Patear penales hasta casi la una de la mañana no es lo que uno espera de un partido frente al ya prácticamente descendido Olimpo, que por el Clausura no le gana a nadie ni en Bahía Blanca pero bueno, zafamos. Así como habíamos zafado frente a Santamarina. Y seguimos adelante en las tres competencias.
Lo que produjo el equipo, obviamente, no puede ser satisfactorio ni prometedor. Suele pasar que cuando se manda a la cancha a una formación sin rodaje colectivo, por más que los intérpretes sean individualmente competentes, el rendimiento sea deficitario pero no da como para conformarse.
Lo mejor, por lejos, fue lo que jugó Pablito Mouche. Un golazo, el que marcó, después de hamacarse en el área, antes de sacar el derechazo de dirección perfecta, cruzado, que fue a meterse contra el palo más lejano.
Todo el partido fue bastante aburrido salvo cuando se juntaban la pelota y Mouche. Pablo le daba un martillazo al juego con cada intervención. Algunas no las terminó bien pero buscó siempre. Y unas cuantas sí las resolvió de la mejor manera. Por izquierda o por derecha.
Después, sus dos penales los pateó con convicción, que es lo que cuenta en estos casos, aunque en el segundo, el último de la serie que amenazaba con prolongarse hasta el amanecer, el arquero haya llegado a tocarla.
En realidad, casi todos patearon muy bien sus penales. El de Caruzzo casi lo saca el arquero pero en definitiva entró porque la había apretado bien contra un costado. El Colo Ruiz y el Pochito Insúa son tipos que le pegan fuerte y aunque les falte experiencia, no les temblaron las piernas. Araujito lo pateó con la desfachatez que es de esperar en él. Sánchez Miño sin inmutarse, con la serenidad que es su sello. Blandi igual. Personalmente no les tenía toda la confianza a Gastón Sauro y el Neri Benavídez pero los tipos fueron y la metieron.
Fundamental el uruguayo Sosa, que le sacó los dos a Rolle y que cuando le llegó el turno de patear, no titubeó. También hay que agradecer el aporte de Andresito Franzoia, que fue nuestro una vez y que volvió a serlo, por un instante, cuando tiró su segundo penal a las nubes, a lo Sergio Ramos en Madrid.
Un penal lo falla el más pintado (preguntarles a Messi, Cristiano Ronaldo y Kaká) pero es difícil aceptar lo de Pochi Chávez. No es lógico que alguien que le da a sus remates más precisión que potencia tome más de nueve metros de carrera. Las dos veces hizo lo mismo y las dos veces llegó a la pelota sin fuerza. Le salieron dos tiritos al mismo lugar, a la derecha del arquero. El que haya tomado dos veces tanta distancia, algo antinatural por tratarse de él, es signo de su inseguridad. Lo mandaron a patear primero, posición clave, y falló no una vez sino dos.
No había tenido un buen partido, Pochi. Abusó del pelotazo, dividió muchas bochas. Él tenía que ser el conductor y si reparamos en que Boca pocas veces a lo largo del juego impuso superioridad clara, se cae en la cuenta de que no funcionó el que tenía que hacer jugar a los demás. No lo hizo.
En general, todo Boca cuidó poco la pelota. En ese sentido, el Colo Ruiz fue una máquina de dárselas a los contrarios. Sin necesidad, teniendo tiempo y espacio, muchas veces se cayó en la tentación de sacársela de encima. Así jugamos y asi terminamos por sufrir hasta el vigésimo sexto penal de la noche.
Más precisamente, vigésimo séptimo, porque durante el partido había estado el que convirtió Rolle y le dio a Olimpo el empate que no se modificó hasta cumplido el minuto noventa. Cuando Mouche metió su golazo, daba como para suponer que ya estaba listo el pollo. Pero no, volvimos a complicarnos solos.
El Burro Rivero, que sigue sin reencontrarse, cometió la infracción. Medio como que trastabilló él y se llevó con él al jugador de Olimpo pero lo cierto es que fue una falta sin sentido en un lugar de la cancha en que, obviamente, no deben cometerse faltas. También Sauro cayó en algunos foules al dope, contra rivales que estaban en un costado, incómodos, sin lugar por dónde salir y él les simplificaba todo el problema, obsequiándoles un tiro libre de frente al área nuestra.
Se viene un calendario muy ajetreado, semanas de intensa actividad y ya en instancias en que no puede fallarse. Una pifia y sonamos. Pero la verdad, nuestra posición es envidiable. Protagonistas en tres frentes paralelos. Los jugadores creen que se puede. Todos debemos creer que podemos. Eso sí, habrá que jugar mejor que anoche en Catamarca. Sean quienes fueren los apellidos que integren la formación. Somos Boca.
jueves, 26 de abril de 2012
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