Ponemos once
tipos que uno analiza los nombres y dice “sí, puede ser un equipo competitivo”.
Pero no. Porque no hay entendimiento suficiente y porque alguno o varios de ellos
deben sentirse mal. Los ponen ahora porque son “el carro del pescado”, decía
Marito Zanabria. En Brasil no van a jugar.
A los diez
minutos nos meten un desborde, llegada hasta el fondo, el mortal centro hacia
atrás y uno que llega de frente, Faravelli, nos emboca. A remarla en
desventaja.
Hay que rescatar
a Gago. Con su ilustre historia y su incierto presente, está. Corre (lo que
puede), se ofrece, la pide, intenta moverla, se enoja, al menos.
En cambio,
Cardona se desplaza como yo cuando laburaba en el Banco de Italia. ¿A mí qué me
importaba el Banco de Italia y cada uno de sus clientes?
Otro tanto podría
decirse de Carlitos. Imagino que, si dentro de no mucho tiempo se le hiciera un
partido de despedida a Carlitos, va a ser inolvidable. Claro que se lo ganó,
con creces. ¿Quién va a negarle todo lo que nos dio? No quisiera aparecer yo
como un villano pero este Carlitos de hoy no nos da nada. Es la vida.
Gimnasia es uno
de los tantos equipos que transcurre por esta Superliga (pomposa denominación),
gana o pierde, tiene un montón de muchachos entusiastas.
En el último
tramo del primer tiempo, quizás, ellos sintieron el desgaste de haber corrido
tanto y nos encontramos con que teníamos la pelota.
Antes de ir al
descanso, Goltz mete una bocha frontal, Espinoza la aguanta muy bien, saca con
el cuerpo a uno de ellos, mete el derechazo y empata. ¡Bien!
Arranca el
segundo tiempo y a poco de comenzado, nos cruzan una pelota desde la derecha,
los centrales todavía no volvieron del vestuario, les pasa por delante de las
narices, el único que reacciona es Buffarini pero no basta, aparece un tal
Comba y nos ensarta de nuevo.
Quedaban 41
minutos de tiempo regular pero en todo ese lapso, Boca no se despabiló. Tramitó
el partido como quien llena un formulario.
Lo que puede
concluirse de este tipo de encuentro es que hay jugadores a los que debiera
servirles pero no lo aprovechan. Bebelo Reynoso tiene una zurdita envidiable
pero no se suelta. De Leo Balerdi sabemos que es un pibe con proyección pero
esta vez se lo llevó la corriente. Algo parecido podría decirse de Almendra,
del que debe señalarse que mete siempre.
Hay
profesionales de oficio que marcan tarjeta, casos Buffarini o Goltz. ¿Mas?
Espinoza, que está más fuera que dentro, tuvo un acierto, no es tan poco en el
contexto.
Cuando Guillermo
lo puso a Wanchope por Reynoso (que se sacó solo), supusimos que de lo que se
trataba era de meter pelotazos en el área, mejores fundamentaciones no había.
¿Hubo algún pelotazo al área, como para que Wanchope tratara de sacarle el
jugo? No me acuerdo de ninguno.
Un solo cambio,
en un partido que estábamos perdiendo y en que nadie aportaba nada. Pero bueno,
¿qué podíamos hacer? Zárate no, su presente no autoriza a imaginar que iba a
entrar y sacudir la modorra. El Lauchita Lamardo, tal vez, pero no le vamos a transferir
nuestras ansiedades a un chico que no tiene por qué hacerse cargo de las
mismas.
Se los vio
tranquilos, a los mellizos. Demasiado. Ellos también, se diría, estaban nada
más que cumpliendo con un compromiso, sólo eso.
No los
castiguemos, no seamos injustos. Si todos estamos pensando en Palmeiras. En Sao
Paulo. En la séptima. La que nos abstrae es esa. Vamos…
EL BOLETÍN:
ROSSI 5, BUFFARINI 5, GOLTZ 4, BALERDI 4, MAS 3, ALMENDRA 5, GAGO 5, CARDONA 3,
REYNOSO 2, ESPINOZA 5, TEVEZ 3 (FI), ÁBILA 4.
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