poco trabajo. Pero esta vez algunas fisuras se advirtieron. El Flaco Schiavi no jugó un buen partido, estuvo falto de medida en más de una intervención.
Roncaglia está jugando un buen campeonato, fue un acierto de Falcioni haber pedido que se quedara y haberle dado rodaje y confianza como lateral pero ayer, las tres acciones más claras de gol para Argentinos tuvieron por escenario su zona. Las tres iguales, pelota pasada desde el sector opuesto que cae a sus espaldas. La primera, al comienzo, la de Salcedo. Las otras, sobre el final, las dos de Ramírez. Las tres, no fueron gol de casualidad. Será que andamos derechos. En el Clausura, alguna entraba, seguro.
“Sinovitis”, cantó el parte médico para Román después del partido. Esa puta rodilla izquierda nos sigue preocupando, nos sigue doliendo a todos. Jugó casi 270 minutos en ocho días. No es cuestión, ahora, de decir que debió habérselo cuidado un poco más. No, lo necesitábamos en la cancha y en la cancha estuvo. Vamos a ver cómo sigue la historia pero ahora sí, cuidémoslo.
Pasamos con siete puntos sobre nueve una secuencia de partidos clave. Lanús, que es sin duda uno de los mejores, Estudiantes, que tiene uno de los mejores planteles aunque ande como el orto y Argentinos, cuya cancha siempre supone una dificultad especial por sus dimensiones. La producción, la efectividad, son más que satisfactorias.
Ahora se vienen dos partidos seguidos al calor de La Bombonera pero ojo, son mucho más difíciles de lo que pudiera haberse supuesto cuando empezó el campeonato. El Tigre del Vasquito Arruabarrena les da guerra a todos, ayer remó hasta el final para salvar un punto de un partido que se le había presentado torcido. Después del fin de semana libre, que seguramente vendrá muy bien, Belgrano será recibido como se merece por haber mandado al descenso a los que te jedi. Los cordobeses están sacando puntos por todos lados y tienen a ese Mudo Vázquez que es bueno en serio (un Romancito en potencia, alguna cosa de Angelito Rojas, me encanta, ese Mudito Vázquez).
Lo bueno es que este Boca sabe muy bien -y lo viene demostrando- que ningún partido se gana antes de jugarlo. La actitud y la concentración son siempre las mismas, sea cual fuere el que esté enfrente. Eso es madurez, es oficio, es cualidad propia de los equipos que dejan huella.
viernes, 23 de septiembre de 2011
RI - QUEEEEEEL - ME... RI - QUEEEEEEL - ME...
En verdad, no creí que, por lo que pueda restarme de vida, iba a volver a ver a este Román. Dominante, amo y señor del partido. Jugando y haciendo jugar. Dirigiendo los movimientos de sus compañeros, condicionando los de todos los rivales, imponiéndole presencia hasta al árbitro. Imperativo.
Seguramente, tiene que ver el nivel físico. Esa pretemorada que desde hacía tiempo no podía completar. Pero más, las ganas recuperadas. Algún tipo de paz con sí mismo que le permite sentirse pleno. Porque esta mañana, viernes, en Casa Amarilla, siguió moviéndose a la par de todos. Con Argentinos va a completar tres partidos en ocho días. Y con un Román auténtico en la cancha, se empieza ganando.
Hace pocos días declaró que todavía no sabe si, cuando se retire, va a ser técnico o va a “poner un kiosco”. Perdone, Román, usted será dueño de su vida pero no tiene ningún derecho a privar al fútbol del técnico que está en condiciones de ser. Ese técnico que estamos viendo en cada partido dentro de la cancha. Y ni hablar de cuando habla. ¡Déjese de joder, Román! ¡Si usted es el fútbol! ¡Si el fútbol es usted! Para kiosqueros (o para periodistas o para hinchas) estamos los comunes.
Porque además, personalidad le sobra. Esa personalidad que, desde hace quince años, le permitió siempre ser usted mismo, contra viendo y marea. Que nunca lo arrastrara la correntada. Esa personalidad que siempre le posibilitó diferenciar a sus amigos de los otros y hacérselo notar a los demás. Determinar a la perfección quiénes son sus enemigos. Tenerlos bien ubicados para, quizá paradójicamente, ignorarlos. Con la calidad de la gente de clase. En la cancha o en cualquier otro ámbito.
Falcioni salió a hablar a la puerta del vestuario anoche, apenas finalizado el partido y en cinco parrafadas destacó tres veces a Román. Una primera mirada superficial podría llevar a concluir que es injusto cuando el equipo acababa de plasmar una victoria inobjetable con el esfuerzo de todos. Sin embargo, si sus compañeros son inteligentes (y lo son), nadie podrá molestarse. Román es la bandera.
Ojo, fue nada más que 1 a 0. Para lo que fue el partido, es poco. Se llega al minuto 90 ó 94 con un dejo de incertidumbre. Si por esas cosas te llegan a ensartar en algún momento, quieres morirte ahí mismo. Ahora, resulta que en ciento ochenta minutos, ni Lanús ni Estudiantes nos crearon ni una sola situación de gol concreta (el gol de Lanús, se recuerda, fue apenas una chambonada del Chaco Insaurralde).
Más aún, en ocho fechas, ningún equipo logró atacar a Boca en serio. A todos se los tuvo siempre bajo control. Orión recibió dos goles en lo que va del Apertura, uno de tiro libre y uno en contra. El día que más trabajó fue con San Martín de San Juan, cuando sacó dos pelotas mortales y otras dos más que difíciles. Fuera de eso, muy poco.
