lunes, 29 de agosto de 2011

PUDIMOS HABER PERO NO PUDIMOS

Se debió haber ganado pero no se hicieron los goles. No fue un mal partido de Boca pero se dejaron dos puntos en casa. Lo mejor, la convicción sin renuncios para ir siempre al frente, desde el primer minuto hasta el último. Y la acumulación de unas ocho o diez manifiestas situaciones de gol, que por lo normal reportan un triunfo. Lo peor, algunos desajustes defensivos, permeabilidad en área propia por arriba, errores individuales y cierta desprolijidad en la circulación de pelota.
El Turco Asad lloró en la primera fecha porque Lanús se le metió todo atriqui. Si nosotros fuéramos a llorar por cada uno que se nos mete atriqui, en La Bombonera o afuera, hubiésemos inundado el planeta hace mucho tiempo. Que a San Lorenzo no le haya disgustado el empate desde el principio y que se haya aferrado amorosamente a él durante casi todo el segundo tiempo es cosa de ellos. Que no haya concebido ni una sola maniobra combinada de ataque en todo el partido, también. A nosotros no nos sobró nada en este último rubro, pero algunas intenciones se vieron.
La enorme cagada de Somoza previa al tiro libre y gol de Méndez es uno de esos errores que no pueden excusarse. Arriesgar la pelota allí es incomprensible. Y poco después, habrá sido porque quedó nervioso, se mandó otra parecida que pudo haber costado el partido. El Somoza que llevábamos visto en las tres primeras fechas había crecido muchísimo en relación con el del Clausura pero ayer retrocedió un montón de casilleros.
Otro punto débil fue Roncaglia. Casi siempre cumplidor, Facundo, esta vez le tocó un día de esos que son como para no salir de casa. Salvo esa muy buena jugada que casi termina en gol de Mouche y ese tiro desde lejos que pasó cerca de un palo, sus contactos con la pelota fueron deplorables, sin terminar bien ninguna y con alguna grosería, como ponerla en órbita.
Mouche debió haber estado en la cancha desde mucho antes. Puede aceptarse que, tras el gol, Falcioni le haya dado crédito a Cvitanich, a ver si despega de una vez pero Pablo bien podría haber entrado por un volante. ¡Si ellos estaban cada vez más atrás! Ahí se ve la mano del técnico. Falcioni, definitivamente, no es de correr riesgos y en general, es de hacer los cambios bastante tarde. Claro que ni el ingreso de Mouche ni el de nadie garantiza nada pero un técnico de Boca tiene que saber jugar cartas bravas.
El Gordo Sánchez Miño es una gran promesa, que rinde muy bien en diferentes posiciones pero no se entendió bien por qué entró en ese momento. Es cierto que Erviti, después de empezar más o menos bien, se había apagado pero Sánchez Miño, sobre la raya, tapaba la subida de Clemente, que volvió a ser una de las mejores armas con que contamos.
Buen partido de Clemente, buen campeonato. En el Clausura parecía haber perdido velocidad pero no, se ve que era un tema físico pasajero. Está como en sus mejores momentos y en buena sintonía con Román.
Román no brilló, llegó con lo justo por esa contractura que se le presentó el miércoles por la tarde (no se puede ser tan boludo de meterle dos días seguidos de doble turno a Román) pero hizo su aporte. Como corresponde, las jugadas mejor pensadas partieron de su cerebro y de su pie derecho. Ha jugado los cuatro partidos completos, está para dar el salto en cualquier momento, lo esperamos, lo conocemos de sobra.
Si Román da el salto que viene insinuando, no se lo tome como jactancia desmesurada pero hasta podríamos matar. Porque él puede marcar una diferencia muy sensible en este campeonato que, por ahora, no presenta ningún candidato firme (nosotros estamos en la bolsa). Vélez, sin Moralez, Ricki Álvarez y ahora Silva, es uno más. Con Lanús, otro que parecía armadito, por ahora no pasa nada. Estudiantes, el otro al que cabía respetar por antecedentes inmediatos y porque parecía haberse reforzado bien, arrancó impensadamente mal. ¡Y va primero Atlético de Rafaela!

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿QUÉ TROLE HAY QUE TOMAR?

