La definición del Vasco,
“nos fuimos de vacaciones antes de jugar el partido”, es exacta.
La comprobación, de por sí, es grave. Pero más grave se torna si
nos ponemos a pensar que, en realidad, fue un broche perfectamente a
tono con lo que fue todo el año. Y si sumáramos también el año
anterior, bueno, mejor paramos porque nos vamos a arruinar las
fiestas.
Apenas diez minutos y
ya estábamos abajo. Vegetti mandó el centro desde la derecha con
extrema comodidad, sin oposición. La pelota, a ras del piso, nos
recorrió buena parte del área. Y el rechazo de Marín para el medio
es inexplicable, se ve que estaba con la cabeza en otra parte. La
sirvió en bandeja de plata para que Rojas, de frente, nos
ajusticiara.
Tuvimos unas cuantas
aproximaciones en el primer tiempo, al punto de que el arquero de
ellos, Monetti, fue hombre clave. Es decir que podríamos haber
empatado. Pero siempre faltaron cinco para el peso y no es casual,
porque la imagen toda de Boca fue la de un equipo carente de
intensidad, flojo. Esto, además de ser un indicador de que se salió
a la cancha sólo por cumplir, se emparenta directamente con la falta
de conducción. Gago, a lo largo de este segundo semestre, desde que
nos quitaron a Román, pocas veces se ha erigido en conductor pero
está siempre latente la posibilidad de que él, por condiciones
técnicas, haga jugar al resto. Si no está Gago, como con Gimnasia,
no hay en el plantel quien pueda hacerse cargo del timón en cuanto a
la elaboración ofensiva. No hay eje.
Por otra parte, si bien
Gimnasia jugó con un solo delantero, Vegetti y una vez puesto en
ventaja se limitó a esperar, lo cierto es que cada vez que avanzaban
por derecha, la izquierda nuestra, tàmbaleábamos.
Empezó el segundo
tiempo y otra vez lo mismo. Por el mismo lado. Rojas nos llegó hasta
el fondo muy fácil, mandó el centro y en la boca del arco no había
nadie para oponérsele a Vegetti, que no tenía manera de errar el
gol, el cabezazo para poner el 2-0 debe haber sido el trámite más
sencillo de su vida.
El partido fue todo
igual porque también en el segundo tiempo anduvimos merodeando con
algunas buenas oportunidades pero no mojamos nunca. Los cambios de
nombres no variaron la sustancia.
Abal, ese pésimo
árbitro (el del lateral que River nos sacó desde dos lugares al
mismo tiempo en el verano pasado), se comió dos penales a favor
nuestro, clarísimos, de Barsottini, uno en cada tiempo. Pero en fin,
eso podríamos considerarlo anecdótico. Los árbitros, en general,
son muy deficitarios y da la puta casualidad que últimamente se
equivocan mucho en contra de Boca, qué le vamos a hacer.
El partido no daba para
más, estaba definido, lo sabíamos nosotros, lo sabían ellos, lo
sabía todo el mundo. Boca se despidió del año a la manera del Boca
de los últimos tiempos, estamos acostumbrándonos peligrosamente a
la liviandad.
….......
Fuera del partido,
pasaron algunas cosas interesantes.
Cuando nombraron por
los altoparlantes a Gigliotti y cuando salió a la cancha, hubo unos cuantos silbidos pero
predominaron con amplitud las demostraciones de respaldo. El propio
jugador iba a agradecerlo, al final. A ver qué hace con ese cheque
al portador que le regalaron, Puma, a ver si es capaz de devolver lo
que se le presta.
Por allá por la mitad
del primer tiempo, desde las plateas del lado de las vías, surgió
un estribillo que ya se ha tornado un clásico, el cual que prendió
rápidamente en los demás sectores con excepción de la bandeja del
medio del lado de Casa Amarilla, la de La 12: “Angelici botón,
Angelici botón, sos un hijo de puta, la puta madre que te parió”.
Lo sucedió, casi de
inmediato y con los mismos intérpretes, otro clásico:
“Ri-quéééééééél...... Ri-quéééééééél”... Muy
pronto todos parecieron recordar que allá abajo el equipo estaba
jugando un partido y entonces taparon los cantitos de aliento.
Por lo que al que
suscribe respecta, todo bien. No está mal hacer recordar con
frecuencia, para que nadie se olvide, que Angelici es un hijo de
puta. No está mal homenajear a nuestro querido Román en el día de
un logro personal suyo, el ascenso a primera con Argentinos. Pero no
conviene distraerse por mucho tiempo y hay que volver a cantar por el
equipo porque de lo contrario, los jugadores pueden llegar a creerse
que no nos importa demasiado perder. Que esa es la sensación que
ellos, los jugadores, suelen transmitirnos seguido en la última
etapa.
La interrupción del
partido por cinco minutos, allá por la media hora del segundo
tiempo, tiene facetas para analizar. Por un lado, se ve que se quería
hacer notar que pese a la dura caída con River, seguimos vivos,
seguimos siendo Boca, no nos borramos en las malas como ellos. Bien.
Pero a este antiguo gil que escribe cada vez le rompe más las
pelotas que los hinchas quieran seguir creciendo en protagonismo
respecto del juego. Para este antiguo lo más importante sigue siendo
lo que pasa en el césped, el derredor tiene que ser complementario.
Es insoportable que sean tantos los partidos que se paran porque al
público le han hecho creer que debe ocupar un lugar que,
definitivamente, no debiera ocupar. No al menos con esas formas. Los
que juegan, en primer término, son los jugadores.
Saludable esa bandera
que apareció en la tribuna baja, detrás del arco de Brandsen: “De
La Bombonera no nos vamos”. Para que tomen nota el hijo de puta
antes mencionado, su cohorte de hijos de puta y el papá de los hijos
de puta, el de Bolívar 1. Que se dejen de joder con la cancha nueva.
Si quieren seguir el choreo con los capitales árabes y toda esa
basura, por ahora saben que no van a poder, porque el año que viene
tienen elecciones. Pero cuidado, si llegan a ganar otra vez, se van a
sentir liberados y con espacio como para echarnos de nuestra única
casa. Es una mentira enorme que no se pueda ampliar La Bombonera y
que sí se puede hacer una cancha nueva. Pensemos.
….......
Hay que armar un equipo
nuevo, uno se pone a mirar y no encuentra en el mercado el jugador
que venga y por sola presencia vaya a fundar otro Boca. Con Román no
podemos ni soñar, mientras estén los que lo echaron no hay forma de
que vuelva y hasta un cuatro de copas como Requejo, viejo boludo, se
atrevió a decir el otro día por radio que la terminemos con Román.
Lo de Carlitos Tevez es un chiste, a los 30 años y entero no podemos
pedirle que deje la Juventus para venir a salvarnos. Lo de Osvaldo,
otro chiste y ojo, que Osvaldo es sólo un delantero como hay unos
cuantos. Lo que se va a hacer, una vez más, es cambiar figuritas.
Algunos representantes hábiles para los negocios y negociados nos
van a meter tipos que tal vez no sean mejores que los que ya tenemos.
Sólo podemos esperanzarnos con que, en una de esas, alguno nos dé
resultado.
EL
BOLETÍN: ORION 5, MARÍN 2, FORLÍN 5, CATA 4, COLAZO 3, FUENZALIDA
4, ERBES 4, CUBAS 4, CARRIZO 4, CALLERI 4, GIGLIOTTI 4 (FI),
CRISTALDO 4, CASTELLANI 4, ACOSTA 4.
No hay comentarios:
Publicar un comentario