Esto habla de un Boca sólido en serio. Hay equipo. Armado desde atrás hacia delante. No es por pasarse de exigente pero si hubiera más gol, ya se podría ir dando por terminado el campeonato. No deja de ser un farol de alarma que, con el absoluto dominio del partido que se tuvo ante Estudiantes, se termine ganando nada más que por un gol. O que haya costado tanto marcar la diferencia contra los sanjuaninos, por ejemplo.
El champagne, si podemos, se descorchará en diciembre pero uno mira para abajo y es poco lo que se ve. Surge Racing como el enemigo natural pero va dejando algunos puntitos, como le pasó en Santa Fe. El domingo tiene un partido bisagra, con San Lorenzo afuera. Justo antes de que nosotros tengamos que salir a plantar bandera en la canchita de Argentinos, que siempre es una cajita de Pandora (Pandora era una mujer, la suerte es grela).
Lanús no parece ser el de hasta hace poco y ni hablar de Vélez y Estudiantes, los otros que, a comienzos de agosto, eran candidatos lógicos. Por ahora, hay que pensar en Argentinos y después, empezar a pensar en Tigre. Así se hace. Ahora, tampoco puede dejar de pensarse que estamos ante una oportunidad como para no dejarla pasar.
Seguramente, tiene que ver el nivel físico. Esa pretemorada que desde hacía tiempo no podía completar. Pero más, las ganas recuperadas. Algún tipo de paz con sí mismo que le permite sentirse pleno. Porque esta mañana, viernes, en Casa Amarilla, siguió moviéndose a la par de todos. Con Argentinos va a completar tres partidos en ocho días. Y con un Román auténtico en la cancha, se empieza ganando.
Hace pocos días declaró que todavía no sabe si, cuando se retire, va a ser técnico o va a “poner un kiosco”. Perdone, Román, usted será dueño de su vida pero no tiene ningún derecho a privar al fútbol del técnico que está en condiciones de ser. Ese técnico que estamos viendo en cada partido dentro de la cancha. Y ni hablar de cuando habla. ¡Déjese de joder, Román! ¡Si usted es el fútbol! ¡Si el fútbol es usted! Para kiosqueros (o para periodistas o para hinchas) estamos los comunes.
Porque además, personalidad le sobra. Esa personalidad que, desde hace quince años, le permitió siempre ser usted mismo, contra viendo y marea. Que nunca lo arrastrara la correntada. Esa personalidad que siempre le posibilitó diferenciar a sus amigos de los otros y hacérselo notar a los demás. Determinar a la perfección quiénes son sus enemigos. Tenerlos bien ubicados para, quizá paradójicamente, ignorarlos. Con la calidad de la gente de clase. En la cancha o en cualquier otro ámbito.
Falcioni salió a hablar a la puerta del vestuario anoche, apenas finalizado el partido y en cinco parrafadas destacó tres veces a Román. Una primera mirada superficial podría llevar a concluir que es injusto cuando el equipo acababa de plasmar una victoria inobjetable con el esfuerzo de todos. Sin embargo, si sus compañeros son inteligentes (y lo son), nadie podrá molestarse. Román es la bandera.
Ojo, fue nada más que 1 a 0. Para lo que fue el partido, es poco. Se llega al minuto 90 ó 94 con un dejo de incertidumbre. Si por esas cosas te llegan a ensartar en algún momento, quieres morirte ahí mismo. Ahora, resulta que en ciento ochenta minutos, ni Lanús ni Estudiantes nos crearon ni una sola situación de gol concreta (el gol de Lanús, se recuerda, fue apenas una chambonada del Chaco Insaurralde).
Más aún, en ocho fechas, ningún equipo logró atacar a Boca en serio. A todos se los tuvo siempre bajo control. Orión recibió dos goles en lo que va del Apertura, uno de tiro libre y uno en contra. El día que más trabajó fue con San Martín de San Juan, cuando sacó dos pelotas mortales y otras dos más que difíciles. Fuera de eso, muy poco.
Esto habla de un Boca sólido en serio. Hay equipo. Armado desde atrás hacia delante. No es por pasarse de exigente pero si hubiera más gol, ya se podría ir dando por terminado el campeonato. No deja de ser un farol de alarma que, con el absoluto dominio del partido que se tuvo ante Estudiantes, se termine ganando nada más que por un gol. O que haya costado tanto marcar la diferencia contra los sanjuaninos, por ejemplo.
El champagne, si podemos, se descorchará en diciembre pero uno mira para abajo y es poco lo que se ve. Surge Racing como el enemigo natural pero va dejando algunos puntitos, como le pasó en Santa Fe. El domingo tiene un partido bisagra, con San Lorenzo afuera. Justo antes de que nosotros tengamos que salir a plantar bandera en la canchita de Argentinos, que siempre es una cajita de Pandora (Pandora era una mujer, la suerte es grela).
Lanús no parece ser el de hasta hace poco y ni hablar de Vélez y Estudiantes, los otros que, a comienzos de agosto, eran candidatos lógicos. Por ahora, hay que pensar en Argentinos y después, empezar a pensar en Tigre. Así se hace. Ahora, tampoco puede dejar de pensarse que estamos ante una oportunidad como para no dejarla pasar.
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