Ganamos. El gol de Nico Colazo valía. Nos caminó Pezzota. ¿Cuánto hace que nos vienen caminando los pitos? Crespi quiere ser presidente. ¿Queremos un presidente que opere como opera Crespi en la AFA? Yo no.
Ganamos, aunque en la tabla nos sumen un punto solo. Y llegamos mucho más que contra Racing. Como para justificar una diferencia de más de un gol. Por más que hayamos hecho uno solo (y encima nos lo cepillaron).
De jugar, ni hablar, eso sí. Enfrentamos a un rival que casi ni se nos asomó al área y lo empujamos, lo empujamos, lo empujamos… Pelotazo para Mouche, centro para Palermo… Rebote y vuelta a empezar, así todo el partido.
Que casi no nos hayan llegado, esta vez, no es para valorar demasiado. Está muy claro que All Boys ni se propuso llegar. Nos tiró toda la responsabilidad, como hacen tantos tantas veces. Y allá fue Boca. Fue, pero mal.
Detengámonos en las prestaciones individuales. ¿A quién destacamos? A Pablo, de nuevo. Cada vez que toma contacto con la pelota, algo puede llegar a pasar, una descarga eléctrica recorre el estadio. Como con Godoy Cruz y con Racing, tuvo un mano a mano. Como con Godoy Cruz, lo definió mal. Al cuerpo del arquero. En ese rubro, lleva acertada una de tres. Poco, hay que mejorar. Pero Pablo es el que está dándole algún esbozo de identidad al ataque de Boca. Va a todas, impone potencia y velocidad, gana repetidamente en el uno contra uno (salvo, quedó dicho, cuando se encuentra con el arquero). ¡Si tuviera más juego, si alguien lo explotara mejor!
El otro al que hay que resaltar es a Nico. Llenó de dinámica la banda izquierda, llegó más que con Racing, buscó el arco sin complejos, alguna se le fue muy alta, un par de veces exigió a Cambiasso… E hizo un gol. Un gol que valía. Y se lo cepillaron. Nos lo cepillaron.
Después, ¿qué? Palermo jugó su partido más rescatable de los tres que van del Clausura. Participó más del juego, ganó unas cuantas veces por arriba, bajó bien la pelota más de una vez, también. Necesitamos más de él, seguro. Pero para que aparezca hace falta que se lo busque bien. Boca no tiene hoy un Guillermo, ni siquiera un Rodrigo Palacio (Mouche puede ser circunstancialmente asistidor, puede ejecutar buenos centros pero en lo sustancial es otra cosas. Y Boca tampoco tuvo a Román…
La madre del borrego está, por supuesto, en el medio de la cancha. Salvo Nico, nada. Pochi no apareció nunca. Pochi puede ser buena segunda guitarra pero no puede, no podrá nunca cargarse al equipo. Sebas y Somoza cumplieron en cuanto a la recuperación pero además de que, es obvio, no pueden ser ejes del armado ofensivo, los dos andan demasiado mal con la pelota. Pocas veces eligen bien. Somoza, como en los dos partidos anteriores, fue una máquina de darles la bola a los contrarios. Y Sebas está lento, hubo una en que le picaron y lo dejaron en ridículo, de tan lejos.
Y entró Erviti. Y no pasó nada. Difícil entrar cuando el equipo está confundido y enderezarlo. Más difícil aún en las circunstancias de Erviti, que llegó al club con mucho bombo, que esta vez quedó en el banco por estrategia política de su mentor y que cuando entró sabía que todos los ojos iban a estar puestos particularmente en él. ¿De qué jugó Erviti? ¿De enganche, de doble cinco? A esa altura el desorden era demasiado y se lo llevó la corriente, es comprensible. Seguimos esperándolo.
Ahora hay que ir a Vélez. Uno de los peores escenarios que pudieran tocarnos en estas horas de incertidumbre. Partido bisagra, a no dudarlo. Para bien o para mal. Ahí nos van a estar esperando con el tenedor en una mano, el cuchillo en la otra y la servilleta al cuello. Nos van a querer comer los garrones de entrada. Para hacer pie vamos a necesitar un equipo firme, que se plante, que aguante… Y que juegue. ¡Que juegue! ¿Vamos a ir sin Román? ¡Dejate de hinchar las pelotas, Falcioni!
domingo, 27 de febrero de 2011
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