jueves, 31 de mayo de 2012

UN PASO MÁS

Es bueno que ganemos hasta cuando no jugamos bien. No es bueno que, últimamente, venga ocurriendo demasiado seguido que no jugamos bien. En Brasil se jugó decididamente mal y pasamos. Con Central se jugó no mucho mejor y también pasamos. Aunque la verdad es que, en San Juan, tendríamos que haber ganado en los noventa, sin ir a los penales.


En una noche normal de Viatri, se definía con contundencia. Pero Lucas tuvo cuatro y no acertó ninguna. Tampoco Pablo Mouche desequilibró en el mano a mano como otras veces y esa última jugada del partido, el tiro que dio en el palo, fue como para morirse ahí mismo. La había cruzado bien, lo dejó al arquero sin asunto pero bueno, pegó en el palo.

Iban ya más de veinte minutos de partido cuando se produjo el primer tiro al arco. Fue de Pablo, precisamente. Hasta entonces, nada de nada. Ni de nosotros ni de ellos, que pusieron mayoría de titulares. Los dos “trataban de ser prolijos, jugaban en forma horizontal”, según el comentarista de la tele (siguen mandando a un tipo de Rosario a comentar partidos de equipos de Rosario y a este gil que escribe, en lo personal, ese tipo lo pone nervioso). Pero si en algún momento no se es vertical, bien podría jugarse sin arcos, lo cual resultaría, con seguridad, muy aburrido.

Pochi por la derecha no fue conductor. No distribuyó bien, no se hizo eje. Lucas levemente tirado atrás, tampoco. Ni el Apu Sosa ni el Gordo Sánchez Miño ni tampoco Facu Roncaglia rompían por los costados pero mal podía pretenderse eso si no se les fabricaban los espacios imprescindibles.

Apenas podría decirse a favor que, en la primera media hora, tuvimos la pelota más que ellos. Central ni se nos había acercado al área. Menos mal porque, cuando insinuó alguna aproximación, asomaron algunos problemas. En el gol, Caruzzo perdió con Toledo, se dejó anticipar, no saltó o si saltó, quedó abajo.

El segundo tiempo no trajo buenas noticias. Más dominio territorial, alguna oportunidad perdida por Lucas pero seguíamos sin jugar. Y para colmo, llegó ese penal que de bruto cometió el Chaco Insaurralde. Ojo, con Godoy Cruz había hecho uno y no se lo cobraron. Va a tener que tener más cuidado en el área. Menos mal que el uruguayo Sosa se lo sacó a Toledo porque ahí, si era gol, se nos terminaba la Copa Argentina, no había retorno.

Lo que le dio un sacudón al partido, ya pasados los veinte minutos, fue el ingreso del Jopito Álvarez (convenientemente pelado a modo de bautismo por sus compañeros). El pibe de Trenque Lauquen entró y se movió, se mostró, la pidió, se buscó con sus compañeros, tocó y fue a la devolución. Lo que se necesitaba, que no era demasiado. Con él y con el definitivo estacionamiento de Mouche bien abierto por la izquierda, Boca empezó a generarle a Central las complicaciones que hasta entonces no le había generado.

Allí nació la jugada del gol, en la izquierda. Nobleza obliga, este gil que escribe le estaba reclamando casi con desesperación a Falcioni (desde su casa, frente al televisor) que lo sacara a Blandi. “Estamos jugando con diez”, pensaba. Pero en fin, Nico llegó y dijo presente para empujar esa pelota y empatar.

Así es Nico, participa muy poco, hay largos pasajes en que uno no sabe en qué lugar de la cancha está, si es que no se fue. Pero en la relación porcentual intervenciones-goles, debe estar entre los mejores del mundo.

Cuando empezaron los penales y a Pablo le atajaron el primero, era como para desesperanzarse. La mejor carta de gol que tenemos fracasaba en el penal inaugural… Menos mal que Castillejos tiró el suyo contra el travesaño. Peor para ellos que para nosotros. Si no los salvaba Castillejos, ¿quién?, habrán pensado. Los demás nuestros, todos bien pateados. El de Nico Blandi, bien apretadito contra un palo. Caruzzo, firme. El de Leo Paredes, con gran seguridad (no era poca la responsabilidad para el pibe que aún no ha cumplido los 18, con muy pocos minutos en cancha). Igual, daba un poco de neurastenia ver que el Uru se tiraba siempre a su derecha y se la ponían del otro lado. Hasta que llegó Zarif y la tiró a las nubes. Al Chaco, en esa última, era para tenerle confianza absoluta. No iba a fallar. No falló.

Se vienen dos semifinales entre un equipo de Primera y otro del ascenso. Es decir que se cumplirá en esta instancia, por partida doble, uno de los objetivos fundacionales de esta Copa Argentina: que los esforzados clubes de las categorías promocionales se codeen con los grandes. Toca Merlo y parece que van a jugar los titulares. Sería bueno que por primera vez en esta competencia ganemos un partido con alguna tranquilidad. Los penales tienen su encanto pero en algún momento, a la larga o a la corta, se dan en contra…

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