Es un puntito, sí pero si revisamos la historia, un empate en Córdoba no es de despreciar. Es, para Boca, una plaza siempre difícil. De esas donde nos esperan a morir solamente a nosotros y después pierden sin pena contra cualquiera. Por otra parte, Belgrano hizo, de local, el mismo planteo que había hecho en el Apertura, en La Bombonera y volvió a salirle bien. No le importó tanto ganar el partido y hacen bien, están a pasitos de consolidarse en primera para la próxima temporada. No se desvían del objetivo por más que su gente trate de empujarlos, tienen claro lo que quieren.
Tiene oficio, este Belgrano. Propuso medio juego profuso, volantes que se juntan con los defensores y presión en bloque sobre las bandas. Y a Boca, como una rueda atrás, le costó encontrar los caminos aunque en general, fue el que estuvo más cerca de la victoria.
La diferencia de este Boca con el del año pasado, con el campeón del Apertura, es la deuda de regularidad. A una producción sólida la sucede una errática, desabrida. Y así como el año pasado no nos metía goles nadie, ahora nos mete goles cualquiera en cualquier momento.
Habían pasado 22 minutos, medio tiempo y Belgrano, con su único delantero, Silvera, más volantes que acompañaban si se daba la ocasión pero que no lo tenían como prioridad, ni se había aproximado al área de Orión. Y en la primera que tuvo, zácate, 0-1.
Se marcó mal en una pelota parada. Se volcó todo el peso de la defensa sobre un flanco y quedó descubierto el otro. No es posible que Mansanelli aparezca solo en el área y llegue al fondo con tanta facilidad como la que tuvo. Después, Orión hizo lo que pudo, le tapó el primer remate a Silvera pero todo Boca estaba a contramano de la jugada desde el principio y el rebote le quedó a Matías Giménez.
Tiene una especialidad, Matías: hacerle goles a los equipos por los que pasó. Con nosotros, cuando era uno de los más compinches de Román, fuera de la cancha, desde su llegada pero su aporte era escasamente significativo en el verde, le metió uno a Tigre, en Victoria. Zurdazo bien cruzado y apretado contra el piso, en el arco de la hinchada de Boca. Con Belgrano ya había vacunado a San Lorenzo y ahora nos tocó a nosotros.
¿Por qué el equipo perdió seguridad en función defensiva? Bueno, pueden analizarse diferentes causas pero ninguna de ellas es excluyente. Ahora está faltando Somoza, que es clave en el tema aunque Pichi Erbes no desentone. El Flaco Schiavi no está como el año pasado. El propio Orión perdió regularidad aunque esta vez no haya tenido nada que ver. Pablito Ledesma nos da mejores posibilidades en el armado ofensivo pero el Burro Rivero (el de 2011 porque este año mermó su rendimiento hasta perder el puesto) era una fiera metiendo gamba.
Después, el Gordo Sánchez Miño da algunas ventajas en la marca pero también la da, las dio siempre Clemente y por otra parte el Chaco Insaurralde, que está en su mejor momento desde que lo trajo Borghi, cierra bien por el lateral.
Román jugó menos de lo que siempre queremos de él pero el que anduvo muy bien fue Erviti. Muy buen partido de Walter hasta que se fundió, en los últimos veinte. Corrió y jugó. Olave le había tapado un zurdazo bárbaro en el primer tiempo pero en el arranque del segundo metió un golazo para emparejar el marcador. Cuando un rival defiende con tres, hay que buscarlo por los costados, lo sabe cualquiera pero Boca no lo hizo en la medida suficiente. Cuando lo hizo, como en el gol, quedó en evidencia que ésa era la fórmula. Gran remate de Walter, inapelable.
Se la había puesto muy bien el Tanque Silva. Ve bien la cancha, el Tanque y sigue metiendo asistencias impecables. En el primer tiempo le había bajado una en el área a Ledesma que fue una pinturita y Pablo, que no tuvo un buen partido, terminó pegándole medio incómodo y la mandó a cualquier parte. Había sido un buen desborde de Sánchez Miño, otra prueba de que había que ir por los laterales, juntar gente para doblar a todos los que ponía Belgrano y pasar.
Volviendo al Tanque, también puso un muy buen cabezazo, bien hacia abajo y Olave se lo sacó en una atajada enorme. Seguimos esperando goles del Tanque. Su esfuerzo y lo que juega nos indican que ya tienen que llegar pero la cosa se demora y claro, nos impacienta.
La verdad es que jugamos con uno menos porque Cvitanich se quedó en el hotel. Muy poca participación en el juego. Estaba visto que no era su día y el ingreso de Mouche debió haberse producido antes. Como también el de Pochi Chávez, que no entró nunca. Ponerlo a Pochi en lugar de Ledesma, aunque claro está que ningún cambio garantiza nada, era una apuesta que se imponía. Ver si a Pochi le sonaba la flauta, ya que Román tenía un partido terrenal y no marcaba las diferencias habituales.
Estamos entrando en etapa de definiciones, tanto en el Clausura como en la Libertadores además de la Copa Argentina y lo que siembra dudas es esa aludida deuda de regularidad. Nos habíamos acostumbrado a un Boca parejo, confiable, inalterable y ahora, antes de cada partido nunca sabemos qué va a pasar. Pero en fin, seguimos la pelea en los tres frentes y somos los únicos.
lunes, 23 de abril de 2012
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