¿Qué hacemos en diciembre? No me gusta ninguno de los nombres que andan circulando. Si el Gordo Ameal se presentara, soy capaz de votarlo. No fue la suya una buena presidencia sino más bien todo lo conrario pero seamos benévolos, al morir Pompilio heredó una comisión que no lo respaldó nunca. Si pudiera formar una comisión que se encolumne detrás de él en serio, habría que ver si funciona o no. Es buen tipo. El problema es que, por ahora, está pareciendo que ni va a presentarse. No tiene agrupación propia. Ojo, si se presenta, algunas posibilidades tiene. Cuenta con un nada desdeñable piso de votos en Interior (donde cumplió una muy buena gestión durante la presidencia de Macri) y en Vitalicios ("es el único presidente que nos dio bola", me dicen muchos).
José Beraldi y Carozo Crespi que no se hagan los boludos. Si la actual conducción fue un fracaso, como se pretende, ellos no pueden levársela de arriba, son parte. Acá lo que está claro es que no se acertó con el manejo del fútbol y por eso van para tres años que no ganamos nada.
Beraldi va con Oscar Vicente, que fue secretario en los comienzos de la presidencia de Ameal y renunció al poco tiempo. No me convence, Beraldi. Algunos pillos periodistas están haciéndole campaña pero el tipo, durante sus tres años de gestión como vicepresidente, no parece que haya trabajado para Boca sino para él mismo.
Otro tanto puede decirse de Crespi, que por lo que parece, va a ir detrás de Orlando Salvestrini. Ya le había pasado a Crespi, antes de 2007, que hizo campaña durante tres años y a último momento tuvo que bajarse y ponerse detrás de Pompilio, porque se quedaba sin nada. Como no le aprobaron su nueva agrupación, anduvo en algún coqueteo con Digón y ahora se juntó con Salvestrini.
A Salvestrini puede respetárselo como tesorero de Macri y por su gestión al frente del básquet por esos años pero yo no me olvido de aquella vez que sugirió que los jugadores tenían que ir al psicólogo, antes de la semifinal de la Libertadores 2001. El Patrón Bermúdez, Chicho Serna y toda la banda lo dejaron en ridículo. En primer término, eligió un muy mal momento para pelearse con los jugadores y en segundo término, quedó como un grandísimo pelotudo. En 2007 iba a presentar candidatura pero no le dieron los nùmeros y se bajó. Esta vez tampoco iban a darle los números si no se juntaba con Crespi. Carozo le va a aportar votos al menos como para que esta vez pueda presentarse pero igual, no creo que le alcance para ganar.
Y Angelici, ¿de dónde salió? Es muy evidente que no es otra cosa que un delfín de Macri. Algún lengua larga me dijo que es hincha de Huracán pero no me consta. No quería hacerle contrato por cuatro años a Riquelme porque así se lo indicó Macri. Mauri nunca le perdonó a Román aquel desplante del Topo Gigio. Es cierto que en 2007 lo fue a buscar pero fue por una cuestión de necesidad y urgencia. Después del insólito Apertura 2006 que perdimos con Estudiantes, para Mauri, que estaba en plena campaña para ser jefe de Gobierno, era imperativo que Boca ganara la Libertadores. Entonces se bajó los pantalones y lo trajo a Román de España por seis meses.
Angelici, Daniel o "El Tano", como se hace llamar, está moviendo toneladas de guita en campaña. Me da miedo que pueda ganar. No me gusta la idea de un presidente que no tenga peso propio, que sea un representante de Mauri, que al club se lo maneje desde Plaza de Mayo, por control remoto. Ahora se le juntó el Pelado London, que tiene detrás a una agrupación, Resurgimiento Boquense, con algún peso electoral. Después de que Ameal lo sacara de la conducción de Fútbol Profesional y de quedarse sin el premio consuelo de Fútbol Amateur (porque se peleó con les hermanos Beraldi), el Pelado reaccionó como una adolescente despechada e histérica: cruzó la calle y se fue con Angelici. ¡Mi madre, los dirigentes que tenemos!
Por ahí anda, listo para presentar candidatura nuevamente, el veterano Roberto Secundino Digón, que no se rinde. Tipo con las mañas propias del viejo sindicalismo criollo. Fue ocho años vicepresidente de Macri y cuando Mauri lo echó, empezó a tirarle mierda públicamente. ¿En qué momento, a lo largo de esos ocho años, habrá llegado a la conclusión de que Macri era un hijo de puta? Cuanto menos, debe decirse que tardó mucho. Tiene su caudalcito de votos, Secundino, pero tapoco parece que vaya a alcanzarle.
El otro nombre que sigue dando vueltas es el de Horacio Paolini pero no, ni llega a diciembre. Está gastando guita en campaña al absoluto pedo. Y difícilmente vayan a aceptarlo como integrante de alguna otra lista porque Paolini no es nada, Paolini significa un solo voto, el suyo.
De veras, tengo la horrible sensación de que Ameal es el menos malo de todos. Pero ni se sabe si va a presentarse y en caso de que se presente, ni siquiera estoy seguro de votarlo. Dependerá en mucho, como siempre, de la campaña del equipo. Tengo hasta el 4 de diciembre para pensar pero estoy desorientao y sin saber qué trole hay que tomar para seguir. En serio, no me había pasado nunca en cuarenta años.

