Sí, fue raro. El calificativo en que coincidieron Falcioni y Román cae justo. Boca, en el primer tiempo, hizo circular bien la pelota, tuvo variantes en ataque y llegó. Llegó con claridad y frecuencia. Claro, cuando se llega, hay que meterla, y no la metió.
No es por ese lado por donde deben nacer las preocupaciones sino por la inadmisible permeabilidad del equipo en función defensiva. Que a Javi García se le caigan dos pelotas fáciles en el área (en la segunda se salvó por un off side) es grave, muy grave pero no lo peor. Porque se trata de dos errores individuales. Lo peor fue la inconsistencia de toda la estructura defensiva.
Un gol de Godoy Cruz nació por el lado del Pampa Calvo, el primero. Villar avanzó muchos metros por allí y sacó el centro con comodidad. Los otros tres nacieron por el lado de Clemente. En uno lo corrió a Miranda desde atrás. En otro le dio libertad para que cruzara la pelota al otro lado. Y en el último ni siquiera estaba cerca pero esto ya importa menos porque iban 47 del segundo tiempo, el partido estaba perdido y el equipo, definitivamente descompensado.
Ya en Mar del Plata y Mendoza, en medio del optimismo que se generó, se habían producido indicios de que no se cubrían bien los costados. Y no se trata de caerles al Pampa y a Clemente. Battaglia nunca estuvo bien parado en la cancha y Caruzzo nunca cubrió bien por detrás del Pampa. Del otro lado, igual. Se sabe que Erviti (que en el primer tiempo jugó por izquierda y luego suelto) es más con la pelota que cuando hay que recuperarla e Insaurralde es naturalmente lento, por lo que le cuesta llegar bien al costado de la cancha.
Que no se vaya a apuntar ahora que Battaglia no puede jugar por la derecha porque ya lo hizo durante mucho tiempo y muy bien. Con Bianchi, al lado de Chicho Serna. Con Basile, dándole equilibrio al equipo mientras Gago, el volante central, podía darle vuelo a su capacidad creativa. Sebastián, simplemente, desde su operación del año pasado no ha vuelto a ser el de antes, Ojalá alguna vez vuelva a serlo.
Somoza jugó un primer tiempo aceptable, porque se situó bien y fue agresivo para recuperar pero entregó demasiadas pelotas a los contrarios. Mejor que haga la simple, que no se complique, que los que armen sean otros.
Fue aceptable lo de Román. Por supuesto que uno siempre espera más de él. Le erró al arco en esa que le dejó pasar Palermo y fue una lástima pero generó varias acciones con su sello. En un partido menos “raro”, alguna tuvo que haber terminado adentro.
Pablo Mouche, a tono con lo que fue en el verano, resultó lo mejor, lo más rescatable de Boca. Incontenible en el mano a mano. Le faltó serenidad en ese mano a mano del final del primer tiempo, podía poner la pelota donde se le ocurriera y la puso en el esternón de Torrico. Y Martín, esta vez, no encontró el arco. La mejor que tuvo fue la del comienzo del segundo tiempo, tras el taco de Román y extraño en él, se apuró. Lo que se ve es que le cuesta más que antes moverse, queda demasiadas veces mal parado, a contrapierna.
El equipo que estaba por el buen camino en Mar del Plata y Mendoza tenía línea de cuatro volantes, con Somoza – Rivero muy bien paraditos por el medio, el Pochi arrancando por derecha aunque con libertad para ir por otro lado y Nico Colazo bien sabedor de lo que tiene que hacer un mediocampista izquierdo cuando se pierde la pelota.
Si el volante izquierdo es Erviti y si hay que darle lugar a Román como enganche, la cosa cambia, lo sabíamos de antemano. Se resigna contención para ganar creación. Lo que queda de positivo es que Boca, en la primera etapa, antes de desordenarse definitiva y previsiblemente dada la dureza del resultado, había tenido juego.
Lo que es evidente es que, si queremos despegar, tendrán que aparecer las soluciones de funcionamiento colectivo en defensa. Que se cubran mejor los espacios, que se ayuden mejor unos a otros. Y que Javi se acuerde de poner las manos dentro de los guantes.
lunes, 14 de febrero de 2011
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