lunes, 8 de diciembre de 2014

ÚLTIMA PARTE ACORDE CON EL TODO

La definición del Vasco, “nos fuimos de vacaciones antes de jugar el partido”, es exacta. La comprobación, de por sí, es grave. Pero más grave se torna si nos ponemos a pensar que, en realidad, fue un broche perfectamente a tono con lo que fue todo el año. Y si sumáramos también el año anterior, bueno, mejor paramos porque nos vamos a arruinar las fiestas.
Apenas diez minutos y ya estábamos abajo. Vegetti mandó el centro desde la derecha con extrema comodidad, sin oposición. La pelota, a ras del piso, nos recorrió buena parte del área. Y el rechazo de Marín para el medio es inexplicable, se ve que estaba con la cabeza en otra parte. La sirvió en bandeja de plata para que Rojas, de frente, nos ajusticiara.
Tuvimos unas cuantas aproximaciones en el primer tiempo, al punto de que el arquero de ellos, Monetti, fue hombre clave. Es decir que podríamos haber empatado. Pero siempre faltaron cinco para el peso y no es casual, porque la imagen toda de Boca fue la de un equipo carente de intensidad, flojo. Esto, además de ser un indicador de que se salió a la cancha sólo por cumplir, se emparenta directamente con la falta de conducción. Gago, a lo largo de este segundo semestre, desde que nos quitaron a Román, pocas veces se ha erigido en conductor pero está siempre latente la posibilidad de que él, por condiciones técnicas, haga jugar al resto. Si no está Gago, como con Gimnasia, no hay en el plantel quien pueda hacerse cargo del timón en cuanto a la elaboración ofensiva. No hay eje.
Por otra parte, si bien Gimnasia jugó con un solo delantero, Vegetti y una vez puesto en ventaja se limitó a esperar, lo cierto es que cada vez que avanzaban por derecha, la izquierda nuestra, tàmbaleábamos.
Empezó el segundo tiempo y otra vez lo mismo. Por el mismo lado. Rojas nos llegó hasta el fondo muy fácil, mandó el centro y en la boca del arco no había nadie para oponérsele a Vegetti, que no tenía manera de errar el gol, el cabezazo para poner el 2-0 debe haber sido el trámite más sencillo de su vida.
El partido fue todo igual porque también en el segundo tiempo anduvimos merodeando con algunas buenas oportunidades pero no mojamos nunca. Los cambios de nombres no variaron la sustancia.
Abal, ese pésimo árbitro (el del lateral que River nos sacó desde dos lugares al mismo tiempo en el verano pasado), se comió dos penales a favor nuestro, clarísimos, de Barsottini, uno en cada tiempo. Pero en fin, eso podríamos considerarlo anecdótico. Los árbitros, en general, son muy deficitarios y da la puta casualidad que últimamente se equivocan mucho en contra de Boca, qué le vamos a hacer.
El partido no daba para más, estaba definido, lo sabíamos nosotros, lo sabían ellos, lo sabía todo el mundo. Boca se despidió del año a la manera del Boca de los últimos tiempos, estamos acostumbrándonos peligrosamente a la liviandad.
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Fuera del partido, pasaron algunas cosas interesantes.
Cuando nombraron por los altoparlantes a Gigliotti y cuando salió a la cancha, hubo unos cuantos silbidos pero predominaron con amplitud las demostraciones de respaldo. El propio jugador iba a agradecerlo, al final. A ver qué hace con ese cheque al portador que le regalaron, Puma, a ver si es capaz de devolver lo que se le presta.
Por allá por la mitad del primer tiempo, desde las plateas del lado de las vías, surgió un estribillo que ya se ha tornado un clásico, el cual que prendió rápidamente en los demás sectores con excepción de la bandeja del medio del lado de Casa Amarilla, la de La 12: “Angelici botón, Angelici botón, sos un hijo de puta, la puta madre que te parió”.
Lo sucedió, casi de inmediato y con los mismos intérpretes, otro clásico: “Ri-quéééééééél...... Ri-quéééééééél”... Muy pronto todos parecieron recordar que allá abajo el equipo estaba jugando un partido y entonces taparon los cantitos de aliento.
Por lo que al que suscribe respecta, todo bien. No está mal hacer recordar con frecuencia, para que nadie se olvide, que Angelici es un hijo de puta. No está mal homenajear a nuestro querido Román en el día de un logro personal suyo, el ascenso a primera con Argentinos. Pero no conviene distraerse por mucho tiempo y hay que volver a cantar por el equipo porque de lo contrario, los jugadores pueden llegar a creerse que no nos importa demasiado perder. Que esa es la sensación que ellos, los jugadores, suelen transmitirnos seguido en la última etapa.
La interrupción del partido por cinco minutos, allá por la media hora del segundo tiempo, tiene facetas para analizar. Por un lado, se ve que se quería hacer notar que pese a la dura caída con River, seguimos vivos, seguimos siendo Boca, no nos borramos en las malas como ellos. Bien. Pero a este antiguo gil que escribe cada vez le rompe más las pelotas que los hinchas quieran seguir creciendo en protagonismo respecto del juego. Para este antiguo lo más importante sigue siendo lo que pasa en el césped, el derredor tiene que ser complementario. Es insoportable que sean tantos los partidos que se paran porque al público le han hecho creer que debe ocupar un lugar que, definitivamente, no debiera ocupar. No al menos con esas formas. Los que juegan, en primer término, son los jugadores.
Saludable esa bandera que apareció en la tribuna baja, detrás del arco de Brandsen: “De La Bombonera no nos vamos”. Para que tomen nota el hijo de puta antes mencionado, su cohorte de hijos de puta y el papá de los hijos de puta, el de Bolívar 1. Que se dejen de joder con la cancha nueva. Si quieren seguir el choreo con los capitales árabes y toda esa basura, por ahora saben que no van a poder, porque el año que viene tienen elecciones. Pero cuidado, si llegan a ganar otra vez, se van a sentir liberados y con espacio como para echarnos de nuestra única casa. Es una mentira enorme que no se pueda ampliar La Bombonera y que sí se puede hacer una cancha nueva. Pensemos.
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Hay que armar un equipo nuevo, uno se pone a mirar y no encuentra en el mercado el jugador que venga y por sola presencia vaya a fundar otro Boca. Con Román no podemos ni soñar, mientras estén los que lo echaron no hay forma de que vuelva y hasta un cuatro de copas como Requejo, viejo boludo, se atrevió a decir el otro día por radio que la terminemos con Román. Lo de Carlitos Tevez es un chiste, a los 30 años y entero no podemos pedirle que deje la Juventus para venir a salvarnos. Lo de Osvaldo, otro chiste y ojo, que Osvaldo es sólo un delantero como hay unos cuantos. Lo que se va a hacer, una vez más, es cambiar figuritas. Algunos representantes hábiles para los negocios y negociados nos van a meter tipos que tal vez no sean mejores que los que ya tenemos. Sólo podemos esperanzarnos con que, en una de esas, alguno nos dé resultado.


EL BOLETÍN: ORION 5, MARÍN 2, FORLÍN 5, CATA 4, COLAZO 3, FUENZALIDA 4, ERBES 4, CUBAS 4, CARRIZO 4, CALLERI 4, GIGLIOTTI 4 (FI), CRISTALDO 4, CASTELLANI 4, ACOSTA 4.  

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