MIS VIEJAS ELECCIONES

Van a cumplirse en diciembre cuarenta años de la primera vez que voté en Boca y la verdad es que nunca estuve tan desconcertado como ahora. En realidad, la mayoría de las veces tuve el voto definido desde mucho antes.
En aquel debut, a mis 19 añitos, lo voté al Puma Arando, of course. No había duda ni contra. El candidato opositor, único, era un tal Petrone, por la Agrupación La Bombonera, la que lideraba el inefable Pirulo Abbatangelo.
En el '74 la cosa pintaba más fulera. El Puma Armando estaba desgastado, le habían renunciado los dos vicepresidentes, Fernando Mitjans y Miguel Zappino. El lopezreguismo, en su mejor momento, lo quería borrar. El periodismo en general, como siempre, respondía al poder de turno, por lo que sin mucho disimulo le hacía campaña a la oposición. La Bombonera presentó como candidato por primera vez a Martín Noel, que tenía un alto cargo en la AFA, a cuyo frente estaba David Bracutto, ubicado allí por los poderosos gremios peronistas. A último momento se presentó una tercera lista, encabezada por Augusto César Haddad, un empresario inmobiliario a quien llamaban "Charles Bronson", casado con Elvira Porcel, la rubia tetona de La Revista Dislocada y Telecómicos.
La excelente campaña del equipo, que había ganado con comodidad su zona del Nacional, ayudó al Puma, que obtuvo el triunfo por una diferencia mucho mayor de lo que cabía suponer. Noel quedó realmente lejos y Haddad sacó menos votos que el total de personas que componían su lista (es decir que no se votaron ni ellos).
En el '77 no pasaba nada. Boca acababa de ganar su primera Libertadores así que al Puma no había con qué darle. La Bombonera, insistente, presentó como candidato a Miguel Ángel Chío, un dentista de La Boca. Fue un paseo para don Alberto.
La del '80 fue, que yo recuerde, la unica elección a la cual se presentaron cuatro listas. El Puma no se presentó. Gran parte del año había estado de licencia. Estaba jaqueado por el entonces todopoderoso hijo de mil putas y asesino de Lacoste, a quien en voz baja llamábamos El Capitán Piluso (no era tiempo de hacer chistes en voz alta sobre los milicos). Lo cierto es que el periodismo, of course, respondía a Lacoste, el padre del Mundial '78 (hasta meo, junto con otros milicos, en los controles antidoping, el reventado).
El candidato preferido por Lacoste parecía ser Pedro Orgambide, padre, que en algún momento había sido vice del Puma y se había ido. La Bombonera repitió con Noel. Yo voté, pero sin ninguna esperanza, al Mosca Miguel de Riglos, que había sido presidente del 56 al '59, tenía la bendición de Armando y llevaba como candidato a vice a Luis Bortnik, secretario general y mano derecha del Puma durante muchos años. Y la cuarta lista la encabezó Luis Conde, otro que había sido vice del Puma y se había ido a las puteadas.
Me sorprendió que ganara Noel, yo pensé que ganaba Orgambide. La elección se resolvió, en gran parte, con los votos del barrio. La Bombonera, por influencia de Abbatangelo, siempre tuvo buen caudal votante en La Boca. Orgambide entró segundo, el Mosca tercero y Conde, último.
Pirulo Abbatangelo se había pasado veinte años depotricando por los manejos del Puma y cuando agarró el volante él con su gente, entre lo que costó Maradona, la devaluación del peso y la crisis econòmica del país todo, nos fuimos a los caños. Sobre el final de los tres años de gobierno, aparecieron el Viejo Alegre para poner guita y Heller para poner algo de orden en los números.
Lo cierto es que para las elecciones del '83, Noel, que como presidente no había sido otra cosa que una figura decorativa, ni se presentó. Ni Alegre ni Heller tenían la antigûedad necesaria como socios por lo que el candidato a presidente por el oficialismo fue, finalmente, el empresario Oscar Pastor Magdalena.
El principal candidato opositor fue un personaje siniestro, Domingo Agustín Corigliano, que como integrante de la subcomisión de fútbol había sido el ideólogo de la contratación de Maradona y después había renunciado. Por segunda vez consecutiva también se presentó Conde como candidato.
