Sirve el 2-0 sobre Independiente en Mar del Plata, claro que sí. No sólo por el resultado en sí, que siempre vale (imaginemos lo que se hubiese dicho y escrito hoy si la taba salía al revés), sino porque hubo signos alentadores.
En primer término, el Boca que se vio distó sideralmente de ese equipo anodino, disperso, enfermo que deambulara por las canchas en la mayor parte del año pasado. Esta fue una formación comprometida, consustanciada con el partido y con dos fundamentos clarísimos: presionar en bloque sobre la salida rival, bien arriba, y no dejar espacios entre líneas.
No hubo brillo porque, resultó evidente, la circulación de pelota en ataque pocas veces fue fluida, a menudo se avanzó a los tropezones y no se tuvo mayor idea del mejor modo para desequilibrar a la defensa oponente. En tales circunstancias, no puede menos que pensarse que con Román será otra cosa.
El Pochi Chávez, partiendo como volante sobre derecha, no había acertado prácticamente ninguna hasta su gol, sobre el final del primer tiempo. Ésa sí que la hizo bien, cambiando de pierna en plena área para fabricarse el claro y definiendo con un zurdazo impecable.
Desde entonces ganó confianza y, más allá de acusar algún dolor propio de la pretemporada, durante la segunda parte, con más espacios, se amigó con el balón y con sus compañeros.
Otro punto a considerar son algunas flaquezas defensivas que se observaron sobre los flancos. El Pampa Calvo (emocionante volver a verlo en primera después de más de dos años) jugó bien, como para que se lo tenga en cuenta, por si alguno se había olvidado de él. Pero quizá por la vocación ofensiva del Pochi o por falta de mecanización en los movimientos colectivos, Independiente llegó un par de veces por ahí durante la primera etapa.
En el flanco opuesto, Fabián Monzón volvió a ser el defensor escaso de contracción para la marca, distraído, a contramano de la pelota y del jugador rival, como lo hemos visto demasiadas veces en los últimos tiempos.
Alentador lo de Lucchetti, sin fallas, siempre atento. Promisorio el entendimiento entre Caruzzo e Insaurralde como dupla central. Mejor que otras veces Méndez, bien parado, simple para descargar y con gran pase a Chávez previo al primer gol. Algo irregular Medel aunque con esa fiereza de siempre que nos encanta. Muy buen segundo tiempo de Nico Colazo, un volante por izquierda nato que ciertamente está para más (aunque Borghi no se haya dado cuenta).
Pablito Mouche se superó en relación con lo que viéramos en el Apertura, se movió, encaró y varias veces, pasó. Eso es lo que tiene que recuperar, la capacidad de ganar en el mano a mano. Además, le puso la pelota en la cabeza a Insaurralde en el segundo gol. Y Lucas Viatri se movió bien saliendo del área y mostrándose, con criterio para tocar a los costados, aunque esta vez le faltó presencia en la zona de definición.
Tranquiliza la actitud y concentración con que se jugó, tranquilizan algunas respuestas individuales y sobre todo, tranquiliza ganar, como siempre. Fue un partido de verano y faltaron varios presuntos titulares pero el primer paso fue firme, seguro. Eso sí, no olvidemos que Borghi empezó ganándole a Palmeiras en Brasil, aquel día en que nos creímos que Cañete podía ser Riquelme…
domingo, 16 de enero de 2011
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