Pasar en Brasil
siempre es especial. Boca pasó. Como puede pasar Boca hoy, con el esfuerzo, con
el oficio, sin lucimientos porque no están dadas las condiciones para que se
aceiten circuitos de juego, cuesta hacer correr la pelota.
En los 180
minutos, no quedaron dudas de que, el que merecía seguir, era Boca. Porque la
superioridad en La Bombonera había sido clara. Y porque en Belo Horizonte se
logró que el rival no pudiera articularse en ataque nunca. Cruzeiro complicó
con centros, con pelotas cruzadas pero nunca logró armarse sobre la base de
jugadas asociadas. Más allá de las evidentes limitaciones de este Cruzeiro, ese
fue un mérito de Boca.
En el primer
tiempo sostuvimos un partido conveniente, Cruzeiro rara vez pudo acercarse al
arco con posibilidades. Rossi respondió bien de entrada ante un remate de De
Arrascaeta y sobre todo, ante otro de Silva, bien dirigido; dos intentos de
Thiago Neves resultaron desviados.
La llave para salir,
en ese primer tiempo, una vez más, era Villa, muy difícil de controlar para
Egidio (el que había dicho que nos iban a meter cuatro). Por ese flanco
derecho, el colombiano se juntaba bien con Buffarini, muy mejorado y con
Nández, que se desdoblaba en la contención y el armado. Hubo una que había
parecido penal de Egidio a Villa pero no, no lo tocó.
Guillermo
decidió dejarlo fuera a Cardona y está bien, era el momento de Villa pero
teníamos que saber que, sin Edwin, resignábamos posibilidades de poseer la bola
por más tiempo. Por otra parte, como Wanchope no estaba para los 90, Zárate
tuvo que sacrificarse yendo a aguantar contra los centrales. No es lo suyo.
De todos modos,
Mauro armó muy bien una, contra cuatro rivales, después le quedó a Nández (que
no paró nunca y lo acompañó hasta el final de la cancha), la media vuelta de
Nahitan no encontró la dirección debida.
La primera que habíamos
tenido fue, a los 10 minutos, el remate de Pablo Pérez que salvó el arquero.
Pablo aportó esfuerzo pero dio menos de lo que necesitábamos de él, equivocó
muchas entregas, lo amonestaron temprano, otra vez anduvo cerca de la expulsión.
Y como Wilmar estaba evidentemente disminuido (jugó con una muslera, acusó un
dolor en el posterior ya en el primer tiempo, jugó mucho más parado de lo
habitual en él), la tenencia se hacía difícil pero Cruzeiro no llegaba.
Pudo haberse
complicado en la última del primer tiempo, falta innecesaria de Pablo en un
costado, Thiago Neves la metió en el área, despeje corto de Rossi, le quedó a
Barco para convertir pero hubo una clara jugada peligrosa de Dedé, bien
sancionada.
El segundo
tiempo se hizo más difícil de sobrellevar porque Rossi empezó a complicarse en
los centros y porque Villa acusó el cansancio, ya no pudo picar repetidamente
como antes. La perdíamos enseguida y jugábamos más cerca del arco nuestro que
en la parte inicial.
Bien los
centrales de arriba. Sobre todo Magallán, que tuvo un segundo tiempo impecable.
El gol de Cruzeiro, a los 13 minutos, fue una de las pocas veces que ganaron
ellos de arriba, ante el corner de Thiago Neves la bajó Leo pero tuvieron
suerte, porque hubo un rebote en Barco que descolocó a todos y le quedó servida
a Sassá, recién ingresado, para convertir.
Fue el momento
más difícil por el envión que le dio a Cruzeiro ese gol pero los argumentos del
equipo brasileño seguían siendo muy escasos. Otro corner de Thiago Neves con
una mala salida de Rossi derivó en un cabezazo desviado de Leo pero no mucho
más que eso.
Cuando se
produjo la expulsión de Dedé, a los 35, ya Cruzeiro estaba muy desordenado, no
encontraba ideas. A Dedé tendría que haberlo amonestado Cunha en el final del
primer tiempo, por la jugada peligrosa contra Rossi y no lo hizo. Después le
metió la amarilla por otra infracción dura contra Rossi. Finalmente, la de la
expulsión, por infracción contra Pavón, no parecía de amonestación pero el
grandote (que jugó por la insólita habilitación de la Conmebol) ya había
acumulado méritos suficiente para irse.
Cuando entró Gago, se ganó tranquilidad. Un
tiro libre de Fernando generó el remate de Wanchope en el palo, era off side
pero no lo sancionaron. A Cruzeiro ya le quedaba poco resto y los ingresos de
Gago, Ábila y Cardona nos dieron aire para aguantar lo que quedaba.
Los últimos
sustos fueron esa que complicó Rossi porque dudó ante otro centro y después la
arregló con el pie y a continuación, el remate de Edilson que se desvió y
terminó en corner.
Ya Boca jugaba más
tranquilo, tenía el balón por más tiempo, había mejores encuentros. Y como la
frutilla del postre llegó el empate: pelotazo frontal de Izquierdoz que
defendió muy bien Wanchope, con la descarga para Pavón y la definición de
Kichan. No fue un buen partido de Kichan, su mejor aporte fue el esfuerzo para
correr en retroceso y no dejar que pasaran los laterales libres (igual que
Villa por el otro lado). Seguimos
esperando la recuperación de Kichan, este gol tendría que hacerle bien.
Estamos en
semifinales. Palmeiras es mejor equipo que Cruzeiro, tiene a ese Dudú que es
sumamente peligroso. El nombre de Palmeiras nos trae, de inmediato, gratos recuerdos:
aquellos cruces de 2000 y 2001, en finales y en semis. Boca está entre los
grandes, como corresponde. No sobra nada, hay que mejorar pero estamos y vamos
por más.
EL
BOLETÍN: ROSSI 5, BUFFARINI 6, IZQUIERDOZ 6, MAGALLÁN 7, OLAZA 5, NÁNDEZ 7,
BARRIOS 5, PÉREZ 4, VILLA 6, ZÁRATE 4, PAVÓN 5 (FI), GAGO 6, ÁBILA 6, CARDONA
6.
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