Voté a Magdalena porque Alegre y Heller, que estaban detrás, me parecían confiables pero sabía que era difícil. Pensaba que había alguna posibilidad de ganar si se sacaba suficiente ventaja en vitalicios y en las mesas de activos más antiguos. Empezó el escrutinio por vitalicios y ganaba Magdalena pero por poco. Me di cuenta de que no bastaba. En activos se dio vuelta y ganó Coriglaino. Conde, una vez más, último.
Después del desastre que hizo Corigliano, de la intervención del club a cargo de Federico Polak y de la asunción de Alegre por consenso de todas las agrupaciones, en diciembre de 1986 me decidií por votar a Alegre. La oposición presentó al Puma Armando, a quien yo veneraba pero no me gustaba cómo venía la mano. El Puma estaba viejo (murió dos años después) y oh, las bellezas de la política, detrás suyo iban Conde y Mitjans, dos que habían sido vicepresidentes suyos y habían renunciado antes de finalizar sus mandatos, llamándolo ladrón, tirano y de todo menos bonito. La 12 hizo abierta campaña por el Puma pero el tándem Alegre-Heller había hecho las cosas bien. Habìa sacado al club de la peor crisis de su historia y lo había puesto de pie. La gente, por suerte, mayoritariamente pensó como yo. Ganaron Alegre y Heller.
En 1989 no había problema. Estaba claro que Alegre ganaba fácil. El candidato opositor fue Luisito Saadi, nepote catamarqueño y diputado de la Nación, en ese momento. Saadi había sido socio en su juventud por muy poco tiempo y después no pagó más la cuota. Cuando se le ocurrió ser presidente, pagó como veinte años o más, todos juntos. Personas Jurídicas dijo que estaba bien, que no había ninguna anormalidad. ¡Qué país de mierda! Con Saadi estaba Héctor Martínez Sosa, que había sido tesorero de Corigliano y renunció al poco tiempo, después estuvo en los primeros tiempos de Alegre y se fue de nuevo. Era un bicho propulsor de proyectos faraónicos, como el de techar La Bombonera. "Primero tapemos las goteras", le había dicho el Viejo Alegre. Como se preveía, la gente no se dejó engatusar por el chanta de Saadi y sus secuaces.
Tampoco hubo carrera en 1992. De nuevo, Alegre mató. Se llegó a la elección con el equipo en la punta, sueño de todos los oficialismos. El candidato opositor fue Ubaldo Eloy Payá, un tipo del norte del gran Buenos Aires, dueño de pases de jugadores. ¡Mamita! Si desde fuera era dueño de jugadores, mejor ni pensemos lo que podía llegar a hacer en caso de que lo eligieran presidente.
Así llegamos al '95. Macri había hecho un bardo impresionante durante la campaña, tenía muchos periodistas que le respondían. Sin embargo, yo no pensé que iba a ganar ni mucho menos por la ventaja con que lo hizo. Habría que ver cuantos antecedentes puede haber en la historia de que un oficialismo pierda la elección con el equipo en el primer puesto, como les pasó a Alegre y Heller.
En el '99 (ya se había modificado el estatuto y los períodos presidenciales eran de cuatro años) me di vuelta. Cuatro años antes había votado a Alegre pero cuatro años después, cuando el Viejo se presentó como opositor, voté a Macri. Boca venía de ganar sus dos primeros campeonatos con Bianchi, no había por qué cambiar la conducción del club.
Hubieron de pasar casi nueve años hasta que volvió a haber elecciones en Boca. En 2003 no hubo oposición porque le bajaron a lista a Roberto Digón, por falta de avales. En el 2007 volvió a pasar lo mismo pero Digón se presentó a la justicia para cuestionar los avales que había presentado el oficialismo y se dictaminó que había que hacer elecciones. Pedro Pompilio, tras asumir la presidencia en diciembre de 2007, tuvo que devolvérsela por poco tiempo a Macri, que ya era jefe de Gobierno. Finalmente se hicieron las elecciones en junio de 2008 y tal como era de imaginar, Pompilio le ganó cómodo a Digón, con más del setenta por ciento de los votos. Boca venía de ganar dieciséis títulos en doce años, ¡qué íbamos a votar a la oposición! ¡Qué fácil fue elegir! ¡Qué distinto a lo de ahora!



