Van a cumplirse en diciembre cuarenta años de la primera vez que voté en Boca y la verdad es que nunca estuve tan desconcertado como ahora. En realidad, la mayoría de las veces tuve el voto definido desde mucho antes.
En aquel debut, a mis 19 añitos, lo voté al Puma Arando, of course. No había duda ni contra. El candidato opositor, único, era un tal Petrone, por la Agrupación La Bombonera, la que lideraba el inefable Pirulo Abbatangelo.
En el '74 la cosa pintaba más fulera. El Puma Armando estaba desgastado, le habían renunciado los dos vicepresidentes, Fernando Mitjans y Miguel Zappino. El lopezreguismo, en su mejor momento, lo quería borrar. El periodismo en general, como siempre, respondía al poder de turno, por lo que sin mucho disimulo le hacía campaña a la oposición. La Bombonera presentó como candidato por primera vez a Martín Noel, que tenía un alto cargo en la AFA, a cuyo frente estaba David Bracutto, ubicado allí por los poderosos gremios peronistas. A último momento se presentó una tercera lista, encabezada por Augusto César Haddad, un empresario inmobiliario a quien llamaban "Charles Bronson", casado con Elvira Porcel, la rubia tetona de La Revista Dislocada y Telecómicos.
La excelente campaña del equipo, que había ganado con comodidad su zona del Nacional, ayudó al Puma, que obtuvo el triunfo por una diferencia mucho mayor de lo que cabía suponer. Noel quedó realmente lejos y Haddad sacó menos votos que el total de personas que componían su lista (es decir que no se votaron ni ellos).
En el '77 no pasaba nada. Boca acababa de ganar su primera Libertadores así que al Puma no había con qué darle. La Bombonera, insistente, presentó como candidato a Miguel Ángel Chío, un dentista de La Boca. Fue un paseo para don Alberto.
La del '80 fue, que yo recuerde, la unica elección a la cual se presentaron cuatro listas. El Puma no se presentó. Gran parte del año había estado de licencia. Estaba jaqueado por el entonces todopoderoso hijo de mil putas y asesino de Lacoste, a quien en voz baja llamábamos El Capitán Piluso (no era tiempo de hacer chistes en voz alta sobre los milicos). Lo cierto es que el periodismo, of course, respondía a Lacoste, el padre del Mundial '78 (hasta meo, junto con otros milicos, en los controles antidoping, el reventado).
El candidato preferido por Lacoste parecía ser Pedro Orgambide, padre, que en algún momento había sido vice del Puma y se había ido. La Bombonera repitió con Noel. Yo voté, pero sin ninguna esperanza, al Mosca Miguel de Riglos, que había sido presidente del 56 al '59, tenía la bendición de Armando y llevaba como candidato a vice a Luis Bortnik, secretario general y mano derecha del Puma durante muchos años. Y la cuarta lista la encabezó Luis Conde, otro que había sido vice del Puma y se había ido a las puteadas.
Me sorprendió que ganara Noel, yo pensé que ganaba Orgambide. La elección se resolvió, en gran parte, con los votos del barrio. La Bombonera, por influencia de Abbatangelo, siempre tuvo buen caudal votante en La Boca. Orgambide entró segundo, el Mosca tercero y Conde, último.
Pirulo Abbatangelo se había pasado veinte años depotricando por los manejos del Puma y cuando agarró el volante él con su gente, entre lo que costó Maradona, la devaluación del peso y la crisis econòmica del país todo, nos fuimos a los caños. Sobre el final de los tres años de gobierno, aparecieron el Viejo Alegre para poner guita y Heller para poner algo de orden en los números.
Lo cierto es que para las elecciones del '83, Noel, que como presidente no había sido otra cosa que una figura decorativa, ni se presentó. Ni Alegre ni Heller tenían la antigûedad necesaria como socios por lo que el candidato a presidente por el oficialismo fue, finalmente, el empresario Oscar Pastor Magdalena.
El principal candidato opositor fue un personaje siniestro, Domingo Agustín Corigliano, que como integrante de la subcomisión de fútbol había sido el ideólogo de la contratación de Maradona y después había renunciado. Por segunda vez consecutiva también se presentó Conde como candidato.
