domingo, 23 de enero de 2011

SUEÑOS DE UNA NOCHE DE VERANO

Esforcémonos por no echar a volar las palomas pero despunta un Boca nuevo. Claro, no hacía falta demasiado respecto del semestre anterior pero importa que ese equipo férreo, sólido, comprometido que se viera ante Independiente volvió a verse, ahora ante los ratis (valor agregado, sí). Y con cinco cambios, lo que genera la sensación de plantel homogéneo, sin fisuras.
¡Qué noche la de Martín! De película, como su vida. Asistente en el primero, definidor en el segundo. En el primero, antes de descargarla magistralmente para el zurdazo implacable de Nico Colazo, le había quedado entre las dos piernas. Tardó una barbaridad en acomodarse, como aquella vez que metió el gol en su reaparición tras nueve meses pero como entonces, los rivales sólo atinaban a mirarlo, como petrificados por su imponencia y magnetismo.
El segundo es para el manual del anticipo ofensivo, porque puso la cabecita justo donde debía para dejarlo fuera del asunto al paraguayo Román. Y la pelota no salió para cualquier lado sino justo para donde él lo pensó, suavecita pero abajo, contra un palo, con un piquecito que también dejó fuera del asunto a Carrizo.
Devolución de pared con cabeza a Mouche, mano a mano que -lástima- le tapó el arquero, patadón recibido del desesperado Almeyda… ¿Qué más? Cuatro pelotas fundamentales rechazadas en defensa. Al pequeñín que se encargaba de las pelotas paradas de River desde la derecha, ¿no le enseñaron que, contra Boca, los tiros libres al primer palo son todos de Palermo?
Y ésa que le quedó sobre una banda, con el arquero descolocado, a más de cincuenta metros… Ésa sí, le salió para cualquier lado pero en tales circunstancias, ya son pocos los hinchas rivales que se atreven a la mofa. Saben bien que la próxima puede ir adentro.
En el primer gol, después de tocar y tocar, el punto clave es la paciencia. No se apuró nadie. La bola fue del medio a la izquierda, de la izquierda a la derecha… Pablito Mouche no quiso atravesar a su marcador por el medio del cuerpo, como pretendía hacerlo en el Apertura, sino que metió una pausa exquisita hasta que el Pochi le pasó por afuera. Entonces se la descargó para que metiera, libre, el centro de la muerte.
¡Qué buen debut del doble cinco! Aunque Rivero no sea exactamente un volante central y menos sobre la izquierda del tándem, lo cierto es que se entendió de maravillas con Somoza. Ubicación, rigor, determinación, sacrificio, oficio, inteligencia táctica. Todo para ser base de operaciones de un equipo aplomado, seguro de sus movimientos, difícil de desequilibrar. Muy bien los dos.
¡Qué bueno lo de los centrales! Ratificación de lo ya expuesto ante Independiente. Bien parados, articulados, entendiéndose uno con otro, sabiendo cuándo salir y cuándo quedarse. Más lucido Caruzzo, que es muy elástico y tiene condiciones de tiempista pero duro y parejo Insaurralde, sin regalar nunca nada.
¡Qué bueno lo de Javi Garcia! Cuatro intervenciones vitales y transmitiendo suficiencia absoluta. Había andado bien Luccheti con Independiente. ¿Cuánto hacía que no contábamos con dos arqueros que invitan a confiar en ellos y que le crean un problema de elección al técnico pero por el lado bueno y no por el malo?
¿Y cuánto hacía que en Boca no se observaba con claridad un muy buen trabajo en las pelotas paradas? Hubo una, en el primer tiempo, desde la derecha, que Pablo y Pochi manejaron a la perfección. Por centímetros no llegó Chávez a meter otro centro de la muerte.
No hubo puntos débiles. Otro buen partido del Pampa Calvo, un espejo para mirarse en él, porque parece haber vuelto de la muerte, como aquél Elmer Van Hess de Narciso Ibáñez Menta. Clemente alternó buenas con malas. Por momentos hizo valer su quinta velocidad, se asoció bien con Mouche y Colazo, puso un muy buen centro previo al segundo gol. Otras veces se excedió en el traslado, como en un contraaataque del segundo tiempo que se presentaba inmejorable. Y Nico, bueno, ya se había dicho, Borghi no lo vio pero Boca tiene un muy buen carrilero izquierdo y parece que Falcioni sí lo vio, por suerte.
Hay que poner los pies sobre la tierra, lo que importa es Godoy Cruz el 13 de febrero, son partidos de pretemporada, etcétera, etcétera pero pinta, pinta bien…
Párrafos finales para el entrenador adversario, que antes del partido apuntó, por televisión, que él dirige “al más grade”.
Está bien, morochito, necesitás blanquearte (o hacerte el blanco) ante los tuyos. Todavía no te perdonaron que en 1983 te pusieras la azul y oro, mirá si será grande Boca.
Otra cosa: estabas desaparecido de la escena pública, te tiraron un interinato, le ganaste a Boca y sacaste chapa para seguir. Nos debés la vida, tontuelo. De nada.

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