lunes, 22 de agosto de 2011

TRIUNFAZO, A NO DUDARLO

Vale más, mucho más de lo que una primera mirada superficial pudiera hacer suponer. Más allá de la importancia en sí mismo del resultado y de lo que significa un escenario históricamente difícil, lo cierto es que el equipo aguantó un partido duro, cerrado, peligroso y capitalizó una de las pocas oportunidades con que contó para definirlo. Eso cuenta.
Por otra parte, lo definió con un gol impecable, en el minuto 86, en que se combinaron tres virtudes fundamentales: paciencia, imaginación y precisión. Porque la pelota arrancó en Orión, pasó por Clemente, por Román, por Somoza, por Viatri y terminó en Mouche. Que el arquero salga corto por un costado es una apuesta riesgosa pero se la hizo sin complejos, con seguridad, aprovechando que el rival ya no metía presión arriba como lo había hecho en varios pasajes del juego. Román se llevó gente para el costado y así, Somoza encontró tiempo y espacio por el medio. Y metió el pase vertical. ¿Cuántas veces, durante el Clausura, en circunstancias parecidas, Somoza terminaba por dividir la pelota? Esta vez, no. Fue limpia a un compañero.
El movimiento o mejor dicho, los movimientos de Viatri muestran lo que es Viatri. Salió del área para fabricar un claro. Además, recibió y como quien no quiere la cosa, puso una asistencia monumental, perfecta, que fue a encontrarse con la diagonal de Pablo (quien fue a ocupar el lugar que le había abierto Lucas). Y Pablo, que siempre tiene el arco entre ceja y ceja, ni pensó en su condición de zurdo, ensayó la media vuelta de derecha sin dubitación alguna. Le salió medio mordida pero justita, al ras, sin despegarla del piso, pegadita al palo. Inmejorable, además, en tiempo, porque no permitió que el defensor que iba con él lo tapara y dejó a Peratta, que salía, propiamente en bolas, sin posibilidad de reacción. Un gran gol de punta a punta.
Por ahora, Pablo es más que Cvitanich. Llegando desde el banco, con menos minutos, produjo más. Cvita apareció poco en el primer tiempo y tuvo un buen comienzo en el segundo, en esos pocos minutos que fueron de lo mejor de Boca en el partido, con el cabezazo alto de Lucas y la llegada franca de Chávez (porque en el primer tiempo, salvo esa muy buena y sorpresiva media distancia de Lucas que salvó Peratta, no habíamos llegado). Después, Cvita volvió a apagarse. Estaba claro que iba a ser el primer cambio, más por lo disminuido que había quedado el banco, con Pochi de titular por la baja del Burro Rivero y Nico Colazo fuera de circulación (maldito desgarro, una lástima).
Fue un partido feo muchas veces, complicado en todo momento. Newell’s salió con la idea de apretar bien arriba y por momentos lo logró pero a su vez, le costó hallar profundidad. Y hubo unas pocas apariciones de Orión que fueron vitales, la de Figueroa y la de Sperduti. También la del segundo tiempo en que lo apuró a Tito Noir y no le permitió definir con comodidad. En este breve segmento que va de campeonato, hubo arquero. Necesitamos volver a tener arquero, como lo marca la historia de Boca.