Voté a Magdalena porque Alegre y Heller, que estaban detrás, me parecían confiables pero sabía que era difícil. Pensaba que había alguna posibilidad de ganar si se sacaba suficiente ventaja en vitalicios y en las mesas de activos más antiguos. Empezó el escrutinio por vitalicios y ganaba Magdalena pero por poco. Me di cuenta de que no bastaba. En activos se dio vuelta y ganó Coriglaino. Conde, una vez más, último.
Después del desastre que hizo Corigliano, de la intervención del club a cargo de Federico Polak y de la asunción de Alegre por consenso de todas las agrupaciones, en diciembre de 1986 me decidií por votar a Alegre. La oposición presentó al Puma Armando, a quien yo veneraba pero no me gustaba cómo venía la mano. El Puma estaba viejo (murió dos años después) y oh, las bellezas de la política, detrás suyo iban Conde y Mitjans, dos que habían sido vicepresidentes suyos y habían renunciado antes de finalizar sus mandatos, llamándolo ladrón, tirano y de todo menos bonito. La 12 hizo abierta campaña por el Puma pero el tándem Alegre-Heller había hecho las cosas bien. Habìa sacado al club de la peor crisis de su historia y lo había puesto de pie. La gente, por suerte, mayoritariamente pensó como yo. Ganaron Alegre y Heller.
En 1989 no había problema. Estaba claro que Alegre ganaba fácil. El candidato opositor fue Luisito Saadi, nepote catamarqueño y diputado de la Nación, en ese momento. Saadi había sido socio en su juventud por muy poco tiempo y después no pagó más la cuota. Cuando se le ocurrió ser presidente, pagó como veinte años o más, todos juntos. Personas Jurídicas dijo que estaba bien, que no había ninguna anormalidad. ¡Qué país de mierda! Con Saadi estaba Héctor Martínez Sosa, que había sido tesorero de Corigliano y renunció al poco tiempo, después estuvo en los primeros tiempos de Alegre y se fue de nuevo. Era un bicho propulsor de proyectos faraónicos, como el de techar La Bombonera. "Primero tapemos las goteras", le había dicho el Viejo Alegre. Como se preveía, la gente no se dejó engatusar por el chanta de Saadi y sus secuaces.
Tampoco hubo carrera en 1992. De nuevo, Alegre mató. Se llegó a la elección con el equipo en la punta, sueño de todos los oficialismos. El candidato opositor fue Ubaldo Eloy Payá, un tipo del norte del gran Buenos Aires, dueño de pases de jugadores. ¡Mamita! Si desde fuera era dueño de jugadores, mejor ni pensemos lo que podía llegar a hacer en caso de que lo eligieran presidente.
Así llegamos al '95. Macri había hecho un bardo impresionante durante la campaña, tenía muchos periodistas que le respondían. Sin embargo, yo no pensé que iba a ganar ni mucho menos por la ventaja con que lo hizo. Habría que ver cuantos antecedentes puede haber en la historia de que un oficialismo pierda la elección con el equipo en el primer puesto, como les pasó a Alegre y Heller.
En el '99 (ya se había modificado el estatuto y los períodos presidenciales eran de cuatro años) me di vuelta. Cuatro años antes había votado a Alegre pero cuatro años después, cuando el Viejo se presentó como opositor, voté a Macri. Boca venía de ganar sus dos primeros campeonatos con Bianchi, no había por qué cambiar la conducción del club.
Hubieron de pasar casi nueve años hasta que volvió a haber elecciones en Boca. En 2003 no hubo oposición porque le bajaron a lista a Roberto Digón, por falta de avales. En el 2007 volvió a pasar lo mismo pero Digón se presentó a la justicia para cuestionar los avales que había presentado el oficialismo y se dictaminó que había que hacer elecciones. Pedro Pompilio, tras asumir la presidencia en diciembre de 2007, tuvo que devolvérsela por poco tiempo a Macri, que ya era jefe de Gobierno. Finalmente se hicieron las elecciones en junio de 2008 y tal como era de imaginar, Pompilio le ganó cómodo a Digón, con más del setenta por ciento de los votos. Boca venía de ganar dieciséis títulos en doce años, ¡qué íbamos a votar a la oposición! ¡Qué fácil fue elegir! ¡Qué distinto a lo de ahora!
miércoles, 24 de agosto de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario