lunes, 7 de febrero de 2011

¿QUÉ HACEMOS CON EL BÁSQUET?

El presidente de básquet de Boca, Alejandro Vaccaro, acaba de hacer público algo que, dentro del club, se viene rumoreando desde hace rato, años: que en cualquier momento se baja la persiana, que el que fue históricamente el segundo deporte del club ya no puede sostenerse, que no hay manera.
La primera reacción visceral que a uno le surge es la de putear a Ameal y compañía. Cuesta asimilar que un club como Boca no pueda generar los recursos que permitan mantener un equipo de básquet.
Ahora bien, parando la pelota y mirando un poco para los costados, surge una evidencia: por alguna razón que al que suscribe se le escapa, a los clubes de Capital Federal y Gran Buenos Aires se les hace extremadamente dificultoso aguantar el básquet por lo menos al nivel de la Liga Nacional.
Obras, que en su momento fue gran impulsor del profesionalismo, estuvo desaparecido durante muchos años y ahora volvió pero por el momento no ha llegado a los primeros planos.
De los clubes de fútbol, el que sostenía las banderas hasta hoy era, justamente, Boca. Grandes protagonistas de la actividad durante mucho tiempo, como Ferro y Lanús, perdieron el lugar que ocupaban. El caso de Ferro es más comprensible porque es como que desapareció no sólo del básquet sino de todo. Pero Lanús, presunto modelo de conducción, también estuvo mucho tiempo sin competir en los primeros planos y ahora merodea. Gimnasia La Plata, otro histórico, también cedió su sitio.
En cuanto a los grandes, River y San Lorenzo, que en los viejos tiempos de la Asociación Buenos Aires siempre fueron líderes (a San Lorenzo se lo llamaba “La Catedral”), dejaron de existir, literalmente. Independiente, al que también por prolongado lapso se lo destacó como modelo de conducción, nunca alcanzó en básquet el nivel de los antes nombrados. En cuanto a Racing, es un caso especial porque al básquet siempre se lo manejo desde la filial del barrio de Villa del Parque, casi tocando sólo tangencialmente al resto del club. Hoy tampoco figura.
En cambio, hay plazas del interior que mantienen su básquetbol en alto nivel competitivo y, en apariencias, con buena salud desde lo financiero. Atenas de Córdoba, Libertad de Sunchales, Peñarol de Mar del Plata, por citar sólo los primeros que acuden a la mente.
La respuesta parece ser que en esos centros se genera una amalgama por la cual surgen los recursos. Se lo toma como una representación zonal que a todos importa y entonces, el comercio y las fuerzas vivas de cada sitio apoyan de verdad. En Capital, en líneas generales, el básquet (el local) es una actividad que unos cuantos siguen por televisión, apenas eso. En los clubes de fútbol, al hincha promedio le importa que funcione el fútbol, la mayoría ni siquiera debe saber cómo le va al equipo de básquet.
Boca ganó tres veces la Liga Nacional y no fue noticia. La Bombonerita tiene una capacidad que no llega a las dos mil personas y rara vez se llena. Por lo común, hay unos cuantos entusiastas dispersos por las graderías (éste que escribe fue algunas veces, puede dar fe).
Para que el básquet fuera rentable, debería surgir en el seno del club una mística similar a la que surge en Sunchales, en Mar del Plata o en Córdoba y eso, digámoslo, señores, es imposible. Simplemente por lo antes expuesto, porque de los millones de hinchas de Boca, son muy pocos aquellos a los que de verdad importa el básquet.
Otra fórmula, en consecuencia, tendría que ser el aporte de sponsors pero aquí se plantea otra encrucijada. ¿Quién va a sponsorear una actividad que reúne, promedio, no más de quinientas personas en La Bombonerita? Por otra parte, si se hiciese una encuesta entre hinchas para determinar a qué se aplica el aporte de cualquier sponsor, el resultado sería abrumador: todos o poco menos votarían por volcarlo al fútbol.
Además, si se va a jugar de local al Chaco o a Río Gallegos, como se ha dado últimamente, el básquet pasa a ser algo casi ajeno al club a partir de la geografía. ¿Cómo sentir como propio a un equipo que juega de local a dos mil kilómetros de La Bombonera?
Así que en lugar de putear a Ameal and company, tratemos de ponernos por un momento en su lugar. No hay solución a la vista para el sostenimiento del básquet. Si alguien tiene alguna idea, que la provea. Será bienvenida.

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