¡Qué buen dato no tener goles en contra en tres partidos! El Flaco Schiavi y el Chaco Insaurralde son campo minado, rudos como Marante-Valussi (o después De Zorzi), como Colman-Edwards, como Silvero Silveira. Ojo, no es que este gil se desdiga de lo que pensaba hasta hace muy poco del regreso del Flaco. Tanto el Flaco como Insaurralde estaban amonestados -y bien- desde el primer tiempo. Es un detalle para no pasar por alto. Cuando tienen que salir lejos son lentos, quedan expuestos. El punto positivo es que están teniendo que salir lejos muy pocas veces. Veremos qué pasa cuando nos aparezca un rival que encuentre la manera de atacar en serio. Pero vale apuntar que Boca, por ahora, no ha ofrecido, mayormente, puntos vulnerables para que se lo ataque en serio.
Hubo dos jugadas en las que el fondo quedó mal parado. Una, el cabezazo alto de Vangioni, limpito, por arriba del travesaño. Porque el que lo acompañaba y no saltó con él fue Pochi Chávez. Roncaglia (siempre cumplidor) había tenido que cerrar y Pochi, elogiable por voluntad y por el esfuerzo que pone día a día para aprender el oficio de carrilero, bajó hasta donde tenía que bajar pero sigue siendo un jugador con alma de enganche que, por necesidad, tiene que jugar de otra cosa. Ni siquiera atinó a molestarlo a Vangioni, moverlo, bajarle -disimuladamente- los pantalones, algo…
La otra fue esa aparición de Figueroa mano a mano con Orión, que lo tapó muy bien. Los centrales habían quedado fuera de posición. Al margen del mérito de Orión, Figueroa no definió bien pero fue una llegada muy clara. Alguna vez puede pasar, lo que importa es que no se repita con frecuencia.
Hay indicios de equipo sólido. Capaz de trabajar el partido y de abrocharlo cuando se puede. No gastemos a cuenta porque la desilusión de Bahía Blanca fue hace apenas quince días y porque la explosión de Unión debe tomarse con las pinzas que supone un rival en adaptación a la categoría que va a La Bombonera. Ahora vienen los cuervos y después, Independiente en Avellaneda. ¿Dos fechas bisagra? Y, sí, dentro de dos semanas vamos a saber mucho mejor dónde estamos parados y hacia donde vamos. Por ahora, miramos desde arriba. ¡Cómo lo extrañábamos!
Además, ganamos en Rosario, qué joder. Siempre implica un plus. Lamentando, una vez más, ese posmodernismo decadente que significa ver a La Doce (la hinchada de Boca, en sentido amplio, no los barras) apretada en un rinconcito. En el Parque de la Independencia, en tiempos mejores, nos daban toda la lateral opuesta a la platea principal. Esta vez, al gil que escribe le dieron un acceso a estadio y a vestuarios pero sin ubicación determinada, así que terminó en la platea de Newell’s. Calladito, aguantó. Al final, a los únicos que se oyó gritar fue a los de Boca. El gol de Pablo acalló a todos los demás.
Pequeña anécdota personal pero que al gil que escribe le hizo bien. Después del partido, en la terminal de ómnibus, iba rumbo a la plataforma correspondiente para emprender el viaje de regreso, mientras masticaba un alfajor y escuchó: ¡Seguí comienzo, gordo!”. Era “La Tía”, una hincha veterana, viuda, madre y abuela, infaltable, por todos conocida y a quien todos en Casa Amarilla, comenzando por los jugadores, llaman “Tía”. El gil que escribe le dio un beso en la mejilla y preguntó: “¿Qué viniste a hacer a Rosario?”. Y, sí, Boca nos lleva juntos a todos lados.

