lunes, 2 de abril de 2012

CUANDO LA PLATA HACE LA FELICIDAD

Satisface plenamente ver a Boca manejar con tamaña autoridad y resolver con tal sencillez un partido que se presumía difícil. Porque ahora podrá decirse que Estudiantes nunca supo qué hacer con la pelota, iba y rebotaba, tiraba centros indoloros pero lo cierto es que estaba primero, invicto y que es reconocido de mucho tiempo a esta parte como uno de los mejores. Y fuimos a la guarida de ellos, allá, en La Plata. Y los matamos.
No hubo fisuras, el equipo fue compacto, parejo, hizo lo que debía cuando defendía y cuando atacaba. Pero hubo una columna vertebral en la que se apoyó todo. Orión, sin fallas. Schiavi-Insaurralde, complementándose a la perfección. Somoza, un pulpo, yendo a apretar o en retroceso. Pochi, muy claro para ver la cancha y muy certero para descargar. Y el Tanque, que juega, hace jugar y ahora sí, metió uno, se sacó la mufa.
Sin olvidar que Pablito Ledesma otra vez dejó surcos con su recorrido por la derecha y otra vez apareció en el área no por rutina sino para lastimar. Metió una y Andujar le había sacado otra. Y Cvita, además de haber estado cerca del gol, se entendió muy bien con el Tanque, defendió muy bien la bola. Y el otro Pablito, Mouche, cuando entró fue para liquidar. Primer definió mal una y a continuación le bajó la cortina al partido. Y el Gordo Sánchez Miño, por si le faltara algo para estar muy cerca de ser completo, metió un lateral en el medio del área, previo al primer gol, con una fuerza de brazos poco común.
Fundamental haber facturado en la primera que tuvimos. Sánchez Miño la puso en el corazón de la defensa pincha, Cvita la protegió de espaldas y el Tanque metió una media vuelta impecable, sin hesitar, apretando la bocha contra el piso y mandándola a la ratonera. ¡Con qué ganas lo gritó, saltando los carteles! Se ganó la amarilla pero quién podría reprochárselo. Si lo necesitábamos todos.
En el segmento que fue del primer al segundo gol, partido incierto. Estudiantes tenía posesión y algunas insinuaciones inquietantes. Como ese revés de Mariano González por encima del travesaño y esa otra que Gastón Fernández quiso meter por arribita de Orión y que Agustín sacó con mano cambiada, estirándose todo lo posible. Nosotros habíamos tenido aquella primera de Ledesma, que tapó el arquero, después de una muy buena acción de Pochi por derecha, hasta el fondo de la cancha ida y vuelta con dos enganches.
Apenas había transcurrido la mitad del primer tiempo cuando llegó el segundo, que dejó el partido definitivamente encaminado. Muy buen robo de Somoza frente a Verón, muy buena apertura de Pochi a la derecha y después, todo de Pablo, que apareció como un tren y se la cruzó bien ajustada a Andujar. Dice Pablo que un técnico que tuvo en Italia le insistía en que tenía que llegar por afuera. Démosle las gracias a ese técnico, Pablo está marcando diferencia en todos los partidos con su sentido de oportunidad y su decisión para mandarse hasta el área.
Para entonces Boca tenía muy claro qué sector de la cancha le convenía: la derecha, la izquierda de ellos. Allí donde Iberbia no sabía bien dónde pararse porque el gallinita de Enzo Pérez, ése que una vez le gritó un gol a La 12 en la cancha de Quilmes y nadie lo procesó por incitación a la violencia, quería atacar pero no no resolvía nada y dejaba expuesto a su compañero.
Si bien se mira, Estudiantes no volvió a llegar claro jamás. En tres cuartas partes de partido, ninguna. Empezó el segundo tiempo y era como que la tenían siempre ellos pero así, que se la quedaran para siempre. Porque en el área, nada. Y Boca estaba esperando, tranquilo, reposado, sabedor de que alguna iba a aparecer.
Es interesante meterlo a Mouche en el último tramo de un partido porque Pablo entra fresquito con sus ansias irrefrenables de comerse la cancha y si el rival ya está medio groggy, como estaba Estudiantes, puede haber réditos. La primera diagonal de Pablo (gran bocha de Somoza) terminó con una masita. La segunda, poco después, fue el tercer gol, sentencia inapelable, partido finalizado. Bien colocadita contra un palo. Clave la gestión previa del Tanque, parecida a la previa del gol de Sánchez Miño contra Arsenal porque controló la bola, la defendió, acomodó el cuerpo, pensó primero en la definición propia pero por el camino se dio cuenta de que había una alternativa mejor y allí fue puesta la asistencia, cuando los defensores salían.
Fue una producción redonda, de esas que ilusionan. Estamos arriba de todos en el Clausura, casi clasificados en la Libertadores y con un plantel que está respondiendo a pleno. No estuvo Clemente, no estuvo Román, el Burro suspendido, se guardó en el banco a Roncaglia y los recambios volvieron a cantar presente. Dio gusto, Boca.

1 comentario:

  1. Ya sé que no contestás los comentarios (decisión por demás saludable), pero lo de Enzo Pérez es algo que quiero felicitarte por destacar. No si notaste que desde que ese INSIGNIFICANTE se agarró las bolas frente a la hinchada le pasó de todo: perdió su lugar en la selcción, tuvo una lesión jodida y fracasó estrepitosamente en Europa. Es el karma, papá: todo vuelve.

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