martes, 16 de agosto de 2011

ASÍ SÍ

Debió haberse definido antes pero no seamos insaciables: fue una sólida producción la de Boca. Sin fisuras. El rival nunca encontró profundidad y debe haber sido por carencias propias, sí, pero también porque Boca estuvo bien estructurado y no ofreció puntos débiles.
Gran partido de Román y cuando Román es Román, por supuesto, todo se hace más fácil. Empezó a todo ritmo y terminó a todo ritmo. Apenas se tomó un razonable descanso durante un buen rato desde el comienzo del segundo tiempo y no es casualidad, fue el momento en que la noche amagó con complicarse.
Es evidente que, con Erviti en la cancha, la idea de Falcioni es que Román juegue preferentemente recostado sobre izquierda, Erviti se acerque a Somoza y quede el callejón libre para que suba Clemente. Esta vez funcionó, a la perfección casi.
Buen primer tiempo de Erviti. Con el plus de ese taco magistral que metió, impecable en tiempo y forma, para el primer gol de Viatri. Y Clemente fue el tren bala por su costado. En los últimos tiempos parecía haber perdido una marcha pero anoche las tuvo todas. A veces se nubla un poco cuando llega a los últimos metros pero bueno, tanto no puede pedírsele.
Necesitaba Luquitas Viatri un partido así. El gol antes del minuto, que facilitó todo. Y el otro, el que definió el partido. En el medio, poco antes del segundo, se perdió uno difícil de explicar pero es que la pelota lo tomó parado al revés. Metió una en el travesaño y otra se la sacó el arquero.
La sombra de Martín va a estar siempre. Para él y para los que sigan. Debemos esperar que Lucas sea lo suficientemente inteligente y maduro como para no jugar contra la sombra de Martín sino que, nada más, juegue de Viatri. Con eso debe bastar porque es un delantero de enormes condiciones. Esta vez, sobró.
Otro que funcionó muy bien fue Somoza, al margen de dos distracciones puntuales en que, además, nadie le gritó y se la afanaron de atrás. Pero siempre bien parado, dominante, como queremos ver siempre al 5 de Boca. Y atinado y agudo en las entregas. Puso pelotas bien profundas y con precisión.
Esos veinte minutos que jugó Nico Colazo fueron inmejorables. Imparable por la izquierda, con centros siempre peligrosos, una irreprochable asistencia a Lucas en el segundo y para rematarla, ese golazo propio con que coronó la goleada.
Otra evidencia es que, según esté en la cancha Erviti o esté Colazo, Boca funciona de distinta manera. Como ya se apuntó, Erviti cierra su línea, Román se abre y queda el callejón para Clemente. Nico se pega a la raya, con lo que Román va hacia adentro y para que pueda pasar Clemente hace falta una coordinación más compleja. Pero por suerte, esta vez las dos alternativas funcionaron, como para hacer ver que hay variantes.
También vale la mención para Pablito Mouche, que estuvo poco tiempo en cancha pero en la previa al gol de Román, arrancó para adentro con su polenta habitual y antes de terminar la jugada hizo lo que muchas veces no hace: levantó la cabeza, miró y entonces pudo hacer la mejor entrega, inmaculada.
El fútbol siempre será mejor en la cancha que en cualquier otro lado pero… ¡Qué delicia volver a ver el gol de Román con la cámara de atrás del arco! ¡Quién pudiera haberle pegado alguna vez así! La curvita justa, para que el arquero no llegue y se meta junto al palo, una exquisitez propia de Román.
A propósito, intensa campaña electoral de Angelici. Vistosas promotoras de pollerita azul, una carpeta con un CD, bufanda, un ingenioso y simpático “pasaporte bostero” con el fixture... Por de pronto, se ve que mueve mucha más guita que los demás precandidatos a la presidencia. No nos iremos a olvidar de que Angelici, monitoreado por MM, quería echarlo a Román… ¿No?
En fin, que fue una noche como para que nos entusiasmemos. Ahora, lo que necesitamos, Falcioni, es regularidad. No vaya a ser que el domingo, en Rosario, nos parezcamos más al Boca de Bahía Blanca que al de anoche. La secuencia de resultados es la que da confianza. Que llevemos doce partidos oficiales sin perder no significa mucho si seis fueron empates, Falcioni. Hay que ganar. Pero para ganar, hay que lograr rendimientos como el de anoche. Repetirlos. Hacerlos frecuentes. Que se pueda.

lunes, 8 de agosto de 2011

NADA

Bello tango, Nada. Una de las tantas finas poesías de Horacio Sanguinetti (Tristeza Marina, El Barco María, Moneda de Cobre, Milonga para Gardel, Gitana Rusa, Mañana no estarás, La Canción de mis Tristezas, Era en otro Buenos Aires, Barro), sensible pluma no debidamente reconocida.
Con música de José Dames (Fuimos, Tú, Tristeza Marina, Horizonte Azul, Brindemos en Silencio), exquisito bandoneonista a quien este gil que escribe tuvo el privilegio de conocer, presentado por Osvaldo Ardizzone. Ya grande en todo sentido, tocaba el fueye en un bolichito del Bajo, con un traje gastado y una corbata brillosa.
Lástima que, para el caso, la referencia a tan hermosa composición, Nada, surja para tratar de pintar un partido de fútbol tan vació, tan inexpresivo, tan difícil de aceptar como el que jugó Boca en Bahía Blanca. Nada.
No es de extrañar, ya es un hábito que, al cabo de presentaciones tan fallidas, Falcioni salga del vestuario a decir naderías. Que bueno, que en fin, que en el segundo tiempo Boca “fue más protagonista”, que fue “de menor a mayor”... Sí sorprende que sea Román quien le eche la culpa a la cancha.
No, maestro. Usted sabe más de fútbol que casi todos los mortales. Es fácil comprender la frustración, la irritación que debe generarle a un artista de sus calidades tener que lidiar contra un terreno tan irregular, además de las reducidas dimensiones del estadio de Olimpo. Pero hay evidencias, sobradas, de que aun en tales circunstancias se puede –se debe- jugar mejor, mucho mejor.
Y es verdad que “cuando no se puede ganar hay que empatar” pero suena demasiado conformista si el que lo dice es usted, que a lo largo de su trayectoria se ha preocupado por darle al juego un contenido, un valor estético por encima de la siempre prioritaria y acuciante necesidad de sumar resultados.
A los diez segundos pudimos haber estado perdiendo. Se la llevaron medio a los empujones pero porque ellos empujaron más que los nuestros. La jugada terminó con un remate de Rolle que menos mal que Orión cantó presente. Porque si de arranque quedábamos 0-1, visto lo que después iba a suceder, es de suponer lo que hubiese costado la remontada.
En todo el partido Boca produjo una sola acción de ataque conjunta bien pensada y armada. Esa del primer tiempo en que se juntaron Román, Viatri y Clemente, hubo un rebote y Cvitanich terminó pateando apenas desviado. La única.
De Román, bueno, es cierto que la cancha está muy mala pero ese tiro libre en que casi la manda afuera del estadio y esos dos pases fáciles en que le erró al compañero como por diez metros…
Viatri no es Palermo. Por sus características, por conformación técnica, él tiene que salir más del área pero no por tanto tiempo. Se lo necesita más adentro. Claro que, para que su presencia en los últimos metros tenga sentido y peso, será necesario también que aparezca gente que rompa por los costados. Un par de veces lo hizo Clemente pero no bastó. En su primera participación, a continuación de su ingreso, lo hizo una vez Colazo. La terminó con un centro horrendo (sí, la cancha) pero fue más de lo que hizo Erviti con más de una hora.
Del otro lado, Roncaglia nunca (una vez Román le marcó el pase y él ni se dio cuenta). El Burro Rivero mejoró en el segundo tiempo pero no las terminó bien. A Mouche, en el ratito que entró, se lo vio más decidido que Cvitanich pero en definitiva tampoco pasó nada.
En partidos como éste, hay una pregunta sin respuesta que resulta muy significativa, muy ilustrativa: ¿Cómo atajará el arquero de ellos? Porque Orión salvó “in extremis” esa de los primeros segundos pero… ¿Y Tombolini?
Lo peor es que este partido no viene descolgado. Se inscribe en una ya larga y pesada historia de presentaciones de Boca con “Sabor a Nada” (Palito Ortega no será Sanguinetti ni Dames pero tiene lo suyo, no vaya a creer). Es más de este contexto de decadencia que nos envuelve y del que no escapamos aunque pase el tiempo.
El gil que escribe durmió poco en el viaje de regreso desde Bahía Blanca. Gran parte de las ocho horas y treinta y cinco minutos hasta Retiro (mucho quilombo en General Paz, Autopista y el Bajo, la puta que lo parió) las consumió repasando escenas y tratando de imaginar salidas que no se ven con claridad, no se avizoran.
Como conclusión regresó a la memoria aquella expresión que Gabriel García Márquez puso en boca de Simón Bolívar, ya a punto de morir: “Carajos. ¡Cómo voy a salir de este laberinto!”.
Carajos. ¿Cómo vamos a salir de este laberinto?